Ficción para entender la realidad médica

Ficción para entender la realidad médica

El mundo de la medicina es particular, con lenguaje propio, protocolos estrictos, espacios que desbordan de información (paredes blancas, bolsas rojas que indican peligro, avisos de UCI). Máquinas diseñadas para mostrar el cuerpo humano en números y gráficas; herramientas que se unen al cuerpo de los médicos para mejorar sus sentidos (los lentes de ultra-aumento, el fonendoscopio para escuchar más fuerte), entre otros instrumentos, ayudan a los especialistas a leer el cuerpo como ningún otro ser humano lo puede hacer.

Así lo demuestra la investigación antropológica Lenguaje y dispositivo. Un análisis de la serie Dr. House como caso paradigmático de la práctica médica colombiana, con la que los antropólogos javerianos Juan Camilo Deaza, Jairo Clavijo y Valeria Sánchez estudiaron las dinámicas y las formas como se percibe el cuerpo humano en este entorno.

Para ello tomaron la serie televisiva estadounidense Dr. House, que gira alrededor del doctor Gregory House, quien dirige el departamento de diagnóstico médico y atiende, en compañía de otros colegas, casos complejos que resuelve como un ‘Sherlock Holmes’ de la medicina. Los investigadores javerianos seleccionaron apartados de tres capítulos de la serie: ‘Comité de trasplante’ (capítulo 14 de la primera temporada); ‘Tecnología de punta’ (capítulo 10 de la segunda temporada), y ‘Consentimiento informado’ (capítulo 3 de la tercera temporada), y analizaron estas situaciones que, aunque ficticias, se acercan a la realidad.

 

Radiografía de la práctica médica

El diagnóstico y tratamiento del SARS-CoV-2 es uno de los escenarios que aqueja a los profesionales de la salud hoy en día y sirve como ejemplo para comprender algunas de las afirmaciones que hacen los investigadores.

Los pacientes que llegan a los hospitales no están diagnosticados con la COVID-19. En el ‘triage’ se hace la primera clasificación de los que ingresan por síntomas respiratorios y los que vienen por otras patologías. Los respiratorios pasan a unos cubículos especiales, se les pregunta sobre estos síntomas y se les mide la temperatura para saber si tienen fiebre. Si cumplen con los criterios establecidos se convierten en casos sospechosos. Así describe Fernanda Flores* el protocolo que manejan para este tipo de coronavirus. Ella es una de las profesionales que trata a pacientes con el virus en un hospital de Bogotá.

Cuando la doctora menciona el triage, protocolo que determina la gravedad de los síntomas y el tipo de atención que deben recibir los pacientes, a través de pruebas de pulsioximetría (que mide la saturación de oxígeno en la sangre), frecuencia cardiaca, temperatura, lectura de enfermedades previas, además del cuestionario sobre síntomas respiratorios, o los 38°c de fiebre, queda claro, como asegura el profesor Deaza, que “los médicos son capaces de convertir el cuerpo humano en datos, los cuales sirven de insumo para llevar a cabo su labor”.

La doctora Flores trata de explicar el procedimiento de forma sencilla y sin los tecnicismos que podría utilizar con sus colegas, sin embargo, se vuelve inevitable incluir el lenguaje propio de la medicina y hablar de las tecnologías que usan como mediadoras para comprender lo que hay en este ‘libro cargado de información’ que es el cuerpo humano.

“Cuando se cumplen los criterios para un caso sospechoso se le toma la prueba PCR al paciente, una que sacamos de las secreciones nasales y luego hacemos los anticuerpos, pruebas de sangre con las que se busca determinar si la persona ya tuvo contacto con el virus”, dice la médica.

“Los médicos no tratan directamente con el cuerpo, sino con los datos que se crean a partir de él, información sacada de prácticas, discursos, máquinas y más, (en este caso, Flores trabaja con los resultados obtenidos del PCR y los anticuerpos). Así, podemos decir que la relación del médico con la persona siempre está mediada por un conjunto de tecnologías”, dice Deaza y explica que las tecnologías no son necesariamente un objeto: “también son las acciones, las formas de actuar, los saberes que tiene un médico, los procedimientos y protocolos que han sido inventados, perfeccionados y desarrollados sin cesar”.

En este sentido, muchos de los componentes del sistema de la práctica médica están mediados por tecnologías que pueden ser objetos, instrumentos tecnológicos que guían la observación del médico; sujetos, los doctores; códigos, resultado de la conversión del cuerpo en datos; normatividades legales como el consentimiento informado o la Ley 100 en el caso colombiano; entre otros elementos, que forman un ‘dispositivo’ capaz de orientar, determinar, controlar y asegurar, conductas, opiniones y discursos de los seres vivos, aseguran los científicos.

 

La medicina como dispositivo

Los fragmentos de la serie Dr. House que estudiaron los antropólogos explican algunas de las dinámicas, no muy alejadas de la realidad, que demuestran el funcionamiento al interior del ya denominado “dispositivo médico”.

En primer lugar, los investigadores analizaron los comités médicos como una de las tecnologías que da el poder a los doctores para tomar decisiones, basadas en criterios que solo ellos comprenden. Por ejemplo, pueden determinar si una persona es apta para un trasplante o si un individuo diagnosticado con la COVID-19 requiere un tratamiento especial. “Esto orienta lo que será la conducta y situación del paciente después de la decisión”, dice el profesor Deaza.

En segundo lugar, comprobaron que la labor del médico en la serie se basa en convertir el cuerpo humano en datos. Deaza afirma que esto no es algo nuevo: “es verdad que las relaciones médico-paciente han cambiado con el tiempo, antes había un contacto más directo con el cuerpo físico que ahora. Actualmente hay más mediación de máquinas que entregan números concretos y estandarizados del cuerpo sin necesidad, en muchos casos, de tocarlo. Esto no quiere decir que antes el cuerpo no se transformara en datos, también se hacía, solo que a partir de criterios más cualitativos. Tanto antes como ahora, las relaciones médico-paciente siempre han estado mediadas por el conocimiento, aparatos, lectura de signos”.

Por último, los investigadores analizaron la tecnología del consentimiento informado, documento que autoriza al médico a practicar determinada intervención sobre el paciente y ya que no se tiene certeza sobre los resultados del procedimiento, el paciente reconoce y acepta los riesgos. Esta herramienta sirve como intermediaria entre el médico y el paciente, asegurando control frente a la conducta, opinión y discurso de las personas a quienes tratan.

En conclusión, estos tres momentos abordados en la investigación evidencian el funcionamiento de la medicina como un dispositivo que les da poder a los médicos y los diferencia de cualquier otra persona. Ellos tienen la capacidad de incidir directamente en la vida de alguien mediado por múltiples tecnologías (un comité, una máquina, un examen, un documento, etc.). Además, se demuestra la importancia de la conversión del cuerpo en datos, pues hace parte, como dicen los investigadores, del ideal médico contemporáneo.


*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

¿Cómo se maneja un paciente con la enfermedad de Parkinson en el aislamiento preventivo?

¿Cómo se maneja un paciente con la enfermedad de Parkinson en el aislamiento preventivo?

Según la Asociación Colombiana de Neurología (ACN), en el país hay más de 220.000 personas que padecen párkinson. Teniendo presente que el sábado 11 de abril se celebró el Día Mundial de esta enfermedad, la investigadora Catalina Cerquera Cleves, en diálogo con Pesquisa Javeriana, afirma que no hay evidencia científica para comprobar que tener esta enfermedad de base aumente el riesgo de contagio de COVID-19.

¿Qué es el párkinson? Es una enfermedad neurodegenerativa que afecta al sistema nervioso central, provocando dificultades como rigidez, temblor, lentitud de movimientos, entre otras. Las personas que la padecen no producen suficiente dopamina en el cerebro (neurotransmisor encargado de posibilitar la función motora en el cuerpo y la expresión de las emociones).

Cerquera Cleves, neuróloga especialista en párkinson y trastornos de movimiento del Hospital San Ignacio y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, recomienda recurrir a los comunicados oficiales de la Asociación Colombiana de Neurología (ACN). “Tampoco se ha comprobado que si una persona con párkinson se infecta por coronavirus, esta tiene un riesgo mayor de verse afectada a largo plazo solamente por el hecho de tener la condición neurodegenerativa. Lo que sí sabemos es que la mayoría de pacientes son mayores de 60 años, quienes son población vulnerable por su edad. Eso es diferente a decir que sea como tal por el padecimiento”, manifiesta.

Además, la investigadora aclara que el consumo de medicamentos necesarios para los pacientes como la Levodopa (comúnmente utilizada como sustituto de la dopamina) no aumenta el riesgo ni genera complicaciones frente al virus. Destaca que no hay diferencias inmunológicas en sujetos con párkinson, comparándolos con aquellos que no tienen la condición.

