¿Por qué es importante sembrar un árbol y mejor aún si es especie nativa?

¿Por qué es importante sembrar un árbol y mejor aún si es especie nativa?

En medio de la situación actual las reflexiones son muchas. Una de ellas, la cual considero muy importante, es el estado actual de nuestro planeta. Pero aún más importante para mí es lo que podemos hacer.

Una de las sugerencias que hemos venido escuchando por muchos años es que debemos sembrar árboles y para esta columna me gustaría contarles por qué es importante. En mi caso, cuando he visto publicidad con respecto a esta actividad, siempre se refiere a su valor en términos de producción de oxígeno, resultante del proceso de fotosíntesis. Como sabemos, esta molécula es fundamental para la existencia de todos los animales, incluyéndonos.

Sin embargo, para este punto debo hacer una aclaración, sin el objetivo de desanimar: los árboles sí producen oxígeno, por supuesto, pero no son los mayores productores de él en el mundo ¿Se les ocurre en este momento algún otro organismo que tenga este papel? Las plantas producen aproximadamente el 28% de este gas en la Tierra, pero es el fitoplancton, organismo autótrofo (que se nutre de su propia materia orgánica) que habita en el mar, el que más aporta, liberando entre el 50% al 85% de dicha sustancia en el planeta.

Como dije anteriormente, que esto no lo desanime. Que los árboles no sean los mayores productores de oxígeno no quiere decir que no sea fundamental el porcentaje que generan para todos los organismos que requerimos de esta molécula para nuestra existencia. Esta aclaración la hago incluso con el objetivo de que no nos quedemos con este único argumento para decidir sembrarlos.

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Ellos son muy importantes por esta y otras razones: la generación de sombra, la regulación bioclimática debido a que absorbe el agua por sus raíces y la devuelve al ecosistema en forma de vapor a través del proceso llamado evapotranspiración, favoreciendo la humedad. Esto contribuye también a la regulación de las temperaturas. Además, canalizan los vientos y enfrían los ambientes de forma pasiva.

Así mismo, los árboles aumentan la fertilidad de los suelos, debido a que la cantidad de materia orgánica se incrementa. Gracias a sus raíces, disminuye la erosión que generan el agua y el viento, reteniendo la tierra y evitando, por ejemplo, los deslizamientos. Con respecto al agua, cumplen un papel fundamental, pues mejoran la infiltración y retención de esta, permitiendo que lleguen a acuíferos subterráneos.

En cuanto a su relación con otros organismos: son usados como alimento por innumerables seres vivos; son el hábitat de animales y de otras plantas; son parte fundamental tanto de la alimentación humana como de nuestra cultura pues se utilizan con fines ornamentales, medicinales, de construcción, obtención de combustibles y fibras. Los árboles se relacionan con el embellecimiento de espacios urbanos y con el bienestar físico y psicológico de los individuos. Estos son solo algunos beneficios.

No puedo dejar de referirme a su importancia en cuanto a la captación de dióxido de carbono o CO2, el cual integra a su biomasa (tallos, hojas, ramas y raíces), siendo este compuesto un Gas de Efecto Invernadero (GEI) producido en enormes cantidades diariamente, el cual proviene, en su mayoría, de múltiples actividades humanas.

 

Es importante que si usted toma la decisión de sembrar un árbol, tenga en cuenta entre sus opciones especies nativas de la región geográfica donde se encuentra.

 

Para terminar de responder el interrogante planteado en el título de esta columna, es importante que si usted toma la decisión de sembrar un árbol, tenga en cuenta entre sus opciones especies nativas de la región geográfica donde se encuentra, es decir, que crezcan naturalmente en ese lugar. Estas variedades vegetales llevan miles de años adaptándose tanto a condiciones físicas como químicas del lugar donde usted vive, por lo tanto, interactúan con animales y vegetales propios de su zona; además son polinizadas por seres propios de esos sitios y hacen parte de sus cadenas tróficas. Tenga en cuenta algunos árboles nativos de Colombia que puede sembrar: cedro, guayacán trébol, encenillo, entre otros, que dejo en este enlace para que usted consulte.

Después de leer este escrito, espero que se anime a sembrar un árbol y cuando le pregunten por qué lo hace, piense en varias de las razones que le describo aquí. Invite a sus amigos y familiares a plantarlos y, por último, tenga como alternativa uno nativo de su región. Cuando la planta crezca, usted podrá observarla haciendo parte de uno de los miles de hermosos paisajes que tiene nuestro país, Colombia.

Que los eventos naturales no causen desastres

Que los eventos naturales no causen desastres

“Deslizamientos y lluvias, principales preocupaciones en Hidroituango”; “Inundaciones en Japón: más de 100 muertos por fuertes lluvias”; “Una persona muerta y dos heridas deja avalancha en Girardot”. Estos titulares son pan de cada día en Colombia y en el mundo. Volcanes que hacen erupción, sismos que afectan poblaciones enteras, eventos de la naturaleza que causan miles de pérdidas humanas y económicas. ¿Cómo prepararse para una de estas eventualidades?

Perder más de 20 mil colombianos en el desastre de Armero en 1985 hizo sonar las alarmas. El país tenía que avanzar en esta materia, desde la geología, la sociología, la ingeniería y la comunicación, porque esa historia no podía repetirse. El Servicio Geológico Colombiano tomó medidas para estudiar los diferentes fenómenos naturales que amenazaban el territorio nacional, y hoy, más de 30 años después de la tragedia, vuelve a ser un referente para que el grupo de investigación Riesgo en Sistemas Naturales y Antrópicos, de la Pontificia Universidad Javeriana, estudie la gestión del riesgo.

La investigación surge en 2011, lleva tres fases y los investigadores, de la mano de sus colegas en la Universidad Católica de Colombia, se aprestan a continuar con la cuarta fase. Se trata, hoy y siempre, de un tema vital, por lo que es necesario aprender de lo sucedido.


La gestión del riesgo es demasiado importante

Dice Alfonso Mariano Ramos Cañón, profesor titular de la Facultad de Ingeniería y del Instituto Geofísico de la Javeriana, que para abordar el riesgo generado por un peligro natural es necesario considerar dos componentes: amenaza y vulnerabilidad. El primero responde a la pregunta: ¿cuál es la probabilidad de ocurrencia de un evento natural, como un deslizamiento, una inundación, una erupción o un sismo? Al respecto, hay una buena base de conocimiento en el país. Pero la vulnerabilidad se refiere más a aquello que se afecta cuando la amenaza se materializa. Y a pesar de que Colombia también ha avanzado en su estudio, al determinar, por ejemplo, cómo se afectaría la infraestructura simulando las magnitudes de los posibles eventos, “otras perspectivas de vulnerabilidad se han tocado con menos esfuerzo”, explica Ramos, quien desde hace más de un par de décadas trabaja el tema del riesgo por diferentes peligros de naturaleza geofísica, como sismos, deslizamientos y avenidas torrenciales.

“En 2011 empezamos a pensar que si han ocurrido desastres y siguen ocurriendo, ¿qué es lo que está pasando? No estamos aprendiendo, y a pesar de que la amenaza es cíclica, siguen ocurriendo los mismos desastres”. Se refiere, por ejemplo, a la temporada de lluvias que vivió el país justamente en ese año, con deslizamientos e inundaciones en varias poblaciones. “El invierno castigó a Colombia en el 2011”, titulaba El Universal de Cartagena; “Inundaciones en Colombia: igual a anegar Bogotá 27 veces”, informaba la revista Semana.

“Eso estaba muy vivo”, recuerda Ramos. Como no era la primera vez que sucedía, había que aprender de ello. Y así se inició el primer proyecto de investigación.

El enfoque del proyecto tiene su propio sello: no solo cuantifica lo que podría suceder, sino que considera al ser humano como afectado por dicha circunstancia. Así que los investigadores ―un equipo de profesionales de distintas disciplinas― empezaron a trabajar en cinco dimensiones, con base en categorías planteadas por el Departamento Nacional de Planeación: económico-productiva, político-institucional, ambiental, urbano-regional y sociocultural. Buscaban, en últimas, proponer medidas de prevención, corrección o mitigación, para lo cual asociaron unos indicadores a cada dimensión, como la cantidad de área protegida, de edificaciones construidas en la zona de amenaza, de camas disponibles en los hospitales de la zona, el promedio de personas por casa o las redes sociales en la comunidad.

Con esa batería de indicadores y un trabajo de ingeniería para el cruce de toda la información, crearon el Sistema de Información de Vulnerabilidad Territorial (SIVT) que entrega recomendaciones a las regiones sobre las acciones de preparación, reducción y manejo de desastres ante un evento natural. “Es como una cajita negra y uno lo que hace es meterle los indicadores para las cinco dimensiones, ella hace sus cálculos y a partir de ese análisis se puede entregar una serie de priorizaciones para la prevención”, explica Ramos.


El valor del componente social en la investigación

Junto con ingenieros de distintas especialidades y un filósofo, los investigadores incluyeron en la metodología la participación de los ciudadanos a través de talleres para conocer su percepción sobre las amenazas y proponer medidas a corto, mediano y largo plazo, y así disminuir la vulnerabilidad de las comunidades. Tomaron tres casos: San Marcos, en el departamento de Sucre, región de La Mojana; Manatí, en el sur del departamento del Atlántico ―en el norte de Colombia las inundaciones por fuertes lluvias son una constante―; y Armero-Guayabal, en el departamento del Tolima.

Dibujos de niños y jóvenes en las poblaciones donde se realizaron los talleres.
Dibujos de niños y jóvenes en las poblaciones donde se realizaron los talleres.

Hasta esas regiones se desplazaron los investigadores con sus estudiantes de pregrado, maestría y doctorado, quienes realizaban sus tesis de grado, y organizaron diferentes actividades dirigidas a niños, jóvenes y adultos mayores para conocer sobre creencias y valores, redes sociales e identidad, y resiliencia.

Allí hablaron sobre los dichos populares que los identifican en su cotidianidad y cuyo contenido procuran llevar a la práctica ―como “el que no oye consejos no llega a viejo”, o “soldado avisado no muere en guerra”―, sobre el significado del agua en la comunidad, o sobre Dios. Los invitaron a dibujar sus regiones, destacar allí las personas y los sitios más significativos, y a soñar en el futuro. Así obtuvieron respuestas muy elocuentes, como:

“Dios no tiene la culpa de que se inunde [la región], la culpa es por las lluvias. Él nos cuida de que nada malo mayor pase”.

“Ahora no se sabe cuándo va a llover, antes sí. Ahora se espera el invierno con agonía, antes con armonía”.

Los talleres fueron clave para apoyar la generación de indicadores, porque “aprendemos haciendo”, explicó la coinvestigadora Paula Andrea Villegas González, estudiante del Doctorado en Ingeniería de la Javeriana y profesora de pregrado en esta universidad, así como en la Católica. “Cuando en los proyectos se involucran las comunidades, como en este caso, no se impone la visión de la academia, sino que se promueve un diálogo de saberes y de conocimientos a partir del cual se construye el proyecto de investigación”, explica. “En ese sentido, el enfoque fue construir un sistema de indicadores y un conjunto de medidas con las comunidades donde ellas también fueran partícipes en el proceso de construir conocimiento”.


Los resultados en la práctica

Como producto de las primeras tres fases de la investigación, se lanzó un libro en julio de este año, titulado Gestión del riesgo en Colombia: vulnerabilidad, reducción y manejo de desastres, y se desarrolló un software para aplicar los indicadores de las cinco dimensiones en cualquier región del país. “El libro detalla la metodología completa, el software es la parte utilitaria”, explica Ramos, pero “la parte fuerte es justamente la conceptualización de las dimensiones y la manera como se quiere evaluar o cuantificar, o en ocasiones cualificar, cada una de esas dimensiones”.

Para Villegas, son dos las lecciones de esta investigación: trabajar con las comunidades y aprender de lo que ha pasado: “No es posible que después de tantos años todavía cometamos muchos errores porque no aprendimos del pasado”. Y para el futuro, la enseñanza es contar con unos criterios más amplios a la hora de sistematizar la información y caracterizar los eventos naturales que conllevan desastres.


Para leer más:

  • Villegas González, P. A., Ramos Cañón, A. M., González Méndez, M., González Salazar, R. E., De Plaza Solórzano, J. S. (2017). Territorial Vulnerability Assessment Frame in Colombia: disaster risk management. International Journal of Disaster Risk Reduction, 21, 384-395.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Retrospectiva de las catástrofes naturales en Colombia como insumo para la construcción de un sistema soporte de decisiones
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Alfonso Mariano Ramos Cañón
COINVESTIGADORES: Paula Andrea Villegas González, Mauricio González Méndez, Ramón Eduardo González Salazar, Juan Sebastián de Plaza Solórzano, Edwin Daniel Durán Gaviria y Holman Diego Bolívar
Grupo de investigación Riesgo en Sistemas Naturales y Antrópicos
Instituto Geofísico
Facultad de Ingeniería
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2011-actualmente