Tres puntos claves de la reforma tributaria elaborada por las universidades

Tres puntos claves de la reforma tributaria elaborada por las universidades

Tras la ola de inconformismo social y las múltiples protestas que generó el proyecto de reforma tributaria presentado por el Gobierno nacional el pasado 15 de abril, el presidente Iván Duque se vio obligado a retirar dicha iniciativa y el entonces ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, tuvo que renunciar.

Según lo expresado por el nuevo ministro, José Manuel Restrepo, se necesita recaudar cerca de 16 billones de pesos en el recaudo para el 2022 y garantizar un aumento superior para el 2023, por lo que una reforma no solo es necesaria sino urgente.

Sin embargo, al día de hoy parece no haber un consenso sobre cómo debería plantearse la nueva propuesta, pero, si en algo coinciden los académicos es en que el país necesita implementar cambios para aumentar los ingresos fiscales sin afectar el bolsillo de la clase media.

¿Cómo lograr este objetivo en medio de la que, para expertos como Luis Carlos Reyes, director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, es considerada la crisis económica más dura de la historia del país? Reyes asegura que las medidas que se adopten deben ser audaces, creativas y ambiciosas, y que no se trata de crear impuestos sobre impuestos.

La reforma tributaria de las universidades

Por eso la Red de Trabajo Fiscal, un colectivo compuesto por ocho organizaciones académicas y de investigación entre las que se encuentran el Centro Externadista de Estudios Fiscales, Dejusticia y el Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, elaboraron el documento Una propuesta de reforma tributaria progresiva, la hoja de ruta para construir una política fiscal progresiva, es decir, una que le cobre un porcentaje más alto a quienes devenguen más dinero.

“Si yo me gano diez millones de pesos al mes y pago un millón en impuestos, y una persona que se gana cinco millones paga 500 mil pesos, la persona que gana menos paga el mismo porcentaje, así que no es un sistema tributario progresivo. Un sistema tributario progresivo implicaría que la persona que gana diez millones de pesos pague un porcentaje más alto que quien tiene menos ingresos”, explica Reyes.

La propuesta está encaminada a lograr consensos sobre puntos de gran polémica, como el impuesto a la renta de las personas naturales, de las empresas e incluye sugerencias para prevenir la evasión de impuestos, con lo que, según el documento, que se encuentra abierto al público, en el mediano plazo se podría aumentar sustancialmente el recaudo sin la creación de nuevos impuestos.

Reducción de impuestos

En esta iniciativa no se incluyen cambios significativos al impuesto al valor agregado (IVA) ni aumentos a ningún otro impuesto al consumo. Tampoco se tocan los ingresos de los trabajadores o los pensionados que ganen menos de seis millones de pesos.

Por otro lado, lo que sí propone es reducir los impuestos a las empresas pequeñas y medianas de 31 % a 24 %.

“Un elemento importante de esta propuesta es que es la única de todas las que se han presentado, con excepción de la del Gobierno, que viene con los artículos modificados; tanto así que, si el Ministerio de Hacienda tomara este articulado, lo presentara al Congreso y lo aprobaran, solucionaríamos el problema de recaudo que tenemos, obteniendo 20 billones de pesos eliminando beneficios tributarios a empresas y aumentando los impuestos de los colombianos de más altos ingresos”, agrega Reyes.

A continuación, Pesquisa Javeriana, a través de la voz de Luis Carlos Reyes, le cuenta sobre tres puntos clave de la iniciativa de la reforma elaborada por la Red de Trabajo Fiscal.

El impuesto a la renta de las personas naturales

La propuesta sobre este impuesto va encaminada en poner sobre la mesa unas condiciones más equitativas en las que las personas más ricas tributen de manera verdaderamente progresiva.

“Las personas que ganan más de un cierto monto cada año tienen que notificar al Gobierno cuáles fueron sus ingresos y tienen que pagar un porcentaje sobre sus rentas explica Luis Carlos Reyes, quien además señala que dicha renta puede provenir de muchas fuentes, no solo laborales sino las denominadas rentas de capital. Por ejemplo, “si yo soy el dueño de un local en un centro comercial y cobro arriendo por ese local, esa es una renta de capital” y debe notificarse.

Aquí la explicación:

El impuesto a la renta de las empresas

Si bien para los expertos el Gobierno planteaba una propuesta sensata en su proyecto, esta nueva versión, además de considerar los puntos positivos ya expresados en el antiguo proyecto, elimina las llamadas tarifas especiales, es decir, una serie de tratamientos preferenciales a empresas que no los necesitan; a esto se suma la eliminación del descuento del impuesto de Industria y Comercio (ICA), lo que beneficia a las pequeñas y medianas empresas y a las que no están generando utilidades.

Aquí la explicación:

Para que los que tengan que pagar, paguen

Según el director del Observatorio Fiscal de la Javeriana, la evasión o elusión de impuestos reduce de manera importante el recaudo, por lo que “la manera de combatir estas prácticas es empezar a ubicar cuáles son los tecnicismos de la ley en los cuales la gente se ha escudado para pagar menos impuestos. Esto pasa, por ejemplo, en casos como en los que algunas empresas, como las que pertenecen a las personas con más altos ingresos del país, aun siendo operadas por colombianos pero constituidas por fuera del país, son catalogadas legalmente como empresas extranjeras y reciben beneficios tributarios especiales”.

Aquí la explicación:

Para cerrar

Reyes argumenta que lo importante no solo es que esta propuesta la conozcan, por ejemplo, los congresistas, sino que la ciudadanía se pueda formar en una opinión estructurada, viendo que existen alternativas efectivas, pues la reforma que se implemente debe ser el resultado de un ejercicio de construcción colectiva en el que las voces de las personas de a pie, la sociedad civil, los pequeños y grandes empresarios y la academia aporten sus puntos de vista. “Nosotros estamos para ayudar a informar a la sociedad”, finaliza Reyes.

La Red de Trabajo Fiscal está conformada por el Centro Externadista de Estudios Fiscales, el Observatorio de Hacienda Pública y Derecho Tributario de la Universidad del Rosario; Cedetrabajo; Dejusticia; la Friedrich Ebert Stiftung en Colombia (Fescol), el Centro de Pensamiento de Política Fiscal (CPPF) de la Universidad Nacional de Colombia, la Maestría en Tributación de la Universidad de los Andes.

Para leer la propuesta completa: clic aquí.

¿Reactivar la economía? O más bien ¿repensarla?

¿Reactivar la economía? O más bien ¿repensarla?

La sesión plenaria de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó, en 2009, una declaración formal que reconocía a las cooperativas como promotoras de desarrollo social. Esta declaración, sin duda, apalancó y afianzó estas organizaciones como un componente importante ―más allá de las empresas capitalistas― en la estructura económica de los países. Sin embargo, lo anterior no ha sido suficiente para que se potencie su visibilidad en el ámbito territorial por parte de los gobiernos. Tampoco ha hecho que los investigadores, en los centros educativos, generen evidencia documentada de la potencialidad de las cooperativas ―que hacen parte del conglomerado empresarial― para construir progreso social en Colombia. 

Eso, por lo menos, es lo que piensa Juan Fernando Álvarez, profesor de planta del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, de la Pontificia Universidad Javeriana: “Tradicionalmente, el estudio de este tipo de organizaciones solidarias no se cubre de manera transversal, cuando de organizaciones se trata. Esto ni en antropología, ni en sociología, ni en administración, ni en derecho… Mucho menos en economía. Se cree que la única forma de organización es la empresarial, la capitalista. Por eso no existen muchos acercamientos empíricos y conceptuales que demuestren la incidencia de las cooperativas en aspectos como la sostenibilidad empresarial, la dinamización de los territorios y las condiciones para el desarrollo local, lo que es problemático, porque no se tienden puentes entre las economías solidarias, la academia, la sociedad y los gobiernos”. 

Por eso, desde hace varias décadas, el profesor Álvarez, junto con el equipo de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, ha desarrollado proyectos investigativos que evidencian, de manera empírica, la potencialidad e importancia de las cooperativas en la sociedad en general, desde la aplicación de metodologías cuantitativas.  

Una de esas investigaciones, que desarrolló con el profesor Miguel Ángel Alarcón Conde, de la Universidad de Castilla La Mancha, en España, relacionó las contribuciones de las cooperativas ―a través de sus siete Principios Cooperativos― en las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

¿Cuánto aportan los resultados de las cooperativas a los ODS? Esa fue la cuestión. 

Y para responderla, los profesores Álvarez y Alarcón se valieron de dos metodologías. La primera es la encuesta Delphi, con base en la cual los investigadores indagaron entre 16 líderes de cooperativas colombianas y estudiosos cuál podría ser la relación entre los Principios Cooperativos y los ODS. A partir de ese resultado estadístico, desarrollaron la segunda metodología: el análisis de redes sociales, un método matemático en el que se entrelazan nodos ―en este caso, los Principios Cooperativos con más incidencia sobre los ODS― para expresar lazos entre ellos. De esta manera, aplicando una escala de las aportaciones de los Principios a los ODS, identificaron las relaciones más intensas y, a partir de estas, demostraron el impacto, en general, que puede tener, por ejemplo, un principio cooperativo específico ―como la igualdad― en un ODS específico ―el fin de la pobreza―. 

