Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

En los últimos diez años, la entrada de ciudadanos extranjeros al país se ha incrementado, siendo la capital el principal destino. Según datos de Migración Colombia, a diciembre de 2019 habían ingresado 1.032.016 venezolanos, de los cuales el 45% son mujeres. Como lo explica la profesora Camila Esguerra Muelle, del Instituto Pensar, de ese porcentaje la gran mayoría de ellas terminarían realizando labores de cuidado precarizado y no reconocido.

Este tipo de trabajos se conocen como empleos inseguros o de poca calidad que exponen a sus trabajadores a situaciones de riesgo constante. Esto sucede en el ejercicio del cuidado, pues como argumenta la investigadora, el empleo doméstico es uno de los que más riesgos laborales implica pues se enfrentan a circunstancias ergonómicas, físicas, psicosociales, de acoso y explotación laboral.

Bajo este contexto social, Esguerra realizó la investigación ‘Migración y cadenas globales de cuidado’, resumida a través del ‘working paper’ Se nos va el cuidado, se nos va la vida: Migración, destierro, desplazamiento y cuidado en Colombia. “Cuando hablamos de cuidado nos referimos a la reproducción material y simbólica de la vida; es la dependencia en las relaciones con los territorios y la naturaleza que lo rodea”, aclara la entrevistada. Ejemplos visibles de estas acciones son las labores domésticas, familiares, agrarias, de la tercera edad y cuidado personal.

En su estudio, la antropóloga analiza la formación de las cadenas globales de cuidado y explica que cuando son escasas, las mujeres en condiciones de pobreza del mismo país o migrantes rurales se encargan de cubrirlas; ellas a su vez, al emigrar, dejan un vacío en el cuidado de sus propios hogares, el cual es cubierto por otras personas.

Aunque el cuidado no es valorado, este hace parte de la economía del mundo, pues según la ENUT (Encuesta Nacional del Uso del Tiempo), el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) en Colombia se produce a partir de los trabajos de cuidado no remunerado. De este, el 16% es realizado por mujeres en situación de pobreza.

Un ejemplo cotidiano de los retos a los que se enfrentan las niñas en condición de vulnerabilidad es que en algunos casos son entregadas desde pequeñas a familias con alta capacidad adquisitiva, con el fin de que cumplan con labores domésticas y a cambio de una promesa de educación. Según explica Esguerra, las personas que hacen estos intercambios no son conscientes de que realizan trata de personas, muchas veces con menores de edad.

Además, si se tiene en cuenta que existen aproximadamente ocho millones de personas desplazadas en el país, la migración no es exclusivamente venezolana. “Más de la mitad de los desplazados por la violencia y el narcotráfico son mujeres que vienen a las grandes ciudades a cuidar y muchas de las que llamamos venezolanas son en realidad colombianas retornadas, que el conflicto armado de este país sacó hace 20 años”, complementa.

El problema principal de estas mujeres es que carecen de cuidado, el cual se evidencia en enfermedades físicas y psicológicas como depresión, ansiedad, insomnio y dolores físicos. A esto se le suma otro escenario: ellas trabajan en promedio un mes más por cada año que los hombres y son peor remuneradas, según la ENUT. “Eso es lo que configura las profundas desigualdades de género en el mundo. Nadie cuida a las cuidadoras porque esto se ha asumido como un asunto privado, que se naturaliza como una labor propia de las mujeres”, argumenta la investigadora.

Esguerra concluye que se debe aceptar el reconocimiento de las labores de cuidado como un asunto de Estado. “No basta con hacer pactos de redistribución del trabajo en la casa. El Estado debe asumir el cuidado como un derecho y un bien social, entendiendo que todos los seres vivos necesitamos de este, de lo contrario seguirá habiendo un mercado informal y precarizado, que pone en riesgo a las migrantes y seguirá soportado en la explotación de mujeres y personas feminizadas”, puntualiza.

¿Qué es la clase media en Colombia?

¿Qué es la clase media en Colombia?

¿Quién puede considerarse afortunado en Colombia? ¿Cómo se mide este tipo de realidad: desde factores subjetivos como la alegría, la cohesión familiar o el éxito profesional? ¿O, simplemente, es una cuestión material, del dinero que una persona tiene en el bolsillo al iniciar el día y lo que utiliza para satisfacer sus necesidades?

Parte de esa respuesta debe explicarse con números. Según las mediciones más recientes del Departamento Nacional de Estadística, DANE, el 26,9% de la población en 2017 vivía por debajo de la línea de pobreza, esto quiere decir que alrededor de 12,2 millones de personas tenían serios problemas para adquirir con sus ingresos los elementos de la canasta familiar, los artículos y servicios más básicos del mercado. Este indicador es muy parecido al más reciente estudio regional realizado por la CEPAL, en el cual la pobreza afecta a 30,2% de la población de América Latina y el Caribe (alrededor de 184 millones de personas).

Recientemente, el DANE ha venido refinando sus métodos de medición para definir con mayor exactitud este tema. De acuerdo a su director, Juan Daniel Oviedo, en Colombia una persona puede considerarse pobre si gana al día menos de $12.000, o si llega a final de mes con ingresos por $360.000; su condición mejora si, al día 30, en su bolsillo, encuentra $900.000, el límite de lo que se considera como “vulnerabilidad económica”.

Pero si encuentra más, podría considerarse como afortunado: hace parte de ese grupo de la población llamado “clase media”, aquellos que, por lo que ganan, pueden permitirse una vida cómoda. ¿Quiénes son? ¿Hay gente en Colombia que pueda ser mucho más afortunada? ¿Qué compran en una jornada como hoy, cuando se celebra el Día Mundial de los Derechos de los Consumidores?

Sobre este tema se refiere Luis Carlos Reyes, doctor en economía y director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, quien analiza, a través de una serie de columnas de opinión en video, el estado de la economía colombiana y cómo puede afectarse ante la posibilidad de una nueva reforma tributaria.

En sus siguientes columnas, Reyes se refirió a: