Baño de rosas para los dolores en la industria floricultora

Baño de rosas para los dolores en la industria floricultora

Por: Lina María Leal Villamizar // Fotografía:

En medio de días de San Valentín, entierros, deseos de recuperación, gestos de amor y cientos de ocasiones más, miles de floricultores trabajan largas jornadas para hacer llegar hermosas flores al mundo. Esta labor puede ser demandante y favorecer la aparición de enfermedades músculo-esqueléticas. La academia, el sector y las aseguradoras han trabajado en equipo para dar soluciones a este gremio, que se debate a diario entre espinas y rosas.

El brazo izquierdo de María Eugenia Rodríguez* parece congelado. A sus 54 años de edad, esta madrileña de la sabana occidental de Bogotá presenta dolor y dificultad para mover sus manos y muñecas; síntoma de síndrome del túnel carpiano, una enfermedad que afecta el nervio mediano desde el antebrazo hasta la mano.

Rodríguez ha trabajado con cultivos de rosas desde joven, por lo que ha tenido que cortar, bonchear, podar, desbotonar, enmallar, desyerbar, barrer y sembrar. Estas tareas se hacen en su mayoría de forma repetitiva, con descansos que en algunas empresas son solamente moderados y con jornadas que pueden llegar a ser extenuantes en los meses de mayor demanda (diciembre y febrero).

Hace tres años, los brazos de María Eugenia comenzaron a flaquear. “Me dolían mucho las manos. No podía hacer fuerza, y mantenía con calor y dolor todo el tiempo. Primero la izquierda, luego la derecha”, asegura esta mujer con tristeza, pues tuvo que suspender sus labores como floricultora. La empresa en la que trabaja desde hace más de 15 años es consciente de la problemática y ha buscado soluciones que contribuyan a su rehabilitación.


Una realidad frecuente

Casos como el de Rodríguez son habituales, según las estadísticas de los ministerios de Salud y Protección Social, y del Trabajo. De hecho, el sector floricultor es la actividad económica que presenta mayor número de casos de enfermedades profesionales en Colombia; especialmente aquellas que comprometen miembros superiores (mano, muñeca, antebrazo y codo), en parte debido a que es un sector de la economía formal sujeto al monitoreo de la salud de sus trabajadores.

Frente a esta delicada situación, la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, y en particular su Centro de Estudios de Ergonomía, desarrolló en 2007, en equipo con una administradora de riesgos profesionales (ARP) y un grupo de empresas interesadas, un proyecto para investigar el porqué de estas enfermedades con miras a encontrar posibles soluciones.

El ingeniero Lope Hugo Barrero, actual director del Departamento de Ingeniería Industrial, ha liderado esta investigación y afirma que, tras la conformación de un grupo integrado por profesionales del sector industrial, trabajadores y académicos de la Javeriana, el estudio se adelantó en cuatro fases. La primera fue una revisión del problema en la literatura científica mundial; la segunda, la determinación de las demandas de los trabajadores para el caso colombiano; la tercera fue el reconocimiento de las mejoras por realizar; y la cuarta fase se orientó a la implementación de las reformas planteadas.

Las herramientas de corte utilizadas llevaron a los investigadores a diseñar unas nuevas tijeras, más cómodas para el trabajador.
Las herramientas de corte utilizadas llevaron a los investigadores a diseñar unas nuevas tijeras, más cómodas para el trabajador.

Bajo el título “Factores asociados a la presentación de desórdenes músculo-esqueléticos de miembro superior en una población de trabajadores de rosa y crisantemo del sector floricultor colombiano”, la investigación contó para su segunda fase con la participación de ocho empresas y 180 de sus trabajadores que realizaban tareas de cultivo y cosecha de crisantemo (en el departamento de Antioquia) y rosa (en el de Cundinamarca). Para la implementación, solamente participaron las floricultoras de rosa.

Según afirma el ingeniero Barrero, “encontramos que este tipo de tareas se hacen en ciclos de 10 veces por minuto en promedio, lo que significaría que a veces puede ser más alto o puede ser más bajo. El problema es la repetición, la postura del cuerpo y la fuerza en esa repetición. Lo que queremos evitar es que esos movimientos se hagan con aplicación de fuerza y en posición inadecuada”.

El coinvestigador y director del Centro de Estudios de Ergonomía, Leonardo Quintana, ejemplifica: “Supongamos que vas a cortar una tela. Al final te puede doler un poquito la mano por la posición, la fuerza para coger las tijeras y la cantidad de veces que lo haces. Eso es un microtrauma; si tú lo haces por hobby, un día a la semana, el lunes te tomas la aspirina y te mejoras. Pero si lo tienes que hacer todos los días porque ese es tu trabajo, entonces hay trauma sobre trauma. Es un trauma acumulativo”.


La intervención propuesta

En este punto la ingeniería y la ergonomía juegan un rol importante, pues el estudio de estas problemáticas busca aliviar al trabajador mediante diseños de herramientas y de tareas, de manera que no solo se optimice o mantenga la productividad sino también que se mejore la postura del cuerpo, se permita la recuperación y sea posible así la prevención o el alivio de este tipo de lesiones.

Barrero indica: “A partir del trabajo realizado, se comenzó otro de diseño de tijeras en el Centro de Estudios de Ergonomía, que resultaran más pequeñas y en las que la mano de una trabajadora colombiana no quedara desviada sino en posición neutral, y no hiciera fuerza con las yemas de los dedos”. Barrero enfatiza que “es importante ser honestos. En ciertos casos los beneficios posturales esperados se lograron, en otros no. Lo que sí hay que resaltar es que unas tijeras diseñadas de manera ergonómica para la población nacional pueden mejorar las ventajas mecánicas”.

El investigador también concluye que las pausas son otra medida que podría ser útil para minimizar la problemática. Según infiere Barrero, se trata de descansos cortos de dos a cinco minutos, cada 20 o 40 minutos. Tal tipo de intervención ayudaría a que los músculos descansaran. “Estas pausas son especialmente valiosas en tareas de clasificación porque se hacen durante ocho o diez horas por día”, explica.

Diseño e incorporación de tijeras ergonómicas, establecimiento de pausas cortas entre tiempos de trabajo, rotación de labores y actividades de elongación de los músculos pueden ser medidas tangibles, concretas y benéficas para evitar las patologías de miembros superiores entre trabajadores del sector floricultor.

La rotación de labores resulta también un alivio para el trabajador, de acuerdo con el ingeniero Quintana, quien afirma que se han planeado “varias estrategias de rotación. Una de las intervenciones es lograr que los trabajadores puedan hacer tareas de corte y luego pasar a otras que usen principalmente grupos musculares diferentes para disminuir el tiempo en una sola tarea repetitiva”. Sugiere además que la rotación podría incluir labores administrativas.

El director del Centro de Estudios Ergonómicos agrega que las actividades de estiramiento y fortalecimiento son realmente benéficas, por cuanto “producen una elongación del músculo que le da flexibilidad. En la medida en que se sobrecarga el trabajo, el músculo condensa o agrupa más ácido y más toxinas, y por lo mismo menos oxígeno. Cuando se estira, libera todas estas reacciones químicas y obtiene más salud y más oxígeno”.

Cada una de estas propuestas ha sido planteada por el grupo de investigación de la Javeriana como posible intervención para prevenir las enfermedades relacionadas con miembros superiores en la población de estudio. Sin embargo, según recalcan los investigadores, se trata de circunstancias que pueden variar de acuerdo con diferentes condiciones como el trabajador, el tipo de corte o la flor con que se trabaje, entre muchas otras.

Las recomendaciones de los investigadores es que las actividades de corte y clasificación se conviertan en esenciales.
Las recomendaciones de los investigadores es que las actividades de corte y clasificación se conviertan en esenciales.

Barrero concluye: “Es una combinación de factores. Lo que nosotros al final recomendamos es que las tareas de clasificación y de corte deben ser la prioridad de la industria colombiana, aunque la mecanización es una opción para los casos repetitivos”.

De este modo, el diseño y la incorporación de tijeras ergonómicas, el establecimiento de pausas cortas entre tiempos de trabajo, la rotación de labores y las actividades de elongación de los músculos podrían ser medidas tangibles, concretas y benéficas. La industria floricultora podría implementarlas para evitar los frecuentes casos patológicos de miembros superiores entre trabajadores que, como María Eugenia, han tenido que suspender sus labores en cultivos de rosas.


Para leer más

  • Barrero, L. H. et ál. (2011). “Prevención de trastornos músculo-esqueléticos de las extremidades superiores relacionados con el trabajo: revisión sistemática”. Archivos de Prevención de Riesgos Laborales 14 (3): 138-146.
  • Barrero, L. H. et ál. (2012, octubre). “Physical Workloads of the Upper-Extremity among Workers of the Colombian Flower Industry”. American Journal of Industrial Medicine 55 (10): 926-39. Disponible en: https://onlinelibrary. wiley.com/doi/10.1002/ajim.22102/full. Recuperado en: 10/10/2012.

* El nombre original ha sido modificado por petición de la trabajadora.

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