Celebraciones bicentenarias: vista a nuestro pasado, presente y futuro

Celebraciones bicentenarias: vista a nuestro pasado, presente y futuro

El 2010 fue un año de conmemoraciones bicentenarias para Venezuela, Argentina, México, Chile y también para Colombia, donde la vida cotidiana se interrumpió por las múltiples actividades de festejo, todo con motivo de la celebración de los 200 años de las acciones ocurridas el 20 de julio de 1810 en Santafé de Bogotá, día considerado como el punto de partida para el nacimiento del Estado-nación colombiano; esta fecha es uno de los símbolos más profundos de la identidad nacional, a pesar de que la independencia se consiguiera solo hasta el 7 de agosto de 1819.

Cada conmemoración de Independencia, sin distinguir lugar o nación, se festeja de forma diferente. Por ejemplo, “el Centenario de 1910 y el Bicentenario de 2010 en Colombia contó cada uno con sus particularidades, pues, aunque las personas honraron lo mismo, para 1910 fue evidente el predominio de un régimen de historicidad moderno, con un discurso que le apuntaba al futuro, al progreso y la modernización; entre tanto, en la época bicentenaria predominó la categoría del presente ante la incertidumbre del futuro y la necesidad de volver la mirada al pasado”, asegura Sebastián Vargas, doctor en historia y magíster en Estudios Cultura­les de la Pontificia Universidad Javeriana. A esto se suma que, a diferencia de lo sucedido en el Centenario, los Estados no monopolizaron la festividad pública y participaron distintos sectores (organizaciones y movimientos sociales, empresas privadas y los medios de comunicación).

Estos actos sociales, como los sucedidos en 1910 o en el 2010 en Colombia, son una oportunidad para volver a narrar lo que nos contaron, re-presentar, actuar el pasado mítico y vivirlo con la emotividad y el sentimiento de haber estado presente aquel 20 de julio de 1810, en ese lugar y a esa hora, así solo lo hayamos escuchado de las voces de nuestros maestros de colegio, lo hayamos leído en libros o visto en la televisión. Igual, permanece en la memoria colectiva como si lo hubiéramos vivido en carne propia.

Estas celebraciones, además, están mediadas por lo que Vargas denomina como políticas de conmemoración; en otras palabras,  “son el espejo de las identidades presentes de la nación, en ellas participan diferentes actores y cada uno lo hace a su manera”. Los olvidados luchan por hacerse visibles, otros sacan a la luz sus intereses políticos; asimismo se recuerdan eventos, personajes y cosas, pero también se olvidan y se deja por fuera a otros. “Hay conmemoraciones en las que el Estado tiene más control que otras, por ejemplo, el Centenario de 1910 fue más controlada por el Estado que la del Bicentenario. Esto, por la necesidad de las élites estatales de visibilizar los avances materiales y morales de la nación”, añade el historiador.

Sebastián Vargas se ha dedicado a estudiar la conmemoración bicentenaria de 2010 en Colombia con el fin de explicar los usos de la historia que hay detrás de estos festejos, así que escudriñó documentos de diverso tipo que dieran cuenta del contexto de dicha celebración: documentos oficiales, páginas web que sirven de repositorio de la mayoría de actividades públicas estatales; documentos alternativos: audiovisuales, fanzines (publicaciones temáticas de bajo presupuesto), publicaciones, comunicados de prensa y otros que, por su parte, muestran tensiones frente a las formas en las que han sido representados algunos sectores en el pasado. Además, recorrió actos conmemorativos, exhibiciones, museos, monumentos, memoriales y obras públicas. “Lo que hice fue ver cómo operó la celebración, en diferentes lenguajes, diferentes registros, formas discursivas, por ejemplo, el espacio público, las fiestas o conciertos”, explica.

En su investigación Después del Bicentenario: políticas de la conmemoración, temporalidad y nación, Colombia y México, 2010, plasmó los resultados de este recorrido histórico. Dentro de los hallazgos encontró que, a pesar de los intentos del Estado por diseñar e implementar una agenda conmemorativa oficial, por un lado, irrumpieron diversos actores sociales con sus memorias que hicieron contrapeso a la agenda conmemorativa oficial; y por otro, pese a estas irrupciones, y a que diversas propuestas oficiales reconocían la multiplicidad histórica y cultural del pasado, se terminó por reproducir la historia patria, pues los protagonistas de la celebración fueron una vez más Hidalgo, Bolívar, el grito de Dolores o el florero de Llorente, desconociendo nuevamente a los que también estuvieron en la lucha pero han sido olvidados.

