Mompox: la convivencia entre arquitectura y medio ambiente

Mompox: la convivencia entre arquitectura y medio ambiente

Como si fueran maracas, Gabriel mueve sus piernas al ritmo de tamboras al tiempo que flautas y saxofones marcan el compás en el pueblo que visita desde hace casi una década. Fundado hacia 1540, hoy en día es la sede del Festival de Cine Independiente, del Festival de Jazz que se celebra cada año en septiembre y, también, el hogar de mestizos, colonos y afroamericanos que llegaron a esta región como esclavos durante la época de la Conquista.

El centro histórico de este municipio, reconocido por ser la cuna de personajes como  Candelario Obeso, precursor de la poesía negra en América, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995 en la categoría de paisaje cultural.

No es la primera vez que Gabriel Leal del Castillo y Andrés Gaviria, profesores de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, visitan la región. Desde 2009 han pasado horas enteras en salidas de campo semestrales caminando sobre su suelo, un tapete de arena húmeda con tierra, barro y piedras; moviéndose entre calles a temperaturas que varían entre 30°C y 35°C, y días completos estudiando las placas de cemento que miden más de un metro veinte y sobre las cuales está construida toda la ciudad.

De hecho, entender la armonía e integridad del paisaje urbano de Mompox, su relación con el medio ambiente y la decisión del Ministerio de Cultura de hacer la declaratoria como Monumento Nacional (Ley 163 de 1959) e inscribirlo en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, fueron motivos para que el Grupo de Investigación en Ecosistemas Antrópicos se interesara por el concepto ‘paisaje cultural’ a partir de su relación con el centro histórico del pueblo.

Leal del Castillo, magíster en Planificación Urbana y Regional, emprendió la tarea de recorrer y analizar la arquitectura de cada casa de Mompox junto a los académicos Gaviria, magíster en Ciencias Aplicadas en Conservación del Medio Ambiente Construido y director del Proyecto Patrimonio; Olga Pizano Mallarino, consultora en patrimonio cultural; y Ana María Osorio Guzmán, magíster en Geografía.

¿El resultado? La creación del proyecto ‘Centro histórico y territorio: Ecosistema cultural momposino’, que ha estudiado el patrimonio cultural de esta zona de Mompox para entender cómo protegerla, gestionarla y valorarla, y así garantizar su conservación y desarrollo sostenible.

De este proceso ha sido posible comprender que los recursos naturales y culturales de Mompox convergen, por ejemplo, en la riqueza gastronómica de la población, ya que para producir conservas de dulce de limón es necesario contar con sus árboles frutales, su alimentación depende de la pesca en las ciénagas aledañas, al igual que la continuidad de actividades tradicionales, como la ebanistería, de los bosques nativos de la región.

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El aspecto colonial

La arquitectura de esta población se asemeja a la de Andalucía, España. Sus casas suelen ser de un solo piso, con grandes ventanales, fachadas pintadas de blanco, estructuras construidas con forma de ‘L’ o ‘C’, amplios patios y pozos internos pensados, desde mediados del siglo XVI, para adaptarse a las condiciones climáticas de la región y dar prevalencia a las funciones del ecosistema.

Con las salidas de campo, los docentes encontraron cómo funcionan las dinámicas de la arquitectura colonial en relación con el medio ambiente. Allí evidenciaron que los árboles en los patios de las casas coloniales, pensados para ventilar y evitar que el sol penetrara las fachadas, proveen sombra a las habitaciones; que las calles están orientadas de diferente forma para que el sol, en horas de calor o en meses del verano, no afecte las paredes de la vivienda, y que sus techos (cubiertas a dos aguas) permitan que en temporada de lluvia ruede el líquido por un costado hacia el patio mientras que, por el otro, se filtra por las calles para viajar hacia el subsuelo, alimentando así los acuíferos subterráneos y manteniendo el balance hídrico por evapotranspiración, es decir, el proceso en el que el agua del suelo vuelve a la atmósfera debido a la evaporación y transpiración de las plantas.

En ese sentido, en palabras de Leal del Castillo, “nos dimos cuenta de que hay un manejo patrimonial proveniente desde la fundación de Mompox y está relacionado con su clima; por eso, todas estas hipótesis nos han permitido entender a este lugar como una máquina de adaptación climática”.

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Para evaluar sus ideas, el equipo de investigadores empezó a hacer comparaciones con estructuras coloniales del mismo tipo en diferentes zonas geográficas, además de una evaluación del funcionamiento de sus construcciones con el ecosistema de cada región.

Por ejemplo, la adaptación de este tipo de vivienda en el sector de La Candelaria, en Bogotá D.C., no es funcional ya que las bajas temperaturas de la capital producen instalaciones heladas, una casa incapaz de mantener el balance hídrico y el poco ingreso de luz al patio interno.

Adicionalmente, a diferencia de Cartagena o Santa Marta, el suelo de Mompox no quema, la tierra es húmeda y su ecosistema particularmente frágil, según Leal del Castillo, porque las  “manzanas de casas en Mompox, en muchos casos, están elevadas un metro sobre el nivel del suelo; según mi teoría, se construyeron teniendo en cuenta la dinámica de subida y bajada del nivel de agua del río”.

Este descubrimiento ratifica la estrecha relación que hay entre la urbanización de la Depresión Momposina y el ecosistema, pues, durante el verano, el agua de los brazos del río Magdalena (el de Loba y el de Mompox) baja y es navegable, mientras que en invierno el nivel del río sube e ingresa por los callejones de la ciudad sin dañar su infraestructura hasta llegar a las ciénagas. Eso permite que exista una interacción urbanismo–río–ciénagas, lo que convierte a Santa Cruz de Mompox en un referente sobre el paisaje urbanístico de Colombia en el mundo.

Hasta el momento, su centro histórico preserva la armonía e integridad del paisaje urbano, sus edificaciones mantienen la imagen de lo que fue una ciudad colonial española y su población depende de actividades tradicionales como la fabricación de muebles, orfebrería, producción de queso de capa o el típico dulce de limón y la venta de productos de maíz; sin embargo, todavía restan preguntas por resolver y reflexiones por abordar, entre ellas la construcción de diques para generar terrenos para la agricultura que han venido cambiando el paisaje, o el mantenimiento de los bienes inmuebles de la región, el valor de los instrumentos usados en los festivales musicales de Mompox, que mueven su economía, y la actividad pesquera amenazada por la contaminación de los ríos Magdalena, Cauca, San Jorge y sus afluentes.

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A la fecha, Mompox no solo conserva la memoria histórica del país al haber sido la primera población del Reino de la Nueva Granada en proclamar la independencia total de España el 6 de agosto de 1810, también es un escenario de tradición cinematográfica y literaria luego de que en 1987 se filmara una película sobre la novela Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. Santa Cruz de Mompox es un referente académico al conservar el colegio de San Carlos, la primera institución jesuita fundada en Colombia; es considerado por la Unesco, según Leal del Castillo, como “la población ribereña más grande  sobre un río principal que conserva características de Andalucía”, y por el grupo de investigación en Ecosistemas Antrópicos como un perfecto paisaje cultural digno de ser llamado patrimonio de la humanidad.

Capillas doctrineras: a prueba del tiempo y de la historia

Capillas doctrineras: a prueba del tiempo y de la historia

Hoy en día, en la zona cundiboyacense, existen 125 capillas doctrineras, muchas construidas entre los siglos XVI y XVIII. De acuerdo con los relatos de los cronistas, numerosas capillas erigidas en esta época desaparecieron o se vieron seriamente afectadas por movimientos telúricos. A pesar de este riesgo, apenas 14 han sido declaradas como monumentos nacionales y cuentan con medidas de protección y preservación.

La mayor parte de estas construcciones fueron edificadas con las técnicas de la época, entre las cuales, como es de imaginar, no se tenía en cuenta la sismorresistencia, lo que significa que los templos, testimonio vivo de nuestra historia, están en riesgo.

Conscientes del reto que implica la conservación de este patrimonio a nivel técnico, la arquitecta Cecilia López y el ingeniero Daniel Ruiz, de la Pontifica Universidad Javeriana, desarrollaron una investigación en la que dialogan las dos disciplinas y cuyos resultados plantean estrategias para que estos tesoros históricos sobrevivan al paso del tiempo y a la fuerza de la naturaleza.


Tesoros hechos de tierra

Con la llegada de los españoles a nuestro territorio, la vida de los indígenas cambió de manera radical: se instauró un nuevo orden social, político y cultural de la mano del adoctrinamiento en la fe cristiana. Entre los años 1500 y 1800 las iglesias fueron las construcciones más importantes de los nuevos pueblos; constituían uno de los ingredientes fundamentales del corazón de los territorios y fueron claves en la transformación que dio paso a una fusión cultural, de la cual somos fruto como nación.

Estos templos son vestigios en los que es posible escrutar la transformación de buena parte del territorio colombiano. La capilla doctrinera y la plaza central formaban un eje a partir del cual se desarrollaba la disposición de las calles y manzanas. “Las capillas eran lugares de encuentro social, puntos de referencia urbana, lugares de eventos culturales y de participación en actividades religiosas. Adicionalmente, eran el punto de partida de los misioneros para extender las actividades de adoctrinamiento en los nuevos territorios conquistados”, explica Cecilia López.

Según las Leyes de Indias, las capillas doctrineras Para la cubierta se usaba el sistema de par y nudillo, es decir, eran cubiertas a dos aguas, soportadas sobre estructuras de madera que, a su vez, sostenían un tendido hecho con cañas, cubierto con barro y tejas.
Según las Leyes de Indias, las capillas doctrineras se soportaban sobre estructuras de madera que, a su vez, sostenían un tendido hecho con cañas, cubierto con barro y tejas.

De acuerdo con lo establecido en las Leyes de Indias y en los contratos de construcción, los colonos tenían instrucciones claras sobre cómo debían edificarlas: tener entre 8,4 y 10,1 m de ancho, entre 42 y 45 m de largo y una altura aproximada de 5 m. Para la cubierta se usaba el sistema de par y nudillo, es decir, eran cubiertas a dos aguas, soportadas sobre estructuras de madera que, a su vez, sostenían un tendido hecho con cañas, cubierto con barro y tejas. La capilla mayor debía ser cuadrada u ochavada (que formaba un polígono de ocho ángulos). En cuanto a la iluminación, debían tener diez ventanas: seis para el cuerpo de la iglesia y cuatro para el presbiterio.

“Las capillas eran lugares de encuentro social, puntos de referencia urbano, lugares de eventos culturales y de participación en actividades religiosas. Adicionalmente, eran el punto de partida de los misioneros para extender las actividades de adoctrinamiento en los nuevos territorios conquistados”.

Cecilia López
Arquitecta y docente, Universidad Javeriana

Aunque no todas cumplían al pie de la letra con estas reglas, en lo que sí coincidían era en que todas estaban construidas en adobe y tapia pisada, lo que hoy se conoce como ‘construcción en tierra’. Significa que se levantaban a partir de adobes o segmentos de muros hechos de una mezcla de tierra y otros materiales sin cocer, es decir, secados al sol. “Hoy en día esta técnica está prohibida en la construcción, pues se ha demostrado que es poco segura, especialmente en caso de que ocurran sismos y terremotos”, explica Ruiz.

Sorprendentemente, muchas de nuestras capillas doctrineras aún se encuentran en pie; sin embargo, son vulnerables a los terremotos, sucesos en los que estarían en peligro no solo los inmuebles, sino, sobre todo, las vidas humanas. Por este motivo, los investigadores se dieron a la tarea de poner a prueba versiones a escala de 1:50 de las iglesias reales utilizando técnicas descritas en otros estudios, como recubrir los muros con estructuras de mallas de acero o de madera. Cada una de estas técnicas fue probada en dos condiciones: por la cara interna y externa de los muros y solo por la cara externa.

En la mesa vibratoria del Laboratorio de Pruebas y Ensayos de la Javeriana se puso a prueba la sismorresistencia de las pequeñas capillas; allí fueron sometidas a un movimiento equivalente al de un sismo de 7,6 de magnitud y con epicentro a 40 km, acorde con la amenaza sísmica real de Bogotá.

Se constató que, tanto si el refuerzo estaba por dentro y por fuera o solo por fuera, la mejor técnica para preservar la construcción es el refuerzo en madera. Ruiz explica que esta técnica de maderas de confinamiento logró que los muros reforzados por una sola cara tuvieran un nivel de desplazamiento menor a la mitad del desplazamiento frente al de los modelos sin refuerzo.

Por su parte, cuando se reforzaron con madera ambas caras de los muros, los niveles de desplazamiento se redujeron a la séptima parte de los movimientos de los muros sin refuerzo. “Así, ante un sismo con una magnitud mayor a 7,0 en la escala de Richter, el movimiento de las capillas reforzadas se reduce en al menos el 50 %, y en ninguno de los casos la estructura reforzada colapsaría”.

En la mesa vibratoria del Laboratorio de Pruebas y Ensayos se probó la sismorresistencia de las capillas construidas a escala, una vez los investigadores aplicaron técnicas de recubrimiento en sus muros.
En la mesa vibratoria del Laboratorio de Pruebas y Ensayos se probó la sismorresistencia de las capillas construidas a escala, una vez los investigadores aplicaron técnicas de recubrimiento en sus muros.

Esta investigación es el culmen de 15 años de trabajo en aspectos históricos, arquitectónicos, de análisis del material y comportamiento estructural. “Todos estos años hemos trabajado juntos de forma continua y aunque estos son los resultados de la última investigación, no se habría podido llegar al conocimiento tan preciso que ahora tenemos si no hubiéramos realizado todas las investigaciones previas”, expone López.

Este trabajo conjunto es un buen ejemplo de cómo, al tender puentes entre disciplinas, se pueden hallar respuestas a problemas cotidianos, como preservar la memoria arquitectónica y cultural, sintetizada en las capillas doctrineras, así como en otras edificaciones patrimoniales construidas en tierra que deben ser protegidas. “Con la información obtenida se pretende implementar estos sistemas de refuerzo en distintas tipologías que igualmente tiene gran valor arquitectónico y cultural para nuestra nación”, concluye López.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Ensayos en mesa vibratoria de capillas doctrineras a escala, con o sin refuerzo
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Cecilia López Pérez y Daniel Ruiz Valencia
Grupo de investigación Materiales y Estructuras
Departamentos de Arquitectura y de Ingeniería Civil
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-2015