Las historias más leídas de PESQUISA JAVERIANA

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Anamú: ciencia que se vuelve empresa

Ya han pasado 42 ediciones desde que PESQUISA JAVERIANA publicó el artículo “El anamú, la inmunología y el cáncer” (edición 8, diciembre de 2008). Y este texto sigue siendo el rey de las visitas en nuestra página web. ¿Por qué? Para Susana Fiorentino, la investigadora que con su grupo de trabajo continúa analizando los efectos antitumorales de esta planta ―utilizada tradicionalmente en la medicina indígena―, “lo publicado en PESQUISA abrió la puerta para que en el país se comience a hablar de la importancia de las plantas en el control del cáncer. Lo primero que hacen las personas con la enfermedad es mirar en internet. Cuando buscan se encuentran con publicaciones de la Pontificia Universidad Javeriana, que están indexadas, validadas por pares, en donde hay datos científicos”.

Fiorentino comenta que aún contesta mensualmente gran cantidad de correos electrónicos que contienen preguntas sobre el diagnóstico, manejo y cura del cáncer. “Después de varios años trabajando en esto, me he dado cuenta de que la aproximación de nuestro grupo al estudio de las plantas era muy diferente a la de otros investigadores. Nosotros incorporamos el concepto de la respuesta inmune, las plantas y el cáncer, y eso fue lo que cambió el horizonte de los fitomedicamentos en esta área del continente. Así, nos acercamos a la medicina de oriente y eso puso en la mira algo: hay un conocimiento tradicional en nuestras comunidades que no está estudiado ni explotado”, explica esta científica bogotana que finalizó dos posdoctorados en Francia.

A su investigación se han unido otros actores. Uno de ellos fue el Hospital San Ignacio, con el que actualmente realiza un estudio clínico para determinar la seguridad de otro fitomedicamento, obtenido esta vez del divi-divi. “Aunque el artículo más visitado es el del anamú, el medicamento más adelantado es el divi-divi”, afirma de manera orgullosa. Esto se debe a que el rendimiento en la obtención del medicamento a partir de la planta fue mejor y la caracterización de las moléculas fue más rápida.

La cofinanciación por parte de Colciencias ha sido vital para dar continuidad a los proyectos. “Un proyecto de regalías de 3500 millones de pesos nos permitió avanzar hasta estudios clínicos para desarrollar el divi-divi”, explica Fiorentino. Lograron “avanzar en toda la cadena de valor y fortalecer todos los insumos para migrar al proyecto Colombia Científica, que nos acaba de dar 18.000 millones de pesos para estudiar 30 plantas más y terminar el desarrollo del anamú”.

En abril de 2019 esta investigadora fundó, junto con otros emprendedores, una empresa basada en este conocimiento, con el apoyo de la Pontificia Universidad Javeriana, que licenció la propiedad intelectual a esta startup, para avanzar en el escalamiento y comercialización de sus fitomedicamentos, que provienen del aprovechamiento sostenible de la diversidad de plantas locales. Y se van cumpliendo las metas. “Hay que hablar de ciencia en revistas como PESQUISA para que la gente sepa que en el país se hace ciencia y que esta aporta en la construcción de una verdadera bioeconomía basada en el conocimiento”, concluye.

El ‘barrismo’, un fenómeno que sigue bajo la lupa

Cuando se trata de fútbol, el sentido de pertenencia por una camiseta, un escudo y unos colores se ha convertido en estilo de vida para miles de colombianos. Y esa misma realidad se refleja en las visitas a la página web de PESQUISA JAVERIANA.

El artículo “Barras de fútbol: violencia, identidad y territorialidad” (edición 4, de octubre de 2007) es uno de los textos más vistos en nuestro ecosistema digital. De acuerdo con Jairo Clavijo, quien realizó la investigación de su tesis doctoral en antropología sobre la naturaleza de las prácticas sociales de los barristas, este tema nunca pasará inadvertido, porque desde las ciencias sociales su análisis es novedoso y heterodoxo.

“El primer efecto de nuestra investigación es que hay unos estudios sobre el estado del arte que ya han sido publicados, donde se reconoce nuestra investigación como uno de los trabajos iniciales sobre barras bravas”, dice este profesor del Departamento de Antropología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Otra de las huellas que cree que ha dejado su publicación es el camino que se abre a los científicos sociales sobre los fenómenos derivados del deporte, como el caso de la tesis de grado que dirigió sobre cómo se forman los jóvenes en las escuelas deportivas, teniendo en cuenta su entorno social.

Clavijo deduce que los comportamientos de las barras de fútbol que analizó en su momento se siguen repitiendo en la actualidad. Uno de ellos, por ejemplo, es la presencia de barras de equipos de fútbol en los paros de finales de 2019. En su argumentación defiende la tesis de que hay una condición de desigualdad social y marginalidad sobre los jóvenes, por lo que ellos acuden a espacios masivos de protesta para tratar de ser escuchados. “Las barras bravas del fútbol encarnan la angustia de unas personas que no tienen ‘existencia’ por fuera de ese espacio”, sentencia.

La educación religiosa liberadora, un modelo que se replica

“Si la educación religiosa no se hubiera quedado en algo memorístico, sino que realmente hubiese sido una experiencia de formación, este país sería diferente”, afirmó el experto en estudios religiosos José Luis Meza Rueda, en el artículo “De la clase de religión a una educación religiosa liberadora”, publicado en la edición 34, de noviembre de 2015.

Tres años después, este doctor en Teología continúa insistiendo en la importancia de que los estudiantes generen un sentido crítico con respecto a la educación religiosa, es decir, “que sea liberadora”, para entender otros puntos de vista y de esa manera poder resolver conflictos.

“Tenemos que ser conscientes de que cuando uno propone una educación religiosa liberadora, va en contra de lo establecido, y hay ciertas instituciones a las que no les interesa que el sujeto tome consciencia, reflexione, se empodere y deje de ser un sujeto pasivo, que no sea un ‘lactante religioso’”, afirma el profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Gracias a su persistencia y a la continuidad de la temática investigativa, ya recoge los frutos de su iniciativa. Uno de ellos es la publicación del libro Educar para la libertad, que ya se utiliza en las aulas de clase de diferentes instituciones. Esta publicación, estructurada en tres capítulos, reflexiona sobre la educación religiosa escolar en la perspectiva de la liberación como propuesta de formación.

El modelo propuesto por Meza y su equipo, que él califica como un ejemplo para aprender a solucionar los conflictos que ha vivido el país durante décadas, ya se ha implementado en municipios de los departamentos de Bolívar, Nariño, Putumayo y Cundinamarca. “Nos alegramos de que la propuesta haya llegado a instituciones de la ‘Colombia profunda’, que vive realidades dramáticas de pobreza, inequidad y violencia”, afirma.

Educación: un campo natural para la innovación y la investigación

En el mundo de la educación, la reflexión sobre cuál debe ser el rol de los profesores es uno de los ejes permanentes de las propuestas que quieren transformar la enseñanza en el país. Y no es para menos. Quizá por esta y otras razones, el artículo “¿Maestros investigadores e innovadores?” (edición 30, de noviembre de 2015) ha sido uno de los más consultados en la página web de PESQUISA JAVERIANA.

El artículo presentó el proyecto de investigación “Formación en investigación e innovación pedagógica en programas de licenciatura en ciencias naturales, ciencias sociales, artes y humanidades, y educación y pedagogía”, coordinado por los investigadores Fabiola Cabra-Torres y José Darío Herrera González.

“La investigación realizada constituyó un aporte significativo a la discusión sobre los procesos de formación de los licenciados, así como a la identificación de sus retos más importantes. Se buscó que los resultados llegaran directamente a profesores y estudiantes como una forma de enriquecer y retroalimentar las prácticas formativas de los programas analizados. Así mismo, más de una veintena de estudios sobre la formación inicial de maestros ha citado la investigación, para seguir problematizando la noción de maestro investigador e innovador”, manifiesta Cabra-Torres, profesora de la Facultad de Educación.

Además, señala que actualmente es fundamental que los maestros dejen de ser receptores de teorías o modas pedagógicas, para convertirse en participantes activos de la transformación social y educativa, mediante la reflexión y la investigación pedagógicas.

Incluso sugiere que más allá de alcanzar acreditaciones, la coexistencia natural de la enseñanza, la investigación y la innovación pedagógica en espacios formativos es clave para los desafíos que tienen los sistemas educativos y la formación docente.

¿Cuál es el camino? Para la investigadora, debe haber más autonomía, formación permanente y condiciones para que el profesor innove en sus métodos. También señala la necesidad de generar estrategias para que, después de egresar de sus facultades, los profesores sigan vinculados a redes de maestros, grupos de investigación y semilleros, de manera que enriquezcan su ejercicio docente. Hay que examinar con profundidad algunos de los estereotipos que circulan actualmente sobre la investigación y la innovación.

“También se debe fortalecer una idea de investigación como experiencia crítica que genera condiciones para pensarse a sí mismo y a la comunidad educativa circundante; una investigación que pueda contribuir a la justicia social desde su compromiso con la formación de educadores e investigadores educativos, atendiendo a su reconocimiento y participación en la sociedad”, agrega.

De la clase de religión a una educación religiosa liberadora

De la clase de religión a una educación religiosa liberadora

El país está preocupado porque a los estudiantes de 15 años no les fue bien en las pruebas PISA, que miden la comprensión lectora y las habilidades matemáticas. En 2014 ocupamos el puesto 61 entre 65 países. Y en la evaluación de soluciones creativas a problemas planteados quedamos en el puesto 44… ¡en una lista de 44 países! Peor no pudo ser.

En educación religiosa, parece que también nuestro país ha fracasado, según se desprende de las investigaciones realizadas en Enseñanza Religiosa Escolar (ERE). “Si la educación religiosa no se hubiera quedado en algo memorístico, sino que realmente hubiese sido una experiencia de formación, este país sería diferente”, dice el experto en estudios religiosos y doctor en teología José Luis Meza Rueda, uno de los investigadores principales del estudio titulado Hacia una educación religiosa escolar liberadora: elementos liberadores presentes en la ERE en algunas instituciones educativas oficiales de Colombia.

El profesor Meza se refiere a que, muy probablemente, un buen porcentaje de colombianos podría recitar de memoria los diez mandamientos de la religión católica, pero si realmente hubiéramos aprendido el ‘no matarás’, el ‘no robarás, o el ‘no mentirás’, nuestro país no tendría los índices dramáticos de homicidios, desplazamiento forzado, corrupción y desconfianza en el otro. El día a día nos demuestra que no aprendimos.

Sin embargo, la historia que revive la investigación mencionada va mucho más allá de conocer los mandamientos y aplicarlos. Se trata de un trabajo que incluyó 14 instituciones educativas públicas colombianas con el fin de identificar esos elementos liberadores de la enseñanza religiosa, para así poder promover una propuesta de transformación del área.

¡No a la clase de religión! ¡Sí a una educación religiosa!

La investigación partió de la base de que la ERE no puede ser aséptica ni indiferente a las realidades y dinámicas sociales, según se lee en uno de los artículos que han publicado. Anteriormente las instituciones educativas dictaban la clase de religión y, por ser un país mayoritariamente católico, se restringía exclusivamente a enseñar esa doctrina. Pero desde la Constitución Política de Colombia de 1991, se garantiza la libertad de cultos. Su artículo 19 dice así: “Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”. Menos de tres años más tarde, el artículo 23 de la Ley 115, ley general de educación, estableció que la educación religiosa es un área fundamental y “se ofrecerá en todos los establecimientos educativos, observando la garantía constitucional según la cual, en los establecimientos del Estado, ninguna persona podrá ser obligada a recibirla”.

“Este cambio generó incertidumbre en las instituciones educativas”, explica Meza; algunas siguieron ofreciendo lo que conocemos como la clase de religión, una religión confesional muy similar a la catequesis escolar, pero cuando se matriculaba un estudiante que practicaba otra religión, la institución no estaba preparada para recibirlo; otras la convirtieron en clase de ética, de valores o de formación ciudadana; un tercer grupo resolvió realizar actividades libres o lúdicas, y finalmente hubo instituciones que se detuvieron a pensar en rediseñar la materia con el fin de permitirle al estudiante “una comprensión de lo religioso en la cultura bajo una perspectiva incluyente y plural pero, también, una formación que le permitiera asumir responsablemente sus decisiones en asuntos de creencia”, continúa Meza.

El trabajo teórico y práctico de la investigación

El método que guió la investigación fue el de la participación-acción crítica y reflexiva, que tiene en cuenta el ‘ser’ y el ‘deber ser’. En el primer caso, el ‘ser’, identificaron lo que estaba ocurriendo con la ERE en cada institución consultada, por medio de una encuesta a directivos, grupos focales realizados con estudiantes de 6º y 10º grados y entrevistas semiestructuradas a los profesores de educación religiosa. Seleccionaron instituciones oficiales ubicadas en lo que Meza llama “la Colombia profunda” o de la periferia: en dos poblaciones de Bolívar, tres de Norte de Santander, seis de Nariño y tres de Putumayo. “Son instituciones donde encuentras todas las deficiencias: los profesores que enseñan educación religiosa no son licenciados en educación religiosa ni en teología; muchas veces son profesores de otras áreas, incluso de dibujo o de educación física; los textos que usan están desactualizados; no hay trabajo en equipo entre los mismos profesores ni con los líderes de otras confesiones religiosas”.

En el caso del ‘deber ser’, los investigadores partieron de la premisa de la vigencia de la teología y la pedagogía liberadoras y, por consiguiente, consideraron que era posible pensar en una ‘educación religiosa liberadora’. Por eso, “la educación religiosa en perspectiva liberadora es dialógica, crítica, reflexiva y genera conciencia en el sujeto”.

Este ‘deber ser’ se constituyó en el marco teórico de la investigación, producto del cual escribieron el libro Educar para la libertad, una propuesta de educación religiosa escolar en perspectiva liberadora, “en el que presentamos los principios, mediaciones, contenidos, didáctica, evaluación, la relación con la comunidad educativa, el propósito, legitimación, objeto de estudio y forma de integración curricular de una educación religiosa liberadora”, explica Meza.

Estos elementos se convirtieron en categorías de análisis de la información recabada en las 14 instituciones, a través de la revisión de los Programas Educativos Institucionales (PEI), los planes de área, los programas de asignatura y los cuadernos de los estudiantes; también de la información recolectada en las entrevistas y cuestionarios. Todo esto les permitió concluir que, aunque hay buena voluntad de los profesores, “estamos lejos de lograr lo que quiere una educación religiosa y más todavía en clave liberadora”.

Los investigadores proponen unos lineamientos, “pero le corresponde a cada comunidad, área o departamento de educación religiosa de las instituciones pensar en cómo sería esa educación religiosa para la institución dependiendo de su ubicación geográfica”, continúa Meza, porque uno de los principios de la educación liberadora es “el reconocimiento del saber popular. Tú sabes y tu saber vale tanto como el saber académico o experto; ese saber tuyo, el de la práctica, es válido. Así que cada propuesta sería singular”.

¿Cómo lograrlo?

Seguir formando profesores que tienen a su cargo la educación religiosa en sus instituciones, de manera rigurosa y sistemática. En este sentido, hay un aporte importante de la Licenciatura en Ciencias Religiosas con modalidad virtual: continuar investigando sobre el tema para ampliar el espectro geográfico y realmente saber qué es lo que se enseña en esta materia en Colombia; proponer una educación que “fortalezca la dimensión religiosa, la conciencia de lo religioso y la valoración de las expresiones religiosas de una determinada cultura”.

Ante la alarma que generaron las pruebas PISA, el Ministerio de Educación Nacional preparó a sus estudiantes para la aplicación de la prueba en 2015. Si se tuviera en cuenta el estudio realizado por los investigadores javerianos, también sería posible incidir en las políticas públicas porque la educación religiosa puede jugar un papel clave. “Si estamos tratando de construir un país diferente en clave de paz, de reconciliación, de reconocimiento de la diferencia, de diálogo entre las culturas que forman parte de la nación, de respeto por el otro, necesitamos apostarle a una ERE diferente”, enfatiza el investigador Meza. Su colega Gabriel Suárez, teólogo y filósofo, lo reitera diciendo: “Una ERE que ocurra de esta manera puede facilitar una formación para la paz, la reconciliación, la justicia, la esperanza activa…”


Para saber más:
  • » Meza, José Luis y Suárez, Gabriel (eds.). Educar para la libertad. Una propuesta de educación religiosa escolar en perspectiva liberadora. Bogotá: San Pablo, 2013.
  • » Educación Religiosa Escolar en perspectiva liberadora. Revista Civilizar. Ciencias Sociales y Humanas 15.28 (2015): 247-262.
  • » Educación religiosa escolar, una mediación crítica para comprender la realidad. Magis Revista Internacional de Investigación en Educación 7.15 (2015): 15-32.

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