En busca de las voces de la niñez en situación de desplazamiento

En busca de las voces de la niñez en situación de desplazamiento

Por: Mario Morales // Fotografía: Juan Fernando Ospina

La situación de desplazamiento forzado, como consecuencia del conflicto armado en Colombia, es una de las dos crisis humanitarias más graves del planeta. En el último lustro, investigadores del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana han analizado los efectos de ese drama en mujeres desplazadas y luego en niños y sus familias, así como los traumas y rupturas que sufren y la forma como reconfiguran sus proyectos de vida en sus nuevos espacios.

De acuerdo con Unicef, cerca de la mitad de la población desplazada en Colombia está conformada por niños y niñas, y según Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento –Codhes– ya hay más de tres millones ochocientos mil colombianos en situación de desplazamiento forzado que sienten vulnerados, de forma grave, por lo menos quince de sus derechos. La mayoría de la población desplazada (cerca del 70%) está conformada por mujeres y niñas. Y las cifras siguen en aumento. En el primer semestre de 2008, por causa del conflicto armado, el desplazamiento forzado fue superior en un 41% al del mismo período del año pasado.

El desplazamiento forzado da lugar, por una parte, a múltiples rupturas en los niños y niñas; por otra, origina mecanismos de reacomodamiento, tanto de los menores como de sus familias que se vieron en la obligación de desplazarse.

El análisis y la descripción de las rupturas y la identificación de esos mecanismos fueron los puntos de partida que tuvieron las investigadoras del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana, la abogada Carmen Millán y la antropóloga María Fernanda Sañudo, con la dirección del filósofo Guillermo Hoyos en el proyecto Procesos de reconstrucción vital de población infantil desplazada por la violencia en Bogotá y Cali, realizado en el 2005.

La llegada a nuevos entornos implica para las víctimas destrucción y desarraigo. La reconstrucción con base en la reformulación de su sistema cultural y la negociación con los nuevos entornos, esto es, la construcción de una nueva realidad, permite continuar en el mundo de la vida: el proceso implica repensar roles, tradiciones, metas, afectos, etc.

Esa reconstrucción vital, o resiliencia, puede entenderse como un proceso desde el cual se pretende la adaptación de seres humanos expuestos a situaciones extremas como pobreza, violencia, desarraigo. Es pues la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse, fortalecerse o ser formado(a) por experiencias de adversidad.
Para identificar esos procesos en la población infantil y juvenil que hizo parte del estudio, se recurrió a propuestas artísticas y talleres creativos, con los cuales se hizo posible la comunicación de una forma alternativa a la de la entrevista. Desde el comienzo se asumió el poder de la pintura y el manejo de gráficos, imágenes y recortes para establecer procesos de comunicación con estos niños y niñas en situación de estrés postraumático. Gracias a la combinación de estas herramientas de comunicación, emergieron y se reconstruyeron sus historias de vida.

Los niños y las niñas, por ejemplo, ven cómo sus referentes de identidad, los lazos afectivos, las nociones de espacio, los patrones tradicionales de comportamiento, así como la pérdida de los mínimos de bienestar social y económico irrumpen en sus vidas. La ruptura de redes sociales locales, la vereda, el caserío o la finca, y el contacto con nuevos sujetos sociales con diferentes costumbres y prácticas culturales tiene incidencia sobre esos procesos de construcción y reconstrucción de los proyectos de vida tanto de estos menores como de lo que quede de sus familias.

Como el desplazamiento impone la configuración de nuevas formas de familia, es necesario considerar la ética del parentesco en aquellas familias en las que hay una nueva “mamá”, ya sea porque es diferente a la madre biológica, ya sea por el cambio de roles. Esta es una mujer encargada de conseguir alimentación, techo, educación y salud para un grupo familiar conformado por mujeres, adultos mayores y niñas y niños, en el lugar de recepción. Muchas de las funciones que ahora debe desempeñar son totalmente nuevas para ella. Esta cabeza de familia debe desplegar una nueva forma de actuar y otras formas de relacionarse, de dar y recibir afecto. Para los menores y los jóvenes los grupos de relación primarios, familia y amigos pueden ser reemplazados eventualmente por otros, como las pandillas.

Los orígenes

En 2003, ese mismo grupo de investigadores, con el apoyo de Colciencias y el Servicio Alemán de Intercambio Académico –DAAD–, comenzó a investigar sobre la emergencia de nuevas subjetividades y la reconstrucción de trayectorias vitales que emprenden las mujeres en situación de desplazamiento.

El proyecto Ética en nuestras propias palabras permitió al equipo entrevistar a mujeres de Medellín, Neiva, Cali y Bogotá que se reconocen ciudadanas en situación de desplazamiento, cabeza de hogar, mujeres que buscan agenciar todos los recursos que ofrecen el Estado, las ONG y entidades de cooperación, partiendo de la conciencia de tener derecho a esos recursos y servicios. Al emplear el concepto de agencia, el proyecto ofrece una perspectiva ajena a la victimización de las mujeres desplazadas y abre la posibilidad de comprender que el Estado debe responderle a estas nuevas ciudadanas. Los resultados de esta investigación están en proceso de publicación en la Biblioteca virtual del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales –Clacso. En esa etapa el trabajo de campo fue coordinado por la antropóloga Patricia Tovar y las entrevistas las llevaron a cabo Ofelia Restrepo, Ana Catalina Ariza, Andrés Salcedo, María Fernanda Sañudo y Stella Restrepo.

El proyecto de procesos de reconstrucción vital le dio paso a un tercero: Derechos económicos, sociales y culturales –DESC– en Colombia. Indicadores alternativos para la evaluación del impacto de proyectos en educación, salud y alimentación para población infantil y juvenil en situación de desplazamiento, que se llevó a cabo gracias al apoyo de la Agencia de Cooperación Española y a la Pontificia Universidad Javeriana. Este trabajo problematizó la inconsistencia en el tratamiento de la edad por parte de los organismos nacionales y extranjeros y de la propia legislación: no hay consenso en cuanto al momento, es decir, la edad en la cual termina la infancia y comienza la juventud. Las definiciones acerca de niñez y juventud ofrecen áreas grises con las obvias consecuencias a la hora de exigir derechos y hacer cumplir deberes. El proyecto presentó una guía que se encuentra en proceso de validación entre las organizaciones de cooperación internacional.

El trabajo fue adelantado por las investigadoras españolas Carmen Borja y Paloma García, además de Amelia Fernández, Roberto Vidal y María Claudia Duque, al lado del equipo Pensar ya mencionado.

Hacia nuevas investigaciones e intervenciones

Según las investigaciones reseñadas, es perentoria la generación de mecanismos de inclusión y reconocimiento de la diversidad (género, grupos etarios), que van desde la incorporación a los procesos sociales y educativos hasta las dinámicas intrafamiliares. Una situación límite como el desplazamiento forzado puede generar nuevas subjetividades, algunas de ellas reconstruidas desde la violencia, lo que hace que se extienda el ciclo de destrucción. Pero también en los procesos de búsqueda de recursos, participación y exigencias políticas, aparece una nueva ciudadanía que exige el cumplimiento de los compromisos del Estado.

Así mismo, se pone de relieve que toda una generación de colombianos y colombianas ha sido sometida a diversas formas de violencia: no intervenir, no tomar acción, supone mantener el círculo vicioso de la violencia.

Es deber del Estado garantizar los derechos de la infancia de esta generación cuya voz también debe entrar en los procesos de verdad, justicia y reparación. El tipo de rupturas y los procesos de resiliencia hacen imperativa no sólo la reparación material sino la reparación simbólica, teniendo en cuenta que quienes han sido forzados al desplazamiento tienen diversas necesidades y distintos proyectos de vida, que no constituyen un todo homogéneo de víctimas, sino subjetividades en formación, que se han rearticulado y transformado, y que tendrán vocación de futuro si se abre la posibilidad de reconstrucción del tejido social.


Para saber más:
+Rodríguez Arenas, María Stella. Resiliencia: otra manera de ver la adversidad. Alternativa pedagógica para la atención de niños y niñas en situación de desplazamiento forzado. Bogotá: Facultad de Teología, Pontificia Universidad Javeriana, 2004.+Unicef para niños y niñas:
https://www.unicef.org.co/kids/index.html
 

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