Cabo Hallet

Cabo Hallet

Por: Nohelia Farías Curtidor // Fotografía: Nohelia Farías Curtidor – Pontificia Universidad Javeriana - @PNRA - XXXV Italian Antarctic Expedition

“Tan pronto como empezamos a ver estas montañas, tuve la misma felicidad que he sentido tantas veces en este viaje.” La bióloga javeriana Nohelia Farias entrega su séptimo relato sobre la expedición que realiza en la Antártida.

Esta semana estuvimos en otro de los lugares más bonitos que tiene el mar de Ross, el hermoso Cabo Hallet. Su paisaje es impresionante, pues está rodeado por una parte de la cadena montañosa Transantártica, la cual separa la Antártida oriental de la occidental. Sus montañas alcanzan los 4.000 metros de altura; además el espejo de agua en muchas ocasiones no se puede apreciar, pues está totalmente cubierto de hielo. Para llegar hasta allí solo se puede acceder en un buque como el ‘Laura Bassi’, un rompehielos.

Tan pronto como empezamos a ver estas montañas, tuve la misma felicidad que he sentido tantas veces en este viaje. Con uno de los investigadores decidí salir a tomar fotos. Parecemos dos niños pequeños, caminando de babor a estribor (de izquierda a derecha), tratando de apreciar toda esa belleza, incluso llegamos a la decisión de que cada uno se quede en un extremo del barco y le avisa al otro si observa ballenas, pingüinos o focas. Así logramos quedarnos afuera por un par de horas. Creo que la alegría nos hizo olvidar el frío que se siente a -6C.

Grupo de pingüinos Adelie sobre el hielo en el Cabo Hallet.
Grupo de pingüinos Adelie sobre el hielo en el Cabo Hallet.

Y así empezamos a ver muchos pingüinos caminando sobre el hielo, deslizándose sobre su estómago o nadando. Pudimos ver al pingüino más grande e imponente de todos, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri). Puede llegar a medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. La hembra pone solo un huevo, el cual es incubado durante dos meses por el macho mientras que ella va al mar para alimentarse de peces, krill y calamares. Cuando la cría nace, se turnan para cuidarla.

Pingüino emperador desplazándose sobre su estómago dejando sus huellas en la nieve.
Pingüino emperador desplazándose sobre su estómago dejando sus huellas en la nieve.

Otra ave que logramos avistar es el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus). La he visto sobrevolando la embarcación o descansando sobre el hielo. Su tamaño es bastante notorio, puede medir, con sus alas extendidas, hasta 2 metros. Además, se alimenta de peces, calamares, carroña y huevos de pingüinos. Algunas veces ataca a aves más pequeñas.

Petrel gigante del sur sobrevolando cerca de la embarcación.
Petrel gigante del sur sobrevolando cerca de la embarcación.

Otra de las especies que tenía mucho anhelo de ver era la foca leopardo (Hydrurga leptonyx). Solo la pude apreciar en una ocasión y fue un avistamiento muy rápido: se subió sobre un bloque de hielo, estuvo moviendo su cabeza y su cola y volvió a entrar al agua. Esta foca puede llegar a medir entre tres y cuatro metros y a pesar entre 300 y 500 kilogramos, es solitaria y agresiva, se alimenta de calamares, peces, carroña, caza a pingüinos y a las crías de otras focas.

Foca leopardo descansando sobre el hielo.
Foca leopardo descansando sobre el hielo.

>> Siga aquí la aventura.


* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *