Arte entre la ética y la estética

Arte entre la ética y la estética

¿Qué tipo de fronteras crea el conocimiento producido en el arte? ¿Cómo entender el nuevo conocimiento en proyectos de investigación-creación? ¿Hasta qué punto renunciar al traspaso de fronteras constituye una resistencia a la cultura obsesionada con la innovación? Son algunas preguntas que tienen respuesta en Desmárgenes, la exposición central del III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad de la Pontificia Universidad Javeriana.

Esta exhibición es la segunda de una serie que inició en el II Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad (2016) con la presentación ‘Artistas al tablero’, la cual contó con más de 17 obras de cinco universidades, entre ellas la de los Andes, la Nacional de Colombia, la Jorge Tadeo Lozano, la del Bosque y la Javeriana.

El concepto de frontera, fronteras éticas, geográficas, conceptuales o estéticas llega al III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad con Desmárgenes, muestra diseñada por la Asistencia para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana, para reunir en un mismo espacio proyectos de investigación-creación de universidades de todo el país con el fin de que artistas y académicos presenten el proceso reflexivo que resultó de dicho trabajo en las categorías de artes plásticas y visuales.

De acuerdo con Óscar Hernández, asistente para la Creación Artística, estos proyectos “involucran procesos reflexivos porque, para resolver las preguntas de investigación, hay que pasar por un proceso creativo donde la experimentación con el material plástico hace parte del transcurso de la indagación”.

La selección de las obras plásticas y visuales que se presentarán en ‘Desmárgenes’ se dio por una convocatoria liderada por la Vicerrectoría de Investigación javeriana, en la que, según Hernández, “contactamos a los departamentos y las facultades de artes de distintas universidades para que nos contaran cómo han pensado sus proyectos de investigación-creación y los mostraran en el Encuentro”.

En total, se evaluaron 25 postulaciones de ocho universidades por el comité curatorial, en cabeza de María Sol Barón y Ronald Meléndez, profesores de la Facultad de Artes de la Javeriana, y de Óscar Hernández, quien a su vez es doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la misma institución.

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Novela gráfica, videoensayo, escultura, fotografía, entre otros, componen la exposición Desmárgenes.

La selección tuvo en cuenta varios criterios: el primero, que el material de trabajo abordara el concepto de frontera ética y estética de la creación, que reflexionara plásticamente alrededor de la noción de margen o límite y, finalmente, que fuera formulado como un proyecto de investigación – creación.

Como resultado de este proceso se seleccionaron 13 obras, algunas de ellas de carácter interdisciplinario, provenientes de las universidades Nacional de Colombia, Jorge Tadeo Lozano, El Bosque,  los Andes,  de Antioquia y Javeriana Bogotá y su seccional Cali.

En ese sentido, el III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad busca convertirse en “un referente de cómo las universidades colombianas entienden, desde el área plástica, el concepto de investigación-creación. De hecho, ver el producto estético o lo que están produciendo en relación con estas obras en un solo espacio es muy difícil de encontrar”, indica Hernández.

Poder Violeta, por ejemplo, es un proyecto que hace parte de este encuentro; esta iniciativa fue desarrollada por Carlos Torres, profesor asociado del Departamento de Diseño, el Instituto Pensar y colectivos feministas como Polifonía, Observatorio Contra el Abuso Sexual Callejero, Degénero, Mujeres Gordas sin Chaqueta y Rosario sin Bragas, quienes buscan visibilizar y prevenir el acoso sexual sufrido por las mujeres en el transporte público.

La instalación escultórica Traslados de la memoria, de Javier Barbosa de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas; el ensayo audiovisual Abismos, de Mariana Dicker de la Jorge Tadeo Lozano; la novela gráfica La 40, de Manuel Iturralde, Lucas Ospina y el Teatro Abrakadabra, son algunas obras que también harán parte de la exposición.

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Los visitantes pueden contemplar las 13 obras de seis universidades que integran la muestra.

Así, Desmárgenes, inaugurada el 31 de agosto pasado en la galería del edificio Gerardo Arango, S.J. de la Javeriana, contará con una visita comentada con los artistas de la exhibición el jueves 6 de septiembre desde las 5:00 p.m. en la misma galería, y con un conversatorio con los artistas el jueves 13 de septiembre, de 9:00 a.m. a 11:00 a.m., en el quinto piso del mismo edificio.

“En estos espacios los artistas comentarán las reflexiones que giran en torno a sus creaciones, cómo se articulan con los proyectos de investigación, incluso aquellos que son de carácter interdisciplinario como lo es el videojuego feminista Poder violeta”, menciona Hernández.

Instalaciones, esculturas, fotografías, grabados e, incluso, videoensayos o instalaciones multimedia conforman Desmárgenes, exposición que estará disponible del 31 de agosto al 20 de septiembre del 2018 en la Galería del edificio Gerardo Arango, S.J, de la Universidad Javeriana, con entrada gratuita.

