Valorar las artes para transformar la academia

Valorar las artes para transformar la academia

Hay un inefable proceso de atracción, conexión, repulsión y diálogo entre el arte y la ciencia. ¿Cómo sería viajar en el tiempo a través del —hasta ahora teórico— agujero de gusano? Esta y muchas otras preguntas que se formulan desde el campo de la ciencia son, en principio, imaginadas desde el arte. Pero también desde el arte se hace uso de la ciencia cuando es necesario encontrar respuestas para producir una creación artística, como lo hizo Leonardo dVinci. 

Este fructífero diálogo ha resultado en hallazgos y creaciones memorables. ¿Cómo viaja un impulso neuronal a través del cerebro? Sin este intercambio entre lenguajes y lógicas, tanto las neurociencias como la pintura se habrían perdido de la producción intelectual de Santiago Ramón y Cajal. 

Y aunque algunas veces parece obvia esta conexión, en otras ocasiones ciencia y arte se observan mutuamente con sospecha, como si se tratara de universos irreconciliables. Sobre todo en lo tocante al arte en la academia. 

En Colombia, hasta hace pocos años los artistas ubicados dentro de las universidades no encontraban su lugar, pues el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) medía la producción académica bajo lógicas que excluían la producción artística. Esta situación tuvo un giro paradigmático gracias a largas, profundas y difíciles discusiones, producto de las cuales hoy en día el SNCTI contempla criterios para evaluar la producción artística dentro de las métricas académicas. 

Para comprender mejor cómo se produjo este cambio, en qué consiste y cuáles han sido sus implicaciones, PESQUISA JAVERIANA dialogó con Óscar Andrés Hernández Salgar, asistente para la creación artística de la Pontificia Universidad Javeriana, quien fue una de las voces más activas para lograr esta transformación. 

Óscar Andrés Hernández Salgar
Óscar Andrés Hernández Salgar

PESQUISA JAVERIANA: ¿Qué era lo que ocurría en el contexto educativo y de investigación académica en el país antes de que se produjera el cambio en el Sistema? 

Óscar Andrés Hernández Salgar: Hay dos grandes sistemas que cobijan a las universidades: el sistema educativo, con el Ministerio de Educación a la cabeza, y el SNCTI. Lo raro es que cada uno de esos dos sistemas corresponde a paradigmas distintos de universidad. Como está planteado, mucho de lo que define al sistema educativo corresponde a un paradigma de universidad que está centrado en la formación de profesionales para reproducir una fuerza de trabajo, en el que el conocimiento es más algo que se reproduce, no algo que se produce. 

Por otro lado, para el SNCTI lo importante es que las universidades produzcan conocimiento nuevo que llegue al sector productivo. Entonces ¿qué pasa? Que las funciones universitarias —que son docencia, investigación y extensión— empiezan a cambiar sus pesos: antes docencia era el gran foco y las universidades que formaban profesionales hacían además investigación. Ahora cada vez más se les pide que enseñen y transfieran lo que investigan. 

¿Qué pasaba con los artistas dentro del SNCTI? El arte no tenía ninguna cabida, porque se asumía que las artes y las humanidades no producían conocimiento capaz de impactar el sector productivo, lo cual no es cierto. Esta exclusión parte de una idea de conocimiento en la que las ciencias naturales, las ingenierías y las ciencias de la salud son las únicas que realmente pueden impactar las dinámicas económicas a través de una idea más bien lineal de innovación. Es una visión muy economicista. 

PJ: ¿De qué maneras la producción artística impacta el sector productivo? 

ÓAHS: Esto se explica comprendiendo cómo las industrias creativas y culturales se vuelven competitivas: esto ocurre, no por su infraestructura, sino por la originalidad de los contenidos. Y quienes crean contenidos originales son diseñadores, músicos, artistas plásticos, etcétera. La sociedad necesita que haya un aparato de producción de contenidos que conecte la diversidad cultural con procesos de generación de valor económico para darles mayor competitividad a las empresas. Si no, lo que pasa es que se copian fórmulas. 

Ahora, obviamente no todo el arte es para vender. Para que existan contenidos que renueven la industria se necesita que haya experimentación y creación libre, no orientada a públicos (al igual que para que exista investigación aplicada se necesita investigación básica). Por fuera de la universidad los productores de contenidos no tienen espacio para experimentar. Una empresa que produce contenido audiovisual, por ejemplo, no se puede dar el lujo de estar ensayando narrativas, formatos, sensibilidades; esto hace que se reduzca la diversidad. 

De manera que lo que nosotros sustentamos es que las universidades son espacios privilegiados de experimentación. Es ahí donde se vuelve importante la investigacióncreación. Entonces lo que logramos en Colciencias fue empezar a posicionar la investigacióncreación como una forma de generación de valor cultural, estético y eventualmente económico, desde las disciplinas artísticas. 

PJ: ¿Qué ocurría con los docentes-artistas antes de que los criterios cambiaran? 

ÓAHS: Se quedaban rezagados en la carrera académica porque toda la estructura de incentivos se enfocaba en la producción intelectual escrita, en la producción de investigación. Por esa razón la ‘pelea’ en Colombia fue la de reconozcamos la producción artística como producción intelectual. No había unos criterios claros de evaluación y, como consecuencia, se detuvo la evaluación de producción intelectual artística de profesores durante varios años. Entonces, en la Javeriana se creó un comité de valoración de producción artística que empezó a definir unos criterios, que fueron los que llevé a la mesa de Artes, Arquitectura y Diseño, en Colciencias, para ver en qué casos se puede reconocer la creación artística como conocimiento nuevo y cómo se puede valorar: no desde cero, sino acudiendo a las mismas instancias de legitimación que reconocen los actores del campo del arte. 

PJ: ¿En qué consiste esta ‘homologación’ de criterios que ya existían con respecto a los que se produjeron para evaluar la investigación-creación? 

ÓAHS: Nosotros presentamos el modelo de valoración que se había creado dentro de la Universidad. Propusimos que se aprovecharan las instancias en las que ya circula el arte. Ocurre de forma similar a como es valorado un artículo académico: si el artículo fue evaluado para publicarse en una revista que está en cuartil uno en Scopus, entonces se deduce que es un indicador de calidad y no hay que volver a evaluarlo. Con el mismo nivel de estructuración existen unos circuitos que legitiman la carrera académica de los artistas. Por ejemplo, si yo soy un artista y puse una instalación en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se deduce que allí hay un reconocimiento de la calidad. Hay unas instancias por las que el arte va circulando y que tienen procesos de curaduría, arbitraje o selección, y, existiendo esto, no tenía sentido que nosotros nos enfrentáramos a una evaluación adicional. 

PJ: ¿Qué retos o contradicciones afronta la puesta en marcha de estos criterios de valoración para las creaciones artísticas? 

ÓAHS: Este modelo de medición es automático y no tiene gente de carne y hueso detrás pensando. Es un algoritmo: uno presiona un botón y ya. No hay paneles, no hay pares. Entonces debimos parametrizar todo y eso nos obligó a tomar decisiones difíciles, por ejemplo, que la trayectoria del espacio que tuviera 10 años de existencia era mejor que la que tuviera ocho. Y esto es muy problemático, porque esa lógica termina privilegiando los circuitos tradicionales del arte, y el arte más disruptivo, que realmente ha producido cambios en la sensibilidad y que ha hecho cosas diferentes, ocurre por canales emergentes. 

PJ: ¿Qué transformaciones se han producido dentro de la Javeriana a raíz de este cambio? 

ÓAHS: Ha permitido que los grupos de investigación e investigadores que estaban muy mal escalonados en Colciencias suban su clasificación, haciendo lo que hacen: creación en su ámbito académico. El incremento en el volumen de los productos registrados es brutal. En las últimas tres convocatorias es muy, muy pronunciado. Pero, por otro lado, también ha hecho que la gente empiece a hablar más en términos de investigacióncreación. Hay un auge de la investigacióncreación en las áreas artísticas y en el diseño. 

Esto ha hecho que se empiece a ver que estamos generando una nueva dinámica académica alrededor de las artes, que la gente hasta ahora está empezando a vislumbrar. También han ocurrido otras cosas, por ejemplo, empieza a haber más cruces entre departamentos y entre disciplinas para generar proyectos de creación cada vez más ambiciosos. Todo esto apenas está empezando, pero definitivamente promete transformar el entorno académico. 

¿Y para cuándo la investigación por los animales?

¿Y para cuándo la investigación por los animales?

