José María Velasco: el joven que investiga los usos medicinales de plantas endémicas

José María Velasco: el joven que investiga los usos medicinales de plantas endémicas

Por: Juan Pablo Correa Páez // Fotografía: Ricardo Pinzón Hidalgo

El gran huerto que esconde una casa en San Juan de Pasto y los libros de botánica de su abuelo formaron a José María Velasco. Hoy descubre los beneficios de las plantas para mejorar la calidad de vida de pacientes con cáncer y otras enfermedades crónicas.

A los diez años José María Velasco España se aventuró a seguir los pasos de su abuelo: cultivar plantas. Por eso fue a una plaza, compró un cartucho por 2500 pesos y lo sembró en el huerto de su casa. Unos días después notó que su ‘plantica’ tenía un brote, era como un tubérculo alargado, un rizoma. Animado por su curiosidad, cortó las plantas en partes más pequeñas y las separó. Quería observar qué pasaría. Ese fue su primer laboratorio científico.

En el Valle de Atriz, donde se asienta la capital de Nariño, creció José María con su madre, Natalia España, en la casa de sus abuelos, Nabor España y Stella Paz. Con Nabor sembraba y cultivaba plantas y con Stella hacía pan. Cuando no estaba leyendo los libros de botánica y medicina de su abuelo o jugando con el microscopio que le regaló su madre, era fácil encontrarlo en la cocina experimentando con sabores y texturas, o en el jardín con las plantas: le gustaba abrirlas, ver qué tenían adentro, reproducirlas y hacer injertos. José María vivió entre aromáticas como el cedrón y la manzanilla, florales como el cartucho y las rosas, frutales como el níspero, las brevas, las moras y el motilón, y nueces como el nogal.

“En casa siempre hemos consumido muchas plantas, en especial aromáticas, porque mi bisabuelo era odontólogo y trataba a sus pacientes con medicina tradicional”, dice este investigador de 29 años.

Después de graduarse del colegio, a los 16 años, migró a Bogotá para estudiar gastronomía. Quería aprender sobre los diferentes procesos que ocurrían en el cuerpo humano al consumir gran variedad de alimentos, pero se encontró con otro tipo de enseñanzas: eran principalmente clases sobre producción y preparación de alimentos. Por eso terminó el tecnólogo en Gastronomía y de inmediato se inscribió en el programa de Nutrición y Dietética de la Pontificia Universidad Javeriana.

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En la Universidad hizo parte del grupo de investigación Bioquímica Experimental y Computacional. Ahí aprendió sobre el cultivo y el mantenimiento celular. Además, allí realizó su tesis y se desempeñó como joven investigador.

La profesora y bioquímica Sonia Luz Albarracín fue quien le abrió las puertas del laboratorio para realizar su proyecto de grado, que consistió en una investigación celular para observar si los estímulos de la uva caimarona y el corozo, cuando se incluyen en la dieta, pueden tener un efecto protector en enfermedades crónicas, como alzhéimer, párkinson y esclerosis lateral amiotrófica.

“El resultado general de mi proyecto de grado fue aprender a investigar. Es una sensación inexplicable y la satisfacción es inmensa, pero también es frustrante. La realidad del laboratorio es que las cosas nunca salen como se espera. Es muy difícil trabajar porque los seres vivos siempre hacen lo que quieren”, dice el hoy estudiante de la Maestría en Epidemiología Clínica de la Javeriana.

Después de graduarse de la carrera, se desempeñó como nutricionista educativo en el área de salud pública en la Subred de Suroccidente de la Secretaría de Salud de Bogotá y con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en temas de trastornos de alimentación y educación nutricional en niños y jóvenes.

Sin embargo, como si fuera un llamado ancestral, en 2019 regresó a los laboratorios de la Javeriana a investigar con plantas como joven investigador e innovador del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. El objetivo era encontrar, en extractos de gulupa, barba del viejo y pimienta negra, efectos protectores en las células no cancerígenas del cerebro que se ven afectadas por la quimioterapia y para la inflamación producida en pacientes con cáncer de mama. Aunque la investigación ya finalizó, aún está en proceso de publicación, por lo que no se pueden revelar resultados.

José María ahora habla de las plantas con la emoción de un niño y la experticia de un cien- tífico. Pero, sobre todo, recuerda los libros de su abuelo, la milanesa de pollo y la poleada de choclo que le hacía su abuela, y el gran huerto que esconde una casa en el centro de Pasto, en donde creció un científico que hoy descubre los beneficios de las plantas para ofrecer una mejor calidad de vida a personas que viven con cáncer y otras enfermedades crónicas.

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