El Coronavirus también “enferma” al peso colombiano

El Coronavirus también “enferma” al peso colombiano

Recurriendo a los clásColumna-Juan-carlosicos de la economía de los siglos XVIII y XIX, quisiera recordar algunas de las famosas frases económicas que aún nos rigen, entre ellas el reconocido “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar) -escrito por Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII- y aquella mano invisible, que no se refiere a la futbolística de Maradona, sino que representa la autorregulación de los mercados sin intervención alguna –evocada por Adam Smith para señalar la capacidad de ayudar al libre mercado-.

Puede que la mano invisible de Maradona, por allá en el año 1986, tenga mucho de actualidad, en un tiempo en el que aún se necesita del Video Assistant Referee (VAR) en el fútbol para asistir mediante una grabación al árbitro central con el objetivo de determinar si se ha producido alguna infracción o jugada irregular y con el ánimo de no generar injusticias.

Comparativamente, determinar o vaticinar el precio del dólar en estos momentos en que el Coronavirus (COVID-19) entra en nuestras vidas es como jugar a ser el árbitro. Es posible no darse cuenta de situaciones anómalas y por eso es importante retrotraer el video, explicar por qué el peso colombiano frente al dólar perdió valor -devaluó- y enumerar sus causas. Quiero señalar aquí que dejaré de lado “lo técnico”, de corte estadístico y econométrico, para darle paso a “lo fundamental” o de coyuntura; es decir, entender un mundo que funciona como decía Adam Smith, mediante el “libre mercado”, donde “la mano invisible de la economía” influyó en el repunte del precio de la divisa.

Lo difícil en este contexto VUCA (acrónimo usado para describir Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad) es vaticinar cómo se comportará el dólar en el futuro próximo, pues los fundamentales pueden cambiar en cualquier momento.

Al volver al VAR y retrotraer los movimientos del precio del dólar a la fecha en cámara lenta y de cerca, vemos que la pérdida de valor de nuestro peso frente al dólar en lo corrido del año va en 20,29 % mientras que la del año completo (12 meses) suma 26,21 %, de acuerdo con la información del Banco de la República. Gran parte de esta devaluación se debe a varias razones, entre ellas el Coronavirus; el ajuste de tasas del Sistema de la Reserva Federal (conocido como Reserva Federal o informalmente Fed) que es el banco central de los Estados Unidos; la caída de los precios del petróleo -por cuenta de la no colusión entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), liderada por Arabia Saudita y Rusia; e incluso a nivel local -aunque opacado por el virus-; las grabaciones del ‘Ñeñe’ Hernández, lo cual causa inestabilidad, afectando la prima de riesgo de país -entendida como la diferencia en la tasa de interés que a un inversor se le paga al asumir una determinada inversión con una menor fiabilidad económica que otra, o sea como los extranjeros nos ven para invertir en Colombia-.

Sin embargo, contradiciendo las palabras de los fisiócratas, que opinaban que la riqueza de una nación procedía de su capacidad de producción y no de las riquezas acumuladas por el comercio internacional, podríamos observar la posición de los otros jugadores para ver si es solo Colombia quien está en “fuera de lugar”. El VAR permite ver cómo en el resto de economías denominadas emergentes como la nuestra, siguen perdiendo valor (la chilena, argentina y brasileña también están “fuera de lugar”), aun cuando el peso colombiano y mexicano son las monedas más volátiles y golpeadas en esta coyuntura macroeconómica con relación a su cotización frente al dólar.

Por lo tanto, “la mano invisible del mercado” nos sorprendió en “fuera de lugar” a los colombianos y los denominados países emergentes, el dólar se disparó y no fuimos capaces de predecirlo, pues los “fundamentales” arriba mencionados se juntaron rápidamente y la reacción en las bolsas fue muy volátil -cabe recordar que el dólar es un “activo refugio”, en el que en contextos VUCA la gente se refugia-.

Ahora la pregunta del “millón” es: ¿hacia dónde se moverá el dólar? Para responder esta cuestión podemos recurrir al VAR para aprender la lección, sin embargo, ahora debemos pensar a futuro (vaticinar) y reconocer que también es una tarea difícil puesto que actualmente no es evidente que el Banco de la República vaya a actuar con su instrumento de política monetaria, modificando las tasas de intervención, pues una actuación en ese sentido, de subir tasas para revaluar el peso frenaría el ascenso del dólar, pero a costa de ralentizar la economía que de por sí ya está siendo golpeada –y será golpeada más fuerte- por el Coronavirus.

En términos de política fiscal por parte del gobierno, aumentar impuestos no es una opción, le queda la iniciativa de generar gasto público, algo que deberá realizar imperativamente como política para reactivar la economía. Sin embargo, es importante mencionar que no hay muchos recursos debido a la caída de los precios del petróleo. Entonces, la alternativa es la deuda pública que, como se mencionó arriba, con una prima de riesgo en ascenso será cada vez más onerosa esta salida, pero inevitable.

En definitiva, atreverse a decir que el dólar bajará no es una opción en el corto plazo –veremos el ‘VAR’ más adelante-. Mientras los “fundamentales” no cambien de tendencia, el dólar permanecerá en el rango de las últimas semanas, incluso con tendencia alcista, y como sucede en el fútbol, mientras no haya certezas para reanudar los torneos nacionales e internacionales, el dólar no tendrá tendencia a la baja.

Coletilla: En este momento VUCA, les invito a comprar sus víveres en las pequeñas y medianas empresas, pues son ellas las que generan la mayor cantidad de empleo en el país y quienes van a sentir en mayor medida este coletazo económico que vivimos y que se vendrá.