Con base en lo anterior, los investigadores encontraron, por ejemplo, que las cooperativas destinan cerca de un cuarto de sus excedentes a acciones que contribuyen a los ODS, sobre todo en “actividades de preservación medioambiental, captura de carbono, trabajo decente y educación”, de acuerdo con el documento académico.

También descubrieron que más de un 80 % de las cooperativas realiza o financia iniciativas sostenibles. Adicionalmente, entre otros hallazgos, evidenciaron que el principio cooperativo que más contribuye a los ODS es la preocupación por la comunidad, y que este tiene un impacto significativo en dos objetivos: ciudades y comunidades sostenibles, y educación de calidad. 

En ese sentido, concluyen ―a partir de indicadores verificables y contrastables― que las prácticas de algunas cooperativas en Colombia, gracias a su “no prioridad del ánimo de lucro personalista”, están en sintonía con los ODS. 

Ahora bien, advierte el profesor Álvarez, estos resultados son tan solo una generalización: “Son una aproximación susceptible de debates y mejoras y, a su vez, abiertas a su réplica en diferentes contextos”. 

De cualquier forma, la investigación y sus resultados son un aporte a la consolidación del cooperativismo ―y, en general, al estudio de las economías solidarias― desde una perspectiva académica. Ese es su valor: “Imagínate un iceberg. En la punta están todos los estudios económicos sobre el impacto de las empresas capitalistas a la economía, pero abajo están las otras formas de hacer economía y también las otras formas de estudiar y medir los beneficios, que van más allá de los valores monetarios. Bueno, eso es lo que hacemos: medir lo de abajo del iceberg”. Y concluye: “Nosotros insistimos en medir lo que importa medir. ¿Y qué es? ¡Pues el resultado! La capacidad de transformar […]. El indicador no es el dinero”. 

Al profesor Álvarez lo acusaban de “soñador” ―aún hoy― por este tipo de comentarios y apuestas. ¿Cómo así que la plata no es el indicador estrella del éxito de una empresa? 

Pensaban que éramos un grupo dogmático. Nos preguntaban qué habíamos tomado para plantear que la medición de las organizaciones está en su capacidad de generar transformaciones”, sonríe. “Y mira, en octubre el papa Francisco publicó su encíclica social Fratelli tutti y en esta él nombra 14 veces a las economías solidarias y a las cooperativas como una forma para cambiar nuestros hábitos de consumo y producción”, vuelve a sonreír.  

El papa Francisco también es parte de este grupo de supuestos dogmáticos. Ahí está la prueba.

LOS SIETE PRINCIPIOS COOPERATIVOS SON:  

  • Asociación voluntaria y abierta 
  • Control democrático de los miembros 
  • Participación económica de los asociados 
  • Autonomía e independencia.
  • Educaciónformación e información 
  • Cooperación entre cooperativas 
  • Preocupación por la comunidad. 

LOS ODS CON MAYOR IMPACTO GRACIAS A LOS PRINCIPIOS COOPERATIVOS SON:   

  • Ciudades y comunidades sostenibles 
  • Educación de calidad. 

 

Para leer más:  Alarcón Conde, M. Á. y Álvarez Rodríguez, J. F. “El balance social y las relaciones entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Principios Cooperativos mediante un análisis de redes sociales”. Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa, 2020, (99), 57-87. 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: El balance social y las relaciones entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Principios Cooperativos mediante un análisis de redes sociales.
INVESTIGADORES: Juan Fernando Álvarez Rodríguez y Miguel Ángel Alarcón Conde.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-2020.

 

                            

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

En los últimos diez años, la entrada de ciudadanos extranjeros al país se ha incrementado, siendo la capital el principal destino. Según datos de Migración Colombia, a diciembre de 2019 habían ingresado 1.032.016 venezolanos, de los cuales el 45% son mujeres. Como lo explica la profesora Camila Esguerra Muelle, del Instituto Pensar, de ese porcentaje la gran mayoría de ellas terminarían realizando labores de cuidado precarizado y no reconocido.

Este tipo de trabajos se conocen como empleos inseguros o de poca calidad que exponen a sus trabajadores a situaciones de riesgo constante. Esto sucede en el ejercicio del cuidado, pues como argumenta la investigadora, el empleo doméstico es uno de los que más riesgos laborales implica pues se enfrentan a circunstancias ergonómicas, físicas, psicosociales, de acoso y explotación laboral.

Bajo este contexto social, Esguerra realizó la investigación ‘Migración y cadenas globales de cuidado’, resumida a través del ‘working paper’ Se nos va el cuidado, se nos va la vida: Migración, destierro, desplazamiento y cuidado en Colombia. “Cuando hablamos de cuidado nos referimos a la reproducción material y simbólica de la vida; es la dependencia en las relaciones con los territorios y la naturaleza que lo rodea”, aclara la entrevistada. Ejemplos visibles de estas acciones son las labores domésticas, familiares, agrarias, de la tercera edad y cuidado personal.

En su estudio, la antropóloga analiza la formación de las cadenas globales de cuidado y explica que cuando son escasas, las mujeres en condiciones de pobreza del mismo país o migrantes rurales se encargan de cubrirlas; ellas a su vez, al emigrar, dejan un vacío en el cuidado de sus propios hogares, el cual es cubierto por otras personas.

Aunque el cuidado no es valorado, este hace parte de la economía del mundo, pues según la ENUT (Encuesta Nacional del Uso del Tiempo), el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) en Colombia se produce a partir de los trabajos de cuidado no remunerado. De este, el 16% es realizado por mujeres en situación de pobreza.

Un ejemplo cotidiano de los retos a los que se enfrentan las niñas en condición de vulnerabilidad es que en algunos casos son entregadas desde pequeñas a familias con alta capacidad adquisitiva, con el fin de que cumplan con labores domésticas y a cambio de una promesa de educación. Según explica Esguerra, las personas que hacen estos intercambios no son conscientes de que realizan trata de personas, muchas veces con menores de edad.

Además, si se tiene en cuenta que existen aproximadamente ocho millones de personas desplazadas en el país, la migración no es exclusivamente venezolana. “Más de la mitad de los desplazados por la violencia y el narcotráfico son mujeres que vienen a las grandes ciudades a cuidar y muchas de las que llamamos venezolanas son en realidad colombianas retornadas, que el conflicto armado de este país sacó hace 20 años”, complementa.

El problema principal de estas mujeres es que carecen de cuidado, el cual se evidencia en enfermedades físicas y psicológicas como depresión, ansiedad, insomnio y dolores físicos. A esto se le suma otro escenario: ellas trabajan en promedio un mes más por cada año que los hombres y son peor remuneradas, según la ENUT. “Eso es lo que configura las profundas desigualdades de género en el mundo. Nadie cuida a las cuidadoras porque esto se ha asumido como un asunto privado, que se naturaliza como una labor propia de las mujeres”, argumenta la investigadora.

Esguerra concluye que se debe aceptar el reconocimiento de las labores de cuidado como un asunto de Estado. “No basta con hacer pactos de redistribución del trabajo en la casa. El Estado debe asumir el cuidado como un derecho y un bien social, entendiendo que todos los seres vivos necesitamos de este, de lo contrario seguirá habiendo un mercado informal y precarizado, que pone en riesgo a las migrantes y seguirá soportado en la explotación de mujeres y personas feminizadas”, puntualiza.

¿Qué es la clase media en Colombia?

¿Qué es la clase media en Colombia?

¿Quién puede considerarse afortunado en Colombia? ¿Cómo se mide este tipo de realidad: desde factores subjetivos como la alegría, la cohesión familiar o el éxito profesional? ¿O, simplemente, es una cuestión material, del dinero que una persona tiene en el bolsillo al iniciar el día y lo que utiliza para satisfacer sus necesidades?

Parte de esa respuesta debe explicarse con números. Según las mediciones más recientes del Departamento Nacional de Estadística, DANE, el 26,9% de la población en 2017 vivía por debajo de la línea de pobreza, esto quiere decir que alrededor de 12,2 millones de personas tenían serios problemas para adquirir con sus ingresos los elementos de la canasta familiar, los artículos y servicios más básicos del mercado. Este indicador es muy parecido al más reciente estudio regional realizado por la CEPAL, en el cual la pobreza afecta a 30,2% de la población de América Latina y el Caribe (alrededor de 184 millones de personas).

Recientemente, el DANE ha venido refinando sus métodos de medición para definir con mayor exactitud este tema. De acuerdo a su director, Juan Daniel Oviedo, en Colombia una persona puede considerarse pobre si gana al día menos de $12.000, o si llega a final de mes con ingresos por $360.000; su condición mejora si, al día 30, en su bolsillo, encuentra $900.000, el límite de lo que se considera como “vulnerabilidad económica”.

Pero si encuentra más, podría considerarse como afortunado: hace parte de ese grupo de la población llamado “clase media”, aquellos que, por lo que ganan, pueden permitirse una vida cómoda. ¿Quiénes son? ¿Hay gente en Colombia que pueda ser mucho más afortunada? ¿Qué compran en una jornada como hoy, cuando se celebra el Día Mundial de los Derechos de los Consumidores?

Sobre este tema se refiere Luis Carlos Reyes, doctor en economía y director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, quien analiza, a través de una serie de columnas de opinión en video, el estado de la economía colombiana y cómo puede afectarse ante la posibilidad de una nueva reforma tributaria.

https://youtu.be/EDzbtPtgIt4

En sus siguientes columnas, Reyes se refirió a: