Seguimiento a fetos para prevenir enfermedades en adultos

Seguimiento a fetos para prevenir enfermedades en adultos

“Para lograr cambios en la práctica clínica, en el seguimiento o en las guías de atención a los pacientes, se necesita que muchos investigadores digan lo mismo; tiene que generarse esa consistencia en la producción de conocimiento, y eso toma años”, afirma la profesora Mérida Rodríguez López, docente de los departamentos de Salud Pública y Epidemiología, y de Clínicas Médicas de la Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali, quien, a propósito de sus estudios de doctorado en Medicina Fetal y Perinatal, en Barcelona, y su respectiva tesis, durante los últimos años ha estado vinculada a investigaciones orientadas a entender el impacto de las exposiciones que tienen lugar durante la vida fetal sobre la salud posterior y especialmente sobre el corazón.

La investigación en el feto es relativamente reciente, y es posible gracias al surgimiento de las ecografías prenatales, las cuales permiten estudiar la experiencia del feto dentro del útero y, por esa vía, identificar las condiciones de su desarrollo, que en algunos casos podrían relacionarse con patologías cardiacas en la adultez. Identificar los riesgos tempranamente significa avanzar en la prevención, seguimiento, tratamiento y atención diferencial para poder reducir la ocurrencia de estas patologías.

Dos exposiciones prenatales que podrían tener impacto a largo plazo son la restricción del crecimiento fetal y las técnicas de reproducción asistida. Aunque esta línea de investigación existe hace diez años en el grupo de investigación de Programación Fetal de Enfermedades Cardiovasculares del Hospital Clínic de Barcelona, el proceso implica muchos pasos para validar un conocimiento y hacerlo aplicable.

Específicamente, la profesora Rodríguez ha orientado sus aportes a temas relacionados con los problemas en el crecimiento del feto, y colabora con Brenda Valenzuela en sus investigaciones sobre embarazos por técnicas de reproducción asistida. En ambos casos, con las ecografías prenatales y otras pruebas, hacen seguimiento al desarrollo de los fetos y avanzan en entender la relación de estas exposiciones con indicadores de riesgo cardiovascular en la vida pre y posnatal.

 

Consistencia de los hallazgos

En el 2014, “tomamos un grupo de 80 mujeres con embarazos concebidos por técnicas de reproducción asistida y otro, de 80 embarazos espontáneos”, explica Fátima Crispi, líder del grupo de investigación en el Hospital Clínic de Barcelona. “Las seguimos entre las semanas 28 y 30 de gestación, y después pudimos volver a seguir a una buena cantidad de ellas cuando los bebés habían nacido”, complementa Valenzuela. “Cada vez que entraba al estudio una embarazada con fecundación in vitro, Brenda buscaba otra similar en edad, etnia y estrato socioeconómico, para comparar los grupos. Se hizo el seguimiento hasta los tres años de vida de estos bebés”, continúa Crispi.

El seguimiento en la etapa de feto se concentró en realizar ecografías de corazón, evaluando su estructura y función. Cuando nacía el bebé, se complementaban los estudios con toma de tensión arterial, ecografía de arterias, medición de parámetros de obesidad ―como los pliegues cutáneos, peso, talla, estatura, índice de masa corporal―, nivel de actividad física, desarrollo psicomotor del niño en el hogar y, además, acompañamiento de los padres a este proceso. Un estudio similar se realizó comparando embarazos con fetos que tenían restricción del crecimiento fetal y otros que no.

“Las observaciones permitieron reconocer que los niños in vitro o los restringidos tenían un corazoncito más redondo, una función contráctil diferente y mayor grosor de la íntima-media de la carótida (la pared del vaso) respecto a los grupos de comparación en cada estudio”, comenta Valenzuela. Los in vitro también tenían unas aurículas más grandes. “Se les tomó la presión arterial y, aunque no podemos decir que son niños hipertensos, cuando comparamos con el grupo control, sus niveles eran un poco más altos”, complementa.

“En los fetos con reproducción asistida y en los que tenían restricción del crecimiento fetal, lo que vimos en el feto persiste en el niño”, recalca Crispi. “En el caso de la restricción, nuestro estudio ha seguido a los participantes hasta la preadolescencia y se ha observado persistencia de estos hallazgos”, añade Rodríguez. Otras investigaciones empiezan a registrar hallazgos similares, según resaltan las científicas.

 

Rutas surgidas

Con estos resultados, “en el hospital de Barcelona implantamos un protocolo a las embarazadas con niños pequeños o de fecundación in vitro, y les proponemos una ecografía de corazón durante el control prenatal; si encontramos los signos mencionados, les contamos la importancia de estilos de vida saludables, de la lactancia materna y la alimentación adecuada para una buena salud cardiovascular en la vida posnatal”, dice Crispi.

Además de mantener el trabajo colaborativo, cada una, desde sus contextos, ha buscado nuevos desarrollos. “Luego de llegar del doctorado, uno de mis retos es desarrollar investigación clínica en la Facultad y la línea de estudio en medicina materno-fetal. Creo que tengo camino adelantado por haber trabajado en un equipo de investigación y haber realizado proyectos junto a clínicos”, afirma Rodríguez. También comenta que se evalúa si estos resultados persisten en adultos entre 20 y 40 años. Finalmente, en la línea de Valenzuela, “hoy se estudian las diferentes técnicas de fecundación in vitro, para definir la más segura para el corazón del bebé y se está a punto de generar datos. Eso también aportará a la prevención”, concluye Crispi.

Para leer más

Valenzuela-Alcaraz, B. et al. “Postnatal Persistence of Fetal Cardiovascular Remodelling Associated with As-sisted Reproductive Technologies: A Cohort Study”. Recuperado de https://obgyn.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1471-0528.15246.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Postnatal Persistence of Fetal Cardiovascular Remodeling Associated with Assisted Reproductive Technologies: A Cohort Study.
INVESTIGADORES PRINCIPALES:(en los estudios referidos):Brenda Valenzuela, Mérida Rodríguez López, Fátima Crispi.
COINVESTIGADORES: Álvaro Sepúlveda-Martínez, Eduard Gratacos, Bart Bijnens, Martha Sitges, Mónica Cruz-Lemini, entre otros. Facultad de Salud, Departamento de Salud Pública y Epidemiología, Grupo de investigación Salud y Calidad de Vida.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014 – actualmente.

 

                            

SinMitos: ¿Los pacientes con cáncer y otras condiciones especiales deben vacunarse?

SinMitos: ¿Los pacientes con cáncer y otras condiciones especiales deben vacunarse?

La primera etapa de vacunación en Colombia incluyó al personal médico de primera línea y a las personas de 80 años y más. Para la segunda se tuvo en cuenta a aquellos entre 60 y 79 años y a los profesionales de la salud en servicio social obligatorio y demás. En el tercer grupo están quienes tienen entre 16 y 59 años y presentan algunas condiciones médicas particulares, como EPOC, asma, cáncer, entre otros.

Estas personas del grupo tres de los cinco que conforman el Plan Nacional de Vacunación contra la COVID-19, han sido priorizadas en tanto diferentes estudios comprueban que son pacientes con mayor riesgo de presentar enfermedades graves al infectarse con el coronavirus.

La Organización Mundial de la Salud, OMS, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, CDC, y el Public Health England, según información reunida por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), han identificado que los más afectados por la COVID-19 pueden ser aquellos que padezcan enfermedad cardiovascular, VIH/SIDA, enfermedad renal crónica, tuberculosis (activa), enfermedad respiratoria crónica, trastornos neurológicos crónicos, enfermedad hepática crónica, trastornos de células falciformes, diabetes, consumidores de tabaco fumado, cánceres con inmunosupresión directa, obesidad severa, cánceres sin inmunosupresión directa pero con posible inmunosupresión causada por el tratamiento e hipertensión.

Al ser personas con condiciones médicas especiales, se ha especulado sobre lo pertinente que sería la aplicación de la vacuna contra el Sars-CoV-2, pues su sistema inmune podría ya estar muy afectado. En esta tercera entrega del especial #SinMitos (puede leer la primera entrega haciendo clic aquí, y la segunda acá), varios expertos en salud responden sobre si es seguro vacunarse si se presentan ciertas enfermedades.

¿Los pacientes con cáncer y enfermedades autoinmunes deben vacunarse contra la COVID-19?

El director del Centro Javeriano de Oncología del Hospital Universitario San Ignacio, Raúl Murillo, resuelve esta duda. Por otro lado, Daniel Fernández, jefe de la Unidad de Reumatología del Hospital Universitario San Ignacio, explica si los pacientes con enfermedades autoinmunes deben o no vacunarse.

¿Las personas con enfermedades cardiovasculares deben vacunarse?

Este grupo poblacional también está identificado como susceptible para sufrir complicaciones derivadas de la infección por COVID-19. ¿Es seguro vacunarse? Lo aclara Ángel Alberto García, jefe de la Unidad de Cardiología de la Pontificia Universidad Javeriana. Además, Paula Ruiz, médica internista del Hospital Universitario San Ignacio, explica si los pacientes anticoagulados también deben vacunarse.

Quienes padecen enfermedades respiratorias, ¿deben vacunarse?

Alejandra Cañas, directora del Departamento de Medicina Interna de la Pontificia Universidad Javeriana aclara cómo las personas que padecen asma y EPOC, entre otras enfermedades respiratorias, podrían beneficiarse con la vacuna.

¿Las madres gestantes, niños y bebés se tienen que vacunar?

¿Por qué estas poblaciones aún no están incluidas en el plan nacional de vacunación? María Cristina Navas, presidenta de la Asociación Colombiana de Virología; y Juanita Ángel Uribe, del Instituto de Genética Humana de la Universidad Javeriana, lo explican.

Bonus: ¿Por qué Colombia no produce sus propias vacunas para la Covid-19?

¿Qué hace falta para que el país tenga esta capacidad de producción? Responden María Fernanda Gutiérrez, del departamento de Microbiología de la Pontificia Universidad Javeriana; Juanita Ángel Uribe, del Instituto de Genética Humana de la Universidad Javeriana y María Cristina Navas, presidenta de la Asociación Colombiana de Virología.

 

SinMitos: ¿Los niños deben vacunarse contra la COVID-19?

SinMitos: ¿Los niños deben vacunarse contra la COVID-19?

Después del 17 de febrero, cuando se inició la vacunación contra la COVID-19 en Colombia, las respuestas a preguntas como ¿Cuándo es mi turno para vacunarme?, ¿Por qué empezaron con los adultos mayores? y ¿Los niños se deben vacunar?, se tornaron más urgentes.

Lo que por casi un año fue solo un anhelo, por fin estaba sucediendo. Esto provocó una avalancha de inquietudes e interés por conocer todos los protocolos, indicaciones e implicaciones que supone vacunarse, pues para algunos (primera línea de atención médica y adultos mayores), la vacunación era una realidad cercana.

Por lo menos en esta etapa, quienes conocen a un médico, enfermera o personal de salud que ya fue vacunado, o que tienen en sus familias adultos mayores que ya pasaron por este proceso, están pendientes de cómo les fue, de qué sienten, de si es seguro para así conocer de primera mano la realidad del proceso de vacunación.

Es por eso que en esta segunda entrega del especial #SinMitos (puede leer la primera entrega haciendo clic aquí), realizado en alianza con la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y Pesquisa Javeriana, expertos de diferentes áreas respondieron en video las preguntas más comunes sobre la aplicación de la vacuna en adultos mayores, niños y otras inquietudes sobre esta primera etapa del proceso de vacunación.

¿Por qué es importante vacunarse?

El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, Carlos Gómez-Restrepo, inicia esta segunda entrega brindando algunas razones por las que vacunarse resulta indispensable y sobre todo, confiable.

¿Cuándo será mi turno para vacunarme?

La epidemióloga Zulma Cucunubá explica en qué consisten las diferentes fases del plan de vacunación nacional. En alguna de ellas seguro se encuentra usted.

¿Qué es la inmunidad de rebaño?

Después de que comenzó la vacunación se sueña con poder retomar la cotidianidad que se vivía antes de la pandemia. La OMS, por ejemplo, le apuesta a lograrlo a través de la inmunidad colectiva (o inmunidad de rebaño), tras el proceso masivo de vacunación. Pero en palabras sencillas, ¿qué significa? Contesta la epidemióloga Zulma Cucunubá.

¿Las vacunas no son efectivas o dañan los genes?

En el siguiente video, además, podrá conocer la respuesta a otros mitos que circularon acerca de las vacunas desarrolladas, desde su efectividad hasta la falsa posibilidad de que alteren los genes de las personas, así lo aclaran Zulma Cucunubá y el genetista Ignacio Zarante.

¿Los niños deben vacunarse contra la COVID-19?

Ahora podrá encontrar la respuesta a la pregunta por la cual hizo clic en este artículo. Ana María Bertolotto, directora del departamento de Pediatría de la Universidad Javeriana, responde cómo es el proceso de vacunación para los niños. Además, el genetista Fernando Suárez aclara si existe o no relación entre las vacunas y el autismo en niños.

¿La vacunación debió empezar con los jóvenes y no con los adultos mayores?

Desde que se inició el proceso de vacunación se preguntó el porqué de ese orden en el que se priorizó a los adultos mayores y no a otra parte de la población. Carlos Cano, director del Instituto de Envejecimiento de la Universidad Javeriana, tiene la explicación, además contesta si la vacuna es segura en adultos mayores.

¿Después de cuánto tiempo de aplicarme la vacuna empieza a hacer efecto?

María Fernanda Navas, presidenta de la Asociación Colombiana de Virología, responde en qué momento el cuerpo genera la respuesta inmune después de aplicarse la vacuna.

Volver a la escuela: una cuestión de derechos

Volver a la escuela: una cuestión de derechos

La incertidumbre del retorno a clases bajo la modalidad de alternancia, propuesta por el Gobierno Nacional, está en veremos, pues las preocupantes cifras de contagios por el actual coronavirus en lo que va corrido del año ha dificultado la implementación efectiva del plan de regreso. Busca combinar estrategias de trabajo educativo presenciales en las instituciones con trabajo en casa, priorizando la protección y el cuidado de los miembros de la comunidad educativa.

Esta dilación en el reingreso ha agudizado problemáticas de acceso, socialización de los niños con compañeros y adultos por fuera del medio familiar, violencia en casa y vulneración de derechos a los niños, de acuerdo con Olga Alicia Carbonell, psicóloga javeriana y experta en desarrollo infantil y familia. Por ello, entidades como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) insisten en que el cierre nacional de las escuelas debe evitarse en la medida de lo posible. Al respecto, dice la psicóloga, “es una necesidad apremiante volver a la escuela, pero, para esto también se debe preservar el derecho a la salud, por lo que hay que conciliar medidas de bioseguridad que protejan tanto a estudiantes como a docentes.

Expertos y padres coinciden en que hasta que no se garantice la bioseguridad para niños y docentes el drama continuará. Pero, ¿cómo hacemos para que el Estado sea garante tanto del derecho a la calidad educativa como del derecho a la salud? Carbonell dice que esta es una oportunidad para que familia, escuela y ministerios de salud y educación se unan en la formación de líderes de cuidado y promoción del autocuidado y el Estado provea los recursos vitales de bioseguridad. “Si yo aprendo a cuidarme, le enseño a los otros cómo deben cuidarse en la escuela, nos recordamos y estos aprendizajes los transmitimos en otros escenarios como, por ejemplo, la casa”, asegura la psicóloga.

 

“La generación actual es nativa digital y gran parte de sus relaciones las hacen a través de los medios virtuales; pero, de todas maneras, necesitan estar con sus pares”. Olga Alicia Carbonell

 

Organizaciones como UNESCO, UNICEF y la OMS promueven el retorno a las aulas e invitan a los Gobiernos a garantizar la seguridad en las escuelas durante la pandemia, de manera que en el 2021 la educación presencial sea una realidad, siempre que la situación epidemiológica lo permita, se evite el agravamiento de brechas de desigualdad y se garantice el bienestar de la población, poniendo en marcha sistemas de alternancia, grupos reducidos y el uso de espacios abiertos. Por otro lado, es esencial asegurar el acceso al agua y mecanismos de higiene y desinfección, ampliar la conectividad; informar a las familias y comunidad educativa; acompañar y fortalecer las condiciones de trabajo y las habilidades de directivos y docentes para transitar esta emergencia.

 

Importancia de volver a la presencialidad

Martha Fernández* lleva más de 13 años como profesora de un colegio departamental y asegura que, sin conocer mucho de las nuevas herramientas tecnológicas, el año pasado se retó en favor de sus estudiantes, construyó guías, garantizó encuentros frecuentes por plataformas digitales y acompañó a los chicos que no podían conectarse a través de WhatsApp y llamadas telefónicas. “Sé que no es lo mismo que la presencialidad, pero he tratado de hacerles sentir a los niños que estoy ahí y que la escuela está cerca; y no es que los docentes se reúsen a regresar a las aulas; el problema es que no hay garantías de implementos de seguridad que resguarden nuestra vida y la de los niños”, comenta.

A pesar de los esfuerzos por parte de los docentes, son muchos los que, como la profesora Martha, reconocen que el contacto en persona con los estudiantes es vital, no solo porque facilita el aprendizaje y hace del colegio una experiencia mucho más grata, sino porque en medio de la desigualdad democratiza un poco la situación. Carbonell asegura que “vuelven a la escuela y tienen a los profesores y todos los recursos pedagógicos allí, a pesar de que sean limitados; y aunque la calidad no sea la misma para todos, ya que existen inequidades en términos de calidad educativa entre educación rural y urbana, pero, por lo menos el Estado es garante de derechos para quienes no tienen fácil acceso a la virtualidad”.

Según declaraciones de Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF, el cierre de las escuelas por la pandemia afectó al 90% de los estudiantes de todo el mundo y privó de acceso a la educación a distancia a más de una tercera parte de los niños en edad escolar. Así que, de no actuar rápidamente, se prevé que este año el número de niños y niñas a nivel global que no van a la escuela aumente en 24 millones.

Si bien el modelo de educación remota (virtual) ha sido el salvavidas para seguir ofertando la enseñanza, la falta de accesibilidad es solo uno de los múltiples factores a los que se ven enfrentados algunos de los niños del país. Están quienes dependen de los menús escolares, otros que no disponen de cuidadores que acompañen su educación, o, quienes son víctimas de violencia en sus hogares.

Ante este último caso, dice Carbonell que la agresión y el trato humillante en pandemia ha aumentado y es más evidente en contextos donde hay patrones generacionales de violencia, es decir, familias que han crecido con la idea de que la solución de conflictos está dada a través del maltrato, tanto físico como verbal. “Colombia, desafortunadamente por su historia padece de una tendencia a actuar de esta manera y transmitir dichos comportamientos de generación a generación”, asiente.

Así, la doctora Olga Alicia insiste en que para darle manejo a situaciones en las que predominan respuestas de este tipo y el desespero empieza a pasar factura, el recurso principal, antes que cualquier grito, golpe o trato humillante, es la disciplina sensible que crea vínculos afectivos entre los niños o adolescentes y los adultos, sean familiares o educadores, la cual implica el diálogo, la negociación y la explicación de las consecuencias a los actos. “Es poner normas y límites a través de la reflexión, con una actitud afectuosa y sin ningún tipo de violencia. Ojo, esto aplica tanto para la casa como para la escuela”.

 

“No enviar a los niños a las instituciones es vulnerar su derecho a la educación y a la socialización y no garantizar los recursos de protección necesarios a su vez vulnera su derecho a la salud”. Olga Alicia Carbonell

 

El drama de la guerra entre padres y maestros

Esta situación también ha visibilizado una guerra de no acabar hasta que no haya un encuentro empático y de cooperación entre padres y docentes, afirma la investigadora Carbonell. Por un lado están los padres con las exigencias a los docentes y comentarios como ‘son mediocres, no hacen bien su trabajo, solo envían guías’, y por el otro, están los docentes, quienes aseguran impartir su esfuerzo y su tiempo con el fin de educar en medio de las dificultades. Ese es el caso de la profesora Fernández: “las jornadas son más extensas, algunas veces iniciamos a las 7 am y terminamos en horas de la noche recibiendo llamadas de los papitos, quienes son exigentes y eso está bien, pero algunos son poco colaboradores con la enseñanza en casa”.

En este sentido, la escuela y los padres juegan un papel muy importante en la educación de los estudiantes; ambos quieren lo mismo: el bienestar para los niños y jóvenes. Entonces, el contexto escolar y el contexto familiar deben trabajar en conjunto, es decir, bajo un sentido de corresponsabilidad y compromiso, finaliza la psicóloga, quien además afirma que “hay que volver si o si a clases”, ya que la escuela, más allá de su función en el aprendizaje, tiene un rol central en el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes, y, “aunque en la internet está toda la información para aprender, la escuela es generadora de identidad, relaciones, sociabilidad, cultura; impulsa la mirada crítica del mundo; con el juego se aprenden normas, reglas y límites; y el pedagogo en el día a día del salón de clase orienta en valores, en contextos del país y sus problemáticas”.

Para ver más: Lineamientos para la prestación del servicio de educación en casa y en presencialidad bajo el esquema de alternancia y la implementación de prácticas de bioseguridad en la comunidad educativa

* Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

Los niños preguntan sobre contaminación ambiental; la ciencia responde

Los niños preguntan sobre contaminación ambiental; la ciencia responde

Hay datos que preocupan hasta a los más pequeños. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el mundo ha perdido el 70 % de sus zonas húmedas naturales en el último siglo. Además, las personas son las causantes de un calentamiento global de 1°C por encima de los niveles preindustriales. Inquietos por esta situación, cerca de 130 estudiantes de grado cuarto del Colegio Gimnasio Vermont se reunieron virtualmente con Luis David Gómez, profesor de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, para conversar acerca de la acción contaminante del hombre y las alternativas que como niños pueden tomar para darle un respiro al planeta, especialmente en materia de degradación de plásticos.

A continuación, le invitamos a conocer las preguntas de los estudiantes y profesores de la institución educativa sobre este tema y las respuestas del investigador javeriano, quien además es líder de semillero de investigación Degradación en Polímeros Plásticos Contaminantes de la misma universidad.

 

¿Cómo distinguir la contaminación de la niebla?

 

¿Por qué el ruido es contaminación?

 

¿El humo de las fábricas afecta los mares y los océanos?

 

¿Quiénes crearon las islas de basura?

 

¿Los microorganismos se pueden comer el plástico?

 

¿Qué hay dentro de un microorganismo?

 

Los estudiantes de grado cuarto del Colegio Gimnasio Vermont vienen generando estrategias para la degradación de plásticos. Haga clic en el siguiente audio para conocer en qué consiste.

 

Esta jornada se desarrolló en el marco de la clase STEAM de la institución educativa Colegio Gimnasio Vermont, cuya sigla corresponde a la articulación de las disciplinas Science, Technology, Engineering, Art y Mathematics, en inglés; es decir, Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas, en español.

El reto de promover la salud integral en niños con labio y paladar hendido

El reto de promover la salud integral en niños con labio y paladar hendido

Desde la antigüedad, la humanidad se ha enfrentado al reto de tener individuos con hendiduras o malformaciones en su cara, ojos, labios o paladar, que han sido discriminados o aceptados socialmente a tal punto de considerarlos dioses en culturas como la griega, china o egipcia.

Aunque esto ocurría hace miles de años, todavía en la sociedad colombiana es común oir expresiones como “¿qué tiene ese niño en la boca?”, “¿por qué no se entiende lo que habla?”, “¡Ah, es que tiene labio leporino!”, lo cual no es de extrañarse porque cualquier condición de la cara que se aleje de la “normalidad“ llama la atención y más aun porque el rostro es el conjunto de facciones y rasgos que le dan parte de la individualidad e identidad a cada persona.

En la actualidad, tener alguna anomalía craneofacial sigue siendo un reto médico y social. Unas de las más comunes son las malformaciones en el labio y el paladar, que se presentan entre el 0.09 % y 0.10 % de la población colombiana, según el IV Estudio Nacional de Salud Bucal del año 2015 del Ministerio de Salud y Protección Social.

En esta medida, el nacimiento de un niño con hendidura labiopalatina, que se conoce coloquialmente como ‘labio leporino’, tiene gran impacto en la persona pues la complejidad de esta condición genera alteraciones psicológicas, estéticas y funcionales que pueden afectar la alimentación, audición, respiración, masticación y el habla del paciente frente a su entorno social, escolar y familiar.

 

El término “leporino” viene de la palabra latina “leporum”, que significa “labio libre”, semejando la forma del labio de los conejos. Actualmente se prefiere evitar esta palabra.

 

En el tratamiento de esta condición es necesaria la participación de un grupo de especialistas que actúen de manera articulada para que el desarrollo y la rehabilitación de estos pacientes y de sus familias se dé integralmente. En este proceso es importante involucrar a los cuidadores, para que sea posible cumplir los objetivos propuestos.

El acompañamiento se debe iniciar por un equipo de especialistas en genética, pediatría, cirugía plástica y/o maxilofacial, odontopediatría, fonoaudiología, psicología, ortodoncia, periodoncia, restauración oral, entre otros. Es ideal que estén presentes desde el embarazo de la madre para brindar asesoría, con el fin de que se puedan despejar dudas y se oriente a los padres sobre el cumplimiento de las necesidades básicas de sus hijos como la alimentación del bebé que viene con esta condición. Aunque esta suele ser una de las mayores dificultades porque se pueden presentar cuadros de ahogo, paso de líquido entre la nariz y boca, los expertos han identificado que es posible implementar la lactancia materna como primera opción para el neonato que nace con algún tipo de hendidura en el labio o paladar.

A medida que el bebé va a creciendo, es fundamental que los padres sepan cuál es la mejor manera de alimentarlos, con el fin de estimular sus músculos, proporcionarles una ganancia óptima de peso y prepararlos para las primeras cirugías del cierre del labio y del paladar. Además, en este contexto, la decisión o no de realizar aparatos para moldear la boca o la nariz debe partir de las condiciones particulares de cada individuo y de las necesidades del círculo familiar. Por otro lado, es necesario el acompañamiento del odontopediatra y del fonoaudiólogo, que indican el momento propicio para iniciar el cepillado dental, los controles de la erupción de sus dientes y hacer seguimiento a los procesos de succión, deglución, masticación, respiración, habla y lenguaje.

Por lo anterior, el tratamiento de niños con malformaciones en el labio y el paladar requiere de diversos profesionales que trabajen coordinadamente y en equipo, además de poseer gran conciencia social, valores y formación integral. Considerando que lo ideal en salud es la prevención de la enfermedad y la promoción de salud, el grupo interdisciplinario para el manejo de las hendiduras labiopalatinas de la Facultad de Odontología: Construyendo Futuro, plantea estrategias desde hace aproximadamente 20 años para lograr la salud integral de los niños con esas condiciones, donde la educación y la promoción de la salud empodere a los pacientes y sus familias para minimizar cualquier manera de discriminación.

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De esta manera, a raíz de la pandemia ocasionada por la COVID-19 y con motivo del aniversario de los 70 años de la Facultad de Odontología de la Universidad Javeriana, el área de Odontopediatría y Fonoaudiología se propuso brindar un acompañamiento a los pacientes con Labio y Paladar Hendido (LPH) y a sus familias a través de un material educativo, con el fin de mejorar y optimizar su desempeño en las áreas de la salud oral, alimentación, forma de hablar y desarrollo del lenguaje de los niños desde el nacimiento hasta los 18 años de edad.

Este material incluye videos, infografías y un blog interactivo que busca ilustrar los cuidados y la forma correcta de alimentar a un bebé con LPH durante los primeros meses con lactancia materna, cómo realizarles su higiene bucal, presenta una guía alimenticia para optimizar su nutrición y proporciona pautas para la estimulación correcta del habla y del lenguaje de los niños.

A continuación, le invitamos a consultar el material educativo:

Este material fue diseñado por el grupo de residentes de segundo año de la Especialización en Odontopediatría de la Facultad de Odontología: Camila Álvarez, Tatiana Bustos, Alexandra Eras, Lucía Galindo, Karen Hernández, Gabriela Oviedo, Silvia Rojas y Sarah Villalobos. Además, contó con la participación de la estomatóloga pediatra María del Pilar Bernal y la fonoaudióloga especialista en Terapia Miofuncional y Disfagia, María Ximena Abello, profesoras de la Pontificia Universidad Javeriana.

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Infancias y tecnologías digitales en tiempos de confinamiento: nuevos retos para la familia y la escuela

Infancias y tecnologías digitales en tiempos de confinamiento: nuevos retos para la familia y la escuela

La relación de los niños y niñas con la tecnología no ha conocido términos medios. Teóricos como Sonia Livingstone y David Buckingham** hablan de una relación de extremos donde prevalecen dos discursos opuestos: los niños y niñas son considerados sabios de la tecnología teniendo en cuenta que su cercanía a las pantallas les otorga los saberes necesarios para moverse en el mundo digital; o son los menores vistos como seres vulnerables frente a los peligros y riesgos presentes allí. Cabe anotar que este último discurso es el que encontramos con mayor frecuencia desplegado en la prensa, por lo cual podemos notar una tendencia en las familias y en las escuelas a mirar esta relación más desde los riesgos y no desde las oportunidades que la tecnología nos ofrece.

¿Qué ha pasado en los últimos meses? Los niños dejaron de pasar un tiempo importante de sus días en la escuela y los parques. Debido a la situación de confinamiento masivo generado por la COVID-19, su cotidianidad se ha trasladado al interior de los hogares, siendo las pantallas un mediador de esas nuevas realidades. La vida se ha convertido en digital por defecto:  jugar, estudiar, estar con la familia, celebrar los cumpleaños, pasar tiempo con los amigos, ver conciertos; y con ello, la infraestructura en torno a la infancia: docentes, apoyo escolar, pediatras, personal de acompañamiento.

Para las familias y la escuela esto sin duda representa retos de gran magnitud. El tiempo de exposición a las pantallas dejó de tener los mismos tintes de preocupación de semanas atrás. Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Academia Americana de Pediatría han establecido recomendaciones sobre el tiempo de pantalla en los niños y niñas: evitar el uso de pantallas antes de los 18 meses, limitarlo a una hora entre los dos y cinco años, y establecer horarios a partir de los seis. Además de la poca evidencia que respalda esas recomendaciones, una investigación reciente nos muestra que el enfoque de screen time puede llegar a ser irreal en la práctica, generando agotamiento, culpa y frustración por parte de los padres y cuidadores primarios. Cuando todo pasa a lo digital, ¿cuándo está bien conectarse y cuándo no? ¿por cuánto tiempo? Ninguno de los debates precedentes en torno a la relación de las infancias con las tecnologías podría dar respuesta a estas preguntas en el contexto de confinamiento en el que nos encontramos.

Es aquí cuando un enfoque no tecnocentrista nos puede dar luces al respecto. Más allá del número de horas frente a las pantallas, que sin duda han aumentado durante la pandemia, sugiero centrarnos en tres aspectos: la calidad y pertinencia de los contenidos a los cuales los niños estén expuestos, los procesos de mediación y acompañamiento establecidos durante el tiempo de pantalla y las actividades cotidianas donde prevalezca la interacción y la actividad física. Y es aquí donde la escuela está llamada a reinventarse, apoyando estos procesos al interior de los hogares, especialmente en la primera infancia. No todo puede virtualizarse, no se trata de que los niños sigan el horario escolar frente al computador, no se trata de poner mayor presión en ellos y sus familias. Los niños también aprenden en la cotidianidad de sus hogares. ¿De qué manera la escuela puede potenciar esos procesos?

 

*Docente e investigadora de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Comunicadora Social de la Universidad del Norte.

** Livingstone, S. (2009). Enabling media literacy for digital natives – a contradiction in terms? In: ‘Digital Natives’: A Myth? A report of the panel held at the London School of Economics and Political Science (pp.4-6). London, UK.

Buckingham, D. (2002). The Electronic Generation? Children and New Media. In: The Handbook of New Media: Social Shaping and Consequences of ICT (pp. 77-89). London: SAGE Publications.

 

La ciencia le dice no a la cadena perpetua para violadores

La ciencia le dice no a la cadena perpetua para violadores

Los titulares son aterradores: A la cárcel profesor de escuela de fútbol que abusaba sexualmente de sus alumnos, Capturan abogado comprometido en abuso sexual y pornografía infantil, A prisión hombre que secuestró, abusó y asesinó a una niña de nueve años… Las cifras que muestran el panorama de la situación no son para nada optimistas: según Medicina Legal, entre enero y abril del año pasado (2019) se reportaron más de ocho mil casos de este delito. Aunque en la mayoría de estas denuncias el victimario es familiar del menor o lo conoce, lo que de entrada ya limita la denuncia, más del 80% de estos casos no pasa de la indagación preliminar y las víctimas terminan sin ser reparadas y nuevamente puestas en peligro ante su agresor.

El monstruo existe. Está ahí. Ha estado desde hace muchísimos años, cada vez toma más fuerza y nada parece controlarlo. Por eso, para el gobierno y algunos congresistas lo único que se podría hacer es aprobar el proyecto de Acto Legislativo 21 de 2019 del Senado, acumulado con el proyecto de acto legislativo 047 de 2019 de la Cámara, que busca modificar la Constitución para darle hasta cadena perpetua a quienes abusen sexualmente de niños, niñas y adolescentes. Según sus defensores, este proyecto garantizará y protegerá definitivamente los derechos de los menores, y así se solucionaría un problema que parece infinito.

Pero esa misma propuesta ha generado debate en el país desde hace más de una década, pues para varios expertos las penas dispuestas para este delito ya son lo suficientemente altas y coinciden en decir que se trata de un acto facilista que no le atina al blanco. Yesid Reyes Alvarado, exministro de Justicia y profesor del área de derecho penal de la Universidad de los Andes, asegura que una ley como esta da una falsa sensación de tranquilidad. Según él, “se hace uso del derecho penal para satisfacer las demandas populares de justicia haciendo creer que ya hubo una intervención del problema, pero detrás de eso están absolutamente descuidadas y no intervenidas las causas del delito”.

El profesor Norberto Hernández, tutor del semillero en derecho penitenciario de la Pontificia Universidad Javeriana, califica esta medida como una cortina de humo y afirma que la propuesta obedece al uso del nefasto populismo punitivo. La razón, según él, es que “este tipo de iniciativas son utilizadas por los gobiernos para generar votos y aceptabilidad política, más en tiempos de crisis como el actual, generando en el pueblo una percepción de seguridad que no es cierta”.

A la fecha el proyecto ha pasado por siete de los ocho debates necesarios en el Congreso para ser aprobado. Aun así y suponiendo que sea votado a favor en último debate, algunos expertos en derecho penal como Hernández aseguran que existe una alta probabilidad de que la Corte Constitucional declare inexequible esta pena, “por lo que esto puede significar un mal uso del tiempo y recursos legislativos invertidos en una propuesta que no tiene viabilidad”, afirma el profesor.

Y es que incluso quienes redactaron el proyecto saben que la cadena perpetua es un trato cruel, inhumano, degradante, inconstitucional desde muchos puntos de vista y además viola tratados internacionales de derechos humanos. Por esa razón, decidieron aclarar en el proyecto que la pena, después de cumplidos 25 años de prisión, puede ser revisada para determinar si la persona condenada continúa recluida o pasa a otra medida sustitutiva de la pena como la libertad condicional.

Pero la inconstitucionalidad no es el único problema que tiene el proyecto, porque la investigación científica ha demostrado que el incremento de penas no logra disminuir la incidencia del delito, y asegura que esta medida no es más que un despropósito político por su ya comprobada ineficacia.

 

Ni viable ni funcional

Uno de los argumentos del acto legislativo para instaurar la cadena perpetua es la reincidencia o la reiteración del delito por parte del victimario, o sea la probabilidad de que una vez salga en libertad, después de pagar su pena, vuelva a abusar sexualmente de algún menor. Esa preocupación queda justificada en el papel al explicar que, en los últimos años, ha habido un alto incremento de delitos sexuales y violentos en contra de niños, niñas y adolescentes. Pero lo que hay que tener en cuenta también, como explica el profesor Manuel Iturralde, ¿de dónde? es que “las denuncias por este tipo de delitos han aumentado de manera notable, pero no hay estudios rigurosos que expliquen por qué ha sido así”. Con esto, el experto se refiere a que el hecho de que haya más denuncias no responde al interrogante de si los victimarios son reincidentes o no.

Pero vamos más allá. En 2005 en Colombia se expidió una ley que castiga el abuso sexual seguido de la muerte del menor con 60 años de prisión – una de las penas más altas en el país – y rebajas de hasta 20 años por estudio, trabajo o enseñanza. El abogado Reyes reflexiona con un ejemplo de una persona condenada justo en el momento en el que salió dicha ley: “si tiene 30 años y logra reducir la pena, saldrá de la cárcel en el 2045. De tal manera que el primer momento en el que vamos a saber si la ley expedida en el 2005 funcionó y se evitó la reincidencia será a partir del 2045, cuando esta persona tenga 70 años y salga libre”. Por esa razón, según Reyes, antes de aprobar tal proyecto el Congreso debe darse la oportunidad de verificar si su última gran reforma legislativa funciona, y agrega que “asumir anticipadamente, 25 años antes, que la ley no va a servir para que con base en esto se incrementen las penas es, a mi modo de ver, populismo punitivo”.

Por otro lado, es claro que en un estado social de derecho, específicamente el colombiano, la finalidad de la detención carcelaria es la de resocializar a las personas privadas de la libertad, pero eso no se logra hoy en día por las precarias condiciones del sistema penitenciario colombiano. “Si actualmente no logramos la resocialización en un sistema que no tiene cadena perpetua, mucho menos lo vamos a poder hacer con la cadena perpetua, e implementar esta medida agudizaría la crisis”, indica el profesor javeriano Hernández.

 

Hacinamiento carcelario

Las condiciones en las que viven la mayoría de las personas privadas de la libertad en Colombia vulneran constantemente sus derechos fundamentales. Bruno*, un recluso de la cárcel La Modelo de Bogotá, ha visto con sus propios ojos la desigualdad y la corrupción que cobijan al sistema penitenciario del país. Cuenta que allí hay gente que gracias a sus recursos puede hacer compras en el expendio oficial de la cárcel, adquirir tarjetas para hacer llamadas y acceder a ciertas comodidades. Pero al mismo tiempo, él asegura que “de forma ilegal, especialmente en los patios donde hay hacinamiento y debido a la corrupción, hay personas que pueden comprar una celda adjudicada de forma exclusiva, así tengan que sacar a dos o tres personas que estaban ahí y hacerlas dormir en los pasillos”.

Llegó a la cárcel en 2017 por cuestiones muy diferentes a la violencia sexual contra menores, y desde que puso un pie ahí se dio cuenta de la crisis: “debido al hacinamiento nos tocaba esperar en fila para ir avanzando hacia la zona del patio donde había menos humedad. Si yo hubiera tenido dinero, seguramente habría llegado directo a una celda, pero no. Luego de un tiempo se hizo el esfuerzo y logré comprar un espacio para vivir con dos personas más”. Bruno asegura que no todos los internos cuentan con esa suerte. Incluso hay personas que no pueden pagar por una celda y tienen que dormir en los baños, al lado de los inodoros, que muchas veces no tienen agua y sus colchonetas terminan llenas de deshechos humanos. Es tanta la gente que ni siquiera hay cupos para trabajar, hacer otro tipo de actividades o incluso caminar por el patio.  En cuanto a la alimentación, dice que ha venido mejorando progresivamente, pero que los alimentos no cumplen con las porciones adecuadas y a veces pueden estar crudos.

Está demostrado con la experiencia estadounidense que, contrario a lo esperado, “las personas que están condenadas a cadena perpetua son muy problemáticas por algo racionalmente normal y es que no tienen nada que perder”, asegura Hernández, quien coincide con la postura de Iturralde: “pueden ser personas que se vuelvan aún más antisociales, mucho más reacias a seguir órdenes e incluso negadas a recibir un proceso de resocialización”.

A esto hay que añadirle el costo económico que representa para el sistema el encarcelamiento de una persona. Según el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), una persona privada de la libertad puede costar aproximadamente dos millones de pesos mensuales, es decir, 24 millones al año, y no hay suficiente dinero para hacerlo sostenible. En los países nórdicos, donde hay menor comisión y reincidencia del delito, las cárceles tienen un modelo ejemplar. En Noruega, la prisión de alta seguridad de Halden lo representa: tiene tan solo 258 internos con penas no mayores a 30 años y con todas las condiciones dignas para estar ahí: espacios físicos adecuados, talleres altamente especializados, acompañamiento profesional personalizado, ayuda de las empresas para conseguir empleo y funcionarios cualificados con especialidad en el manejo del sistema penitenciario. Como en Colombia no existe nada parecido a esto, los expertos coinciden en que es iluso creer que con las condiciones y recursos con los que se cuenta actualmente pueda generarse la resocialización dentro de una cárcel.

Por último, y como punto esencial de lo que se espera con esta medida hay que mencionar que para varios expertos, contrario a quienes defienden el proyecto, la prisión perpetua para violencia sexual contra menores no garantiza ni protege los derechos de los niños, niñas y adolescentes, incluso puede resultar peligroso para la víctima. Por un lado, y aunque como dice la senadora Angelica Lozano, “imaginarlo suene aberrante”, delitos como el homicidio podrían llegar a ocultar el abuso sexual, pues al cometer un crimen que tiene menos años de condena como el homicidio, el atacante podría abusar sexualmente y luego recurrir al asesinato para que sea condenado por este último y así evitar la cadena perpetua. Por otro lado, el abuso sexual, al ser un delito cometido dentro del entorno familiar o cercano del menor, puede incrementar la impunidad por la omisión de denuncias para evitar las consecuencias de la cadena perpetua.

En palabras de Yesid Reyes, “es imposible hablar de que se protege la vida de un niño al encerrar en la cárcel de por vida a quien cometió el delito cuando la vida del niño no estuvo protegida previamente”. Para no ir muy lejos, a modo de llamado de atención, Ómar Bravo, doctor en psicología y profesor de la Universidad ICESI, recuerda el imborrable caso Garavito: “la pregunta es ¿qué pasa en una sociedad en la que decenas de niños y niñas pueden ser victimizados sin que esto genere un escándalo? ¿Por qué el alboroto solo se genera cuando se identifica esta monstruosa brutalización?”.

 

¿Qué medidas tomar?

No hay discusión en que el bienestar de los niños, niñas y adolescentes debe primar en la sociedad y los actos de violencia contra ellos no son justificables. Sin embargo, la dignidad humana no puede ser sacrificada en un estado social de derecho. “Lo que tenemos que entender es que hay unas necesidades especiales de una población que ha sido victimizada y hay una serie de garantías de derechos que debemos respetar. Son dos problemáticas que debemos atender”, asegura Luis Vélez Rodríguez, profesor de derecho penal y criminología de la Universidad de Manizales.

Considerando las medidas que se deben tomar cuando el delito ya se ha cometido, los expertos aseguran que la apuesta del sistema penal debe estar encaminada a la resocialización y acompañamiento de las personas privadas de la libertad para que puedan reinsertarse a la sociedad y evitar que vuelvan a cometer el delito. Para esto, insisten en que es necesario pensar en una política criminal basada en la resocialización y no en el populismo punitivo e incremento de penas que de por sí ya son altas.

Adicionalmente, los programas de protección a víctimas tienen que fortalecerse, pues una de las preocupaciones centrales dentro de la administración de justicia es la operatividad del sistema vigente. Tal como dice Gloria Carvalho, representante de la alianza para la niñez, “el proceso de investigación contra un agresor sexual puede durar hasta siete años y la administración de justicia en ese sentido es negligente”, y eso sin profundizar en que el 94% de los casos que dice Carvalho quedan impunes y hacen parte de la cifra negra de criminalidad al nunca ser conocidos por el sistema judicial.

Antes que pensar en la condena hay que preocuparse por la impunidad, y para acabarla totalmente es necesario primero fortalecer los mecanismos de investigación judicial especializada para la niñez, así como garantizar la formación de los jueces para la adecuada aplicación de las medidas de justicia. Por eso, los científicos afirman que es mucho más sensato ocuparse de intervenir las causas del delito, que finalmente es lo único que puede evitarlo, y así realmente proteger los derechos de los niños. Además, en este proceso hay que prestarle mayor atención al hecho de que el 83% de los victimarios son personas que pertenecen al entorno familiar o íntimo de las víctimas, de las cuales en su mayoría son mujeres. Entonces, ¿qué está pasando en los núcleos familiares?, ¿se está haciendo el debido seguimiento? Es necesario buscar una solución real a ese problema antes de que los derechos de los menores sean vulnerados, insiste Carvalho.

La violencia sexual a niños, niñas y adolescentes es un monstruo que, sin discusión, hay que atacar. Sin embargo, los expertos se mantienen en que no vale la pena perder el tiempo en proponer falsas soluciones que al final terminan dándole largas a una problemática que requiere de otras acciones puntuales. Algunas recomendaciones de los investigadores para prevenir este delito se basan en el seguimiento a los núcleos familiares vulnerables, así como una mayor inversión social destinada a educación sexual y reconocimiento de comportamientos que puedan ser señal de abuso. También se podrían tener en cuenta medidas como el fortalecimiento del ICBF, de canales de atención a víctimas y campañas de reivindicación de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Sea como sea, es muy importante que los congresistas que están votando el proyecto tengan en cuenta estas propuestas y la investigación científica para tomar decisiones que logren cambios significativos.

*Nombre ficticio por solicitud de la fuente.

¿Por qué Colombia sigue “rajada” en las Pruebas Pisa?

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La falta de un modelo de innovación educativa y el ausentismo de los profesores en escuelas y colegios de Colombia, principalmente en zonas apartadas, son los principales motivos que pueden impactar en los deficientes resultados que arrojaron las pruebas Pisa, presentadas esta semana. Así lo sostiene a Pesquisa Javeriana Luz Karime Abadía, directora de posgrados en Economía de la Pontificia Universidad Javeriana. Y agrega que si el país trabajara sobre esos dos factores, seguro generaría cambios estructurales para brindarles una educación cualificada a sus estudiantes y respondería a sus necesidades actuales.

Dice que no se deben “seguir usando los mismos métodos de enseñanza y aprendizaje tradicionales porque nuestros jóvenes son diferentes, porque requieren habilidades diferentes y porque estos métodos tradicionales ya no responden a los problemas complejos que tenemos en el mundo actual.