Las diferentes caras del territorio

Las diferentes caras del territorio

Las calles que recorremos, los parques donde juegan los niños, los citadinos centros comerciales, aquellos pueblos donde el tiempo avanza mucho más lento, los campos en donde cultivamos nuestros alimentos, los caminos que pisaron nuestros ancestros y hasta los campos olvidados, todos son espacios en donde construimos nuestra identidad. Ellos conforman esa noción que bautizamos como territorio, el lugar donde lo que ocurre es una fotografía que se suma a la película de vida de cada uno de sus habitantes, con múltiples significados atravesados por la felicidad, el progreso, pero también por la opresión y la violencia.  

De aquí que se generen diferentes lecturas por parte de la academia para explicar el entramado de hazañas que ocurre en los lugares que transitamos a diario. En el XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, el panel El territorio como escenario de investigación y acción reflexionó sobre los significados y las dinámicas que construimos en cada uno de estos lugares. 

Una conversación que giró en torno al urbanismo, la tenencia y acceso a la tierra en zonas rurales, la restauración ecológica de áreas afectadas, las dimensiones políticas del territorio e, incluso, el cine como documento para leer los espacios que habitamos. 


El urbanismo no siempre es progreso

En las ciudades es fácil toparse con grandes edificios, las particularidades estéticas hacen sobresalir a unos rascacielos más que otros y, según su ubicación, varía no solo la forma en como se ven sino las relaciones que se tejen allí. Sin embargo, en estas urbes, en medio de automóviles, centros comerciales, edificaciones que apuntan cada vez más a la modernidad, el bullicio y el ajetreo, desaparecen espacios que no tienen algún tipo de funcionamiento o actividad. Son los llamados espacios indeterminados.

Con el fin de estudiar los efectos que tienen estos lugares en ciudades como París y Medellín, Doris Tarchópulos, arquitecta y doctora en Urbanismo, estudió su geografía urbana; concluye que por un lado, son lugares que aíslan o dividen partes de la ciudad, causando problemas de inseguridad y violencia, y, por otro, pueden incorporar nuevos contenidos que permiten la generación de dinámicas de integración, convivencia social y manifestación cultural. 

Tanto en Europa como en Suramérica, la investigadora se centró en las periferias urbanas y, concretamente, en sus poblaciones condenadas aparentemente a la exclusión del circuito social (los hijos de los extranjeros de las antiguas colonias francesas y los ciudadanos paisas de clase más baja), pero que, con el paso del tiempo, los gobernantes se vieron obligados a incluirlos en la dinámica urbana por medio de diferentes obras de infraestructura, tanto educativa y cultural como de transporte masivo. 

Por esa misma vía se ubican los trabajos del sociólogo Manuel Enrique Pérez, doctor en Estudios Territoriales, sobre la ‘rururbanidad’ del sur de Bogotá: aquellos territorios intermedios entre la urbe capitalina y el campo colombiano, en donde los habitantes llevan a cabo actividades tanto agrícolas como ganaderas, pero se benefician de la cercanía a la gran ciudad para vender sus productos, beneficiándose, de paso, de los servicios que en ella encuentran.

“Los he bautizado sujetos rururbanos, porque están por fuera de las políticas públicas de territorio”, explicó Pérez, quien en sus 17 años de trabajo con las comunidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado establecer la existencia de más de 2.500 campesinos. Por eso afirma que la Bogotá de hoy en día es 25% urbana y 75% rural.

Su trabajo ha calado en las discusiones que la administración local ha venido organizando sobre el próximo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y el papel que el sur debe jugar en medio de la expansión urbana que se proyecta a partir de 2019. Y no duda en afirmar: “En algún momento, el sur le va a poner el norte a esta ciudad”.


¿A quién pertenece la tierra en el territorio?

En los territorios rurales el panorama de desigualdad y jerarquías en la tenencia de tierra está fuertemente marcado por dinámicas patriarcales, en donde el hombre es el que provee los recursos y la mujer es quien desempeña las labores del hogar. Por ejemplo, en municipios como Pradera, Florida y Tuluá, en el Valle del Cauca, resulta difícil encontrar a mujeres que tan siquiera entiendan el concepto de ser propietaria o poseedora de tierra. ¿Cuál es la economía ciudadana de las mujeres que viven en estas zonas?, ¿cuál es su participación política y comunitaria?, y, ¿qué implicaciones tiene el hecho de que una mujer sea propietaria de tierra o no?

María Catalina Gómez,  magister en Ciencias Sociales, con su investigación Condiciones de tenencia y acceso a la tierra de las mujeres campesinas del Valle del Cauca, demostró que “el acceso diferencial entre hombres y mujeres a la titulación de la propiedad rural es un grave problema, que afecta no solo la independencia económica de las mujeres y las familias, también la autonomía en otros espacios de la vida social, tanto individuales como colectivos. Son pocos los casos en los que la mujer es propietaria, por ejemplo, cuando son líderes o están separadas”. Las mujeres a quienes se les brinda un territorio logran mejores condiciones de vida, sin embargo, están bajo dinámicas en las que por lo general no son reconocidas. 

Situaciones como estas se han vuelto casi cotidianas en nuestro país, tanto por las jerarquías como también por el conflicto armado, que a su vez ha estado atravesado por conflictos en la tenencia de tierra. Por esto las investigaciones alrededor de los territorios y la paz cada vez son más fuertes, y el Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos de la Facultad de Estudios Ambientales de la Pontificia Universidad Javeriana se hizo presente para relatar su experiencia investigativa de 10 años alrededor de la degradación ambiental y las disputas históricas por la propiedad de la tierra que están conectadas con conflictos ecológicos y de distribución. 

Ellos hacen un llamado a ir más allá de la academia e involucrar a las personas directamente afectadas, pero para esto es necesario prepararse “para conducir con nuestros datos a posibles transformaciones. Ahí estamos desencontrados entre los tiempos de la investigación, los de las comunidades y los institucionales. Quizá los académicos debamos entrenarnos mejor en entender los contextos y en las formas para transmitir nuestros conocimientos”, aseguró Johana Herrera Arango, magister en Estudios Culturales e investigadora del Instituto. 

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En un sentido similar trabajó el Instituto de Estudios Interculturales, de la Javeriana Cali, que, entre sus proyectos, destacó la investigación sobre hacinamiento productivo llevada a cabo en el norte del Cauca, región en la cual el 40% de la tierra productiva está en manos de tan solo el 1% de los habitantes. Allí se encuentra una fuerte presencia de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, correspondientes al 77% de la población, quienes viven en microfundios (parcelas de tierra menores a tres hectáreas) con una infraestructura limitada para llevar a cabo sus proyectos agrícolas y ganaderos. Por si fuera poco, su actividad está limitada por las grandes extensiones de cultivos industriales, como la caña de azúcar y plantaciones maderables, la presencia de la minería ilegal y los cultivos de uso ilícito.

Esta caracterización es vital para que las autoridades locales y regionales puedan formular políticas públicas que, en el tiempo, reviertan este “hacinamiento productivo”, y con las que también se garanticen las aspiraciones sociales de un departamento en el que el 62% de su población vive y depende del campo.


La huella humana en el paisaje

La constitución del territorio también incluye la huella que las poblaciones dejan en el ecosistema. José Ignacio Barrera, doctor en Biología Animal, Vegetal y Ecología y director de la Escuela de Restauración Ecológica, lideró el proyecto de restauración ecológica del embalse del Neusa, en Cundinamarca, una investigación desarrollada entre 2014 y 2018 que buscó reestablecer las condiciones de flora y fauna en un área que, desde los años 50 del siglo pasado, fue alterada por la mano del hombre tanto en la construcción de infraestructura hídrica como en la inclusión de especies vegetales foráneas, como el pino espátula.

Este proyecto contempló técnicas de restauración ecológica en las que se plantaron, sobre una extensión de 3.700 hectáreas, diferentes especies vegetales nativas de la zona y se monitoreó su crecimiento y expansión a lo largo del tiempo. Como resultado han visto aumentar las poblaciones locales de árboles, insectos y, en especial, pájaros.


Dimensiones políticas del territorio 

Quienes han sufrido el conflicto armado en Colombia, asumen el reto de prepararse para generar cambios y responder a retos de construcción de paz territorial. Pero en ese camino se enfrentan a diversas políticas, como las extractivas, que limitan su trabajo pero no lo socavan: ahora las expectativas están puestas en una nueva generación, más enérgica, que realice esas aspiraciones y sueños.

Es el caso de del corregimiento de Micoahumado, en la Serranía de San Lucas, Bolívar, lugar caracterizado por la ausencia del Estado y el actuar de grupos armados ilegales que buscan apoderarse de los recursos naturales de la zona, expresamente de su oro y cobre. Allí, los habitantes buscan generar un relevo generacional ante la preocupación de quién asumirá la defensa del territorio. Esta necesidad llamó la atención de Claudia Tovar Guerra, doctora en Ciencias Sociales y Humanas, quien acompañó a la comunidad en la formulación de su plan de formación de nuevos líderes. 

“El amor por el territorio y la defensa por su tierra, el deseo de construir la paz y defender la vida, servir a la comunidad en su ejercicio de liderazgo, buscar el bienestar y la calidad de vida de la comunidad y la educación como una vía para la transformación, aún está en la mira de los jóvenes como lo estuvo en la de sus ancestros”, aseguró la investigadora, quien, no obstante, explicó que, a diferencia de los mayores, quienes encontraban como foco defender la vida, para los jóvenes el proceso político ha sido principalmente a través de una expresión cultural, artística y una acción política directa.

Se trata de los signos de un nuevo tiempo tal y como lo establece Juan Felipe García, doctor en Antropología, uno que necesita repensarse para llegar a una auténtica construcción de la paz. En sus trabajos sobre los liderazgos de comunidades que habitan territorios en disputa, atravesados por el conflicto armado, el investigador ha formulado la necesidad de pensar el país desde una perspectiva diferente: no desde un tiempo nacional, atado a la visión de Bogotá, en el cual predomina el discurso de que la periferia debe insertarse, por la vía de la economía, a la proyección productiva que debe asumir el país.

En su lugar, y basándose en los estudios postcoloniales, García propone pensar “en un tiempo heterogéneo, pensar el territorio en estructuras regionales que han sido afectadas por el conflicto armado”, lo cual implica pensar en el tiempo concreto de las poblaciones, en sus limitaciones y aspiraciones. En síntesis, “partir de la escala local para la construcción de la Nación”.

En sus más de 10 años de trabajo sobre los proyectos campesinos que se vieron limitados por una visión desde Bogotá, que imponía los intereses capitalinos a los regionales, García ha realzado la importancia de la paz territorial, esa que se construye desde la participación de las comunidades periféricas, las que viven más allá de las cabeceras municipales, en la planeación de un país que tenga en cuenta sus necesidades. “Es la forma de superar el tiempo de la catástrofe, ese en el cual se perdió el sentido que tenían estas comunidades de la vida por cuenta de la violencia”, resaltó.


Cine como documento para leer los espacios que habitamos

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Pero el territorio también se construye desde el arte, como lo demuestra la propuesta de Joaquín Llorca, doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura, siguiéndole el paso a la historia de cambios urbanos que entre 1971 y 1995 ha vivido Cali, y para ello se vale de las películas, concretamente las producidas por Carlos Mayolo y Luis Ospina, por considerarlos documentos históricos para el análisis de la ciudad, su arquitectura y las transformaciones de la sociedad. 

El investigador se detuvo en cada uno de los planos posibles para evidenciar los detalles urbanísticos, geográficos y arquitectónicos de la Cali de mediados del siglo XX, y les ha seguido la pista tanto a sus transformaciones estéticas como al sentido que les ha ido asignando una sociedad que hoy suma más de 2 millones de habitantes.

Los resultados de su investigación han derivado en la construcción de un gran repositorio geográfico de Cali, en donde pueden localizarse los lugares en donde se grabaron las escenas de películas emblemáticas como Oiga, vea! (1971), cada uno con su respectivo fragmento audiovisual. Se busca realizar un recorrido histórico por una Cali diferente, ambientada al mejor estilo del cine del siglo pasado.

Estadísticas con sello javeriano

Estadísticas con sello javeriano

Tan pronto se toma la carretera, aparece el vasto océano verde. Son cientos y cientos de hectáreas de caña de azúcar que dan una silenciosa bienvenida al visitante que llega por aire a la región, contraste que va reduciéndose a medida que se acerca a la zona metropolitana de la ciudad. Santiago de Cali, capital del departamento del Valle del Cauca y la tercera ciudad más grande de Colombia en términos económicos, se ha consolidado como el polo de la economía en la región Pacífico, reuniendo una población de 2,44 millones de personas para 2018, con una tasa de ocupación (empleados) del 58,1% y una de informalidad del 45,6% para febrero de 2019, según el DANE. La ‘sucursal del cielo’ representa una nueva oportunidad (laboral, económica, social, etc.) no solo para los vallecaucanos, también para los pobladores del Pacífico o para los visitantes que creen hallar en ella el rumbo de su destino.

Y sin embargo, Cali tiene vacíos para entender cómo crece día a día. No se trata de una preocupación menor: la falta de datos más certeros, actualizados, puede poner en problemas a quienes dirigen las riendas de una ciudad de estas dimensiones. Por ejemplo, ¿cómo se pueden concertar políticas que fomenten el empleo si no se sabe a ciencia cierta qué sectores de la economía enfrentan problemas? ¿O cómo se pueden anticipar los desafíos para el presupuesto local sin entender los ritmos propios del crecimiento económico? ¿De quién es el problema?

Una primera respuesta se encuentra en la forma en la cual se consolida la información estadística del país: en Colombia, el Departamento Nacional de Estadística (DANE) es el encargado de levantar los datos –principalmente a través de encuestas– de las principales actividades económicas del país, como la generación de empleo, la productividad, el aumento en los precios de los alimentos o, especialmente, el número de habitantes. Pero todo este trabajo se hace de forma centralizada, en Bogotá, y se retroalimenta a las regiones de forma dispar.

Es el caso de la información sobre crecimiento económico. “Nosotros queríamos conocer de forma más oportuna cómo iba la economía del Valle del Cauca, debido a que el DANE nos daba información solamente anual del PIB departamental, no trimestral o mensual. Y la información que obteníamos era muy rezagada, casi de15 meses después de pasado el año”, explica Lya Paola Sierra, doctora en economía, profesora asociada del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Cali, y una de las creadoras del indicador que permite, precisamente, acortar distancias entre los datos oficiales y la realidad de una ciudad con una dinámica económica propia, muy diferente a la del departamento.

Se llama Indicador Mensual de Actividad Económica para Santiago de Cali, o IMAE Cali, y se lanzó el pasado mes de febrero en conjunto con la Alcaldía de Santiago de Cali. Es un informe estadístico y de análisis económico de dos páginas en el que se explica que la ciudad creció 3% en 2018 frente al año anterior, con lo cual certifica la recuperación que viene registrándose desde el segundo semestre de 2016, cuando la economía se situó ligeramente por encima de 1%; de hecho, la ciudad se situó por encima de la proyección nacional de DANE para el país (2,8%).

Crecimiento económico de Cali en los últimos años. / Javeriana Cali, IMAE Cali
Crecimiento económico de Cali en los últimos años. / Javeriana Cali

Este resultado se debió, principalmente, al aumento en la actividad industrial de la ciudad, a la creación de nuevas microempresas y la buena salud de su sistema financiero, representado en una óptima calidad de la cartera de préstamos; sin embargo, una nota de alerta se encuentra en el sector exportador, pues las ventas al exterior cayeron 8% en todo 2018, un posible signo de la apreciación del peso frente al dólar.


Consolidando cifras

Todos estos porcentajes y cifras, de momento positivas, hacen parte del trabajo de un grupo de investigadores económicos de la Javeriana Cali que desde 2014 viene tomándole el pulso a la actividad económica de los departamentos. “Lo que hemos hecho es un proceso de adaptación, de llevar estas metodologías, que normalmente se aplican en un contexto macroeconómico, de país, a la disponibilidad de datos y estructura de las economías regionales”, explica Pavel Vidal, profesor asociado, doctor en economía y por muchos años consultor de organismos internacionales como el Banco Central de Cuba o el Banco Interamericano de Desarrollo.

El IMAE se basa en los modelos factoriales dinámicos, una técnica que la profesora Sierra había puesto a prueba en su tesis doctoral para estimar el precio de las materias primas, y que convenció a los miembros del Banco de la República en Cali para crear ese año un modelo que permitiera medir el crecimiento de la economía del Valle del Cauca. Así, ella y su equipo de trabajo en la Javeriana pasaron un año entero reuniendo toda la información de las variables que definían la actividad económica del departamento para, después, elegir las más determinantes y ponderar su peso de acuerdo con su aporte al PIB departamental.

Su primera publicación salió a la luz en 2015 y, desde entonces, han venido publicando trimestralmente el avance o deterioro de la economía en el Valle del Cauca; de hecho, en su más reciente informe determinaron que el departamento creció 3,5% en 2018, una cifra que sobrepasa el 2,7% registrado por el DANE para todo el país.

Desde entonces, su metodología fue acogida por la sede del Banco de la República en Medellín para crear el IMAE Antioquia; por la Cámara de Comercio de Cúcuta para conformar el IMAE Norte de Santander; y más recientemente por la Secretaría de Desarrollo Económico de Cali para darle forma al IMAE Cali, el primero de sus indicadores municipales. La medición y el posterior análisis económico recaen sobre los hombros de Sierra y Vidal, que desde la Javeriana Cali han constituido un pequeño grupo de trabajo con estudiantes allegados para producir cada uno de sus informes.

“Como no todas las economías que analizamos tienen la misma estructura económica, las variables que componen los indicadores no son exactamente las mismas. En el caso de Cali, los sectores financiero y de servicios tienen un mayor peso dentro de la estructura de la economía local, y por eso tienen una mayor representación que en el IMAE Valle, donde la caña de azúcar tiene un mayor peso, o en el IMAE Antioquia con el oro”, explica Vidal.

Relación de crecimiento económico de Cali y el Valle del Cauca en los últimos años. / Javeriana Cali
Relación de crecimiento económico de Cali y el Valle del Cauca en los últimos años. / Javeriana Cali

Para el caso de Cali, el equipo de trabajo analizó durante seis meses un total de 103 variables económicas que obtuvieron de varios estamentos de la ciudad, como la Alcaldía, gremios económicos, el Banco de la República, entre otros.  Se analizaron variables ligadas directamente a la actividad económica de la ciudad como, por ejemplo, datos sobre la recogida de basuras, peajes, créditos bancarios, etc. Tras una depuración, se quedaron con las 11 que más representan la economía caleña: producción industrial, consumo de energía, licencias de construcción, vehículos matriculados, cartera bancaria, sobretasa a la gasolina, exportaciones, gasto público, nuevas microempresas, ocupación hotelera y asistentes a cine.

Al igual que el IMAE Valle, el equipo de la Javeriana Cali publicará de manera trimestral sus informes para aportarle a la ciudad y al país información certera sobre la economía en la sucursal del cielo. El objetivo a largo plazo es que su trabajo pueda incidir en las decisiones que afectan tanto a la ciudad como sus habitantes. “Solamente conociendo la información se puede hacer un seguimiento y monitoreo de cómo va la economía, y se puede realizar política a nivel municipal. Sin datos o información esto es imposible”, asegura Sierra.


¿El valor de las cifras?

Cali no es la primera ciudad del país en consolidar sus propias mediciones estadísticas para entender la evolución de sus ciclos económicos con el fin de tomar decisiones de cara a su futuro. Metrópolis como Bogotá y Medellín también han desarrollado sus propios estudios para entender aspectos significativos de su cotidianidad, como la calidad de vida en la urbe, sus mercados de finca raíz o la pujanza de ciertos sectores de cara a nuevos desafíos (vale la pena destacar el caso de Manizales, que estableció en 2007 el Centro de Información Estadística, CIE, el cual aporta periódicamente todo tipo de datos sobre sectores estratégicos del municipio).

Todos estos esfuerzos, incluso los de organizaciones privadas, contribuyen a generar datos que son de esencial importancia para el ejercicio de gobierno, tanto a nivel nacional como local, y que fortalecen la imagen del país de cara al escenario internacional.

“Las estadísticas no pertenecen a los gobiernos, no pertenecen a los funcionarios y, por lo tanto, no pertenecen al Estado: son parte de los bienes públicos a los cuales los ciudadanos, las empresas, las asociaciones y las universidades debemos acceder de la manera más amplia posible porque ese sistema de información está financiado con nuestros impuestos”, explica César Caballero, politólogo, estudiante del doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Javeriana (sede Bogotá), director de la firma de datos Cifras y Conceptos, y director del DANE entre 2002 y 2004.

La responsabilidad de consolidar unas cifras confiables reside hoy sobre el Sistema Estadístico Nacional (SEN), el conjunto de entidades y organismos privados e independientes que aportan información sobre múltiples temas y se encargan de su difusión. Aunque su espíritu se incluyó en la Ley 79 de 1993, con la que se creó el DANE, todo su funcionamiento y articulación se consignaron en la Ley 1753 de 2015, resultado de la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo 2015. El SEN cuenta hoy con alrededor de 1.500 integrantes entre los que se encuentran entidades como ministerios y gobernaciones, empresas mixtas como las cámaras de comercio, órganos de control y, entre otros, organismos privados como gremios.

El gran objetivo es que entre todos ellos se dé un diálogo armónico, donde prime el libre acceso a la información (sin importar quién ni cómo la recopile) que beneficie la difusión de datos esenciales para diferentes sectores. Una cualidad que rompería el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, cuya aprobación avanza hoy en el Congreso, ya que en su artículo 94, parágrafo 1°, la convierte en mandatoria: “Los integrantes del SEN deberán poner a disposición del DANE, de manera inmediata y de forma gratuita, las bases de datos completas de los registros administrativos que sean solicitados por el departamento, para lo cual no será oponible la reserva legal, especialmente la contenida en el Estatuto Tributario”.

Para expertos como Caballero, más allá de la forma en la que está redactado, el artículo no ejercería mayor influencia en la forma de actuar del SEN sencillamente porque aquellas disposiciones, así como su conformación y funcionamiento (que recoge, nuevamente, el PND 2018-2022) ya están consignadas en la legislación vigente. De hecho, en su opinión, todo se debe a una cuestión de estilo en el proceder del actual Gobierno.

“El Plan de Desarrollo se convirtió en una colcha de retazos en donde muchas entidades le pusieron artículos sin que haya habido un filtro de parte de Planeación Nacional”, asegura, y argumenta que la planeación actual se sustenta en tres documentos: uno donde se encuentra la narrativa política, los sectores que el Palacio de Nariño quiere intervenir o fomentar; el segundo es el presupuesto, que determina adónde va a parar el dinero; y el tercero es el mismo articulado, que plantea la forma en la cual se ejecutará el discurso político y la asignación de recursos. Y en estos tres hay serias inconsistencias.

“Las personas que han visto estos tres documentos se dan cuenta de que es una colcha de retazos y de que no hay articulación entre ellos. En la narrativa, el tema de la equidad es enormemente importante y, en articulado y la asignación presupuestal, no existe; en la narrativa existe el tema de consolidar los acuerdos con las FARC pero no hay un solo peso en el presupuesto para eso”, añade.

Al final, el articulado del Plan Nacional de Desarrollo, , al menos en el tema estadístico, reafirma lo que leyes previas, estudios técnicos ya realizados y discusiones legislativas anteriores habían aprobado.

Contar con estadísticas certeras y actualizadas permite que alcaldes y gobernadores tomen mejores decisiones en tema de política pública. /Wikimedia
Contar con estadísticas certeras y actualizadas permite que alcaldes y gobernadores tomen mejores decisiones en tema de política pública. /Wikimedia

Falencias similares se encuentran en la propia gestión del DANE, en temas sensibles como el dato de crecimiento o el censo poblacional. En el primer caso, basta recordar la reunión bilateral que el presidente Iván Duque mantuvo en febrero pasado con su similar estadounidense, Donald Trump, en la que aseguró que el crecimiento de la economía colombiana en 2018 sería de 3,4% cuando la información no se había terminado de consolidar; lo más preocupante es que el actual director del DANE, Juan Daniel Oviedo, asegurara que la del mandatario era una “opinión informada” cuando, en realidad, el país terminó el año con una expansión del 2,8% (cifra proyectada por la entidad).

Y en el segundo, Oviedo tuvo que salir públicamente a reconocer que la entidad se había desviado en su proyección de 50 millones de habitantes para 2018, y que, de momento, se contaban 45,5 millones de personas; sin embargo, no hay un dato oficial final sobre este asunto. Este tipo de situaciones bien podría generar un manto de dudas sobre el manejo de las estadísticas oficiales.

“Ese es un ejemplo de no prudencia, de no rigurosidad, de no ser cuidadoso. Aquí se presentan ruidos que se corrigen con que uno, como funcionario, sea más prudente y más riguroso”, concluye Caballero.

En esa vía del rigor se ubican, precisamente, ejercicios como los consolidados desde la Javeriana Cali con sus diferentes mediciones departamentales y, ahora, municipales. Un aporte académico para construir una información pública robusta, que conduzca a alcaldes y gobernadores a tomar decisiones informadas sobre lo que realmente está ocurriendo en sus territorios. Ese es el verdadero valor de las cifras estadísticas en un país.

Santiago de Cali también es ciencia

Santiago de Cali también es ciencia

La capital del Valle del Cauca suele asociarse con salsa, caña de azúcar, movimiento, cine arte, exuberancia y calor. Pero cinco universidades de la ciudad quieren sumarle la ciencia y el desarrollo a esa imagen en el inconsciente colectivo del país. Su apuesta se llama ZONA C, con la que buscan generar espacios de divulgación y apropiación de conocimiento científico que involucren a las instituciones académicas, la ciudadanía y el sector empresarial.

Este programa, liderado por las universidades Javeriana Cali, Autónoma, Univalle, Icesi y San Buenaventura, nace para visibilizar lo que se hace en materia de investigación y desarrollo científico en sus aulas y laboratorios para contribuir al progreso local, regional y nacional, en especial en escenarios como el actual, donde, según cifras del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, se invierte el 0,38% del PIB en actividades relacionadas con ciencia, tecnología e innovación.

ZONA C parte como una iniciativa general que incluye tres actividades principales: Simposio de divulgación de la investigación, Ruta de la ciencia y Ciencia al parque. Cada una estará enmarcada en lo que se han denominado como ejes temáticos transversales: Salud y bienestar; Educación cultura y sociedad; Desarrollo, ambiente y sostenibilidad; y Competitividad, emprendimiento e innovación.

Con el Simposio de divulgación de la investigación se pretende que investigadores, estudiantes de posgrado y semilleros presenten ante la comunidad caleña los avances obtenidos en sus proyectos investigativos a través de diferentes jornadas que se llevarán a cabo en cada una de las universidades organizadoras.

Por otra parte, la Ruta de la Ciencia tiene como objetivo que los participantes conozcan las capacidades en infraestructura y laboratorios con las que cuentan las universidades, para desarrollar proyectos de investigación que contribuyan a resolver problemáticas reales que afectan a la sociedad.

Finalmente, Ciencia al parque es un espacio dirigido a los estudiantes de los últimos años de secundaria y que están en proceso de transición a la educación superior; su objetivo es generar una experiencia interactiva de trabajo conjunto con los semilleros de investigación y sensibilizar a los futuros investigadores respecto a las problemáticas entorno a los ejes temáticos del evento.

ZONA C se presentará ante el público caleño los días 12, 13 y 14 de septiembre en los campus de las universidades organizadoras, y tendrá entrada libre.

A propósito de la generación de espacios como ZONA C, Pesquisa Javeriana habló con Iván Leonardo Cepeda Leal, nuevo director de la Oficina de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, respecto a los retos a los que se enfrenta el mundo en materia de investigación.

“No hay fondos suficientes para financiar todos los avances que se necesitan hoy en día. Países como Estados Unidos o Canadá financian solamente alrededor del 10% de los proyectos que merecen financiación. Esto no es muy diferente en la mayoría de los países del mundo”, enfatizó Cepeda, quien explicó que, ante las limitaciones de presupuesto, los investigadores deben priorizar en sus proyectos las soluciones a los problemas más relevantes, con beneficios a mayor escala.

“Un enfoque priorizado debería orientar dónde se necesita enfocar nuestros esfuerzos en cada momento”, aseguró, al mismo tiempo resaltó la importancia de una ética científica de acuerdo al contexto donde se investigue: “Se necesita fortalecer los procesos para asegurar que todos los proyectos de investigación no generen un impacto negativo en los seres humanos, los animales o el medio ambiente. Hay modelos sólidos internacionales que deben adaptarse a cada entorno del planeta donde se hace investigación”.

¿Qué hay de nuevo?

¿Qué hay de nuevo?

Biodiversidad en la memoria nacional

Por: María Daniela Vargas Nieto | Fotografia: Guillermo Santos | La Colección Biológica Javeriana contiene muestras de migroorganismos, plantas, insectos, peces, reptiles y mamíferos, entre otros.

¿Qué tienen en común el oso de anteojos, el tiburón martillo gigante, la guacamaya verde y el cangrejo sabanero? Todas son especies que enriquecen la biodiversidad del país, conservan información única y están en peligro de extinción. Para preservar todo el conocimiento que ofrece este patrimonio, la Colección Biológica Javeriana ha abierto sus puertas con una de las más grandes selecciones biológicas conocida hasta el momento.

Está compuesta por tres grandes grupos: Microorganismos, Herbario y Museo Javeriano de Historia Natural, con más de 1.808 especímenes de mamíferos, 956 de reptiles, 6.866 lotes de peces, 19.207 de artrópodos, 525 de microorganismos y 26.837 ejemplares de plantas. La muestra está a cargo de un grupo docente académicamente calificado y cuenta, además, con una infraestructura eficiente y condiciones de temperatura y humedad adecuadas que garantizan su preservación.

La colección sustenta tres ejes de trabajo en relación con los objetivos que plantea: la investigación, con el fin de incentivar el estudio científico a partir de las especies colectadas; la docencia en cuanto trabajo conjunto entre profesores y estudiantes, y, por último, el servicio, pues se comporta como una biblioteca biológica: responde inquietudes externas sobre el contenido del mismo repositorio.

A partir de un proceso de formalización ante el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, la Colección Biológica de la Universidad Javeriana se posiciona como una de las bibliotecas naturales más importantes de Colombia en permanente construcción, e incentiva la investigación, análisis y participación sobre el ecosistema nacional.

Economía del Valle por encima del promedio nacional

La economía del Valle del Cauca crece 3,8% por encima del promedio nacional, según el índice de actividad económica IMAE, desarrollado por la Universidad Javeriana Cali y el Banco de la República.

Por: Diana Milena López Duque

De acuerdo con el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), el segundo trimestre de 2015 reveló que el crecimiento del PIB en el Valle del Cauca fue ligeramente mayor que el del trimestre inmediatamente anterior. De continuar esta tendencia, el acumulado del PIB del departamento podría cerrar con un crecimiento de 4,1% en el 2015, lo cual constituye un crecimiento por encima del promedio nacional.

El IMAE es una herramienta diseñada por los investigadores Pavel Vidal y Lya Sierra de la Universidad Javeriana Cali, y Jaime Collazos y Johana Sanabria del Banco de la República. Permite elaborar un pronóstico para la tasa de crecimiento del PIB a través del monitoreo de las condiciones de la economía del Valle del Cauca y dar cuenta de la situación en tiempo real, información útil para la toma de decisiones de los diferentes sectores de la economía y del gobierno regional.

De las variables que componen el IMAE, se concluyó que los sectores de la construcción, industria y venta de vehículos jalonaron la economía del departamento, mientras que la tendencia de la caña molida, el consumo de energía del sector no residencial y el comercio exterior presentaron resultados discretos o negativos.

Según los investigadores, “aunque el PIB es usualmente utilizado para conocer las condiciones económicas de un país o región, a nivel departamental su publicación es anual y tiene un rezago de 10 meses, lo cual dificulta tener un conocimiento en tiempo real sobre la situación económica en una de las regiones que más importancia estratégica tiene para el país, pues constituye la puerta a las relaciones comerciales con Asia y toda la costa pacífica de Canadá, Estados Unidos y América Latina”.

El IMAE, que desde este año se usa en el Valle del Cauca, también puede utilizarse en otros departamentos de Colombia.


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Información clasificada para convivir con los temblores

Información clasificada para convivir con los temblores

A las 4:06 de la mañana del 15 de noviembre de 2004, los caleños se despertaron por un temblor de tierra que se originó en el océano Pacífico, a 400 kilómetros de la capital del Valle del Cauca. La onda sísmica se desplazó a 5.000 metros por segundo, atravesó la cordillera Occidental y, al llegar al valle geográfico del río Cauca, removió durante 22 segundos el suelo donde se asienta una ciudad habitada por 2.500.000 habitantes.

Lo curioso del fenómeno es que “no se originó en Cali, pero sí le causó daño”, como anota el investigador Alberto Benavides Herrán, quien, en su oficina de la Universidad Javeriana, tiene un póster con el mapa y los datos del mencionado sismo, realizado por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés). Más extraño aún es que los mayores daños se concentraran en 25 edificios y 6 clínicas de tercer nivel localizadas sobre la carrera 9.ª y la avenida Guadalupe, donde el sismo alcanzó una magnitud mayor a la registrada por los sismógrafos (6,7 en la escala de Richter).

Tanto el profesor Benavides como su colega de la Universidad del Valle y actual director de la Red Sismológica del Suroccidente Colombiano de la Universidad del Valle (Red SW), Elkin de Jesús Salcedo, explican que la porosidad del suelo en esa parte de la ciudad, originada en los procesos de sedimentación de la cuenca del río Cañaveralejo, hicieron que el suelo se “licuara” con la onda que viajó en línea recta desde Pizarro, en el departamento del Chocó.

Este sismo hace parte de una base de datos trabajada por investigadores de las dos universidades que recoge 6.945 eventos telúricos registrados entre 1993 y 2010 en un área geográfica que incluye los departamentos de Cauca, Nariño, Valle del Cauca y Chocó, y se interna en el océano Pacífico, donde las placas tectónicas de Nazca y Suramérica interactúan de forma permanente.

Con estos datos, Benavides y sus colegas pusieron a dialogar las principales variables que intervienen en la ocurrencia de un sismo. El proyecto puede observarse claramente en un mapa realizado por capas en el que aparecen las fallas geológicas que atraviesan el área objeto del estudio, y los diversos tipos de sismos clasificados por clusters o grupos de acuerdo con sus magnitudes, profundidades y energía liberada.

Las cicatrices de la tierra

Es importante aclarar que los sismos en esta parte del planeta se originan principalmente por dos factores: la actividad tectónica que tiene también una relación directa con el vulcanismo y las fallas geológicas. “Las fallas son como costuras de la tierra que se mueven durante un terremoto. La famosa falla de Romeral que atraviesa el país de sur a norte es la responsable de los terremotos más grandes de los últimos tiempos, como los de Popayán, Armenia, Pereira, Páez (Cauca) y Murindó (Chocó)”, precisa el profesor Benavides.

A simple vista, se pueden observar estas “cicatrices” de la tierra en zonas como el lago Calima, donde el profesor Benavides programa periódicamente laboratorios con sus estudiantes de ingeniería. También son visibles los daños que el movimiento de las fallas ocasiona en las carreteras, particularmente en temporadas invernales.

“Lo que no se ha movido en el último millón de años ya se queda así, pero aquellas partes de la tierra que muestran actividad en ese lapso seguirán moviéndose, y las fallas geológicas permiten apreciar cómo son esos acomodamientos del planeta”, puntualizó el investigador de la Universidad Javeriana.

Ocuparse de la catalogación de los sismos, sus características y su relación con el sistema de fallas geológicas constituye el corazón de la investigación denominada “Reconocimiento de patrones espaciales sísmicos en el suroccidente colombiano”, desarrollada por un grupo interdisciplinario conformado por un físico, ingenieros electrónicos, geofísicos y un topógrafo de las universidades Javeriana y del Valle.

Este equipo de investigadores construyó un algoritmo que permite reconocer en el territorio estudiado enjambres de sismos mediante la utilización de herramientas estadísticas y métodos probabilísticos. Esta metodología identifica patrones con los cuales se agrupan sismos de similares características en algunas áreas de la zona estudiada.

Anteriormente, explica el profesor Benavides, la interpretación de la actividad sísmica dependía de quien operaba un sismógrafo. La organización y sistematización de la información fue el gran desafío del proyecto, tal como quedó consignado en un artículo publicado por los investigadores en la revista Computers & Geosciences en julio de 2013.

Como parte de los resultados de la investigación, se confirmó la presencia de sismos de similares características (enjambres) en zonas de los departamentos del Cauca, Valle del Cauca, Quindío, Tolima y Chocó.

Gracias a investigaciones como esta, se puede aprovechar mejor la información que todos los días se origina en el monitoreo que desde 24 estaciones realiza la Red SW en el suroccidente del país.

Amenaza y vulnerabilidad

La investigación ofrece una información relevante para tomar buenas decisiones en materia de construcción de obras de ingeniería. El profesor Benavides explica que las fallas geológicas y la ubicación geográfica en la zona de influencia del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico implican una amenaza. “Es sencillamente lo que hay y eso no lo podemos cambiar”, afirma. Sin embargo, también existe la variable de vulnerabilidad en la que el hombre sí tiene injerencia. “Aquí cuentan las buenas y malas decisiones que toman los ingenieros. Eso incrementa o disminuye el grado de vulnerabilidad de las obras”, agrega.

De esta manera, la información generada por el proyecto de investigación sirve no solo para evaluar los factores de amenaza y vulnerabilidad en obras de ingeniería sino que también es una herramienta importante para los planes de ordenamiento territorial (POT). “Muchas veces no se entiende la importancia de esta información y no se ajustan las normas de sismorresistencia en los distintos municipios”, explica el profesor Elkin de Jesús Salcedo, de la Universidad del Valle.

A su vez, el profesor Benavides indica que “un edificio es como un péndulo invertido, y en su construcción es necesario aplicar el conocimiento técnico sobre sismorresistencia con todas las implicaciones éticas que esto tiene… Los ingenieros no construyen sobre el vacío, y todo lo que hacen afecta a las personas”.

Considera que en toda construcción se deben tener en cuenta los estudios de suelos, las aceleraciones máximas y la historia sísmica del terreno, así como los factores de diseño, calidad de los materiales y, sobre todo, recordar la responsabilidad de los ingenieros en las obras que construyen.

El reforzamiento de los nueve edificios que se vieron gravemente afectados por el sismo del 15 de noviembre de 2004 en Cali tardó varios años. La dolorosa lección quedó allí para los constructores y las autoridades que autorizaron construcciones de más de cuatro pisos en suelos de arcillas contracto-expansivas. La información sobre patrones sísmicos es precisamente una herramienta para tomar buenas decisiones en lugares del planeta, como este, donde los temblores son algo corriente.


Para saber más:
» Benítez, H., Flórez J. F., Puque, D. P., Benavides, A., Baquero, O. L. & Quintero, J. (2013). “Spatial Pattern Recognition of Seismic Events in South West Colombia”. Computers & Geosciences 59: 60-77.

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