Javier, disfruta el paisaje y de tu ciudad en el río

Javier, disfruta el paisaje y de tu ciudad en el río

“Nunca hubiéramos querido escribir estas palabras, pero hoy deseamos mantener vivo en la memoria a Javier Maldonado (1977-2019), nuestro ictiólogo, académico, profesor y amigo”. Esas fueron las palabras del equipo de Pesquisa Javeriana para homenajear a nuestro querido profesor javeriano quien falleció, a comienzos de marzo, en las aguas del río Vaupés mientras participaba en una expedición científica buscando peces amazónicos. Cumplía una de las labores que más le apasionaban, combinada con la exploración de las fuertes conexiones culturales de la gente amazónica con los ríos; uniendo el componente cultural con la ciencia.

Javier Maldonado trascendió la historia de la Pontificia Universidad Javeriana, incluso más allá de nuestras aulas y laboratorios. Dejó huella en el país. En su legado, a sus 42 años, se puede relatar los aportes brindados para declaratorias de nuevas áreas de protección en Colombia y países vecinos; su reflexión científica en torno a los efectos de las hidroeléctricas en los ecosistemas y ríos amazónicos; el liderazgo junto a investigadores de siete países de Latinoamérica y Europa del proyecto Amazon Fish, la base de datos más grande y robusta de información sobre biodiversidad de peces de agua dulce en la cuenca del Amazonas (con más de 12.000 registros de esas especies). En su haber académico, además de acompañar la formación de cientos de estudiantes de pregrado, maestría y doctorado, contó con más de 30 publicaciones científicas y el descubrimiento de 24 nuevas variedades de peces. Como se puede evidenciar, la pasión y el respeto por la vida en todas sus expresiones fueron su sello, así nos lo recordó su hermano Nelson.

También fue, según el Instituto Humboldt, un defensor del conocimiento abierto sobre la diversidad ictiológica del país y cientos de niños, niñas y pescadores agradecen su generosa enseñanza en cómo cuidar los peces nativos. Convencido de que la ciencia debe estar en conversación permanente con la comunidad, planteó innumerables críticas y reflexiones sobre el papel de los educadores en la construcción de una nueva Colombia y fue un aliado inconfundible en la democratización del conocimiento.

Su legado está cargado de entusiasmo y ética como profesional, investigador y ciudadano.

Contribuyó en la actualización del registro de nuestra biodiversidad con el depósito en el Museo Javeriano de Historia Natural de especies colectadas en lugares mágicos, inaccesibles debido al conflicto armado e increíblemente bien conservados. Estas perdurarán en nuestras Colecciones Biológicas de la Javeriana y en la historia y patrimonio natural de Colombia. Sus recuerdos y huellas seguirán esparcidos por la Universidad.

Y continúan los homenajes. La Fundación Natura sembrará dos árboles nativos en una de las reservas que tiene para su conservación a perpetuidad. Otra forma más de extender la vida de nuestro querido Javier. Igualmente, la Vicerrectoría de Investigación, para continuar su legado, propone que la línea de apropiación social del conocimiento de la revista Pesquisa Javeriana lleve su nombre en ese esfuerzo permanente por acercar a las personas de a pie a los nuevos conocimientos que se producen para transformar y construir país.

Finalizo con la invitación que nos hace Dimitri Forero, colega del Departamento de Biología, para recordarlo: “Javier era parte del río. Lo será siempre. Un río de vida, río de alegría. A él le hubiese gustado que lo recordáramos como era, alegre, contento, siempre con una sonrisa. Iba más allá de lo requerido, de lo necesario. Tomemos de su ejemplo haciendo de este un mundo mejor, con una sonrisa y dejemos que el río tome su curso y naveguemos en él”. Y esperemos que, como nos propone Elizabeth Anderson, gran amiga e investigadora de la Universidad Internacional de Florida, tomando las creencias de la comunidad indígena kumana, que Javier esté en una bella ciudad debajo del agua, enseñando y aprendiendo de los ríos, los peces y de la gente.

¡Javier, disfruta el paisaje y de tu ciudad en el río!


Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Javier Maldonado, sus aprendizajes junto al río

Javier Maldonado, sus aprendizajes junto al río

Hoy, al pasar menos de una semana de haber llegado a los 42 años, me encuentro de nuevo en lo que comúnmente conocemos como trabajo de campo. Pero en esta ocasión a diferencia de estar colectando peces en algún río de nuestra geografía, estoy en el Magdalena Medio visitando cuatro comunidades (Bocas del Carare, Las Islas, Barbacoas y San Rafael de Chucurí) con el fin de trabajar con los niños de segundo y tercer grado de las respectivas escuelas en un taller sobre taxonomía del oro del Magdalena, o más comúnmente conocido como bagre rayado del Magdalena. Actividad que hace parte de una nueva propuesta escolar que busca reafirmar la importancia de conservar el bagre y el río desde edades tempranas.

Y es precisamente en estos pocos días, en este caluroso Magdalena Medio, que realizo un breve recuento mental sobre las marcas que el estudio de los peces de agua dulce y el trabajo de campo han dejado en estos poco más de 20 años desde que inicié en esto (que pueden ser varios más si tengo en cuenta el tiempo pasado en la niñez, en compañía de mis hermanos y primos en ríos de mi natal Ubaté y otros municipios del altiplano cundiboyacense pescando guapuchas, capitanes y truchas). Desde las físicas, que incluyen picaduras y mordeduras de muchos tipos, manchas en la piel, electrocutadas, arrugas, cortadas diversas, ni qué decir de golpes, hongos en los pies a los cuales no les he podido ganar la batalla, hasta las, por decirlo de esta forma, espirituales.

