Contradicciones entre querer informarse sobre ciencia, tecnología e innovación y en realidad hacerlo

Contradicciones entre querer informarse sobre ciencia, tecnología e innovación y en realidad hacerlo

En momentos de significativos debates sobre el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) que pretende definir la hoja de ruta que guiará al sector de ciencia, tecnología e innovación (CTI) en los próximos años, el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología – (OCyT) presenta sus indicadores de 2015. Estos brindan luces sobre cómo avanza la inversión en este campo, la formación científica y tecnológica en la población del país, las capacidades nacionales en CTI y otros aspectos más. Sintonizado a ese documento, el OCyT desarrolló la IV Encuesta Nacional de Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología, la cual revela que para los colombianos es muy importante estar informados sobre estos temas. Sin embargo, los hallazgos del estudio plantean que una cosa es la intención de estar informados y otra muy lejana que lo estén haciendo.

Los indicadores de 2015 señalan que aún es largo el camino para lograr la interconexión real y natural del mundo científico con la cotidianidad de los ciudadanos. Los resultados de la Encuesta revelan que el año pasado apenas el 72,48% de los encuestados consideraron muy importante la ciencia, la tecnología y la innovación. A diferencia de 2012, cuando esta percepción fue del 90,89%; es decir, esta idea decreció un 18,41%. Aún más dramático resulta este último año, pues al 16,28% le importó nada o le fueron indiferentes los temas científicos, tecnológicos o innovadores.

La publicación de este índice sobre CTI es un importante referente e insumo para el análisis y la toma de decisiones argumentadas en la materia. Su trayectoria y recolección de datos periódicos nos permite identificar tendencias y giros. Así es como frente a la manera en que los ciudadanos consumen y apropian la CTI podemos hacer lecturas que le dejan reflexiones a las entidades gubernamentales, los centros de investigación, el sector productivo y, de manera particular, a las universidades. Estas últimas enfrentamos retos al respecto porque, además de tener el mandato de la formación y la producción de nueva ciencia, hacen parte de nuestra misión la transmisión de conocimiento; hacer aportes relevantes para que el país encuentre cada vez más formas de desarrollo y crecimiento sostenibles, y contribuir a una sociedad informada, con criterio e insumos cualificados para su toma de decisiones.

El acercamiento de los temas de CTI a la ciudadanía es un factor prioritario para el desarrollo científico del país. Sin embargo, como podemos inferirlo de los índices de percepción de 2015, existe una brecha sensible en el diálogo entre lo científico y lo cotidiano. Los encuestados manifiestan un alto interés por informarse sobre temas de ciencia, tecnología e innovación, pero en el momento de cuestionarlos sobre su participación real en espacios que transmiten estos contenidos es mínima su participación. Llegar a la gente continúa siendo un reto para los espacios de comunicación de la ciencia como los museos, jardines botánicos, los eventos y las bibliotecas. El 52,87% de los encuestados el año pasado afirmó que tiene una participación muy baja en estas actividades y escenarios. Solamente el 5,77% indicó que contaba con una muy alta asistencia e involucramiento con los mismos.

En este contexto, para los encuestados, los medios de comunicación se imponen como los canales principales de transmisión de las novedades en ciencia y tecnología, a pesar de que la calidad en el tratamiento y seguimiento informativo dejen mucho que desear. Entre estos, impera cada vez con mayor fuerza internet seguido por la televisión. Este posicionamiento de internet podría tener relación con el crecimiento de la penetración que ha tenido este medio en los hogares colombianos. Según la Encuesta de Calidad de Vida del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), entre los años 2008 y 2015 internet triplicó su presencia en los hogares, de modo que el 37,98% cuenta con conexión hoy en sus casas. Es decir, con el paso de los días esta herramienta se suma naturalmente a la cotidianidad de los colombianos, y así niños, niñas y adolescentes comienzan a crecer en un ambiente que los convierte en nativos digitales, lo que plantea diferentes retos en comunicación.

Sin desconocer estos cambios en la sociedad colombiana y su deseo de informarse sobre CTI (según el OCyT, el 94,38% de la población considera de interés y utilidad para su vida cotidiana la ciencia, la tecnología y la innovación), la Pontificia Universidad Javeriana, convencida de que para impulsar la ciencia y la tecnología en el país debe continuar implementando mecanismos que reduzcan la brecha entre el mundo científico y el
cotidiano, sigue fortaleciendo sus espacios de divulgación científica y tecnológica y ampliando los canales de comunicación de doble vía. De esta manera, presenta la nueva versión impresa de PESQUISA con un lenguaje gráfico y escrito más cercano a los lectores, así como su nuevo portal web con información propia. Estas renovaciones tienen el firme propósito de democratizar el conocimiento.

 

Competitividad y ciencia: extraños socios en un programa de gobierno

Competitividad y ciencia: extraños socios en un programa de gobierno

Con la expedición de la Ley del Plan de Desarrollo 2014-2018, el gobierno Santos creó, entre otras figuras, el Sistema Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCCTI), el cual fusiona los sistemas de Competitividad e Innovación (CI) y el de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Si mis lectores están confundidos con tantas palabras de moda encadenadas y repetidas, tienen fundamento para ello. ¿Qué hacen esos extraños socios —la ciencia y la competitividad— ahora juntos?

El Sistema de Ciencia y Tecnología se organizó en 1991 con Colciencias como la entidad rectora, y en 1995 se creó el Sistema Nacional de Innovación. El sistema de Competitividad, por su parte, fue creado en 2006, y se estableció al Consejo Privado de Competitividad como su ente rector; en su andar se le añadió la innovación. La cantidad de funciones que quedaron interpeladas en dichos sistemas no estuvo sustentada en una inversión de recursos del mismo nivel. Con menos del 0,5% del PIB invertido en ACTI y el 0,2% en I&D, Colombia es uno de los países con peores niveles de inversión en Latinoamérica y en el mundo.

El Gobierno nacional, en cabeza del DNP y de Colciencias, circuló a finales del año pasado el borrador de Conpes de Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, el cual explica la manera como se pondrá en marcha el SNCCTI.

Sobre la base de un diagnóstico de todo lo que anda mal con la ciencia, la tecnología, la innovación y la competitividad, la nueva Política se propone fusionarlos, alinearlos y retroalimentarse. Según este diagnóstico, la crisis en la ciencia se percibe en el bajo número de artículos por investigador, el escaso impacto de sus publicaciones y la baja proyección internacional, el reducido número absoluto y la proporción de investigadores y de doctores por habitantes y la falta de direccionamiento estratégico en las áreas de investigación. La tecnología está rezagada por el bajo desarrollo de productos de alta tecnología y la baja inversión de las empresas en actividades de I+D. La innovación no se siente: es reducido el porcentaje de empresas que introducen mejoras tecnológicas, y resulta baja su capacidad gerencial y escasa su actividad en emprendimientos que generen valor agregado. En cuanto a la competitividad, no hay un incremento de los niveles de productividad por trabajador y el crecimiento de esta se circunscribe a unos pocos sectores de la producción.

Adicionalmente, la caracterización del sistema de educación superior donde se forman los profesionales y los investigadores es igualmente desalentadora, ya que tiene baja capacidad para transferir su conocimiento al sistema productivo, su cobertura aún es incipiente y los logros en pruebas estandarizadas dejan mucho que desear.

Por el lado de la estructura organizacional, no solamente hay una desarticulación evidente, sino que las entidades regionales que se crearon en diferentes momentos multiplican los esfuerzos y minimizan el impacto. El actor más alejado de los dos sistemas sigue siendo la empresa privada que en el plan propuesto, debe aportar la mitad de la inversión faltante en CTI.

Las universidades están presentes como protagonistas de tres de los cuatro objetivos estratégicos propuestos del SNCCTI y de la Política: formación de capital humano; investigación y desarrollo; transferencia de conocimiento y tecnología; innovación y emprendimiento. Sin embargo, en ellas se ubica el 90 % de los investigadores del país y son, por lo tanto, clave para que el plan tenga éxito. Su papel está minimizado y se desconoce su naturaleza. Los investigadores en las universidades no están contratados solamente para hacer investigación; tienen que cumplir compromisos de docencia, editoriales, de gestión y de extensión, en una proporción más alta que sus pares de otros países, debido a que se encuentran en universidades de docencia y no de investigación.

Hay una desproporción inmensa entre tres elementos que entran en tensión: a) las funciones misionales de las universidades, b) los recursos reales con los que cuentan para hacer investigación y desarrollo, y c) las demandas que la Política les hace. La tensión se hace evidente cuando dichas demandas se convierten en los instrumentos por los cuales se evalúa su desempeño, lo cual sobredimensiona un aspecto que en el día a día de estas instituciones es secundario o excepcional (los proyectos de I+D, por ejemplo), y se subvaloran las actividades que son prioritarias para las universidades (docencia de calidad, extensión, investigación básica, etc.).

El Conpes parte de una mirada idealista de las interacciones entre Estado, empresas y universidades. Se centra excesivamente en la investigación aplicada, el desarrollo tecnológico y la transferencia de tecnologías a empresas. Con ello, ejerce una violencia sobre las funciones de las universidades y desestimula las posibles contribuciones al desarrollo del país que no pasan por el desarrollo tecnológico. Si la ciencia en Colombia no ha recibido la atención del Estado que la Misión de Sabios reclamaba en 1994, y en el camino se le han pegado los temas de desarrollo tecnológico e innovación, ahora esta misión de contribuir a la competitividad hace que cambie su función de producción de conocimiento a producción de bienes y servicios.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Continue reading