Producción Académica Javier Maldonado

PRODUCCIÓN BIBLIOGRÁFICA

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

ARTÍCULOS CIENTÍFICOS

Variation in freshwater fish assemblages along a regional elevation gradient in the northern Andes, Colombia

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, FEDERICO ESCOBAR SARRIA, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, URSULA JARAMILLO VILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Climbing behaviour of Cordylancistrus sp. in the Colombian Andes

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, ALEX URBANO BONILLA

Opinion Paper: how vulnerable are Amazonian freshwater fishes to ongoing climate change?

FERNANDO CARVAJAL VALLEJOS, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, HERNAN ORTEGA

Peces de la zona hidrogeográfica de la Amazonia, Colombia. Biota colombiana

JUAN DAVID BOGOTA GREGORY, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Akawaio penak, a new genus and species of Neotropical electric fish (Gymnotiformes, Hypopomidae) endemic to the upper Mazaruni River in the Guiana Shield

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, HERNAN LOPEZ FERNANDEZ, DONALD C. TAPHORN, CALVIN BERNARD, WILLIAM G.R. CRAMPTON, NATHAN R. LOVEJOY

Peces de la cuenca del río Pauto, Orinoquia colombiana

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, ALEX URBANO BONILLA, JAVIER VICENTE PRECIADO, JUAN DAVID BOGOTA GREGORY

Returning to the Colombian Amazon

LIZABETH P. ANDERSON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Peces del Oriente de Antioquia, Colombia

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Abundancia relativa y dieta de Grundulus bogotensis (Characiformes: Characidae) en el altiplano Cundiboyacense, Colombia

CAMILO ROA, SAUL PRADA PEDREROS, RICARDO ALVAREZ ZAMORA, CARLOS RIVERA RONDON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Checklist of the freshwater fishes of Colombia: a Darwin Core alternative to the updating problem

CARLOS DONASCIMENTO, EDGAR ESTEBAN HERRERA COLLAZOS, GUIDO ALBERTO HERRERA RODRIGUEZ, ARMANDO ORTEGA LARA, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, JOSE SAULO USMA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Fishes of the Cusiana River (Meta River basin, Colombia), with a key to its species

ALEX URBANO BONILLA, GUSTAVO ADOLFO BALLEN CHAPARRO, GUIDO ALBERTO HERRERA RODRIGUEZ, JHON ZAMUDIO, EDGAR ESTEBAN HERRERA COLLAZOS, CARLOS DONASCIMENTO, SAUL PRADA PEDREROS, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Two new trans-­‐Andean species of Imparfinis (Siluriformes: Heptapteridae) from Colombia

ARMANDO ORTEGA LARA, NADIA MILANI, CARLOS DONASCIMENTO, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Altitudinal variation in fish assemblage diversity in streams of the Central Andes of Colombia

URSULA JARAMILLO VILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, FEDERICO ESCOBAR SARRIA

Peces del departamento de Santander, Colombia

CESAR A. CASTELLANO MORALES, LAURA L. MARINO ZAMUDIO, LERNEY GUERRERO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

A regional perspective on the diversity and conservation of tropical Andean fishes

ELIZABETH P. ANDERSON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Peces del piedemonte del departamento del Casanare, Colombia

JHON ZAMUDIO, ALEX URBANO BONILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, JUAN DAVID BOGOTA GREGORY, GILBERTO CORTES MILLAN

Checklist of the freshwater fishes from Colombia

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, RICHARD P. VARI, JOSE SAULO USMA

Damming Fragments Species. Ranges and Heightens Extinction Risk

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, TIANXIN CAI, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Effects of Aquatic Vegetation on the Spatial Distribution of Grundulus bogotensis, Humboldt 1821 (Pisces: Characidae)

CARLOS RIVERA RONDON, SAUL PRADA PEDREROS, DIANA GALINDO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Especial Javier Maldonado

Especial Javier Maldonado

JAVIER MALDONADO: EL CIENTÍFICO DE LOS PECES EN COLOMBIA

Tras un año de su fallecimiento, Pesquisa Javeriana hace un homenaje a este ictiólogo que se convirtió en un referente por el conocimiento de los peces que nadan por los ríos del país.

SU TRAYECTORIA CIENTÍFICA

Además de su experiencia como profesor universitario, su paso por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt, entre otras entidades con fines de conservación e investigación natural, Javier Maldonado dedicó parte de su vida a estudiar ecosistemas y la interacción humana con estos. A continuación, encontrará un repositorio de sus más de 50 investigaciones en revistas indexadas y libros desde 1999 hasta 2019, con aportes y avances para la ictiología nacional e internacional.

UN RECORRIDO DE ENSEÑANZA

Bajo el calor del Magdalena Medio, en lo que fue un trabajo de campo con cuatro comunidades olvidadas de la cartografía del país (Bocas del Carare, Las Islas, Barbacoas y San Rafael de Chucurí), Javier Maldonado recorrió la zona con el fin de trabajar con los niños y niñas que la habitan y así transmitir sus conocimientos acerca de la taxonomía y conservación del bagre rayado.

EL LEGADO DEL ICTIÓLOGO

Se cumple un año del fallecimiento del ecólogo y doctor en Zoología Javier Maldonado. Por eso, Pesquisa Javeriana destaca sus aportes y trayectoria académica, además de un sinnúmero de contribuciones a la apropiación social del conocimiento científico en zonas vulnerables del país y comunidades rivereñas.

ARTÍCULOS PESQUISA

La divulgación de la ciencia fue uno de los compromisos que el investigador asumió, lo cual lo llevó a hacer parte del proyecto periodístico Pesquisa Javeriana, en el que a través de un trabajo conjunto se publicaron más de 10 artículos alrededor de sus proyectos y aportes científicos. Encuentre aquí las notas del ecólogo.

JAVIER MALDONADO: EL CIENTÍFICO DE LOS PECES EN COLOMBIA

Del cuento de hadas a la realidad y el mercado

Del cuento de hadas a la realidad y el mercado

Los sonidos abundan en medio del inmenso espacio de techos altos, luces por doquier y paredes de ladrillo: los gritos infantiles que se repiten de stand en stand, las expresiones de asombro, el paso de las hojas, las voces de los padres explicando ―incluso leyendo― lo que se encuentra en cada página, la pregunta inevitable: “Mami, ¿me lo compras?”. Escenas que se repiten una y otra vez en los pabellones 10 a 16 de Corferias, en Bogotá, el espacio dispuesto durante la Feria Internacional del Libro 2019 para un público especializado y exigente: los lectores de literatura infantil y juvenil.

Decenas de expositores se reúnen en este espacio, acogen las preguntas sobre libros puntuales, proponen nuevos títulos, incluso rebuscan en su inventario o en el de sus allegados por esa edición especial. Sobre las mesas se encuentra todo tipo de mundos: cuentos de hadas, fantasía, novela gráfica, álbumes ilustrados, adaptaciones de clásicos literarios, versiones en prosa de éxitos cinematográficos… Ni qué hablar de los múltiples temas tratados: problemas en el colegio, la llegada de un nuevo hermano, los cambios en la fisionomía, el primer amor, la guerra, la justicia, la decepción, la amistad…

Es el resultado, a fin de cuentas, de un género literario con vida propia. “Es un campo donde se pueden hacer los textos más tradicionales posibles y también los experimentos más diversos”, explica Andrés Montañés Lleras, doctor en Literatura para Niños y Jóvenes de The Ohio State University, autor de El dragón de vapor (Norma, 2015)  y otros libros para el público infantil y profesor de la Especialización en Literatura Infantil y Juvenil de la Pontificia Universidad Javeriana, quien enumera algunas de sus características distintivas: “Más allá de contar con imágenes, sus personajes tienden a ser niños, las temáticas están conectadas de alguna manera con la infancia, la narración tiende a ser lineal y tiende a privilegiarse la perspectiva del niño, así como la acción y el diálogo sobre la descripción”, precisa el académico.