Col Javier G

Mi esposa y yo estuvimos de paseo en Santa Marta y frente al hotel donde nos quedamos, encontramos un gatito blanco y negro de aproximadamente un mes de vida. Tenía su ojo izquierdo apenas abierto mientras el otro estaba hinchado y sellado por el pus que se extendía como un gran pegote hacia su nariz. No tenía alientos, apenas se podía sostener sobre su frágil y raquítico cuerpo que, además, sufría una infestación de pulgas de todos los tamaños. Lo recogimos, lo llevamos al veterinario en dos ocasiones, en la noche y en la mañana siguiente, y, bajo el nombre de Martico, lo internamos esperando que se recuperara para traerlo a Bogotá y buscarle un buen hogar, pero el pobre no aguantó.

Esta experiencia me confirmó que las vidas que llevan una inmensa cantidad de animales son un infierno, y me hizo pensar en el compromiso que la comunidad académica colombiana tiene frente a este problema. Si en Colombia ha aumentado la preocupación por los animales, y de esto da cuenta la creación de normas a su favor y de instituciones de protección animal, parecería lógico que la academia también se hubiera sintonizado y que las investigaciones dirigidas a cuidar de sus vidas estuvieran en aumento. ¿Será cierto esto?

A juzgar por la cantidad de publicaciones que produce la academia colombiana, parece que lo que hacemos por los animales es insignificante. Una breve revisión de los contenidos en los últimos números de cinco revistas colombianas indexadas de veterinaria, que es donde se esperaría que estuvieran las investigaciones que nos interesan en esta ocasión, sugiere que la insignificancia percibida es más bien un hecho verídico. Esta situación es lamentable, pero constituye una invitación en voz alta para que apoyemos y desarrollemos proyectos que puedan tener un impacto positivo sobre los animales que requieren ayuda.

Se puede hacer bastante. Pensando en los animales que pierden las personas, por ejemplo, el año pasado encontré un artículo que evaluaba la efectividad de distintos métodos de búsqueda. ¿Cómo sabemos cuál podría ser el mejor para encontrarlos? Si viéramos un animal accidentado y no supiéramos a dónde llevarlo para que lo atendieran, ¿qué haríamos y cuál sería la forma más efectiva de ayudarlo? Se podría desarrollar una base de datos con información espacializada sobre las clínicas veterinarias con los servicios requeridos y horarios de atención. Así, cualquiera podría llamar a una línea telefónica o ingresar a una aplicación de celular y obtener la información de la clínica más cercana de manera inmediata.

La lista de ideas podría seguir, pero el espacio de esta columna no me alcanza. La idea es que los investigadores la amplíen y que cuenten con el apoyo para que se materialicen.

Las propuestas están por verse y ojalá comiencen pronto a ponerse en práctica y rendir los frutos esperados. Se trata de poner el conocimiento al servicio de la construcción de una sociedad más justa y que dice tomarse cada vez más en serio las vidas de esos otros animales que tanto lo necesitan.

 


* Biólogo y magíster en Bioética, profesor del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana y coordinador del Observatorio Animalista. Su publicación más reciente es la traducción al español de la obra de teatro A Lover of Animals, escrita a finales del siglo 19 por el intelectual inglés Henry S. Salt.

Pasos hacia la investigación científica de punta

Pasos hacia la investigación científica de punta

Mercè Crosas, doctora en astrofísica y directora del Instituto de Ciencias Sociales Cuantitativas de la Universidad de Harvard, compartió con Pesquisa Javeriana algunos consejos para alcanzar los modelos de investigación de alta calidad y las estrategias para el manejo de grandes cantidades de información en áreas del conocimiento que aún no han sido exploradas.

La académica participó en el evento ‘Construcción de capacidades para la investigación internacional – Building Capacities for International Research’, realizado en marzo en las instalaciones de la Pontificia Universidad Javeriana, un conversatorio impulsado por la Vicerrectoría de Investigación de la institución para actualizar los estándares científicos de investigación y conocer las experiencias en la materia de uno de los centros académicos más reputados del mundo.

Durante la entrevista, Crosas ofreció recomendaciones sobre el uso datos en la era del internet y los retos que tiene la comunidad científica en el manejo de fuentes de información durante procesos de investigación. “Es fundamental saber si se tiene la infraestructura necesaria para administrar los datos, tener herramientas que les permitan a los científicos organizar la información y crear un plan con los investigadores para saber qué datos se piensan colectar y cuáles no”, resaltó.

Además, señaló que uno de los retos más importantes actualmente respecto al manejo de la información tiene que ver con “la transparencia de los datos y el uso que se les da a estos, ya que se trabaja con seres humanos y es necesario hacer estudios de cómo preservar su privacidad”.

Pesquisa Javeriana conversó con ella sobre otros temas de interés durante su estadía en Colombia. Esta es nuestra entrevista: