Entre 2023 y 2025, el cacao protagonizó una escalada de precios sin precedentes: La tonelada pasó de costar USD $2.000 a USD $14.000 en el 2024. Grandes compañías de chocolates vieron con desespero la caída en su rentabilidad. Algunas subieron sus precios. Otras encogieron sus productos y muchas más reformularon sus recetas para reducir al mínimo el cacao agregado a sus productos y sustituirlo por ingredientes más baratos y azucarados.
Todo por culpa del cambio climático global, que además de mayores temperaturas, ha traído enfermedades para los cultivos y sequía, una condición que algunas variedades de cacao resisten mejor que otras. Investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana buscan entender las razones de esta tolerancia, desde la fisiología hasta la genética de estas plantas.
“Las sequías prolongadas generan estrés hídrico en las plantas, reduciendo su capacidad para absorber agua y nutrientes. Esto afecta el crecimiento de los árboles, disminuye la floración y limita el desarrollo de los frutos”, explica Rodrigo Centeno, técnico de Fedecacao. Por ejemplo, en Costa de Marfil, el mayor exportador de cacao del mundo, la productividad se redujo un 25% durante 2024 a causa de esta sequía.

Este año, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) de Colombia advirtió que el fenómeno de El Niño llegó de forma anormalmente temprana y que sus efectos serán severos durante la segunda mitad del año. Esta condición pone en jaque a las 65.000 familias cacaoteras de Colombia, el décimo productor de este producto a nivel mundial según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
En este contexto, —que según estimaciones de cambio climático será cada vez más frecuente — para el 2050 se puede perder hasta un 20% del área apta para el cultivo de cacao en tierras bajas de Colombia por falta de idoneidad climática, según estimaciones de Agrosavia . Por eso, investigadores del grupo de investigación de Biología de Plantas y Sistemas Productivos de la Javeriana se embarcó en la tarea de comprender las formas en las que dos variedades comerciales de cacao se enfrentan a la sequía desde su fisiología y su ARN.
La búsqueda detrás de la resistencia a la sequía
En un estudio publicado en la revista Frontiers in Plant Science en el 2026, la investigadora de la Facultad de Ciencias de la Javeriana, Mayra Osorio, dio a conocer los últimos resultados de su tesis doctoral, acompañada por dos investigadores javerianos: la experta en fisiología vegetal, Loyla Rodríguez, y el doctor en Bioquímica y Biología Molecular, Wilson Terán. En este reveló cómo dos variedades de una misma especie, el cacao (Theobroma cacao), tienen respuestas fisiológicas y genéticas totalmente distintas —pero igualmente efectivas— ante un estrés tan grave como la sequía prolongada.
La fisiología se acerca al estudio de la vida a través de la interacción de todas las partes que componen a un organismo, desde los organelos celulares, hasta los sistemas complejos. Mapea las reacciones químicas, sus productos y el lugar donde suceden, entre otras cosas. Todo aquello funciona siguiendo un preciso manual de instrucciones: la genética. Así, la genética es la partitura y la fisiología, la orquesta que la interpreta. En el caso de esta investigación, el interés no fue ver cada componente por separado, sino analizar qué genes se encienden y se apagan cuando la planta es sometida a la sequía prolongada, y cómo se refleja esto en los procesos fisiológicos, el crecimiento y la productividad de los cultivos.
Para hacerlo, los investigadores llevaron a cabo un experimento en una finca en Pacho, Cundinamarca. Allí sometieron a dos variedades comerciales de cacao —seleccionadas por su capacidad de resistir a la sequía, examinada en un estudio previo— a un periodo de 52 días sin agua, punto en el que se alcanzó el estrés máximo de la planta antes de producirse un daño irreversible, según la investigación. Estas plantas se encontraban en etapa de establecimiento, es decir, el momento en el que las plantas jóvenes son llevadas a cultivo en campo abierto.

Durante ese periodo de tiempo, Osorio se dedicó a medir variables fisiológicas, algunas asociadas a la fotosíntesis —proceso que permite a las plantas convertir la energía solar en alimento —, y otras relacionadas con la cantidad de agua en los tejidos de la planta.
Pasados los 52 días, el equipo de investigación inició la fase de evaluación genética del estudio. Para ello, se recogieron hojas de las plantas de cacao y se analizó el cambio en la actividad de los genes, como respuesta al estrés hídrico, a través del ARN, molécula encargada de leer las instrucciones genéticas del ADN y ponerlas en acción.
“Analizar el ARN fue como tomar una fotografía de lo que ocurría detrás de la respuesta fisiológica. Nos permitió identificar qué genes estaban más activos y cuáles menos durante la sequía. A esto se le conoce como análisis de expresión génica diferencial del transcriptoma”, explica Terán. El transcriptoma es el conjunto completo de moléculas de ARN que se expresan en una condición específica, como la falta de agua.
“El ARN es una molécula muy frágil, así que hay que mantener su integridad desde la recolección de la hoja (órgano del que se tomó el ARN) hasta el laboratorio, donde se extrae”, comenta Terán.
Para que el ARN se mantuviera intacto, Osorio cargó un tanque de nitrógeno de 30 litros, junto a otros equipos aparatosos, en una motocicleta que descendió por una empinada montaña, hasta el invernadero. Al llegar, inició una carrera contra el tiempo: cortaba las hojas, las empacaba en bolsas identificadas y las introducía de inmediato en nitrógeno líquido que las enfriaba antes de que cualquier cambio alterara el ARN y las mediciones.
Una vez extraído y secuenciado el ARN, Osorio pasó seis meses como pasante en el el Instituto de Bioinformática y Laboratorio de Biología Molecular Europeo (EMBL-EBI), ubicado en Cambridge, Inglaterra. Allí, rodeada de expertos en biología computacional, logró analizar la expresión de 24.561 genes, desentrañando rutas metabólicas y redes regulatorias completas asociadas a la tolerancia a la sequía.
Ahí reside la particularidad de un estudio como este, que no solo se preocupa por evaluar si una planta es o no capaz de soportar el estrés hídrico, sino que también le interesa saber cómo lo logra, desde sus partes, hasta el código que las hace funcionar.
Dos caminos para resistir la sequía
Después de la odisea fisiológica y transcriptómica del cacao, los investigadores descubrieron que, si bien las dos variedades estudiadas pertenecían a la misma especie y eran resistentes a la sequía, las formas de llegar a ella eran muy distintas.
Sus estrategias les recordaban, en parte, a los estudiantes con los que trataban a diario en su aula de clase. Por un lado, la variedad A —cuyo nombre real es TSH565— era como aquel estudiante que no toma apuntes excesivos, ni trasnocha, ni se altera, sino que gasta la energía suficiente y justa para sacar 5 en trabajos y parciales, o, en este caso, sobrevivir a la falta de agua. En términos de resistencia, este clon mantuvo su crecimiento y fotosíntesis mediante una regulación genética eficiente que conserva el agua, optimiza su uso y protege sus tejidos del daño.
Por otro lado, la variedad B —llamado EET8— despliega toda una baraja de estrategias para que, por probabilidad, alguna de las cartas le sirva para pasar la materia. Es ese chico que llora antes de cada parcial, después de pasar noches en vela estudiando sus apuntes, meticulosamente tomados, y que, por supuesto, saca 5 también. Responde a la sequía con una activación masiva de mecanismos defensivos y de reparación, pero pierde mucha agua, reduce su crecimiento y utiliza estrategias menos eficientes energéticamente.
Según los investigadores, aunque una variedad pueda resultar más eficiente que otra bajo determinadas condiciones, el objetivo no es establecer una jerarquía entre sus mecanismos de respuesta, sino comprender y valorar su diversidad. De cara a una agricultura resiliente frente al cambio climático, contar con variedades que desplieguen distintas estrategias de afrontamiento resulta una ventaja: los efectos de la sequía varían según el contexto, y una respuesta que fracasa en ciertas condiciones puede ser altamente efectiva en otras.
En un país donde la economía del cacao sostiene a decenas de miles de familias, estudios como el de Osorio, Terán y Rodríguez ofrecen una guía para la toma de decisiones alrededor de las características deseables en este cultivo, para que cuando lleguen épocas de “vacas flacas”, el agro pueda transitar la situación con el menor daño posible.



