La matrícula cero no es suficiente: ideas para una mejor educación en Colombia

La matrícula cero no es suficiente: ideas para una mejor educación en Colombia

Colombia atraviesa tiempos difíciles, no solo por la pandemia que ataca a todo el mundo, sino porque ya se completó un mes de paro nacional. En medio de esto se volvió a hablar de educación, una demanda histórica por la que actualmente muchos jóvenes están marchando, y para la cual el presidente Iván Duque, junto con la ministra de Educación, María Victoria Angulo, anunciaron el pasado 11 de mayo que habrá matrícula cero para los jóvenes de estratos 1, 2 y 3 en educación superior pública.

Por primera vez en la historia del país el 97 % de los estudiantes de educación pública superior, técnica y tecnológica tendrán matrícula gratuita para el segundo semestre de 2021 y, además, quedó expresa la intención del gobierno de hacer de la gratuidad de la educación pública, una política de estado sostenible y permanente.

Según el Ministerio de Educación, estos recursos se gestionarán a través del Fondo Solidario para la Educación, creado mediante el Decreto Legislativo 662 de 2020, que se suma al capital ya destinado a programas como Generación E.

¿Una medida insuficiente?

Luz Karime Abadía, codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, llama la atención sobre el filtro que se hará para tener acceso a estos beneficios, pues “el estrato es una característica de la vivienda, no de los ingresos de las personas, por lo que si se va a volver algo permanente, no debería usarse este mecanismo de selección, pues podríamos estar generando incentivos para que las personas se cambien de lugar de residencia con el fin de acceder al beneficio”.

Al respecto, la ministra de Educación se refirió en entrevista con El Espectador diciendo que “inicialmente se ha optado por este mecanismo de estratificación. No obstante, de manera coordinada con el Departamento Nacional de Planeación y el Departamento de Prosperidad Social, avanzaremos en la construcción de una política que integre estos mecanismos de focalización”.

También hay que tener en cuenta que esto no implica aumento de cobertura, lo que quiere decir que la matrícula cero no va permitir el ingreso de muchos más jóvenes a la educación superior. Abadía expone que esto responde a que las instituciones oficiales tienen una fuerte restricción de cupos, recursos e infraestructura. Por otro lado, dice la profesora javeriana que “para muchos de estos jóvenes, la principal barrera económica, quizás, más que las matrículas, es el sostenimiento diario en la institución”.

La mitad de los jóvenes entre 17 y 21 años logra ingresar a la educación superior, es decir, cerca de dos millones de estudiantes. El 40 % deserta entre el primer y el décimo semestre por falta de recursos y también por deficiencias en las bases que traen desde el colegio. Luz Karime Abadía, LEE

Si bien este avance representa un logro que beneficiará a 693 mil estudiantes de casi un millón cien mil matriculados actualmente en las instituciones oficiales, “no es lo más urgente dadas las grandes carencias que tenemos en el sistema de educación colombiano y que pasan no solo por consolidar estas iniciativas como políticas de estado, sino por atender múltiples deudas históricas y necesidades en términos de inequidad, calidad y otros más que aquejan al país”, opina Abadía.

¿Cuáles son las deudas con la educación en Colombia?

Matrícula cero

Se ha dicho que la educación es el arma más poderosa, sin embargo, el rezago en materia de acceso y calidad ha desprovisto al país de la posibilidad de usar la educación como arma. En su lugar, según indica Óscar Julián Cuesta, máster en Educación y profesor del Departamento de Formación de la Javeriana, la educación ha sido sinónimo de una lucha histórica que se ha hecho más visible con la pandemia.

Para Cuesta la primera gran deuda es la educación rural, pues el Estado colombiano entiende la educación rural como algo precario que necesita alcanzar los niveles de la educación urbana, desconociendo que no se trata solo de las inequidades entre el sector urbano y rural en términos tecnológicos y de acceso, entre otros, sino del contexto y las necesidades de cada territorio del país.

En segundo lugar, “se piensa que el problema de Colombia es del aula, entonces, ‘la educación está mal porque a los estudiantes les va mal en las pruebas estandarizadas’, y no. El problema educativo va más allá, es social, económico, cultural. En ese sentido, tenemos una deuda con la comprensión del fenómeno educativo”, dice Cuesta.

El experto insiste en que hay dificultades de fondo que están asociadas a los malos resultados como, por ejemplo, si un niño o niña está desnutrido, sufre la violencia directa o le enseñan realidades que nada tienen que ver con la suya como sucede con los estudiantes de zonas rurales.

“Por más que los profesores se esfuercen, estas otras variables influirán para que no tengan los resultados esperados. Para los gobiernos es fácil decir, ‘mejoremos a los profesores para mejorar la educación’, pero de nada sirve tener buenos profesores si los estudiantes tienen una complejidad social que no les permite ir al aula con la disposición requerida”, comenta.

Como tercer punto está la gran deuda con los maestros. El profesor javeriano asegura que después de la década del 80, cada vez han sido más las políticas que marginan al profesor, “el docente no piensa el currículo, no tiene momentos para discutir la enseñanza; ahora el proceso educativo viene prefijado por currículos preestablecidos; cada vez se pierde el rol de intelectual y trabajador de la cultura y su labor no es bien remunerada”.

Luz Karime Abadía, del LEE, resalta la deuda con la educación básica y media, en donde están, para ella, los rezagos más grandes en términos de educación pública y privada y los métodos de enseñanza, “seguimos siendo muy tradicionales, nuestros planes de estudio son los mismos de hace 50 años. Seguimos enseñando de memoria, conceptos y asignaturas en lugar de enseñar habilidades para el mundo”.

¿Cuáles deben ser los cambios para una transformación estructural?

Tras años de investigar las diferentes problemáticas educativas del país, de forma soñadora pero posible, los investigadores consultados para este artículo proponen varias alternativas:

Un proyecto para la educación rural que motive a los profesionales a irse a territorios rurales, “personas que quieren hacer su proyecto de vida en territorio, que formulen una pedagogía de compromiso social en donde los currículos respondan a las necesidades y memoria histórica del lugar. Eso partiría de un compromiso por parte del Ministerio de Educación para generar condiciones favorables para estos profesionales”, dice Cuesta. Hecho que se une a la necesidad de reivindicar la práctica docente.

“La sociedad se tiene que dar cuenta de que los profesores hacen una labor irremplazable, si no hay docentes, no hay escuela, y esto, a su vez, implica una mejora salarial equiparable a su trabajo, porque educar va más allá de generar aprendizajes, es un proceso de formación”, enfatiza Cuesta. De esta manera se genera un efecto motivador para que los mejores estudiantes y futuros profesionales se animen a participar de esta labor, complementa Abadía.

Los expertos también resaltan la necesidad de abandonar los currículos estandarizados para pensar en unos más contextualizados y territorializados, y de la misma manera encontrar nuevos mecanismos de evaluación que permitan valorar el progreso, por ejemplo, de la educación en la ruralidad. Asimismo, metodologías basadas en experiencias y desarrollo de habilidades, más que en la memoria.

Una mirada fuera de las aulas

Para el profesor Cuesta, nada de esto es posible si no se resuelven los problemas sociales, no solo de acceso, infraestructura y calidad educativa, sino también situaciones elementales en las que la sociedad se comprometa a educar como una responsabilidad de todos.

“No es deber de la escuela resolver los problemas sociales (violencia, pobreza, discriminación, exclusión migratoria, entre otros) para que la escuela se dedique a hacer lo que debería hacer. Padres de familia, iglesias, medios de comunicación y sociedad civil en general deben formar a los nuevos sujetos en convivencia, respeto, cuidado al prójimo y demás valores, así como la cobertura de las necesidades básicas por parte de las familias y el Estado”, argumenta el profesor javeriano.

Tanto Abadía como Cuesta coinciden en que educar es un asunto que debe ser de debate público e interés común. Sobre esto último, el profesor invita a la comunidad a participar y a pensar en la educación que queremos y necesitamos; en los sujetos que estamos formando para darle a este debate la dimensión política que merece.

A un año de clases por WhatsApp: ¿cuáles han sido los retos según profesores y rectores?

A un año de clases por WhatsApp: ¿cuáles han sido los retos según profesores y rectores?

Cuando el presidente de Colombia, Iván Duque, anunció que desde el 16 de marzo de 2020 los colegios del país debían suspender las clases presenciales como medida preventiva tras la llegada de la COVID-19 a Colombia, y que las instituciones educativas debían adoptar nuevas metodologías para la enseñanza remota, en Ubaté, a dos horas de Bogotá, Sandra Moya, profesora de cuarto y quinto grados de un colegio rural, recibía la noticia con angustia. “¡Cómo le enseño matemáticas a un niño por teléfono!”, se preguntó.

“Ninguno estaba preparado para eso”, se apresura a decir Amparo Ladino, rectora de la Institución Educativa Departamental El Volcán, un colegio que cuenta con seis sedes de primaria y una de bachillerato ubicadas en tres veredas de Ubaté: Volcán, Guatancuy y Soagá.

“Lo creímos fácil porque desde hace cuatro años manejamos un sistema de educación orientado al desarrollo de habilidades para la autonomía. Nuestros estudiantes ya manejaban guías físicas. Dijimos ‘vamos a llamarlos, a conectarnos por internet para supervisar los avances’ y nos fuimos muy tranquilos. Pero nos estrellamos de inmediato con la realidad. El 90 % de nuestros niños viven en una zona rural, el celular que manejan es del papá y no muchos cuentan con datos móviles. Arrancamos con el 4 % de estudiantes que tenían internet”, revela Ladino.

Institución Educativa El Volcán

Institución educativa El Volcán. Imagen tomada antes del confinamiento nacional producido por la COVID-19*

Un reto para la educación

El confinamiento nacional traería implicaciones que afectarían la pedagogía habitual de las instituciones educativas del país. Y eso lo tuvo claro el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), de la Pontificia Universidad Javeriana, que desde abril y hasta noviembre de 2020 llevó a cabo un seguimiento a través de encuestas realizadas a 4.527 docentes y 905 rectores de 762 instituciones educativas oficiales distribuidas en 16 entidades territoriales, entre ellas, Arauca, Barranquilla, Bogotá, Quibdó, Montería, Tunja y Tuluá.

Como resultado de este trabajo, el pasado mes de febrero se publicó el informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia, en el que se establece que la principal razón por la que los estudiantes no participaron en actividades académicas fue la ausencia de internet.

“Fue uno de los retos y rezagos más grandes para dar una educación remota y el impedimento más grande para desarrollar clases, sobre todo sincrónicas (aquellas donde hay interacción en tiempo real entre el docente y estudiante a través de videoconferencias o llamadas). No éramos tan conscientes sobre los rezagos tan grandes que hay en términos de conectividad”, explica Luz Karime Abadía, codirectora del LEE.

Falta de equipos: otro desafío

La mayor parte de las tres veredas en las que se encuentra el colegio El Volcán es zona de páramo y la señal de telefonía es deficiente. “Perdimos dos meses viendo cómo contactar a los estudiantes, nos tocó ir a la escuela y reunir a algunos padres para decirles: vamos a trabajar así, llévenles el mensaje a sus hijos”, recuerda la profesora Sandra Moya. Pero aún cuando pudieron comunicarse, dictar clases fue una odisea. “Empezamos a grabar clases cortas. Los videos no podían durar más de dos minutos porque no les descargaban”.

Ante esta situación crearon un plan padrino para buscar donantes de equipos y recargas con el fin de que los 512 estudiantes de las diferentes sedes del colegio tuvieran la posibilidad de seguir recibiendo clases. La difusión de la campaña comenzó entre junio y julio de 2020 y algunas de las sedes lograron equipar a la totalidad de sus estudiantes. Este plan contribuyó a que la deserción escolar fuera mínima. Solo 6 estudiantes de los 512 no continuaron con su educación.

“Nos donaron computadores, pero un equipo así en una vereda sin internet es un aparato muerto, así que le hicimos más fuerza a los celulares. Algunos papás pudieron comprarlos pero nos decían: ‘profe, no tengo para la recarga’, así que los padrinos hacían donaciones de 20 mil pesos pero a los cuatro días el niño no tenía datos. Los chicos descargaban música y acababan los datos. Claro nos ofreció un plan de solo WhatsApp y ahí empezó el tema de que las recargas sean solo para esa red y así los pudimos tener conectados”, añade Moya.

Según el informe del LEE, después de la ausencia de conectividad a internet, la segunda causa por la que los estudiantes no participaron de actividades académicas fue la falta de dispositivos, ya sean computadores, tabletas o teléfonos inteligentes.

Educación en pandemia Colombia

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Clases sincrónicas vs asincrónicas

Según la encuesta del LEE, seis de cada diez estudiantes realizaron actividades académicas bajo la modalidad sincrónica (con interacción en tiempo real), y cuatro de cada diez hicieron trabajo asincrónico (donde no es necesario que el docente esté presente para su realización, como guías, cartillas y tareas).

El informe también arroja que el 27 % de los docentes encuestados no continuó dictando clases bajo alguna modalidad. Algunas de las razones, según la investigadora Abadía, fueron “porque el docente no tenía contacto con sus estudiantes, no pudo seguir con sus actividades académicas, no tenía herramientas para una clase remota o su asignatura se hacía muy difícil de dictar. Las clases de educación física y artes son más complicadas de dar con métodos asincrónicos”.

Educación en Colombia durante el confinamiento

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Según el mismo informe, los métodos de enseñanza más utilizados por los profesores fueron las guías físicas, envío de material educativo por chat, correo electrónico, programas de televisión y hasta de radio, como sucedía hace más de cincuenta o sesenta años.

“El Ministerio de Educación, al darse cuenta de esta realidad, empezó a promover estos métodos antiguos, de cuando se aprendía por radio en Colombia. Puede haber el caso de un docente que no tiene ninguna forma de comunicarse con los estudiantes porque está en una zona rural donde simplemente está la herramienta de radio o televisión para ellos, otros docentes, según experiencias que nos contaron, sugieren ver ciertas franjas de televisión complementado con algunas otras actividades”, explica Abadía.

Para Gloria Bernal, codirectora del LEE, “la educación con televisión es mejor que nada, pero de todas formas emite unos programas estándar y el estudiante puede estar en tercero, quinto, noveno, once y de todas maneras estar viendo lo mismo. Es imposible controlar que a todos los estudiantes, de todos los grados, les pueda servir el mismo material. Tiene bastantes limitaciones”.

Estudiar por WhatsApp

Ante la limitación del acceso a internet y a equipos, una de las estrategias adoptada por el equipo de profesores del colegio El Volcán fue la de realizar clases por WhatsApp. “Al principio fue terrible, enviaba un video y aparecían 40 preguntas, ¿cómo les respondo todo eso en un video corto? Me sentía incapaz de solucionar tantas cosas en tan poco tiempo”, describe la docente Sandra Moya.

Y aunque se nota el esfuerzo por hacer lo mejor posible con los recursos disponibles, “este tipo de herramientas no son métodos de enseñanza sino salidas de emergencia que adoptaron los maestros ante la coyuntura porque aquí no hubo tiempo de prepararse. Esos métodos no están diseñados para enseñar y menos a niños y adolescentes”, anota Luz Karime Abadía.

Capacitación tecnológica para los profesores

Según el informe del LEE, la edad promedio de los 4.527 docentes encuestados es de 44 años y más de la tercera parte lleva entre 20 y 40 años enseñando en forma presencial, lo que además, para Abadía hizo más difícil que los docentes se adaptaran y afrontaran los retos de la enseñanza remota utilizando medios digitales.

Colegio El Volcán

Institución educativa El Volcán. Imagen tomada antes del confinamiento nacional producido por la COVID-19*

“Y hay varias razones: muchos colegios oficiales no tienen acceso a internet ni a computadores, y si los tienen, a veces es limitado. La gran mayoría usa métodos tradicionales por falta de tecnología pero también por falta de conocimiento. Es cierto que la población oficial docente se está envejeciendo. Entran a carrera y pueden jubilarse e igual siguen dictando clase. En un estudio basado en pruebas PISA en el que le preguntan a los rectores si consideran que sus docentes tienen los conocimientos técnicos y pedagógicos para involucrar la tecnología en sus prácticas de enseñanzas, cerca del 48 % de los rectores de colegios oficiales dice: no, versus un 12 % de colegios privados”.

Educación en Colombia en la pandemia

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Para notar las diferencias no hace falta comparar la educación de una ciudad capital con la de un municipio pequeño. Para Sandra Moya, solo las brechas entre un estudiante de Ubaté y los de las veredas aledañas, saltan a la vista.

“Los puedes escuchar decir: ‘profe, yo quiero conocer ese país de Bogotá’. Todo funciona como un cuento para ellos. El cine es un imaginario, no lo conocen. Puedes encontrar un niño de 14 años que no conoce Ubaté. El gobierno tiene muy abandonadas las veredas. En el pueblo la mayoría tiene internet, y si no, se puede ir a cualquier café internet, pero en las veredas no hay y no tenemos forma de conectarnos y estar con los estudiantes el tiempo adecuado”.

Para Luz Karime Abadía, “una de las grandes lecciones que nos ha dejado todo esto es darnos cuenta de que tenemos un sistema educativo muy precario que necesita con urgencia una transformación para cerrar brechas digitales de aprendizaje”.

Regreso a clases y alternancia

A comienzos de febrero comenzó el regreso paulatino de algunos estudiantes a modalidad presencial en sus colegios. Bajo el hashtag #LaEducacionPresencialEsVital, expertos en salud como la epidemióloga Zulma Cucunubá, y académicos como Moisés Wasserman y Alejandro Gaviria se han unido a la conversación por Twitter para impulsar el regreso a clases.

Algunos han compartido en sus redes sociales información que indica que luego de un año de cierre, más de 7 millones 500 mil niños y jóvenes siguen sin asistir al colegio, además, alrededor de 8.700 colegios oficiales continúan cerrados.

Estos datos fueron compartidos a partir de la información encontrada en las páginas de las secretarías de educación, los cálculos con base en establecimientos educativos (EE) y matrículas del 2019.

A la fecha, el 4.7 % de estudiantes (376.110), ya están en trabajos de alternancia, mientras que el porcentaje restante (95.3 %) sigue en casa. Mil cincuenta y un sedes están abiertas y permanecen cerradas 8.737.

En las siguientes imágenes se puede apreciar cómo está el regreso a clases presenciales por regiones en el país.

¿La educación está preparada para un nuevo confinamiento?

Luz Karime Abadía y Gloria Bernal responden con un contundente no. “Creo que seguimos igual, no conozco una política contundente que quiera cerrar brechas en Colombia entre aquellos más desfavorecidos y los que sí tienen más oportunidades”, opina Abadía. “Tenemos un sistema educativo que promueve la inequidad. Desde antes de la pandemia, aquellos que no tienen internet o que sus padres no tienen las condiciones, ya recibían educación de menor calidad que la de estudiantes de colegios privados”.

Y añade: “Irse acomodando a clases por televisión y chat son pañitos de agua tibia. No estamos confinados y la mayoría de las regiones no abre los colegios. Si seguimos así van a ser dos años perdidos, lo cual es gravísimo para una generación que no está aprendiendo las habilidades que se requieren para afrontar la vida y el mercado laboral, los grandes problemas de nuestra sociedad”.

La investigadora Bernal complementa: “En el LEE tenemos un programa llamado TuTutor donde buscamos que estudiantes voluntarios universitarios y también de grados décimo y once, que están en semestre social, presten un servicio con estudiantes de quinto grado de colegios oficiales dictando clases de matemáticas e inglés. Muchas veces se tienen que devolver a temas de segundo porque los niños no tienen esos conocimientos”.

“Esta pandemia abrió las brechas entre estudiantes de bajos y altos ingresos. Los padres con ingresos altos pueden guiar a sus hijos o contratar a alguien para que sigan el proceso académico, mientras que los padres de bajos ingresos generalmente tienen menos posibilidades de darle tutorías a sus hijos, se podría decir que algunos de estos chicos llevan un año sin recibir clases”, agrega.

En la Institución Educativa Departamental El Volcán la alternancia aún no ha comenzado. “Estamos en el proceso de estudio, tenemos cumplidos algunos requerimientos, faltan elementos de bioseguridad que los entes territoriales deben aportar pero es la fecha y no han llegado, y si no llegan, ¡cómo voy a darle seguridad al padre para que mande a su hijo!”, enfatiza Amparo Ladino, rectora del colegio.

“Octavo y noveno están en el mismo salón. Volveríamos con cuatro estudiantes porque los salones son pequeños, el colegio se empezó a construir y se paró la obra por falta de apoyo, aún no está terminado”, añade la profesora Sandra Moya, quien reitera con la voz quebrada que hace falta más ayuda para los colegios ubicados en zonas rurales. “Si a mí me dicen que me venga para el pueblo como docente, diría que no, creo que tenemos que seguirle apostando al campo. Tenemos que entender que en Colombia el campo vale”.

Si quiere consultar el informe completo del Laboratorio de Economía de la Educación, titulado Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia, puede hacer clic aquí.