“La ciencia no fracasa”

“La ciencia no fracasa”

El talento y el saber son el verdadero poder. Esta es una de las premisas universales de la academia. ¿Y poder para qué? Para cambiar entornos, impactar positivamente la vida de las personas, trascender. Hoy, la universidad ya no solo es un espacio de enseñanza y aprendizaje como lo fue en sus estertores—, sino también de evolución. Se iza la bandera de la innovación como estandarte del progreso, pero ésta no ocurre de la noche a la mañana, no necesariamente debe ser radical (hay innovaciones graduales y con impacto incremental) y siempre supone evaluar sus consecuencias.  

Desde el 2005, se empezó a gestar el ecosistema innovador de la Universidad Javeriana, y en el 2012 se constituyó formalmente la Dirección de Innovación, que creó y puso en marcha el programa De la Academia al Mercado, un modelo de transferencia del conocimiento que hoy tiene múltiples frutos y es referencia nacional. En él se identifica un resultado de investigación promisorio, se evalúa, se valida, se protege con alguna modalidad de propiedad intelectual y se estructura en un producto o servicio para llevarlo al mercado. Aquí, algunas visiones de su directora sobre este proceso.

Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá).
Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá)

PESQUISA: ¿Por qué para las universidades ha sido difícil vincular la investigación con la sociedad?  

Fanny Almario: Puede haber un grado de dificultad pero también de invisibilidad. En las universidades primero se dio la enseñanza hasta madurarse y después vino la investigación, que ha tenido impacto social. El proceso de apropiación y transferencia de conocimiento no es tan sistemático ni inmediato porque las universidades están hechas para generarlo, no necesariamente comercializarloy para innovar se requieren unas competencias que ahora estamos incentivando y fortaleciendo, como la creatividad, el liderazgo, la resiliencia y el trabajo en equipo. Entre empresa y universidad hay que trabajar colaborativamente 

PESQUISA: ¿Qué hace falta para que se consolide ese engranaje? 

FA: Debe haber interés, confianza y unidades de interfaz que promuevan estas relaciones. En la década de 1990 surgieron los comités universidad-empresa. Hoy, además de entidades tipo cámaras de comercio o agremiaciones como la ANDIConnect Bogotá Región, que ayudan en ese propósito, también hay compañías que se dedican a identificar oportunidades en los distintos ecosistemas. Pero difícilmente esta construcción colectiva se puede dar si no hay una muy buena investigación de base.  El conocimiento no necesariamente es mediáticopero sí debe ser robusto e ir madurando para que no se agote.   

PESQUISA: ¿Qué mecanismos han empleado para atraer a los académicos a la cultura de la innovación? 

FA: Lo primero que hicimos fue encontrarnos con esos profesores que tenían la inquietud de saber cómo su conocimiento le podría servir a alguien y de qué manera se podría utilizar con un valor diferencial. Algunos tocaron nuestra puerta y otros los buscamos cuando advertimos investigaciones, patentes y tecnologías que podían ser atractivas para el mercado. Ellos fueron nuestros primeros promotores de la innovación y, con su espíritu, aunado a casos de éxitos que hallamos dentro de la universidad, empezamos a animar a otros docentes en esa vía. Después, visitamos cada facultad explicando qué estábamos haciendo desde la Dirección de Innovación, por qué era un gana-gana para todos (comunidad no académica, investigador y universidad) y comenzamos a divulgar, a través de congresos de investigación, asistencia a ruedas de innovación con empresas, actividades de promoción y foros, todo el andamiaje de directrices y reglamentaciones construidas para transferir el conocimiento e impulsar el emprendimiento. Trabajamos muy de la mano con la Dirección de Investigación para evaluar proyectos con potencial innovador y con los Comités de Investigación y Ética, a donde llegan los proyectos en ciernes que a mediano y largo plazo pueden tener procesos de transferencia interesantes.  

PESQUISA: ¿Cómo se incuba la innovación para que sea transversal a toda la academia? 

FA: Creando cultura de innovación y emprendimiento. Ese fue nuestro primer reto y aún continúa siéndolo. Para ello dictamos cursos, talleres y hacemos visitas focalizadas a los grupos de investigación. Desde nuestra dirección, identificamos el conocimiento con potencial de ser transferido y determinamos qué modalidad de propiedad intelectual emplear para protegerlo. Así mismo, estructuramos proyectos universidad-empresa y ayudamos a darle valor a una propuesta para que sea atractiva para el mercado, bien sea para licenciarla, venderla, patentarla o crear una nueva empresa basada en el conocimiento académico conocidas spinoff Adicionalmente, incentivamos dos ideas fundamentales: la primera, que la innovación no solo parte de la investigación, también se da en la docencia y el servicio; la segunda, la importancia de desarrollar la innovación social, es decir, crear metodologías y formas de hacer o trabajar con las comunidades, derivadas de una actividad investigativa, y que resultan en procesos de acción social y transferencia y apropiación de conocimiento con gran impacto comunitario.

PESQUISA: ¿De qué manera la Universidad ha desarrollado la innovación social? 

FA: Por su carácter misional, desde hace muchos años la Javeriana ha ejecutado proyectos centrados en aprovechar el conocimiento generado para impactar positivamente a las comunidades, vinculándolas en ese proceso. Organizaciones internas como Prosofi y Vidas Móviles, junto con las Convocatorias San Francisco Javier son, entre otros, espacios para apropiar socialmente el conocimiento en soluciones específicas. Nuestro siguiente paso será articular muchas unidades javerianas que trabajan en ello construir una directriz especialmente sobre innovación social en la que se definan parámetros y metodologías de intervención y medición del impacto de los proyectos.

PESQUISA: ¿La ciencia fracasa? 

FA: Si fracasar es tener un resultado negativo, eso no es fracaso, porque les permite a  otros investigadores advertir que no deben seguir por esa ruta. La ciencia y la investigación te ofrecen muchocaminos para descubrir algo y encontrar soluciones, pero aún basado en criterios científicos se puede llegar, inesperadamente, a una vía cerrada.

PESQUISA: ¿Qué ha sido lo más difícil en la creación de este ecosistema innovador? 

FA: Lo más complejo  como en cualquier proceso de estos es la articulación y definición de roles, es decir, saber quién está haciendo qué y cómo se pueden unir esfuerzos. Otro desafío ha sido aprender a ser muy dinámicos y versátiles para estar a la altura de lo que sucede afuera. Para que la Universidad se inserte al ecosistema de innovación nacional y regional debe tener una capacidad de respuesta acorde con los tiempos y los espacios, y eso lo hemos ido ajustando en estos años.

PESQUISA: ¿Por qué la Universidad ha sido líder en la transferencia de conocimiento? 

FA: Primero, porque ha tenido directivas no solo rectores y vicerrectores, sino otras unidades como la jurídica y financiera conscientes del rol de la academia para hacer viables soluciones, en lo posible articuladas entre varios actores de la comunidad académicaSegundo, porque la Universidad tiene muy claro que la innovación para ella no solo se mide desde el componente productivo, sino también social y la transformación de realidades de los más vulnerables. Tercero, porque se ha mantenido el apoyo continuamente y hemos sido conscientes de que este no es un proceso mediático. Cuarto, porque hemos estimulado las relaciones y el trabajo interdisciplinario consensuado para lograr que las soluciones sean más compactas y completas. Y quinto, porque hemos entendido las potencialidades del talento humano en casa y gozado de una gran materia prima (conocimiento) para trabajar. Pero en el fondo de todo esto subyace un elemento esencial: el espíritu misional de la Universidad, en el que se tiene muy claro la conciencia sobre el otro y la necesidad de buscar mecanismos para mejorar su vida. Ese compromiso social, que está en el ADN de esta alma máter, ha sido una ventaja para consolidar este ecosistema innovador.

PESQUISA: ¿En qué referentes internacionales se han inspirado? 

FA: Tenemos varios referentes porque hemos identificado y conocido sus modelos de gestión del conocimiento, en buena medida gracias al apoyo de InnpulsaEntre las universidades visitadas están Oxford, Utah, Stanford, Católica de Chile, Tec de Monterrey, Hebraica de Jerusalén y Santiago de Compostella.

Transmilenio, tensión entre cobertura y calidad

Transmilenio, tensión entre cobertura y calidad

“Bogotá, como se cree, no es necesariamente la peor ciudad del mundo en términos de transporte. Cualquiera con cierta población y con algunas zonas de alta densidad tiene problemas de movilidad. La mejor solución es con infraestructura muy costosa, la cual no podemos pagar”, afirma Daniel Jaramillo, que como docente javeriano se ha dedicado a estudiar el sistema de transporte de la ciudad, planteando tecnologías que puedan ser útiles para mejorar el sistema.

Pesquisa Javeriana dialogó con este Ph.D. en telecomunicaciones y magíster en ingeniería electrónica, quien pone sobre la mesa varias opciones para mejorar la movilidad de la ciudad, de la cual resalta que tiene un cuello de botella: su alta densidad poblacional.

Densidad poblacional de ciudades.
Comparativo de densidades poblacionales.

 

Pesquisa Javeriana: Una de las quejas al sistema de transporte público de la ciudad es la calidad del servicio y la congestión que se genera. Usted hizo un estudio para probar técnicas de medición de congestión en Transmilenio. ¿Cuáles son los principales hallazgos de su investigación?

Daniel Jaramillo: Una conclusión directa del estudio que va en sintonía con el espíritu de haber hecho ese esfuerzo es que Transmilenio no es una tecnología desarrollada ni estable, sino que es un gran experimento. Para el año 2000 ninguna ciudad había intentado mover tanta gente a través de un sistema de buses como el plan que tenía Bogotá.

La conclusión más importante es que el sistema está diseñado y planeado sobre muchos supuestos y pocas certezas. Por ejemplo, ¿cómo se mueve una persona dentro del sistema para ir de Soacha a San Victorino? Transmilenio supone que la persona toma un servicio, pero si la persona toma otro y después hace un transbordo, eso no lo sabe el sistema. Esa información es vital para que el sistema funcione mejor. Tampoco evalúa la cantidad de rutas que hay en una sola puerta, en donde pueden encontrar soluciones para reducir la fricción entre pasajeros que aparece cuando llega un bus que no es para quienes están frente a la puerta. Eso mejoraría la calidad del servicio. Hay mucha incertidumbre interna en el sistema que se suma a la falta de infraestructura, lo que impide que este sea estable, confiable y preste mejor servicio.

 

PJ: Lo que usted hizo fue justamente eso, tratar de medir la congestión a través de sistemas que puedan ser utilizados más adelante por el sistema, implementando sus debidas mejoras.

DJ: Exacto. Yo utilicé tres técnicas. La primera: con una computadora, cámaras y un algoritmo hicimos detección y seguimiento de cabezas para tratar de contar las personas y medir la congestión. La segunda: un ‘Sniffer Wi-Fi’ (fisgón en español), que iba pegado en algunas partes de la estación y en el bus para capturar los mensajes Wi-Fi que hay en el aire y estimar el número de personas que hay en los alrededores del lugar. Tercera: es la técnica que utiliza Transmilenio actualmente para hacer algunas de sus mediciones de congestión, a través de un equipo aforos, es decir, personas encargadas de monitorear con lápiz y papel el movimiento de los buses y estimado de personas que se suben en ellos. Nosotros les propusimos hacer grabaciones de voz en vez de escribir, pasamos la voz a texto y el texto a datos, para que la información fuera más precisa y fácil de procesar.

La idea es evaluar qué tan efectivas y escalables son estas técnicas para que en el futuro Transmilenio mida mejor su congestión interna y tome mejores decisiones en su planeación y despacho de buses. En síntesis, el mal funcionamiento no es porque los ingenieros sean malos sino porque la incertidumbre del sistema lo hace malo.

 

En el sistema hay 5.201 buses de SITP, 1.984 Transmilenios, 812 alimentadores y 4.500 provisionales.

 

PJ: Transmilenio ha sido referente para otros países, pero ¿cuál es el verdadero problema del modelo?

DJ: Transmilenio es una paradoja muy rara; es un orgullo de ingeniería por su eficiencia económica, por los bajos costos de infraestructura, pues estamos hablando de una quinta, una décima o una vigésima parte de lo que vale hacer los mismos kilómetros de un metro sobre la cobertura que tiene el sistema. No conozco el primer sistema de transporte en el mundo que mueva tanta gente por tan bajo costo como lo hace Transmilenio, por lo que ha sido copiado en más de 180 ciudades. No obstante, la gente aquí sufre el sistema por su calidad.

 

PJ: ¿Es decir que la tensión aquí está entre la cobertura y la calidad?

DJ: Claro. Si yo doy mucha calidad me gasto todo el dinero en dar un transporte con esa característica y probablemente no doy buena cobertura; si yo doy mucha cobertura probablemente no dé calidad. Es muy difícil dar las dos cosas a la vez. En Medellín hay mucha calidad, pero hay poca cobertura. Entre estas dos, como investigador en transporte, considero que para un país en vía de desarrollo y con altos índices de pobreza es más importante la cobertura que la calidad. Esto no quiere decir que haya que invertir solo en la cobertura. La posibilidad de ampliar Transmilenio, que sería mejorar la cobertura, se pierde si el sistema no se reivindica con la ciudad, y la única forma de hacer eso es invertir también en calidad.

 

PJ: ¿Por qué los buses azules (SITP) causan tanto revuelo en los usuarios? 

DJ: Los buses azules tienen mucha más cobertura que Transmilenio, pero la gente usa mucho más los buses rojos porque está dispuesta a transar su comodidad por su tiempo. Transmilenio, a pesar de las frecuencias o la congestión, en promedio es más rápido que las otras opciones. ¿Por qué los buses azules son tan malos? Hay tres razones: una, el esquema financiero fue presionado por un paro y quedó mal hecho; segundo, los diseños de las rutas no cumplen con ningún criterio de ingeniería, es más un legado de rutas históricas del transporte colectivo antiguo; y la tercera razón, que tal vez es la principal, es la velocidad en los carriles por donde van los buses. Si el bus va despacio nadie se sube, y si nadie se sube el sistema se quiebra. Eso además de otras razones: la gente no sabe dónde recargar, no conoce bien las rutas, la información no es suficiente, las frecuencias no son las adecuadas.

 

El SITP tiene 2009 km, mientras que Transmilenio 114 km. + 442 de las rutas alimentadoras.
El SITP tiene 2.009 Km., mientras que Transmilenio 114, más 442 de las rutas alimentadoras.

 

PJ: ¿Cuál es el panorama actual del sistema de transporte público en la ciudad?

DJ: Hay que tener algo en cuenta: si Bogotá en vez de tener 114 kilómetros de Transmilenio tuviera 114 kilómetros de metro, no se acabaría el trancón. El metro puede tener una capacidad muy similar a Transmilenio, sólo que la calidad del servicio en un metro sería mucho mejor. Pero Bogotá sería la misma ciudad congestionada de siempre. Ahora, otra cosa que pasaría es que nos costaría mucho más el transporte público, entonces habría que subsidiarlo de alguna manera. Analicemos ciudades con metro y nos damos cuenta de que su congestión es muy alta, similar a Bogotá. Ciudad de México tiene 12 líneas de metro, Santiago de Chile posee 6, Moscú tiene 17, y son ciudades muy congestionadas.

Hay que aumentar la infraestructura tanto en el metro como en Transmilenio. Hay muchos actores políticos que han sido muy exitosos en decirnos que Transmilenio representa el mal y el metro representa el bien, y no es así.

 

PJ: Después de que la propuesta de Transmilenio por la séptima fuera revocada, ¿cuáles son las soluciones más acertadas desde su punto de vista para mejorar la movilidad? 

DJ: Lo que más quiere la gente en la carrera séptima es un tranvía, pero necesita tener trenes cortos para no bloquear las intersecciones y, además, la frecuencia no puede ser alta por los semáforos. Esa combinación hace que tenga muy baja capacidad. Por otro lado, Transmilenio sí puede tener la capacidad de movilizar a los más de 20 mil pasajeros/hora/sentido que pasan por la séptima, pero su impacto en la ciudad no sería tan bueno. La tercera opción es hacer un tren por la carrera novena, que venga desde Zipaquirá. Si es un tren como el recientemente adjudicado Regiotram, llegaría lleno a Bogotá y nadie de la ciudad lo podría usar. Si aumentan su capacidad sería bueno, pero no importa si parte de la demanda de la séptima baja a la novena: darles un carril a los buses sobre la séptima representa una enorme justicia social: significa darle más espacio a quienes más lo necesitan y a quienes mejor usan el poco espacio de la ciudad.

Una opción equitativa y justa socialmente es hacer Transmilenio porque la gente que no tiene carro tiene derecho a moverse rápido. Una propuesta intermedia para satisfacer ambas posiciones puede ser la de hacer un tranvía que tiene ruedas de caucho. Son llamados ‘trambuses’ o tranvías sin rieles.

 

El pasaje es más barato en SITP ($2.300), no obstante la gente usa más Transmilenio ($2.500).

 

PJ: Después de que se adjudicara el proyecto de Transmilenio por la Avenida 68, ¿cómo ve esta alternativa de movilidad?

D: La demanda del corredor de la 68 es de unos 33 mil pasajeros por hora por sentido. Por eso la propuesta anterior de un tren ligero con capacidad para 10 mil pasajeros no cubriría la demanda. Por motivos de capacidad lo único que podríamos hacer en vez de Transmilenio es un metro y no hay recursos para eso. En este momento el único medio que puede cubrir la demanda es Transmilenio.

Las diferentes caras del territorio

Las diferentes caras del territorio

Las calles que recorremos, los parques donde juegan los niños, los citadinos centros comerciales, aquellos pueblos donde el tiempo avanza mucho más lento, los campos en donde cultivamos nuestros alimentos, los caminos que pisaron nuestros ancestros y hasta los campos olvidados, todos son espacios en donde construimos nuestra identidad. Ellos conforman esa noción que bautizamos como territorio, el lugar donde lo que ocurre es una fotografía que se suma a la película de vida de cada uno de sus habitantes, con múltiples significados atravesados por la felicidad, el progreso, pero también por la opresión y la violencia.  

De aquí que se generen diferentes lecturas por parte de la academia para explicar el entramado de hazañas que ocurre en los lugares que transitamos a diario. En el XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, el panel El territorio como escenario de investigación y acción reflexionó sobre los significados y las dinámicas que construimos en cada uno de estos lugares. 

Una conversación que giró en torno al urbanismo, la tenencia y acceso a la tierra en zonas rurales, la restauración ecológica de áreas afectadas, las dimensiones políticas del territorio e, incluso, el cine como documento para leer los espacios que habitamos. 


El urbanismo no siempre es progreso

En las ciudades es fácil toparse con grandes edificios, las particularidades estéticas hacen sobresalir a unos rascacielos más que otros y, según su ubicación, varía no solo la forma en como se ven sino las relaciones que se tejen allí. Sin embargo, en estas urbes, en medio de automóviles, centros comerciales, edificaciones que apuntan cada vez más a la modernidad, el bullicio y el ajetreo, desaparecen espacios que no tienen algún tipo de funcionamiento o actividad. Son los llamados espacios indeterminados.

Con el fin de estudiar los efectos que tienen estos lugares en ciudades como París y Medellín, Doris Tarchópulos, arquitecta y doctora en Urbanismo, estudió su geografía urbana; concluye que por un lado, son lugares que aíslan o dividen partes de la ciudad, causando problemas de inseguridad y violencia, y, por otro, pueden incorporar nuevos contenidos que permiten la generación de dinámicas de integración, convivencia social y manifestación cultural. 

Tanto en Europa como en Suramérica, la investigadora se centró en las periferias urbanas y, concretamente, en sus poblaciones condenadas aparentemente a la exclusión del circuito social (los hijos de los extranjeros de las antiguas colonias francesas y los ciudadanos paisas de clase más baja), pero que, con el paso del tiempo, los gobernantes se vieron obligados a incluirlos en la dinámica urbana por medio de diferentes obras de infraestructura, tanto educativa y cultural como de transporte masivo. 

Por esa misma vía se ubican los trabajos del sociólogo Manuel Enrique Pérez, doctor en Estudios Territoriales, sobre la ‘rururbanidad’ del sur de Bogotá: aquellos territorios intermedios entre la urbe capitalina y el campo colombiano, en donde los habitantes llevan a cabo actividades tanto agrícolas como ganaderas, pero se benefician de la cercanía a la gran ciudad para vender sus productos, beneficiándose, de paso, de los servicios que en ella encuentran.

“Los he bautizado sujetos rururbanos, porque están por fuera de las políticas públicas de territorio”, explicó Pérez, quien en sus 17 años de trabajo con las comunidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado establecer la existencia de más de 2.500 campesinos. Por eso afirma que la Bogotá de hoy en día es 25% urbana y 75% rural.

Su trabajo ha calado en las discusiones que la administración local ha venido organizando sobre el próximo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y el papel que el sur debe jugar en medio de la expansión urbana que se proyecta a partir de 2019. Y no duda en afirmar: “En algún momento, el sur le va a poner el norte a esta ciudad”.


¿A quién pertenece la tierra en el territorio?

En los territorios rurales el panorama de desigualdad y jerarquías en la tenencia de tierra está fuertemente marcado por dinámicas patriarcales, en donde el hombre es el que provee los recursos y la mujer es quien desempeña las labores del hogar. Por ejemplo, en municipios como Pradera, Florida y Tuluá, en el Valle del Cauca, resulta difícil encontrar a mujeres que tan siquiera entiendan el concepto de ser propietaria o poseedora de tierra. ¿Cuál es la economía ciudadana de las mujeres que viven en estas zonas?, ¿cuál es su participación política y comunitaria?, y, ¿qué implicaciones tiene el hecho de que una mujer sea propietaria de tierra o no?

María Catalina Gómez,  magister en Ciencias Sociales, con su investigación Condiciones de tenencia y acceso a la tierra de las mujeres campesinas del Valle del Cauca, demostró que “el acceso diferencial entre hombres y mujeres a la titulación de la propiedad rural es un grave problema, que afecta no solo la independencia económica de las mujeres y las familias, también la autonomía en otros espacios de la vida social, tanto individuales como colectivos. Son pocos los casos en los que la mujer es propietaria, por ejemplo, cuando son líderes o están separadas”. Las mujeres a quienes se les brinda un territorio logran mejores condiciones de vida, sin embargo, están bajo dinámicas en las que por lo general no son reconocidas. 

Situaciones como estas se han vuelto casi cotidianas en nuestro país, tanto por las jerarquías como también por el conflicto armado, que a su vez ha estado atravesado por conflictos en la tenencia de tierra. Por esto las investigaciones alrededor de los territorios y la paz cada vez son más fuertes, y el Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos de la Facultad de Estudios Ambientales de la Pontificia Universidad Javeriana se hizo presente para relatar su experiencia investigativa de 10 años alrededor de la degradación ambiental y las disputas históricas por la propiedad de la tierra que están conectadas con conflictos ecológicos y de distribución. 

Ellos hacen un llamado a ir más allá de la academia e involucrar a las personas directamente afectadas, pero para esto es necesario prepararse “para conducir con nuestros datos a posibles transformaciones. Ahí estamos desencontrados entre los tiempos de la investigación, los de las comunidades y los institucionales. Quizá los académicos debamos entrenarnos mejor en entender los contextos y en las formas para transmitir nuestros conocimientos”, aseguró Johana Herrera Arango, magister en Estudios Culturales e investigadora del Instituto. 

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En un sentido similar trabajó el Instituto de Estudios Interculturales, de la Javeriana Cali, que, entre sus proyectos, destacó la investigación sobre hacinamiento productivo llevada a cabo en el norte del Cauca, región en la cual el 40% de la tierra productiva está en manos de tan solo el 1% de los habitantes. Allí se encuentra una fuerte presencia de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, correspondientes al 77% de la población, quienes viven en microfundios (parcelas de tierra menores a tres hectáreas) con una infraestructura limitada para llevar a cabo sus proyectos agrícolas y ganaderos. Por si fuera poco, su actividad está limitada por las grandes extensiones de cultivos industriales, como la caña de azúcar y plantaciones maderables, la presencia de la minería ilegal y los cultivos de uso ilícito.

Esta caracterización es vital para que las autoridades locales y regionales puedan formular políticas públicas que, en el tiempo, reviertan este “hacinamiento productivo”, y con las que también se garanticen las aspiraciones sociales de un departamento en el que el 62% de su población vive y depende del campo.


La huella humana en el paisaje

La constitución del territorio también incluye la huella que las poblaciones dejan en el ecosistema. José Ignacio Barrera, doctor en Biología Animal, Vegetal y Ecología y director de la Escuela de Restauración Ecológica, lideró el proyecto de restauración ecológica del embalse del Neusa, en Cundinamarca, una investigación desarrollada entre 2014 y 2018 que buscó reestablecer las condiciones de flora y fauna en un área que, desde los años 50 del siglo pasado, fue alterada por la mano del hombre tanto en la construcción de infraestructura hídrica como en la inclusión de especies vegetales foráneas, como el pino espátula.

Este proyecto contempló técnicas de restauración ecológica en las que se plantaron, sobre una extensión de 3.700 hectáreas, diferentes especies vegetales nativas de la zona y se monitoreó su crecimiento y expansión a lo largo del tiempo. Como resultado han visto aumentar las poblaciones locales de árboles, insectos y, en especial, pájaros.


Dimensiones políticas del territorio 

Quienes han sufrido el conflicto armado en Colombia, asumen el reto de prepararse para generar cambios y responder a retos de construcción de paz territorial. Pero en ese camino se enfrentan a diversas políticas, como las extractivas, que limitan su trabajo pero no lo socavan: ahora las expectativas están puestas en una nueva generación, más enérgica, que realice esas aspiraciones y sueños.

Es el caso de del corregimiento de Micoahumado, en la Serranía de San Lucas, Bolívar, lugar caracterizado por la ausencia del Estado y el actuar de grupos armados ilegales que buscan apoderarse de los recursos naturales de la zona, expresamente de su oro y cobre. Allí, los habitantes buscan generar un relevo generacional ante la preocupación de quién asumirá la defensa del territorio. Esta necesidad llamó la atención de Claudia Tovar Guerra, doctora en Ciencias Sociales y Humanas, quien acompañó a la comunidad en la formulación de su plan de formación de nuevos líderes. 

“El amor por el territorio y la defensa por su tierra, el deseo de construir la paz y defender la vida, servir a la comunidad en su ejercicio de liderazgo, buscar el bienestar y la calidad de vida de la comunidad y la educación como una vía para la transformación, aún está en la mira de los jóvenes como lo estuvo en la de sus ancestros”, aseguró la investigadora, quien, no obstante, explicó que, a diferencia de los mayores, quienes encontraban como foco defender la vida, para los jóvenes el proceso político ha sido principalmente a través de una expresión cultural, artística y una acción política directa.

Se trata de los signos de un nuevo tiempo tal y como lo establece Juan Felipe García, doctor en Antropología, uno que necesita repensarse para llegar a una auténtica construcción de la paz. En sus trabajos sobre los liderazgos de comunidades que habitan territorios en disputa, atravesados por el conflicto armado, el investigador ha formulado la necesidad de pensar el país desde una perspectiva diferente: no desde un tiempo nacional, atado a la visión de Bogotá, en el cual predomina el discurso de que la periferia debe insertarse, por la vía de la economía, a la proyección productiva que debe asumir el país.

En su lugar, y basándose en los estudios postcoloniales, García propone pensar “en un tiempo heterogéneo, pensar el territorio en estructuras regionales que han sido afectadas por el conflicto armado”, lo cual implica pensar en el tiempo concreto de las poblaciones, en sus limitaciones y aspiraciones. En síntesis, “partir de la escala local para la construcción de la Nación”.

En sus más de 10 años de trabajo sobre los proyectos campesinos que se vieron limitados por una visión desde Bogotá, que imponía los intereses capitalinos a los regionales, García ha realzado la importancia de la paz territorial, esa que se construye desde la participación de las comunidades periféricas, las que viven más allá de las cabeceras municipales, en la planeación de un país que tenga en cuenta sus necesidades. “Es la forma de superar el tiempo de la catástrofe, ese en el cual se perdió el sentido que tenían estas comunidades de la vida por cuenta de la violencia”, resaltó.


Cine como documento para leer los espacios que habitamos

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Pero el territorio también se construye desde el arte, como lo demuestra la propuesta de Joaquín Llorca, doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura, siguiéndole el paso a la historia de cambios urbanos que entre 1971 y 1995 ha vivido Cali, y para ello se vale de las películas, concretamente las producidas por Carlos Mayolo y Luis Ospina, por considerarlos documentos históricos para el análisis de la ciudad, su arquitectura y las transformaciones de la sociedad. 

El investigador se detuvo en cada uno de los planos posibles para evidenciar los detalles urbanísticos, geográficos y arquitectónicos de la Cali de mediados del siglo XX, y les ha seguido la pista tanto a sus transformaciones estéticas como al sentido que les ha ido asignando una sociedad que hoy suma más de 2 millones de habitantes.

Los resultados de su investigación han derivado en la construcción de un gran repositorio geográfico de Cali, en donde pueden localizarse los lugares en donde se grabaron las escenas de películas emblemáticas como Oiga, vea! (1971), cada uno con su respectivo fragmento audiovisual. Se busca realizar un recorrido histórico por una Cali diferente, ambientada al mejor estilo del cine del siglo pasado.

La ciudad de múltiples miradas

La ciudad de múltiples miradas

Montado a caballo y con su espada desenvainada, seguido de cerca por las miradas aterradas de indígenas y rodeado de frases entrecortadas en muysccubun, el idioma nativo. Así, el 6 de agosto de 1538, en nombre del emperador Carlos V, el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada tomó un pequeño asentamiento en medio de las montañas, y en una ceremonia religiosa frente a 12 bohíos, dirigida por el fraile Domingo de las Casas, le entregaba a la Corona y al catolicismo la que sería la punta de lanza de un nuevo Virreinato. La llamó Santa Fe, y para reclamarla como suya y diferenciarla de los poblados que iban surgiendo en el nuevo continente, la bautizó también “de Bogotá”.

Aquel villorrio, que el 27 de abril de 1539 recibiría su fundación jurídica, no ha parado de crecer. Hoy, 481 años después, se ha convertido en una urbe que va devorando poblados vecinos, que para 2018 sumaba 7,18 millones de personas, de acuerdo a cifras del DANE, y, para el mismo año, produjo una riqueza conjunta de más de $250.500 millones, aportando el 25,6% del Producto Interno Bruto de toda Colombia.

Bogotá es también una ciudad de continuos choques, de diferencias culturales, políticas, ideológicas, religiosas, etc. Una ciudad que le muestra una cara al ciudadano que reside en ella, otra al empleado o empresario que se gana la vida entre sus límites, otra al turista que quiere conocerla, otra a quien llega a ella buscando refugio.

Pesquisa Javeriana le ha seguido la pista a estas múltiples facetas de Bogotá, la capital colombiana, desde las investigaciones que la academia ha producido para descifrar sus secretos. Hoy, cuando conmemoramos un año más de su fundación, compartimos con ustedes nuestra visión de esta ciudad que evoluciona año a año y se muestra muy diferente a lo que creemos que es.

Esta es una pequeña lista de las diferentes caras de Bogotá:

  • Movilidad social: Cómo los estratos dividieron para siempre a la capital y a sus habitantes.
  • Salud y desplazamiento: Diferentes ideas sobre cómo atender a una población vulnerable.
  • Industria y diseño: La unión de pymes de marroquinería y calzado para potenciar sus diseños y venderlos en el exterior.
  • Historia industrial: La reconstrucción de una de las primeras fábricas de loza en la ciudad.
  • Trancones: El proyecto que, a través del conteo, propone solucionar los problemas del tráfico vehicular.
  • Le Corbusier: Así fue la capital que imaginó el afamado arquitecto belga a mediados del siglo XX.
  • Teatros: Los lugares donde los bogotanos construyeron su visión de lo público en los siglos XIX y XX.
  • Clima: Una investigación conjunta de las universidades Javeriana y Nacional para predecir mejor el clima bogotano.
  • Guapucha: La investigación liderada por el desaparecido ictiólogo Javier Maldonado para salvar a un pez endémico del rio Bogotá.
  • Paisaje sonoro: Así suena la capital colombiana desde sus cerros orientales.
  • Monumentos: Recorrido por las esculturas que le dan forma e identidad a la ciudad.
  • Vallenato: La historia de cómo uno de los ritmos más representativos de Colombia encontró su audiencia, y su impulso musical, en Bogotá.
Los Universitarios, la historia no contada del vallenato en Bogotá

Los Universitarios, la historia no contada del vallenato en Bogotá

Pocos se imaginan que el vallenato, ese género que despierta amores y odios entre los bogotanos, tenga una historia tan arraigada a la capital. Los más autorizados escritores del género han pasado por alto este conjunto de anécdotas que se empolvan en la memoria de aquellos, sus,  hoy viejos, protagonistas. Y es que la música de acordeón –como se le conocía cuando llegó a la capital– apareció en Bogotá en los años 50 para quedarse, y generar la primera modernización, así como la popularización definitiva del vallenato en el país.

Entre 1951 y 1973, la capital creció y pasó de tener 700.000 habitantes a 2,9 millones. Este dato es suficiente para hacernos una idea del flujo de personas que llegaron, procedentes de todas partes de Colombia. Y como esta es la historia de una música que no nació en Bogotá, es, entonces, una historia de migrantes, de sus costumbres y de sus cuentos. Es  el relato de la colonización mulata en tierra fría, cuya arma fue la diplomacia (poco refinada para muchos) del acordeón. Se trata de la vida musical de Los Universitarios y de su asombroso talento para la parranda.

La capital nunca estuvo acostumbrada al bullicio costeño y, aunque para los años 40 las orquestas caribeñas de Lucho Bermúdez y Pacho Galán empezaron a figurar con éxito en el Hotel Granada o en el Grill Colombia, el vallenato carecía de la sofisticación y elegancia que, con acierto, las Big Bands habían utilizado para conquistar a la élite. El vallenato parecía ser una música contraria al gusto bogotano, sus cantos tenían más sentimiento que afinación y el sonido grueso del acordeón tenía un aire campesino que se acompañaba de los nada refinados caja y guacharaca que formaban un conjunto de notas fandangueras y provincianas.

Aun así, cuenta la historia oficial que a mediados de los años 50 un grupo de políticos bogotanos se comenzó a interesar por la música de acordeón gracias a la influencia de sus homólogos de los departamentos de Bolívar y Magdalena. Entre ellos se encontraban figuras como Alfonso López Michelsen, Fabio Lozano Simonelli, Miguel Santamaría Dávila y Rafael Rivas Posada. Fue en sus casas del barrio La Magdalena, de Teusaquillo, donde se realizaron las primeras parrandas con un marcado carácter aristocrático.


La (buena) vida de parranda

A finales de los años 50, vestidos con camisas de manga corta, pantalón negro y zapatos oscuros, llegaron jóvenes de provincia para estudiar en las universidades Nacional y Libre. Eran proclives a la amistad, al licor y la palabra. En la cultura caribeña encontraron un punto común a sus diferencias políticas y así formaron un enclave regional para recitar poesía, echar cuentos, deleitarse con el sabor del ron, de un bolero y una guitarra, y recordar las canciones campesinas de Abel Antonio Villa y Francisco “Pacho” Rada. De allí nacieron Los Universitarios como un grupo de más de 20 contertulios (algo así como a lo que hoy llamaríamos ‘colectivo cultural’). El núcleo más festivo de esta camada llevaría el nombre de Los Universitarios a todas las parrandas estudiantiles y luego a la radio, el cine y la televisión.

Pedro García como cantante, Víctor Soto en el acordeón, Reynaldo López en la guacharaca, Pablo López en la caja y Esteban Salas en los coros fueron los integrantes de esos primeros años en los que Los Universitarios se vieron tocando cada fin de semana en una casa y en un barrio distinto. Así fue como encarnaron fielmente el espíritu de la juglería que traían en sus genes. Quisieron abrazar la ciudad en una sola parranda y trazaron un sentido en la trashumancia. Eran tiempos en los que lo vivido era lo narrado y no al revés, y por eso nunca la vida fue más real que en el deleite de un son o de un paseo, acompañados de una botella de aguardiente.

Los Universitarios – De izquierda a derecha: Nazario Zabaraín, Pablo López, Álvaro Cabas, Esteban Salas y Pedro García
Los Universitarios en televisión. De izquierda a derecha: Nazario Zabaraín, Pablo López, Álvaro Cabas, Esteban Salas y Pedro García.

Si bien la música de acordeón siempre permaneció cercana a los altos círculos de poder, como cuando Los Universitarios ingresaron en 1967 al Capitolio para ‘serenatear’ al Congreso de la República antes de comenzar la última sesión que debatiría la creación del departamento del Cesar, el vallenato se dio a conocer en las clases populares gracias a las parrandas del conjunto  en la vida cotidiana de la ciudad.

En el estadio ‘El Campín’, por ejemplo, se dieron cita regularmente para animar desde la gradería los triunfos del Unión Magdalena campeón de 1968, acompañados por un joven de nombre Emiliano Zuleta, quien viajaba desde Tunja. Como no existían divisiones pasionales, los partidos terminaban en un auténtico carnaval, animado por el público de ambas hinchadas y, particularmente, por las primeras parejas bogotanas que bailaron vallenato.

“Un mes y once días duramos parrandeando en el Quiroga. Fue una fiesta que tuvo que repetirse todas las noches siguientes en una casa diferente”, cuenta Esteban Salas, guacharaquero y corista del conjunto, refiriéndose a ese jolgorio que se vivió durante un paro estudiantil de la Universidad Libre. Recuerda que dentro de los animadores estuvieron, además, Gustavo Gutiérrez, Colacho Mendoza, Hugues Martínez y Abel Antonio Villa (la primera figura publicitada del vallenato), quienes enamoraron con su música a los amables vecinos de la Fragua, el Restrepo y el Quiroga: “Fue una vaina bohemia, grande.”

Con el grado profesional llegó la vida laboral, la cual no significó que estos personajes dejaran de parrandear en conjunto. El trabajo de Comisario de Policía que consiguió Pedro García facilitó las cosas: a bordo de la patrulla policial pudieron llegar hasta pueblos de la Sabana de Bogotá y nunca más volvieron a tener las quejas por ruido de los vecinos que obligaban a los agentes a intervenir para acallar la bulla.

A propósito de las visitas de los oficiales en las parrandas, Libia Vides, matrona de la familia Bazanta, relata: “En aquella época llegaban a terminar la vaina, pero aquí los emborrachábamos. Más de uno amaneció dormido en esta sala.” Libia, la más antigua parrandera que recuerda la ciudad, rememora a sus 97 años las interminables fiestas celebradas junto a Los Universitarios en su casa del barrio Ciudad Jardín Sur; a la fiesta llegaron acordeoneros de todo el país como Luis Enrique Martínez, Alejo Durán, Andrés Landero, Lorenzo Morales y otros grandes de la música costeña, como Los Gaiteros de San Jacinto y Estercita Forero.

Tomándose una cerveza contra una ventana de su casa, contó antes de su muerte que ella nunca abandonó la parranda y que la parranda nunca la abandonó a ella: “Todo lo que me quedó de tantos años de rumba fue esta casa y mi hija Totó, La Momposina, que hoy pasea por Europa.” Todas sus ganancias siempre se fueron en aguardiente, sancochos y arroces de cerdo para los invitados, pues cuando faltaban la comida y el licor, moría la parranda.


Acordeón en directo

 Pablo López, Poncho Zuleta y Álvaro Cabas, en una visita de Emiliano.
Pablo López, Poncho Zuleta y Álvaro Cabas, en una visita de Emiliano a la capital.

Los Universitarios también contribuyeron a la difusión masiva del vallenato de los años 60 con sus apariciones en radio, cine y televisión. Una de las curiosidades de esta historia es la grabación del material que harían para la banda sonora del mediometraje La Sarda, de Julio Luzardo, que aparecería en la película Tres cuentos colombianos en 1963.

Y tal vez esta fue la misma intención que Los Universitarios expresaron en canciones repletas de pedazos de realidad, tal como ocurrió en la grabación de  La muerte de un comisario (LP)en 1967 para el sello Orbe.

En ese año, debido al cambio de gobierno, Pedro García se encontraba afectado porque había sido recién relevado de su trabajo como Comisario de Policía. Sus tardes las pasaba junto con su amigo Esteban Salas en el Café de Doña Rosa, en la Calle 19 con Octava, un lugar de encuentro frecuente entre los músicos de la Costa. Un día apareció por allí un amigo de ellos para invitarlos a Rincón Costeño, el programa radial del locutor más reconocido de la ciudad, Miguel Granados Arjona, ‘el viejo Mike’. Acudieron a la cita en Radio Continental acompañados del acordeonista Alberto Pacheco y del maestro Francisco Zumaqué en el bajo eléctrico, e interpretaron el tema La muerte de un comisario, que se refería al despido de García.

