Cigarrillo electrónico, el enemigo oculto

Cigarrillo electrónico, el enemigo oculto

No por inhalar un cigarrillo electrónico el fumador debe estar tranquilo. Luego de revisar más de 90 artículos científicos sobre los posibles efectos de este dispositivo, investigadores javerianos concluyen que estos cigarrillos pueden generar efectos adversos a la salud de quien los consume.

Más exactamente, dicen que “el uso de cigarrillos electrónicos continúa siendo una fuente de exposición a sustancias con potencial carcinogénico […], promueve daños en las células, afecta la respuesta inmune normal y, en altas dosis, el desarrollo normal de los fetos”.

Aseguran que alteran procesos epigenéticos en el organismo, lo que significa que la molécula del ADN del fumador se desestabiliza a causa de factores ambientales, generando cambios en la manera como se expresan los genes que cumplen funciones específicas. “Se transforma [esa expresión de los genes]si yo, por ejemplo, estoy expuesta al vapor del cigarrillo electrónico, vivo en un lugar contaminado o si tengo una mala dieta”, explica Camila Bernal, estudiante del Semillero de Investigación Epigenética y Cáncer Pulmonar, de la Pontificia Universidad Javeriana. “Se activan los genes que no deberían estar activos en condiciones normales o se reprimen los que deben estar activos, algunos de los cuales se asocian a inestabilidad genética, que podría originar el cáncer”. Y añade: “Eso explicaría, por ejemplo, por qué unas personas, teniendo ciertos estilos de vida, son más susceptibles a ciertas enfermedades”.

Un viaje al interior del cigarrillo electrónico

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos “que calientan una solución líquida para crear vapor, el cual es inhalado por los usuarios”, de acuerdo con el Ministerio de Salud y Protección Social.
Entre los principales ingredientes que ‘vapean’ los consumidores se encuentra el propilenglicol, cuya inhalación a altas temperaturas puede irritar ojos y garganta, y afectar las vías aéreas. La mayoría de soluciones contiene además glicerol, que puede desarrollar diferentes enfermedades pulmonares, nicotina, sustancia adictiva que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y gastrointestinales, y sabores aromatizantes, que aparentemente no son tan inofensivos.

En la industria alimentaria, explica Bernal, es posible que algunos alimentos contengan propilenglicol y glicerol, lo cual está aprobado. Pero no es lo mismo ingerirlos que inhalarlos. “En uno de los artículos que revisamos, esos compuestos son el tipo de diluyente que genera algunos daños a nivel inmunológico e inflamatorio”, asegura. “A eso se suma que cuando le ponemos el sabor a fresa, en la vaporización del saborizante cambian los compuestos y se generan diferentes reactivos, que también serán dañinos. Entonces, cuando se cambia el proceso, y ya no se trata de ingerir sino de inhalar, la combustión también cambia todos esos compuestos que tienen los cigarrillos electrónicos y generan consecuencias como irritación de las vías respiratorias”.

La idea para producir este tipo de cigarrillos viene desde la década de los años sesenta. Pero solo fue hasta 2003 cuando Hon Lik, médico farmacéutico chino, fumador él desde su infancia y con el firme deseo de dejar de hacerlo, convirtió ese sueño en una realidad y comercializó el producto. Desde entonces ha habido al menos cuatro generaciones de dispositivos con tecnologías cada vez más refinadas

El artículo “Electronic cigarettes: Genetic and epigenetic impact (review)”, publicado en la revista científica International Journal of Epi – genetics, destaca la evidencia de 87 compuestos químicos en los cigarrillos electrónicos. “El combustible es muy variable”, precisa Nicolás Niederbacher, uno de los 18 autores del artículo, todos pertenecientes al semillero de investigación dirigido por la bioquímica Adriana Rojas. “Quizás esa heterogeneidad entre los combustibles es lo más llamativo, porque en realidad no hay un proceso estandarizado de fabricación”, señala el investigador.