Estas últimas podría dividirlas en dos: a) las de tener el privilegio de haber estado en diversos lugares, muchos a los cuales difícilmente regresaré y que simplemente son mágicos, nos recuerdan lo frágiles que somos y reafirman que somos sólo un pequeño componente más de este hermoso y asombroso árbol de la vida; y b) las de muchos de esos lugares, sino en todos, toparme y conversar con pobladores que, desde mi observación, en muchas ocasiones muy tangencial, desarrollan sus diversos modos de vida para sobrevivir en un país que la mayor parte del tiempo, precisamente, se ha encargado de invisibilizarlos.

Conversaciones que se han prolongado a lo largo de estas jornadas de campo, en las cuales muchos de estos pobladores (campesinos, comunidades indígenas y/o afrodescendientes, hasta grupos al margen de la ley), en el mejor de los casos, nos ven como bichos raros en busca de otros supuestos bichos raros. Conversaciones que se convierten en las mejores clases que jamás haya podido tener en un aula tradicional de clase a lo largo de todo mi proceso de educación formal, ya que me enseñan, contextualizan y ponen en bandeja de plata esa realidad “no científica” de nuestro país, que no hace parte de los currículos disciplinares que se estructuran desde el centro del país, y que a la vez se supone que velan por la formación integral del individuo.

Lecciones acumuladas que con el paso del tiempo me han permitido reflexionar sobre mi papel como docente/investigador universitario y el papel que la academia/universidad debe tener para lograr esa anhelada transformación de nuestra sociedad. ¿Cuál ha sido el impacto de mis actividades de docencia, investigación y trabajo de campo en la realidad de mi país? Pues obvio, dirán la gran mayoría de mis colegas, y por supuesto ha sido por mucho tiempo mi propia respuesta, pues la generación de conocimiento a través del proceso de intentar responder preguntas particulares y la participación en los procesos de formación de estudiantes que, por supuesto, ayudan a la construcción de un mejor país, pues partimos de la premisa de que un país que le apueste a la investigación, la ciencia y la educación es un mejor país.

Sin embargo, y escudriñando muy en el fondo, creo que el mayor aporte que haya podido hacer hasta el presente está relacionado con ayudar a darle una mayor visibilidad a los peces de agua dulce en diversas instancias y escenarios locales, regionales, nacionales e internacionales; de esta forma, llamar la atención sobre la necesidad de su conservación así como de los ecosistemas donde viven, no sólo porque son un componente más en la mega diversidad de nuestro país sino por lo que representan para las comunidades rivereñas a lo largo y ancho de nuestro territorio. El resto de aportes, y sin quitar el valor que puedan o no llegar a tener en el mundo de los cuartiles y factores de impacto, ha sido una entretención personal soportada, y hasta cierto punto patrocinada, por un sistema académico que busca responder a diversas métricas, en su mayoría alimentadoras de egos personales e institucionales.

Por esto mismo es que cada día valoro más estas marcas físicas y espirituales, que surgen a través de la tradición oral, del contacto directo, que no requieren de métricas y que el trabajo de campo me permite seguir acumulando. Por lo tanto, el regalo más preciado que he recibido hasta el presente, como estudioso de los peces de agua dulce, es poder conocer y recorrer las entrañas de este brutal, en toda la dimensión de la palabra, espacio geográfico llamado Colombia a través de sus venas de agua dulce. De esta forma, intentar comprender las causas, orígenes y el porqué de nuestra realidad y el porqué es tan complejo darnos la oportunidad de construir, precisamente, una “nueva realidad” para nuestra sociedad, pues, al fin y al cabo, cada uno de nosotros somos responsables en menor o mayor grado de lo que pasa en el patio de nuestra casa.

Sigo acá en campo, asumiendo el reto de hacer un taller de taxonomía del bagre rayado del Magdalena, con niños donde los “más afortunados” cuentan con un espacio llamado escuela, y donde lo “menos afortunados” a duras penas cuentan con un “tablero” pegado a dos palos y un suelo de tierra. Sigo acá y espero poder seguir en otros lugares, descubriendo las entrañas de mi país y las propias, hasta que el cuerpo aguante. Sigo acá empeñado en aprovechar la maravilla de los peces y los ríos para, de alguna forma, ayudar a transformar realidades “ajenas” y propias.


Testimonio original
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Así recordamos a Javier Maldonado

Así recordamos a Javier Maldonado

La sonrisa del profe Javier

Su sonrisa se amplió tan pronto escuchó la pregunta y sus ojos brillaron con la misma luz con que, de niño, corría al río. En unos segundos, Javier Maldonado, el académico, el científico de peces, el doctor en zoología, volvió a correr por las riveras de su natal Ubaté. En la memoria reprodujo los pastizales y el viento frío que venía de la cordillera, y volvió a verse metiendo las manos en las aguas de los ríos de la Sabana de Bogotá: intentaba cazar un par de peces pequeñitos que nadaban en abundancia. “Desde chiquito estaba familiarizado con las guapuchas”.

Aquel día habíamos pasado toda la mañana por varios pasajes de la Sabana. Salimos rumbo a Boyacá, seguimos el curso del río Bogotá y en un paraje nos detuvimos. “Aquí está bien. En esta zona hemos encontrado varios especímenes y el agua está limpia”, nos dijo a Felipe Abondano y a mí, los reporteros de Pesquisa Javeriana. Un par de minutos después, su equipo de trabajo, todos estudiantes, nadaban en el agua buscando a la guapucha: un pez de no más de 10 centímetros, plateado, descrito por Alexander von Humboldt en los días de su aventura neogranadina y una de las pocas especies endémicas del río al que la capital y el país le han venido restando todo valor.