El salto del Tequendama, geografía de la mirada

El salto del Tequendama, geografía de la mirada

El paisaje, representado por artistas en infinidad de manifestaciones, ya no es el mismo de hace unas décadas, no solamente por los cambios que ha sufrido a través de los años —generalmente por la intervención del ser humano—, sino por la mirada de quienes lo plasman en una fotografía, un dibujo, una escultura, un video…

“En términos de paisaje”, dice el artista Diego Benavides, director del departamento de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana, “el Salto del Tequendama ha sido un ícono en la historia de los viajeros, en la historia del arte de Colombia y ha sido representado en muchos contextos; es un paisaje que hoy en día se representa crítico”. El fotógrafo Mateo Pérez, profesor del departamento, lo complementa: “a través de la fotografía, el paisaje hoy en día se ve menos romántico que hace unos 50 años, cuando se fotografiaban las bellas cascadas y los exuberantes bosques”.

En la actualidad, dicen, las manifestaciones artísticas del paisaje señalan problemas políticos, sociales, económicos y ecológicos, y qué mejor que el Salto del Tequendama para expresar toda esa carga conceptual en un proyecto de investigación-creación que emprendieron juntos y que ofrece como uno de sus productos una exposición que se realizó en el centro de arte contemporáneo Espacio Odeón, “donde los artistas muestran cierto tipo de tensión”, como lo describió la curadora Ximena Gama: “el Salto como un paisaje majestuoso y que atrae la mirada de los turistas, el Salto como un ícono histórico de la nación, pero también el
Salto como vertedero de la incontrolada contaminación del río Bogotá y como un abismo propicio para arrojarse al vacío”.

El proyecto de investigación-creación El Salto del Tequendama, del viajero ilustrado al encanto frustrado une armónicamente la mirada contemplativa de la historia con la mirada crítica del presente. Lo hace a través de la fotografía de Pérez, de los dibujos, los videos y la combinación de objetos para diseñar esculturas de Benavides, y la investigación de relatos y descripciones con imagen desde el mito de Bochica, pasando por los viajeros de los siglos XVIII y XIX, hasta las crónicas de la prensa colombiana, con sus noticias sobre los famosos suicidios que suceden en este lugar. Al mismo tiempo, es el ejemplo de una forma alternativa de generación de nuevo conocimiento.

El proyecto surge porque tanto Benavides como Pérez habían trabajado gráficamente el Salto del Tequendama. El primero, desde el dibujo, el video, el cruce de diferentes medios en la construcción de la imagen; y el segundo, desde la fotografía: “Teníamos en común el paisaje del Salto del Tequendama”, dice Pérez. Luego investigaron relatos y artículos periodísticos e hicieron revisión de las imágenes históricas sobre el Salto. Las permanentes visitas al lugar los inspiraron: “Es un sitio que vale la pena repensar”, agrega Benavides.

“Descubriendo los viajeros ilustrados nos interesó la experiencia del viaje, volver al sitio… Mateo empezó a meterse por otros lados para tomar la fotografía, exactamente desde el lugar donde el viajero o el pintor desde hace siglos o décadas había hecho el cuadro, la acuarela o la fotografía. Quisimos sentir lo que sentía el viajero en su momento y de ahí salieron viajes muy interesantes”, continúa Benavides.

Los investigadores Benavides y Pérez hicieron un recorrido de unas cuatro horas hasta llegar a la base del Salto. “Es un bosque secundario de niebla y tratamos de hacer un relato del camino que recorre Alexander von Humboldt tomando fotografías y haciendo videos inéditos porque no existen fotografías desde ese sitio”, relata Pérez. Por el camino conocieron a unos campesinos que les contaron sobre las cuevas en donde hay pinturas rupestres, aparentemente inexploradas todavía. “Son de muy difícil acceso porque esta zona es muy escarpada; es un cañón peligroso”, dice.

Desde hace siglos, exploradores han querido dejar evidencia del Salto del Tequendama en relatos como Lucas Fernández de Piedrahita (1666), Alexander von Humboldt (1801), Agustín Codazzi (1855) y Loraine Petre (1904), en dibujos, pinturas y grabados como los de Frederich Edwin Church, Ricardo Borrero Álvarez y Edward Walhouse Mark, y en fotografías de profesionales y aficionados.

El cambio más fuerte es la contaminación del río Bogotá y eso afecta fuertemente todo el paisaje: el agua, las rocas y la vegetación. Los suicidas debieron estar necesariamente en el relato, porque incluso en la primera visita que hicieron los investigadores presenciaron un caso. “Ese hecho impactó de una manera real y muy fuerte el destino del proyecto”, dice Pérez; “este es un paisaje de muerte”.

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