Y si uno revisa los empaques, difícilmente encontrará una etiqueta que mencione los ingredientes que el fumador está aspirando. “En un cigarrillo electrónico puede haber compuestos ácidos, alcoholes, solventes, heterocíclicos”, afirma Bernal, y agrega que “muchas de estas sustancias que se generan en el proceso de vaporización son dañinas para la salud, como metanoles y benzaldehídos. Son una amplia gama de compuestos que son conocidos por ser nocivos para la salud”. Faltan más estudios, pero la conclusión es que estos compuestos predispondrían a enfermedades asociadas con la respuesta inflamatoria, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma, enfermedades del sistema inmune, alergias y cáncer.

Por esa razón, los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés), ambos organismos de Estados Unidos, advierten: “Los productos de cigarrillos electrónicos o vapeo (que contengan nicotina o THC) nunca deben ser usados por jóvenes, adultos jóvenes o mujeres embarazadas”. Eso lo tienen comprobado.

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Un semillero con investigadores de varias disciplinas de pre y posgrado

El Semillero de Investigación Epigenética y Cáncer Pulmonar nació en septiembre de 2014 a partir del interés de dos profesoras, una clínica y una bioquímica, de la Facultad de Medicina de la Javeriana, convencidas de que la interdisciplinariedad en la investigación científica es la clave para lograr la excelencia. Su lema es 1+1=1. “Tenemos claro que es muy importante la fusión de esas dos áreas. Somos un equipo y cada uno aporta desde su saber”, dice Adriana Rojas. Empezaron con tres estudiantes y hoy son alrededor de 25, entre los cuales algunos están iniciando su pregrado y otros terminando su doctorado. El único requisito es “tener ganas de aprender”.
El artículo científico que publicaron en inglés, en una revista internacional, fue un logro, así mismo, han publicado dos artículos más en revistas colombianas y en español, producto de las campañas y actividades que realizan la Facultad de Medicina, el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI) y el Centro Javeriano de Oncología para promover la cesación del tabaco, cuenta Alejandra Cañas.

“En el Simposio de 2019 organizamos un conversatorio sobre cigarrillo electrónico. Preparamos conferencias y, después de eso, dijimos: hay que escribirlo”, recuerda la investigadora.

Presentaron el artículo a dos revistas y fue rechazado. La tercera fue la vencida. “El último editor celebró que los autores fueran estudiantes de pregrado y posgrado, y destacó la buena calidad de la investigación y el buen inglés”, destaca Rojas.

 

Más sobre los procesos que producen efectos nocivos

Bernal y Niederbacher explican que en los artículos revisados se destacan diferentes investigaciones llevadas a cabo en ratones, anfibios y modelos celulares. En el primer caso, se hicieron pruebas en ratonas embarazadas de las que se concluyó que el vapor del cigarrillo electrónico afecta al feto, especialmente a nivel pulmonar, y en el segundo caso se presentaron cambios morfológicos en los anfibios, principalmente en su sistema óseo. “Estos modelos animales validan la hipótesis de que los cigarrillos electrónicos afectan genes que están involucrados en procesos trascendentales, como el desarrollo embrionario, incluso pueden transmitirlos a su descendencia”, afirma Bernal.

“El problema con estos dispositivos es que la población en riesgo somos todos”, agrega Niederbacher, “y como todos estamos en riesgo, y como el vapor de estos dispositivos genera efectos en células animales que, aunque son diferentes, tienen muchas similitudes con las células humanas, se justifica el hecho de ejercer medidas utilizando el principio de precaución”.

La historia detrás de la historia

En Colombia, el 16 % de los universitarios ha usado cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida, según datos del III Estudio Epidemiológico Andino sobre Consumo de Drogas, realizado en 2016. Cinco años más tarde, es muy probable que este porcentaje haya subido, razón por la cual los investigadores del semillero han iniciado otro proyecto ―en asocio con las universidades Industrial de Santander y Tecnológica de Pereira, y la Asociación Colombiana de Neumología y Cirugía de Tórax (Asoneumocito)―, para demostrar el impacto genético y epigenético de los cigarrillos electrónicos en jóvenes universitarios. “Los estudiantes de colegio y los adolescentes universitarios son los mayores consumidores de cigarrillo electrónico en este momento en el mundo”, asegura la neumóloga del HUSI y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, Alejandra Cañas.

En su portal web, la tabacalera Phillip Morris International ofrece “dos productos innovadores de tabaco calentado: iqos y teeps”, además de los cigarrillos tradicionales. Sobre el primero, dice que ya cuenta con “millones de consumidores”. Pero reconoce que su departamento de innovación y desarrollo está creando “alternativas menos perjudiciales que los cigarrillos”, con lo que confiesa el potencial daño de sus productos.

“Lo que han hecho es atraer a grandes empresas que trabajan en el llamado ‘neuromárketing’, y el foco son los adolescentes”, resalta Cañas. Debido a su trabajo en prevención del uso del tabaco, esta investigadora considera que el consumo de cigarrillos electrónicos es un problema de salud pública, porque además, dice, “afecta al consumidor, a quien está a su lado, y genera contaminación ambiental. Esto lo tenemos que frenar. Es una responsabilidad social”, concluye.

 


Para leer más: Niederbacher, N. et al. (2021). Electronic cigarettes: Genetic and epigenetic impact (Review). International Journal of Epigenetics, 1(2). https://doi.org/10.3892/ije.2021.2
Epilab. Epigenetics & Cancer Research Group. https://epilab.co/

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Electronic Cigarettes: Genetic and epigenetic impact (review) INVESTIGADORAS PRINCIPALES: Adriana Rojas y Alejandra Cañas
COINVESTIGADORES: Nicolás Niederbacher, Litzy Gisella Bermúdez, Daniel Mauricio González, Camila Bernal, Francisco García, Daniel León, María José Pinzón, Carlos Camero, Ithzayana Madariaga, Paula Sánchez, Andrea Rodríguez, Salime Hurtado, Catherine Tovar, Santiago Rodríguez-Ariza, Rafael Castro, Mariana Guerra
Semillero de Investigación Epigenética y Cáncer Pulmonar
Instituto de Genética Humana
Departamento de Medicina Interna
Facultad de Medicina
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-actualmente.

 

                          

Aprender a leer nuevamente en la universidad

Aprender a leer nuevamente en la universidad

Los bachilleres llegan a la universidad con sentimientos encontrados; en esta transición los acompañan nuevas motivaciones y también temores por los retos que tendrán que enfrentar. Uno de ellos es el “leer para aprender”, pues aunque salen del colegio pensando que están preparados para enfrentar este desafío, tal pensamiento no es más que una suposición alejada de la realidad universitaria: las destrezas que han adquirido hasta este momento, que se basan en una lectura para organizar información y para superar las pruebas Saber 11, resultan insuficientes para las actividades que exige este nuevo espacio académico. Así lo demuestra el estudio interinstitucional Formación inicial en lectura y escritura de la Educación Media al desempeño académico en la Educación Superior, coordinado por la Red de Lectura y Escritura en Educación Superior (REDLEES), en el que participaron como investigadoras las docentes javerianas Juliana Molina, estudiante de Doctorado en Educación y magister en Lingüística Española, y Adriana Salazar, magister en Lingüística y licenciada en Educación Especial.

Ambas coinciden en que, ante este nuevo contexto para el estudiante, la universidad se puede convertir en una oportunidad para brindar nuevas herramientas de lectura y potenciar las habilidades que ya traen los jóvenes desde secundaria, con el fin de que lean de forma crítica y a la vez apropien el conocimiento, es decir, que no solo sean capaces de leer sino también de reflexionar, relacionar información, consultar diferentes fuentes confiables y construir nuevos aprendizajes. Con esta idea en mente, las universidades han implementado en el primer año de formación cursos de lectura y escritura destinados a promover estrategias para alcanzar estos objetivos.

Sin embargo, Molina y Salazar identificaron un problema: a pesar del paso de los estudiantes por estos cursos, cuando llegan a ver asignaturas propias de los núcleos fundamentales de sus carreras, escenario en el que se supone ya deben contar con un nivel de lectura avanzado, “ellos no saben leer o, por lo menos, no como se esperaría”.

Para reconocer la dimensión de esta problemática, las investigadoras resaltan algunos hallazgos de su investigación, la cual identificó las prácticas de lectura de los estudiantes antes, durante y después de haber cursado estas asignaturas y reflexionó sobre las prácticas de los docentes universitarios para enseñar. Así, el estudio retoma la información de 12 universidades colombianas que ofrecen, en el primer año de formación, cursos de lectura y escritura.


¿De quién es la responsabilidad?

Es verdad que la educación media (EM) podría crear espacios de aprendizaje que promuevan varios aspectos: el rastreo de información para confrontarla, el uso de fuentes confiables, la selección de información relevante y la eliminación de la que no lo es; la asistencia a actividades como foros, conferencias o seminarios que, potencialmente, mejorarían la lectura y serían fuentes de información. Sin embargo, no es responsabilidad de los colegios formar a los estudiantes para leer en la universidad.

“No es deber de la EM desarrollar todas las habilidades que deben tener los estudiantes para ingresar a la universidad. No le podemos pedir a la secundaria que prepare a los chicos para la universidad. Es la universidad la que tiene que formar lectores para la universidad retomando elementos de secundaria, y cada disciplina tiene que buscar los procesos para acercar a sus nuevos estudiantes a las maneras en cómo se lee y se escribe en esa área”, señalan las académicas en su investigación.

Pero si no son los colegios, ¿ qué está influyendo para que los universitarios no cuenten con las destrezas para leer adecuadamente en las asignaturas propias de su carrera? Los estudiantes toman los cursos de lectura y escritura en el primer año y allí se encuentran con tres funciones específicas: leer para hacer resúmenes, leer para resolver evaluaciones y leer para conversar, “muy similar a la lectura del colegio”, explican las investigadoras. Y aquí está el corazón del problema.

Los estudiantes llegan al salón de clase, se sientan y reciben instrucciones del docente, quien impone prácticas directivas; por ejemplo, durante la investigación, un joven señaló que “para una de estas clases la profesora entregaba los textos que debía realizar para la próxima sesión y luego hacía preguntas con base en el texto propuesto para la actividad, con el fin de verificar si había preguntas o dudas”. En ese sentido, el papel del estudiante es el de obedecer y hacer la lectura, en un espacio en donde todo se le es dado porque es común que los docentes dejen la lectura en algún centro de copiado, indiquen en dónde la pueden encontrar o, incluso, la suban al aula virtual y “el estudiante no ve la necesidad de ir más allá para acceder, leer, interpretar y producir información que pueda ser de valor en el contexto académico, convirtiéndose en un actor pasivo dentro del proceso formativo”, añaden las profesoras.

Lo que más sorprende de esta situación es que, aunque las exigencias de los docentes en las asignaturas propias de las carreras son más altas, son ellos mismos quienes, al igual que los profesores de los cursos de lectura y escritura, limitan la búsqueda de nueva información que invite a una lectura para pensar, investigar, escribir, apropiar y construir conocimientos.

Otra práctica de lectura común por parte de los profesores es distanciar a los estudiantes del uso de las herramientas tecnológicas, porque estanca el acceso, lectura, interpretación y producción de diversa información que se encuentra en la red. No replicarlas en la universidad, idear nuevas estrategias por parte de los docentes y fomentar en los estudiantes la búsqueda de información es una de las invitaciones que hacen las investigadoras Molina y Salazar a los docentes universitarios.

“Vamos a tener buenos lectores en la medida que, como profesores, invitemos a que los estudiantes se enfrenten a una variedad de textos y sean críticos ante ellos. Es ponerles retos que no se resuelvan con un resumen ni con una reseña, sino que mezclen voces, utilicen citas, recurran a distintas fuentes confiables y hagan uso de la tecnología, vista como una herramienta que puede ayudar a estos procesos”, afirma Adriana Salazar.


La lectura digital, una posibilidad para leer con sentido

Esa aversión al uso de herramientas tecnológicas por los estudiantes es una de las grandes falencias de los docentes universitarios. Por eso, las investigadoras proponen la implementación de la lectura digital en las clases como una posibilidad para que los estudiantes puedan sobrepasar y romper ese muro que los ha cohibido de leer para aprender y para apropiar el conocimiento.

“Nosotras somos, además de investigadoras, docentes universitarias y no podemos negar que estamos experimentando una transición en la que el formato digital ha empezado a tomar un protagonismo tan fuerte como el que ha tenido por décadas el impreso. Para ir al ritmo de los jóvenes y las tecnologías, un reto que nuestra realidad plantea a las instituciones educativas es el uso de medios digitales para la formación de los universitarios”, exponen.

En un artículo de 2015 derivado de esta investigación, donde se retoma la información de 180 encuestas a estudiantes, además de entrevistas a profesores encargados de los cursos de lectura y escritura y de áreas disciplinares, y observaciones de las clases de lectura y escritura de 12 universidades, las investigadoras afirman que “los textos que los universitarios leen con fines académicos ya no son predominantemente impresos, muchos son digitales, algunos soportados por internet. De hecho, el tercer documento más leído por los estudiantes universitarios (76%) son las páginas web y blogs”.

Pero esta es una realidad que no se aprovecha dentro del salón de clase, ya que los profesores universitarios no motivan ni enseñan a sus estudiantes a buscar información en formatos digitales. “Algunos maestros sienten temor de hacer uso de herramientas tecnológicas en sus clases porque corren el riesgo de que los estudiantes generen hábitos inadecuados de estudio, como el copiar y pegar o, incluso, que lleguen al plagio”, aseguran las investigadoras.

Para Molina, las nuevas generaciones de docentes están dando un viraje importante en este sentido, pues, lentamente, van incluyendo en su ejercicio diferentes herramientas tecnológicas, lo cual potenciará las habilidades de sus estudiantes para construir nuevo conocimiento. “Hay que seguir trabajando en esta concientización para formar mejores lectores y profesionales”, concluye.

Consumo en aumento

Consumo en aumento

A finales de los años noventa y comienzos del nuevo milenio, dos películas impactaron a las audiencias mundiales al presentar relatos descarnados sobre la adicción a las drogas, particularmente a la heroína. Trainspotting (1996) y Réquiem por un sueño (2000), con sus bandas sonoras que aceleran el pulso y escenas impactantes que van desde la muerte de un bebé por negligencia de una madre adicta hasta la amputación de un brazo gangrenado por el uso de agujas, son una muestra de cómo se ha representado la adicción en el cine. En su momento, muchos criticaron estos dos filmes por considerar que promovían el consumo de drogas, pero más allá de esa discusión, lo que demuestran las películas es que la drogadicción no es una problemática exclusiva de los expertos en salud pública, sino que se trata de un asunto que afecta a toda la sociedad.

Como resultado de la preocupación creciente frente al consumo de drogas, hoy existen diversos estudios que buscan monitorear tal situación en todo el mundo. Uno de ellos es el II Estudio Epidemiológico Andino sobre Consumo de Drogas en la Población Universitaria, cuyo objetivo es estimar la magnitud del consumo de drogas lícitas e ilícitas en este grupo, en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú; identificar sus principales factores de riesgo y protección asociados, y comparar estos datos con los que fueron recogidos en el primer estudio que se realizó en 2009. Este estudio fue financiado con recursos de la cooperación europea y fue liderado por la Comunidad Andina, a través de su Programa Antidrogas Ilícitas (Pradican) y la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la Organización de los Estados Americanos (Cicad/OEA).

El estudio se llevó a cabo entre mayo y diciembre de 2012. Para el segundo fueron seleccionadas 48 universidades, 12 por cada país (6 públicas y 6 privadas), de las cuales 45 aceptaron la invitación a participar. De los 692.626 estudiantes de las universidades participantes, 22.389 activos en 2012 contestaron el cuestionario en línea que se estandarizó para los cuatro países, y que contenía preguntas relacionadas con el consumo de tabaco, alcohol, marihuana, clorhidrato de cocaína, basuco (pasta base), estimulantes tipo anfetaminas (éxtasis y otros sintéticos tales como anfetaminas y metanfetaminas), fármacos (tranquilizantes, estimulantes y sustancias inhalables), y otras drogas (LSD ―dietilamida de ácido lisérgico―, hongos alucinógenos, hachís, crack, morfina, heroína y etamina).

Aunque por ser el segundo estudio que se realiza sobre este asunto aún no es preciso hablar de tendencias, lo cierto es que los resultados de este ejercicio hacen evidente la importancia de seguir monitoreando el consumo de drogas en la población joven. Un dato que enciende las alarmas es el alto porcentaje de estudiantes que presentan signos de abuso o dependencia de drogas ilícitas como marihuana, basuco y cocaína: entre un 28 % y un 30 % de los consumidores de drogas de Colombia, Ecuador y Perú manifiestan esta condición, y en Bolivia este porcentaje es del 40,9 %. Al comparar los resultados del segundo estudio con los del primero, se detectó, en cuanto a drogas lícitas, un aumento estadísticamente significativo en el consumo de alcohol y tabaco en hombres y mujeres.

En lo relativo a drogas ilícitas, la marihuana sigue siendo la sustancia de mayor consumo, y se registró una variación estadísticamente significativa entre los estudiantes andinos, que pasó del 4,8 % en 2009 al 7,9 % en 2012. El consumo de cocaína tuvo un leve cambio en el último año, y el de LSD y hachís en la región se modificó de manera importante. Por su parte, el consumo reciente de basuco se mantuvo estable entre los estudiantes andinos, al mismo tiempo que el de sustancias inhalables disminuyó.

En comparación con la región, hay varios indicadores en los que Colombia se ubica por encima de los demás países andinos. A la pregunta de si alguna vez habían bebido alcohol en el último año, la tasa de consumo fue del 85 % en Colombia, frente a un 57 % en Bolivia, un 70,4 % en Ecuador y un 71,9 % en Perú. Con respecto a las prevalencias en el último año del consumo de marihuana, el 15,2 % de los estudiantes colombianos encuestados señaló haberla usado recientemente, ante un 3,6 % en Bolivia, el 8,8 % en Ecuador y el 4,2 % en Perú. Además, según el estudio, en Colombia el 63 % de los estudiantes declaró que les resultaría fácil conseguir marihuana, mientras que en Ecuador el porcentaje fue del 35,6 %, en Perú del 28,6 % y en Bolivia del 22,1 %.

Hallazgos en la universidad privada

En Colombia, la Universidad Javeriana de Bogotá apoyó el desarrollo del II Estudio Epidemiológico Andino sobre Consumo de Drogas en la Población Universitaria, procesando y analizando los datos recolectados en una de las seis universidades privadas de Bogotá que hicieron parte de la muestra. Con este propósito, se conformó un grupo interdisciplinario asesor en consumo, liderado por la Vicerrectoría del Medio Universitario, del que hicieron parte Marta Cecilia López Maldonado y Luz Stella Medina Matallana, de la Facultad de Enfermería; Fabián Armando Gil Laverde, de la Facultad de Medicina; María Liliana Muñoz, de la Facultad de Psicología; y María Constanza Granados y Mónica Silva Añez, de la Vicerrectoría del Medio Universitario.

De los 778 estudiantes que participaron en la muestra trabajada por la Universidad Javeriana, 329 fueron hombres y 458 mujeres. El mayor porcentaje de participantes se situó en el rango de los 19 a los 22 años (52,9 %). Ellos fueron invitados a responder el cuestionario en línea.

De acuerdo con el estudio, el alcohol sigue siendo la droga lícita de mayor consumo en la población universitaria, el cual se inicia cada vez a edades más tempranas. El uso del tabaco y del alcohol está comenzando, en promedio, a los 15 años de edad, por lo que no se puede asociar con el inicio de la educación universitaria. El de drogas ilícitas también se está iniciando más temprano y se ha identificado una mayor tendencia en las mujeres a igualar la prevalencia de consumo de los hombres.

La droga ilícita de mayor consumo es la marihuana, que mantiene un comportamiento similar al del resto de países participantes en el estudio, al tiempo que toman fuerza otras sustancias ilícitas, como el LSD. A la luz de los resultados de estos países andinos, la tasa de consumo de LSD entre los estudiantes de Colombia (que alguna vez lo han consumido) es cercana al 5 %, muy por encima del resto de los países en donde esta tasa no supera el 0,8 %.

Innovar en la prevención

Para Luz Stella Medina, coinvestigadora y decana académica de la Facultad de Enfermería de la Universidad Javeriana, el dato más preocupante que revela el estudio es el aumento del consumo de alcohol en la población universitaria de Bogotá, así como el hecho de que cada vez se inicie a una edad más temprana. Sin embargo, hacer frente a este problema no es una tarea sencilla, principalmente porque, como lo señala Medina, el alcohol hace parte de las denominadas drogas lícitas y por ello su consumo no suele ser cuestionado.

Ante esa dificultad, Medina rescata los esfuerzos que viene haciendo la Universidad Javeriana a través de diferentes estrategias orientadas a la prevención integral y la promoción de la salud. También destaca el proceso de fortalecimiento de la institución como una universidad promotora de salud y el programa de prevención de consumo problemático “Tómate el control”, iniciativa diseñada y puesta en marcha por los mismos estudiantes que podría ser replicada en otros centros educativos. “‘Tómate el control’ rescata el papel que tiene un par en la prevención del consumo problemático. Es el compañero quien acompaña al estudiante, no el adulto, ni alguien más que represente a la autoridad”.

Para el grupo interdisciplinario asesor en consumo de la Universidad Javeriana, contar con la información que arrojó el estudio le permitirá a la institución tener mayores herramientas para seguir trabajando en
la construcción de acciones de prevención del consumo y abuso de drogas, como “Tómate el control”, en las que haya participación directa de los estudiantes. Asimismo, los hallazgos servirán de base para pensar en la construcción de una política pública orientada a reducir el consumo de drogas en el ámbito universitario. Según la investigadora Marta Cecilia López, la comunidad académica se beneficia al participar en el desarrollo de este tipo de trabajos, por cuanto “los hallazgos permiten conocer la realidad de una situación problema para poder desarrollar estrategias de mejoramiento ajustadas a la realidad”.

“La responsabilidad social que tiene la universidad y que tenemos los profesores en la formación integral del recurso humano ante una problemática de salud pública como esta es fundamental, y participar en este estudio nos ha dado las herramientas necesarias para definir acciones prioritarias orientadas hacia la definición de una política y hacia el desarrollo de acciones para la prevención de los consumos problemáticos”, señala Medina. Para la coinvestigadora, los resultados del estudio permitirán acompañar a los estudiantes de la Universidad en su proceso de formación integral, con el fin de que sean “ciudadanos autónomos y responsables que puedan tomar decisiones ante el consumo”.


Para saber más:
» Molina Medina, Vanessa. “Tomar conciencia”. Pesquisa 25. Disponible en: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/?p=3129. Recuperado en: 01/05/2014. 

» Pradican & Cicad/OEA. “II Estudio Epidemiológico Andino sobre Consumo de Drogas en la Población Universitaria. Informe Regional 2012”. Disponible en: https://www.cicad.oas.org/oid/pubs/PRADICAN_Informe_Regional.pdf. Recuperado en: 01/05/2014


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