Midiendo la vejez saludable

Midiendo la vejez saludable

Cuando se piensa en el ocaso de la vida seguramente se imagina lo que conlleva años de experiencia, años que se ven reflejados tanto física como mental o emocionalmente. El envejecimiento es algo irreversible, sin embargo, puede planearse para que su impacto no sea negativo. De eso se encarga la herramienta digital elaborada por la ONG HelpAge International y validada por el Instituto de Envejecimiento, la cual mide la calidad de vida de acuerdo con ciertos factores, como el buen estado funcional o el acceso de una persona mayor a los servicios de salud.

“La herramienta para validar el envejecimiento saludable tiene tres componentes principales: la primera, la caracterización de las personas mayores que entran en la valoración, esto es: sexo, edad, educación, nupcialidad, actividad laboral; la segunda, la percepción del estado de salud, los niveles de tensión arterial, la valoración de la funcionalidad y la fragilidad, el auto-cuidado, la valoración del estado nutricional y la presencia de enfermedades crónicas; la tercera, el acceso a servicios de salud, la cobertura del SGSSS (Sistema General de Seguridad Social en Salud), la percepción sobre costos y calidad así como la atención de las enfermedades crónicas’’, explica Margarita Medina, economista, doctora en Demografía y líder del proyecto ‘’Construcción de una herramienta para validar el envejecimiento saludable. Validación de la herramienta para Colombia 2014-2016’’.

Para establecer la capacidad del instrumento y valorar los cambios del proceso de envejecimiento, los investigadores hicieron tres aplicaciones de muestras en dos grupos de población mayor muy distintos: uno residente en Bogotá y el otro en un corregimiento del municipio de Tolú Viejo, Sucre. El estudio se realizó con el apoyo de HelpAge International, que ha impulsado el mismo programa y sus mediciones en países como Bolivia, Tanzania, Kenya, Uganda, India, entre otros. Los datos recabados alimentaron una plataforma que permite valorar los diferentes aspectos del envejecimiento saludable e intervenciones en salud.

Según cifras reveladas por el DANE, en Colombia para 2020 habitarán aproximadamente 50’911.747 personas, de las cuales 6’441.110 se encontrarán en un rango de edad entre los 60 y 80 años. Por su parte, la información obtenida por los investigadores javerianos resalta lo que vale la pena tener en cuenta si se desea una vejez más saludable, dependiendo de la situación geográfica: “El dispositivo encontró que el envejecimiento saludable va mucho más allá de la funcionalidad, que es un problema más integral y, por ello, se debe estar trabajando permanentemente en dimensiones sociales, de servicios de salud y en aspectos del autocuidado y situación emocional y psicosocial’’, asegura Medina.

Según proyecciones del DANE, en 2020 habitarán en Colombia 6,4 millones de personas entre los 60 y 80 años.
Según proyecciones del DANE, en 2020 habitarán en Colombia 6,4 millones de personas entre los 60 y 80 años.

En Bogotá, el ritmo de vida y las costumbres impiden, en la mayoría de los casos, que los adultos mayores compartan su vejez al lado de sus hijos o nietos. Esto deja, como resultado final, que estas personas residan en apartamentos o casas en soledad cuando su pareja conyugal falta, generando así más sedentarismo y déficit en la situación psicosocial; en cambio, en Tolú Viejo, son una parte importante en los planes de apoyo social, participan de las decisiones que se toman en todos los ámbitos y se sienten incluidas en su entorno: todo esto permitió concluir que la compañía es factor vital para una vejez saludable debido a su impacto emocional y de interacción, pues, al ser un municipio, el constante contacto entre los habitantes se torna fundamental, cuestión que en una gran ciudad como Bogotá no se ve.

En contraste, los servicios de salud en la capital presentan una situación más reconfortante puesto que los hospitales están más cercanos y el acceso es casi inmediato, mientras que, para llegar a un centro médico en Tolú Viejo, se debe caminar kilómetros y lo que se encuentra son estructuras en condiciones desfavorables y sistemas poco efectivos para tratar enfermedades. Son justamente estos accesos a los servicios de salud los que llegan a abastecer o no la calidad del tratamiento según la enfermedad que se padezca.

Por otra parte, como en el campo el trabajo es de sol a sol, eso hace que la gente labore hasta edades muy avanzadas en los cultivos o en el ganado, convirtiéndolos en personas funcionales y conformes de su estado emocional; asimismo, el hecho de que cultiven su propia comida genera una dieta más saludable, mientras que en la capital el sedentarismo tiene mayor porcentaje y la alimentación es un factor que demuestra una decadencia de autocuidado.

Estos y más resultados reflejados en un grupo de 85 personas en la primera muestra (2014), se constituyen en información valiosa para que los gobiernos creen nuevos planes de inclusión social, con la esperanza de que persigan una vejez saludable. ‘’Si se trata de evaluar el envejecimiento, hay que ver los cambios en el tiempo’’, concluye Medina.

La vejez, asunto  de todas las edades

La vejez, asunto de todas las edades

El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”, dice la canción para interpretar la experiencia de la vejez, que a veces llega con sorpresa. Esta es una realidad experimentada desde siempre por las personas, a título individual, y desde hace unas décadas por la población, sometida a un contundente proceso de envejecimiento demográfico.

La ‘transición demográfica’, un fenómeno que ocurre en muchos países, en Colombia se inició en la primera mitad del siglo XX: al comienzo, se presentan alta fecundidad, alta mortalidad y baja expectativa de vida al nacer. Hacia los años 30, descubrimientos como la penicilina impactan la mortalidad y aumentan la esperanza de vida. A mediados de siglo, la población crece al ritmo más alto de la historia demográfica del país: 3% como promedio anual; la mortalidad está en descenso, pero siguen naciendo muchos niños: siete hijos por mujer, en promedio. Llegan los años 60 con los anticonceptivos modernos: nacen menos, se mueren menos y los grupos numerosos nacidos bajo la altísima fecundidad, con el paso del tiempo, mueren más viejos. En 1990 la fecundidad baja a 2,5 hijos en promedio, al tiempo con reducciones de la mortalidad y aumentos en la esperanza de vida. En las últimas décadas, la fecundidad y la mortalidad tienen niveles relativamente bajos. De todos estos cambios acumulados en el tiempo, resulta el crecimiento de la población con 60 y más años.

En la actualidad, la especial atención que demandan las personas mayores tiene que ver no solo con su volumen creciente, sino también con las inequidades sociales persistentes. Aún es largo el camino para alcanzar la vejez digna para todos, entendida como el goce de un conjunto de derechos humanos que adquieren un sentido especial en la última etapa de la vida.

Como parte de su misión de ofrecer insumos de calidad para el diseño y ejecución de políticas públicas sobre esta realidad, el Instituto de Envejecimiento de la Pontificia Universidad Javeriana integra los esfuerzos de la demografía y la geriatría alrededor del proyecto Envejecimiento demográfico, derechos humanos y protección social de la vejez. Colombia 19512020. Focalización de la política nacional de envejecimiento y vejez, situación actual del país y perspectivas para un futuro próximo.

Los investigadores se basan en los censos de población del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE (1954-2005), y en las proyecciones del periodo 2006-2020, así como en las estadísticas vitales de mortalidad, otros sistemas de registros nacionales y grandes encuestas socio-demográficas.

La vejez mayoritariamente tiene  cara de mujer

Estos estudios confirman que, entre toda la población mayor de 60 años, de por sí vulnerable, hay un grupo que se ubica en primera fila: las mujeres. Su profunda desprotección se da, en primer lugar, por ser mayoría absoluta en la vejez. Al tiempo que nacen más varones, la mortalidad masculina es más alta en todos los rangos de edad, con énfasis entre los 15 y 25 años por la importancia de la mortalidad violenta. En Colombia, el conflicto armado y aún más los índices de violencia juvenil urbana intensifican la sobremortalidad masculina, que es un fenómeno universal.

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A esto se agrega la fragilidad social de muchas mujeres mayores: todas han trabajado, empezando por las labores del hogar. Sin embargo, por lo general han sido empleos informales, sin ahorro pensional u otros beneficios. Muchas mujeres mayores no tuvieron oportunidades de estudio ni de preparación para el trabajo cuando jóvenes; no pudieron ahorrar, no tienen casa propia y, cuando pierden su cónyuge, aparecen la soledad y la precariedad material, de acuerdo con la coinvestigadora Margarita Medina.

Departamentos y ciudades con poblaciones más y menos envejecidas

“En todos los departamentos de Colombia, el crecimiento de la vejez es considerablemente más alto en comparación con la población total”, es una de las conclusiones del estudio. Sin embargo, la transición demográfica no ocurre con igual celeridad en todas las regiones. A partir de la clasificación realizada, la investigadora Medina concluye que, en términos generales, mejores condiciones de vida y mayor desarrollo socioeconómico favorecen una población más longeva y, por ende, más numerosa.

De esto resulta que, si bien la población con 60 o más años, localizada en territorios con mayor desarrollo es más numerosa, probablemente tendrá mayores posibilidades de protección social, en especial por parte del sistema pensional.

Entretanto, en el campo y municipios pequeños permanece una población con 60 o más años que, si bien no es tan numerosa, configura uno de los grupos más frágiles dentro de los vulnerables, debido a la brecha profunda entre el campo y la ciudad en materia de calidad de vida, cobertura de pensiones, servicios y oportunidades.

No son dádivas, son retribuciones

El Instituto de Envejecimiento, que dirige el médico geriatra Carlos A. Cano, plantea que los programas para mejorar las condiciones de los mayores no pueden calificarse de ‘asistenciales’ pues, por un lado, está el aporte de esta población al mundo laboral y familiar a lo largo de muchos años y, por otro lado, se debe considerar que, en sus familias, se dan relaciones de reciprocidad: las personas mayores dan mucho más de lo que reciben en términos de afecto, escucha, consejos, cuidado de otros miembros del hogar y apoyo material: “con frecuencia, la experiencia y sabiduría de la persona mayor no se reconoce, y repetidas veces predomina una imagen social negativa de la vejez”, agrega Medina.

Pero no solo eso. El aporte económico de los mayores tiene una dimensión demostrable: un estudio sobre los subsidios asignados a la vejez vulnerable, Programa Colombia Mayor, elaborado para el Departamento Nacional de Planeación, con la participación del Instituto de Envejecimiento, señala que los recursos económicos recibidos por ellos en muchos casos se invierten en la familia e impactan positivamente la calidad y cantidad de la alimentación y el nivel educativo de los miembros del hogar.

Llamados de atención

El Instituto de Envejecimiento invita a las familias, a la sociedad, al Estado y al sector privado, a las ONG, a comprender que el envejecimiento es un asunto de todas las edades y de toda la sociedad, así como a tener una visión holística de las demandas de la población mayor, en sus múltiples dimensiones.

Las políticas deben potenciar las capacidades de las personas; prevenir y atender sus riesgos de salud; favorecer la autonomía personal; impulsar programas nutricionales; garantizar la protección frente a la violencia; valorar la sabiduría de los mayores; desarrollar programas culturales; favorecer la conformación de redes sociales que los protejan; atender necesidades y demandas de protección legal, y mantener y fortalecer los subsidios estatales.

También se debe aterrizar, a nivel departamental y municipal, una política pública social para la vejez, ausente en muchos casos.

Para leer más

  • Instituto de Envejecimiento de la Pontificia Universidad Javeriana. (2014). De los hechos a la acción de la política, focalización de la Política Pública Social de Envejecimiento y Vejez del Distrito Capital. 2013-2014. (CD interactivo).
  • Instituto de Envejecimiento de la Pontificia Universidad Javeriana. (2013). “Salud y entornos sociales de personas mayores Residentes en Bogotá”. Componente cualitativo del Estudio SABE Bogotá (Salud, bienestar, envejecimiento). (CD interactivo).