Las distintas actividades fueron pensadas para visibilizar la diversidad y la pluralidad oculta de la historia teniendo en cuenta los avances multiculturales del país y la ya reconocida diversidad nacional; sin embargo, no modificó la interpretación tradicional del proceso histórico de la Independencia. Las minorías estuvieron presentes, se convocaron a movimientos afrodescendientes e indígenas así como a sectores populares para que participaran de la conmemoración, pero las exclusiones y silencios de la historia se mantuvieron. “La diversidad de culturas, memorias y sujetos de la nación que los gobiernos pretendieron reconocer durante el Bicentenario quedó desdibujada por la reiterada recordación de acontecimientos y personajes históricos canonizados por la historia tradicional”, asegura Vargas. Esto, sumado a que tampoco mejoraron las condiciones de vida de las poblaciones rurales, indígenas y afrodescendientes contemporáneas.

Tal parece que, como menciona el historiador, “la celebración bicentenaria se quedó en la mera espectacularización. Se desaprovechó una oportunidad única para hacer un balance sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestra nación, pues se puso el énfasis en la reproducción de lugares comunes y en la dimensión festiva y espectacular, dejando en un segundo plano la reflexión y divulgación histórica”, y añade que “de aquí que la banalización de la historia, una vez pasado el año, e incluso el mes de festejo, haya sido un monumental y costoso evento histórico, pero efímero a ojos de los colombianos”.

Y por si fuera poco, el Estado aprovechó la coyuntura bicentenaria para promover y legitimar políticas en materia de defensa y seguridad, cosa que no solo sucedió en Colombia, pues, como afirma Vargas, “una de las principales coincidencias entre la conmemoración colombiana y la mexicana que estuvo presente fue que en ambos casos los Estados incorporaron uniformes, vehículos y tropas de tiempos pasados en los desfiles militares llevados a cabo durante los días de fiesta nacional como una manera de representar la seguridad democrática, en el caso colombiano, impulsada por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez”. Así mismo, la investigación demuestra que los discursos presidenciales durante la conmemoración estuvieron atravesados por la mención a las luchas por la Independencia y la libertad del pasado, y su supuesta conexión con los conflictos internos del presente.

En cuanto a las representaciones museográficas, hay que decir que fue en estos escenarios donde se propuso generar en los públicos una reflexión sobre la historia y, particularmente, sobre la Independencia como un proceso abierto, en construcción, del cual todos estaban llamados a participar. En la investigación, Vargas enfatiza que en los museos se utilizaron recursos interactivos y virtuales que posibilitaran recrear un ambiente de inmersión y una vívida experiencia. Por su parte, los medios de comunicación y las empresas no se quedaron atrás, pues el historiador javeriano evidenció que estos también se sirvieron en términos económicos y de visibilidad en la coyuntura.

“Mi hipótesis es que, por el presentismo de la conmemoración, a nadie le importa y la gente iba y asistía a los eventos pero por una cosa como de patriotismo e incluso por la fiesta, por el hecho de ir a un evento público y celebrar que Colombia cumplía 200 años de Independencia, pero a nadie le interesa ver realmente eso qué implica y cómo fue el proceso histórico”, afirma el investigador.

Hoy se conmemora el bicentenario del 7 de agosto de 1819 que recuerda la Batalla de Boyacá y el día oficial de la Independencia de la Nueva Granada. Por un tiempo se evaluó cuál sería la fecha de festejo más importante, si 1810 o 1819, pero “no se trata de cuál es más importante sino de ver en estas fechas una oportunidad para reconocer nuestra historia, evaluar nuestro presente y mirar hacia el futuro”, finaliza Vargas.

Ahora solo queda esperar con qué novedades llega este nuevo año de libertad para Colombia y cómo se revive la historia de la Batalla de Boyacá durante estos días, y si, como colombianos en medio de nuestro presentismo, lo vivimos y luego lo olvidamos como arena que se lleva el agua.

Novedades Editoriales

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La fábrica del hombre. Historias de viajes y usos de los libros del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVII

Guevara Salamanca, José Luis. La fábrica del hombre: historias de viajes y usos de los libros del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVII. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 180 páginas.

Este texto es una invitación a los lectores a mirar las historias que rodean la creación de los libros que nacieron en el Nuevo Reino de Granada durante gran parte del siglo XVII. A partir de esta motivación, el autor ha reunido historias de impresores, objetos, materias primas y libros, con el fin de entender el pasado de la creación de estos en una sociedad que parece enfrentarse a ciegas a los profundos cambios en la forma de conocer y entender el mundo. Seguramente los interesados en conocer sobre la historia y la dimensión material de las publicaciones, editores de todas las áreas e historiadores culturales y de la comunicación encontrarán en estas páginas insumos para enriquecer sus discusiones y reflexiones sobre sus preocupaciones.

En tierras paganas.Misiones católicas en Urabá y en La Guajira, Colombia, 1892-1952

Córdoba-Restrepo, Juan Felipe. En tierras paganas. Misiones católicas en Urabá y en La Guajira, Colombia, 1892-1952. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 322 páginas.

Esta obra examina en detalle la presencia de dos comunidades españolas en territorio colombiano: los capuchinos en el Vicariato Apostólico de La Guajira, Sierra Nevada y Motilones (1905-1952); y los carmelitas descalzos activos en la Prefectura Apostólica de Urabá (1918-1941). Ofrece una visión panorámica y comparada de la labor de estos religiosos que, más allá de la mera esfera de la catequesis, fueron intermediarios que propiciaron una serie de transformaciones culturales. La intención es ver el encuentro de este par de comunidades religiosas con la población local, en dos remotas y agrestes regiones de frontera, desde la perspectiva de un sistema religioso concebido como sistema cultural. Tomando la modificación de las creencias como centro, el análisis abarca las demás esferas afectadas por los misioneros, tras un largo proceso de negociación cultural: el lenguaje, las prácticas alimenticias, el atuendo, las normas de higiene y arreglo personal, la noción del tiempo, las rutinas cotidianas, las actividades productivas, las formas de construcción, los espacios habitacionales, los sitios de culto, los modos de sociabilidad, el empleo del ocio, el uso de la música y las imágenes visuales.

Estados de excepción y democracia liberal en América del Sur.Argentina, Chile y Colombia (1930-1990)

González Jácome, Jorge. Estados de excepción y democracia liberal en América del Sur: Argentina, Chile y Colombia (1930-1990). Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 376 páginas.

Esta investigación cuenta cómo las críticas al liberalismo y a la democracia, propias del siglo XX, impactaron las construcciones teórico-constitucionales de los estados de excepción en Argentina, Chile y Colombia entre 1930 y 1990. El autor propone una mirada a la historia de las ideas jurídicas en la región a partir de un marco interpretativo de dos niveles: el primero conecta la política y el derecho, y el segundo integra la construcción global y local del derecho. Esto implica que, por un lado, los argumentos constitucionales sobre los estados de excepción se conectaron de diversas formas con las distintas ideologías políticas que se difundieron por la región en el siglo pasado; y por otro lado, que esas estructuras de pensamiento constitucional se fueron creando en el marco de lenguajes globales genéricos, que si bien fueron hegemónicos, al mismo tiempo permitieron a los juristas e intelectuales articular disímiles interpretaciones sobre sus realidades locales. Con el uso de herramientas de derecho comparado, estudios jurídicos críticos e historia de las ideas, el libro es una interpretación específica de la forma en que el derecho constitucional construyó su propio espacio político en donde los abogados se enfrentaron, algunas veces de manera irreconciliable, durante el siglo pasado.

Masonería, Iglesia, Revolución e Independencia

Ferrer Benimeli, S. J., José Antonio. Masonería, Iglesia, Revolución e Independencia. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 226 páginas.

Gran desconocida de la historia, la masonería ha suscitado y todavía suscita inquietud, reservas y oposición. Desde los constructores de catedrales hasta los masones contemporáneos defensores de la fraternidad universal, la masonería, sociedad iniciática y secreta, ha tenido serios problemas sociales, políticos y religiosos. Este estudio analiza, en una primera parte, las causas y consecuencias del enfrentamiento entre la Iglesia católica y la masonería desde la primera condena pontificia en 1738 hasta la publicación del actual Código de Derecho Canónico de 1983. En la segunda parte se acerca a la historia de la masonería en cuanto escuela de formación humana, con especial énfasis en la del siglo XVIII, y su presencia o ausencia tanto en la preparación y desarrollo de la Revolución francesa como en la Independencia de las Américas; además, analiza el real o presunto protagonismo desempeñado por la masonería a través de los Libertadores y las logias Lautaro.

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