Sin embargo, los cuidados que se deben tener sí son los mismos que aquellos sugeridos a la población general. “En caso de que los pacientes sean mayores a 60 años, deben cuidarse como cualquier adulto mayor. Es decir, lavarse las manos frecuentemente, estar en aislamiento social, evitar las visitas”, explica. A la hora de salir a la calle, recomienda contar con la ayuda de un familiar que pueda hacer el mercado y conseguir los medicamentos. Si es extremadamente

necesario movilizarse, el paciente debe acatar las normas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como usar tapabocas y mantener una distancia de mínimo un metro con otras personas.

Algunos de los síntomas secundarios de esta enfermedad son ansiedad y depresión, los cuales se pueden agudizar durante la cuarentena. Como especifica la doctora Cerquera, para cualquier persona es difícil estar en su casa las 24 horas del día sin poder salir, pero en los pacientes con párkinson esto se vive todavía peor.

“En estos casos, es importante no dejar de tomar los medicamentos usuales, porque eso puede empeorar los síntomas motores y psiquiátricos. Lo otro es apoyarse en sus familiares; desde la red de apoyo del paciente se debe estar muy pendiente de ellos, tratar de comunicarse por videollamadas de manera frecuente y comer bien. Tampoco hay que dejar de estar activo dentro de la casa, es decir, hacer ejercicios como estiramientos y entrenamientos adecuados para cada persona según su edad y las recomendaciones del médico”, aclara.

Cerquera también invita a realizar actividades que sean novedosas para el paciente como practicar tenis de mesa, pintar, bordar, hacer rompecabezas o retarse con juegos de computador, ya que es fundamental mantener la mente ocupada y así evitar que la ansiedad o depresión puedan empeorar durante el aislamiento.

Hay pacientes de párkinson que tienen entre 40 y 50 años, por lo que estas personas pueden realizar labores de oficina y que en este momento están teletrabajando. La investigadora afirma que ellos deben mantener una rutina determinada y llevar a cabo sus labores con normalidad.

Para esto recomienda establecer un cronograma con horarios fijos para toda la semana. “Es decir, no es ver a qué horas me levanto y a qué hora desayuno, o cómo pasa el día; es establecer horarios y una agenda para toda la semana; levantarse siempre a la misma hora, comer a las mismas horas”, complementa.

Los pacientes que viven con familiares y cuidadores tienen un apoyo fundamental. Cerquera reitera que es clave realizar actividades como cocinar y distraerse con juegos de mesa, además de hacerles sentir útiles en el hogar.

Por último, ella recuerda que es importante tener calma y acompañar a quienes padecen esta enfermedad. Aunque hay muchos pacientes que viven solos, la idea es no exponerlos a un mayor riesgo de contagio al virus visitándolos constantemente. No obstante, es importante como familiar o amigo apoyarlos y estar pendiente de cualquier eventualidad durante el aislamiento. “Tratar de comunicarse con la persona lo más que sea posible, si se puede hablar por videollamada, estar chequeando siempre cómo está, y si es necesario, ir a hacer intervenciones a través del personal médico autorizado”, puntualiza.

Si tiene más dudas o preguntas al respecto, acceda al blog de la Asociación Colombiana de Neurología.

Simulación clínica para enfermeros

Simulación clínica para enfermeros

Con frecuencia, los estudiantes colombianos de enfermería se enfrentan a diversas realidades al momento de atender a sus pacientes, pues en su ejercicio profesional deben manipular tejidos y órganos, inyectar soluciones endovenosas o tomar muestras para llevar a laboratorios clínicos. Aunque estas prácticas son frecuentes, su efectividad depende directamente del entrenamiento, habilidad y destreza de los estudiantes, quienes, en su mayoría, están permeados por la desconfianza e inseguridad durante los primeros años de práctica hospitalaria.

Con esto en mente y por el auge de los centros de simulación clínica como herramienta pedagógica para la formación de personal en áreas de la salud, un equipo de docentes e investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana diseñaron una guía virtual de simulación clínica  basada en el Modelo de Diseño Instruccional ADDIE (por sus siglas en inglés).

Se trata de una estrategia metodológica que analiza, diseña, desarrolla, implementa y evalúa información en espacios virtuales de aprendizaje para promover la construcción de conocimiento y, en este caso, fomentar en los alumnos de enfermería un aprendizaje autónomo en los procedimientos clínico-asistenciales, es decir, en la manera en que acceden a las venas a través de un catéter con fines terapéuticos o diagnósticos.

En el artículo Modelo de diseño instruccional aplicado a una guía virtual en simulación clínica, publicado recientemente en la revista Universitas Medica, los autores señalan que el proyecto inició en 2012, momento en el que los investigadores analizaron y evaluaron la efectividad de dos estrategias didácticas en 175 estudiantes de enfermería: la primera, llamada Modelado docente, en la que los profesores hacían los procedimientos clínicos con pacientes frente a sus estudiantes, y la segunda, la Guía para el aprendizaje autónomo de la punción venosa, en la que los docentes reunían en un folder los pasos para realizar cada procedimiento.

De ahí fue posible reconocer que, aunque “la simulación clínica ayuda al desarrollo de las habilidades del estudiante para adquirir confianza y seguridad a partir del análisis del error”, la falta de tiempo y compromiso por parte de los jóvenes retrasa este proceso, por lo que fue necesario alojar las guías en la plataforma virtual de la Javeriana con la intención de facilitarles el acceso a los contenidos. Asimismo, este resultado retó a los académicos a buscar alternativas pedagógicas para fomentar un aprendizaje autónomo en los estudiantes teniendo en cuenta las brechas de formación que sugiere la Organización Panamericana de la Salud, en las que se señala que “hay escasez de enfermeras en la región de las Américas debido a las diferentes condiciones de desarrollo económico de los países y las políticas de recursos humanos en salud y de enfermería”.

De allí, surgió la aplicación del Modelo ADDIE.

Contenido de la guía desarrollada por los investigadores. /Enfermería PUJ
Contenido de la guía desarrollada por los investigadores. /Enfermería PUJ


La construcción de la guía virtual

Los investigadores identificaron y analizaron a los estudiantes de enfermería como el público objetivo y encontraron que los salones de clase, las herramientas tecnológicas y el Centro de Simulación Clínica de la Javeriana eran los espacios ideales para el desarrollo de su proyecto. Posteriormente, como parte del diseño del proyecto, se definió el enfoque pedagógico y los conceptos claves como punción venosa, anatomía de accesos vasculares, indicaciones, contraindicaciones y la bioseguridad. Sin embargo, fue en la fase de desarrollo en la que se crearon ilustraciones del cuerpo humano y el sistema circulatorio, 12 productos audiovisuales para identificar los momentos de la punción venosa y gráficas interactivas para recrear las reacciones de los pacientes luego de ejercicios como toma de muestras de laboratorios o inyecciones.

Asimismo, los estudiantes visitaron el Centro de Simulación Clínica en la implementación de los procedimientos clínicos con la ayuda de computadores y tabletas, al mismo tiempo que eran filmados para contrastar sus acciones con los pasos propuestos en la guía virtual y, así, construir un aprendizaje colectivo y corregir sus errores. Finalmente, los investigadores encontraron con la evaluación del proyecto que, gracias al uso de la guía virtual de simulación clínica, los estudiantes generan conocimiento y un aprendizaje autónomo pues les implica reflexiones críticas sobre los procedimientos que están realizando.


Los hallazgos

Las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), combinadas con herramientas como la informática, las telecomunicaciones, los medios electrónicos, el trabajo interdisciplinario con expertos y la creación de los materiales didácticos, son los insumos que les permitieron a los académicos desarrollar un modelo de diseño instruccional o pedagógico efectivo para que los estudiantes de enfermería se familiarizaran con los ambientes clínicos, desarrollaran un pensamiento crítico y encontraran, en casos reales, la posibilidad de combinar la teoría adquirida en aulas con la práctica del día a día con pacientes.

Pero, aunque la guía virtual motiva la autonomía en los enfermeros, es fácil de comprender, contiene imágenes y videos explicativos, y presenta pasos similares a los procedimientos reales, el seguimiento de los profesores en las prácticas clínicas complementa lo aprendido en clase ya que fortalece la confianza de los jóvenes.

 


TÍTULO DEL ARTÍCULO: Modelo de diseño instruccional aplicado a una guía virtual en simulación clínica
PUBLICADO EN: Universitas Medica
AUTORES: Fanny Esperanza Acevedo Gamboa, docente del Departamento de Enfermería Clínica de la Facultad de Enfermería en la Pontificia Universidad Javeriana; Rosa Alejandra Cajavilca Cepeda, profesional senior de Ambientes Educativos Virtuales del Centro Ático de la Pontificia Universidad Javeriana; Juan Carlos Cobo Gómez, miembro de la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana; y Juan Carlos Díaz Álvarez, doctor en bioética y magister en enfermería de la Universidad Nacional de Colombia.
FECHA DE PUBLICACIÓN: 25 de junio de 2019