Curiosamente, para muchos autores e ilustradores reconocidos la asociación de sus libros con un público infantil es accidental. Por ejemplo, fueron famosas las palabras de Maurice Sendak, creador de Donde viven los monstruos ―en 2009 se estrenó la película basada en este libro infantil, dirigida por Spike Jonze― sobre su aversión a los niños, producto de una infancia problemática, pues su obra era más bien un escape para expurgar esos demonios internos. Otros autores, como Quentin Blake, han declarado su preferencia por una vida en pareja sin hijos.

Pero es la posibilidad de crear relatos a través de las experiencias personales y esa alquimia entre arte y literatura lo que más atrae a los autores a escribir, principalmente, para niños. O, en el caso de los escritores de historias para jóvenes, hablar sobre los temas que, supuestamente, están vedados al público infantil.

“Mucho artista plástico que ha sido ilustrador se ha pasado a este campo porque se da cuenta de que es un espacio idóneo para la experimentación, donde siempre está abierta la posibilidad de crear, de abordar los intereses personales desde lo narrativo hacia lo visual”, destaca Juliana Capasso, artista plástica, magíster en Ilustración para Niños y Jóvenes de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, ganadora de varios concursos de ilustración y edición infantil y juvenil, y docente de la Especialización en Literatura Infantil y Juvenil de la Javeriana.

C´redito
Ilustración de ‘Donde viven los monstruos’, de Maurice Sendak. / A. Currell, Flickr.


Y Caperucita roja se volvió adolescente…

De entre las miles de opciones que un padre puede elegir para su hijo a la hora de comprarle un libro infantil, sobresalen los cuentos clásicos para niños. Historias como Caperucita roja o Barba Azul, por ejemplo, a menudo editadas en gran formato y con ilustraciones multicolor, consideradas aptas para niños por traer un mensaje aleccionador. Lo curioso es que, en sus orígenes, estos relatos distaban mucho de ser aquellos “cuentos inocentes” que conocemos hoy en día.

“En la época de los Hermanos Grimm, lo que el adulto creía que el niño debía conocer no es lo mismo que el niño de hoy necesita. Y como esa concepción de la infancia cambia según la cultura, el tiempo y el contexto, también lo hace en la literatura”, explica Capasso para ilustrar que los llamados cuentos de hadas a menudo tratan historias de muerte, abandono, castigos extremos por fallas en el comportamiento (como la curiosidad femenina, precisamente, en el caso de Barba Azul), guerra…

Un caso especial es Caperucita roja, la historia clásica del folclor europeo cuyo origen puede rastrearse hasta el siglo X. La versión más conocida es la adaptación hecha en 1697 por el escritor francés Charles Perrault sobre la niña que se pierde en el bosque por desobedecer a su mamá y cae víctima de un lobo malvado, para, al final, ser rescatada por un leñador; sin embargo, la obra original de Perrault no contemplaba el rescate y terminaba de forma trágica pero aleccionadora: “Era un cuento específico para las niñas que vivían en la Corte del rey, pues corrían ciertos peligros”, añade Capasso.

Aquella versión traía una moraleja que se perdió con el tiempo:

“La niña bonita, la que no lo sea
que a todas alcanza esta moraleja,
mucho miedo, mucho, al lobo le tenga,
que a veces es joven de buena presencia,
de palabras dulces, de grandes promesas,
tan pronto olvidadas como fueron hechas”.

Crédito
/iStock.

Hablar sobre los orígenes de la literatura infantil es entender también el nacimiento de la industria editorial. Si bien algunos teóricos se remontan a la Grecia antigua para señalar a las fábulas de Esopo como el primer referente histórico, un consenso generalizado establece a la Europa del siglo XVII como su cuna. Y el pionero es Orbis Sensualium Pictus (cuya traducción puede ser El mundo visible en imágenes), un libro de texto escrito en latín y alemán por el educador checo John Amos Comenius, publicado en Nüremberg (actual Alemania) en 1658, que explicaba lecciones sobre religión, botánica, zoología y actividades humanas, entre otros temas, por medio de grabados. “Es el primer libro álbum, el primero con imágenes, aunque con un fin educativo”, explica Montañés.

En las décadas siguientes, Inglaterra fue consolidando su industria editorial con innovaciones técnicas y nuevas temáticas que muy pronto conquistaron audiencias entre los más chicos; así surgieron otros referentes como John Newberry, creador de A Little Pretty Book For Children o The History of Little Goody Two-Shoes, textos con protagonistas humildes que gracias a su virtud logran salir de la pobreza. Pero más allá de sus historias, Montañés resalta su visión: “Él, curiosamente, fue más editor que autor. Fue el primero en darse cuenta de la existencia de un negocio para venderles libros a los niños; de hecho, sus primeras ediciones venían en combo con un juguete incluido”.

Más adelante, tras la Revolución industrial, se crearon las condiciones propicias para el desarrollo de un mercado. “Desde el punto de vista de industria, muchos de los inventos y de las innovaciones editoriales estaban en Inglaterra. De una u otra manera había que pasar por ese mercado para distribuir libros. Es también cuando los editores se dan cuenta de que la audiencia es una mina de oro y los autores se convierten en celebridades. Y surge el potencial de lo que es un personaje, una colección, una serie que gira en torno a ese protagonista”, comenta Capasso, quien pone de ejemplo a Beatrix Potter, creadora de Peter Rabbit, un conejo travieso que apareció a comienzos del siglo XX en seis álbumes con ilustraciones a color, todo un avance para la época. Potter se convirtió en una auténtica celebridad porque fue de las primeras escritoras en conceder derechos para la explotación comercial de sus personajes, que aparecieron en figuras cerámicas, platos, muñecos, entre otros.

El siglo XX trajo también sus propias transformaciones, incluido el surgimiento de la llamada literatura juvenil. Fue debido a las guerras mundiales y a sus trágicas consecuencias que los autores comenzaron a tratar ciertos temas “vedados” para el público estrella del mercado editorial, tales como la guerra, la muerte, y la idea de un mundo idealizado que se ha perdido para siempre. Estas historias comienzan a mezclarse, en un primer momento, con la fantasía y la ciencia ficción, produciendo referentes como El hobbit y El señor de los anillos, del académico inglés J.R.R. Tolkien.

El segundo momento se daría en los años 60 en Estados Unidos, producto de la contracultura y los cambios sociales de la época , así como la aparición del adolescente (que en el mundo editorial suele situársele a partir de los 15 años) como consumidor. “Se empieza a hablar de enfermedades mentales, sexo, padres solteros, divorcio, alcohol, drogas, pandillas, todo muy relacionado a eventos como la revolución feminista y la lucha por los derechos civiles”, cuenta Montañés.


¿Y la producción colombiana?

A la salida del Pabellón Infantil en la FILBO, los gritos, las preguntas y expresiones de asombro vuelven a repetirse. Padres y niños se centran ahora en la exposición ‘Pombo, el aprendiz’, que la Fundación Rafael Pombo ha dispuesto con réplicas de los conocidos personajes del escritor bogotano: Simón el Bobito, La Pobre Viejecita, El Gato Bandido, Mirringa Mirronga.

Pombo es, de hecho, el padre de la literatura infantil en Colombia, pero su trabajo fue muy diferente del que se acostumbra a enseñar en el aula de clase. “Hay que destacar a Rafael Pombo, pero él no es autor: fue traductor y adaptador, y uno muy bueno”, comenta Capasso. La investigación literaria ha establecido que el colombiano se sirvió, durante sus viajes a Nueva York en la segunda mitad del siglo XIX, de las canciones populares inglesas para crear su particular mundo: Simón el Bobito reproduce pasajes específicos de Simple Simmon, un ingenioso niño que busca salir de la pobreza, o Rin Rin Renacuajo se asemeja bastante a Frog Went A-Courting, cuyo protagonista es una rana con tintes de donjuán.

Sin embargo, Capasso desestima cualquier reparo que pueda surgir ante el trabajo de Pombo: “El cogió textos ingleses y norteamericanos, los trajo al país y los tradujo al español adaptándolos al costumbrismo cachaco de la época. Y eso no lo demerita para nada: es dificilísimo ser un buen traductor y adaptador”.

Crédito
Pasaje ilustrado de ‘Simple Simmon’. /Internet Archive Book Images, Flickr.

Durante el siglo XX, aquel sería un cuadro común del mercado editorial colombiano, mucho más pequeño que sus contrapartes europeo o norteamericano: las traducciones y las adaptaciones dominarían la producción nacional. Pero a finales de los años 70, con la presencia de Carlos Valencia Editores y de Norma, se dio un renacer del campo, pues fueron los responsables de la publicación de nuevos referentes, como Chigüiro, de Ivar da Coll, y el descubrimiento de nuevos talentos.

Estos esfuerzos se tradujeron también en políticas públicas para promover la lectura, y prueba de ello es el surgimiento de Fundalectura, en 1990, uno de los responsables de que el país cuente actualmente con planes lectores en los colegios. Sin embargo, los años 90 trajeron consigo cambios abruptos en materia económica, lo que llevó a la quiebra o la fusión de los principales actores de la industria. Así, muchos autores se quedaron, de repente, huérfanos. Y por si fuera poco, abundaron las teorías sobre la inminente desaparición del libro a favor de los formatos digitales y electrónicos.

Hoy, el panorama es radicalmente diferente. “El público se da cuenta de que hay un valor agregado como libro-objeto: el libro de colección, que vale la pena tener”, dice Capasso, quien pinta una imagen mucho más esperanzadora: gracias a la aparición de editoriales independientes y de librerías especializadas en temáticas infantil y juvenil, se puede hablar de un renacimiento del campo. “Curiosamente, la literatura infantil es el campo más fuerte de la industria, compite directamente con los libros de autoayuda. Es muy diciente que una editorial como Norma haya cerrado su línea de literatura para adultos pero siga con los libros para niños, porque sigue habiendo un público amplio”, añade Montañés.

Según las cifras más actualizadas de la Cámara Colombiana del Libro, la industria editorial colombiana produjo 18.508 títulos en 2017 de los cuales 921 fueron para público infantil (el segundo grupo más importante, por detrás de los 1.341 registros de textos educativos) y 22 de temáticas juveniles. Ese mismo año el sector facturó $673.900 millones con la venta de 36,8 millones de ejemplares, de los cuales 8,25 millones correspondieron a la categoría temática “infantil-juvenil” (el 22,4%). Este momento coincide con un nuevo interés en el país por la lectura: los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2017, la más reciente medición del Dane sobre este tema, revelaron que el 51,7% de los colombianos mayores de cinco años lee libros, con un promedio de 5,1 libros leídos al año.

Para los académicos, en el contexto actual se están dando paradojas como padres que no leen y buscan que sus hijos se aficionen por los libros, así como nuevas oportunidades por parte de los editores para buscar nuevo talento y la próxima gran obra que pueda plasmarse, y reproducirse, en otros formatos, como películas, videojuegos, etc. Pero todo esto puede traer grandes riesgos asociados: “Hay una producción importante, hay consumo de literatura infantil y juvenil, pero estamos quedados en la reflexión acerca del campo y en la creación de un ámbito crítico en torno a él”, señala Montañés.

Un ejemplo se encuentra en la industria editorial local, que, a pesar de este boom, sigue marcada por iniciativas independientes, casi en solitario. “Ha habido prácticas desde lo solitario, pero si no nos unimos como gremio, en todo el sentido de la palabra unión, va a ser muy difícil profundizar en el campo. Hay que dejar de lado el pensamiento de ‘soy yo con mis cosas’, es importante saber cómo funciona la parte del otro y cómo nos damos la mano”, comenta Capasso, quien añade que los espacios académicos pueden tener un fin articulador: “Desde el ámbito académico el mensaje es compartir y hacer un trabajo en equipo, pero ha sido difícil porque la academia ha estado alejada de esta labor”.

/Juliana Capasso
/Juliana Capasso