La fianza, ¿una medida discriminatoria?

La fianza, ¿una medida discriminatoria?

Mediante los proyectos de ley 275 de 2020 del Senado de la República, 161 y 215 del mismo año de la Cámara de Representantes se propone establecer la fianza dentro del proceso penal colombiano y se dictan otras disposiciones. En principio, alternativas al encarcelamiento como éstas deben ser observadas positivamente como un cambio de paradigma en la actividad legislativa nacional, en procura de reivindicar los derechos de las personas privadas de la libertad y la búsqueda tendiente a satisfacer el estándar constitucional mínimo de una política criminal respetuosa de los derechos humanos, conforme lo señalado por nuestra Corte Constitucional en las sentencias que declaran el estado de cosas inconstitucional en el sistema penitenciario y carcelario.

La fianza pretende beneficiar a personas privadas de la libertad preventivamente, quienes a cambio del pago de una suma de dinero, no tendrán que cumplir su medida de aseguramiento en la cárcel.

Ahora bien, el proyecto de ley 161 de 2020 de la Cámara señala que la fianza solo procede para aquellos delitos que tienen prevista además la pena de multa. Importante precisar que la multa es una sanción pecuniaria que hace parte del derecho a castigar del Estado y que se impone de manera única principal o acompañante de la pena de prisión, como consecuencia del comportamiento reprochable, determinado a través de una sentencia condenatoria.

Sobre el cambio de la multa como pena principal, oportuna la reflexión de Rusche y Kirchheimer, directamente relacionada con la discriminación económica que puede acarrear la propuesta legislativa bajo examen, en donde se señala que quienes poseían dinero suficiente para pagar, podían librarse de las penas, mientras que los condenados indigentes (que constituían la gran mayoría en esos tiempos difíciles), estaban incapacitados para salvarse del tratamiento riguroso del derecho penal. Esta postura se asimila a la tesis sobre la discriminación por situaciones de pobreza respecto a la sustitución de la prisión por multa sostenida por la Suprema Corte de los Estados Unidos en los casos Tate Vs. Short, 401 U.S. 395 (1971) y Williams Vs. Illinois, 399, U.S. 235 (1970).

Para solucionar esta situación, se debe incluir la posibilidad de que la fianza pueda ser constituida a través de una póliza de seguros, disminuyendo así la carga económica de las personas que carecen de solvencia para sufragar el valor establecido en los tipos penales como pena pecuniaria – que según el proyecto de ley 161, servirá como parámetro para tasar la fianza. Igualmente, el monto de la fianza no puede ser inamovible, sino que debe ponderar la gravedad del delito y la capacidad de pago del sindicado – como se establece en los proyectos de ley 275 y 215 -, en donde además se amplía el ámbito de aplicación de la fianza para los delitos querellables, que son aquellos considerados como de menor entidad y cuya disponibilidad depende de la víctima, siendo está última la única que puede ponerlos en conocimiento de las autoridades. Así, por ejemplo, en casos de precariedad económica y menor gravedad delictiva en cuanto al daño ocasionado y la ponderación de los bienes jurídicos vulnerados, la fianza debe ser menor.

En definitiva, más allá de criticar la propuesta, consideramos importante formular sugerencias para mejorarla y permitir su viabilidad, sin convertirse en una medida discriminatoria.

 

* Semillero en Derecho Penitenciario de la Pontificia Universidad Javeriana

El factor económico es el culpable de una mala alimentación

El factor económico es el culpable de una mala alimentación

Si los chapinerunos no comen de manera saludable, no es porque ignoren cómo hacerlo. Son razones de tipo económico las que los hacen preferir alimentos poco sanos. Esta es la conclusión a la que llegaron los profesores Luisa Tobar, Luis Fajardo y Luz Nayibe Vargas, después de desarrollar su trabajo de investigación titulado “Exploración cualitativa de las percepciones de familias de estratos 1, 3 y 5 en Bogotá, frente a atributos de la alimentación saludable” realizado en la Universidad Javeriana.

El trabajo, además de sistematizar los datos obtenidos y las percepciones manifestadas por el grupo en estudio, mostró como resultado principal que, no importa el estrato social al que se pertenezca, la gente en general conoce el significado de alimentación saludable y de seguridad alimentaria. Sin embargo, es su capacidad adquisitiva, principalmente la de quienes pertenecen al estrato 1, la que restringe la adopción de patrones de alimentación saludable. Por ello prima el consumo regular de alimentos que preferencialmente eliminen o disminuyan la sensación de hambre.

Las dos categorías estudiadas fueron la seguridad alimentaria y la alimentación saludable, temas que han preocupado a los investigadores que forman parte del grupo de investigación Alimentos, Nutrición y Salud, desde su creación en el año 2004.

La nutricionista y dietista Luisa Tobar recuerda que, justamente en ese año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió un documento en el que propuso estrategias alrededor de la alimentación saludable y la actividad física. En este, planteaba alternativas para prevenir o disminuir las enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a un número importante de discapacidades y muertes alrededor del mundo.

Se inicia el trabajo

Alineados con las directrices a nivel mundial, y con el apoyo de la Universidad Javeriana, el grupo de investigación inició el trabajo, al que se unieron tres estudiantes que elaboraron algunas de las entrevistas semiestructuradas y aplicaron las encuestas. En el estrato 1,
entrevistaron a un representante de familia de las casas de La Calera, zona rural que pertenece a la localidad de Chapinero. Para el estrato 3, trabajaron con un representante de familia de las casas de Chapinero central, clasificadas así por la Alcaldía, aunque encontraron que en varias de ellas lo que realmente existía eran inquilinatos. La estrategia de muestreo para contactar al familiar de estrato 5 fue el voz a voz.

Por cada grupo social, las herramientas se aplicaron a trece personas. Solo en el estrato 1 predominaron las madres de familia muy jóvenes, mientras que en los otros grupos sí se incluyeron personas de mayor edad. Para el diseño metodológico, se consideró la exploración cualitativa, cuyas categorías de análisis eran conocer la percepción de los encuestados sobre alimentación saludable, los hábitos de compra, la frecuencia de consumo, la forma de preparación y de consumo de los alimentos, y la percepción de la gente con respecto a su propio peso y su alimentación. Esta última categoría, dice la nutricionista Tobar, surgió debido a que en algunos estudios se ha mostrado que la población colombiana tiende a expresar afecto a través de la comida y se considera que estar subido de peso es una demostración ser querido y estar bien alimentado.

Como resultados del estudio se encontró que, en los tres estratos, muchos de los aspectos de la teoría sobre la alimentación saludable son conocidos por la gente. No obstante, factores como las características socioeconómicas restringen tanto la seguridad alimentaria como el acceso a una alimentación saludable. Si la gente no cuenta con recursos suficientes, aun cuando tenga claro el concepto de alimentación saludable, compra lo que le gusta (incluso condicionada por la publicidad); y, a su vez, lo que pueda, dependiendo del dinero y del tiempo para el cual está realizando la compra.

Los hallazgos

El tema es complejo. Así resumieron los científicos algunos resultados de la investigación. En el estrato 1, se consume con frecuencia ala del pollo pero no completa, sino solo la porción que no incluye la colombina (la porción del ala más parecida al muslo, pero en tamaño pequeño), que es donde se encuentra mayor cantidad de proteína. Esta presa del animal, que tiene poca carne, es muy demandada por el sabor que le da a la comida, independientemente de su aporte nutricional.

En las familias de estrato 3, se conoce el discurso de la alimentación saludable, se considera que estos temas son bien manejados por el personal de salud y que la alimentación saludable, si bien es poca, es entregada preferencialmente a los miembros del grupo más vulnerables.

Un resultado que no extrañó a los investigadores es que son los jóvenes, principalmente de estrato 5, quienes más consumen comida “chatarra”, mientras que los adultos tienden a tener patrones de consumo considerados como saludables.

A pesar de los resultados anteriores, sin duda el de mayor impacto social fue evidenciar que la gente sí cuenta con los conocimientos relacionados con la alimentación saludable y que, a pesar de esto, no los aplica por falta de recursos económicos, suceso más frecuente en los estratos 1 y 3 que en el 5. Para analizar los resultados, se compararon con la Encuesta de la Situación Nutricional (Ensin 2005) realizada en Bogotá. Coincidieron en que un importante segmento de la población se percibía en inseguridad alimentaria (el no contar con los recursos económicos para comprar la canasta de alimentos para su familia en el corto plazo). En el estrato 1 se consumen prioritariamente alimentos ricos en calorías y que calman el hambre, y este grupo no alcanza un sano balance en el aporte nutricional.

Esta es una de las razones que ha llevado en nuestro país a tener sobrepeso y obesidad, lo que es propio de los países desarrollados, sin dejar atrás las deficiencias nutricionales, característica de países en vías de desarrollo. El Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (OSAN) evidencia un proceso de transición epidemiológica, reflejado en importantes problemáticas nutricionales relacionadas tanto con el déficit como con el exceso. Este último es menos frecuente en los estratos altos, que tienen capacidad de compra de muchos alimentos, ya que este grupo tiene el conocimiento y la capacidad adquisitiva para una alimentación balanceada.

Estudios cualitativos como estos llevados a cabo en la Universidad Javeriana, en los que se realiza un muestreo por conveniencia (personas seleccionadas aleatoriamente), y en los que es más importante la profundidad de la información que el número de entrevistados, sirven para demostrar las condiciones sociales y las oportunidades que la gente de estratos bajos tiene en torno a su calidad de vida. Las personas se acostumbran a vivir y a recibir ayudas externas que no necesariamente contribuyen con una alimentación saludable.

Si bien Colombia, y en especial Bogotá, cuenta con políticas de seguridad alimentaria, en la práctica se requiere aún una mayor decisión y seguimiento para que causen impacto en las familias vulnerables.

Con los resultados de esta investigación, los científicos regresaron a los sitios encuestados para dar charlas y entregar folletos que explican la importancia de la alimentación saludable. Recomiendan estudiar cómo impactar al Gobierno y a la sociedad para que no sea el factor económico el que restrinja este tipo de alimentación. Por otro lado, y con el ánimo de no dejar este conocimiento limitado a unas familias de una localidad de Bogotá, los resultados fueron presentados en un Congreso Mundial de Nutrición.


Para saber más:
»Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (OSAN). (2014). Boletín 001. Disponible en: https://www.osancolombia.gov.co/. Recuperado en 03/07/2014.

Descargar artículo