*Juan Carlos Cobo-Gómez (ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0138-7051)

Profesional en Economía de la Universidad de los Andes, con Maestría en Estadística y Econometría de la Universite Paris-Est Creteil Val de Marne (Francia), Master en Dirección Financiera del Centro Universitario Villanueva (España) y Candidato a Doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente es Asistente del Vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana y se ha desempeñado como profesor de fundamentos de macroeconomía en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, profesor de investigación cuantitativa y contextualización de problemas educativos en la maestría en Educación de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana.

Colombia, entre las dudas y los beneficios que ofrece el fracking

Colombia, entre las dudas y los beneficios que ofrece el fracking

La generación inducida de sismos, la transformación en la atmósfera y los efectos sobre la salud de las personas con la contaminación del agua y el aire son algunos de los impactos asociados con la implementación del fracking, es decir la fracturación hidráulica de la tierra para extraer gas y petróleo. Un tema de serio cuidado, al punto que, a finales del 2018, el presidente Iván Duque Márquez anunció la creación de una comisión independiente de expertos para analizar la viabilidad de la explotación del subsuelo, sus efectos y presentar una serie de recomendaciones sobre el tema. Tras casi seis meses de trabajo, los especialistas entregaron en abril pasado su Informe sobre efectos los ambientales y económicos de la exploración de hidrocarburos, un documento de 170 páginas en el que analizan los impactos legales, geológicos, ecológicos y de salud, entre otros, que dejaría la sanción presidencial de esta actividad.

Ante la importancia de este tema, el pasado 14 de mayo se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Javeriana el foro ‘¿Implementará el Gobierno nacional, sí o no, las recomendaciones de la comisión de expertos en fracking?’, en el cual académicos, estudiantes y representantes de instituciones públicas y privadas dieron a conocer, a través de paneles, sus posturas a favor y en contra sobre las recomendaciones.

Durante el encuentro los participantes tuvieron la oportunidad de escuchar posiciones sobre la oferta y la demanda de los recursos naturales para evidenciar el riesgo y vulnerabilidad de la extracción de hidrocarburos, las capacidades operativas de las empresas ejecutoras y su respuesta ante posibles impactos medioambientales, y las regulaciones sobre la inyección de agua a presión en el subsuelo para fracturarlo y extraer petróleo de los pozos subterráneos.

En representación de la Comisión de expertos en fracking asistieron Diego Roselli, master en educación médica de la Universidad de Harvard y docente javeriano; Manuel Ramiro Muñoz, doctor en educación y Director del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana, sede Cali; Leonardo Donado, doctor en ingeniería civil de la Universidad Politécnica de Cataluña, y Jhon Fernando Escobar, doctor en ingeniería de la Universidad de Antioquia. En términos generales, este grupo de profesionales de manera unánime recomienda “estudiar la posibilidad de que las empresas petroleras compartan utilidades con las comunidades en las áreas de influencia de la exploración y explotación de yacimientos no convencionales y los mecanismos para llevar esta operación a cabo”.

Además, más allá de presentar las recomendaciones, evidenciar la multiplicidad de voces y miradas que integran el Comité y también dar a conocer la prevención, desconocimiento y desconfianza de las comunidades que colindan con la actividad petrolera, el foro se centró en conocer cuál es la posición que asume el Gobierno sobre el informe.

El presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), Francisco Lloreda, y la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, participaron de la jornada. La funcionaria aseguró, con base en el documento titulado Balance de las reservas de cara al 2018, presentado por la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) a inicios de 2019, que el país cuenta con una proyección de aproximadamente nueve años de reservas de gas, lo cual implica un riesgo importante en términos de disponibilidad del recurso para el consumo doméstico e industrial.

La respuesta de la ministra a la implementación de las recomendaciones para del uso del fracking fue concluyente: “Sí, contundentemente sí a las sugerencias hechas por el Comité de expertos, pues el reto es la articulación con la academia”; Asimismo, Suárez puso sobre la mesa que “hay demandas que se deben suplir y en caso de no tener las reservas, por ejemplo, el costo del consumo de gas se doblaría. Tendríamos que importarlo en los próximos años y nuestro deseo es acertar para los colombianos, no aprovecharnos de ellos”..

Por su parte, Carlos Andrés Santiago, miembro del grupo Alianza Colombia libre de Fracking, presentó su inconformidad con la posición del Gobierno presentando ante los asistentes la hoja de ruta del fracking consignada en el Plan Nacional de Desarrollo, la misma que, según él, contempla la disminución de regalías para las empresas mineras y la explotación de yacimientos no convencionales.

“No es cierto que el gas sea el combustible de transición porque las emisiones del metano en el fracking son mucho más altas y tienen un efecto nefasto en el cambio climático; mientras el fracking disminuye las emisiones de CO2, aumentan las del metano de acuerdo con el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la Nasa”, aseguró.

Este foro, hace parte de una serie de encuentros que se han venido presentando entre representantes del Gobierno y la ciudadanía para conocer a ciencia cierta cuál será el futuro del país en términos de la implementación del fracking. Lo invitamos a revivir las memorias del evento aquí.


¿Qué es el fracking?

Es el término usado en inglés para referirse a la fracturación hidráulica, es decir, la técnica para extraer hidrocarburos mediante la inyección de agua a presión: se perforan pozos a más de 2.500 metros de profundidad, en los que se introduce agua mezclada con productos químicos para ampliar las fracturas rocosas que conservan petróleo y gas, con el fin de obtener estos recursos.

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