¿Volver, para qué?

¿Volver, para qué?

Por: Patricia Gómez Supelano // Fotografía: Guillermo Santos

Investigación interdisciplinaria devela dramas humanos de una ola migratoria en sentido inverso: la de los colombianos que retornan al país.

Así como se habla de una tercera ola migratoria en la segunda mitad de la década de los años noventa, por el incremento sin precedentes que se presentó en la emigración internacional de colombianos debido a una de las crisis más profundas en la historia de nuestro país, los últimos años podrían marcar una nueva ola de migración en sentido contrario, gracias al notorio aumento en el retorno de compatriotas a Colombia1; algo así como una cuarta ola migratoria, pero de retornados.

De esta manera lo señalan Martha Lucía Gutiérrez, Esteban Nina y María Cristina Ocampo, de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana y Andrés Felipe Cubillos y Nelson Ardón, de los posgrados en Salud de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la misma universidad, quienes se dedicaron en 2010 a investigar las “Oportunidades y potencialidades de los ciudadanos retornados del exterior al contexto colombiano”, concretamente a Bogotá. El objetivo del estudio fue sopesar de qué manera encajan estos emigrados que vienen con ciertas habilidades y experiencias nuevas, aprendidas en el exterior ―pero también con necesidades―, dentro de las oportunidades y la respuesta institucional que les brinda la ciudad.

El trabajo fue financiado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, con el propósito de ayudar a generar unas políticas para propiciar la inserción social y laboral del creciente grupo de retornados.

Los investigadores abordaron con entusiasmo la tarea con los recursos teóricos y metodológicos de las ciencias sociales, pero pronto se encontraron con un grave obstáculo: no existen en el país estadísticas disponibles sobre retornados. “La única institución que registra los datos de salida y entrada de personas es el DAS, pero esos datos son confidenciales”, nos explica Martha Lucía Gutiérrez. A partir de una pregunta del censo de 2005, se deduce que siete millones de miembros de las familias están por fuera. Esta cifra confirma que Colombia ha sido un país eminentemente expulsor y que sus políticas han estado orientadas a la emigración de su población, en lo que a materia migratoria corresponde. “Ahora debemos pensar en ese retorno y, por qué no decirlo, en la inversión de un modelo expulsor a la adopción de un modelo de atracción de su población, de acogida ―reinserción e inclusión plena―”, afirman los académicos en el informe de la investigación.

Ante la imposibilidad de contar con una base de datos de retornados que permitiera establecer una muestra representativa y obtener resultados generalizables para toda la población, los investigadores acudieron a los registros del programa Bienvenidos a Casa (del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Alcaldía de Bogotá y la Organización Internacional para las Migraciones) que les permitió conformar un grupo de alrededor de 60 personas, entre las 117 que fueron integradas en el curso de un año, tiempo de funcionamiento del programa en el momento de la investigación. Con estas personas se diseñaron cinco grupos focales según los países de origen: 1) España; 2) Otros países de Europa; 3) Estados Unidos y Canadá; 4) Venezuela; y 5) otros países de América Latina.

Nuevas habilidades, pero menos oportunidades de trabajo

El nivel educativo de los retornados registrados en el programa es alto: el 31,9% tiene estudios universitarios completos; el 30%, secundaria completa; el 15,5%, técnicos o tecnológicos; y el 7,6%, de posgrado (especialización, maestría o doctorado), lo cual se ajusta de manera amplia a las exigencias de la ciudad y al perfil educativo del promedio de residentes en Bogotá. No obstante, su información económica (medida por la tenencia de la vivienda que habitan actualmente) muestra que apenas el 17% habita en vivienda propia; un 13%, en arriendo; y el 48% vive en una vivienda prestada por un familiar.

A la mayoría los encontraron en una situación muy precaria, nos cuenta Martha Lucía Gutiérrez, “sin trabajo, sin acceso a los servicios de salud, sin dinero, porque el posible ahorro lo enviaban en forma de remesas a sus casas. Cuando se fueron, se fueron con una gran ilusión y, cuando regresaron, lo mismo, una ilusión que no termina de realizarse”.

A juzgar por las narraciones de los retornados, los mayores problemas de inserción al mercado laboral se han dado para quienes tienen secundaria completa y uno o dos años de educación superior, lo cual coincide con las mayores tasas de desempleo para los menores de 25 años con niveles equivalentes de educación entre la población total colombiana. Al respecto, los investigadores señalan que, para este grupo, las tasas de desempleo tienden a ceder en la medida en que los trabajadores ganan experiencia laboral. Por contraste, en el caso de los retornados, se da una doble condición de vulnerabilidad. Por una parte, la de tener el promedio de educación con menor demanda en el mercado de trabajo y, por otra, la de no poder aprovechar la experiencia laboral acumulada en el exterior.

Las potencialidades de estos sujetos al volver suelen ser mayores que cuando se fueron, pero una de las principales dificultades es que han perdido su historia, no solo su historia crediticia, sino que poca gente los conoce. Por esto el programa Bienvenido a Casa tiene como uno de sus propósitos cualificar los oficios que los retornados realizaron afuera, expedirles un certificado, ya que ellos no cuentan con otra manera de garantizar la experiencia adquirida.

La familia impulsa a migrar y también a retornar

En los casos estudiados, la familia actuó como impulso importante para la emigración, pero también como motivo significativo para la decisión de retorno (23%), después de los factores de deterioro económico (40%). Ella significaba apoyo y protección, además de ser un facilitador para la readaptación a sus lugares de origen. Sin embargo, el sueño no se cumple tal como los retornados lo imaginaron. “Las redes sociales no son efectivas, la historia laboral y económica es inexistente y las precariedades familiares se incrementan al regreso. Por ello emergen múltiples conflictos y situaciones de tensión familiar que obligan a la ruptura o a la nueva emigración. En el 54% de las familias de estos retornados, los ingresos no alcanzan y en el 39%, tan solo cubren lo básico”. Para los retornados, en caso de contar con más recursos económicos, el gasto prioritario sería el acceso a los servicios de salud, el 13% dijo que alimentos, e igual proporción invertiría en educación. Casi la totalidad del grupo declara que no se encuentra afiliado al sistema de salud, por tanto, los riesgos de enfermedad para ellos y sus familias son una eventualidad que espera por mínimos recursos de estabilidad. Ante esta situación, los investigadores se preguntan si no cabría una política diferencial para emigrantes retornados en materia de salud que permita el ingreso de esta población como “población especial” al régimen subsidiado. La propuesta se hace, dado que en la Encuesta de Migraciones Internacionales y Remesas (Enmir) y en el estudio realizado la población retornada forma parte, en su mayoría, del estrato 3. Esta población, por la encuesta del Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales (Sisbén), nunca tendría derecho al régimen subsidiado; y por carecer de empleo o de ingresos constantes, no tendría opción de hacer parte del régimen contributivo.

Los resultados del estudio contribuyen a la caracterización de la población retornada, factor indispensable para el delineamiento de unas políticas que propicien su inserción social y laboral. Sin embargo, queda pendiente un trabajo del que sea posible extraer conclusiones generales, el cual no podrá llevarse a cabo sin unas estadísticas que los investigadores sugieren comenzar a recoger de inmediato desde diversas instancias. Una opción podría ser incluir en el censo del DANE una pregunta que indague por la migración y el retorno a las familias. Los investigadores también recomiendan una encuesta continuada del Ministerio de Relaciones Exteriores en la que se pregunte a los que regresan: “‘¿Usted regresa al país de manera definitiva, sí o no; por algún tiempo, o aún no ha decidido?’. Esa pregunta es clave”, afirma Martha Lucía Gutiérrez.

< style=”font-size: 10px;”>1. Según la Encuesta de Migraciones Internacionales y Remesas (Enmir) del Observatorio Colombiano de Migraciones de la Fundación Esperanza junto con el Grupo de Investigación en Movilidad Humana de la Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero-Alma Mater, entre 2005 y 2008 la cifra de retornados al país creció de 7,5% a 22,1%.


Para leer más…

<style=”color: #999999;”>+ Gutiérrez, M., Cubillos, A, et al. (2010). Oportunidades y potencialidades de los retornados del exterior al contexto colombiano 2009-2010. El caso de Bogotá. Informe final de investigación para el Ministerio de Relaciones Exteriores, sin publicar. Bogotá.
+ Encuesta de Migraciones Internacionales y Remesas (Enmir) 2008-2009. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=vTUSnBiE__s. Recuperado en 14/07/2011.


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