¿Cómo se maneja un paciente con la enfermedad de Parkinson en el aislamiento preventivo?

¿Cómo se maneja un paciente con la enfermedad de Parkinson en el aislamiento preventivo?

Según la Asociación Colombiana de Neurología (ACN), en el país hay más de 220.000 personas que padecen párkinson. Teniendo presente que el sábado 11 de abril se celebró el Día Mundial de esta enfermedad, la investigadora Catalina Cerquera Cleves, en diálogo con Pesquisa Javeriana, afirma que no hay evidencia científica para comprobar que tener esta enfermedad de base aumente el riesgo de contagio de COVID-19.

¿Qué es el párkinson? Es una enfermedad neurodegenerativa que afecta al sistema nervioso central, provocando dificultades como rigidez, temblor, lentitud de movimientos, entre otras. Las personas que la padecen no producen suficiente dopamina en el cerebro (neurotransmisor encargado de posibilitar la función motora en el cuerpo y la expresión de las emociones).

Cerquera Cleves, neuróloga especialista en párkinson y trastornos de movimiento del Hospital San Ignacio y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, recomienda recurrir a los comunicados oficiales de la Asociación Colombiana de Neurología (ACN). “Tampoco se ha comprobado que si una persona con párkinson se infecta por coronavirus, esta tiene un riesgo mayor de verse afectada a largo plazo solamente por el hecho de tener la condición neurodegenerativa. Lo que sí sabemos es que la mayoría de pacientes son mayores de 60 años, quienes son población vulnerable por su edad. Eso es diferente a decir que sea como tal por el padecimiento”, manifiesta.

Además, la investigadora aclara que el consumo de medicamentos necesarios para los pacientes como la Levodopa (comúnmente utilizada como sustituto de la dopamina) no aumenta el riesgo ni genera complicaciones frente al virus. Destaca que no hay diferencias inmunológicas en sujetos con párkinson, comparándolos con aquellos que no tienen la condición.

Sin embargo, los cuidados que se deben tener sí son los mismos que aquellos sugeridos a la población general. “En caso de que los pacientes sean mayores a 60 años, deben cuidarse como cualquier adulto mayor. Es decir, lavarse las manos frecuentemente, estar en aislamiento social, evitar las visitas”, explica. A la hora de salir a la calle, recomienda contar con la ayuda de un familiar que pueda hacer el mercado y conseguir los medicamentos. Si es extremadamente

necesario movilizarse, el paciente debe acatar las normas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como usar tapabocas y mantener una distancia de mínimo un metro con otras personas.

Algunos de los síntomas secundarios de esta enfermedad son ansiedad y depresión, los cuales se pueden agudizar durante la cuarentena. Como especifica la doctora Cerquera, para cualquier persona es difícil estar en su casa las 24 horas del día sin poder salir, pero en los pacientes con párkinson esto se vive todavía peor.

“En estos casos, es importante no dejar de tomar los medicamentos usuales, porque eso puede empeorar los síntomas motores y psiquiátricos. Lo otro es apoyarse en sus familiares; desde la red de apoyo del paciente se debe estar muy pendiente de ellos, tratar de comunicarse por videollamadas de manera frecuente y comer bien. Tampoco hay que dejar de estar activo dentro de la casa, es decir, hacer ejercicios como estiramientos y entrenamientos adecuados para cada persona según su edad y las recomendaciones del médico”, aclara.

Cerquera también invita a realizar actividades que sean novedosas para el paciente como practicar tenis de mesa, pintar, bordar, hacer rompecabezas o retarse con juegos de computador, ya que es fundamental mantener la mente ocupada y así evitar que la ansiedad o depresión puedan empeorar durante el aislamiento.

Hay pacientes de párkinson que tienen entre 40 y 50 años, por lo que estas personas pueden realizar labores de oficina y que en este momento están teletrabajando. La investigadora afirma que ellos deben mantener una rutina determinada y llevar a cabo sus labores con normalidad.

Para esto recomienda establecer un cronograma con horarios fijos para toda la semana. “Es decir, no es ver a qué horas me levanto y a qué hora desayuno, o cómo pasa el día; es establecer horarios y una agenda para toda la semana; levantarse siempre a la misma hora, comer a las mismas horas”, complementa.

Los pacientes que viven con familiares y cuidadores tienen un apoyo fundamental. Cerquera reitera que es clave realizar actividades como cocinar y distraerse con juegos de mesa, además de hacerles sentir útiles en el hogar.

Por último, ella recuerda que es importante tener calma y acompañar a quienes padecen esta enfermedad. Aunque hay muchos pacientes que viven solos, la idea es no exponerlos a un mayor riesgo de contagio al virus visitándolos constantemente. No obstante, es importante como familiar o amigo apoyarlos y estar pendiente de cualquier eventualidad durante el aislamiento. “Tratar de comunicarse con la persona lo más que sea posible, si se puede hablar por videollamada, estar chequeando siempre cómo está, y si es necesario, ir a hacer intervenciones a través del personal médico autorizado”, puntualiza.

Si tiene más dudas o preguntas al respecto, acceda al blog de la Asociación Colombiana de Neurología.

¡Mosca con el autismo!

¡Mosca con el autismo!

Dos premisas ayudan a entender la pertinencia y el alcance de la investigación que Lina Becerra, de la Universidad Javeriana Cali, y Juliana Rengifo y Marcela Santaella, de la Universidad Icesi, adelantan desde hace cuatro años. En primer lugar, cuando se habla de autismo, realmente no se puede hablar de una patología homogénea sino de un conjunto de perturbaciones diferentes, entre las que se encuentra el síndrome de Asperger, y otras que aún se intenta conocer en detalle, lo que implica que lo correcto es hablar de trastornos del espectro autista.

En segundo lugar, el estudio de estas complejidades, en los últimos años, ha sido estimulado por datos como el que registró para Estados Unidos el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en 2010, según el cual uno de cada 68 niños sufre de estos trastornos, en un fenómeno que se ha incrementado recientemente y que registra cifras parecidas en el Reino Unido, lo que ha llevado a hablar de un problema de salud pública.

En ese contexto, y teniendo en cuenta que Colombia no conoce la magnitud de su situación en este tema, en 2014 las investigadoras de la Javeriana Cali y de Icesi se embarcaron en la tarea de trabajar con moscas de la fruta, silvestres y mutadas, en un proceso de modelación animal que permitiera investigar el comportamiento y la interacción entre las proteínas neuroligina y FMRP (relacionadas con algunos trastornos del espectro autista en humanos) durante ciertos momentos del desarrollo del sistema nervioso de estos insectos (desde los estadios pupales hasta los adultos), que son considerados periodos críticos porque los sistemas son muy sensibles a cambios en el ambiente.

“Miramos la expresión de estas proteínas, que trabajan particularmente en el desarrollo de la sinapsis (formación de las conexiones nerviosas), en el marco de las podas sinápticas, procesos en los que el sistema nervioso define cuáles van a ser las conexiones que se mantienen y cuáles se podan o eliminan”, explica la médica Becerra.

En los mencionados periodos críticos, hay un mayor número de conexiones nerviosas, que en las podas sinápticas se favorecen o se eliminan dependiendo de cuán fortalecidas estén. “Ese fortalecimiento depende mucho de la experiencia a la que se someta al individuo”, complementa.

Por esta razón, además del trabajo con las moscas y de la observación de las proteínas, la labor consistió en aplicar restricciones sensoriales a estos animales en distintos momentos de ese proceso de desarrollo que va desde los estadios pupales hasta los adultos. “En laboratorio, se les aisló socialmente poniéndolas en un tubo de Eppendorf, también se les aisló del sonido y de la luz, y lo único que tenían era el material para alimentarse. Después de privarlas durante varias etapas, para poder comparar, se les sacrificó y se cuantificaron las concentraciones de las proteínas estudiadas. Gracias a esto, descubrimos alteraciones en las proteínas si se hacen privaciones en todas las etapas o solo en unas específicas, lo que afecta el desarrollo del sistema nervioso de la mosca”, asegura la investigadora.

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En relación con los trastornos del espectro autista, estos hallazgos suman pruebas a una corriente de investigación que busca abordar la complejidad de estas perturbaciones. Hasta el momento, el diagnóstico del autismo responde a solo tres aspectos que se observan en los pacientes: la socialización, el lenguaje y las estereotipias (comportamientos repetitivos), los cuales definen el tipo de atención. “En la actualidad, el énfasis del tratamiento está en la conducta”, aclara la profesora de la Javeriana.

Pero al determinar la importancia de lo sensorial, se podría reforzar la teoría de que se debe prestar atención a un cuarto criterio para identificar el trastorno. “Cuando un neurólogo pediatra va a diagnosticar autismo, estaría en la obligación de revisar al paciente sensorialmente, para ver cómo está su percepción visual, la auditiva, la táctil, etcétera”, lo cual sería un camino alternativo para el tratamiento de estos trastornos. “Entonces los protocolos de atención deberían incluir terapias de integración sensorial, que permitan a los pacientes mejorar el procesamiento de sensaciones, pues no se pueden exigir cambios conductuales a un paciente con autismo cuando, por ejemplo, tiene hipersensibilidad visual y todo le molesta”, enfatiza Becerra.

Lo anterior permitiría además aprovechar la principal etapa de desarrollo del sistema nervioso humano, comprendida entre los dos y los doce años. “Al diagnosticar con estos criterios más temprano, tendríamos más tiempo para decir: ¿qué recupero de este sistema o cómo favorezco sus podas sinápticas, sabiendo que dependen de la estimulación sensorial?”.

Hasta el momento, los resultados recogen la experiencia aplicada a moscas silvestres y el siguiente año se estudiarán las mutadas (que solo presentan una de las dos proteínas), de tal forma que se pueda completar la observación del funcionamiento de cada proteína por separado y compararlo con lo registrado en un contexto de interacción, que se logró con el estudio de las moscas silvestres.

 


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Exploración de la interacción neuroligina-FMRP durante el proceso de poda axonal posnatal dependiente de actividad en cepas silvestres y mutadas de Drosophila melanogaster
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Lina Vanessa Becerra Hernández
COINVESTIGADORAS: Juliana Rengifo y Marcela Santaella
Facultad de Salud
Departamento de Ciencias Básicas de la Salud
Grupo de Investigación en Ciencias Básicas y Clínicas de la Salud
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-actualmente