Microplásticos, ¿el ‘pan de cada día’ de los peces?

Microplásticos, ¿el ‘pan de cada día’ de los peces?

“Si yo me como un pedazo de bolsa plástica, puede que no me pase nada. Pero si constantemente estoy comiendo plástico, eso sí me va a hacer daño; hasta la muerte me podría causar”.  La frase es de Andrea Luna, directora del semillero Aquasistemas, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, y aunque ella misma dice que la comparación puede parecer absurda, retrata un aspecto crucial sobre la presencia de microplásticos en los ecosistemas marinos y sobre los posibles impactos en la salud de los animales e incluso en la salud humana.

Estas partículas son fragmentos de plástico que miden menos de cinco milímetros. Por su tamaño, su manejo como desecho contaminante es mucho más difícil. Por eso, los microplásticos están generando un impacto muy importante en las especies marinas. Este tema es relativamente nuevo en la investigación científica, y particularmente en Colombia no se ha estudiado a profundidad. Esta cuestión llevó a Valeria Jiménez Cárdenas, ecóloga javeriana, a analizar su presencia en los peces de Isla Grande, Bolívar.

La investigación se centró en la extracción de partículas plásticas del tracto digestivo de 60 individuos de peces pertenecientes a 5 especies diferentes distribuidas en los ecosistemas de arrecife de coral y de manglar. El primer resultado es contundente: todas las especies analizadas tenían este material en su tracto digestivo. “Estas fragmentos, al ser tan pequeños, son confundidos con alimento por los peces, ya que las especies analizadas son depredadoras visuales”, explica Jiménez. Este tema es especialmente sensible para el desarrollo normal de estos animales. “Ellos se sienten satisfechos porque sus estómagos están llenos, pero en realidad no se están alimentando con nutrientes que son importantes. Así, pueden presentar deficiencias por falta de recursos energéticos, en las defensas inmunitarias, el desarrollo y la reproducción”, agrega  Luna.

Pero eso no es todo. El acopio de microplásticos en el organismo del pez causa tres impactos principales: bloqueos internos, lesiones en el tracto digestivo y exposición a químicos contaminantes.

La acumulación interna genera obstrucciones en su sistema digestivo, que no permiten la circulación normal del alimento y la expulsión de los desechos. “En uno de los individuos se encontró un fragmento con forma de esfera, como un tapón en el inicio de los intestinos, y este tenía un aspecto muy similar a un huevo de pez”, detalla Jiménez. Es precisamente a este efecto que se refería Andrea Luna con su frase. “Ya cuando uno ve cómo hay plásticos dentro de los peces y no es solo algo que está en la literatura, es impactante”, dice. Comparar esta situación que viven los peces con el cuerpo humano podría dimensionar mejor el problema.

Además de lo mencionado, se encontró mayor cantidad de plásticos en las hembras. Para Valeria Jiménez esto se puede explicar por la mayor demanda de energía que requieren los individuos de sexo femenino para el proceso de reproducción y la producción de óvulos saludables. “En algunas especies a las hembras les toma un año más madurar sexualmente, comparado con los machos. Esto hace que consuman mucho más alimento y potencialmente, más plástico”, detalla.

Pero los efectos de la acumulación de este material van más allá.  Como el organismo no puede degradar dichas partículas, las hembras en especial no se nutren adecuadamente y esa desnutrición tendrá impactos directos en la descendencia. Esto puede hacer que las crías no tengan todos los elementos requeridos para su desarrollo así, podrían nacer con ciertos problemas neurológicos, desnutridos y de menor tamaño.

Otro de los hallazgos que menciona la investigación es que los plásticos encontrados tenían puntas filosas que potencialmente pueden causar heridas a lo largo del tracto digestivo. Frente al punto de exposición a sustancias químicas contaminantes, explican que las investigaciones avanzan para conocer las consecuencias reales, pero que ya se conoce que estos químicos pueden provocar disrupción endocrina, es decir, problemas en el equilibrio hormonal de los animales.

 

Innovación en Colombia

Para las investigadoras, este trabajo tiene un componente innovador pues compara la presencia de microplásticos en dos ecosistemas: manglar y arrecife de coral. Este es el primer estudio en el país que arroja información de este tipo y los resultados demuestran que las especies de manglar presentaron mayor cantidad de plásticos.

Ellas aseveran que esto podría estar relacionado con el Canal del Dique. El constante dragado y la apertura de las compuertas aportan grandes cantidades de sedimento al agua dulce que desemboca en las Islas del Rosario. El amplio caudal de esa plataforma permite que los residuos lleguen más lejos y los plásticos, por ser livianos, tienen mayor flotabilidad. Otras fuentes más directas pueden provenir de actividades en las islas como el turismo. Incluso las corrientes también pueden contribuir a este tipo de contaminación.

Los manglares actúan como un filtro en el que las raíces de los árboles atrapan una parte considerable de plásticos. Ambas investigadoras coinciden en que aún falta ahondar más en este tema, pero que su trabajo ya da un indicio de cómo es la distribución de plásticos en el mar, dónde se están acumulando y cuáles serían los principales ecosistemas para priorizar en la mitigación de esta problemática.

Esta investigación revela que los polímeros más encontrados en los peces fueron:

  • Poliéster: muy utilizado en el sector textil.
  • PVC: usado en láminas para empaque de productos durante el transporte
  • PET: material con el que se hacen las botellas plásticas
  • Polietileno: utilizado en envolturas de plástico y bolsas

Este resultado da un mayor acercamiento a las fuentes principales. Además, casi la mitad de los plásticos dentro de los peces eran negro y verde, colores que pueden ser similares a las presas de las cuales usualmente se alimentan.

La degradación del plástico

El plástico es un material relativamente nuevo en el planeta. Su producción se inició en los años 50 y se ha generalizado por todo el mundo. Si bien permite mucha practicidad en su uso, se ha evidenciado su impacto contaminante. Desde hace algunos años,  y como alternativa a este fenómeno, se lanzaron al mercado los plásticos oxo-biodegradables. “Estas son bolsas con ciertos aditivos químicos que cuando entran en contacto con la radiación solar y el oxígeno empiezan a romperse  en pedazos pequeños como un vidrio de seguridad”, explica David Gómez, tutor del semillero de Degradación en Polímeros Plásticos Contaminantes de la Facultad de Ciencias de la Javeriana, quien también aportó en esta investigación.

En teoría este tipo de material sería un avance para reducir la contaminación, pues al fracturarse en pedazos más pequeños su degradación sería más rápida. Pero los resultados del estudio muestran consecuencias diferentes. “Esta investigación es importante porque lo que aparentemente se vende como una solución ecológica y ambiental, parece no serlo del todo” agrega Gómez.

En este semillero trabajan en la búsqueda de estrategias que permitan minimizar la contaminación por plásticos. Uno de sus proyectos es liderado por este docente, que investiga los tipos de microorganismos capaces de biodegradarlo. Entre ellos se han reportado bacterias y hongos. Para él, los lugares ideales para encontrar estos microorganismos son aquellos en donde más tiempo han permanecido en contacto con estos materiales. Su trabajo consiste en cultivarlos y estudiarlos para medir su capacidad de biodegradación. “La universidad le está apuntando a crear estrategias fisicoquímicas, biotecnológicas  para poder minimizar el impacto ambiental que hemos causado durante tanto tiempo”, explica.

Los tres investigadores coinciden en que para atacar el problema hay varios frentes. Uno de ellos es la educación ambiental, tanto de las comunidades que habitan y visitan el mar, como las de las grandes ciudades, cuyas poblaciones suelen creer que no tienen responsabilidad en el tema, pero sus residuos son transportados por corrientes hídricas hasta los océanos.

El plástico debería ser uno de los materiales menos problemáticos porque se puede reciclar, pero para lograrlo hay que hacer un adecuado manejo de sus residuos. Otro frente pasa por las políticas públicas, si bien hay muchos debates sobre el cobro de impuestos al uso de bolsas, los investigadores afirman que se deben tomar más medidas que protejan el ambiente. Pero es necesario insistir, que lo más efectivo pasa por lo personal. Cada individuo debe tomar conciencia y responsabilizarse del uso adecuado y de la disposición final.

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Aplanar la curva de contagios por coronavirus ha sido un asunto de particular preocupación para los gobiernos. Transversal a este escenario han surgido una serie de reflexiones en torno a la necesidad de aplanar también la curva de la pobreza, desigualdad, discriminación, polarización, indiferencia y daño ambiental. En ese sentido, y con la intención de identificar las lecciones globales durante la actual pandemia, la Pontificia Universidad Javeriana llevó a cabo el pasado 28 de mayo el seminario web ‘Aprendizajes de la crisis del Covid-19 para afrontar el cambio climático’.

En esta jornada, a la luz de la Carta Encíclica Laudato Sí, expertos nacionales e internacionales presentaron las lecciones que como peregrinos de la ‘Casa común’ debe asumir la humanidad no solo para afrontar la actual situación sanitaria y social, sino también la crisis que vive el planeta con el calentamiento global.

“Somos parte de un todo, somos parte de la ‘Casa común’ y las transformaciones que se necesitan implican retos para el Gobierno y la sociedad. Esto significa, una nueva ética con la naturaleza”, afirmó Hernando García, director del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, quien también agregó el concepto de ‘salud planetaria’ al referirse a la preservación del equilibrio ecológico, solidario, natural y espiritual del hombre con el medio ambiente.

“La especie humana es un pequeño suspiro en la vida del planeta”, reflexionó García.

 

Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.
Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.

Manuel Pulgar-Vidal, exministro de ambiente de Perú y actual lider del Programa Internacional del Clima y Energía de WWF, añadió que la pandemia de la Covid-19 se debe interpretar desde la degradación del medio ambiente, la pérdida de especies y hábitats, el calentamiento global y la precaria calidad del agua y el aire en regiones de alta densidad poblacional, lo cual incide directamente en la proliferación de enfermedades como el Zika o el Chikunguña y, en este caso, la Covid-19.

Pulgar hizo un llamado al “renacimiento de la región”, basado en los aprendizajes de la pandemia. Resaltó que no existe un futuro sostenible sin consideraciones ambientales y climáticas, ni se puede pensar en una recuperación futura si no se incorporan las necesidades sociales. Abogó por una visión de sostenibilidad a largo plazo (año 2050) y finalmente dijo que es indispensable articular la economía mundial con la conservación de la naturaleza.

“La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común”: Jairo H. Cifuentes, Secretario General de la Universidad Javeriana, durante la apertura de la jornada.

Por otro lado, Jimena Puyana, coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU en Colombia, sostuvo que las enseñanzas que ha dejado el SARS-CoV-2 en materia de formulación de políticas públicas en países en vía de desarrollo, son: priorizar las inversiones que generan múltiples beneficios y propósitos a través de una ‘economía verde’; invertir en educación, salud e infraestructura desde una perspectiva de conservación, protección y sostenibilidad de la biodiversidad; apuntarle a impuestos que desincentiven la producción excesiva del carbono; apoyar las políticas de reforestación protectora y productora; invertir en las áreas protegidas; generar respuestas integrales -factores sociales, ambientales y económicos- para superar la crisis, y tener una conciencia clara de la vulnerabilidad humanidad evidenciada en la desigualdad y pobreza.

Citando a la revista científica Nature, Puyana destacó que “la pandemia ha ocasionado que el mundo reduzca entre el 17% y el 26% la producción de gases de efecto invernadero en comparación con el año pasado”.

El egresado javeriano Mauricio Rodríguez Castro, presidente de las firmas CO2Cero y EcoLogic, nutrió la conversación a partir de una perspectiva empresarial, desde la que es necesario implementar una economía circular mediante la reutilización de recursos; es decir, que los empresarios articulen sus proyectos con ideas de negocios sostenibles, amigables con el medio ambiente. En términos coloquiales, Rodríguez señaló que “la naturaleza nos está dando una cachetada”, razón por la cual, dijo, motivado por la situación de pandemia, que la sociedad debe pensar en una transformación profunda de su comportamiento, sus hábitos y cultura.

“Previamente se creía que las personas no eran productivas con el teletrabajo, pero la actual situación ha llevado a los empresarios a considerar esta nueva alternativa”, puntualizó Rodríguez Castro.

Finalmente, Andrés Rosas, decano la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, y moderador del simposio, convocó a una rueda de respuestas alrededor de la pregunta ¿qué se puede hacer para cambiar el comportamiento de las personas frente a la crisis del cambio climático? Los panelistas afirmaron, en unanimidad, que la mejor forma para movilizar cambios sociales es entender que la humanidad es vulnerable y que la COVID-19 es un factor de sensibilización que debería llevar a las personas a conectar sus decisiones con su entorno, en este caso el medio ambiente, tal y como lo menciona la Encíclica Laudato Sí: “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión”.

Este simposio se llevó a cabo en el marco de la celebración del quinto aniversario de la Encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común y el acuerdo de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Lo invitamos a revivir la jornada aquí.

Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia. 
Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia.
¡De vuelta a la nieve!

¡De vuelta a la nieve!

Mientras paso esta época de cuarentena extrañando a mi familia y a mi país, agradezco el hecho de poder estar en un lugar hermoso, con gente maravillosa y alejada de ciudades grandes. Creo que es un gran privilegio estar en este momento rodeada de naturaleza y poder salir a caminar a la montaña para observar la diversidad de fauna y flora, aprendiendo al mismo tiempo sobre especies que no había visto antes.

Luego de estar en la Antártida y de pasar por el Caribe Tropical (Puerto Rico), la nieve me trae de nuevo hacia ella, pero esta vez hacia el otro hemisferio del planeta. Me encuentro en el norte de los Estados Unidos, en un lugar que se caracteriza por sus montañas verdes en primavera y verano, y por su invierno largo y frío. Estamos finalizando abril y sigue nevando, lo cual realmente disfruto muchísimo, me encanta ver caer la nieve y observar cómo el pasto y los árboles se van envolviendo y llenando de ese blanco particular.

Tuve la oportunidad de acampar por una noche y hacer una caminata de dos días por las hermosas montañas blancas de New Hampshire, las cuales hacen parte del Bosque Nacional de las Montañas Blancas. Esta es un área protegida con una extensión aproximada de 303.859 hectáreas. Fue un recorrido bastante exigente, caminamos aproximadamente siete horas diarias en la nieve, la cual no nos dejó avanzar mucho. La mayoría de los pasos que dábamos representaban que mis pies terminaran hundidos hasta las rodillas, y cuando lograba levantarme, mis botas quedaban llenas de hielo y tenía que sacudirlas. Por esta razón, no pudimos cumplir con nuestro objetivo: “coronar” dos de los 48 picos que tiene esta cadena montañosa. Sin embargo, el paisaje es espectacular y logramos ver huellas de alce en el camino.

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Cuando el clima no es muy frío o por lo menos cuando la temperatura no está por debajo de los cero grados, salimos a caminar en la noche. Es bastante interesante porque se pueden ver criaturas que no se logran observar durante el día. Nos encontramos con un hermoso puercoespín norteamericano (Erethizon dorsatum), que subía por las ramas de un árbol. En toda América tenemos cinco géneros de estos animales, con alrededor de 20 especies. Son mamíferos roedores como los ratones, ardillas, castores, entre otros, que se caracterizan por tener unos incisivos afilados para roer la madera, alimentarse o defenderse de los depredadores. Además, este bello animal es nocturno y solitario, puede medir entre 70 y 120 centímetros, incluyendo su cola; y tiene un abrigo de púas por todo su cuerpo, con excepción de su cara, vientre y patas, las que utilizan como mecanismo de defensa.

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En otra ocasión, también durante la noche, nos encontramos con un individuo bastante interesante. Vimos una salamandra moteada (Ambystoma maculatum), un anfibio con extremidades cortas y robustas que presenta dos hileras de manchas amarillas desde su cabeza hasta su cola, llegando a medir entre los 18 y 25 centímetros. Es nocturna y se alimenta de lombrices e invertebrados pequeños. En primavera, que es la estación en la que nos encontramos en estos momentos, se reproducen en los cuerpos de agua, donde la hembra pone de una a varias aglomeraciones gelatinosas, entre 50 y 100 huevos cada una. Este es un animal muy bonito y bastante peculiar, ya que es el primer vertebrado que establece una relación simbiótica con un alga (Amblystomatis oophila) (banner). Esta entra al huevo cuando se encuentra en el agua y utiliza el dióxido de carbono producido por el embrión para realizar la fotosíntesis, y cuando el alga produce oxígeno la célula lo utiliza para su desarrollo.

Finalmente, también tuvimos una visita inesperada. Una noche salimos a caminar y cuando regresamos a la casa vimos que los comederos para las aves, que contienen semillas para que se alimenten, no estaban. Las varillas donde debían estar se encontraban dobladas y había pasto levantado alrededor. Unos días atrás, una cámara trampa (que se activa con el movimiento) se había colocado cerca de donde se ubican los restos de comida para hacer compost y pudimos resolver el misterio: un oso negro (Ursus americanus) nos había visitado en la noche y se había llevado los comederos. Esta especie es la más común en Norteamérica, se encuentra distribuida desde México hasta Alaska; es más pequeño que el oso polar y el oso pardo, llegando a medir entre 2.5 y 2.9 metros y a pesar entre 100 y 280 kilos. Aunque es omnívoro, la mayoría de su dieta se basa en plantas.

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La fauna silvestre nos habla

La fauna silvestre nos habla

El mundo se paralizó debido a la pandemia generada por la COVID-19 y, aunque difícil para los humanos, esta ha sido la oportunidad para que la fauna silvestre y los ecosistemas se tomen un respiro.

¿Qué pasará cuando regresemos a las calles y retornemos a la cotidianidad?, ¿los animales que hoy se hacen más visibles tendrán que volver a esconderse? Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron en el conversatorio web La fauna silvestre nos habla, organizado por la Facultad de Ciencias, en cabeza del biólogo Ph.D y profesor del Departamento de Biología, Germán Jiménez, quien asegura que hay esperanza de cambio.

“Estamos en cuenta regresiva. Muchos lo han dicho, nos quedan entre 50 y 60 años para que empiecen a ocurrir colapsos mucho más graves en los ecosistemas, por lo que tenemos que aprender a contrarrestarlos. Estas acciones no serán cuestión de periodos cortos de tiempo, llevarán décadas”, afirma Jiménez, quien complementa que las sorprendentes imágenes de animales que circulan saliendo a pasear con libertad, de ecosistemas acuáticos libres de contaminación y mejoramiento de la calidad del aire, serán un panorama que no volveremos a ver si no implementamos cambios que puedan ser duraderos y que vayan más allá de lo que la cuarentena nos ha dejado de lección.

 

Ejes de deliberación

La especie humana es una especie inteligente, capaz de sentarse a reflexionar sobre lo que está pasando y generar cambios, dice Jiménez, agregando que “esta situación que hoy aqueja a la humanidad hay que aprovecharla para enviar el mensaje y unirse alrededor del mundo para hacer un llamado a cuidar los ecosistemas, pues es el punto de partida para conservar nuestros propios modos de vida”. Por esa razón el conversatorio se centró en exponer tres temas al público para comprender la dimensión de lo que está pasando con el medio ambiente.

En primer lugar, la reflexión giró en torno a las amenazas que el ser humano ha venido generando en muchos de los ecosistemas donde habita la fauna silvestre y cómo, con lo que está sucediendo de la pandemia, hay un contraste evidente al ver a los animales que salen y deambulan por zonas perimetrales o incluso, en el interior de las ciudades.

Como segundo tema, también relacionado con la pandemia pero desde la perspectiva de las enfermedades, Jiménez expuso la relación histórica entre el ser humano y la fauna, basada, en gran parte, en la explotación. Este hecho, dice el investigador, ha permitido generar espacios y posibilidades para que los animales nos transmitan enfermedades, “no porque ellos lo quieran, sino porque al ser muy cercanos al ser humano existen posibilidades de que puedan transmitirnos los mismos parásitos, bacterias, virus y hongos que traen consigo. Entre más cerca estén filogenéticamente (relaciones evolutivas entre especies) de nosotros, más fácil será la transmisión. Pero, esa es solo una parte, la otra es que también tenemos el potencial de transmitir enfermedades a los animales”, comenta Jiménez, quien tiene una trayectoria de 20 años en investigación y promoción del manejo y conservación de la fauna silvestre.

El tercer punto, que encierra los anteriores, fue una reflexión sobre cómo debe ser nuestra convivencia con los animales cuando termine el confinamiento. “Nosotros hasta ahora veíamos a la fauna en una especie de cuarentena; ahora, que somos nosotros los que estamos en aislamiento, los animales salen a merodear. Hay que saber entender el mensaje y de ahí el título del conversatorio, porque la fauna silvestre nos está hablando, nos dicen que los animales son capaces de convivir con nosotros solo si les damos el espacio para hacerlo, y para ello necesitamos que los ecosistemas permanezcan en su mejor estado”, puntualiza.

Después de abordar estas temáticas y de las intervenciones de los asistentes, una de las conclusiones esenciales es que los seres humanos deben poder relacionarse con la fauna silvestre y los ecosistemas de forma apropiada. La pandemia y el momento coyuntural debe traer tanto cambios positivos para el futuro de la humanidad, asegura Jiménez; como también para la conservación de todas las otras especies y ecosistemas que hacen parte de la tierra. “Nosotros potencialmente tenemos dos opciones: o continuamos con el mismo ritmo que traemos, el cual ya sabemos que es perjudicial para la fauna silvestre y nuestros ecosistemas, o cambiamos nuestra forma de ver el mundo y de relacionarnos y les permitimos sus espacios”, finaliza el investigador.

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¿Cómo lograr una convivencia adecuada con la fauna silvestre?

Se debe dejar de sobreexplotar y contaminar el ambiente para mantener los modelos económicos, dice enfático; es necesario buscar formas de desarrollo mucho más sostenibles que permitan mantener los ecosistemas y la fauna y flora silvestre. Esto, no es más que un bumerang, dice Jiménez. “Basta con ver el cambio climático, las ciudades que están contaminadas tienen la mayor escasez de recursos y todo eso es evitable solo si empezamos con lo que yo llamo ‘la gestión hacia el manejo y la conservación adecuadas de la biodiversidad’, que implica ser mucho más respetuosos con los espacios naturales de fauna y flora, y que comprendamos que no están ahí para ser solamente sobreexplotados y contaminados”, afirma.

También comenta que es necesario cambiar de mentalidad: “No podemos seguir con el mismo ritmo de vida porque el mensaje es claro. De aquí en adelante se viene un trabajo enorme acerca de cuáles van a ser los caminos que vamos a seguir y cómo vamos a presionar los espacios políticos, sociales y económicos para tomar las mejores decisiones”. Además, complementa: “esto es un trabajo tanto de los gobernantes como de la sociedad; en la medida en que nosotros nos comportemos sanamente con la naturaleza podemos exigir a nuestros gobernantes que también lo hagan a través de la implementación de modelos de desarrollo realmente sostenibles”.

¡Del Continente Blanco al trópico!

¡Del Continente Blanco al trópico!

Mientras escribo las líneas de esta columna, estamos en medio de la pandemia del coronavirus, el cual ha venido en ascenso exponencial. Además, me entero de que Colombia cerraron la frontera y yo aún estoy en el extranjero. No logré entrar a mi país. Sin embargo, creo que lo mejor que podemos hacer es no entrar en pánico, estar en unión familiar, tranquilizarnos, respirar, pensar positivo, disfrutar cada día que la vida nos brinda y acatar las medidas necesarias para no seguir dispersando el virus.

Les quiero compartir la última aventura que la vida me regaló. Luego de terminar mi increíble experiencia en el lugar más hermoso de la Tierra, la Antártica, fui a un lugar un poco más cálido y un poco más cerca de nuestro país. Visité otro magnífico territorio, el archipiélago de Puerto Rico, localizado en el Caribe Tropical. Logré visitar la isla principal y dos más pequeñas: Vieques y Culebra.

La hermosa San Juan y sus fuertes
La hermosa San Juan y sus fuertes

Allí tuve la oportunidad de caminar por la hermosa capital, San Juan. Su arquitectura me recordó un poco a Cartagena, probé el famoso y delicioso mofongo, parecido a un puré, pero de plátano o de yuca. Además, en la isla Culebra, realicé una de las cosas que más me gusta hacer: bucear. Pude observar diferentes especies de peces y de corales, éstos últimos son invertebrados marinos que viven en colonias, conformadas por muchos individuos idénticos llamados pólipos, los cuales miden pocos milímetros de diámetro y pocos centímetros de longitud. Cuando estaba estudiando biología, tomé una electiva en ecología marina y pude aprender mucho sobre los corales. En esta ocasión, me llamó mucho la atención una en especial, Montastraea cavernosa (fotografía del banner). Es realmente hermosa y común en el Caribe; desafortunadamente, me llama la atención ver varias colonias con signos de blanqueamiento.

Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.
Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.

Los arrecifes de coral son muy importantes para los ecosistemas marinos y para las personas cumplen varias funciones; una de ellas es servir como barrera, protegiendo así las costas de la erosión. Se calcula que son hábitat para el 25% de las especies marinas, incluyendo las que consume el hombre. El blanqueamiento de coral es una enfermedad que sufren cuando las condiciones de su hábitat se ven afectadas, como el aumento de la temperatura del océano por el calentamiento global, la contaminación, el incremento de la radiación solar y las tormentas. Todo esto les causa un estrés considerable. Un coral saludable mantiene una relación simbiótica de mutualismo (interacción biológica estrecha entre dos organismos, en la cual ambos se benefician) con una especie de alga; cuando ocurre algún cambio en el ambiente el alga abandona el coral, el cual se torna blanco, débil y más susceptible a enfermedades. Si los corales desaparecen, se verían afectados todos los ecosistemas y animales marinos de todo el planeta.

También pude oír el hermoso canto de la ranita coquí durante la noche. Es endémica de Puerto Rico y recibe su nombre por la llamada que hacen los machos de dos especies, las cuales suenan como “co” y “qui”. La que se puede observar con mayor frecuencia es la coquí común (Eleutherodactylus coqui). Este anfibio se ha convertido en un símbolo para la isla y su canto aparece en algunas canciones de varios artistas como Rubén Blades y Calle 13.

Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).
Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).

Además, realicé una caminata por el Parque Nacional El Yunque, un bosque lluvioso tropical muy bonito y lleno de vida. Tiene un área de 113 km2, con más de 39 kilómetros de senderos ecológicos. En uno de ellos pude observar un reptil nativo de la isla llamado comúnmente anolis, porque pertenece a este género. En la foto pueden ver el anoli de hierba de tierras altas (Anolis kugri). Esta especie se alimenta de insectos como cucarrones y hormigas, arácnidos como garrapatas y arañas y pequeños gusanos. Los pude ver saltando entre las hojas de los arbustos y árboles. Cuando me acercaba para tomarles fotografías se quedaban totalmente inmóviles.

El recorrido por Puerto Rico, verde y sonoro, fue realmente enriquecedor y totalmente diferente a la experiencia de la Antártica.

Producción Académica Javier Maldonado

PRODUCCIÓN BIBLIOGRÁFICA

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

ARTÍCULOS CIENTÍFICOS

Variation in freshwater fish assemblages along a regional elevation gradient in the northern Andes, Colombia

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, FEDERICO ESCOBAR SARRIA, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, URSULA JARAMILLO VILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Climbing behaviour of Cordylancistrus sp. in the Colombian Andes

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, ALEX URBANO BONILLA

Opinion Paper: how vulnerable are Amazonian freshwater fishes to ongoing climate change?

FERNANDO CARVAJAL VALLEJOS, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, HERNAN ORTEGA

Peces de la zona hidrogeográfica de la Amazonia, Colombia. Biota colombiana

JUAN DAVID BOGOTA GREGORY, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Akawaio penak, a new genus and species of Neotropical electric fish (Gymnotiformes, Hypopomidae) endemic to the upper Mazaruni River in the Guiana Shield

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, HERNAN LOPEZ FERNANDEZ, DONALD C. TAPHORN, CALVIN BERNARD, WILLIAM G.R. CRAMPTON, NATHAN R. LOVEJOY

Peces de la cuenca del río Pauto, Orinoquia colombiana

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, ALEX URBANO BONILLA, JAVIER VICENTE PRECIADO, JUAN DAVID BOGOTA GREGORY

Returning to the Colombian Amazon

LIZABETH P. ANDERSON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Peces del Oriente de Antioquia, Colombia

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Abundancia relativa y dieta de Grundulus bogotensis (Characiformes: Characidae) en el altiplano Cundiboyacense, Colombia

CAMILO ROA, SAUL PRADA PEDREROS, RICARDO ALVAREZ ZAMORA, CARLOS RIVERA RONDON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Checklist of the freshwater fishes of Colombia: a Darwin Core alternative to the updating problem

CARLOS DONASCIMENTO, EDGAR ESTEBAN HERRERA COLLAZOS, GUIDO ALBERTO HERRERA RODRIGUEZ, ARMANDO ORTEGA LARA, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, JOSE SAULO USMA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Fishes of the Cusiana River (Meta River basin, Colombia), with a key to its species

ALEX URBANO BONILLA, GUSTAVO ADOLFO BALLEN CHAPARRO, GUIDO ALBERTO HERRERA RODRIGUEZ, JHON ZAMUDIO, EDGAR ESTEBAN HERRERA COLLAZOS, CARLOS DONASCIMENTO, SAUL PRADA PEDREROS, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Two new trans-­‐Andean species of Imparfinis (Siluriformes: Heptapteridae) from Colombia

ARMANDO ORTEGA LARA, NADIA MILANI, CARLOS DONASCIMENTO, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Altitudinal variation in fish assemblage diversity in streams of the Central Andes of Colombia

URSULA JARAMILLO VILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, FEDERICO ESCOBAR SARRIA

Peces del departamento de Santander, Colombia

CESAR A. CASTELLANO MORALES, LAURA L. MARINO ZAMUDIO, LERNEY GUERRERO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

A regional perspective on the diversity and conservation of tropical Andean fishes

ELIZABETH P. ANDERSON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Peces del piedemonte del departamento del Casanare, Colombia

JHON ZAMUDIO, ALEX URBANO BONILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, JUAN DAVID BOGOTA GREGORY, GILBERTO CORTES MILLAN

Checklist of the freshwater fishes from Colombia

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, RICHARD P. VARI, JOSE SAULO USMA

Damming Fragments Species. Ranges and Heightens Extinction Risk

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, TIANXIN CAI, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Effects of Aquatic Vegetation on the Spatial Distribution of Grundulus bogotensis, Humboldt 1821 (Pisces: Characidae)

CARLOS RIVERA RONDON, SAUL PRADA PEDREROS, DIANA GALINDO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Pesquisa Javeriana contó con una corresponsal en la Antártica durante enero y febrero de este año, quien nos narró su experiencia como investigadora de la XXXV Expedición Italiana a la Antártica, en el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi. En este recorrido, la bióloga javeriana Nohelia Farías Curtidor estuvo recogiendo datos sobre los mamíferos acuáticos que viven en esta zona del mundo para colectar datos e información sobre la ocurrencia, abundancia y comportamiento de mamíferos marinos en el mar de Ross, además de identificar y corroborar las áreas principales de uso de estos animales y tratar de hacer una relación de su presencia con las condiciones oceanográficas del área. También pudo percibir y reconocer junto a sus colegas italianos algunas transformaciones en el cambio del clima del llamado Continente Blanco.

Es la primera vez que una colombiana recorre el mar de Ross por la ruta que lo hizo Nohelia Farías Curtidor, desde Nueva Zelanda, gracias a la alianza lograda por el Programa Antártico Colombiano con el Programma Nazionale di Ricerche in Antartide (de Italia). La información por esta nueva ruta plantea una oportunidad valiosa para el país ya que permite tener datos de los mamíferos acuáticos por una zona que se desconocía y que sirve para comparar con los datos que se tienen del recorrido por la península antártica a la que la expedición colombiana visita desde hace cinco años.

Desde el mar de Ross, Farías Curtidor escuchó las noticias sobre las altas temperaturas en la Antártica, especialmente en las cercanías con el sur del continente americano. Según los reportes de la NASA, se alcanzaron 20° de temperatura en el continente de hielo, el mayor récord en la historia. Esto generó un derretimiento de más de 10 centímetros de capa de hielo en Eagle Island. Sin embargo, por el sur de este continente los climas nunca fueron superiores a 3°, lo que tampoco indica que esté exento del impacto climático sobre los ecosistemas.

Igualmente, del costado oriental del continente los investigadores de la expedición científica italiana evidenciaron un derretimiento del glacial y por el lado occidental del mar de Ross están entrando las tormentas y corrientes del mar Pacífico Sur, lo que antes no ocurría. Aún no se puede afirmar a “ciencia cierta qué pasará, pero sí podemos imaginarnos o tratar de evaluar ciertos escenarios porque están cambiando la dinámica del lugar y sus características”, explicó la bióloga javeriana.

La cadena alimenticia puede ser un claro ejemplo de cómo se evidencia el impacto climático en las formas de vida de las especies y cómo se transforman sus hábitats y sus hábitos:

Estos impactos que se generan en la Antártica pueden afectar especies de animales que llegan hasta Colombia, Ecuador o Panamá como la ballena jorobada. ¿Qué pasaría si estos mamíferos no se alimentan lo suficientemente bien en la Antártica para recorrer 8.000 kilómetros hasta llegar a las costas de estos países para reproducirse?

El efecto del cambio climático se está viendo no solo en la Antártica sino en todo el mundo. “Por ejemplo, en el Ártico en 2006 o 2007 se midió la capa de hielo más pequeña que se había encontrado porque se desprendió un pedazo de hielo tan grande como Italia”, relató Nohelia en su expedición. El reto ahora es evaluar las consecuencias y considerar qué se puede hacer para tratar de que esto pare o por lo menos baje la intensidad y la rapidez con la que está ocurriendo. Por ello, la bióloga javeriana hace recomendaciones para que los ciudadanos aporten en contrarrestar el impacto de la huella ambiental.

Nohelia Farías Curtidor regresó esta semana de su expedición, luego de siete días de viaje de vuelta. Logró identificar, por ejemplo, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri), que puede medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. También, el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus), un ave que con sus alas extendidas puede medir hasta dos metros. Además, la foca leopardo (Hydrurga leptonyx), solitaria y agresiva, que vio solo una vez y que puede llegar a medir entre tres y cuatro metros, además, de pesar entre 300 y 500 kilogramos. Su amor por la naturaleza, en particular los mamíferos acuáticos, es una preocupación latente en medio de noticias que cuestionan las prácticas de los humanos frente al cuidado del planeta. Por ello, continuar investigando sobre estos lo considera como una forma de disfrutar la vida y de aportar en su conservación.

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Para conocer la bitácora completa de Nohelia Farías Corredor, consulte este enlace: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/opinion/javeriana-en-antartida/


* La participación en esta expedición de la egresada javeriana en biología, Nohelia Farías Curtidor, cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Especial Javier Maldonado

Especial Javier Maldonado

JAVIER MALDONADO: EL CIENTÍFICO DE LOS PECES EN COLOMBIA

Tras un año de su fallecimiento, Pesquisa Javeriana hace un homenaje a este ictiólogo que se convirtió en un referente por el conocimiento de los peces que nadan por los ríos del país.

SU TRAYECTORIA CIENTÍFICA

Además de su experiencia como profesor universitario, su paso por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt, entre otras entidades con fines de conservación e investigación natural, Javier Maldonado dedicó parte de su vida a estudiar ecosistemas y la interacción humana con estos. A continuación, encontrará un repositorio de sus más de 50 investigaciones en revistas indexadas y libros desde 1999 hasta 2019, con aportes y avances para la ictiología nacional e internacional.

UN RECORRIDO DE ENSEÑANZA

Bajo el calor del Magdalena Medio, en lo que fue un trabajo de campo con cuatro comunidades olvidadas de la cartografía del país (Bocas del Carare, Las Islas, Barbacoas y San Rafael de Chucurí), Javier Maldonado recorrió la zona con el fin de trabajar con los niños y niñas que la habitan y así transmitir sus conocimientos acerca de la taxonomía y conservación del bagre rayado.

EL LEGADO DEL ICTIÓLOGO

Se cumple un año del fallecimiento del ecólogo y doctor en Zoología Javier Maldonado. Por eso, Pesquisa Javeriana destaca sus aportes y trayectoria académica, además de un sinnúmero de contribuciones a la apropiación social del conocimiento científico en zonas vulnerables del país y comunidades rivereñas.

ARTÍCULOS PESQUISA

La divulgación de la ciencia fue uno de los compromisos que el investigador asumió, lo cual lo llevó a hacer parte del proyecto periodístico Pesquisa Javeriana, en el que a través de un trabajo conjunto se publicaron más de 10 artículos alrededor de sus proyectos y aportes científicos. Encuentre aquí las notas del ecólogo.

JAVIER MALDONADO: EL CIENTÍFICO DE LOS PECES EN COLOMBIA

Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Para estudiar a los animales es necesario conocerlos, verlos en vivo, seguirlos día tras día, descubrir sus costumbres, incluso tocarlos. ¿Y qué pasa cuando se trata de los peces de agua dulce que, por lo general, no los vemos en su ambiente natural y son tan rápidos y escurridizos que literalmente se ‘escapan entre los dedos’, como por ejemplo estas miniaturas?

/ Jorge Enrique García-Melo
/ Jorge Enrique García-Melo

Estos peces, muy pequeñitos y transparentes (Belonion dibranchodon y Gymnorhamphichthys rondoni), se encuentran en las remotas aguas del río Bita (Vichada), uno de los primeros afluentes protegidos en el mundo. Son especies que por sus características muy pocas veces han sido documentadas en vivo.

Para describirlas científicamente, los ictiólogos (biólogos dedicados al estudio de los peces) regularmente lo hacen a través de especímenes de museo, pero características como los colores o la forma de nadar pueden no ser tan evidentes debido a la falta de métodos estandarizados en campo que permitan su documentación en vida, especialmente en áreas apartadas.

Esta situación impide ver la multitud de formas, colores y adaptaciones de las casi 1.500 especies con las que cuenta el país, posicionándolo como el segundo grupo vertebrado más diverso después de las aves. Pero, ¿qué se puede hacer para VER todas sus características?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Investigadores javerianos, docentes de las universidades del Tolima y de Ibagué y de la Institución Educativa Técnica Ismael Santofimio Trujillo, de la capital tolimense, desarrollaron un sistema de fotografía de peces y otros organismos acuáticos usando un innovador acuario para capturarlos en acción, obteniendo fotos de alta calidad y con un alto grado de detalle. ¿Alguna vez había pensado, por ejemplo, en las diferentes bocas de los peces?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

La posición y la forma de la boca es una característica muy especial; se relaciona con sus costumbres alimenticias —no todos los peces tienen los mismos gustos gastronómicos— y son datos importantísimos para clasificar las especies, es decir, para realizar su taxonomía.

Por ejemplo, el siguiente detalle  fue revelador para los científicos, pues muestra la disposición de los poros del sistema latero-sensorial de su cabeza, que, en el caso de este pez eléctrico (Sternopygus aequilabiatus), les permite detectar a su presas y potenciales depredadores.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Con esta innovación técnica es mucho más fácil  fotografiar diferentes especies que regularmente viven en los mismos ambientes de los ríos. El movimiento —o baile— captado por la cámara expresa la naturalidad y el dinamismo que tienen los peces; así se convierte en una herramienta clave para la difusión, educación y conservación.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Llegó el momento de conocer este equipo que han bautizado con el nombre de Photafish. De acuerdo con el biólogo y fotógrafo Jorge E. García-Melo, es un sistema práctico, portátil, versátil y económico que puede implementar en campo cualquier persona con conocimientos mínimos de fotografía. Puede llevarse a lugares lejanos durante expediciones biológicas y se instala en tan solo 15 minutos.

“El sistema tiene tres componentes esenciales: el equipo fotográfico (cámara, lente, trípode); el Acuario Ensamblable para Fotografía (APP), construido en acrílico y vidrio templado; y la iluminación (flashes y fondos). Además, cuenta con algunos accesorios que facilitan la obtención de imágenes en sitios remotos donde es difícil acceder a agua transparente, como, por ejemplo, un sistema de filtrado para reutilizar el agua y una lámpara conectada a una batería recargable para hacer fotos en la noche, con la posibilidad de alternar entre fondos negros y blancos de manera rápida”, explica García-Melo.

Los investigadores pensaron en todo: explican que los fondos homogéneos de las fotos permiten enfocar la mirada del espectador solo en el pez y contemplarlo en toda su dimensión, eliminando aquellos elementos distractores  que lo rodean. Pero también concluyeron que es importantísimo el uso de fondos negros y blancos, porque cada uno puede acentuar un color diferente en alguna estructura del cuerpo, como las aletas. Además, sugieren intercambiar los fondos para conseguir información más precisa.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

De esta forma, los autores introducen el término Fotos Taxonómicamente Informativas, o TIPs por sus siglas en inglés (Taxonomically Informative Photos), para referirse a “una imagen auténtica y de alta calidad tomada en campo, de la cual es posible extraer información útil para la identificación o descripción precisa de un organismo con un alto nivel de confianza. El sistema permite obtener TIPs gracias a que el uso del acuario facilita la toma de una gran cantidad de fotos de los organismos en diferentes planos. Así, el pez permanece vivo mientras se fotografía con diferentes niveles de detalle”, explica García-Melo.

/Cristian Granados
/Cristian Granados

Este producto es parte del estudio de doctorado del ictiólogo javeriano Jorge E. García-Melo, en cuya investigación también participaron sus hermanos, el biólogo Luis J. García-Melo y Jesús D. García-Melo; la bióloga Diana K. Rojas-Briñez y el ecólogo Giovany Guevara, así como el profesor investigador Javier A. Maldonado-Ocampo (QEPD).

Todos ellos son autores del artículo Photafish system: An affordable device for fish photograhpy in the wild, publicado en febrero de 2019 en la revista Zootaxa.

Fotografías como esta son posibles gracias a Photafish.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

“Sin el Photafish System, conseguir la imagen de la boca desde una vista dorsal hubiese sido casi imposible”, explica Jorge García-Melo. La especie —Gnathodolus bidens— “se caracteriza por tener una boca muy extraña, de forma invertida, poco común entre los peces, con una modificación que les permite alimentarse en sitios asociados a raudales con muchas rocas y donde son notoriamente difíciles de muestrear, como lo son los hábitats en el río Vaupés”.

Y tiene razón: lo lograron con la ayuda de la comunidad local indígena donde se encontraban el pasado mes de marzo, “entre ellos, niños que tenían claramente más habilidad que nosotros para pescar. Fue una de las últimas fotos hechas junto a Javier Maldonado utilizando el Photafish System, precisamente el día de nuestro accidente”.

Phota 11

Para ellos lo importante no es solamente aportar nuevo conocimiento a la ciencia, sino compartirlo con otras audiencias, mejor aún si es con las mismas comunidades que les ayudan a realizar su trabajo en campo. García-Melo recuerda a Maldonado diciendo que el Photafish “era un gran aporte a la ictiología neotropical porque permite democratizar la fotografía de peces”. En esa salida al Vaupés también cumplieron con ese objetivo: “Hacer las fotografías en campo y, con la ayuda de un panel solar, una impresora portátil y una laminadora, entregar las fotografías impresas a las comunidades locales (en este caso, indígenas), para apropiarles de ese intercambio de conocimientos que se estaba generando de manera inmediata. No pueden imaginar la forma en que se sorprendían estos pescadores viendo sus peces más diminutos o coloridos, ‘vistos con otros ojos’”.

El equipo ya se encuentra trabajando en la versión 1.1 del sistema y el desarrollo de una posible patente, la cual incluye varias mejoras en cuanto a portabilidad, comodidad para el transporte y uso. Lo presentarán durante el XV Congreso de Ictiólogos Colombianos y el V Encuentro de Ictiólogos Suramericanos, que se realizará los días 15 y 16 de julio de 2019 (Enlace a) en Medellín, en donde rendirán un homenaje póstumo al profesor Maldonado; allí, los investigadores dictarán un curso sobre el Photafish System.

Dantas: la historia de una hermana perdida

Dantas: la historia de una hermana perdida

Estudiar genéticamente dantas o tapires no es tan común como hacerlo con monos, osos, delfines, pumas o jaguares, quizá porque no tienen una apariencia seductora. Con todos ellos ha trabajado el biólogo Manuel Ruiz-García, PhD en genética de poblaciones, para tratar de descifrar lo que podríamos llamar la genealogía de estos animales: ¿quiénes fueron sus padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos?; ¿de dónde provienen?; ¿por qué llegaron al lugar donde se radicaron?, y ¿cómo han evolucionado?
Los tapires son mamíferos vegetarianos, emparentados con los caballos y los rinocerontes, pero de menor tamaño. Son excelentes nadadores. Tienen un cuerpo sólido, un olfato muy sensible y un hocico alargado que utilizan para conseguir su alimento. Los llaman los ‘arquitectos de la selva’ por ser eficientes dispersores de semillas y porque van arrasando la maleza y abriendo avenidas naturales por donde pasan. Como dice el poeta Antonio Machado, “Hacen camino al andar”.

A raíz del anuncio del descubrimiento de una nueva especie de tapires por parte de un grupo de científicos con sede en Brasil, Ruiz-García volvió sobre sus notas, sus investigaciones y sus artículos científicos porque, desde que leyó el artículo publicado en el Journal of Mammalogy, le llamaron la atención varias de las afirmaciones que allí encontró. A partir de ese momento, pero sin descuidar otros trabajos que adelanta con su grupo de investigación, ha concentrado buena parte de su quehacer científico en refutar ese descubrimiento con base en diferentes técnicas, entre ellas, análisis de ADN de las muestras que ha recolectado desde 2006: pelo, dientes, sangre, pedazos de hueso y trozos de piel y músculo.

Lo que se sabía

La literatura científica habla de tres especies de tapires en América Latina. El primero es el andino o danta de montaña (Tapirus pinchaque), que es el más pequeño y solo se encuentra en Colombia, Ecuador y en la parte norte de Perú; su distribución geográfica es restringida y algunos lo consideran en vía de extinción. El segundo es el centroamericano (Tapirus bairdii); es el que tiene mayor tamaño, vive en México, Centroamérica y se lo puede ver también en el Pacífico colombiano. El último es el tapir de tierras bajas, sachavaca o anta (Tapirus terrestris), que se encuentra desde el norte de Colombia hasta el norte de Argentina y Paraguay.

Dada la colección de muestras que Ruiz-García había logrado reunir en sus viajes por el Amazonas peruano, brasileño, ecuatoriano, boliviano y colombiano, inició en 2007 los estudios, principalmente del T. terrestris, en colaboración con Benoit de Thoisy, del Instituto Pasteur en la Guayana Francesa. “En ese primer estudio (2010) se detectan cuatro linajes genéticos diferentes, pero que están entremezclados en las mismas áreas”, explica Ruiz-García. “En la Amazonia colombiana encontramos los cuatro linajes. En la Amazonia occidental se hallan las poblaciones de tapires con mayor diversidad genética, lo que puede considerarse como el punto de inicio de diversificación de la especie”.

El segundo estudio (2012) incluye también las especies T. pinchaque y T. bairdii. Fueron analizadas 201 muestras, principalmente del T. terrestris (141), y 30 de cada una de las otras dos, recolectadas en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Guayanas, Paraguay y Argentina, así como en zoológicos de España y Estados Unidos. Esto se hizo para conocer la distribución geográfica de los tapires y, con base en estudios de secuencias del ADN, generar teorías sobre el origen de las tres especies del continente americano, desde México hasta el norte de Argentina.

Cabe señalar que, como es común en la dinámica de la investigación científica, Ruiz-García había compartido parte de las muestras, tanto con de Thoisy como con los investigadores brasileros.

Lo que se reportó como descubrimiento

En 2013 la Universidad Federal de Minas Gerais en Brasil reportó una nueva especie de danta, a la que sus investigadores denominaron Tapirus ‘kabomani’. El autor principal es el paleontólogo argentino Mario Cozzuol y uno de los coautores es de Thoisy. La danta es descrita como la de menor tamaño, con pelo más oscuro y frente más amplia.

Desde el punto de vista craneométrico, hacen énfasis en dos aspectos: T. ‘kabomani’ presenta una sutura frontoparietal mucho más al frente que la del T. terrestris; la otra diferencia es que, en el T. ‘kabomani’, la región de la frente detrás de los huesos nasales es mucho más ancha. El texto incluye una fotografía para mostrar esas características.

Desde el punto de vista molecular, los análisis que realizaron con base en tres genes de las mitocondrias sitúan al T. ‘kabomani’ como una especie genéticamente distante del T. bairdii, aunque menos del T. terrestris y del T. pinchaque.

Lo que refuta Ruiz-García

Desde entonces, Ruiz-García, uno de los investigadores con más muestras de tapires en Latinoamérica, ha publicado un artículo en la revista inglesa Mitochondrial DNA, otro fue aceptado en la revista norteamericana Journal of Heredity y escribió un capítulo para un libro que publicará la editorial Nova Science Publisher de Nueva York. En estos textos demuestra, desde el punto de vista morfológico y molecular, que no se trata de una especie nueva.

Un primer argumento que aduce se sustenta en la definición de especie del biólogo evolutivo alemán Ernst Mayr: se trata de un grupo natural de individuos que pueden cruzarse entre sí, pero que están aislados reproductivamente de otros grupos afines, lo que no puede aplicarse a organismos fósiles –porque no hay manera de conocer si cuando estaban vivos podían cruzarse–. De esta manera, los cráneos no podrían evidenciar por sí solos las dos especies. Es más –continúa Ruiz-García­, quien en el último año ha medido alrededor de 180 cráneos de tapires de toda Latinoamérica–, cuando los tapires son jóvenes, o se han quedado pequeños por problemas de alimentación, tienen mayor variación en esos dos puntos del cráneo en los que los investigadores ven las diferencias, con respecto a los individuos que se han desarrollado normalmente. “Responde entonces a variación ontogénica, [es decir], en el desarrollo de los cráneos de tapires de jóvenes a adultos”. Ruiz-García lo explica con el siguiente ejemplo: el cráneo de un pigmeo africano es muy diferente al de un sueco, pero eso no significa que no puedan cruzarse y que los híbridos no sean viables.

Por otro lado, los investigadores que están en Brasil afirman que el T. ‘kabomani’ vive en todo el Amazonas. Esto significaría “que no hay ninguna barrera geográfica que separe a los T. ‘kabomani’ de los T. terrestris, lo cual conlleva que se pueden cruzar sin ningún problema; por lo tanto, no son dos especies diferentes: según la definición de especie biológica de Mayr”, explica Ruiz-García.

El investigador remata diciendo que las tres especies conocidas en Latinoamérica son cromosómicamente diferentes “el T. bairdii sí se puede encontrar con el Terrestris en el Chocó, pero no se ha visto jamás este cruce entre ellos”.

Desde el punto de vista molecular, el argumento de Ruiz-García se fundamenta en un análisis que implicó 250 muestras de las tres especies de tapires, así como un mayor número de genes: 15 en total. Al analizarlas en el laboratorio, en el nuevo árbol filogenético los T. ‘kabomani’ y los T. terrestris quedan agrupados. De hecho, los T. ‘kabomani’ forman un linaje dentro de los T. terrestris. Otro hallazgo importante del estudio de Ruiz-García es que muestra que no existe correlación entre los resultados moleculares y la morfología de los tapires. “Al ampliar la muestra vemos que puede haber animales pequeños y oscuros, que no tienen las características moleculares de T. ‘kabomani’ que ellos han encontrado, y también animales muy grandes que ellos jamás habrían clasificado como la nueva especie, pero que molecularmente sí tienen las mismas características de lo que ellos llaman T. ‘kabomani’”. Con ello, Ruiz-García señala que un estudio de los cromosomas hubiera sido clave para observar alguna posible incompatibilidad reproductiva entre los T. ‘kabomani’ y los T. terrestris.

Estudios posteriores de Ruiz-García y sus colaboradores han reportado seis grupos diferentes de T. terrestris, y uno de ellos correspondería al T. ‘kabomani’. Así que no es que no exista, sino que se trata de un linaje incluido dentro del T. terrestris.

La ciencia es así

Ruiz-García se ha concentrado en investigar tapires y publicar para demostrar que el grupo brasileño está equivocado. “Eso es lo bueno de las polémicas en ciencia; si ellos no hubieran publicado el artículo, yo habría seguido trabajando en los tapires, pero más relajadito”, confiesa.

Y así como Ruíz-García ha conseguido en los últimos meses algunas muestras de tapires de tamaño pequeño procedentes de Bolivia para contribuir más en esta polémica científica, los investigadores de Minas Gerais también colectan más muestras para confirmar su descubrimiento.

“No puedo demostrar que no existen nuevas especies de tapires. Lo que sí puedo demostrar es que los argumentos que utilizan ellos para definir una nueva especie son incorrectos”, concluye el genetista javeriano.


Para saber más:

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