Las exposiciones de arte vuelven a la Universidad Javeriana

Las exposiciones de arte vuelven a la Universidad Javeriana

Llega a la Pontificia Universidad Javeriana la exposición Vida y diferencia en el vacío de los monumentos, que presenta proyectos de investigación y creación de once universidades del país.

Estas obras dan cuenta de los estallidos sociales de los últimos tiempos, especialmente en Latinoamérica, los cuales evidencian el deseo de la sociedad por alterar una normalidad política que desatiende las necesidades de la ciudadanía, dando lugar a la manifestación de múltiples resistencias interviniendo directamente el espacio público, e incluso, de monumentos como forma simbólica de protesta.

La exposición está abierta al público en la Galería del Edificio Gerardo Arango, S.J. de la Pontificia Universidad Javeriana, del 21 de julio hasta el 5 de agosto, solo por tres días a la semana, a través de dos visitas guiadas por día, en el horario de 5:00 p.m. a 8:00 p.m.

Para asistir deberá realizar una inscripción previa (en este enlace), con el fin de controlar el aforo y acatar las medidas de bioseguridad para proteger a los asistentes.

¿Qué ver en la exposición?

Quienes visiten esta exhibición, desarrollada en el marco del IV Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad del 2020 que se extiende al día de hoy para apostarle al desarrollo de eventos presenciales, podrán encontrar 21 obras de artistas de Cali, Pereira, Pasto, Bogotá y Pamplona, “entre ellas hay videoarte, videoinstalación, ensamblaje escultórico, despliegues de archivo, fotografía, muestras de intervenciones en espacio público, entre otros”, señala Óscar Hernández, asistente para la creación artística de la Javeriana.

Exposición universidad Javeriana
Ensayo sobre el foto trampeo. Quinaya Qumir, Universidad Tecnológica de Pereira.

El evento, que se encuentra en cabeza de la Asistencia para la Creación Artística, cuenta con la curaduría de Sylvia Suárez y Ricardo Toledo y la participación de profesores del Departamento de Artes Visuales de la Javeriana. Busca darle continuidad a la iniciativa que comenzó con muestras como Artistas al tablero (2016) y Desmárgenes (2018), exposiciones que han querido visibilizar proyectos de investigación y creación de universidades colombianas a través de la producción en artes plásticas y visuales.

“Todas las formas que saltan a la expresión en la protesta y que se han visto en los últimos días con el paro nacional cuestionan privilegios, activan afectos reprimidos, convocan saberes olvidados, abren espacios de cuestionamiento y oposición a los poderes instaurados y, además, orientan a la creación de nuevas obras artísticas”, señala Hernández. Así, los reclamos y necesidades de la sociedad pueden convertirse en distintas expresiones artísticas que se reunirán en un mismo espacio.

Si quiere ver de forma digital las obras que se exhiben en la exposición puede consultar el Catálogo de Obras Artísticas de la universidad.

Protestar en la calle: ¿funcionan otros mecanismos de participación ciudadana?

Protestar en la calle: ¿funcionan otros mecanismos de participación ciudadana?

Cuando hay manifestaciones que obstaculizan las vías públicas es común encontrarse con frases como: “Esas no son formas de protestar”, “están afectando al mismo pueblo”. En el marco del paro nacional que comenzó el pasado 28 de abril, parte de la discusión nacional ha sido cuál es la mejor forma de expresar las inconformidades.

Aunque el debate inspire las posiciones más opuestas, en la Constitución colombiana existen consagrados cinco mecanismos de participación ciudadana que eventualmente podrían ayudar a conseguir los cambios que se procuran durante las manifestaciones.

Patricia Inés Muñoz es profesora y directora de posgrados del Departamento de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Javeriana. Una de sus áreas de investigación es la cultura política del país. Para la docente es necesario revisar el estatuto de participación ciudadana (ley 1757 de 2015), pues si bien los mecanismos están estipulados, los requisitos incluyen creación de comités, recolección de firmas, umbrales de votación y otra serie de procedimientos que los hacen complicados.

“En términos generales los mecanismos fueron concebidos bajo una serie de requisitos que la mayoría de las veces hacen difícil el éxito del uso del mecanismo por parte de los ciudadanos”, dice Muñoz.

Y las cifras parecen respaldarla. Desde 1991, que existen estos mecanismos, solo un alcalde ha sido removido de su mandato a través del mecanismo popular de revocatoria. Fue en el municipio de Tasco, Boyacá, en 2018. Esto a pesar de las decenas de solicitudes que llegan a la registraduría. En 2017 se presentaron 47 y actualmente cursan 67 solicitudes contra alcaldes. Estos procesos se vieron frenados por la pandemia ante la imposibilidad de recolectar firmas.

En referendos las historia no es muy diferente. En diálogo con El Espectador, Clara Rodríguez, profesora e investigadora del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia, recordó que en el país solo se ha votado un referendo a nivel nacional. Este fue propuesto por Álvaro Uribe en 2003, constaba de 14 preguntas y solo una alcanzó el umbral de aprobación: la de la muerte política a condenados.

Adicionalmente, estos procesos están lejos de ser prácticos. Su aplicación puede tomar más de un año, por lo que no serían una alternativa efectiva para cierto tipo de decisiones que requieren mayor urgencia y sin contar los costos que implican.

Según la Registraduría Nacional del Estado Civil los procesos de revocatorias del mandato que están hoy en curso costarían cerca de $200 mil millones. Solo en una ciudad como Medellín, este proceso estaría rondando los 1500 millones de pesos.

La cifra aumenta si se consulta una decisión a nivel nacional. El plebiscito que refrendó los acuerdos de paz con las FARC (única vez que se ha usado esta figura) costó $350 mil millones según la misma Registraduría.

¿Por qué la gente prefiere manifestarse en las calles?

La docente Muñoz expone que como los mecanismos existentes son útiles en muy reducidos espacios, “la movilización de los ciudadanos en las calles es la única forma de hacerse escuchar porque sienten que no hubo otros espacios o mecanismos para interactuar”.

Esta situación ha sido evidente durante los últimos días en el país, que aún en medio de la pandemia, ha vivido una movilización ciudadana en diversas regiones, de diferentes sectores sociales y con múltiples reclamos.

Manifestaciones en Colombia

En este caso la investigadora analiza un malestar social generalizado por demandas que ya se venían presentando desde el paro del 2019 y que fueron interrumpidas por la cuarentena. Esta inconformidad se incrementó por el contenido y la forma como se presentó la reforma tributaria y los impactos que iba a tener sobre la economía diaria. Un tercer factor, analiza la experta, es la pérdida de confianza en la institucionalidad, el gobierno y los actores políticos por parte de los ciudadanos.

Según el Barómetro de Confianza de Edelman, para el cual se encuestaron a más de 33 mil personas en 28 países del 19 de octubre al 18 de noviembre de 2020, en Colombia, la confianza en el gobierno está 20 puntos por debajo del promedio global, siendo el cuarto país que más desconfía después de Nigeria, Sudáfrica y Argentina.

La encuesta revela que la confianza en los líderes políticos llega apenas al 24 %, tres puntos porcentuales menos que en 2020 y que la credibilidad en los voceros del gobierno es del 21 %, dos puntos menos que el año anterior.

“Todos estos estudios de cultura política vienen mostrando una pérdida progresiva de la confianza en las instituciones por parte de los ciudadanos en Colombia”. Paricia Muñoz

Muñoz argumenta que todo este malestar finalmente generó reacciones más alteradas por el mismo contexto de la pandemia, y fue canalizado hacia las manifestaciones en vía pública.

Para la investigadora los mecanismos existentes se quedan cortos para, por ejemplo, consultar a la ciudadanía sobre el contenido de la reforma tributaria. El gobierno requiere, de forma urgente, recaudar recursos por los gastos que ha dejado la pandemia, pero no puede esperar los 12 o 18 meses que tomaría consultar a la ciudadanía mediante dichos mecanismos.

Ante tal complejidad para el uso de las herramientas constitucionales, ¿qué hacer?

La Ley 1757 de 2015 hizo más flexibles los requisitos de algunos de estos mecanismos, norma que para la investigadora Patricia Muñoz es necesario revisar de nuevo buscando que sea más efectiva. “Estamos en mora de evaluarla porque creo que ha habido algunos logros, revocatorias de mandato, por ejemplo, que nos pueden mostrar que efectivamente estuvieron al alcance de los ciudadanos, pero quizás le podamos introducir mejoras para hacerlos todavía más flexibles”, explica.

Pero el problema de fondo, continúa Muñoz, pasa por la relación entre los actores políticos y los ciudadanos. Afirma que más allá de los mecanismos formales que ya existen, lo importante es la voluntad política de los gobernantes para identificar las demandas, necesidades y expectativas de los ciudadanos.

Esta relación se puede construir por fuera de dichas herramientas. “Siempre habrá la posibilidad de convocar mesas de trabajo con partidos políticos, centrales obreras, organizaciones de la sociedad civil, gremios, academia, grupos organizados. Lo importante es la voluntad política de los mandatarios de abrir canales de diálogo”, manifiesta.

Si bien estas discusiones pueden tomar tiempo, la investigadora sostiene que cuando los gobiernos tienen en cuenta a sus ciudadanos al momento de tomar las decisiones, la norma expedida contará con acogida y respaldo, y eso es finalmente lo que construye la legitimidad de los gobiernos.

“Cuando se quiere gobernar de espalda a la ciudadanía, uno de los efectos es lo que estamos viviendo, ¿por qué?, porque al imponer una reforma tributaria sin consultar y con la gente agotada y empobrecida, allí los ánimos llegan a un punto en que se generan otras reacciones, como las que hemos visto estos días”, dice Muñoz.

La investigadora resalta que aun cuando no exista un mecanismo que se llame movilización, este es por esencia un acto de participación ciudadana, el más sencillo para el ciudadano porque no requiere atender una serie de procedimientos para hacerlo efectivo. Finaliza haciendo un llamado a los diferentes gobiernos a mantener el diálogo con los ciudadanos para planificar mejor las decisiones.

El ABC de cómo informarse en momentos de crisis

El ABC de cómo informarse en momentos de crisis

Desde el pasado 28 de abril miles de personas se han manifestado en las calles (y en redes sociales) por diversos temas. Desde el proyecto de reforma tributaria que ya se retiró del Congreso hasta por la forma en que el presidente Iván Duque ha liderado el país. En esta discusión se han propagado noticias falsas, como esta que registra Colombia Check, un portal de verificación de información:

La desinformación originada a través de la creación de contenidos falsos se ha prestado para causar más confusión y se ha convertido en un potente mecanismo de control político en los momentos de crisis. Según el informe ‘Cómo combatir la desinformación’, de la Organización Digital Future Society, una iniciativa transnacional sobre la tecnología y sus impactos en la sociedad, “los que actúan desde la mala intención llevan a cabo campañas de desinformación para manipular el debate público”.

“Lo que vemos en los últimos días es la saturación de información usando la tecnología, una sobrecarga. Sin embargo, no veo mucha reflexión ética ni crítica en la acción de compartir estos videos tan brutales. Estamos guiados por un contenido muy intenso, muy emocional”, comenta Andrés Lombana-Bermúdez, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana y miembro del Centro Berkman Klein para el Internet y la Sociedad de la Universidad de Harvard.

Lombana se refiere a los videos que se han propagado en redes sociales desde que iniciaron las manifestaciones en Colombia. Muchos de ellos incluyen contenido violento como abuso policial, daños a la infraestructura pública y agresión a policías y son compartidos muchas veces de forma descontextualizada.

Las burbujas informativas

Además de la desinformación y las noticias falsas, expertos reconocen que los algoritmos (el conjunto de reglas de programación que determinan cómo se muestran los contenidos en redes sociales) crean ‘burbujas informativas’.

“Los algoritmos han detectado cuál es la información que me gusta y en ese sentido me va a llegar toda la información que tiene que ver con mis propios gustos, tendencias, valores y miedos”, explica Juan Carlos Quintero, profesor de la Javeriana y doctor en Ética y Democracia.

“Si yo tuviese, como ciudadano de a pie, la claridad de que si consumo información en redes sociales, lo que voy a recibir está directamente relacionado con mis gustos y valores, quizás podría intentar romper esa burbuja buscando más información”, añade Quintero.

Para Lombana, “estas plataformas y redes tienen unos diseños sociotécnicos particulares (interacción entre la tecnología y las personas) que llevan a priorizar conversaciones entre las personas que te gustan, que tienen tus mismos valores o son de tu mismo partido político. Existe una limitación, quizás, para sostener el diálogo democrático y plural en esas plataformas”.

Una forma de mantenerse informado y darle un contrapeso a los contenidos que se reciben en redes sociales es seguir páginas y personajes públicos con los que no se comparten los mismos ideales.

¿Cómo informarse en momentos de saturación de información?

En noviembre del año pasado, The New York Times publicó ‘Cómo combatir la crisis de la desinformación’. El artículo explica que para evitar la propagación de noticias falsas, además de verificar lo que se lee e instalar aplicaciones como InVid para constatar si las imágenes de los videos son verídicas o no, las personas pueden realizar un simple ejercicio: hacer una pausa y mantener una pizca de escepticismo.

Además de este manual, también se puede consultar la guía de la organización First Draft acerca de cómo navegar en medio de la infodemia, el manual de la UNESCO sobre noticias falsas y la estrategia para combatir la desinformación de la Universidad de Palermo.

“Lo mejor, en este momento, por el escalamiento de la violencia, sería no amplificar información con contenido delicado inmediatamente. Guarden esos contenidos para utilizarlos en procesos de investigación y una vez verificada la evidencia, publíquenlos explicando el contexto de los acontecimientos. Esto no es censurar contenido, es entender que hay maneras de circular información que puede ayudar a frenar la violencia en las calles y en el discurso público”, dice Lombana.

Además del escepticismo, siempre es necesario contrastar y consultar plataformas que se encargan de comprobar, a través de hechos y datos, las noticias, las declaraciones de personajes públicos y los acontecimientos noticiosos, como lo hace la organización Colombia Check o el Detector de mentiras de La Silla Vacía. Además, la Fundación Gabo publicó un listado de 100 páginas para verificar contenido.

El Ctrl + F y la lectura lateral

Sam Wineburg, profesor de Historia en la Universidad de Stanford, ha reflexionado sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje de esta asignatura. En su último libro llamado Why Learn History (When It’s Already on Your Phone, Wineburg hace una reflexión crítica de cómo los jóvenes no tienen la capacidad de juzgar adecuadamente la información que consumen en internet.

Un ejercicio que propone Wineburg, y que desarrollan la mayoría de plataformas de chequeo, es la lectura lateral y la triangulación de información. Consiste en leer un artículo en internet mientras, al mismo tiempo, se contrasta la información. En otras palabras, es abrir más de una pestaña en el navegador y empezar a hacer preguntas como: ¿Cuál es la evidencia?, ¿qué dicen otras fuentes?

Este proceso funciona con todo tipo de información: trinos, imágenes en Instagram, cadenas de WhatsApp, publicaciones en Facebook y noticias en medios de comunicación. Basta con abrir otra pestaña en el navegador y hacer consultas.

Para guiar de mejor manera la búsqueda de la información, otra recomendación es ubicar en el documento que se está leyendo la palabra clave o lo que realmente se quiere saber. “Según un estudio de Google Research, el 90 % de los usuarios no utilizan Control + F para localizar una palabra en los documentos. Eso es como si fuéramos en la autopista de la información sin saber qué significa la luz roja”. Explica en su libro el profesor de la Universidad de Stanford.

El comando Ctrl + F es una herramienta que puede ayudar a buscar información de manera más rápida en un documento, noticia o artículos.

El silencio estratégico

La cantidad de información que se produce por minuto y su difusión instantánea genera una dinámica de reacciones iguales en las personas. “Tengo que actuar rápido, y eso no me permite reflexionar qué estoy compartiendo”, advierte Juan Carlos Quintero.

Además de la inmediatez, el profesor Quintero, quien además es filósofo, explica que la información en redes sociales tiene otro componente que la hace aún más compleja: la gestión de las emociones.

“Cuando se trata de información relacionada con temas sociopolíticos hay contenidos que se producen de manera malintencionada que buscan actuar sobre la emocionalidad y potenciar elementos como el miedo, el asco y la exclusión frente a quienes no piensan como yo”, puntualiza.


Así que una opción de respuesta es el silencio estratégico, dice Lombana. “Cuando no nos estamos escuchando, una posibilidad es hacer silencio estratégico y no crear esa batalla de amplificación para silenciar al otro”.

Esta estrategia no significa desentenderse por completo, sino hacer una pausa y, como recomienda The New York Times, tener un grado de escepticismo frente a lo que se lee, escucha y observa. El silencio estratégico también permite reflexionar acerca de la información que se comparte.

Para el profesor Quintero, algo fundamental en el propósito de reducir la propagación de violencia en las redes sociales es reconocer la responsabilidad que tiene cada persona con una reproducción de un video, el retuit de un trino y la difusión de una cadena de WhatsApp. Además, puntualiza que es importante no hacer parte de monólogos y discursos de odio.

Aunque los algoritmos de las redes sociales, además de la producción malintencionada de noticias, condicionan parte del diálogo y la discusión en las plataformas, cada usuario puede tener un rol protagónico al realizar una lectura más crítica de lo que lee y ve; de esta manera puede aportar con la circulación de información contrastada y en pro del debate y la resolución de diferencias, y no se limita a la reproducción de contenido emocional e intenso que incita a la propagación de violencia.