De colegiales y poder en las élites de la Colonia

De colegiales y poder en las élites de la Colonia

Por: Sania Salazar Gómez // Fotografía: Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J. - Archivo Universidad del Rosario

Una investigación histórica sobre colegiales en la época de la Colonia muestra el pulso por el poder social.

Mientras hacía su tesis doctoral en España, la historiadora Juana María Marín Leoz empezó a sospechar algún tipo de poder que determinaba dónde estudiaban los jóvenes santafereños a finales del siglo XVIII. Profesora hoy del Departamento de Historia de la Pontificia Universidad Javeriana, su sospecha se convirtió en una investigación histórica en la que descubrió detalles sobre los pulsos de poder social durante la Colonia.

La tesis era sobre Pedro Mendinueta y Múzquiz, virrey de la Nueva Granada (1797- 1803). La profesora intuyó que en esa época los descendientes de los conquistadores, a los que generalmente se les llamaba beneméritos, estudiaban en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (actualmente más conocido como Universidad del Rosario), mientras que los descendientes de los españoles que trabajaban para las instituciones, lo que hoy conocemos como funcionarios, lo hacían en el Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé de Santafé (hoy Colegio Mayor de San Bartolomé), manejado por los jesuitas. Pero ¿por qué?

La investigación corroboró la sospecha y mostró un elemento más allá del lugar común que indicaba que se trataba de dos bandos aparentemente contrarios: los criollos y los peninsulares. Encontró que los enfrentamientos se daban entre diferentes facciones de las élites. Para la investigadora, lo interesante es que cada uno de estos grupos se sentía, en alguna medida, menos que el otro. “Son pares, pero construyen unas diferencias entre ellos para tener prerrogativas y premios frente a la Corona, que al final es la que los premia y los utiliza en su beneficio”, explica.

Era la competencia de dos colegios por demostrar cuál formaba la verdadera élite de la época, a los poderosos.

“El proyecto pasaba por estudiar quiénes eran los colegiales de San Bartolomé y cuál era su proceso de selección, tomando como eje vertebral la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767”, continúa la profesora Marín. “Se fue juntando todo, la posibilidad de consultar parte del Archivo Histórico Javeriano, la pregunta que tenía desde mi investigación doctoral y una que surgió por el camino, y era qué había pasado en el Colegio San Bartolomé después de la expulsión de los jesuitas, porque siguió abierto, lo que no pasó con la Universidad Javeriana, clausurada ese año”.

 

En la Santafé de Bogotá de finales del siglo XVIII, dos colegios de prestigio siguen caminos distintos luego de la expulsión de la Compañía de Jesús.

 

Cuando Marín se planteó el objetivo de la investigación, el archivo del Colegio San Bartolomé estaba cerrado al público, pero en el Archivo Histórico Javeriano encontró parte del material: 110 microfilmes con aproximadamente 1500 folios.

La investigación analizó los interrogatorios a los que se debían someter quienes querían entrar a estos colegios, encontrando que debían demostrar la limpieza de su sangre, que eran hijos de matrimonios legítimos, que no habían desempeñado oficios mecánicos, ni habían sido sentenciados por la Inquisición ni por ningún otro tribunal, y que, por ende, eran distintos a los que sí tenían algunas de estas condiciones.

La historiadora encontró que la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 coincidió con el aumento de la exigencia y de las preguntas de los interrogatorios en el Colegio San Bartolomé, pues los encargados de dirigir la nueva fase del colegio querían demostrar que sus colegiales eran igual de nobles que los rosaristas. Concluyó que los cambios tenían más que ver con una confrontación con el Colegio del Rosario, lo que, de nuevo, confirma una pugna entre diferentes sectores de la élite capitalina.

Marín explicó que el hecho de que la Compañía de Jesús educara a los hijos y nietos de quienes manejaban las instituciones de Gobierno, es decir, a quienes iban a heredar esos cargos, generó una relación de poder. “Cuando se expulsa a la Compañía, por supuesto que es un trauma, pero quienes van a dirigir el Colegio de San Bartolomé, aunque no son jesuitas, son formados por ellos”, lo que, según la profesora, evitó que hubiera grandes cambios, a pesar de que ya no estuvieran los jesuitas. Eso explica que el colegio siguiera funcionando sin mayores traumatismos.

“Investigaciones históricas como esta rompen mitos y ayudan a esclarecer lugares comunes, la identidad como país, así como saber de dónde venimos”, concluye Marín.

 

Para leer más: Marín Leoz, J. M. Institucionalidad y poder. La expulsión de los jesuitas y los colegiales reales del Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé, Santafé de Bogotá. Revista de Indias, 2018, 78(273), 459-503. Recuperado de https://revistadeindias.revistas.csic.es/index.php/revistadeindias/article/view/1077


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: La familia bartolina. Los colegiales del Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé, 1742-1792
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Juana María Marín Leoz
COINVESTIGADORES: Erika Parrado Pardo, Andrés Farfán Castillo y Jorge Mestre Acuña
Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Historia Grupo Cultura, Conocimiento y Sociedad
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2015

 

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