Pistas para la alta productividad en fincas pequeñas

Pistas para la alta productividad en fincas pequeñas

A lo lejos se divisa Belén de Umbría, sobre una ladera risaraldense, donde la cordillera comienza a perderse en una selva que morirá en el océano Pacífico. Aparentemente un municipio cafetero, como tantos. Sin embargo, un zoom sobre el antiguo territorio de los umbras, en un entorno semejante a un pesebre –circunstancias que confluyeron en el nombre, Belén de Umbría– permite asegurar que no es un pueblo cafetero más: no solo porque es el principal productor del departamento y el décimo a nivel nacional, sino porque los caficultores de la zona han sabido adaptarse a desafíos tan ‘bravos’ como la crisis del mercado de los años noventa del siglo pasado y la variabilidad climática, al punto que, para 2012, la producción se mantuvo entre seis mil y siete mil hectáreas sembradas y cosechadas.

En este municipio, Jaime Forero Álvarez, profesor titular del Doctorado en Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, y su estudiante, Ligia María Arias Giraldo, investigan la producción cafetera colombiana. ¿Qué han hecho los caficultores de Belén de Umbría para adaptarse a cambios tan drásticos?, se preguntaron al iniciar el proyecto Adaptación de productores agropecuarios a cambios en las condiciones del mercado y a la variabilidad climática con énfasis en caficultores, el más reciente trabajo de un conjunto dirigido por Forero y la socióloga y profesora titular Elcy Corrales, alrededor de los sistemas de producción cafeteros y su viabilidad.

Una aproximación diferente

El actual equipo seleccionó a Belén de Umbría luego de años de estudio en diversas regiones del país, como Supía y Riosucio en Caldas, Restrepo y Buga en el Valle del Cauca y Ciudad Bolívar en el suroeste antioqueño. Tras advertir que no se trata de una muestra representativa en estricto sentido, pero resaltando el carácter aleatorio de la elección de este municipio, Forero y Arias señalan el aporte de la investigación a la comprensión de la caficultura colombiana y su valor como insumo para el diseño de políticas. Según Forero, “tenemos indicios muy fuertes para pensar que las estrategias de Belén de Umbría se pueden aplicar a buena parte de la Colombia cafetera”.

Por su parte, Ligia Arias sostiene: “estoy convencida de la fidelidad de los datos que se obtienen cuando se trabaja cara a cara con el productor (…). Por eso optamos por disminuir la muestra estadística formal, en favor de datos más confiables y mayor profundidad”.

La investigación comprende un levantamiento del sistema de producción actual para observar su evolución desde 1980, lo cual podrá correlacionarse con los momentos de cambio en los precios del mercado del café y de las condiciones climáticas. En breve se iniciará el censo de los cafeteros en siete veredas de Belén de Umbría, lo que permitirá escoger algunos para desarrollar estudios de caso en profundidad.

¿Qué han hecho los cafeteros de Belén de Umbría?

Ante la situación adversa en materia de precios del grano, los belumbrenses han evadido ciertas decisiones, como vender sus fincas, cambiar de cultivo totalmente o pasar a la producción ganadera sin dejar un cafeto en pie. Así, una encuesta inicial arroja la primera conclusión importante: que los caficultores pequeños, medianos y grandes son muy efi-cientes, una de cuyas estrategias fundamentales es la alternancia con cultivos como el plátano.

Estas estrategias no están lejos de lo encontrado en las investigaciones anteriores mencionadas: los productores cafeteros de Caldas y el Valle del Cauca intensifican cultivos complementarios como el plátano, el fríjol o el maíz, y alternan la caficultura con producción pecuaria intensiva a pequeña escala. En terrenos reducidos crían cerdos o aves y cultivan forrajes, sin quitarle espacio a los cafetales. Son modos de producción que tienden a reducir la utilización de agroquímicos y a aumentar las interacciones entre los diferentes componentes de la finca, que además dan espacio a la creatividad del agricultor. Para esto, han contado con el apoyo de la Federación Nacional de Cafeteros y otras instituciones: “Se forma un gran laboratorio con los agrónomos y con los técnicos. Se construye un capital social muy valioso”, dice el investigador.

Eficiencia y dimensión de la finca

En investigaciones anteriores se confirmó la eficiencia económica de los sistemas de producción cafeteros que muchas veces se llevan a cabo en fincas minúsculas: “se soluciona parcialmente el problema de escasez de la tierra y se la remplaza con inversión en capital relativamente modesta, de tal manera que se pueden incrementar significativamente sus ingresos mediante la intensificación del café y la diversificación de la producción, con actividades tanto agrícolas como pecuarias”, continúan Forero y Arias.

Los investigadores agregan que, en el caso de espacios muy reducidos, se puede ser eficiente económicamente y obtener una alta rentabilidad, pero las limitaciones en el tamaño de sus parcelas pueden impedirles obtener ingresos suficientes para salir de la pobreza.

En extensiones menores de dos hectáreas, a pesar de tener un sistema eficiente, un agricultor no alcanza a producir los ingresos para ‘salir de pobre’ y se ve obligado a rebuscar otras entradas en trabajos precarios. Sin embargo, con un poco más de tierra, haciendo énfasis en las estrategias de productividad, el campesino puede vivir de su finca y darle trabajo a otros. “Esto lo constatamos en numerosos casos de pequeños productores cafeteros ubicados en Riosucio y Supía, Caldas”, dicen.

Así, las estrategias de los caficultores para afrontar las crisis originadas en el clima o en el mercado, se han basado en la disminución de los costos monetarios mediante la sustitución de trabajo contratado y de insumos comprados. De acuerdo con Forero, “el mejor indicador de la viabilidad económica para los sistemas de producción familiares es la remuneración de la mano de obra: cuando la familia, por cada día de trabajo en su propia finca, obtiene un ingreso superior al que recibiría trabajando en otra parte, el sistema resulta viable en términos económicos, porque la remuneración dentro del sistema sobrepasa el costo de oportunidad de la mano de obra, y esto es efectivamente lo que sucede en todos los casos estudiados”, explica el investigador.

Una opción efectiva para las fincas pequeñas es la producción de cafés especiales (orgánicos, amigables con la naturaleza, de origen, gourmet, etc.), que constituye alrededor del 20% de la producción de café en Colombia, cotizada a precios más altos que los del café corriente.

Se trata de escenarios productivos que se adaptan para sostenerse en el tiempo, no solo desde la perspectiva económica, sino social y cultural, pues ofrecen soluciones para reforzar el tejido social, y mantienen tradiciones y conocimientos ancestrales reelaborados con la oferta tecnológica y el conocimiento actual disponibles, así como en un café de la plaza de Belén de Umbría se sigue oyendo a Carlos Gardel en versión digitalizada, reproducida por el computador del cantinero. Con el surgimiento de los cultivos dirigidos a producir cafés especiales, se implementan tecnologías que reducen el impacto sobre los ecosistemas.

Los estudios llaman la atención sobre la existencia, en América Latina, de un ‘capitalismo rural’ —diferente del ‘capitalismo agrario’ convencional—, en el que la empresa familiar coexiste y tiene relaciones funcionales con la empresa capitalista a través de una intensa circulación tanto de trabajo como de tierra y capital. Por el contrario, en el ‘capitalismo agrario’ se homogeneiza el paisaje socioproductivo, con la consecuente expulsión de los productores familiares. “Se podría decir que este capitalismo rural es la base productiva del paisaje cafetero, hoy en día considerado patrimonio cultural de la humanidad”, dice Forero.

Un mito que se viene abajo

Además, ‘de carambola’, como se diría en cualquier billar del eje cafetero, esta serie de investigaciones controvierte uno de los mitos más arraigados en Latinoamérica, aquel según el cual la agricultura familiar no da para vivir. De acuerdo con Forero, esta idea “es resultado de la especulación o del uso de datos muy precarios (…). Podemos asegurar que la agricultura familiar es viable, no solo en las áreas cafeteras, sino en otras partes del país”.

Son hallazgos científicos que reivindican, en un momento decisivo para el agro colombiano, el protagonismo social y económico del campo y de los campesinos, desdibujado por un ‘capitalismo salvaje’ que se ha querido imponer. Por ello es trascendental el rescate de actividades y modos de hacer específicos, alrededor de asuntos en los que ‘nos va la vida’, como la producción de comida y la defensa de los recursos naturales.


Para saber más:
  • » Forero Álvarez, J. y Corrales, E. (2007). La reconstrucción de los sistemas de producción campesinos. El caso de ASPROINCA en Riosucio y Supía. Bogotá: Swissaid, Pontificia Universidad Javeriana, Colciencias, Asproinca.
  • » Forero Álvarez, J. (2010). Colombian family farmers, adaptations to new conditions in the world coffee market. Latin American perspectives, 37(2) (V. J. Furio, Trad.).
  • » Forero Álvarez, J. (2012). Estrategias adaptativas de la caficultura colombiana. En: Samper y Topik (Eds.). Crisis y transformaciones del mundo del café. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.

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