La inmunidad de rebaño ¿una utopía frenada?

La inmunidad de rebaño ¿una utopía frenada?

Al mismo tiempo que crecía el ritmo de vacunación en el mundo, lo hacían también las expectativas de frenar la enfermedad de la covid-19. Las esperanzas en todo el planeta estaban puestas en la inmunidad de rebaño, la etapa en la que, teóricamente, el virus entraría en su fase final y la pandemia sería cosa del pasado. Sin embargo, las nuevas evidencias científicas parecen no ser tan alentadoras.

La inmunidad de rebaño

Frente a una enfermedad infecciosa, cuando la persona se enfrenta a microorganismos, el sistema inmune genera anticuerpos específicos, unas proteínas que intentan eliminar al invasor, sin embargo, a veces esta respuesta no es oportuna o suficiente y en el caso de COVID 19 la persona puede desarrollar complicaciones o incluso morir.

Lo interesante de las vacunas es que logran que aparezcan anticuerpos sin necesidad de infectarnos y evitan que nos expongamos a una infección y sus consecuencias.

El sistema inmunitario tiene la capacidad de guardar la información de cómo eliminó el virus, la bacteria o el hongo y en caso de que vuelva, ya sabe cómo combatirlo. Entonces lo más probable es que la persona que ya tuvo la enfermedad o que está vacunada, no se contagie, o en su defecto, no padezca tan fuertes sus efectos.

Cuando la mayoría de una población llega a este estado, se logra la inmunidad de rebaño, pues cada vez serán menos las personas contagiadas y a ese mismo ritmo la enfermedad irá disminuyendo.

“Lo que se espera con la inmunidad de rebaño es romper la cadena de transmisión porque el virus se queda sin huésped.  Al no tener huésped existe menor circulación y cada vez hay menos personas infectadas. Es la forma de controlar una infección”, explica Sandra Valderrama, jefe de la Unidad de Infectología del Hospital Universitario San Ignacio.

“En su momento, y gracias a la vacunación, las Américas se declararon libres del sarampión. Se le pudo poner fin porque el biológico frenó el contagio”, añade la experta. Algo similar ha pasado a nivel local con infecciones como la polio, la tosferina y la viruela.

Inicialmente, para llegar a la inmunidad de rebaño de la infección por SARS-CoV-2, se hablaba de la necesidad de llegar al 70 % de la población vacunada. Meses más tarde el comportamiento del virus llevó a los expertos a hablar del 84 %, pero desde hace unas semanas, el tema ha cambiado radicalmente.

¿No se podrá eliminar la covid-19?

A pesar de que las vacunas contra el coronavirus se desarrollaron en tiempo récord, uno de los riesgos de mantener tanto tiempo una infección como esta sin un tratamiento efectivo es que el virus puede mutar en su composición o características y generar variantes que causan una enfermedad que el sistema inmune ya no reconozca.

Es el caso de la variante delta que ha producido por lo menos tres cambios claves en su estructura, lo que en conjunto hace que el virus tenga la posibilidad de adherirse mejor al receptor, explica Valderrama. Por esto se replica de manera más eficiente y se transmite más fácil.

Este tipo de variantes son las que mantienen en alerta al mundo científico, pues es posible que en el futuro surjan versiones del virus que no respondan al efecto de las vacunas actuales.

En el marco del XVI Congreso la Investigación de la Javeriana, Óscar Franco, director del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna, Suiza, manifestó: “Estamos viendo que quizás esta infección está para quedarse un tiempo. Los virus son muy difíciles de predecir. Teniendo en cuenta cómo hemos avanzado con la vacunación y la distribución de las vacunas es posible que no vayamos a poder erradicar al coronavirus como pensamos en un principio, y desafortunadamente creo que va a estar entre nosotros más años”.

Andrew Pollard, director del grupo de vacunas de la Universidad de Oxford, creadores del biológico de AstraZeneca, advirtió en rueda de prensa que no es posible alcanzar la inmunidad de rebaño en las condiciones actuales. «Sabemos claramente que la actual variante del coronavirus, la delta, continuará infectando aún a las personas que se han vacunado”, dijo.

La infectóloga Valderrama también es escéptica sobre llegar a dicha inmunidad. “Probablemente lo que suceda es que se vuelva una infección respiratoria endémica y que no tengamos la capacidad de erradicarla completamente”, explica. Así, la infección por SARS-CoV-2 se quedaría por más tiempo, como otras enfermedades que actualmente existen.

“La mejor comparación sería con la influenza (gripa). A esta enfermedad todo el tiempo se le están vigilando sus mutaciones y se actualiza la vacuna temporal y geográficamente. En el caso del SARS-CoV-2 el seguimiento más importante es a la proteína spike, que es la que permite el contacto entre el virus y las células humanas”, dice. Asegura, además, que en muchas partes del mundo se está haciendo este seguimiento, incluso en Colombia.

Las vacunas han demostrado ser efectivas. En efecto, y como lo demuestran las cifras del Instituto Nacional de Salud, el contagio, los casos graves y muertes por causa de la enfermedad, han venido disminuyendo desde que inició la vacunación masiva.

Para Valderrama, quien también es profesora de la Pontificia Universidad Javeriana, la mejor herramienta sigue siendo la vacunación y hace un llamado para seguir confiando en los biológicos que actualmente se aplican. “Están clasificados como muy seguros y tienen muy bajos efectos adversos. No previenen 100 % las infecciones, pero sí el  90% de hospitalizaciones y muertes por el virus. Adicionalmente, las vacunas no aumentan la posibilidad de que aparezcan nuevas variantes, por el contrario disminuyen esta probabilidad al existir menos huéspedes susceptibles”, afirma.

La vacunación: un problema de equidad

Sin embargo, uno de los factores que impiden llegar a la inmunidad de rebaño es la distribución de las vacunas. La OMS ha manifestado que la inequidad en el acceso a los biológicos son el principal obstáculo para poner fin a la pandemia.

Y es que para que esta fuera posible, las cifras de vacunación de todos los países deberían ir parejas, pero la realidad es otra. Tras la aprobación de varias de las vacunas inició una lucha económica y los países de más altos ingresos acapararon la oferta del mercado.

A diciembre de 2020 Estados Unidos, la Unión Europea, Israel, Australia y Japón compraron el 93 % de las vacunas disponibles, según Launch & Scale Speedometer. Por su parte, la ONU denunció a finales de febrero de 2021 que diez países habían acaparado el 75 % de las vacunas del mercado.

Aunque los números han cambiado, la desigualdad sigue siendo evidente. Cifras de Our World In Data revelan que mientras Francia, Reino Unido, Bélgica o Israel se acercan al 80 % de su población vacunada, países como Malí, Sudán o Camerún apenas superan el 1 %. Las cifras son aún más dramáticas para países como Haití o Sudán del sur que tienen a menos del 1 % de sus habitantes con alguna dosis de la vacuna.

Expertos como Valderrama señalan que en las poblaciones no vacunadas es donde surgen nuevas variantes y a medida que pase el tiempo más comprometida se verá la efectividad de las vacunas actuales. “No podemos pensar en salud pública con límites geográficos. No vamos a poder superar la pandemia si no logramos unos niveles mínimos de vacunación en todos los países”.

Se deben fortalecer alianzas entre los países con mejores índices de vacunación para lograr costos menores y subsidiados en países con bajos ingresos. “Ha habido respuesta, pero se ha quedado corta. Hay que potenciar estrategias como Covax y fortalecer los procesos de producción de vacunas locales para que exista una distribución mucho más solidaria en el mediano plazo”, dice Valderrama.

Las terceras dosis: ¿una solución u otro problema de inequidad?

Otra discusión es el de las terceras dosis. Algunos países las han autorizado para toda la población y otros como Colombia lo han hecho para poblaciones con inmunosupresión o defensas bajas. “Creo que es necesaria en la población inmunosuprimida, pero la prioridad sigue siendo completar al menos el esquema completo para la mayoría de la población mundial”, asegura.

A inicios de septiembre la OMS en cabeza de su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió a todos los países suspender la aplicación de la tercera dosis por lo menos hasta fin de año, con el fin de llevar la vacuna a países de bajos recursos y priorizar a personas en mayor riesgo que no han recibido la primera dosis.

Los directivos ejecutivos de Pfizer y Moderna esperan que para finales de 2022 se pueda volver a la normalidad en el mundo, aun cuando sigan existiendo las variantes. Ambos han sido enfáticos en que dependerá del ritmo de la vacunación y que mientras más personas se vacunen, más rápido se podrán eliminar progresivamente las restricciones, como ha ocurrido en países con altas tasas como Israel o Reino unido.

Valderrama finaliza invitando a la vacunación, pues ha demostrado reducir ampliamente los casos graves de la enfermedad. “Las cifras muestran que incluso en países que tienen una circulación muy amplia de la variante Delta, las personas que suelen terminar hospitalizadas o desafortunadamente fallecen, son personas que no se vacunaron”.

Ciudadanos enfrentan mala calidad del aire en Medellín y otros lugares

Ciudadanos enfrentan mala calidad del aire en Medellín y otros lugares

Autoridades de Medellín declararon el segundo episodio de mala calidad del aire a partir del 29 de septiembre y hasta mediados de octubre. Es un evento periódico, sucede dos veces al año y pone en peligro la salud de sus ciudadanos.

La capital antioqueña sufre más que otras ciudades por la alta densidad de la población, las montañas que la rodean y no permiten la circulación del aire, las industrias instaladas en diferentes zonas de la ciudad y la alta concentración de automóviles y motocicletas, entre ellos camiones de más de 20 años que recorren sus calles.

Estas fuentes emiten partículas contaminantes, algunas de ellas muy pequeñas, que afectan principalmente los sistemas respiratorio y circulatorio: es un material particulado muy fino –de menos de 2.5 microgramos—conocido como PM2.5.

Si bien Medellín y Bogotá, las dos ciudades colombianas con más problemas en su calidad del aire, cuentan con sistemas de monitoreo gubernamentales que en principio permitirían tomar acciones, un grupo de profesores-investigadores de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana realizó un proyecto de investigación que buscó analizar el papel que juegan los colectivos ciudadanos en la solución del problema.

“Uno sabe que las capas de nieve de los nevados están bajando, lo que afecta, aunque no directamente; pero cuando la contaminación del aire afecta la salud de los niños, de los ancianos, de la ciudadanía en general y se manifiesta con síntomas complicados, el problema es más evidente”, dijo a Pesquisa Javeriana Juan Carlos Valencia, profesor asociado e investigador principal de Activismo por los aires: Comunicación, colectivos ciudadanos y monitoreo participativo de la calidad del aire.

El grupo, que presentó su trabajo en el pasado Congreso La Investigación, el primero realizado de forma virtual por la Javeriana, analizó cuatro colectivos de ciencia ciudadana: la Fundación Convida de Medellín, la Mesa Técnica Ciudadana y Académica por la Calidad del Aire de Bogotá, MeCAB, Redspira de la ciudad de Mexicali al norte de México, y la Central California Environmental Justice Network, CCEJN, en Bakersfield, California, la ciudad más contaminada de los Estados Unidos por estar en una zona de campos petrolíferos, según relata Valencia.

Lo primero que encontraron es que son iniciativas ciudadanas compuestas por profesionales de diferentes disciplinas que no solamente producen herramientas para medir la contaminación del aire, sino que tratan de incidir de una u otra manera en las políticas públicas o en la entrega de información a la mayor cantidad de personas. Pero no todos cuentan con comunicadores que apoyen esta labor.

Sin embargo, han tenido logros contundentes. Por ejemplo Convida, en Medellín, un colectivo interdisciplinario de alrededor de 50 personas, hizo un estudio “tomando fotografías de los humos que salían de alrededor de 3.500 autos. Usando una metodología diseñada por ellos, revisaron el nivel de grises que salía en las fotografías, con lo cual podían medir el nivel de contaminación”, explicó la profesora y coinvestigadora Mónica Salazar. “Con base en los resultados obtenidos pudieron hacer presión a Ecopetrol para que refinara mejor el combustible y lo lograron”.

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(Datos de E. Posada, M. Gómez, J. Almanza, “Análisis comparativo y modelación de las situaciones de calidad del aire en una muestra de ciudades del mundo. comparación con el caso de Medellín,” Revista Politécnica, vol. 13, no. 25, pp. 9-29, 2017.) Ilustración de Miguel Martínez.

Redspira, de México, se ha concentrado en monitorear visualmente con cámaras de alta definición la contaminación para luego comunicarla, de tal manera que todos los ciudadanos tengan información para tomar decisiones. También organizan actividades con la población infantil.

La MeCAB se enfoca en el uso de redes sociales y algunas campañas, con lo cual ha incidido en leyes sobre regulación de diesel y en licitaciones de transporte público para mejorar la calidad del aire.

Por su parte, la CCEJN produce videos que envía a los medios pero también, en su rol ciudadano, dialoga con la industria. “Es tal vez el único colectivo de los cuatro que analizamos que está enfrentándose directamente contra el gran adversario. Los otros son más discretos”, contó Valencia.

Los investigadores concluyen que todos los colectivos son diferentes y operan en red con otros aliados e instituciones relacionadas. Algunos tienen mejores relaciones con los medios de comunicación, otros con las empresas y otros con las entidades gubernamentales. Pero lo que sí es inobjetable es que todos entienden que “la comunicación es un proceso clave y definitivo en el logro de sus propósitos”, de acuerdo con Salazar.

Valencia, por su parte, está convencido de que por la magnitud del problema de la calidad del aire que, según la Organización Mundial de la Salud, OMS, afecta a 4.500 millones de personas en el planeta, los esfuerzos por concientizar a la ciudadanía y que sea ella la que lidere la presión, permitirá “que haya transformaciones más macro, sobre todo no tanto en las legislaciones sino en los grandes esfuerzos corporativos extractivistas”.

“Estas iniciativas de ciencia ciudadana en las que la comunicación juega un papel clave, son realmente potentes, porque llevan a cabo acciones que tienen impactos significativos y visibles en un tema tan grave como la contaminación del aire”, concluyó Salazar.

A 25 de septiembre de 2021, y basada en un estudio sistemático de evidencia acumulada, la OMS redujo el nivel de material particulado de menos de 2,5 microgramos por cada metro cúbico de aire ambiental (PM2.5 μg/mᵌ) a 5 μg/mᵌ por concentración media anual.

Otra pandemia moderna: la basura eléctrica y electrónica

Otra pandemia moderna: la basura eléctrica y electrónica

En el 2019 los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) registraron 53,6 millones de toneladas, esto equivale a 7.3 kg por persona. Según el informe Global E-Waste Monitor 2020, de la Universidad de Naciones Unidas, los desperdicios aumentarán a 74,7 millones de toneladas y 9 kg per cápita para 2030.

En el mismo año, América produjo 13,1 millones de toneladas, de las cuales, solo 1,2 millones (9,4 %) tuvieron un proceso adecuado de recolección y tratamiento, a pesar de contener materiales preciosos como oro, plata, cobre o platino que podrían aprovecharse.

Destacado: Un hipopótamo pesa aproximadamente 1,8 toneladas. Ahora, imagínese 7,22 millones de hipopótamos. Ese sería el peso de toda la basura electrónica y eléctrica producida en el continente americano durante un año.

 “Desde un cepillo de dientes electrónico hasta una nevera o un automóvil pueden resultar siendo residuos de dispositivos eléctricos y electrónicos”, explica Sandra Méndez Fajardo, docente e investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana.

Gestión de aparatos eléctricos y electrónicos

Fuente: informe Global E-Waste Monitor 2020 de la Universidad de Naciones Unidas.

¿Por qué contaminan?

 La respuesta rápida a esta pregunta es la mala gestión que se les da. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) los RAEE más pequeños, como los teléfonos celulares, pueden acabar en los cubos de basura de las casas y eliminarse junto a otros residuos domésticos, lo que significa que terminarían en vertederos (como el relleno sanitario Doña Juana, en Bogotá) o incinerados, sin ninguna infraestructura para la gestión de sustancias tóxicas o el aprovechamiento de los materiales valiosos.

Por otro lado, los trabajadores del sector informal que se dedican a la reparación manual, renovación o desmantelamiento, especialmente de grandes electrodomésticos, en ocasiones ejercen sin los estándares técnicos y ambientales.

“A veces pasa el reciclador en su camioncito diciendo con su megáfono que recibe chatarra y aparatos viejos. Incluso ofrece subir él mismo por ellos. Muchos no saben cómo desbaratarlos sin liberar las sustancias que son problemáticas. Por ejemplo, sacan de un televisor lo que es valioso pero no saben que pueden liberar mercurio”, comenta Méndez.

Los problemas de salud

Solo el 17,4 % de los RAEE son recogidos y tratados adecuadamente en el mundo. En estos aparatos pueden encontrarse hasta 69 elementos químicos, incluidos materiales potencialmente tóxicos como plomo, mercurio, cromo, entre otros.

La investigadora javeriana explica que “el cadmio, por ejemplo, al ser liberado de forma no controlada puede ocasionar problemas de salud o puede contaminar suelos, aguas e incluso el aire. El primer caso documentado de intoxicación masiva por cadmio ocurrió en la cuenca del río Jinzü, en Japón, en 1912, también conocido como la enfermedad de Itai.Itai. La acumulación de esta sustancia ocurrió por el uso de fertilizantes fosforados en las inundaciones de fondo de cultivos de arroz, principal alimento de la población”.

Otro riesgo es la bioacumulación. Cuando alguna sustancia tóxica llega al mar o a los ríos, los peces la absorben, la acumulan en sus órganos y después pasan a ser consumidos por comunidades que viven de la pesca o se exportan a muchos lugares del mundo, puntualiza Méndez.

“Algo similar ocurrió con el mercurio en la Bahía de Minamata, también en Japón. Las actividades industriales contaminaron el agua de la bahía en donde, por procesos de bioacumulación y bioamplificación, el mercurio pasó de los peces a los habitantes de la región, al ser estos una de sus bases alimenticias”, añade.

 

Desechar dispositivos eléctricos y electrónicos

Fuente: Pesquisa Javeriana

El informe de la Universidad de Naciones Unidas expone que son los niños y quienes trabajan con residuos electrónicos y eléctricos potencialmente peligrosos los que más riesgo tienen de presentar problemas de salud.

En los niños, según diversos estudios, las principales consecuencias son la disminución del crecimiento, la alteración en el desarrollo neurológico, afectaciones sobre la función pulmonar, pérdida de audición y coagulación súbita de la sangre.

Por otro lado, quienes manipulan los RAEE se enfrentan a diferentes peligros. Múltiples investigaciones demostraron que pueden sufrir daños en el ADN , en los niveles de glucosa en la sangre, en la función hepática  y en los genitales masculinos, además de ocasionar problemas en el embarazo.

 

RAEE

Fuente: @Ecopartner Ltd

¿Por qué no hay una mejor gestión?

Según la Universidad de las Naciones Unidas el 82,6 % del destino de los RAEE es incierto. Además, los países de renta alta exportan de manera ilegal grandes volúmenes de basura bajo la apariencia de productos reutilizados.

“Un ejemplo importante es Ghana. Allá llegan millones de desechos electrónicos etiquetados como equipos de segunda, que en realidad son residuos. El mayor inconveniente está en las precarias condiciones para su tratamiento, lo que termina convirtiéndose en contaminación ambiental y fuente de problemas de salud”, explica Sandra Méndez.

Este movimiento transfronterizo de los residuos oscila entre el 8 y 20%.

Las oportunidades de los residuos

 La recolección y tratamiento adecuado de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos puede recaudar grandes sumas de dinero por la gestión de los materiales preciosos que contienen, lo que se conoce como minería urbana. Además, son fuente para la generación de empleos.

En 2019 el valor potencial de las materias primas de los RAEE llegó a superar los 57 mil millones de dólares, pero debido a la actual tasa de reciclaje se obtuvieron apenas 10 mil millones de dólares, es decir una quinta parte.

En la generación de empleo, según la Organización Internacional del Trabajo (2019) se calcula que la gestión y el reciclaje de desechos sólidos proporciona empleo para entre 19 y 24 millones de mujeres y hombres en todo el mundo.

¿Cómo deshacerse de estos dispositivos?

Para la docente javeriana lo primero es no arrojar los RAEE en la bolsa negra de los desechos ordinarios o en las canecas de la casa. En Colombia hay diferentes planes posconsumo para entregar estos aparatos. Existe, por ejemplo, EcoCómputo, que gestiona residuos tecnológicos. También está Red Verde, que se encarga de recolectar y reciclar electrodomésticos como lavadoras, hornos microondas, aires acondicionados y neveras que han cumplido su ciclo de vida.

Además, las pilas que ya no sirven pueden depositarse en uno de los 4558 puntos de recolección de Pilas con el Ambiente, distribuidos en los 32 departamentos y 384 municipios. En cualquiera de los #PuntoLúmina más cercanos, presentes en más de 70 ciudades del país, es posible depositar bombillas ahorradoras, fluorescentes o hid (que contienen mercurio, sodio y haluro metálico).

Los celulares, computadoras y otros electrodomésticos son potenciales contaminantes ambientales cuando no tienen un buen manejo. Por eso, la recomendación de Sandra Méndez es informarse y llevar los residuos a los diferentes planes posconsumo que tiene el país.

Para conocer más sobre el sistema de gestión de RAEE en Colombia, incluidas las metas que el país se propuso para el 2035, le recomendamos consultar la Política Nacional para la Gestión Integral de RAEE, publicada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en Junio de 2017, y cuyo diseño contó con el acompañamiento metodológico de la profesora Méndez como parte de su tesis doctoral y en el marco de la cooperación de Suiza con Colombia a través del programa Empresas Sostenibles de Reciclaje (SRI, por sus siglas en inglés)

“También hay que preguntarnos a quién le estamos comprando”, sugiere, y finaliza haciendo hincapié en el hecho de que fijarse en las etiquetas y sellos verdes de los productos podría garantizar una mejor degradación de los aparatos luego de que se desechan.

SinMitos: las preguntas más comunes sobre vacunación y covid-19

SinMitos: las preguntas más comunes sobre vacunación y covid-19

La infodemia es la sobreabundancia de información, un concepto que se popularizó al inicio de la pandemia por la COVID-19, cuando el mundo, en medio de la incertidumbre, buscaba hallar respuestas a las preguntas que le planteó el nuevo coronavirus y su manejo.

Según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), solo en treinta días se publicaron 361 millones de videos en YouTube en las categorías COVID-19, y miles de artículos más en Google Scholar. En el mismo reporte, la OPS alertó sobre el peligro que significaría generar ese volumen de contenido sobre el mismo tema.

“Estamos ante una situación en la que se produce e intercambia mucha información en todos los rincones del mundo, la cual llega a miles de millones de personas. Pero, ¿cuánta de esa información es correcta? Solo parte de ella. La desinformación aumenta al mismo ritmo que las modalidades de producción y distribución de los contenidos. Así que la propia infodemia acelera la desinformación y hace que perdure”.

La infodemia y la vacunación

Los procesos de estudio, desarrollo, producción y distribución de las vacunas también generaron curiosidad, lo que a su vez se tradujo en la creación de millones de contenidos que respondían a las demandas de búsqueda en internet. Por ejemplo, solo para responder al interrogante de cuáles son las vacunas contra la COVID-19, hay más de 220 millones de resultados en el buscador de Google.

Navegar en este mar de infodemia no siempre es fácil, sobre todo cuando abundan las noticias falsas que se replican a gran velocidad en chats de WhatApp y otras redes sociales.

#SinMitos: una propuesta para combatir la desinformación

Esa es una de las razones por las que la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, en sociedad con Pesquisa Javeriana, desarrollaron la campaña #SinMitos, con el objetivo de responder algunas de las dudas y esclarecer los mitos más comunes alrededor de la COVID-19 y la vacunación.

En esta serie de tres entregas (una semanal), especialistas en genética, infectología, epidemiología, cardiología y otras áreas del conocimiento contestaron en pocas palabras cada uno de los interrogantes para los cuales hay cientos de millones de búsquedas en internet.

¿Quiénes responderán los interrogantes?

Este especial contó con la participación de la especialista en epidemiología, Zulma Cucunubá, del inmunólogo Manuel Franco, el reumatólogo y epidemiólogo químico Daniel Fernández, los genetistas Fernando Suárez e Ignacio Zarante, el geriatra Carlos Alberto Cano, el cardiólogo Ángel García Peña, la internista y neumóloga Alejandra Cañas, el oncólogo Raúl Murillo, la directora del departamento de Pediatría, Ana María Bertolotto, la médico internista y coordinadora del programa HUSI libre de trombosis y anticoagulación, Paula Ruiz, y el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, Carlos Gómez-Restrepo.

¿Cómo empieza el especial #SinMitos?

Si usted escribe en Google las cuatro preguntas que verá a continuación, el motor de búsqueda le arrojará más de 13 millones resultados. Así que para ahorrarle el tiempo de navegación, acá encontrará respuestas en la voz de María Fernanda Gutiérrez, del departamento de Microbiología de la Universidad Javeriana; Juanita Ángel Uribe, del Instituto de Genética Humana de la Universidad Javeriana; y de María Cristina Navas, presidenta de la Asociación Colombiana de Virología.

* Mucho se ha hablado acerca de la velocidad con la que se produjo la vacuna contra la COVID-19, lo que ha llevado a especular sobre su confiabilidad. ¿Las vacunas son seguras a pesar de su rápido desarrollo?

* Con el tiempo, el virus ha mutado y se ha hablado de variantes, linajes y cepas. Leemos sobre la cepa británica y brasileña, por ejemplo, pero ante estos cambios. ¿Las vacunas sirven para todas las variantes que han surgido?

* Aunque las vacunas se desarrollaron para la mayor cantidad de la población, hay ciertas particularidades en la salud de algunas personas que podrían afectar la decisión de vacunarse o no. ¿Cuáles son las contraindicaciones para ser vacunado?


* Finalmente, responderemos dos preguntas en un último video: ¿La vacuna puede infectarnos con el virus que produce la enfermedad de la Covid-19?, ¿luego de ser vacunados podemos contagiar a otras personas?


En las siguientes dos entregas de #SinMitos responderemos más interrogantes sobre vacunación la COVID-19. ¡Te invitamos a compartir este artículo! Seguro será de utilidad para combatir la desinformación y aportar contenido de calidad en esta época de infodemia.

Cáncer de cuello uterino: Colombia, al filo de la oportunidad

Cáncer de cuello uterino: Colombia, al filo de la oportunidad

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El mejoramiento de las condiciones sociales y económicas de nuestra población, sumado al mayor acceso a servicios de salud, ha traído como consecuencia una reducción significativa de la incidencia y la mortalidad por cáncer de cuello uterino, pasando esta última de cerca de 30 por 100.000 habitantes en la década de los noventa, a 12 por 100.000 hacia 2015 (Globocan 2018).

A pesar de este importante avance, la realidad de nuestro país es aún distante de lo alcanzado por los países de altos ingresos, en donde la mortalidad por esta enfermedad es inferior a 5 por 100.000. De otra parte, la información disponible muestra una importante inequidad en el acceso a las actividades de detección temprana, lo cual se refleja en una mayor mortalidad para las mujeres colombianas con menor nivel educativo, las afiliadas al régimen subsidiado de seguridad social en salud  y las habitantes en zonas distantes del país, de acuerdo con estudios recientes.

Este panorama se presenta en medio de un escenario internacional cambiante en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) avanza en una propuesta para eliminar el cáncer de cuello uterino a nivel global. Gracias en gran medida al aporte de científicos colombianos, hoy es claro que la infección por Virus de Papiloma Humano (VPH) es una condición necesaria para el desarrollo de la enfermedad, conocimiento que generó la producción de vacunas que son 100% eficaces contra los tipos de VPH responsables del 70% de los casos de cáncer de cuello uterino en el mundo (cerca de 60% en Colombia) y la producción de pruebas diagnósticas con capacidad de detectar el 90% de las lesiones precancerosas del cuello uterino, permitiendo así su intervención para evitar que se conviertan en cáncer.

La existencia de estas medidas preventivas ubica al cáncer de cuello uterino como una enfermedad esencialmente prevenible y motiva la iniciativa de la OMS. Lo interesante de ello es que nuestro sistema de salud ha integrado las dos medidas: la vacunación de forma gratuita en niñas escolares, desde grado cuarto hasta grado once, y las pruebas de VPH, introducidas en el plan de salud en 2011 y reglamentadas como base de la detección temprana de lesiones precancerosas del cuello uterino para los regímenes subsidiado y contributivo a partir de la Resolución 3280 de este año 2018.

Con una mortalidad decreciente y con las herramientas básicas en nuestro sistema de salud, ¿qué nos impide, entonces, soñar con reducir la frecuencia de esta enfermedad hasta niveles tan bajos que resulten insignificantes para la salud pública nacional? Hoy seguimos teniendo cerca de 4.000 casos anuales y 2.000 muertes por esta causa; la vacunación, a pesar de su oferta gratuita, no cubre más del 10% de las niñas objeto de ella, y la detección temprana, a pesar de su amplia cobertura (alrededor de 80%), sigue teniendo limitaciones en el acceso oportuno al tratamiento de las lesiones detectadas, principalmente, como se dijo, en grupos poblacionales socialmente desfavorecidos.

Hay dos elementos fundamentales dentro de las causas de esta triste situación: uno de ellos, la complejidad de nuestro sistema de salud y las dificultades de acceso, pero el segundo, francamente lamentable, es la desinformación y papel negativo de los medios de comunicación, de grupos con intereses no claros frente a una vacuna que previene una infección de transmisión sexual, y de grupos académicos que con fundamentación equivocada generan temor frente a la vacunación. Con más de 350 millones dosis de vacuna aplicadas en el mundo, la OMS ha venido repetidamente dando partes de seguridad de la vacuna de VPH a partir de los reportes de los programas de salud pública de los países que la han introducido; no obstante, el episodio conocido de Carmen de Bolívar ha dejado una huella indeleble en nuestro programa de vacunación y en las mentes de madres y padres que se niegan a vacunar a sus hijas sin que exista una razón de peso para ello, más allá de la alimentación continua de temores por parte de especuladores sin fundamento.

La ciencia ha jugado su papel con una importante participación de nuestro país. Tenemos datos ciertos y datos propios. El sistema de salud se ha comprometido con ofrecernos las herramientas básicas para la eliminación de un tipo de cáncer, algo impensable hace unos años. Resultaría aciago que nuestro realismo mágico nos haga esquiva esta oportunidad y someta las mujeres colombianas a cien años más de mortalidad por cáncer de cuello uterino.

 


* Director del Centro Javeriano de Oncología, afiliado al Hospital Universitario San Ignacio. Profesor asistente de la Facultad de Medicina en la Pontifica Universidad Javeriana.