La vejez, asunto  de todas las edades

La vejez, asunto de todas las edades

El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”, dice la canción para interpretar la experiencia de la vejez, que a veces llega con sorpresa. Esta es una realidad experimentada desde siempre por las personas, a título individual, y desde hace unas décadas por la población, sometida a un contundente proceso de envejecimiento demográfico.

La ‘transición demográfica’, un fenómeno que ocurre en muchos países, en Colombia se inició en la primera mitad del siglo XX: al comienzo, se presentan alta fecundidad, alta mortalidad y baja expectativa de vida al nacer. Hacia los años 30, descubrimientos como la penicilina impactan la mortalidad y aumentan la esperanza de vida. A mediados de siglo, la población crece al ritmo más alto de la historia demográfica del país: 3% como promedio anual; la mortalidad está en descenso, pero siguen naciendo muchos niños: siete hijos por mujer, en promedio. Llegan los años 60 con los anticonceptivos modernos: nacen menos, se mueren menos y los grupos numerosos nacidos bajo la altísima fecundidad, con el paso del tiempo, mueren más viejos. En 1990 la fecundidad baja a 2,5 hijos en promedio, al tiempo con reducciones de la mortalidad y aumentos en la esperanza de vida. En las últimas décadas, la fecundidad y la mortalidad tienen niveles relativamente bajos. De todos estos cambios acumulados en el tiempo, resulta el crecimiento de la población con 60 y más años.

En la actualidad, la especial atención que demandan las personas mayores tiene que ver no solo con su volumen creciente, sino también con las inequidades sociales persistentes. Aún es largo el camino para alcanzar la vejez digna para todos, entendida como el goce de un conjunto de derechos humanos que adquieren un sentido especial en la última etapa de la vida.

Como parte de su misión de ofrecer insumos de calidad para el diseño y ejecución de políticas públicas sobre esta realidad, el Instituto de Envejecimiento de la Pontificia Universidad Javeriana integra los esfuerzos de la demografía y la geriatría alrededor del proyecto Envejecimiento demográfico, derechos humanos y protección social de la vejez. Colombia 19512020. Focalización de la política nacional de envejecimiento y vejez, situación actual del país y perspectivas para un futuro próximo.

Los investigadores se basan en los censos de población del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE (1954-2005), y en las proyecciones del periodo 2006-2020, así como en las estadísticas vitales de mortalidad, otros sistemas de registros nacionales y grandes encuestas socio-demográficas.

La vejez mayoritariamente tiene  cara de mujer

Estos estudios confirman que, entre toda la población mayor de 60 años, de por sí vulnerable, hay un grupo que se ubica en primera fila: las mujeres. Su profunda desprotección se da, en primer lugar, por ser mayoría absoluta en la vejez. Al tiempo que nacen más varones, la mortalidad masculina es más alta en todos los rangos de edad, con énfasis entre los 15 y 25 años por la importancia de la mortalidad violenta. En Colombia, el conflicto armado y aún más los índices de violencia juvenil urbana intensifican la sobremortalidad masculina, que es un fenómeno universal.

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A esto se agrega la fragilidad social de muchas mujeres mayores: todas han trabajado, empezando por las labores del hogar. Sin embargo, por lo general han sido empleos informales, sin ahorro pensional u otros beneficios. Muchas mujeres mayores no tuvieron oportunidades de estudio ni de preparación para el trabajo cuando jóvenes; no pudieron ahorrar, no tienen casa propia y, cuando pierden su cónyuge, aparecen la soledad y la precariedad material, de acuerdo con la coinvestigadora Margarita Medina.

Departamentos y ciudades con poblaciones más y menos envejecidas

“En todos los departamentos de Colombia, el crecimiento de la vejez es considerablemente más alto en comparación con la población total”, es una de las conclusiones del estudio. Sin embargo, la transición demográfica no ocurre con igual celeridad en todas las regiones. A partir de la clasificación realizada, la investigadora Medina concluye que, en términos generales, mejores condiciones de vida y mayor desarrollo socioeconómico favorecen una población más longeva y, por ende, más numerosa.

De esto resulta que, si bien la población con 60 o más años, localizada en territorios con mayor desarrollo es más numerosa, probablemente tendrá mayores posibilidades de protección social, en especial por parte del sistema pensional.

Entretanto, en el campo y municipios pequeños permanece una población con 60 o más años que, si bien no es tan numerosa, configura uno de los grupos más frágiles dentro de los vulnerables, debido a la brecha profunda entre el campo y la ciudad en materia de calidad de vida, cobertura de pensiones, servicios y oportunidades.

No son dádivas, son retribuciones

El Instituto de Envejecimiento, que dirige el médico geriatra Carlos A. Cano, plantea que los programas para mejorar las condiciones de los mayores no pueden calificarse de ‘asistenciales’ pues, por un lado, está el aporte de esta población al mundo laboral y familiar a lo largo de muchos años y, por otro lado, se debe considerar que, en sus familias, se dan relaciones de reciprocidad: las personas mayores dan mucho más de lo que reciben en términos de afecto, escucha, consejos, cuidado de otros miembros del hogar y apoyo material: “con frecuencia, la experiencia y sabiduría de la persona mayor no se reconoce, y repetidas veces predomina una imagen social negativa de la vejez”, agrega Medina.

Pero no solo eso. El aporte económico de los mayores tiene una dimensión demostrable: un estudio sobre los subsidios asignados a la vejez vulnerable, Programa Colombia Mayor, elaborado para el Departamento Nacional de Planeación, con la participación del Instituto de Envejecimiento, señala que los recursos económicos recibidos por ellos en muchos casos se invierten en la familia e impactan positivamente la calidad y cantidad de la alimentación y el nivel educativo de los miembros del hogar.

Llamados de atención

El Instituto de Envejecimiento invita a las familias, a la sociedad, al Estado y al sector privado, a las ONG, a comprender que el envejecimiento es un asunto de todas las edades y de toda la sociedad, así como a tener una visión holística de las demandas de la población mayor, en sus múltiples dimensiones.

Las políticas deben potenciar las capacidades de las personas; prevenir y atender sus riesgos de salud; favorecer la autonomía personal; impulsar programas nutricionales; garantizar la protección frente a la violencia; valorar la sabiduría de los mayores; desarrollar programas culturales; favorecer la conformación de redes sociales que los protejan; atender necesidades y demandas de protección legal, y mantener y fortalecer los subsidios estatales.

También se debe aterrizar, a nivel departamental y municipal, una política pública social para la vejez, ausente en muchos casos.

Para leer más

  • Instituto de Envejecimiento de la Pontificia Universidad Javeriana. (2014). De los hechos a la acción de la política, focalización de la Política Pública Social de Envejecimiento y Vejez del Distrito Capital. 2013-2014. (CD interactivo).
  • Instituto de Envejecimiento de la Pontificia Universidad Javeriana. (2013). “Salud y entornos sociales de personas mayores Residentes en Bogotá”. Componente cualitativo del Estudio SABE Bogotá (Salud, bienestar, envejecimiento). (CD interactivo).
Novedades Editoriales Pesquisa 35

Novedades Editoriales Pesquisa 35

Televisión y construcción de lo público

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José Miguel Pereira G., ed. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 150 págs. Colección Cátedra Unesco de Comunicación.

Como un homenaje a los sesenta años de la televisión en Colombia y los veinte de la Especialización en Televisión de la Pontificia Universidad Javeriana, la XXI Cátedra Unesco de Comunicación se centró en la televisión y la construcción de lo público. En el libro se compilan los textos de las conferencias centrales de la cátedra, que discuten temas como los sistemas televisivos, las transformaciones de la industria, los nuevos formatos y audiencias, las narrativas televisivas, entre otros. Además, se presentan los resúmenes de todas las ponencias, las cuales se pueden consultar en versión completa, junto con las memorias audiovisuales del evento, en el CD que acompaña el libro. La cátedra y esta publicación continúan el debate acerca de los modos de aproximación a la información, la deliberación pública y el derecho al entretenimiento.

Infancia y educación. Análisis desde la antropología

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Maritza Díaz y Mauricio Caviedes, eds. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 236 págs. Colección Diario de Campo.

¿Cuál es el lugar que la educación atribuye a los niños y niñas en los diferentes grupos, clases o sectores sociales? ¿Cuáles son las consecuencias del lugar que atribuimos a niños y niñas en los cambios que viven nuestras sociedades? Bajo el horizonte de estas preguntas, los autores del libro ponen en tela de juicio las relaciones mecánicas que se han establecido entre la infancia y la educación, desde un punto de visto crítico: la antropología. El aporte fundamental que la antropología puede hacer al estudio de la infancia y la educación radica en la posibilidad de avanzar en estudios transculturales para entender el lugar de la infancia y sus transformaciones en diferentes contextos sociales, culturales y de clase.

De ahí que este libro cuestione la manera tradicional de entender la relación entre infancia y educación, a partir de un análisis comprensivo de los relatos de comunidades como la cubeo, las afrochocoanas y sociedades locales o fronterizas, como la bogotana y la venezolana, que se expresan en estudios de caso. A partir de dichos estudios, los lectores encontrarán reflexiones críticas y de rigor que buscan una comprensión amplia de los fenómenos antropológicos que suscita la pregunta por la infancia.

De esta forma, los autores intentan definir cuál es el lugar que la educación atribuye a la niñez en los diferentes grupos, clases o sectores socioculturales. En este libro, que hace parte de la colección Diario de Campo, los lectores podrán encontrar múltiples análisis desde la antropología, que buscan abrir el espectro de la mecanizada relación entre infancia, educación, y la ilusión de una mejor sociedad. Constituye, sin duda alguna, un reto de la antropología para la educación.

Civilización, frontera y barbarie. Misiones capuchinas en Caquetá y Putumayo, 1893-1929

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Misael Kuan Bahamón. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 220 págs. Colección Taller y Oficio de la Historia.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX en Colombia, como consecuencia del proceso de Regeneración conservadora, se encomendó a las misiones capuchinas la labor de educar a las comunidades indí- genas en territorios de frontera, como Caquetá y Putumayo. Las misiones buscaban también incrementar la productividad de los nativos y asimilarlos como elementos útiles del orden mundial de explotación y exportación de recursos, un proceso complejo en el que juegan y se entremezclan decisiones políticas y económicas, la defensa del territorio y la ampliación de la frontera productiva. A partir de un levantamiento y estudio de fuentes primarias eclesiásticas —cartas e informes de misión inéditos—, Kuan logra reconstruir las acciones de las misiones, así como las técnicas y estrategias de resistencia de los indígenas: una doble historia de educación y civilización de lo entonces considerado como bárbaro, en el contexto de consolidación de la economía extractiva en el sur de Colombia.

La última utopía. Los derechos humanos en la historia

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Samuel Moyn. Traducción de Jorge González Jácome. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. 338 págs. Colección Fronteras del Derecho.

Hoy en día, el discurso que apela a la autoridad moral y política de los derechos humanos, como valores esenciales que requieren ser protegidos, se puede encontrar en todo tipo de conflictos alrededor del mundo. Sin embargo, todavía su historia no es bien conocida por quienes los invocan. Por ejemplo, se cree que su origen es el resultado de la materialización de un ideal moral tras el Holocausto que lentamente pero de manera firme se incrustó en la conciencia de los seres humanos de entonces.

Como respuesta a este tipo de interpretaciones míticas, Samuel Moyn, profesor de la de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, ha revisado a contrapelo la historia de los derechos humanos en este libro. De forma novedosa, Moyn considera que el origen de los derechos humanos, como discurso ampliamente usado y efectivo ideológicamente en la realidad política de todo el mundo, es resultado del impacto transformador de varios eventos de la década del setenta del siglo pasado, como el final del colonialismo formal y la crisis del Estado poscolonial.

El mayor aporte histórico de esta investigación se centra en lo que el profesor Jorge González Jácome, traductor de este libro, reconoce como el esclarecimiento del concepto de derechos humanos en la historia de las ideas, más allá de las ciencias jurídicas, políticas y las relaciones internacionales. Puesto que estos nacieron como la posibilidad de darles “poder a quienes no tienen poder”, sus promotores no siempre han reconocido que los derechos humanos “hoy se encuentran atados con el poder de los poderosos”. De ahí que este libro sea una revisión crítica de los derechos humanos como definición esperanzadora del futuro tras el despertar del sueño de la revolución: la última utopía.

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