Más tarde, en el laboratorio, nos mostró cómo lucía la guapucha y nos dio instrucciones para diseccionarlo: nunca con órdenes ásperas o frías, nos enseñaba en medio de risas y bromas. Así nos contó por qué, después de muchos años de haberlo pescado, de estudiar a profundidad su taxonomía, de irse hasta Brasil para entender todo de su especie y de las otras miles que surcan los ríos colombianos, había regresado para continuar estudiándolo: “Se habían hecho estudios de biología básica de la especie, pero no a profundidad”, nos contó, y ese era su afán, estudiar todo lo posible para evitar su desaparición, para que los niños del futuro lo vieran nadando por los ríos de la Sabana: “Eso permitiría generar estrategias de conservación dirigidas, con información certera”.

No fue la única vez que lo vi. Él aparecía en video atravesando el río Magdalena en lancha, asombrado al oír el sonido de un mono aullador; o en una foto, bajo un cielo lleno de estrellas y junto al río Amazonas, tomando nota de todo lo que iba redescubriendo. O en una de las cafeterías de la Javeriana, compartiendo un tinto junto a su adorada Mariana, mi amiga, contando cómo, en la siguiente travesía, irían a aquellos pueblos ribereños cuyo nombre han olvidado los mapas, para enseñarles a los niños a proteger los peces, a preservarlos, a conocerlos, para convivir con ellos el día en que sus manos remonten las mismas aguas.

Nunca vi clases con él, pero del profe aprendí que uno siempre aprende de lo que más ama. Y que es una obligación pasar ese conocimiento a alguien más, porque la vida, y esta es una verdad que duele, es corta. Pero hay que hacerlo, siempre con la esperanza de que se está construyendo un mundo mejor.


David Mayorga
Editor web de Pesquisa Javeriana

Javier Maldonado supervisando la recolecta de guapucha. / Felipe Abondano.
Javier Maldonado supervisando la recolecta de guapucha. / Felipe Abondano.

 

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Los ríos de Javier Maldonado

Nano, como le decían sus amigos, colegas y familiares, nació en el Valle de Ubaté y desde niño generó un vínculo especial con los ríos y los peces del altiplano cundiboyancese. Sin embargo, su gusto por estos pequeños nadadores se afirmó al graduarse como ecólogo de la Pontificia Universidad Javeriana, especialmente tras encontrar en la evolución de la historia natural y la ecología su motivo para acercarse a estos intrigantes vertebrados.

Él siempre brilló con luz propia y su risa, esos dientes blancos moviéndose a carcajadas, sí que eran contagiosos, pero no más que su nobleza y esa infinita vocación de servicio a los demás. Javier siempre fue oportuno, equilibrado, un hombre que se entregaba en cuerpo y alma a su mayor pasión, los peces, y a su profundo e intenso amor Mariana Moscoso. Ambos compartían el gusto por estas especies, por reafirmar la identidad de estos animales en las comunidades y evidenciar su relación con la cultura de cada región a la que visitaban con su proyecto personal: Ictiología y cultura.

“En la medida en que cada vez seamos más conscientes de nuestra historia, de nuestro patrimonio material e inmaterial, de los desafíos y amenazas sobre el ambiente, sobre nuestros ríos y la vida que confluye con sus aguas, sobre la interpretación de la vida desde múltiples legados socio-culturales, habrá una nueva forma de relacionarnos con nuestro entorno, de valorarlo, de cuidarlo y de dialogar con él”, son las palabras con las que Javier nos dio la bienvenida para navegar su proyecto, en las historias de peces que escribía con cada salida a campo.

Nano, ese hombre de mente brillante, memoria prodigiosa y carisma incalculable, se robó nuestro corazón; dejó una impronta invaluable en nuestros recuerdos y, sobre todo, el legado de encontrar en los relatos de pobladores e investigadores la clave para entender la gigantesca riqueza de peces que habitan en las cuencas hidrográficas de Colombia.

Recuerdo su generosidad como un don invaluable. Hablar con él sobre sus investigaciones era un viaje directo a los ríos amazónicos; escuchar atentamente sobre sus expediciones era el motor para seguir narrando ciencia, y encontrarlo entre los pasillos con una sonrisa de oreja a oreja, la huella en mi memoria de un hombre dispuesto a compartir su conocimiento con alegría.


Daniela Vargas Nieto
Periodista de Pesquisa Javeriana

Javier Maldonado (primer plano, izquierda), durante una de sus expediciones al Amazonas. / Cortesía.
Javier Maldonado (primer plano, izquierda), durante una de sus expediciones al Amazonas. / Cortesía.

 

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“Disfruten del paisaje”: Javier Maldonado

En medio de la confluencia, donde el río Carare desemboca en el Magdalena, falló el precario motor de la embarcación que dos pescadores de la zona pusieron a nuestra disposición para desplazarnos entre las comunidades. Silenciado el motor, los sonidos de la naturaleza aparecieron: el viento, las olas golpeando suavemente contra la embarcación, las garzas alimentándose, los patos alzando vuelo, pero sobre todo el intenso sonido de la nada en medio de una de las tantas selvas tropicales de Colombia. Lejos se escuchaba la conversación entre los pescadores buscando la solución al problema del motor. Esta calma se fue tornando tensa porque la corriente del río comenzó a arrastrar sin rumbo la lancha. “¡Tranquilos!, disfruten del paisaje”, fueron las palabras de Javier Maldonado para serenar la angustia que comenzaban a sentir los pasajeros. Así era Javier, un hombre que con su experiencia observaba la belleza natural en medio de las adversidades.

Y esa experiencia siempre la compartió. Nunca dejó para sí mismo el conocimiento que adquirió durante sus años de estudios académicos y trabajo de campo. Su interés de llevar la ciencia fuera de las aulas, donde realmente pudiera tener un impacto social, lo llevó a recorrer y conocer los rincones más profundos de nuestro territorio, rincones que habitan muchas comunidades que llevan hasta dos años sin ver a un profesor que guíe, forme y eduque a sus familias. Javier fue un hombre que decidió no tener hijos para entregarse a la ictiología y la cultura, para ayudar a encontrar el equilibrio entre naturaleza y comunidad a lo largo y ancho de los ríos que atraviesan nuestro territorio.

Por todo esto, nuestro Javier Maldonado fue, es y será el arquetipo del científico altruista, el abanderado de la apropiación social de conocimiento.


Diederik Ruka
Comunicador de Pesquisa Javeriana

Maldonado durante una de sus clases en el Magdalena Medio. / Diederik Ruka.
Maldonado durante una de sus clases en el Magdalena Medio. / Diederik Ruka y Ximena Montaño.

 

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Mis proyectos con Javier Maldonado

Me negué a hablar en pasado sobre Javier desde que supe del accidente. Tuve la esperanza hasta último momento de que había llegado a la orilla del río Vaupés, el mismo que se lo llevó.

Javier murió en su ley, rodeado de la especie que más estudió. Sus peces nos lo arrebataron, quizá desde hace más de dos décadas, por las horas que les dedicó en su laboratorio, en sus clases, en su casa, en su oficina, en sus viajes. A él le gustaban los peces de agua dulce y por eso nunca dudó en meterse a los ríos para conocer sus costumbres, sus colores, sus aletas, sus ojos, el estado de sus poblaciones, cómo se relacionan las comunidades indígenas, campesinas y los pescadores con ellos.

El más solidario con la causa de la divulgación de la ciencia, el más interesado en contarles a las comunidades donde trabajaba sobre sus hallazgos, pero también en escribir artículos en revistas científicas para que los resultados de sus investigaciones llegaran a sus colegas de todo el mundo. El más sorprendido cuando tuvo la oportunidad de viajar al Amazonas en el avión presidencial para sellar, de su puño y letra, al lado del propio presidente Juan Manuel Santos, el compromiso colombiano para investigar las especies del Amazonas. Según él, del Amazonas colombiano poco se sabe y el proyecto Amazon Fish, en el que participan los países amazónicos, Francia y Bélgica, es la plataforma ideal para impulsar el conocimiento. Por eso también viajó todo el semestre pasado a Francia, para continuar trabajando con sus colegas internacionales y organizar salidas de campo, metodologías, hipótesis y proponer resultados esperados.

Con Javier tuve la oportunidad de dictar durante varios semestres la cátedra de Periodismo Científico, ofrecida por las facultades de Comunicación y de Ciencias de la Javeriana a todos los estudiantes de la universidad. Una cátedra donde científicos y periodistas se unen para producir diferentes formas de contar la ciencia a públicos que pueden ser niños, tomadores de decisión, campesinos. Donde los futuros periodistas comienzan a tener en cuenta una fuente de información diferente y conocen el mundo de los científicos, y donde estos últimos comprenden las dinámicas del periodismo y entienden nuestros ritmos. Con su cálido modo de ser, siempre conciliador, siempre dando pie para que las conversaciones avanzaran fluidamente, con sus comentarios oportunos y aleccionadores, fue un verdadero placer compartir la coordinación de ese curso que, estoy segura, fue concebido con sus ideas y cuya experiencia presentaríamos en la próxima reunión de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología, Red POP, en Panamá el próximo abril.

Conversé con él por teléfono la víspera de su viaje al río Vaupés. Hablamos sobre la presentación que haríamos en Panamá, sobre los cambios que le haríamos al próximo curso que dictaríamos en el segundo semestre de 2019, sobre el último artículo científico de uno de sus estudiantes que publicaremos próximamente en Pesquisa Javeriana, como lo hemos hecho con un buen número de sus investigaciones. Nos prometimos que continuaríamos con todos los proyectos. Nos prometimos que no nos abandonaríamos en estas causas profesionales. Con esas palabras… no nos abandonaríamos.

Así que la huella de Javier será siempre una impronta de calidad en todos estos proyectos.


Lisbeth Fog
Editora general de Pesquisa Javeriana

En 2018, Javier Maldonado logró el apoyo del Gobierno colombiano a la iniciativa académica 'Amazon Fish'. / Cortesía.
En 2018, Javier Maldonado logró el apoyo del Gobierno colombiano a la iniciativa académica ‘Amazon Fish’. / Cortesía.

 

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Javier Maldonado en trabajo de campo

Eran las 5 de la mañana y él nos esperaba con la sonrisa de quien quiere emprender una nueva aventura: su aspecto no era el de un profesor de cátedra, llevaba pantalones cortos de jean, una camisilla azul y sus botas para montañismo marca Quechua. Todo estaba listo para iniciar camino hacia el Magdalena Medio. Iba emocionado pero temeroso de no alcanzar a cumplir con el objetivo que había estampado en su mente desde que aceptó ir a aportar, de alguna manera, a la transformación de las comunidades de Chucurí, Bocas del Carare, Barbacoas e Islas: enseñar la importancia de la conservación del bagre rayado, esta vez no a los pescadores sino a los niños que, desde pequeños, crecen al lado del río y desarrollan sus habilidades de expertos pescadores.

Subimos a su Subaru color azul petróleo e iniciamos el recorrido. Fue un viaje tranquilo. Sus dedos golpeaban el timón al ritmo de la música, era realmente contagioso y dentro del repertorio nunca faltó una buena canción brasilera o Por ti, de Calle 13, que sonó más de una vez. Escucharla y verlo a él era evocar su esencia:

“Yo he peleado con cocodrilos,
me he balanceado sobre un hilo cargando más de 500 kilos,
le he dado la vuelta al mundo en menos de un segundo,
he cruzado cien laberintos y nunca me confundo,
respiro dentro y fuera del agua como las focas,
soy a prueba de fuego, agarro balas con la boca
(…)
Tengo vista de águila, olfato de perro,
puedo caminar descalzo sobre clavos de hierro,
soy inmune a la muerte
(…)
Ven conmigo a dar un paseo por el parque porque tengo
más cuentos que contarte que García Márquez”.

Antes de la llegada al lugar de destino, entró una llamada y puso el altavoz. “Hola madre”, la conversación continuó, “¿ya van a llegar, en dónde van?”, preguntaba, y al término de la charla ella finalizó diciendo “Dios te bendiga”, a lo que él respondió con un “Madre, te amo”.

Cada paso a su lado era una oportunidad para aprender de su experiencia como ictiólogo, como docente, pero además como amante da la naturaleza, de contar la ciencia de forma diferente y de cultivar experiencias para luego plasmarlas en sus historias. Cuando llegamos a Bocas del Carare, lugar donde nos quedamos, el cariño, los abrazos y las sonrisas de la comunidad hablaban de la huella que allí había dejado como ser humano.

Fueron días de mucho ajetreo, el calor oscilaba entre los 38 y 42°C y las jornadas eran extenuantes. Recuerdo cómo con una calma continua les decía a los niños de 7 u 8 años que prestaran atención; en momentos resultaba efectivo, otras veces se dispersaban, pero él continuaba con su cometido, sin descanso. Luego de los talleres en medio de una charla con un pescado bien sazonado y limonada fría, nos decía: “¡Qué verracos…! ¿Cómo hacemos para que se callen y no se distraigan?”, y soltaba una risa genuina.

Las noches y las madrugadas las dedicaba a la escritura de sus experiencias en este mágico lugar, no había otro momento para hacerlo. Cuando no estaba escribiendo estaba leyendo, en esta oportunidad un libro de conflicto y de los acuerdos de paz. El primer día estuvimos trabajamos en Chucurí y, ante las oleadas de calor, se tomaba una que otra cerveza. Al día siguiente a Islas, donde mostró que era un hombre colaborador y diligente cuando tuvo que alzar una nevera llena de bagres lo hizo, y cuando tuvo que halar una balsa para cruzar de un lugar a otro también. No guardaba energía, siempre estuvo altivo y en marcha para lo que se necesitara, era el comandante de nuestra comarca.

Pisó cuatro salones de clase y supo a lo que iba. Soltó la parte de su pantalón que estaba unida a una cremallera y se quedó en pantaloneta, se desamarró los cordones y dejó las botas a un lado. Era momento de empezar. Descalzo, enseñó a los niños la taxonomía del bagre: aleta dorsal, ventral, caudal, pectorales… explicó la función de los bigotes, el tamaño de los ojos y lo repitió cuantas veces fue necesario con la paciencia y tranquilidad que lo caracterizaba. Se sentó en el piso a armar rompecabezas con los estudiantes y también coloreó con ellos.

Para ir a la tercera y cuarta escuela tuvimos que atravesar gran parte del río Magdalena en una canoa a motor. En los trayectos, Javier cubría su cabeza con una cuellera y, sobre ella, una gorra. Las conversaciones durante el trayecto fueron largas y amenas, me contaba cómo era antes el paisaje del Magdalena y lo cambiado que estaba; también hablamos de ‘Gabo’ y sus recorridos por el mismo lugar en el que ahora navegábamos, incluso le pregunté a qué le olía el Magdalena: yo esperaba una respuesta poética de un hombre que había recorrido largos y diversos ríos, pero me dijo: “Como a pescado, ¿no?”, y ambos nos reímos.

En una de las travesías por el río, se nos apagó una, dos y tres veces la canoa, y si avanzábamos tres metros, la corriente nos devolvía dos. En medio de la angustia de tres inexpertos, Javier, el cuarto del grupo nos daba una partida de calma. Con él siempre nos sentimos seguros, sabíamos de su experiencia en las aguas, lo que no sabíamos era el goce que le generaba ver nuestros rostros de preocupación y su buen sentido del humor. En ese momento de alarma para nosotros, a él no le quedó más que estirar sus pies, ponerse cómodo y decirnos “Bueno, muchachos, disfruten del paisaje”, y nuevamente una carcajada salió y una sonrisa se dibujó en su rostro.

Su único error y acierto fue haber tratado de rebasar sus límites esplendidos, vivió e hizo lo que quiso. Hoy estamos unidos pero nos invade la soledad por su partida. Fueron tan solo ocho días de haberlo visto sonreír. No compartí mucho con él, pero lo suficiente para conocer su tenacidad aguerrida. Hoy puedo decir con cariño y con orgullo que conocí a un amante puro de la vida, del paisaje, del agua, de los peces y fiel creyente de que cuando uno entrega todo, por mínimo que sea, puede transformar vidas.

Él entregó su conocimiento y con alma humilde no se quedó con nada porque las cosas buenas siempre quiso compartirlas. Gracias por los aprendizajes, por las historias y por todo lo que nos dejaste. Disfruta del paisaje y vuela alto.


Ximena Montaño
Perodista de Pesquisa Javeriana

Profe Javi 5
Maldonado (centro), en una de sus innumerables expediciones de campo. / Cortesía

 

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Lo que aprendí de Javier Maldonado

Gracias a Javier Maldonado, aprendí sobre la guapucha, un pez endémico del río Bogotá.  David Mayorga, actual editor web de Pesquisa Javeriana, escribió cómo este investigador acompañado de sus estudiantes recorría las aguas de ese contaminado afluente para estudiar la forma en que la especie transitaba desde la fuente del río hasta la cuenca baja, al final de la Sabana de Bogotá; cuando escuchaba a Javier hablar de esos peces, me preguntaba cómo hacían para sobrevivir a uno de los ríos más contaminados del país. Él me decía que obviamente se generaban malformaciones y mutaciones en la especie, que con el tiempo impactaba su evolución. O al menos, eso fue lo que entendí.

Desde ahí, desde marzo de 2016, comencé a encontrar en los peces una atracción especial, los veía de manera diferente. Ahora comprendo que son un medidor clave para evidenciar la afectación de los ecosistemas. Así nos lo explicó con sus investigaciones sobre hidroeléctricas. ¿Qué por qué no convienen los proyectos hidroeléctricos actuales? Porque rompen el cauce natural del río, y con este las especies que transitan en él. ¿Para dónde van los peces cuando se encuentran con la pared de una hidroeléctrica? Pues se mueren allí, pueden devolverse río arriba o perder su camino. Se mutila la posibilidad de que tomen el rumbo natural para su reproducción. Y si eso ocurre con los peces, la cadena alimenticia se ve afectada directamente. Quienes comen peces ya no los encontrarán y, mucho menos, quienes los pescaban. Además de la fauna, los seres humanos nos vemos afectados, principalmente las comunidades que dependen de esa actividad productiva y económica.

No puedo dejar de lado las maravillosas conversaciones sobre apropiación social del conocimiento. Un aliado inconfundible para democratizar el conocimiento, para dejar en la sociedad una huella mayor a la discusión en esferas académicas sobre los hallazgos científicos. Era necesario que toda la sociedad comprendiera para qué hacía esas investigaciones, cuáles eran sus resultados y para qué servían en la cotidianidad y en la toma de decisiones. Nos quedaron tareas pendientes es ese campo, algunos sueños por resolver, pero no quedarán en vano esos esfuerzos y aprendizajes que nos deja.

Esas banderas las tomaremos para seguir promoviendo el conocimiento al alcance de cualquier persona, mi abuela, su tía o mi hija. En últimas, lo que veo que dejó en mí con su pasión por los peces fue eso, pura apropiación del conocimiento científico.


Claudia Mejía
Productora ejecutiva de Pesquisa Javeriana

En febrero de 2019, Javier viajó al Magdalena Medio para enseñarles a los niños la taxidermia del bagre rayado. / Diederik Ruka
En febrero de 2019, Javier viajó al Magdalena Medio para enseñarles a los niños la taxidermia del bagre rayado. / Diederik Ruka y Ximena Montaño.
Nuestro aporte para formar una cultura de conocimiento

Nuestro aporte para formar una cultura de conocimiento

En 1994 se acuñó oficialmente el término ‘apropiación social de la ciencia’, como resultado de la siempre recordada, y ahora renovada, Misión de Sabios. Proponían estos diez pensadores colombianos un cambio social, como lo dice Gabo, en el cual la edad de los ¿por qué? nos acompañara “desde la cuna hasta la tumba”, y donde las ciencias y las artes estuvieran incluidas en la canasta familiar.

Esa propuesta de una educación como “órgano maestro” puede manifestarse de muchas formas, y Pesquisa Javeriana multiplataforma ha sido una de ellas desde su creación en 2007. ¿Por qué?

Iniciamos nuestro trabajo entregando historias de ciencia producidas en la Pontificia Universidad Javeriana, en una revista impresa inserta en los ejemplares que los suscriptores de reconocidos medios de comunicación colombianos recibían cada tres meses. La revista ha ido madurando y consolidándose en el abanico de diferentes productos similares que producen otras universidades, con contenidos más periodísticos, donde la imagen cada vez cobra más importancia y los temas intentan permear la cotidianidad de quienes leen las historias.

Hoy en día, adaptándose a las exigencias de las nuevas maneras de comunicar, nuestra revista incluye varias estrategias diseñadas para conquistar públicos específicos y lograr que se ‘apropien’ de sus contenidos, de esas historias de ciencia, tecnología, innovación y creación artística que son producto de años de investigación javeriana en sus sedes de Bogotá y Cali, y muchas veces en coproducción con innumerables instituciones nacionales e internacionales que se benefician con ese nuevo conocimiento.

Como parte de esta iniciativa, en 2018 Pesquisa Javeriana multiplataforma implementó cuatro estrategias de distribución y promoción de sus ejemplares impresos, sobrepasando los 190.000 usuarios a través de la web y entregándole la revista a más 60.000 personas; diseñó concursos para el posicionamiento de la marca mediante sus redes sociales, y la revista impresa también llegó a manos de los participantes de diferentes escenarios nacionales e internacionales en donde estuvo presente un representante de nuestro equipo.

El pasado 2018 fue especial por el constante análisis del grupo que ha consolidado la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana, como resultado de años de pensar y repensar la revista. Así, algunos de los caminos que hemos ido recorriendo nos han permitido afianzar actividades que realizábamos casi intuitivamente e iniciar rutas que vamos caminando con los diferentes saberes y conocimientos del equipo de producción, así como de los miembros del comité editorial.


Pesquisa Javeriana
en la web

Estamos produciendo y publicando en nuestro portal al menos tres historias de ciencia semanalmente, sin dejar de producir las historias inéditas que publicamos en la revista impresa. Los públicos que leen la revista tradicional no son los mismos que los que leen los artículos en la web, lo cual ha significado innovar en el lenguaje, la redacción, la presentación y los géneros periodísticos, por mencionar solo algunos aspectos. En palabras de David Mayorga, nuestro editor web, “ya no somos aquella página web que se mostraba como un reservorio de su revista impresa, ahora somos una iniciativa mediática con contenidos propios, que aporta valor agregado y que acerca el saber y el conocimiento javeriano, con todos sus valores, a la ciudadanía”.

Pasamos de tener 40.000 visitas en 2015 a 283.000 en 2018, y de 24.000 usuarios fieles a 192.000. Nos leen más mujeres que hombres y, de todos nuestros lectores, quienes más consultan nuestra página están entre los 25 y los 34 años. El 60% de nuestros lectores están en Colombia, pero también tenemos cibernautas en México, Perú, Ecuador, Argentina y España, principalmente; los nacionales están en Bogotá y el Valle del Cauca, quizá porque allí se encuentran las sedes de la Javeriana, pero también tenemos lectores en Antioquia, y muchos, así como en Atlántico, Santander y Bolívar.

PJASC 3
/ Según datos de Google Analytics, el 65% de nuestros lectores en la web son mujeres.

¿Y cuáles son los temas más consultados en nuestro portal? Como en muchos medios a nivel mundial, salud y ambiente interesan a públicos de todas las edades, y la comunidad científica javeriana sí que tiene historias para contar.


¿Qué pasa con Pesquisa Javeriana en las redes sociales?

Crecen nuestros seguidores en Facebook, Twitter e Instagram, y nuevamente las mujeres son las que más nos consultan. Llegamos a tener una visualización total que supera el millón de usuarios, de los cuales 237.250 corresponden a Facebook y 821.600, a Twitter, con un público femenino del 57% respecto al masculino ( 43%).

Este resultado es producto del trabajo articulado entre la comunidad educativa javeriana y las instituciones nacionales e internacionales interesadas en el quehacer científico. No en vano, Pesquisa Javeriana estuvo presente en el cubrimiento periodístico de eventos, conversatorios y talleres como el primer Simposio Internacional de Problemas Fitosanitarios, el conversatorio ILSINorAndino o el foro público de candidatas al Senado 2018 – 2022.

El año pasado fue de retos, especialmente el de apostarle a ser pioneros en la transmisión en vivo de entrevistas y eventos de carácter científico en la Universidad Javeriana. Incursionamos en nuevos escenarios como Corferias durante la Feria del Libro de Bogotá, aprovechamos de la coyuntura deportiva durante el Mundial de Fútbol Rusia 2018 con invitados especiales, como los docentes Jorge Cardona y Andrés Rosas, y nos asociamos a la Red de Ciencia y Desarrollo, portal que informa sobre el tema en los países en desarrollo, y Directo Bogotá, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, en la transmisión de un Facebook live sobre vacunación en América Latina.

Los invitados a esta transmisión fueron el médico pediatra Diego Alejandro García, coordinador del Grupo de Gestión Integrada de Enfermedades Inmunoprevenibles del Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, y la médica peruana Gina Tambini, experta en el tema de vacunas e inmunización y, desde agosto de 2018, representante de la Organización Mundial y Panamericana de la Salud en Colombia (OPS/OMS Colombia).

Pero como si esto fuera poco, recibimos una excelente noticia a finales del 2018: la aceptación en el XVI Congreso RedPOP 2019 con el trabajo Pesquisa Javeriana, nuevas audiencias en el mundo digital, una propuesta que da cuenta del trabajo multimedia que se ha realizado en la difusión de la ciencia a través de redes sociales y la construcción de comunidad interesada en el conocimiento científico. Con esta iniciativa nos sumamos al objetivo de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe: fortalecer, intercambiar y activar la cooperación entre los grupos, programas y centros de apropiación de la ciencia y la tecnología (CyT).

/ Nuestros mensajes en redes sociales tuvieron un alcance de más de un millón de usuarios en 2018.
/ Nuestros mensajes en redes sociales tuvieron un alcance de más de un millón de usuarios en 2018.

En esta misma línea, fuimos testigos del fruto y curiosidad que despierta el conocimiento científico en nuestras audiencias. Viviana Garzón Espinoza, estudiante de último grado del Colegio Rural El Uval, en Usme, es un ejemplo de ello. Esta joven, con solo 16 años, contactó a las investigadoras javerianas Sandra Contreras Rodríguez y Ana Carolina Moreno para conversar con ellas acerca del manejo del retamo espinoso, el arbusto foráneo que invade progresivamente el sur de su localidad. Esto, producto del artículo Científicos restauran paisaje del Neusa, publicado en nuestra página web.


Talleres Pesquisa Javeriana

Uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos a diario es la relación científico-periodista. Para ello, y desde hace un par de años, la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana organiza talleres de periodismo y comunicación científica, así como de apropiación social del conocimiento, dirigidos a la comunidad científica y a los comunicadores que laboran en la universidad, tanto en la sede de Bogotá como en la de Cali.

Los contenidos promueven la permanente interacción entre los talleristas y los participantes, y así hemos venido diseñando unas metodologías que cada vez nos convencen más. En la última versión (octubre de 2018), en la que participaron cinco investigadores javerianos, el producto final, resultado de un trabajo conjunto entre ellos y los comunicadores de la Vicerrectoría, se plasmó en un muy creativo video a partir de WhatsApp, una infografía sobre linfocitos, un podcast de mentiras políticas, un cuento ilustrado sobre la leucemia y un video explicativo sobre la intrincada relación de las plantas y la química.

El taller dictado en la Javeriana Cali duró dos mañanas y no produjo productos mediáticos, pero sí análisis del quehacer del científico que se dedica a divulgar su conocimiento. Participaron seis docentes.

También fuimos invitados a dictar talleres de periodismo científico en la Pontificia Universidad Católica del Perú (septiembre 23 y 24 de 2018) con la participación de 18 trabajadores de la universidad y de medios locales. El día 25, la Católica organizó un desayuno con la presencia de 12 decanos y otros docentes investigadores, interesados en continuar organizando actividades para llevar la ciencia al público.

Además, las facultades de Comunicación y Lenguaje y Ciencias ofrecen un curso de periodismo científico abierto a sus estudiantes de pre y postgrado con una metodología que ha resultado novedosa, experiencia que también fue aceptada para presentar en el congreso de la RedPOP.

También fuimos invitados a participar en paneles y otros eventos para contar nuestra experiencia (por ejemplo, en la Universidad de Los Andes en julio y noviembre) o, en general, para hablar sobre la comunicación y la apropiación del conocimiento científico, tecnológico y de innovación (como en la Universidad Nacional, en julio 27, y en Colciencias, en octubre).

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Otras actividades

Vale la pena destacar el posicionamiento que ha adquirido Pesquisa Javeriana multiplataforma a nivel nacional. El Planetario Distrital celebrará sus 50 años, que coinciden con la llegada del hombre a la Luna en 1969, planeando un evento sobre divulgación de la ciencia, en cuyas reuniones hemos participado; así mismo, la Universidad de Manizales publicó su revista de divulgación científica Eureka, cuya preproducción contó con nuestra asesoría.

Uno de los momentos más significativos para el equipo de Pesquisa Javeriana ocurrió el 7 de noviembre, cuando un grupo de profesionales y académicos apasionados por la apropiación social del conocimiento se sumaron para conversar acerca de las experiencias que hemos venido desarrollando durante los últimos años. Tuvimos el privilegio de contar con Ricardo Triana y Ángela Patricia Bonilla, en representación de Colciencias; María Piedad Villaveces, directora de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia (ACAC), Tania Arboleda, nuestra exdirectora, y algunos entusiastas docentes javerianos, como Javier Maldonado, Dimitri Forero y Carlos del Cairo, con quienes abordamos las diferentes charlas con docentes y coordinadores académicos, los talleres de sensibilización sobre divulgación científica y otras propuestas relacionadas.

De allí, surgió un panorama mucho más amplio en términos de trabajo de cooperación con instituciones nacionales e internacionales, la fortuna de que Pesquisa Javeriana sea reconocida en el medio, la posibilidad de ser un referente para otras organizaciones dedicadas a la divulgación de la ciencia y el apoyo formativo para apostarle a nuevos retos en términos de apropiación social del conocimiento a partir de una sociedad que demanda cada vez más la producción de contenidos científicos de alta calidad.

Nuestro compromiso no se supedita al presente coyuntural que vivimos. Nuestras periodista María Daniela Vargas y María Ximena Montaño han enfocado sus trabajos de grado a proyectar nuestro modelo de apropiación social del conocimiento, con el cual queremos proyectarnos con mayor fuerza dentro de una sociedad que ha decidido darle la cara a la generación de nuevos aprendizajes, a vincular la ciencia y la tecnología con los diferentes componentes de la sociedad para refundarse.

No somos sabios, pero compartimos día a día nuestro entusiasmo por la ciencia. Y redoblamos nuestro compromiso de aportar valor agregado  con nuestro trabajo, para que esta vez no pasemos por alto la oportunidad de construir un nuevo país.

A cultivar frutas de calidad desde el laboratorio

A cultivar frutas de calidad desde el laboratorio

Agricultores del departamento de Huila llevan puestas batas, guantes y gorros; algunos cargan mochilas con esferos y libretas para apuntar su experiencia como investigadores javerianos. No es la primera vez que pisan un laboratorio, pero sí es su día de debut como científicos extrayendo el material genético de hojas de maracuyá. ¿Su objetivo? Conocer la importancia de un buen ADN en semillas de frutas como granadilla, gulupa, cholupa y maracuyá.

Este ejercicio surgió del proyecto Desarrollo de estrategias para la certificación de semillas y plántulas de  frutales pasifloráceos del departamento del Huila, Neiva Huila, Centro Oriente, iniciativa financiada con recursos de regalías que busca alternativas para que los viveristas de municipios como La Plata, Santa María, Isnos, San Agustín, Suaza, Rivera y Campoalegre, entre otros, obtengan semillas de buena calidad y las usen en sus cultivos de passifloras  o ‘pasionarias’, como conocen a esta familia de plantas en la región.

Desde 2017, Claudia Ramírez Sandoval, María del Pilar Márquez, Loyla Rodríguez Pérez y Wilson Terán Pérez, profesores del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, han trabajado de la mano con la Gobernación del Huila, la Corporación CEPASS, Corporación PBA, SAT (Fruticultores del Occidente del Huila), ACHOLJURI (Grupo Asociativo) y ASPPASAM (Asociación de Productores de Pasifloras del Municipio de Santa María) para determinar la calidad de estas semillas e identificar sus características con el fin de definir criterios que certifiquen su calidad. Esto con el propósito de implementarlas en el sistema productivo huilense.

Durante el primer semestre de 2018, los investigadores se encargaron de levantar información sobre la diversidad y disponibilidad de semillas de estos frutos y de definir los protocolos para su certificación a partir de un análisis fisiológicos, bioquímicos y moleculares. Además, se han encargado de implementar talleres con los cultivadores (multiplicadores) de estas frutas para fortalecer sus hábitos y capacidades empresariales.

Viveristas huilenses durante la actividad en la Javeriana.
Viveristas huilenses durante la actividad en la Javeriana.

En ese sentido, el pasado mes de septiembre, la Pontificia Universidad Javeriana recibió a alrededor de 30 productores rurales que participaron en una actividad de apropiación social del conocimiento junto a los docentes javerianos. En ella, los multiplicadores realizaron procedimientos comunes del quehacer científico para vivir de primera mano este ejercicio y así contar con nociones básicas de lo que se está llevando a cabo en el proyecto desde los laboratorios.

Pesquisa Javeriana estuvo presente en su visita y conversó con ellos sobre las implicaciones de este ejercicio en sus prácticas de cultivo, sus motivaciones para participar de él y algunos retos a los que se enfrentarán en el futuro.