La sonoridad de estos músicos costeños llamó la atención del productor Jaime Arturo Guerra Madrigal, quien, inmediatamente, los contrató para grabar un larga duración con la disquera Orbe. El resultado fue el primer disco bogotano completamente dedicado al canto vallenato e incluyó canciones que se convertirían en éxitos de la radio en Bogotá y también en toda la Costa Atlántica, como Canto al Tolima. En este disco, García incursionaba en el mundo del vallenato como el primer cantante que no se acompañaba a sí mismo con el acordeón. Igualmente, Esteban Salas introducía la figura del corista, superando así la del ‘ayhombero’, ese entusiasta cuyo único rol en grupo consistía en gritar “¡Ay, hombe!” para animar la parranda, aunque eso no lo hacía menos necesario que los demás.

En su Canto al Tolima, García tuvo la intención de hablar directamente de la dura realidad que se vivía en el campo colombiano. Unos años antes, según contó Carlos H. Escobar Sierra, gestor y jurado del Segundo Festival Vallenato , la canción llegó a oídos del presidente Guillermo León Valencia en una parranda convocada en el Palacio San Carlos junto con Rafael Escalona. Cuando escuchó el canto de Pedro García, el político no pudo contener las lágrimas, manifestando quizás un sentimiento de culpa por no haber cumplido su promesa electoral de alcanzar la paz en el campo. Con el tiempo la canción se convirtió en uno de los temas fundamentales del vallenato y marcó el inicio de lo que más adelante se conocería como vallenato protesta:

Hoy los odios fraticidas/
se apoderan de los campos/
y ya no se escuchan cantos/
en esta tierra sufrida
”.

Por todas estas características, Pedro García es reconocido por las figuras más importantes del vallenato como maestro de cantantes; no es de extrañar que en múltiples ocasiones Jorge Oñate lo haya citado como una de sus influencias más grandes en el canto.

Luego de este disco vinieron más presentaciones en Radio Continental, así como otras en Radio Santa Fe y Radio Juventud, en los programas Meridiano en la Costa y Concierto Vallenato, respectivamente. Este último originó la grabación de otros tres discos vallenatos para el sello Orbe, en los cuales participó como acordeonero Colacho Mendoza, reconocido por ser el segundo Rey Vallenato de la historia. Los tres discos tuvieron una acogida grande en Bogotá y en la Costa Atlántica, pues incluyeron, entre otros, la primera versión de La gota fría en acordeón.

Sus apariciones en televisión fueron de gran alcance, pues al ser el grupo más representativo de Bogotá eran invitados constantes de los programas musicales que se grababan en la capital para publicitar el Festival Vallenato de Valledupar.

Pablo López, Alejo Durán y Miguel López en parranda
Pablo López, Alejo Durán y Miguel López, en parranda.

Es en el mismo ámbito televisivo donde Los Universitarios, diez años después de graduados, deciden poner fin al conjunto para continuar por caminos musicales por separado. Pepe Sánchez los invita en 1972 a grabar el tema principal de su telenovela Vendaval, que hacía referencia a la situación de las bananeras a principios del Siglo XX. Los Universitarios se reúnen y Pablo López graba por última vez con Pedro y Esteban, quienes, para las actuaciones posteriores de la telenovela, formarían el grupo Los Cañaguateros junto con Florentino Montero en el acordeón.

“Para la década de los 70 la vaina ya estaba pegada acá en Bogotá, así que decidí empezar con los Hermanos López y Jorge Oñate, mientras Esteban Salas formó el conjunto de los Hermanos Zuleta, que habían llegado también a Bogotá”, cuenta Pablo López sobre la manera en la que Los Universitarios dieron origen a las agrupaciones vallenatas más exitosas de los años 70 y principios de los 80.


Menos parranda, más vallenato

Con este acumulado de experiencias de más de una década, Los Universitarios dieron paso a una modernización definitiva del vallenato en la que se popularizaron las grabaciones de discos completos dedicados al género, se diferenciaron los roles entre acordeonista y los cantantes, y la música llegó a los medios masivos de comunicación. Su rol fue tan importante que contribuyó a que Los Hermanos López y Los Hermanos Zuleta, alcanzaran éxito a nivel nacional y posicionaran ‘la música de acordeón’ en diferentes regiones; sus andanzas consolidaron el gusto por el vallenato tradicional en Bogotá, que hacia finales de los 80 se transformaría en el vallenato romántico, pero esa es otra historia.

Hoy, sin embargo, los tiempos han cambiado y es casi imposible pensar en alguna de las parrandas de la época sin estrellarse de frente con las restricciones del Código de Policía o con el anonimato de los vecinos de una misma cuadra. Las duras condiciones de subsistencia para los músicos han hecho casi imposible la existencia de presentaciones no remuneradas, y la desaparición de los patios de las casas en Bogotá han canalizado todos los momentos festivos hacia espacios especializados, como bares y discotecas. Todo parece indicar que la vida moderna le está ganando la batalla a la parranda.

 


*Sociólogo cultural y docente de Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana; magister en Investigación para las Ciencias Sociales de la Universidad de Ámsterdam, Holanda.

El año de los libros universitarios

El año de los libros universitarios

El inicio del año suele convertirse para las editoriales universitarias colombianas en un momento clave, cuando deben tomarse decisiones fundamentales: sobre títulos, sobre espacios físicos, sobre inventarios, sobre lanzamientos, pero especialmente sobre su presencia en la Feria del Libro de Bogotá (FILBO), una de las principales ventanas de exhibición de su trabajo.

No ha sido la excepción para la Editorial Javeriana, que en este 2019, año del bicentenario de la Independencia y en el que, precisamente, Colombia es el país homenajeado, se ha preparado desde hace meses para concretar su presencia en el segundo piso del pabellón tres de Corferias.

Allí tendrá asiento junto a los sellos de otras universidades, públicas y privadas, en un espacio que puede representar el 25% de las ventas conjuntas. No es de extrañar que, solo en ese pabellón, y durante los días de feria (del 25 de abril al 6 de mayo), se presenten al público entre 1.000 y 1.200 títulos nuevos.

“Para un editor universitario, la FILBO es el proyecto fundamental del año”, explica Nicolás Morales, director de la Editorial Javeriana, que en esta edición cumplirá 21 años de presencia en la feria. Pesquisa Javeriana habló con él sobre las novedades del sello javeriano, la conexión con los lectores que no necesariamente buscan títulos académicos y el papel que juegan las editoriales universitarias en el actual mercado del libro colombiano.

 

Breve recorrido por el arte oculto del ‘Museo Bogotá’

Breve recorrido por el arte oculto del ‘Museo Bogotá’

El espacio público de Bogotá es como un gran museo que alberga obras de arte recientes y otras de hace más de 100 años. A lo largo de calles y avenidas, ellas hablan de la historia de la ciudad, de las relaciones y sentidos que establecen los ciudadanos y el Estado con ellas… Algunas demuestran cuidado y sentido de pertenencia, otras están en completo abandono.

La Secretaría de Cultura indica que existen cerca de 700 esculturas y monumentos en las calles capitalinas, una gran parte de las cuales se encuentra ubicada en la Calle 26 y en la Carrera 7ª, vías que históricamente han sido relevantes para Bogotá. Estas piezas suscitan todo tipo de interacciones: desde las que son veneradas, visitadas y aseadas; las que llaman la atención y generan curiosidad pero de las que el ciudadano poco sabe; las que tienen buen lejos, pero que de cerca exponen desgaste y abandono por múltiples motivos (como que están siendo afectadas por la lluvia y el sol) y, otras –además– porque están cubiertas por grafitis y carteles publicitarios.

El proyecto de creación artística Geografías Ocultas, liderado por Jainer León, profesor del Departamento de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana, buscó generar una reflexión entre los estudiantes –y que se extendiera también a toda la ciudadanía– para revelar, a través de lo visual, detalles ocultos en las superficies de las esculturas, sus texturas, relieves y gestos. “Estos componentes del lenguaje plástico que acompañan la forma visual de estas esculturas pasan desapercibidos para los transeúntes”, explica el investigador León.

Geografías Ocultas expone, sobre todo, reflexiones asociadas a los criterios bajo los cuales una obra se ubica en un espacio, a partir de la pregunta: ¿arte en espacio público o arte para el espacio público? Así, el ejercicio de observación puso en evidencia que muchas obras no son pensadas para motivar conexiones, diálogos, interacciones y encuentros con los transeúntes, sino que son ubicadas en lugares incluso inaccesibles para las personas.

Algunas de ellas se encuentran en lugares de alto tráfico, donde la gente no tiene acceso (como una parte de las esculturas de la Calle 26), en algunos casos hay malos olores, inseguridad y vandalismo. El llamado de atención del proyecto es hacia el papel que cumple o debería cumplir la obra de arte en el espacio público, dado que, como recalca León, “estos objetos se instauran para generar memoria y promover la identidad”. Y lo que está ocurriendo, en muchos casos, es que han sido invisibilizados y poco cuidados.

León propone apostarle a obras pensadas para el espacio público, lo que implica tener en cuenta las características del lugar, el Plan de Ordenamiento Territorial existente y los usuarios que se vincularán directamente con el objeto. “Se necesitan obras para la lúdica, para el descanso, que promuevan otro tipo de relación a la que genera la obra colocada en un pedestal”, agrega el investigador.


EL ‘MUSEO BOGOTÁ’

Bog 480 I

Para leer más
https://catalogodeobras.javeriana.edu.co/catalogodeobras/items/show/7
https://geografiasocultas.wixsite.com/geografiasocultas


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN-CREACIÓN: Geografías Ocultas
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Jainer León
Facultad de Artes
Departamento Artes Visuales
Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014

Lluvia de metales

Lluvia de metales

“Cuando a mí me enseñaron a diseñar alcantarillados, me decían: ‘Hay uno para aguas residuales que debe ir directamente a la planta de tratamiento, y otro para aguas lluvia que va derecho al río, y a grandes rasgos, así se sigue enseñando. Pero desde los años 80 sabemos, por evidencias y estudios en Europa y Estados Unidos, que ese esquema mental es errado”, advierte Andrés Torres, ingeniero civil de la Pontificia Universidad Javeriana. ¿La razón? El agua celestial no es limpia y pura per se, pues no solo recoge contaminantes suspendidos en la atmósfera –desde polvo, gérmenes, gases, materia orgánica e inorgánica hasta trazas de hidrocarburos y otros químicos–, sino también aquellos depositados en cubiertas y canales por donde escurre antes de ser recogida en contenedores –desde materia fecal de aves hasta hongos y residuos de metales pesados de los objetos con los que tiene contacto–.

Con la idea de destronar esa presunción, Torres aporta nueva evidencia a la literatura científica a través de diversas investigaciones, empezando por casa: la universidad. Sus indagaciones comenzaron en 2003 cuando, junto con algunos colegas, contempló la posibilidad de aprovechar el agua lluvia en el campus. Evaluó la pluviosidad de la zona, cuánto se podría recolectar, cuál era la demanda hídrica de la Javeriana y si implementar alguna acción resultaría verdaderamente costo-efectiva. Los resultados arrojaron que la oferta de agua lluvia era interesante y se podría utilizar, pero habría que seguir indagando sobre su calidad para determinar cuáles podrían ser los usos.

Así lo hizo, y con estudios posteriores determinó que, aunque el área tenía un alto volumen de precipitación (1.007 mm promedio al año), el agua lluvia de escorrentía alcanzaría a cubrir el 14% de la demanda hídrica total anual del campus, lo que representaría un ahorro de 24 millones de pesos cada año en consumo de agua potable.

Sin embargo, el agua presentó altos niveles de turbiedad, sólidos suspendidos totales (SST), demanda bioquímica de oxígeno (DBO5, que delata la presencia de microorganismos) y metales pesados como hierro, cadmio, plomo y mercurio. Todos estos indicadores sobrepasaron los límites permitidos por normativas locales y foráneas, consultadas. En consecuencia, el agua no era apta para ningún uso sin tratamiento previo.

El investigador propuso un sistema de filtración en distintas etapas del drenaje y la recolección, la incorporación de películas de carbón activado para absorber hierro, la mejora de las subcuencas existentes, la adecuación de las redes de distribución y la construcción de un humedal que oficia como tanque regulador. Esta última es la primera solución que la Universidad ha acogido, y gracias a ella se capta la escorrentía de un edificio de parqueaderos, la cancha de fútbol y áreas circundantes, que constituyen la más grande e importante subcuenca propuesta en la investigación. Este sistema recibe caudales de 0,04 a 50,6 litros por segundo y el agua allí recolectada se usa en el riego de jardines, una de las actividades en la que más se consume agua potable (21% del total).


Las pruebas salen del campus

Paralelamente, Torres y sus estudiantes desarrollaron estudios en otras zonas de la ciudad. Primero fue en los barrios Villa Alexandra y Acacias, en la localidad de Kennedy, donde recolectaron 53 muestras de escorrentía en viviendas con techos de zinc o cemento entre los meses de febrero-abril y septiembre-octubre de 2010. El análisis de laboratorio confirmó trazas de zinc, plomo, cobre y cadmio, este último en una concentración diez veces mayor al reportado en la literatura en condiciones semejantes, además de SST, BDO5 y alta turbiedad. No obstante, los resultados variaron mucho con respecto al momento meteorológico –en medio o después de una temporada seca o invernal–, al tipo de cubierta desde donde discurría el agua según el material y tiempo de uso, y al tipo y ubicación de la casa.

Algo similar ocurrió en el sector de Bolonia, localidad de Usme, donde la mayoría de las 72 muestras tomadas entre abril y noviembre de 2013 contenía metales pesados, entre otros contaminantes. Las viviendas allí tenían tres tipos de techo (zinc, fibrocemento y plástico) y solo ese factor generó gran variación en los resultados. Hicieron otras pruebas luego de cambiar parte de las cubiertas de algunas casas con materiales nuevos y diversos, y fue evidente la mejora en la calidad del agua y sus potencialidades de aprovechamiento. De hecho, en algunos casos, los investigadores instalaron techos verdes como proyecto demostrativo de agricultura urbana. Esta evidencia los llevó a pensar que no solo el material del techo es fundamental, también su antigüedad, aun cuando esta hipótesis requiere mayor verificación.

Cabe aclarar que todos los análisis realizados son de escorrentía y no de agua lluvia recogida directamente del cielo, pues para Torres esta situación no es realista. “No queríamos alterar las condiciones sanitarias de las comunidades que consumen agua lluvia”, explica este doctor en hidrología urbana. Y, evidentemente, todas las poblaciones que la usan apelan a cualquier elemento para recogerla y conservarla con la idea de usarla indiscriminadamente para todo: desde el consumo humano hasta el riego de plantas, pasando por la cocción y el lavado de enseres.


Advertencia para la salud humana

Usar el agua lluvia, por supuesto, supone grandes riesgos de salubridad. La toxicidad de los metales pesados, por ejemplo, es un factor potencial de generación de cáncer y afectaciones al sistema reproductivo, mientras que agentes microbianos derivan en infecciones y virus. “La contaminación en agua lluvia es bastante común, especialmente por Escherichia coli o, alternativamente, por coliformes termotolerantes”, señala la Organización Mundial de la Salud, e incluye otros microorganismos patógenos como la salmonela.

Cada precipitación se da en condiciones únicas, y circunstancias como la hora del día, la zona geográfica, el entorno, los métodos de recolección y conserva, entre otras, alteran sustancialmente su calidad. Por eso, si se quiere acoger el agua lluvia como recurso y no como desecho, es vital hacer mediciones para definir su aprovechamiento de manera sostenible, lo que se puede lograr en tiempo real aplicando tecnologías relativamente sencillas, y con esa información Torres propone crear una suerte de semáforo zonal que le indique a la gente cuándo puede usar el agua y para qué.

No obstante, para tratar de englobar patrones de uso es necesario, según él, recaudar mayor evidencia empírica. Por ahora, se siente contento de contribuir a la caída de un mito, pues conforme les insiste a sus estudiantes, lo que es muy evidente a veces no lo es tanto, y aunque Newton postuló hace dos siglos y medio la ley de la gravedad, “en hidrología urbana aún hoy estamos viendo y analizando la caída de la manzana”.


TÍTULOS DE LAS INVESTIGACIONES:

  • Towards a Constructed-Wetland/Reservoir-Tank System for Rainwater Harvesting in an Experimental Catchment in Colombia
  • Quality of rainwater runoff on roofs and its relation to uses and rain characteristics in the Villa Alexandra and Acacias Neighborhoods of Kennedy, Bogotá, Colombia
  • Diagnóstico sobre la presencia de metales pesados (Cd, Cu, Hg, Ni, Pb, Zn) en las aguas lluvias de escorrentía para su posible aprovechamiento en el Sector Bolonia, Localidad Usme, Bogotá D.C.

INVESTIGADOR PRINCIPAL: Andrés Torres
COINVESTIGADORES: Jaime Lara-Borrero, Sandra Méndez-Fajardo, Milton Duarte, Sandra Galarza-Molina, Ángela Patricia Gutiérrez y Carlos Daza
Facultad de Ingeniería
Departamento de Ingeniería Civil
Grupo de investigación Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2003 – actualmente

 

¿Cómo hablan los jóvenes bogotanos?

¿Cómo hablan los jóvenes bogotanos?

Todo empezó como un ejercicio de clase, en 2007. El oído afinado de varios lingüistas identificó el uso recurrente de dos prefijos, re- y super-, en el habla de jóvenes colombianos. “Super lindo”, “re tierno”, “super rico”, “re mamón”, escuchaban repetidas veces. La clase terminó, pero después de seis años seguían escuchando frases como “la fiesta estuvo re chimba”. Así empezó una investigación en la que participaron los lingüistas Juliana Molina, del Departamento de Lenguas de la Universidad Javeriana, Jhon Jairo Aguirre, de la Universidad EAN, y Bibiana Romero, del Colegio Mayor de Antioquia, en la que compararon el uso de estos dos prefijos durante 2007 y 2013 en el habla coloquial de los jóvenes en Bogotá.

En Colombia tenemos una gran variedad de dialectos y esto se refleja en un “país con muchas actitudes lingüísticas”, afirma Juliana Molina, y con esto se reafirma que también existe un prestigio lingüístico relacionado con la clase social de una persona. De ahí el “no hable ñero” o “no hable gomelo”, que algunas personas expresan frente a una forma determinada de hablar. De esa manera, la investigación buscó ver cómo funciona el uso de esos prefijos en relación con la estratificación socioeconómica de los jóvenes bogotanos.

“¿Qué dirías si te dicen que te descubrieron una enfermedad terminal?” o “¿qué dirías de una cerveza fría a la orilla del mar Caribe?”. Así empezaban las entrevistas que hacían a jóvenes de 15 a 20 años, a los que también les mostraban varias imágenes que representaban desde un plato de fresas con crema hasta un cadáver. De 60 entrevistas que se realizaron en 2007, 37 personas hicieron uso de los prefijos re- y super- 91 veces; y en 2013, de 60 entrevistas realizadas, 43 personas los usaron 108 veces.

Resultados de la investigación:

Clase socioeconómica baja:
– En 2007 utilizó el prefijo re- 28 veces, y en 2013, el prefijo super- seis veces.
– En 2013 usó el prefijo re- 18 veces, y en 2013, el prefijo super- seis veces.

Clase socioeconómica media:
-En 2007 utilizó el prefijo re- 16 veces, y en 2013, el prefijo super- cuatro veces.
-En 2013 utilizó el prefijo re- solo do veces, y en 2013, el prefijo super- 37 veces

Clase socioeconómica alta:
-En 2007 usó el prefijo re- 20 veces, y el prefijo super-, 17 veces
-En 2013 usó el prefijo re- solo cinco veces, y el prefijo super-, 40 veces

La gente suele pensar que los jóvenes son inmaduros y que su habla no es elaborada, sin embargo, el uso de estos prefijos y sus variaciones a través del tiempo reflejan una identidad juvenil y un rasgo constitutivo que los hace pertenecientes a esa colectividad llamada jóvenes. Cada persona tiene una actitud lingüística frente a los dialectos presentes en Colombia pero, desde este campo de conocimiento, no se puede afirmar que haya una variedad mejor que otra, según Molina.

Para estos lingüistas, no se trata de calificar a alguien como “bien hablado” o “mal hablado” sino de entender que el uso de estos prefijos hace parte de una identidad lingüística que no empobrece el habla sino todo lo contrario, refleja una riqueza lingüística y una creatividad de los jóvenes, algo constitutivo en esa etapa de su vida.

Por ahora, los investigadores han publicado un artículo sobre esta investigación en Colombian Applied Linguistics Journal, publicación de la Universidad Distrital. Estos intereses investigativos se han continuado estudiando, desde el campo de la sociolingüística, en otros espacios sociales.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Estratificación socioeconómica del uso de los prefijos re- y super- en los jóvenes de Bogotá: acercamiento a un estudio diacrónico
INVESTIGADORES: Juliana Angélica Molina Ríos, Jhon Jairo Aguirre Londoño y Bibiana Yaneth Romero Chala
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2007 – 2015
Con el apoyo de Universidad Eafit y Colegio Mayor de Antioquia
Departamento de Lenguas
Facultad de Comunicación y Lenguaje

En Bogotá suenan los cerros orientales

En Bogotá suenan los cerros orientales

Antes de entrar en materia, pido al lector que se imagine los siguientes lugares: un desierto, una playa, un bosque. Seguramente vendrán a su mente objetos visuales que podrá describir con detalle. Pero, ¿y los sonidos? Lo más probable es que no los haya imaginado. Roberto Cuervo, profesor del Departamento de Diseño de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Javeriana, explica que cuando se habla de ‘imagen’ hay una referencia inmediata a algo visual, pero “es un modo de representación mental, que también puede ser sonoro”.

Desde hace seis años, Cuervo ha intentado hacerle resistencia al discurso hegemónico de lo visual. Aclara que no cree que lo visual sea malo, pero sí está convencido de que regirse únicamente por este aspecto elimina la posibilidad de tener un contacto más amplio con el entorno. “Desde lo acústico se pueden generar otras sensibilidades y contar otro tipo de historias”, asegura el profesor, cuya investigación- creación consiste en la grabación del paisaje sonoro de los cerros orientales de Bogotá, su composición y posterior reproducción en el espacio público a través de lo que él llama “artefacto sonoro urbano”.

La ciencia de la grabación y de la ‘escucha’ Cuervo propone la ‘escucha atenta’, que combina tres tipos de escucha ideales para realizar paseos sonoros: la causal, que determina la causa del sonido (el ladrido de un perro); la semántica, que establece el significado del sonido (una sirena de ambulancia que anuncia una emergencia), y la reducida, que precisa las cualidades del sonido en sí mismo (la altura, el timbre, la intensidad y/o la duración). Las grabaciones se hicieron durante más de un año, una vez al mes, en diversos recorridos por la montaña. Cada una se registró en una ficha técnica en la que se diligenciaron diferentes casillas como, por ejemplo, las coordenadas, la hora, la descripción del lugar (urbano, rural, parque…), los tipos de sonidos y su duración, el tipo de grabación, la grabadora utilizada y las especificaciones técnicas, entre otras.

sonoro


“Se llama Con-traste sonoro
porque quería comprender estos
dos ejes paralelos que recorren
la ciudad de norte a sur, y
establecer ese gran contraste
que hay en tan corta distancia”.
Roberto Cuevo,
investigador principal


Luego, Cuervo diseñó una estructura básica de composición sonora (no musical) que instaló en el andén de la carrera 7.a con calle 41 en agosto de 2015, la cual fue montada nuevamente en el marco del evento Artistas al Tablero en agosto de 2016 por medio de una instalación cuadrafónica con cuatro parlantes y dos sensores infrarrojos de movimiento.

Cuervo montó su composición sonora en el evento Artistas al Tablero.
Cuervo montó su composición sonora en el evento
Artistas al Tablero.

La interactividad se iniciaba cuando los peatones pasaban frente al artefacto sonoro, de manera que la composición podía ser modificada por ellos mismos: los sensores de movimiento capturaban la figura de las personas y les daban cualidades a sus movimientos horizontales, verticales y de profundidad. Con el desplazamiento del espectador, los sonidos se hacían más agudos o más graves; aumentaban o disminuían su volumen, lo que modificaba la mezcla y la composición en tiempo real.

A través de esta instalación de arte sonoro, los transeúntes de la carrera 7.a pudieron desarrollar una nueva sensibilidad hacia la riqueza ecológica de los cerros orientales bogotanos. De acuerdo con el profesor Cuervo, “el paisaje sonoro, al igual que las referencias visuales, genera identidad urbana”, por lo que se siente satisfecho cuando los peatones, en medio de tantos sonidos de altos decibeles que compiten por las mismas frecuencias, se detienen a escuchar lo que no pueden ver desde allí (los cuerpos de agua, los insectos, los pájaros…) y son conscientes de su existencia.

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