Javier, disfruta el paisaje y de tu ciudad en el río

Javier, disfruta el paisaje y de tu ciudad en el río

“Nunca hubiéramos querido escribir estas palabras, pero hoy deseamos mantener vivo en la memoria a Javier Maldonado (1977-2019), nuestro ictiólogo, académico, profesor y amigo”. Esas fueron las palabras del equipo de Pesquisa Javeriana para homenajear a nuestro querido profesor javeriano quien falleció, a comienzos de marzo, en las aguas del río Vaupés mientras participaba en una expedición científica buscando peces amazónicos. Cumplía una de las labores que más le apasionaban, combinada con la exploración de las fuertes conexiones culturales de la gente amazónica con los ríos; uniendo el componente cultural con la ciencia.

Javier Maldonado trascendió la historia de la Pontificia Universidad Javeriana, incluso más allá de nuestras aulas y laboratorios. Dejó huella en el país. En su legado, a sus 42 años, se puede relatar los aportes brindados para declaratorias de nuevas áreas de protección en Colombia y países vecinos; su reflexión científica en torno a los efectos de las hidroeléctricas en los ecosistemas y ríos amazónicos; el liderazgo junto a investigadores de siete países de Latinoamérica y Europa del proyecto Amazon Fish, la base de datos más grande y robusta de información sobre biodiversidad de peces de agua dulce en la cuenca del Amazonas (con más de 12.000 registros de esas especies). En su haber académico, además de acompañar la formación de cientos de estudiantes de pregrado, maestría y doctorado, contó con más de 30 publicaciones científicas y el descubrimiento de 24 nuevas variedades de peces. Como se puede evidenciar, la pasión y el respeto por la vida en todas sus expresiones fueron su sello, así nos lo recordó su hermano Nelson.

También fue, según el Instituto Humboldt, un defensor del conocimiento abierto sobre la diversidad ictiológica del país y cientos de niños, niñas y pescadores agradecen su generosa enseñanza en cómo cuidar los peces nativos. Convencido de que la ciencia debe estar en conversación permanente con la comunidad, planteó innumerables críticas y reflexiones sobre el papel de los educadores en la construcción de una nueva Colombia y fue un aliado inconfundible en la democratización del conocimiento.

Su legado está cargado de entusiasmo y ética como profesional, investigador y ciudadano.

Contribuyó en la actualización del registro de nuestra biodiversidad con el depósito en el Museo Javeriano de Historia Natural de especies colectadas en lugares mágicos, inaccesibles debido al conflicto armado e increíblemente bien conservados. Estas perdurarán en nuestras Colecciones Biológicas de la Javeriana y en la historia y patrimonio natural de Colombia. Sus recuerdos y huellas seguirán esparcidos por la Universidad.

Y continúan los homenajes. La Fundación Natura sembrará dos árboles nativos en una de las reservas que tiene para su conservación a perpetuidad. Otra forma más de extender la vida de nuestro querido Javier. Igualmente, la Vicerrectoría de Investigación, para continuar su legado, propone que la línea de apropiación social del conocimiento de la revista Pesquisa Javeriana lleve su nombre en ese esfuerzo permanente por acercar a las personas de a pie a los nuevos conocimientos que se producen para transformar y construir país.

Finalizo con la invitación que nos hace Dimitri Forero, colega del Departamento de Biología, para recordarlo: “Javier era parte del río. Lo será siempre. Un río de vida, río de alegría. A él le hubiese gustado que lo recordáramos como era, alegre, contento, siempre con una sonrisa. Iba más allá de lo requerido, de lo necesario. Tomemos de su ejemplo haciendo de este un mundo mejor, con una sonrisa y dejemos que el río tome su curso y naveguemos en él”. Y esperemos que, como nos propone Elizabeth Anderson, gran amiga e investigadora de la Universidad Internacional de Florida, tomando las creencias de la comunidad indígena kumana, que Javier esté en una bella ciudad debajo del agua, enseñando y aprendiendo de los ríos, los peces y de la gente.

¡Javier, disfruta el paisaje y de tu ciudad en el río!


Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

El año que dedicamos al ambiente

El año que dedicamos al ambiente

Visitamos el mar profundo, atravesamos los ríos amazónicos, recorrimos senderos ecológicos, plantamos nuevas especies en las montañas andinas. El 2018 fue un año de desafíos ambientales para Pesquisa Javeriana, uno en el que nos empleamos a fondo para contar las intensas investigaciones que científicos javerianos han venido realizando en aras de preservar y proteger nuestros ecosistemas.

De esa forma fuimos testigos de excepción de expediciones submarinas, analizamos los efectos convulsos que el desarrollo hidroeléctrico ha tenido sobre Colombia, indagamos por la salud de especies submarinas, como los tiburones, conversamos con las comunidades que protegen las especies nativas en su territorio, entre muchas otras actividades, con las cuales produjimos historias sobre la huella que vamos dejando en nuestro planeta.

Aquí les presentamos nuestros mejores trabajos, y renovamos así nuestro compromiso en 2019 para seguir indagando sobre las transformaciones que el hombre ha realizado en el planeta, al igual que sus consecuencias.


1.
Encuentran pequeños peces en aguas subterráneas de los Llanos

/Alexander Urbano, Jhon Zamudio y Jorge García.
/Alexander Urbano, Jhon Zamudio y Jorge García.

Un sencillo ejercicio de observación en una finca del pie de monte llanero les permitió a los científicos javerianos descubrir, con gran asombro, la presencia de pequeños bagres (parecidos a lombrices) de origen amazónico en la cuenca del Orinoco. En este reportaje, acompañamos a los ictiólogos javerianos en su identificación.


2. Turismo ecológico, con sello de calidad

/Cortesía, Juan Ricardo Gómez.
/Cortesía, Juan Ricardo Gómez.

El avance del ecoturismo llevó al biólogo Juan Ricardo Gómez a centrar su tesis doctoral en las certificaciones ecológicas concedidas a los hoteles. De su mano, analizamos las enseñanzas que el modelo costarricense ha consolidado y la forma en la que las autoridades colombianas lo vienen implementando.


3. Amazon Fish, el reto de consolidar la riqueza acuática de la Amazonía

/Tiago Carvalho
/Tiago Carvalho.

La inquietud de académicos europeos, estadounidenses y suramericanos sobre los peces de la Amazonía los llevó a crear el proyecto Amazon Fish, la base de datos con la que pretenden recabar la mayor información sobre la fauna subacuática de esta región. En este artículo, y a partir del memorando de entendimiento firmado con el gobierno colombiano para implementarlo, reconstruimos los pasos de ecólogos e ictiólogos por los ríos selva adentro.


…Y una mención especial

/Diederik Ruka.
/Diederik Ruka.

Cundinamarca se ha convertido en un bastión para los viveristas que cultivan orquídeas nativas. Por ello, la Pontificia Universidad Javeriana se alió con el Instituto Humboldt y el Jardín Botánico de Bogotá para, por medio de capacitaciones, desarrollar buenas prácticas con las comunidades locales. Nuestros periodistas consignaron en video sus aprendizajes y experiencias.

Tras el rastro de ranas, lagartijas y serpientes

Tras el rastro de ranas, lagartijas y serpientes

Son las 11:00 p.m., es una noche oscura pero cálida del mes de junio. Cae una lluvia intermitente que armoniza con el sonido del río y, en medio de este ruido del ambiente y con las linternas apagadas, esperamos detectar el croar de una diminuta rana. La paciencia se va agotando cuando hordas de zancudos kamikazes se atropellan contra nuestras caras devorándonos; el terreno está resbaloso y el cansancio nos invade. Llevamos un buen rato y aún no aparece ese pequeño tesoro escondido… Hasta que, finalmente, la espera rinde frutos y empieza el concierto: se escucha el tan anhelado sonido de ranas que cantan para comunicarse entre ellas; ¡los latidos de nuestro corazón se aceleran de emoción!… el muestreo apenas inicia, encendemos nuestras linternas de cabeza y emprendemos la búsqueda de estos pequeños organismos que pueden vivir ocultos en medio de la hojarasca del suelo o en las ramas de los árboles…

Esta y otras historias son comunes entre aquellos estudiantes apasionados por buscar, medir o fotografiar a la herpetofauna, cómo se le dice al conjunto de especies de anfibios y reptiles. Paisajes tropicales espectaculares, riesgosas caminatas nocturnas para conocer el bosque y sus habitantes bajo climas extremos son algunas de las condiciones que estos amantes de la naturaleza deben estar dispuestos a soportar. El trabajo de un herpetólogo, que estudia anfibios y reptiles, requiere dedicación, entusiasmo, paciencia y una buena preparación física, ya que el investigador deberá cargar equipo de campo durante largas caminatas y algunas veces la probabilidad de encuentro de estos animales es muy baja; sin embargo, los que nos hemos dejado cautivar por los herpetos hemos llegado a comprender la belleza que encierran en su variedad de formas, colores y hábitos.

Colombia es uno de los países más megadiversos del mundo, actualmente ocupa el segundo puesto en diversidad de anfibios (aproximadamente 801 especies) y el quinto en reptiles. Dado este gran número, los herpetólogos colombianos tenemos el deber de aportar al conocimiento en la ecología e historia natural de estos animales para construir herramientas robustas dirigidas a su conservación.

SECAR 1
Estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana, con gran pasión por comprender cómo estos organismos responden a los cambios de su entorno natural, propusieron en abril de 2013 la creación del Grupo Javeriano de Herpetología, un espacio de interacción académica para la discusión de literatura científica y el fortalecimiento de sus miembros en capacidades técnicas y conceptuales; en su momento, este era el único espacio abierto para estudiantes dispuestos a realizar este tipo de actividades. Más adelante, ese mismo grupo estudiantil dio origen al Semillero de Ecología y Conservación de Anfibios y Reptiles (SECAR) para realizar investigación científica que permitiera entender el efecto de las amenazas que enfrentan los anfibios y reptiles y proponer estrategias para su conservación.

El semillero busca promover entre los estudiantes de pregrado, en su interacción con estudiantes de posgrado (maestrías y doctorado), el fortalecimiento en la formulación y desarrollo de proyectos de investigación y la escritura de artículos científicos en ecología y conservación de los anfibios y los reptiles de Colombia.

SECAR reúne hoy a ocho estudiantes de pregrado y posgrado y a seis egresados de los programas académicos de las facultades de Ciencias y de Estudios Ambientales y Rurales; desde su creación formal a mediados de 2016 se han dictado, al interior del semillero, cursos tales como “Desde la anatomía hacia la ecología en anfibios”, “Revisión de literatura y análisis bibliométrico” y “Diversidad funcional y manejo de índices”, entre otros. Así mismo, el semillero se ha convertido en un espacio crítico y académico donde sus integrantes pueden presentar el diseño de sus proyectos de tesis para recibir retroalimentación de sus colegas.

Una de las experiencias fuera de las aulas fue nuestra primera salida de campo al municipio de Mariquita, Tolima, que incluyó charlas relacionadas con técnicas de muestreo e inventario de anfibios y reptiles, al igual que exposiciones sobre sus principales amenazas en la actualidad. Pero lo más interesante fueron las actividades que implicaban la aplicación de estas técnicas en terreno para caracterizar los sitios que habitan tanto anfibios como reptiles. Este tipo de destrezas y habilidades requiere de aulas vivas, espacios donde se interactúe directamente con el campo y se aborden diferentes retos que la investigación de la herpetofauna requiere.

Integrantes del semillero en su salida de campo a Mariquita.
Integrantes del semillero en su salida de campo a Mariquita.

Además de nuestras actividades de campo, SECAR lidera la primera revisión sistemática de bibliografía del estudio de anfibios y reptiles de Colombia. De la lectura ardua, sistemática y detallada de más de 1.500 artículos, lideramos la publicación de cuatro artículos científicos con diferentes preguntas de investigación planteadas de manera colectiva. El primer producto tangible de este trabajo se ha presentado en el IV Congreso Colombiano de Zoología, dentro del simposio “Mujeres en la ciencia: reflexión sobre el reto de una participación equitativa en la biología” con el trabajo Mujeres en la herpetología colombiana: midiendo las diferencias en la producción científica.

De esta manera queremos incentivar la indagación científica, desde la bibliometría por parte de los miembros del semillero y, de igual forma, fomentar el pensamiento crítico e interdisciplinar frente a la lectura de la literatura científica.

 


*Liliana P. Saboyá es estudiante del Doctorado de Estudios Ambientales y Rurales, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, en la Pontificia Universidad Javeriana.

Fabio Zabala es ecólogo del Departamento de Ecología y Territorio, de Facultad de Estudios Ambientales y Rurales en la Javeriana.

J. Nicolás Urbina-Cardona es profesor asociado del Departamento de Ecología y Territorio, adscrito a la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales en la misma universidad.

Turismo ecológico, con sello de calidad

Turismo ecológico, con sello de calidad

Abrir un hotel para que el turista observe la fauna, descubra formaciones terrestres excepcionales como cuevas o volcanes, camine con un guía local por un bosque reconociendo plantas y animales, o simplemente para que contemple un bello paisaje no es como soplar y hacer botellas, como dice el dicho popular: hacerlo bien significa cumplir con ciertas condiciones, si es que se quiere competir local, nacional o internacionalmente.

Y si se piensa no solamente en un proyecto ecoturístico, sino que además tenga como objetivo apoyar la conservación de la biodiversidad, la cosa se complica… pero es posible lograrlo. La tesis doctoral del biólogo Juan Ricardo Gómez surgió por su interés en especies muy colombianas como la nutria gigante, el jaguar, el delfín rosado y el oso de anteojos, por mencionar solo unas pocas con las que ha trabajado desde su pregrado. Y estudiando estrategias de conservación, concluyó que para lograr resultados y salvar los animales de la extinción debía dejar de trabajar con ellos y para centrarse en la gente. “Dejé de ser el abraza árboles-animalista para tener una visión mucho más decantada y madura de lo que se esperaría de la conservación”, dice.

Su trabajo, titulado Evaluación de la conservación en certificaciones eco turísticas en Costa Rica, buscó responder a la pregunta ¿qué posibilidades de negocios tenemos en un país como Colombia aprovechando la biodiversidad pero que, además, tenga un enfoque hacia la conservación? Sabía que más allá de ser un soñador, era necesario pensar en ingresos porque la vida cuesta. Las certificaciones ambientales o sellos verdes se presentaron como una posibilidad interesante, y el turismo de naturaleza lo convenció porque, así fuera implícitamente, “aparecía la promesa de la conservación”.


La conservación, componente clave del ecoturismo

Costa Rica es ejemplo en el tema. La investigación se centró en conocer a profundidad los procesos de certificación ecoturística en este país centroamericano, teniendo en cuenta que el CST, o Certificación de Sostenibilidad Turística, es un sello verde  que maneja el país para este sector, reconocido por el Consejo Global del Turismo Sostenible y aplicable a hotelería, tour operadores, transportistas, agencias de viaje, guianza, entre otros. Gómez se enfocó en los hoteles cercanos a bosques con especies originales, unos con certificación vigente, otros sin certificación, los comparó entre sí y con un tercer ecosistema, un área donde no hubiera hoteles ni estuviera destinada a actividades turísticas. Así, “tenía un control positivo, uno negativo y mi objeto de estudio”, explica.

A través del estudio de los documentos de certificaciones, entrevistas con empresarios, turistas y con los propios certificadores y de salidas de campo, buscó determinar si la certificación favorecía la conservación, si los hoteles contaban con un componente de educación ambiental y si se distribuían justa y equitativamente los beneficios obtenidos del turismo.

El trabajo de campo consistió en monitorear los animales que pasaban por el bosque las 24 horas del día en los ecosistemas seleccionados a través de cámaras trampa. “Me salían jaguares, tigrillos, tayras, mapaches, monos, chanchos, armadillos, dantas…” Contabilizó en total 49 especies (42 mamíferos, cuatro aves y tres reptiles) en las 1.800 fotos de fauna, ocurridas en 605 eventos de observación. Todas ellas le daban pistas sobre el estado del ecosistema. “El número de especies encontradas en los hoteles certificados fue más alta incluso que en los lugares en donde no hay turismo, y más alta que donde no están certificados”, asegura Gómez. Y la obvia conclusión es que la certificación sí funciona.

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Diferentes especies de animales frecuentan las áreas de los hoteles certificados.

Sin embargo no es la única variable a considerar; era importante evaluar la solidez de la propuesta de conservación en cada uno de los 18 hoteles estudiados.

Así, propuso una metodología con cinco componentes técnicos propios de la conservación que, a modo de preguntas, la puso en práctica con sus entrevistados: primero, ¿es necesario tener claro qué se quiere conservar?, y la respuesta define el objeto de conservación. ¿Por qué quiero conservar? es la segunda pregunta, cuya respuesta se espera contundente y precisa. ¿Hay necesidad de conservar? Y si la respuesta a esta tercera es afirmativa, es necesario identificar la amenaza, que “tiene que ser coherente con lo que quiero conservar”, explica.

Lo que él llama ‘el factor’ trata de responder a ¿por qué se presenta la amenaza? Y lo explica diciendo que si lo que quiero conservar es un animal (1), porque está siendo cazado (2) y ya no quedan sino pocos especímenes (3), en este punto es clave identificar la razón. El factor puede ser porque la gente tiene hambre o porque está acabando con el ganado y los cultivos de los campesinos, o porque está en la mira de las escopetas de los que practican cacería. “Si se tiene el factor clave identificado, debe haber una acción que apunte a la transformación de ese factor”. ¿Cuáles acciones de conservación ha implementado y quién es el responsable?, sería el quinto componente.

El análisis de los resultados obtenidos le demostró que el hotel que contaba en su nómina con un biólogo o ecólogo sensible al tema de conservación alcanzaba el éxito muy rápidamente; otros casos exitosos no tenían al profesional, pero sí a un dueño o gerente con vocación hacia el ecoturismo o un programa establecido y en práctica.

“Cuando combinamos las acciones que dependen del dueño del hotel y las características de la región donde está el hotel, vemos que la combinación ganadora para alcanzar el éxito es que sea una motivación voluntaria, que el porcentaje de área que se dedica a la conservación sea grande, que no existan otras actividades productivas en el predio, que esté cerca de un parque nacional, que el acceso no sea muy fácil y que en la región haya otros ecosistemas relativamente saludables”, explica Gómez, para concluir que sí hay un aporte a la conservación, no solamente del ecoturismo certificado sino del ecoturismo en general.

“Yo ya le creo al turismo en el contexto de la conservación, le creo al turismo en el contexto de ingresos para la gente, y le creo al turismo en beneficios intangibles”, concluye.

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Los beneficios intangibles son vitales para los hoteles certificados.


El turista, el sello y la propuesta

Así como no existe la cultura de leer las etiquetas de los productos en el mercado, tampoco existe la cultura de leer los sellos verdes. Cuando algún producto tiene un sello, se asume que es amigable con el ambiente pero no se indaga exactamente qué es lo que está certificado. “El turista debe ser más responsable”, dice, y se refiere a todo tipo de turista: “Cuando le apunto a alguno de los tipos de turismo debo tratar de ser respetuoso con los elementos que lo definen”.

La certificación es voluntaria y le da un valor agregado al hotel o, en general, al producto que la obtiene. Para Gómez, al sello ambiental colombiano le falta madurar. Y en lo que se refiere al turismo, tan promovido últimamente, le asusta que “matemos la gallina de los huevos de oro”. Primero, dice, hay que definir el “turismo al que le vamos a apuntar en Colombia” y propone una reflexión de alto nivel, basado en la evidencia científica. “Ahí también empiezan a haber oportunidades para la academia, para la investigación, lo estoy viendo. Yo terminé en el turismo por accidente, pero ahora, el turismo es una ola, un tsunami que nos está empujando, y si no respondemos con información de calidad, los empresarios tomarán la delantera”.