La movilidad social en la capital: una Bogotá polarizada por los estratos

La movilidad social en la capital: una Bogotá polarizada por los estratos

Por: Maryluz Vallejo y Mario Morales // Fotografía:

A partir de los noventa se empezó a hablar de estratos, creados por el Estado para fijar las tarifas y subsidiar el pago de los servicios públicos a los más pobres. Pero esta nueva clasificación social terminó por dividir a los habitantes no sólo geográficamente sino también en la forma como los bogotanos se relacionan, teniendo a los estratos como referencia de las personas con quienes se mezclan y los lugares adecuados para hacerlo. En cuanto a la movilidad social, es preocupante ver cómo se reproducen las condiciones de inequidad de una generación a otra. Así se desprende una investigación sobre movilidad social en Bogotá.

 

Consuelo Uribe, Socorro Vásquez y Camila Pardo (socióloga, antropóloga y economista y politóloga, respectivamente) del grupo de investigación Política Social y Desarrollo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Javeriana se propusieron indagar sobre los efectos que ha tenido la política de estratificación, en la forma como se mueven de una clase social a otra los habitantes de Bogotá.
A diferencia de los tradicionales estudios sobre pobreza que se enfocan en las cifras de encuestas de calidad de vida, ingresos y concentración de los mismos, la investigación “Efectos de la estratificación social sobre la movilidad social en Bogotá” combina el análisis estadístico con el resultado de entrevistas e historias de vida, para identificar representaciones sociales, imaginarios y percepciones de los capitalinos respecto a su estrato social.
Esa metodología les permitió confirmar fenómenos como: que la mayor parte de propietarios de vivienda está en los tres estratos superiores; que ha disminuido sensiblemente, según los entrevistados, la ocupación de ama de casa; que, para la fecha de realización del estudio, el estrato que más utilizaba Transmilenio era el 5, o que la mitad de los habitantes de la ciudad viene de afuera y la otra mitad es oriunda de la capital.
Finalizada la primera fase del estudio, iniciada en el año 2005, las autoras identificaron patrones de movilidad en ocupaciones, educación y espacio de acuerdo con la escala social, así como en rutas o proyectos de vida. Concluyeron que la inequidad entre los bogotanos —como ocurre también entre los colombianos— está influida por la posición que tenían los padres.
La posibilidad de cambiar la clase en la que se nació —definida desde un punto de vista ocupacional— no se ajusta a los principios de equidad y justicia, sino que está determinada por el nivel educativo y la actividad de la familia a la que se pertenece. De esa manera, por un lado, la inequidad pasa de padres a hijos, y por otro, es inusual que hijos de profesionales obtengan un grado académico inferior al de sus padres, o que los hijos de empleados domésticos alcancen posiciones directivas.

Mejor no subir de estrato

Una de las conclusiones centrales del estudio es que la estratificación ha contribuido a la segregación o separación espacial de la población. Esto ha llevado a que los pobres vivan con pobres y los ricos con ricos. Así se hace difícil que una persona de bajos ingresos viva en el mismo barrio que personas de altos ingresos. Mirando el mapa de Bogotá por estratos se hace evidente que estamos frente a una ciudad segregada, separada.

Paradójicamente, la investigación demuestra que los bogotanos prefieren permanecer en su mismo estrato, aún ante la eventualidad de ganarse una lotería. Las razones que aducen son los costos de los servicios públicos y la eventual pérdida de los subsidios. Indican que no sólo los costos de los servicios públicos se incrementarían si suben de estrato, también que el valor del metro cuadrado es directamente proporcional al estrato. En este sentido, la política de estratificación incide negativamente en la movilidad social.

En el último decenio los estratos que más han crecido en Bogotá son el 1 y el 6, así como la zona sin estratificar (barrios de invasión). Esta polarización del crecimiento de los estratos extremos puede llevar a desequilibrar el esquema de subsidios de las empresas de servicios públicos, pues la cantidad de residentes de estratos subsidiados se ha incrementado.

El esquema de la estratificación de la ciudad, desde el comienzo estuvo desequilibrado, ya que los tres primeros estratos acogen al 84% de la población de Bogotá y los dos estratos superiores, sólo al 6%. Sin embargo, el subsidio a las tarifas ha contribuido a que los bogotanos más pobres tengan acceso a agua potable, electricidad y servicios de alcantarillado y aseo, lo cual ha contribuido a mejorar su calidad de vida.

En el estrato 1 se concentra una mayor proporción de propietarios que en los estratos 2 y 3, donde se recurre más al alquiler. Hay menor proporción de residentes con vivienda propia ya pagada en los tres primeros estratos que en los tres superiores, un indicador del menor acceso al crédito de los más pobres. También se determinó que, mientras los más pobres prefieren vivir en casas, los más ricos optan por los apartamentos

Valga añadir que los desplazados por la violencia equivalen a un 5% de quienes migraron a la ciudad y se ubican en los tres primeros estratos; y en los estratos 5 y 6 están los que llegaron a vivir a Bogotá por motivos de estudio o de ocupación. Más de la mitad de la muestra analizada (el 52%) es raizal y el 48% es migrante, cifras que no asombran considerando el perfil de la metrópoli receptora.
Estilos de vida según el estrato

La caracterización por estratos ya forma parte del imaginario colectivo sobre la división social en Bogotá. De una categoría asignada a las residencias por el Departamento de Planeación Distrital, los estratos tienen hoy influencia en instituciones educativas, centros comerciales y hasta parques. A ellos se atribuyen también formas de hablar, de vestirse y de comportarse.

En términos de juicios y percepciones sobre la igualdad de oportunidades, el ideal democrático es expresado mayoritariamente por los de estratos superiores, pero no por los de estratos inferiores, quienes ven oportunidades muy distintas para ellos que para los de estratos superiores. En categorías morales como la honestidad y la solidaridad, los residentes de estratos inferiores se las atribuyen a ellos mismos y los defectos a los de estratos superiores. Por ejemplo, en un 85% los estratos inferiores consideran como aprovechados a los de estratos superiores.

De forma notoria las rutas de vida están definidas por la ocupación de los padres. Si un padre de familia es profesional hay una mayor probabilidad de que sus hijos lo sean: en el conjunto de la ciudad se observa que sólo el 10% de los padres eran profesionales, contra 15% de la generación actual. Pero visto por estratos, hay poco ascenso entre los residentes de estratos 1 al 3, avances en los estratos 4 y 5 y reproducción de las condiciones de alta profesionalización en el estrato 6. Los profesionales han ganado terreno en los tres estratos superiores, con particular importancia en el estrato 4.

El cambio más evidente entre los entrevistados y sus padres varones es que pasaron de agricultores o trabajadores del campo a actividades de servicio (ventas, empleados en restaurantes, etc.), trabajadores manuales y desempleados. La ocupación urbana que más ha disminuido a lo largo de los últimos 20 años es la de trabajadores manuales, quienes se han movido mayormente hacia actividades de servicio.

Aunque hay desempleados en todos los estratos, la incidencia de desempleo es mucho mayor en los dos primeros estratos. El 71% de los bogotanos ocupados no son empleados con contrato de trabajo y la mayor informalidad laboral se presenta en los tres primeros estratos.

La afiliación a una entidad aseguradora en salud ya no depende del estrato socioeconómico y de la formalidad laboral del trabajador. Esta es muy superior a la de pensiones y riesgos profesionales; sólo queda por fuera una proporción menor del 15% en los estratos inferiores.

El hallazgo más notorio en cuanto a movilidad ocupacional es que mientras solamente el 19% de las mujeres de la actual generación reconocen estar dedicadas al hogar, esta proporción era del 61% para sus madres. Esta cifra es significativamente menor que para el conjunto del país, cuando un 43% de mujeres colombianas se declaró ama de casa en 2003.

Movilidad espacial

Para finalizar, las investigadoras también exploraron los medios de transporte para movilizarse hacia el lugar de trabajo o hacia el colegio. Concluyeron que, para ir al trabajo, en los estratos 1, 2 y 3 están quienes tardan más tiempo en desplazarse.

Los más pobres se desplazan mayoritariamente en buseta o colectivo y los más ricos, en automóvil particular. Pero para ir al plantel educativo, son los niños de los estratos 4 y 5 los que se toman más tiempo, a menudo en bus escolar, mientras que los niños de los estratos inferiores se toman menos tiempo y lo hacen a pie.

Como hallazgo sorpresivo se puede señalar que en el estrato 5 se concentra la mayor utilización del sistema Transmilenio, mientras los estratos bajos prefieren el bus o el colectivo. En último lugar están la moto y la bicicleta, con sólo un 5% de los entrevistados, “a pesar de los esfuerzos de las administraciones distritales para construir ciclorrutas y fomentar su uso”, según las investigadoras.

El proceso de investigación

Este estudio de movilidad se realizó a partir de la observación de la llegada de migrantes a Bogotá, de los movimientos por mudanzas y los desplazamientos por la ciudad en relación con los lugares de residencia, trabajo y estudio. Así mismo, se observó la movilidad en relación con la ocupación de padres y de hijos.

Las fuentes de información del estudio fueron el Departamento Administrativo de Planeación Distrital (DAPD), las Comisiones de Regulación de los Servicios Públicos Domiciliarios de las mismas empresas, la Encuesta de Capacidad de Pago del CID y la Encuesta de Calidad de Vida del DANE.

Además de estas fuentes, en la primera fase (primer semestre de 2005) se aplicaron 231 cuestionarios a hombres y mujeres mayores de 18 años de una muestra equivalente a la distribución de las manzanas estratificadas en Bogotá. Se realizaron doce historias de vida (dos por cada estrato); y cuatro historias adicionales en los estratos 1, 3, 4 y 5.


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