Mirada genética al oso andino

Mirada genética al oso andino

El Oso Andino, que vive en los Andes
usa anteojos negros y gorro de estambre.

Le gustan las frutas y la miel de abejas,
con grandes berridos su encuentro festeja.

Salvaje lo llama la gente del campo,
pero él no es malo ni tampoco santo.
Es el único Oso de la cordillera.

Debemos amarlo y obrar con cautela,
pues de lo contrario el bello animal
en muy breve tiempo ya no existirá.

Fanny Uzcáteguí, en la obra El Oso Andino en el Macizo de Chingaza.

El oso andino es un animal imponente, fuerte y pesado; es uno de mamíferos más grandes de América del Sur, que transita a lo largo de la Cordillera de los Andes entre páramos y bosques. El Tremarctos ornatus también es conocido como oso de anteojos porque lleva dos “binoculares” en su rostro, es decir, dos manchas blancas sobre su hocico.

Aunque este oso es experto en trepar árboles gracias a sus grandes y filosas garras que le permiten además enfrentar a sus oponentes, este peludo suramericano actualmente es una especie vulnerable de amenaza (VU), de acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y vulnerable a extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Así, con el fin de generar estrategias de conservación para el oso andino, promover la conciencia colectiva sobre su protección e impulsar exploraciones académicas sobre este mamífero, en 1977 ingresó al Convenio Internacional contra el Tráfico de Especies Silvestres (CITES) y en 1998 se consolidó como la imagen institucional de Parques Nacionales Naturales de Colombia. Además, ha sido fuente de inspiración para Manuel Ruiz-García, doctor en Mastozoología y líder del grupo Genética de poblaciones molecular y biología evolutiva de la Pontificia Universidad Javeriana.

A propósito de la celebración de los 60 años de PNN y de ver al oso andino en su escudo, Pesquisa Javeriana conversó con Ruiz-García, que acumula 20 años de trabajo investigativo sobre esta especie, sobre las razones por las que el ‘Guardián de los bosques’ se encuentra en estado de vulnerabilidad, las medidas para conservar su ecosistema y los novedosos hallazgos que su grupo de investigación ha encontrado, producto de las recientes exploraciones científicas sobre esta especie.

 

El oso de anteojos es la imagen de la moneda de $50 pesos en Colombia.

 

 

Pesquisa Javeriana (PJ): El oso de anteojos está en la punta de la pirámide alimenticia de las especies que habitan en la Cordillera de los Andes, pero entonces ¿a qué se debe que esté en la categoría de vulnerabilidad?

Manuel Ruiz-García (MRG): En los cerros de los Andes tenemos dos grandes mamíferos carnívoros, el puma y el oso andino. Lo primero que ocurre es que estos depredadores tienen conflictos con los humanos por ser carnívoros, ya que ellos los señalan como responsables de destrozos en la ganadería o la agricultura. Una segunda razón tiene que ver con su tiempo generacional, esto significa que el número de crías que tienen los osos de anteojos durante su vida es limitado, restringiendo así su capacidad de poblar de una forma rápida los ambientes donde habita.

PJ: En casos como estos, ¿cuál sería la mejor alternativa para la conservación de la especie?

MRG: Podríamos pensar que mover a los osos de una zona a otra es una buena alternativa, pero no es tan sencillo porque al empezar a reubicarlos se puede generar algún tipo de contaminación genética. Entonces nuestra tarea allí, desde los estudios genético-poblacionales, es proporcionar información sobre la conectividad, flujo genético y posible heterogeneidad de genes entre las poblaciones de una misma especie, sobre el tamaño de las poblaciones a lo largo del tiempo, sobre los procesos de posibles cambios demográficos (cuello de botella o de expansión poblacional), y la posible estructura espacial de una especie en su distribución geográfica con el fin de generar alternativas para su correcta clasificación y su conservación biológica.

PJ: ¿Hay avances al respecto para la conservación del oso de anteojos?

MRG: Recientemente publicamos algunos artículos de investigación* que analizan los genes nucleares (genes de los padres y de las madres) y mitocondriales (genes de las madres) de 300 osos de anteojos de Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia con el fin de conformar un banco de datos genéticos suficientemente grande para poder determinar cuántos acervos genéticos diferentes pueden existir en un área geográfica concreta; también para sugerir si la reubicación de especímenes en un territorio dado está introduciendo contaminación genética o manteniendo las características propias de una población al momento de plantear estrategias de conservación biológica.

Generalmente los osos de anteojos viven 30 años en cautiverio y de 20 a 25 años en el bosque.
Generalmente los osos de anteojos viven 30 años en cautiverio y de 20 a 25 años en el bosque, y el periodo que transcurre entre su nacimiento y época de reproducción es de seis a siete años.

PJ: ¿Y ya tienen resultados de este ejercicio de investigación?

MRG: Sí, ya hemos generado una gran cantidad de resultados. Por ejemplo, encontramos que independientemente si los osos de Ecuador son de una cordillera u otra, genéticamente son muy parecidos. Eso significa que no habría contaminación genética a la hora de reubicar a ejemplares de esta especie en el territorio. Sin embargo, para el caso de Colombia, el asunto es diferente porque si bien en Nariño y Cundinamarca existen osos genéticamente muy similares, los osos ubicados en la cordillera occidental en Antioquia y en la Cordillera Oriental en Norte de Santander, están genéticamente algo diferenciados.

PJ: Entonces, ¿qué ocurre en este caso con los osos que no pueden moverse de un territorio a otro?

MRG: Lo primero es entender que los osos seguirán habitando estas zonas y que si bien estos predadores son omnívoros (comen carne como productos vegetales), son principalmente herbívoros. Esto significa que en Colombia los osos andinos se alimentan de bromelias, frutos, raíces, cortezas, hojas y hongos, aunque no desdeñan la carroña o alguna presa si se les presenta la oportunidad. Sin embargo, cuando las personas arrasan con la vegetación y perturban los bosques andinos, muy seguramente modifican la dieta de los osos y éstos pueden estar más predispuestos a atacar a la ganadería. Entonces, un primer asunto es asumir la responsabilidad que tenemos como seres humanos respecto a la conservación de estos ecosistemas y del hábitat de estos especímenes.

Un segundo factor, evolutivo y natural, tiene que ver con la declinación de la especie a lo largo de su historia porque, por ejemplo, los estudios genéticos muestran que hubo una expansión poblacional en esta especie hace aproximadamente 200.000 años, mientras que, durante los últimos 7.000 años, ha habido un decrecimiento de los individuos de su especie, hasta llegar a un estimado de cerca de 18.000 osos en la actualidad.

El oso de los Andes cumple importantes funciones ecológicas como la dispersión de semillas, la depredación y polinización.

PJ: En 1977, el oso de anteojos ingresó al Convenio Internacional contra el Tráfico de Especies Silvestres (CITES) con el fin de evitar su tráfico ilegal. ¿Cree que el objetivo de este convenio sigue vigente?

MRG: Sí. Actualmente no existe tráfico ilegal de oso en el interior de Colombia, pero sí es cierto que en el mercado oriental, los asiáticos emplean muchas partes del cuerpo del animal como fármaco. Por ejemplo, en países andinos como Perú y Bolivia, los indígenas y curanderos suelen utilizar partes de los osos como insumos para sus encantos. Por eso no hay que perder de vista su conservación.

 

Artículos de investigación*

• Ruiz-García M, J Arias-Vásquez, A. Castellanos, L Költer, JM Shostell (2020). Molecular Evolution (Mitochondrial and Nuclear Microsatellites Markers) in the Andean Bear (Tremarctos ornatus; Ursidae, Carnivora): How Many ESUs Are There? Pp. 165-194. En Conservation Genetics in Mammals (Ortega J & JE Maldonado). Springer Verlag Switzerland.

• Ruiz-García M, A, Castellanos, J Arias-Vásquez, JM Shostell (2020). Genetics of the Andean bear (Tremarctos ornatus; Ursidae, Carnivora) in Ecuador: when the Andean Cordilleras are not an Obstacle. Mitochondrial DNA Part A 31: 190-208.

• Ruiz-García M, J Arias-Vásquez, H Restrepo, CH Cáceres-Martínez, JM Shostell (2020).The genetic structure of the spectacled bear (Tremarctos ornatus; Ursidae, Carnivora) in Colombia by means of mitochondrial and microsatellite markers. Journal of Mammalogy 101: 1072-1090.

Cuando los bosques se fragmentan, los animales tienen dos alternativas: adaptarse o morir

Cuando los bosques se fragmentan, los animales tienen dos alternativas: adaptarse o morir

Como los mexicanos saben que su territorio se mueve, están preparados para evacuar edificios y ponerse fuera de peligro en el menor tiempo posible. No pasa lo mismo con los ciudadanos de otras ciudades donde nunca tiembla; y el día que ocurre un sismo, muy probablemente se genera caos porque no saben cómo actuar.

Un reciente artículo publicado en la revista Science encontró que con los animales sucede algo similar: aquellos que viven en bosques con climas de estaciones, en Estados Unidos por ejemplo, están acostumbrados a los incendios de California o a los huracanes de la costa este y han desarrollado formas de adaptarse a este tipo de eventos puntuales que ocurren con cierta frecuencia.

Los ecólogos los llaman ‘regímenes de disturbio’, y los animales que viven en ambientes con estos regímenes tienden a adaptarse mejor a la transformación actual de los bosques por acciones humanas. En cambio en los trópicos, en Colombia por ejemplo, los grandes disturbios naturales no son tan sistemáticos por lo que los animales silvestres viven en ambientes históricamente más estables, y cualquier cambio en su hábitat los toma por sorpresa. Difícilmente se adaptan a los ambientes creados por el ser humano y lo que sucede es que fácilmente entran en la categoría de especies amenazadas o en vía de extinción.

Luego de analizar 73 bases de datos de estudios de campo en ecosistemas transformados, en las que están descritas 4.489 especies animales –artrópodos, aves, reptiles, anfibios, y mamíferos–, los investigadores concluyeron que mientras más cerca esté un bosque a la línea ecuatorial su fauna silvestre sufre seis veces más los cambios en su hábitat, y por tanto no tienen capacidad de reaccionar ante el rápido crecimiento de la frontera agrícola.

Jaguar 2 foto por Giovanny Pulido

El jaguar, el felino más grande que habita en América. Fotos: Giovanny Pulido

“Debemos comenzar a reconocer que el bosque tropical no solo es increíblemente diverso en especies, sino que las especies encontradas allí son más sensibles a la fragmentación de los bosques que en las zonas templadas”, enfatizó Matthew Betts, del Departamento de Ecosistemas Boscosos y Sociedad, en la Universidad del Estado de Oregon, Estados Unidos, y coautor del estudio.

Este resultado confirma una teoría planteada hace unas décadas pero que no había sido suficientemente trabajada: “La hipótesis de filtro de extinción predice que las especies de bosque que han evolucionado en entornos de regímenes de disturbio muy fuertes, claramente son muy resilientes porque tienen una gran capacidad de adaptación, en términos de reproducción o de tolerancia a condiciones extremas de temperatura o precipitación”, explicó el profesor investigador Nicolás Urbina-Cardona, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana y coautor del estudio.

Se trata de una mirada histórica. En el caso colombiano, por ejemplo, “los pulsos de deforestación más grandes se están dando en los últimos 70 años”, y en ese tiempo “es imposible que se adapten las especies”. La deforestación actúa como una perturbación de origen humano que altera profundamente cualquier ‘régimen de disturbio’ en un ecosistema.

La fauna de los bosques y sus procesos de adaptación
La hipótesis de filtro de extinción también confirma que los rasgos ecológicos, como el tamaño del animal, si vuela o camina, su modo reproductivo o sus hábitos de supervivencia determinan la forma como las especies responden a un fenómeno que se denomina los ‘efectos de borde’, que en últimas definen las capacidades de los animales para adaptarse o morir en un bosque nativo que ha sido deforestado.

El efecto de borde sucede cuando llega la motosierra o la retroexcavadora y en pocas horas convierte parte del bosque nativo en potrero. El borde es el límite entre uno y otro. El animal lo atraviesa y se adapta a este paisaje transformado, o no lo hace y muere. “Hay especies que les encanta el potrero, y hay otras que les gusta el borde pero siguen usando el bosque”, continúa Urbina. “Usan el mejor de los dos mundos: viven en el bosque pero se reproducen en el potrero”.

En realidad, a los 39 autores de la investigación les preocupan más los animales que pertenecen a especies núcleo, aquellas que viven en lo más profundo del bosque, en condiciones muy estables de humedad relativa y de temperatura, ausencia de viento y muy poca luz. Esas son las que difícilmente se adaptan, buscan refugiarse todavía en lo más lejano al borde, pero ese borde cada vez reduce más su espacio. “Y resulta que la gran mayoría de los bosques del planeta están a 500 metros de cualquier borde”, dice Urbina.

En ambientes templados los autores del artículo de Science, provenientes de Bélgica, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, México, Nueva Zelanda, Reino Unido, Singapur y Suiza, estudiaron bosques de coníferas principalmente y en los ambientes tropicales las selvas húmedas tropicales y el bosque seco tropical.

Debido a la agricultura y la ganadería, en Colombia se ha perdido el 92% de la cobertura original de bosque seco tropical. En estos ecosistemas tropicales, muchos de los animales pueden haber desaparecido en respuesta a la pérdida de su hábitat.

Oso Andino_Giovanny Pulido_Minga Expeditions

Un mensaje para los tomadores de decisión
Por diferentes factores, la mayoría de origen humano, los bosques se fragmentan y cuando esto sucede las especies que forman parte de la biodiversidad del planeta sufren de una u otra forma. Urbina resume así las recomendaciones de la investigación:

La construcción de carreteras genera ruptura del hábitat. “Hay animales silvestres que solo por la textura, el reflejo y el albedo en temperatura del pavimento, evitan cruzar la carretera, lo que genera una separación de las poblaciones. Otras especies, como las lagartijas y las tortugas, que no regulan internamente su temperatura, se ven atraídas por la carretera por ser más calientica que el bosque y allí mueren atropelladas”.

La conservación de los bosques nativos es clave, sin importar el tamaño. “Todos los fragmentos de bosque, por pequeños que sean, son importantes. Así, las figuras como las Reservas de la Sociedad Civil, o esquemas de conservación desde el ecoturismo, o los pagos por servicios ecosistémicos por la sociedad son importantes”.

Las especies núcleo son las más vulnerables. “Las especies de áreas núcleo de los bosques no van a migrar, incluso si se les pone un corredor biológico. Su destino, incluso en escenarios de cambio climático, depende de lo que suceda en el bosque. Es necesario entonces manejar adecuadamente los bordes, evitar la entrada del ganado, controlar incendios e implementar acciones de restauración ecológica para mejorar la calidad del bosque.

Las especies de borde pueden ir de un lado para otro. “Para las especies de borde si les deberíamos dar la oportunidad de migrar incluso altitudinalmente en escenarios de cambio climático. Podemos tener elementos como el manejo de las fincas, cercas vivas, árboles nativos que estén inmersos en los potreros para que cumplan un papel de trampolines para cambiar de sitios, hacer cumplir la ley que obliga a respetar los 30 metros alrededor de un cuerpo de agua, para tener una gran cantidad de corredores”.

Betts, en respuesta a PESQUISA JAVERIANA concluyó: “La responsabilidad de la conservación no solo recae en los países tropicales, sino también en los países templados que se benefician de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que brindan estos bosques”.