Por: Alejandro Díaz y Mariana Díaz
Las historias, para el periodista científico, son como fantasmas transparentosos que se deslizan por las esquinas, se escurren por las alcantarillas y calientan sus manos en el fogón de una vecindad. La tarea del periodista no es atraparlas con un manotazo y esparcirlas en un papel, sino, más bien, acercárseles como quien se acerca a un gato en la calle: despacio, con respeto y consciencia de las necesidades que tiene para ser contada de la mejor manera.
Mientras se acerca a ese gato, unas veces cálido y querendón, y otras, arisco y miedoso, el periodista le tiende la mano con una baraja de preguntas: ¿a quién debe hablarle esta historia? ¿Cómo puede servirle? ¿Qué voces y perspectivas completan el rompecabezas? ¿Por qué hablar de esto importa?
La danza de los periodistas con su oficio es una que, más allá de los arañazos y ronroneos, está llena de incertidumbre, propósitos, convicción y sed de que la labor esté cada vez más al servicio de la sociedad.
Pesquisa Javeriana conversó con Aleida Rueda, periodista científica mexicana y actual secretaria de la Federación Mundial de Periodistas de Ciencia, acerca de las reflexiones que siguen coloreando sus días, después de más de dos décadas dedicadas a contar ciencia.
¿Cómo describiría hoy la situación del periodismo científico en América Latina?
Aleida Rueda: Yo diría que en muchos países de la región hubo, durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa, mucho más énfasis en la divulgación científica. Era una visión mucho más promotora, mucho más celebratoria de la ciencia. Venimos de una historia en América Latina en la que los primeros divulgadores decían que hay que promover la ciencia porque la ciencia es beneficiosa y aporta el desarrollo científico y tecnocientífico que necesitan nuestras naciones.
Más recientemente, empieza una visión mucho más crítica y mucho más periodística. Sí, la ciencia puede traer enormes beneficios, pero también tiene complejidades, malos usos, malas prácticas, fraudes y consecuencias para las personas. Esa mirada mucho menos promotora ha ayudado a distinguir con mayor claridad el periodismo de ciencia de la divulgación.
Sin embargo, seguimos hablando de medios que durante mucho tiempo dependieron de la publicidad de empresas y gobiernos. Eso hacía muy difícil ejercer un periodismo más crítico y realmente enfocado en el interés público. Hoy veo una combinación de factores: el desgaste que vive el periodismo como profesión, la pandemia, que vino a poner un foco muy específico sobre el periodismo de salud y de ciencia, y las nuevas generaciones junto con las nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial, que rompen un poco el paradigma de que solo desde los medios tradicionales se puede hablar de ciencia.
Y ahí creo que también hay muchos vacíos en la formación de periodistas científicos. Nos hace falta preguntarnos qué información científica es realmente pertinente para la ciudadanía y cuál puede ayudarle a entender un problema y a tomar mejores decisiones, desde temas de pobreza, corrupción, desigualdad y salud hasta decisiones cotidianas o políticas. Ese, para mí, es el ideal del periodismo científico.
¿Cómo han cambiado las expectativas y necesidades de las audiencias frente a los contenidos científicos en un mundo que pide formatos cada vez más cortos?
Aleida Rueda: Hay una parte de las audiencias que espera la visión de “dame las respuestas, dime qué hacer ¿Es negro o blanco?” La incertidumbre forma parte de lo que hacen los científicos, pero, por otro lado, los periodistas exigen titulares y certezas.
Hay una parte de la audiencia que quiere los resultados más inmediatos, probablemente menos autocríticos y complejos de la ciencia. Y esa audiencia está en redes sociales, consumiendo contenidos rapiditos. Además, todo el tiempo se nos ha dicho que entre más corto, mejor, que las ideas deben ser simples. Yo no estoy convencida de que esa sea la respuesta, o al menos no para todas las audiencias.
Pero también veo audiencias mucho más ávidas de una visión menos tradicional y simplista de hablar de ciencia, son las que te dicen: no me puedes decir lo que la ciencia está haciendo sin decirme cuál es la consecuencia negativa, quién está pagando por esa investigación o cuáles son los daños colaterales. Sin hablarme interculturalidad, colonización y de cómo esos fenómenos sociales y políticos atraviesan la ciencia que nos venden en los medios.
Creo que si nos alejamos un poco de esa visión tan centrada en lo más pequeño ampliamos las posibilidades. Cuando entrevisté a Ed Young, un periodista que ganó el Pulitzer y publica textos bastante largos en The Atlantic, le pregunté cómo era posible que su medio publicara textos de esa extensión. Él me decía “Aquí confían en eso y, además, he demostrado que tiene un efecto. La gente se suscribe a The Atlantic específicamente para leer mis artículos”.
Ahí te muestra que hay muchas personas interesadas en pagar por contenidos extensos. También le pregunté cómo se aseguraba de que ese contenido tuviera valor y que la gente llegara hasta la última palabra. El contestó que en cada párrafo tiene que haber una joya de contenido, una idea, un argumento que haga que el lector quiera seguir.
Entonces, más que quejarnos de si un contenido es largo o corto, el reto es aprender a contar historias con una joya en cada párrafo, para que la gente quiera seguir escuchando o leyendo.

La inteligencia artificial irrumpió en todos los ámbitos, también en el periodismo. Desde su perspectiva, ¿qué historias sobre IA están haciendo falta en el periodismo científico?
Aleida Rueda: la inteligencia artificial todavía no está siendo suficientemente cubierta desde el periodismo de ciencia. Durante un tiempo predominó la discusión sobre cuántos empleos iba a reemplazar o sobre la necesidad de aprender a usar estas herramientas, pero se están dejando de lado historias mucho más profundas.
La IA ya no es un tema aislado, debería convertirse en una perspectiva transversal, igual que hoy hablamos de enfoque de género o de procesos de decolonización. Cualquier tema puede analizarse desde la perspectiva de la inteligencia artificial y ahí hay enormes historias periodísticas por contar. También llegamos tarde desde las universidades, seguimos formando periodistas que aprenden sobre IA casi de manera autodidacta, sin una formación sólida desde lo ético, lo metodológico o lo periodístico.
Y ahora desde el otro lado: ¿cómo ha cambiado la inteligencia artificial su manera de hacer periodismo? ¿Dónde le resulta útil y dónde pondría un límite?
Aleida Rueda: La verdad, uso muy poca inteligencia artificial para hacer periodismo. Me gusta pensar que todavía pueden quedar algunos resquicios para resistirse un poco a la ola. Uso algunas herramientas de Google para periodistas, específicamente Pinpoint. Uso Canva, que ahora incorpora muchas funciones de inteligencia artificial, y de vez en cuando uso Gemini.
Para mí, la inteligencia artificial tiene que ayudarte a hacer más eficientes las tareas que toman mucho tiempo y que no requieren tanta creatividad ni tanto esfuerzo racional. Que te permita tener más tiempo para salir a campo, entrevistar personas, observar, pensar historias, pensar cómo contar un contenido científico, qué metáfora utilizar o qué entrevistado necesitas.
Suena obvio, pero pensar necesita tiempo. Si estoy haciendo cuatro transcripciones al mismo tiempo y leyendo cincuenta artículos científicos, mi tiempo para pensar creativamente se reduce muchísimo. Para mí ese sigue siendo el límite: que la inteligencia artificial me devuelva tiempo para hacer lo que más valor tiene en este oficio, que es pensar creativamente.
¿Qué espacios y alianzas entre campos del conocimiento debería explorar un periodista científico?
Aleida Rueda: El periodismo te permite conocer personas, acercarte a contextos diferentes, entender cómo piensa la gente según dónde vive, en qué cree, cómo creció, cuánto dinero tiene o qué limitaciones enfrenta en su vida. Esa posibilidad de ver más allá te obliga a pensar con qué herramientas y alianzas puedes hacer mejores historias y, además, disfrutar el proceso.
Siempre hay que hablar con la gente. Muchísimas historias nacen de una conversación o de observar qué le está pasando a alguien. Nunca se debe olvidar esa capacidad de escuchar activamente, entender y luego contar. Me parece que eso tiene que ser una parte inherente del periodismo.
Es muy importante todo lo que tiene que ver con la literatura. No significa leer solamente textos complejos. También diría que es necesario tener un acercamiento muy claro con otras formas del arte. Esa capacidad de poner atención al detalle: a la luz, a las nubes, a los árboles o a cualquier otro elemento. Preguntarte cómo alguien logró hacer una obra, qué pasos tuvo que seguir antes de llegar a ese resultado me parece muy periodístico, porque te ayuda a desarrollar procesos de trabajo en los que no solo piensas qué vas a escribir, sino de qué te puedes agarrar para escribir mejor y cómo observar las cosas para contarlas mejor.
En ciencia eso me parece especialmente útil. El uso de las metáforas, por ejemplo, o de otros recursos narrativos para contar ciencia es un terreno que se explora muy poco. ¿Qué escena puede ayudarte a entender mejor un fenómeno científico? Ese tipo de alianzas con la literatura, el arte, la poesía o incluso con el mundo detectivesco pueden ser muy útiles.
¿Cómo podemos democratizar, no solo la ciencia, sino la habilidad de comunicarla?
Aleida Rueda: Creo que contar ya es democrático, porque las personas están narrando todos los días su cotidianidad, los chismes, la política, lo que sea. El acto de narrar es independiente del mundo de la ciencia. Entonces, más bien la pregunta es: ¿cómo volvemos democrática a la ciencia para que forme parte del discurso público y de la vida cotidiana?
Lo que queremos como comunicadores es que la ciencia se vuelva parte del sentido común. Creo que eso ocurrirá en la medida en que deje de existir esa brecha, generalmente vertical, entre la ciencia y la gente. Tiene que haber un esfuerzo real de quienes están involucrados con la ciencia para que el conocimiento forme parte de la toma de decisiones ciudadanas y de la acción política de cualquier sociedad. La ciencia tendría que estar integrada al discurso público, eso es precisamente lo que hoy no sucede.
¿Cuál es tu ideal como periodista? ¿Por qué luchas?
Aleida Rueda: Lucho porque la ciencia esté al servicio de la gente. Mi ideal sería que cualquier persona fuera capaz de pensar racionalmente. No necesariamente pensar científicamente, sino de poner la racionalidad en el centro de sus decisiones. Y eso no quiere decir que todo sea únicamente evidencia o que todo deba reducirse al cientificismo, se trata de entender que la forma en la que se genera el conocimiento tiene métodos y formas que nos permiten tener mayor certeza sobre ciertas cosas, siempre en beneficio de las personas.
Para mí, esa racionalidad tendría que formar parte de la toma de decisiones de cualquier persona: para mejorar su vida, la manera en que entiende el mundo y para que también pueda apropiarse de ese conocimiento y transformar su entorno y su bienestar.



