Cuando de sexualidad se trata, es difícil imaginar las formas que puede tomar una conversación entre personas que habitan cuerpos diferentes y cuyas experiencias pueden llegar a ser completamente distantes. ¿Querrían los hombres hablar de su salud sexual? Esta fue la pregunta que se hizo un equipo de investigación interdisciplinar de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Central, cuando decidió construir una estrategia para promover el autocuidado y la educación en salud sexual en hombres residentes en Bogotá para prevenir la infección por sífilis y facilitar la adherencia al tratamiento.
La propuesta puso sobre la mesa algo que las campañas de salud suelen no preguntarse: si los hombres conocen sus cuerpos y cuentan con información para prevenir las infecciones de transmisión sexual (ITS). En las intervenciones en salud pocas veces se da el tiempo para conversar con los hombres y preguntarles qué saben, cómo viven su sexualidad y qué entienden por autocuidado y por cuidado hacia sus parejas sexuales. “Al principio pensábamos que los participantes de la investigación no nos iban a querer hablar y resultó que sí”, recuerda Diana Carolina Rubio León, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad Javeriana.

Foto: Tiremos+Cuidado (tiremoscuidado.com).
A través de una metodología de investigación participativa, que incluyó la realización de cuestionarios, grupos focales, entrevistas, mesas de cocreación y pilotaje de las propuestas creadas con los hombres que participaron en el proyecto, el equipo de la investigación encontró que los hombres tenían preguntas y ganas de compartir sus experiencias, pero pocos espacios para hacerlo. Incluso, algunos participantes comentaron que entre amigos había vergüenza de mencionar algún síntoma en sus genitales o expresar una duda.
Las conversaciones de cada fase del proyecto inspiraron Tiremos+Cuidado, el eje de apropiación social del conocimiento del proyecto Estrategia de apropiación social del conocimiento para la co-creación de estrategias de promoción de autocuidado, alfabetización, disminución de riesgos y adherencia al tratamiento de sífilis en hombres en Bogotá entre 2023-2026. Este proyecto ha trabajado con hombres residentes en Bogotá para entender cómo los hombres se relacionan con los servicios de salud y qué necesitan para participar de manera activa en el cuidado de su propio bienestar y de aquellos con quienes comparten su sexualidad.
Los hombres también necesitan espacios de cuidado
La iniciativa tomó forma luego de una conversación de las investigadoras del proyecto con la Secretaría Distrital de Salud sobre las necesidades de la ciudad en salud sexual y reproductiva durante el segundo semestre de 2023. El aumento de casos de sífilis aparecía entre las preocupaciones, pero también había un vacío: mientras que la infección por sífilis suele identificarse principalmente durante los controles prenatales que se realizan a personas gestantes, persisten dificultades importantes para vincular a los hombres en procesos de diagnóstico y de tratamiento.

Foto: Tiremos+Cuidado (tiremoscuidado.com).
Para el equipo, comprender esa distancia exigía analizar tanto la organización de los servicios de salud como las expectativas que acompañan a las masculinidades tradicionales sobre ideales relacionados con ser hombre. Aguantar el dolor, no quejarse o resolver las dudas en solitario pueden atravesar las decisiones sobre cuándo pedir ayuda.
“Para nosotros, los hombres son sujetos de cuidado”, explica Sandra Milena Agudelo Londoño, investigadora principal del proyecto. Esta perspectiva reconoce sus necesidades y sitúa la salud sexual en las relaciones: cómo se habla con una pareja, cómo se comparten decisiones y qué lugar ocupa el bienestar propio y ajeno. Porque el cuidado, en este proyecto, continúa Agudelo, es un lugar de encuentro “con uno mismo y con los otros, con las parejas sexuales y con los servicios de salud”. Por ello, la estrategia además de la prevención, del conocimiento de la infección y del tratamiento, aborda las relaciones, el bienestar y el placer, porque se trata de entender la experiencia masculina del cuidado de manera amplia.
Escuchar para construir colectivamente
El proyecto hizo de la escucha una actividad central. En la primera fase participaron 125 hombres en grupos focales y 350 respondieron un cuestionario de salud sexual. Además, entrevistaron a hombres y mujeres con diagnóstico de sífilis, así como a profesionales de la salud.
Entre los participantes había hombres de diferentes edades, cisgénero y trans, colombianos y migrantes residentes en Bogotá. Esa diversidad exigía prestar atención a experiencias distintas y encontrar formas de conversar que tuvieran sentido para cada público. Un hallazgo interesante derivado de estas conversaciones fue que los participantes sí describían estrategias de cuidado durante sus encuentros sexuales, pero eso no significaba que estas estrategias fueran efectivas, explica la profesora Rubio. Sus evaluaciones del riesgo, apoyadas en percepciones de confianza o en la apariencia de la otra persona, revelaron la necesidad de contar con información que realmente permitiera tomar decisiones de cuidado mejor fundamentadas.

Foto: Tiremos+Cuidado (tiremoscuidado.com).
El reto era construir herramientas útiles a partir de las experiencias que sistematizó el proyecto. En la siguiente fase, 60 personas participaron en una ruta del cuidado sexual, un curso de formación ambientado como un viaje que incluía un pasaporte e hitos por cumplir para sellar el pasaporte a medida que el curso avanzaba.
De este curso y de una serie de mesas de co-creación surgieron nuevas ideas para expandir el sentido de este proyecto. Se discutieron maneras de llevar este conocimiento a la vida cotidiana de las personas, involucrando, por ejemplo, al barbero del barrio, al personal de las droguerías o la posibilidad de llevar conversaciones sobre cuidado a TransMilenio o a eventos culturales. Estas propuestas evidenciaron todos los lugares donde hablar de salud sexual era una posibilidad.
Para los investigadores del proyecto, las propuestas que surgieron de las conversaciones son un ejemplo concreto de co-creación, pues permiten mostrar cómo las personas contribuyeron a decidir la estrategia de comunicación y apropiación social del conocimiento que combinó encuentros presenciales, contenidos digitales y herramientas pedagógicas.
De las conversaciones presenciales a Instagram
Las plataformas de redes sociales también aparecieron en las conversaciones que generó el proyecto. Los participantes compartieron que a menudo acudían a estos espacios virtuales para resolver dudas y buscar información. El equipo tomó esas pistas y nutriéndose de las experiencias colectadas en el proyecto crearon 8 videos que simulan conversaciones de un pódcast entre dos personas y los publicaron en el canal de Instagram de Tiremos+Cuidado.
En las conversaciones uno de los personajes creados es médico y el otro es un influencer y cada encuentro fue preparado para abordar contenidos surgidos de la investigación. Los videos tienen objetivos de aprendizaje y materiales complementarios que amplían los temas. Quien entra al Instagram de Tiremos+Cuidado encuentra una conversación detrás de la cual hay un trabajo pedagógico muy valioso, pues el aprendizaje mediante la observación de la experiencia de otros puede ser una herramienta importante, explica Diana Rubio.
“La gente aprende de las cosas que le conectan con su experiencia personal”, señala Agudelo. Por eso, el equipo prestó atención al humor, las expresiones y las formas de los participantes para interactuar entre sí. Para el proyecto, hablar de sexualidad debía permitir reconocer el placer y expresar dudas sin vergüenza ni juicios, complementa la investigadora.

Foto: Tiremos+Cuidado (tiremoscuidado.com).
Pero Tiremos+Cuidado quiere ir más allá de lo digital y volver a lo presencial, y habitar espacios como una sala de espera de un servicio de atención clínica u organizaciones que trabajan por los derechos sexuales y reproductivos, así como espacios comunitarios en barrios, colegios y universidades. Para el equipo, la intención es abrir conversaciones sobre salud sexual y cuidado en diferentes espacios, comenta Agudelo.
“La conversación sobre la sexualidad debe ser un disfrute”, dice la investigadora. El juego abre la posibilidad de abordar preguntas que suelen aplazarse: cómo negociar el uso del condón, conversar sobre las pruebas de infecciones de transmisión sexual o compartir las decisiones de cuidado.
Volver el cuidado algo cotidiano
Tras el pilotaje del proyecto, el equipo de investigación evidenció una recepción favorable de los videos. Por ello consideran que establecer cambios sostenidos en las prácticas o efectos sobre la adherencia al tratamiento requiere la apertura y disposición de los servicios de salud de la ciudad para tener conversaciones con hombres. Por ahora, la experiencia del proyecto aporta herramientas y aprendizajes sobre cómo involucrar a sus públicos en la construcción de mensajes de salud.
Financiado por la agencia ATENEA y la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, Tiremos+Cuidado reúne aportes de salud pública, psicología, educación, comunicación, enfermería y medicina. Además de los videos en Instagram y el juego de mesa, el equipo ha construido guías pedagógicas, documentos de política y publicaciones científicas para diferentes audiencias.
El siguiente paso es ampliar la circulación de las herramientas y facilitar que organizaciones y servicios de salud las incorporen, “que sea un catalizador, un potenciador, un abrebocas para seguir poniendo estas conversaciones en la mesa”, comenta Agudelo. Allí es donde continúa la invitación que abrió el proyecto: a encontrar un espacio para preguntar, escuchar a los hombres y hablar del propio cuidado.
El proyecto quiere abordar tanto la infección y cómo el darle forma a las prácticas de cuidado pueden ayudar a prevenirla y tratarla a tiempo, resume Agudelo. La intención es que lo aprendido encuentre lugar en las conversaciones con los demás, en las preguntas que se llevan a consulta y en las decisiones cotidianas.



