A principios de julio, residentes de la localidad de Usaquén, en el norte de Bogotá, reportaron la visita de unos vecinos inusuales: una manada de zorros perrunos (Cerdocyon thous). Bajaban de los cerros con frecuencia para consumir el alimento que les dejaban en un parque. El ataque a un perro despertó a la comunidad del ensueño: una relación tan cercana con ellos no era para nada natural, ni estaba bien. A finales del mismo mes, en la ciudad de Popayán, las autoridades rescataron un individuo de esta especie que se encontraba desorientado en una vía del barrio La Rioja.
Aunque no se comente demasiado, los zorros perrunos siempre han estado ahí, merodeando pueblos, fincas del campo y la periferia de las ciudades. De hecho, durante la pandemia, se les veía muy relajados recorriendo las calles de ciudades como Medellín. ¿Qué debemos saber y cómo debemos comportarnos alrededor de estos animales?
Pesquisa Javeriana conversó con Germán Jiménez, experto en mamíferos y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, y Luisa María Jaramillo, coordinadora de nutrición animal del refugio de fauna silvestre Parque de la Conservación, acerca de la relación entre el humano y el zorro perruno.
¿Quién es el zorro perruno y por qué se ha adaptado tan exitosamente a nuestras ciudades?
El zorro perruno, también conocido como zorro cangrejero, es una especie de canino, es decir, está emparentado con los perros que tenemos en casa, no obstante, no ha sido domesticado. Este pequeño mamífero sudamericano mide apenas 27 centímetros de alto, y cerca de 70 de largo. Es color gris y castaño, con el vientre claro, aunque puede ser más o menos oscuro, dependiendo de la población.
La manada vista en el norte de Bogotá es, en realidad, una familia, la estructura social fundamental de esta especie. El padre y la madre son monógamos, y con frecuencia van acompañados de sus cachorros, “están con ellos hasta la edad adulta, prácticamente”, comenta Jiménez.
Son animales generalistas, es decir, que se adaptan a una baraja de condiciones bastante amplias. Esto es evidente en la cantidad de hábitats en los que se encuentran, que pueden ser bosques, sabanas y paisajes agrícolas desde los 0 metros sobre el nivel del mar, hasta casi los 3000.
“Los zorros perrunos son muy curiosos y eso hace que se aventuren a zonas de intervención humana. Con el tiempo comienzan a generar relaciones con la gente”
Germán Jiménez, experto en mamíferos.
Su dieta también es variada. Consiste, principalmente, en pequeños roedores y anfibios, no obstante, puede ampliarse a otros alimentos. Por ejemplo, hay reportes de zorros perrunos comiendo carroña, serpientes y frutas, como moras y guayaba.
Esta capacidad les ha hecho especialmente propensos a acercarse a los asentamientos humanos en busca de comida. “Mientras trabajaba en un parque nacional me encontré con un grupo de zorros que, en la noche, visitaba el compostaje. Escarbaban y consumían los restos de comida que encontraban”, cuenta Jiménez.
¿Cuáles son los riesgos de la interacción entre humanos y zorros?
La fantasía de entablar estrechas amistades entre zorros y personas pertenece más al universo de Blancanieves que a un auténtico compromiso con el bienestar de estos animales. Jaramillo, quien lleva años trabajando con zorros perrunos y es cercana a programas de conservación de estos animales en su hábitat natural, ha escuchado un sinnúmero de relatos de cebaderos (sitios donde la gente deja alimento con el fin de atraer animales silvestres), que ponen en grave riesgo a todos los animales que los visitan.
“Por lo general la gente les da comida de sal, como sancocho y papa. También les dejan comida de perro de muy mala calidad”, apunta Jaramillo. Es problemático, pues la dieta de estos animales debe ser muy variada para asegurar su bienestar, y el consumo de alimentos como la sal puede causarles problemas de salud. Además de eso, Jaramillo señala que los zorros perrunos son muy propensos a la obesidad, por lo que el alto contenido de carbohidratos presente en la comida suministrada por humanos puede llevarlos a esta condición. “Las personas creen que por alimentar la fauna están haciéndole bien, cuando realmente es todo lo contrario”, asegura.
Zorro perruno en las instalaciones de Piscilago, vía Bogotá-Girardot. Foto: Germán Jiménez.
Pero esa no es la consecuencia más grave de los acercamientos entre zorros perrunos y humanos. También ha provocado la transmisión de enfermedades propias de los perros domésticos a poblaciones salvajes de zorros, como el moquillo, culpable de graves daños en el sistema nervioso, respiratorio y digestivo de estos animales, que muchas veces resultan en la muerte. “Por eso llevar mascotas a lugares como parques nacionales naturales y otras áreas protegidas es riesgoso para la fauna local y no se debe hacer”, añade Jaramillo.
A veces, la “fantasía de Blancanieves” también termina convirtiéndose en una pesadilla para las personas. Cuando los zorros pierden el temor y se acostumbran a la presencia humana, comienzan a buscar alimento en las granjas y a depredar gallinas, conejos y patos. Las pérdidas económicas que esto provoca suelen desencadenar intentos desesperados por eliminar la amenaza, muchas veces, a través de la caza.
¿Cómo debemos actuar ante su presencia y qué se requiere para una coexistencia segura?
Todo comportamiento alrededor de estos animales debe partir de una premisa: son zorros, no perros. Por ello, Jiménez, Jaramillo y entidades estatales como la Secretaría de Ambiente de Bogotá coinciden en las siguientes instrucciones:
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- No brindarles alimento.
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- Observarlos manteniendo una distancia prudente.
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- Mantener a animales domésticos, como perros y gatos, alejados de los zorros y sus hábitats.
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- Disponer de los residuos de forma adecuada, es decir, que los zorros no puedan acceder a ellos.
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- Llevar información oportuna a las comunidades con mayor probabilidad de tener contacto con esta especie.
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- Reportar en caso de encontrar un animal herido, enfermo, o peligrosamente cerca de asentamientos humanos. Puede hacerlo en los siguientes números:
Bogotá: Corporación Autónoma regional de Cundinamarca 316 524 4031.
Medellín: Línea de Emergencias de Fauna Silvestre 304 630 0090, o Corantioquia para zonas rurales 310 824 5935.
Cali: Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (DAGMA) 350 583 4649.
Barranquilla: Línea de Whatsapp de Barranquilla Verde 317 368 2850.
Popayán: Policía Ambiental 313 202 2535.
Armenia: Corporación Autónoma Regional del Quindío 606 7460600.
Pereira: Corporación Autónoma Regional de Risaralda 321 840 2958.
Manizales: Corpocaldas 310 288 3462.



