Cuando el profesor Roberto Cuervo le preguntó por qué pensaba que la habían invitado, Ana Teresa Arciniegas, profesora del departamento de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana, abrió la conversación diciendo que iba a “echar cháchara”. De inmediato aclaró que no por eso la cháchara dejaba de ser importante. Desde Ático, el video podcast del Centro Ático, terminó siendo un espacio para conversar sobre eso que les está martillando la cabeza a ambos investigadores.
Ella misma se define como una eterna aprendiz: “Soy una estudiante, creo que ese es mi estado permanente: estar estudiando algo”. Tras ingresar a la universidad a los 16 años, inició estudios en Gobierno y Relaciones Internacionales para luego volcarse a la Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia. Su meta era comprender la filosofía política, hasta que una tarde se coló en una asignatura dictada por el cineasta Felipe Aljure, titulada, paradójicamente, Sin entendimiento político.
En ese cruce, Arciniegas comprendió que el análisis de la realidad no podía quedarse solo en lo teórico. “Las investigaciones que estábamos haciendo en ciencia política se quedaban en anaqueles finalmente, y el audiovisual tenía otra potencia que llegaba a un montón de gente”, relató.
Por eso pidió traslado a la Escuela de Cine y Televisión de la misma universidad y encontró su casa en el documental, pues es un lenguaje que le permite estar inmersa en la cotidianidad, entender, preguntar y observar. Después vino una maestría en documental y el interés de explorar otras formas y lenguajes de la creación, más allá de la narración lineal. Ahora, un doctorado en arte e investigación mantiene ese camino abierto que, además, cruza con enseñar como un oficio recíproco.
Realizar, investigar y crear: la tríada del hacer pensando
Recibir el título de realizadora de cine y televisión le pareció extraño, pues en realidad no hacía cine ni tampoco televisión. Su interés estaba en el audiovisual en general. Sin embargo, se quedó con el título de realizadora. “Realizar es un verbo que me gusta mucho porque es hacer pensando. Es estar arrojado al mundo con una acción específica, y no solo sentarse a pensar en conceptos”, dijo.
Por eso, en su quehacer, Arciniegas articula otros dos verbos: investigar y crear. Investigar, en su concepto, consiste en hallar las metodologías necesarias para poner las curiosidades individuales al servicio de una comunidad. Por su parte, “la creación es situarse en el lugar de una acción, pero también en un mundo hipotético que te permite explorar, imaginar y actuar frente a la realidad”.
Con estas tres acciones, Arciniegas pretende formular preguntas e indagar hacia dónde la lleva la deriva, sin afán de llegar a una afirmación absoluta. Su propuesta se distancia así de las visiones pasivas o puramente teóricas de la investigación.
Esta postura crítica choca de frente en el mundo laboral con lo que la investigadora denomina la ansiedad industrial. La producción de cine y televisión comercial tiene unas estructuras jerárquicas en los que los espacios para la invención real quedan supeditados a lógicas de producción rígidas. En ese engranaje, la potencia creadora queda acotada al guion o reducida a la mera recursividad técnica y operativa, explicó.
En ese sentido, la profesora Arciniegas defendió a la universidad como un escenario privilegiado para la resistencia. Aunque reconoce los riesgos de la burocratización institucional, como la tendencia a generar circuitos endogámicos en los que la academia se avala a sí misma, destacó la apertura lograda por la investigación+creación, pues este paradigma ha permitido reconocer que la práctica artística no solo transmite información, sino que produce e inventa nuevo conocimiento.
Colaborar no es cocrear
Uno de los intereses del profesor Roberto Cuervo es la co-creación. Por eso le preguntó a la profesora Ana Teresa cómo ha sido su experiencia en este tipo de trabajos. Para ella la colaboración implica poner el conocimiento técnico, estético o teórico personal al servicio de una idea concebida por otra persona. Mientras la co-creación exige un compromiso ético y político mucho más profundo.
“La co-creación es un espacio en el que yo desdoblo mis certezas para trabajar contigo, entendiendo que tú tienes las mismas capacidades para co-crear. Es casi un ejercicio de ciudadanía”, sintetizó Arciniegas. En los procesos genuinamente co-creativos, el autor individual se diluye en beneficio de una construcción conjunta donde emergen tensiones éticas, dilemas sobre derechos autorales y la necesidad imperiosa de respetar los saberes comunitarios y ancestrales, concluyeron ambos investigadores.
Esta perspectiva de co-creación atraviesa los proyectos actuales de Arciniegas. Está participando en un estudio internacional integrado por 15 universidades sobre infancias en escenarios de conflicto. De esa participación surgió la chispa para su proyecto transmedia titulado Re-re-re Transmedia para fomentar la cultura de paz y la construcción de nuevas ciudadanías, dirigido a infancias entre 4 a 7 años.
Observando la cotidianidad de su propia hija, la investigadora notó cómo la maternidad reconfiguró su mirada sobre la vulnerabilidad. Descubrió que los niños en la primera infancia poseen una capacidad nativa para resolver fricciones cotidianas, como disputar el turno de un rodadero, sin necesidad de discursos abstractos.
El proyecto toma términos institucionales sobre el conflicto colombiano, como reparación, restitución o reconciliación, y los traduce al lenguaje lúdico de los niños, reconociendo en ellos a agentes capaces de co-crear relatos sin caer en la visión sesgada que reduce la infancia a una mera inocencia inofensiva.
Pantallas, plataformas y el poder de la investigación desde lo visual
La investigación artística exige convivir constantemente con el error y la incertidumbre. Durante una estancia de investigación en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona – CCCB, Arciniegas se enfrentó a una restricción de formato muy estricta para un realizador audiovisual. Por motivos de permisos y uso de derechos de imagen no podía utilizar cámaras de video para su trabajo etnográfico con niños inmigrantes.
La frustración inicial dio paso a una reconexión con la escucha y el dibujo. Forzada a renunciar al encuadre visual, comenzó a registrar paisajes sonoros y pequeñas cartografías dibujadas a mano.
Ese episodio alimentó su crítica hacia lo que llama la hegemonía de lo visual en el campo audiovisual. Para la académica, existe una deuda histórica con el sonido. “Mientras lo visual se impone como un ejercicio de poder, el campo sonoro exige una experiencia somática, corporal y de escucha atenta que la investigación+creación debe reivindicar”, manifestó.
Actualmente, además de sus proyectos sobre infancia y narrativas transmedia que se escapan a la dictadura de las salas de cine, Arciniegas lidera el diseño del primer Doctorado de la Facultad de Artes de la Universidad Javeriana. Un espacio pensado para formar investigadores creadores capaces de sostener preguntas incómodas en un mundo obsesionado con las respuestas rápidas.
Al final, la cháchara no fue tan trivial.
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