La magia de la psiquiatría

La magia de la psiquiatría

Juro que es cierto, lo vi con mis propios ojos. El decano Carlos Gómez-Restrepo, en la sala de su casa, jugaba con una lucecita roja entre sus dedos. Podría creerse que tenía un bombillo diminuto, pero no. Era exactamente lo que estoy diciendo: una lucecita roja que agarraba con los dedos. Lo más inverosímil era que la sacaba de cualquier parte: del florero de la mesa, de mi oreja, de atrás de su cabeza. Jugaba con ella, la movía de aquí para allá y hasta se la pasaba de una mano a la otra. “Hacer magia depende de conocer muy bien el truco y ese truco es lo que divierte”, decía. Un tío le enseñó cuando tenía unos nueve o diez años, y practicaba en sus vacaciones en Manizales, llenas de primos, tías, abuelos y otros parientes.

El amor por la psiquiatría vino después. De hecho, un poco tarde porque empezó estudiando psicología. “Luego decidí entrar a Medicina a la Javeriana y ahí me preparé para ser psiquiatra”, recuerda Gómez-Restrepo. Tenía un sinfín de opciones de especialidad para escoger, e incluso alcanzó a interesarse por la neurocirugía, la neurología y hasta la ginecobstetricia, pero siempre le gustó más tratar con la gente, comprender sus inquietudes y profundizar en detalles de sus vidas. Pero no lo malinterpreten. Para él, lo biológico es básico en la medicina y está en todas las áreas, pero la psiquiatría privilegia de una manera particular lo psíquico y las relaciones sociales, y eso era lo que le llamaba la atención. “Cuando uno define salud como un completo bienestar físico, mental y social, y no solo como la ausencia de enfermedad, comprende la magnitud de esta especialidad; entiende su elección cuando piensa la salud como la manera de hacer que las personas logren un mayor bienestar, puedan amar, trabajar, desarrollar sus capacidades, obtener las metas que se plantean y participar en la construcción de un mundo mejor y más equitativo”, explica el decano.


No solo psiquiatra

Carlos Gómez-Restrepo es tal vez el único psiquiatra mago que conozco, pero vale aclarar que no es el único rasgo particular de este médico. Después de terminar su especialización y de haber hecho algunos diplomados, cursos y rotaciones en España, viajó a Estados Unidos para estudiar una maestría en Epidemiología Clínica en la Universidad de Pensilvania. Lo hizo gracias a una beca de la Fundación Rockefeller, la Javeriana y la Red Internacional de Epidemiología Clínica (Inclen, por su sigla en inglés).

Corría el año 1993 y para entonces “era como el tercer psiquiatra en el mundo que estudiaba eso”, asegura Gómez-Restrepo, quien agrega que se trataba de una disciplina nueva dedicada a la investigación clínica y a profundizar en herramientas metodológicas con el fin de dar lo mejor a los pacientes. Según explica, la epidemiología clínica utiliza el método científico para hacer buena investigación y dar predicciones sobre el estado de algún paciente, saber qué tipo de terapia puede servirle más o establecer las pruebas diagnósticas que requiere. En sus propias palabras, “da herramientas para discernir entre qué es útil y qué no, para ser muy crítico con lo que uno hace y muy propositivo para hacer cosas mejores”.

/Betto
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Cuando regresó de Estados Unidos se empezó a dedicar también a la academia, con el fin de compartir su conocimiento con nuevas generaciones de médicos. A mediados de los 90 se involucró como profesor en el Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Javeriana, y luego como su director, desde 2000 hasta 2007, tiempo en el cual diseñó los primeros posgrados en Colombia en Psiquiatría de Enlace y en Psiquiatría de Niños y Adolescentes. Posteriormente le fue encargada la dirección del Departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística de la misma universidad, de 2010 a 2017, donde ideó el primer doctorado de esta disciplina en el país y la Maestría en Bioestadística.


No deja de enseñar

El decano supo que quería ser docente cuando estaba en cuarto semestre de Medicina y su profesor de fisiología, el neurofisiólogo Arturo Morillo, lo escogió como monitor. Ahí se dio cuenta de la felicidad que le produce que otros aprendan, encontrar técnicas diferentes para cada estudiante y, sobre todo, aprender a partir de esa labor. “Esto es un juego de partes en el que uno da mucho de lo que sabe pero también aprende muchísimo de sus alumnos, de sus formas de ver el mundo, de sus preguntas”, asegura Gómez-Restrepo.

Hace un año, en septiembre de 2017, cuando el rector lo llamó para decirle que había sido seleccionado por sus más de 400 compañeros profesores para ser decano, pensó en la tarea que implicaba aprender otros detalles administrativos que no dominaba. Pero eso no le preocupó. También se le vino a la cabeza el tiempo que tendría que invertir en esta nueva labor, pero aun así aceptó, siempre y cuando pudiera seguir enseñando. Él insiste en que esa posición lo obliga a estar en contacto con todas las personas que hacen parte de la facultad, incluyendo los estudiantes, y de esa forma no solo puede darse cuenta de las necesidades de la gente y los inconvenientes que puedan encontrar, sino que “evita que me quede estático en materia de conocimiento. Me hace leer todo el tiempo, actualizarme, prepararme”.

Tampoco ha dejado de ver pacientes. El día que nos vimos, por ejemplo, acababa de llegar de consulta y no se le notaba un solo rastro de cansancio. Sigue yendo al Hospital Universitario San Ignacio a hacer sus turnos en psiquiatría, y también atiende en su consultorio privado, donde aplica sus terapias. Le pregunté entonces si la magia y la psiquiatría se parecen y, para mi sorpresa, dijo que sí. “Cuando una terapia se hace bien, la gente cambia de forma sorprendente”, respondió. Luego agregó que la pequeña diferencia es que ahí no había ningún truco, “sino una buena metodología que ayuda a las personas. Tanto, que parece como si fuera magia en acción”.

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Los trucos, que pasan de generación en generación, se los está enseñando a su hija menor, Valentina, a quien le encanta la magia. La idea del decano es que un día, cuando ella aprenda a barajar muy bien, logre que todas las cartas de un naipe se vuelvan de una misma pinta. De sus otros tres hijos, solo la segunda estudia medicina y ya está en el internado. Según el decano, no decidió por ella: “siempre espero que mis hijos escojan lo que más les gusta y que encuentren su camino, que vivan plenamente sus vidas y que hagan un mundo mejor”.

La mayor es ingeniera química y al tercero le gustan el fútbol y el derecho. Pero si en algún momento sienten que no están haciendo lo que quieren, Gómez-Restrepo ―como el buen profesor que es― les señala el valor de la duda y el disfrute de investigar, innovar y conocer. Asegura que siempre hay tropiezos y todo el mundo corre ese riesgo, “pero eso es bueno porque después se enriquecen, aprenden y salen adelante”. Y esa forma de ver la vida, que también tiene su esposa, Andrea Padilla, profesora de jurisprudencia, la comparte con los alumnos con que se topa todos los días en la universidad, como un consejo para sus vidas después de egresados.

Encontrándole respuestas a la locura

Encontrándole respuestas a la locura

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”

Este es el inicio de una de las obras maestras de la literatura que narra la locura de Don Quijote de la Mancha, un hombre sinrazón que envuelve y encanta a Sancho Panza para que lo acompañe en sus aventuras, a Miguel de Cervantes para que narre el cuento, y al lector para que lo lea. Desde que yo leí ese libro, la locura como concepto me llenó de curiosidad y comencé a leer sobre el tema y tratar de encontrarle una explicación.

Hallé que la locura se define como el pensamiento o juicio que “no es normal”, por lo que la gente le teme, pero a mí me trajo más preguntas sobre la mente, el pensamiento, la conciencia y el comportamiento, temas que investigamos en el grupo de investigación de psiquiatría Medicina y Nuevas Tecnologías (MNT).

Explicar qué es el grupo para mí es una tarea difícil ya que le he dado todo mi cariño y esfuerzo para que crezca en este tiempo, me ha enseñado a dinamizar, organizar y trabajar con mis pares y con mis superiores. También ha traído cambios en mi vida personal, como la posibilidad de no estigmatizar a los pacientes con enfermedades mentales, entenderlos y comprender que la insania no es algo ajeno a nosotros y que, por el contrario, es cotidiana, hace parte de nuestros cuerpos.

MNT se creó hace cuatro años por el estudiante Daniel Solarte Bothe y el doctor Germán Casas, quienes, con la misma curiosidad mía y, tal vez, mayor, lo fundaron como un espacio para liberar todas las ideas singulares que relacionan las mentes de las personas con sus contextos sociales como, por ejemplo: ¿los niños pueden cambiar su comportamiento por un juego? ¿Los sueños se relacionan con la creatividad? ¿En la demencia cambian nuestras emociones?

A partir de eso, el doctor Hernando Santamaría tomó la tutoría del grupo y se multiplicaron los proyectos de investigación centrados en buscar y entender diferentes comportamientos y relacionarlos con el medio, utilizando inicialmente como muestras a los estudiantes de nuestra universidad. Lo que es más interesante es que es un grupo que viene de la iniciativa de estudiantes, la toma de decisiones y los proyectos los hacemos los estudiantes dándole a las personas de pregrado la oportunidad de ser investigadores. El doctor Hernando Santamaría García, Ph.D, y el Departamento de Psiquiatría del Hospital San Ignacio, a cargo del  doctor Carlos Filizzola, nos guían en los diversos pasos de la investigación sin opacar nuestro trabajo.

Fueron tantos los hallazgos hace tres años que nos obligaron a hacer un evento académico para presentar todas las novedades que habíamos encontrado. Así se realizó el primer Simposio de Neurociencias, Cognición y Sociedad en 2016, en el que se ofrecieron charlas con expertos sobre las nuevas investigaciones y hallazgos respecto a las ciencias de la mente; además, se brindó el espacio para exponer posters y hacer explicaciones rápidas de otros grupos de investigación.

Para la edición de 2017, y tras casi un año de correos electrónicos, mensajes, reuniones y largas noches de preparación, logramos un evento extraordinario. Con más de 1.000 interesados por redes sociales, aproximadamente 500 asistentes y 20 charlas con expertos en áreas de la psiquiatría, neurociencia, economía, filosofía y antropología, fueron dos días con muchos aprendizajes y demostraciones de dominio de las temáticas.

Los días 9 y 10 de noviembre de este año se realizará la tercera edición del Simposio, con tres invitados internacionales y una nueva modalidad de talleres de uso e interpretación de diferentes herramientas en la investigación de cognición, como la resonancia magnética funcional, el eye tracker y la creación de paradigmas, sumado a las charlas.

Los simposios han requerido un arduo trabajo, pero son una marca del grupo y de nuestra capacidad; lo que más disfruto es el día a día con los integrantes del grupo, ya que se han convertido en mis grandes amigos, todos unidos por los mismos gustos. Los viernes nos reunimos estudiantes de primer a doceavo semestre para discutir y hablar sobre los temas que nos interesan o sobre el desarrollo de los proyectos; en este espacio también damos clases para repasar o aprender lo que propongamos.

Este año me retiro como coordinadora y, aunque es triste, creo que es el momento oportuno. Este es un grupo que, como mencioné antes, es de estudiantes para estudiantes de todas las carreras. La capacidad de un joven para investigar es increíble y con grandes proyecciones. Por eso, el MNT tiene un futuro y puede crecer aún más.

 


* Estudiante VIII semestre de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana. Desde hace dos años coordina el grupo de investigación de psiquiatría Medicina y Nuevas Tecnologías, adscrito a la Facultad de Medicina, departamento de Psiquiatría.

Novedades editoriales

Novedades editoriales

Pasados y presentes de la violencia en Colombia. Estudio sobre las comisiones de investigación (1958-2011)

Jaramillo Marín, Jefferson. Pasados y presentes de la violencia en Colombia. Estudio sobre las comisiones de investigación (1958-2011). Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 280 páginas.


Tres momentos claves de la historia moderna y contemporánea colombiana son retratados en este libro, versión de la tesis doctoral del sociólogo Jefferson Jaramillo Marín: el de la Comisión Investigadora de las Causas de la Violencia, en los comienzos del Frente Nacional; el de la comisión de la era preconstituyente, conocida como “comisión de los violentólogos”; y, por último, el más reciente, emprendido por el Grupo de Memoria Histórica. Pero no se trata de un trabajo de recopilación histórica o documental (aunque el lector encontrará una muy buena síntesis de antecedentes y hechos); más bien, y al mejor estilo de la sociología francesa, se trata de un trabajo juicioso y comprensivo de un fenómeno singular.

La investigación buscó entender cómo tales grupos han sido capaces de “procesar y gestionar oficialmente las secuelas de la violencia” (p. 23) y de qué manera han contribuido “a la selección dominante sobre el pasado y el presente de la violencia”. Eso de por sí hace apasionante la lectura. Pero hay más: el autor resalta algo que estaba implícito en la mirada de
los observadores, es decir, de los miembros de las comisiones: el papel de los expertos, de
los que se resalta su talante académico: se trataba de personas como Orlando Fals Borda, Eduardo Pizarro o Gonzalo Sánchez, por solo citar tres nombres, uno por cada comisión. Sin embargo, el autor los ubica en una esfera más limitada y los llama “intelectuales para la democracia” (p. 126).

Lo más interesante del trabajo es el diagnóstico de las comisiones como “dispositivos rituales y espacios de sentido”. Primero, se les confiere el valor de treguas definitivas contra el olvido, ese permanente mal colombiano.

Muchos de los asuntos no se explicitaron o se olvidaron intencionalmente, y varias de las recomendaciones de las comisiones no fueron acatadas por los gobiernos siguientes (el caso de los violentólogos es muy singular). Aun así, el ejercicio de comprensión de estos tres momentos fue, sin dudas, apasionante. Como este libro.

Libro rojo de aves de Colombia

Renjifo, Luis Miguel; Gómez, María Fernanda; Velázquez-Tibatá, Jorge; Amaya-Villarreal, Ángela María; Kattan, Gustavo H; Amaya-Espinel, Juan David y Burbano-Girón, Jaime.Libro rojo de aves de Colombia. Vol. I: Bosques húmedos de los Andes y la costa pacífica. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 466 páginas.


Después de más de once años de publicar la primera versión del Libro rojo de aves de Colombia, un grupo de más de 133 colaboradores y 7 editores presenta el primer volumen del Libro rojo de aves de Colombia. Bosques húmedos de los Andes y la costa pacífica, en el que se da a conocer la “lista roja” de especies de aves consideradas bajo algún tipo de amenaza de extinción, en estas regiones del país.

A partir de dicha lista llevan a cabo un análisis detallado y riguroso de las razones por las cuales estas especies se encuentran en peligro y proporcionan elementos para poder evitar la desaparición gradual de las especies catalogadas en el libro. Así, la iniciativa se inscribe no solo como una denuncia, sino también como una puesta en común con miras a proteger la supervivencia de las aves de nuestro país.

El desarrollo: aporte y límite a la solución del conflicto armado en Colombia

Germán, S. J. y Escorcia, Melina, editores. El desarrollo: aporte y límite a la solución del conflicto armado en Colombia. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2013. 182 páginas.

En este libro el grupo de investigación Cosmópolis analiza las nociones de desarrollo más relevantes para América Latina y las contextualiza, en el caso colombiano, con el Informe de desarrollo humano para Colombia 2003 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Para ello, trabaja de la mano de la teoría sobre el desarrollo del teólogo canadiense Bernard Lonergan. El libro asume una posición crítica al identificar las posibilidades y límites que la noción de desarrollo como satisfacción de necesidades puede provocar en la resolución del conflicto armado en Colombia. Todo esto atravesado por la pregunta por la religión como mediadora en los temas de violencia y desarrollo social en el país.

 

Psicopatología básica

Hernández Bayona, Guillermo. Psicopatología básica. 5.ª edición corregida y aumentada. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2013. 457 páginas.

A través de una caracterización metódica, fiel a la línea de la psiquiatría descriptiva que ha guiado a profesionales de la salud por más de cien años, Guillermo Hernández explica el método semiológico para detectar los signos y síntomas de un trastorno mental y hace de su descripción un arte. Los relatos de los pacientes, los detalles psicopatológicos y clínicos, además de ejemplos provenientes de situaciones y personajes de la historia de la literatura (como Hamlet) ayudan a presentar en forma didáctica los conocimientos de esta ciencia del funcionamiento psicológico, en los aspectos patológicos de la conducta del ser humano.

Esta obra, que ya llega a su quinta edición, y que en esta ocasión se presenta cuidadosamente revisada, replanteada, corregida y aumentada, contiene cinco secciones que buscan hacer un aporte a la comprensión (a la luz del conocimiento actual) de conceptos psicopatológicos que intentan reiterar que el psiquismo humano, producto de una sofisticada evolución, funciona de manera unitaria, global, profunda y compleja.

Pretende, pues, integrar en forma comprensiva la base biológica que sustenta cada función psicológica con el correspondiente funcionamiento en la vida cotidiana. Además, busca mostrar que esta síntesis se traduce en el funcionamiento global de la personalidad en el escenario privilegiado y en el observatorio singular de lo cotidiano. La premisa a partir de la cual se construye lo psicopatológico es sencilla: la perturbación de una función psicológica será tanto más grave si logra alterar el funcionamiento global del psiquismo, y si dicha alteración logra a su vez modificar el funcionamiento de la personalidad en la vida cotidiana y perturbar, en última instancia, el proceso global de adaptación del individuo.

De esta manera, espera que el lector tenga un acercamiento a una forma particular del conocimiento de la mente enferma, en el contexto de un área de estudio que hasta hace poco estaba, en su mayor parte, inexplorada.

Hernández Bayona, Guillermo. Psicopatología básica. 5.ª edición corregida y aumentada. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana,  2013. 457 páginas.
 

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