Modificar nuestra información genética para tratar enfermedades raras es viable

Modificar nuestra información genética para tratar enfermedades raras es viable

Carlos Javier Alméciga Díaz

Durante el último año hemos escuchado diferentes mitos alrededor de las vacunas para la covid-19, siendo el de la posibilidad de que estas modificaran nuestra información genética uno de los más recurrentes. Aunque ninguna de las vacunas aprobadas para el manejo de la COVID-19 en la actualidad alteran nuestra información genética, este mito puso sobre la mesa nuevamente la pregunta sobre la posibilidad y efectos de la modificación del material genético en humanos.

¿Qué es la terapia génica?

La modificación de nuestra información genética con fines terapéuticos, también conocida como terapia génica, es una alternativa que se viene explorando desde finales del siglo pasado. Esta terapia busca la modificación, transitoria o permanente, del material genético de un individuo con el objetivo de tratar o curar una enfermedad.

Modificar nuestro genoma puede permitir, por ejemplo, la cura de enfermedades genéticas o de otras enfermedades adquiridas como el cáncer o algunas enfermedades infecciosas como el VIH.

Desde la primera prueba en humanos, a principios de la década de los 90, la terapia génica se ha evaluado en cerca de 150 enfermedades mostrando resultados prometedores en la gran mayoría de ellas. Sin embargo, como cualquier otra intervención terapéutica, la terapia génica no está exenta de riesgos, y estos están principalmente asociados con la posibilidad de modificar otras regiones dentro del ADN o de que el sistema inmunológico reconozca como extraño el material genético administrado.

En este aspecto, durante las últimas tres décadas se han realizado importantes avances para mejorar su seguridad y eficacia, lo que ha permitido la aprobación de productos basados en esta tecnología. Es importante aclarar que la modificación de nuestra información genética con fines cosméticos o de mejoramiento de la especie, no son considerados como terapia génica y se encuentran regulados por diferentes organizaciones a nivel internacional.

Para el caso de las enfermedades raras o poco frecuentes, la posibilidad de modificar o corregir el material genético puede representar la única opción de tratamiento para un paciente. Este es el caso de Alissa, una paciente con una enfermedad rara que afecta principalmente su sistema nervioso central y para quien la modificación de su material genético representa la única oportunidad de cambiar el curso de su enfermedad.

Hallazgos similares se han observado para un tipo de ceguera hereditaria, en la que los pacientes han recuperado su visión tras la administración de la terapia, o en la enfermedad de células falciformes, una enfermedad de los glóbulos rojos, que ha permitido que los pacientes no requieren las transfusiones de sangre a las que frecuentemente son sometidos.

La terapia génica en la actualidad

Propuesta inicialmente hacia la mitad del siglo pasado, no fue sino hasta el año 2003 que el primer producto aprobado de terapia génica, Gendicina, llegó al mercado. Desde entonces 16 productos se han aprobado para el tratamiento de diferentes enfermedades raras y algunos tipos de cáncer. Sin embargo, ninguno de ellos se encuentra aprobado para su comercialización en Colombia.

En los últimos cinco años hemos visto un rápido crecimiento de productos aprobados, y se espera que cerca de 40 nuevos productos lleguen al mercado. Esto representa una gran esperanza para muchos pacientes y sus familias afectados por enfermedades raras y para las que los actuales tratamientos no presentan la eficacia necesaria.

Los retos

A pesar de los avances, aún existen muchos retos que deben ser superados para extender los beneficios de estas terapias a más países y más enfermedades raras. El primero de ellos es la necesidad de desarrollar estrategias que permitan ampliar el número de enfermedades con tratamiento. De acuerdo con el Centro de Información para Enfermedades Raras y Genéticas, de los Institutos de Salud de los Estados Unidos, tan solo 5 % de las cerca de 7000 enfermedades raras descritas cuentan con algún tipo de tratamiento y de estos, solo cinco están basados en terapia génica.

El segundo es continuar entendiendo la biología de los vectores, esas herramientas empleadas para entregar el material genético a las células de los pacientes, así como optimizar sus procesos de producción, purificación y caracterización. El tercero es poder emplear los resultados de estudios previos sobre la seguridad y eficacia de estos vectores, con el objetivo de poder acelerar el desarrollo de terapias para otras enfermedades.

Otro aspecto muy importante es el acceso a las terapias génicas, y el temor de que las actuales barreras puedan aumentar la brecha entre países de altos y bajos ingresos. En la actualidad, las terapias génicas que se comercializan están disponibles en Estados Unidos, China, la Unión Europea, Canadá, Rusia, Ucrania, Filipinas, Suiza, Japón, y Turquía.

Para el caso de Latinoamérica, Brasil es el único país que cuenta con terapias génicas aprobadas. Una de las limitantes para el acceso es su costo que puede alcanzar los dos millones de dólares por paciente tras una única administración. Estos costos suelen estar asociados principalmente a los procesos de producción y el bajo número de pacientes de cada enfermedad, hecho que podría dificultar la recuperación de la inversión realizada.

Para producir estas terapias génicas es necesario contar con una infraestructura para la administración y seguimiento de la terapia, y en algunos casos para la producción de las células modificadas que serán implantadas en los pacientes, lo cual también puede ser un limitante. En este sentido, la creación de iniciativas público-privadas o de empresas biotecnológicas sin ánimo de lucro representan dos de las alternativas para reducir los costos y facilitar el desarrollo y acceso. Adicionalmente, la búsqueda de nuevos mecanismos de pago o cambios en las rutas de desarrollo y aprobación de estos medicamentos puede reducir costos a mediano y largo plazo. Estas, y otras estrategias, requieren de una estrecha cooperación entre organizaciones de pacientes, investigadores, médicos, gobiernos y la industria farmacéutica.

Lo que queda por hacer…

Es importante que cada país defina una agenda para el desarrollo de terapias avanzadas, como es el caso de la terapia génica, que lleven a la construcción de las capacidades humanas, así como de investigación y de producción. Esto no solo permitirá adaptar las terapias desarrolladas en otros países, sino el desarrollo de terapias para enfermedades que afectan a la población de cada país.

Por ejemplo, de acuerdo con el portal Clinicaltrials.gov, a la fecha no hay ensayos clínicos de terapia génica en Colombia, y tan solo 15 se han llevado a cabo en países de Suramérica. En este aspecto, es importante destacar que, para Colombia, la Misión de Sabios del año 2019 realizó diferentes propuestas que de ser implementadas deberían fortalecer la innovación y soberanía en salud. Esto, sumado a la Ley de Enfermedades Huérfanas (Ley 1392 de 2010), muestran la existencia de unas bases conceptuales y legales para favorecer el desarrollo de tecnologías como la terapia génica en nuestro país, en especial para las enfermedades raras. Por lo tanto, es necesario que todos los actores involucrados unamos nuestros esfuerzos para garantizar que los pacientes y sus familias puedan verse beneficiados con los crecientes desarrollos en este campo de la biotecnología en salud.

Las asociaciones de pacientes juegan un papel muy importante para promover el desarrollo de nuevas terapias, pues son ellas las que pueden no solo recoger las necesidades de los pacientes y sus familias y las experiencias en el manejo de determinada enfermedad, sino conectar diferentes actores interesados, movilizar recursos económicos y gestionar cambios en las políticas públicas.

Asociaciones como la National MPS Society o la National Tay-Sachs & Allied Diseases Association, son solo un ejemplo de cómo los pacientes y sus familias pueden cambiar la historia de una enfermedad a través de la concientización, la investigación y el trabajo colaborativo. Estas asociaciones han logrado impulsar el desarrollo de terapias génicas para diferentes enfermedades patrocinando investigaciones básicas y aplicadas y logrando una efectiva comunicación con empresas biofarmacéuticas y con el sector gubernamental.

Para Colombia, iniciativas como la Federación Colombiana de Enfermedades Raras (FECOER), el Cluster de Enfermedades Raras o la asociación de pacientes con errores innatos del metabolismo (ACPEIM), son algunos de los ejemplos de las asociaciones que trabajan por mejorar la calidad de vida de los pacientes y aumentar la divulgación de estas enfermedades en el país. Sin embargo, es necesario continuar empoderando estas asociaciones y promover el trabajo colaborativo con otros actores como investigadores y la industria farmacéutica.

* Carlos Javier Alméciga Díaz, QF, PhD. es profesor asociado de la Pontificia Universidad Javeriana y director del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo.

Biodiversidad y salud humana

Biodiversidad y salud humana

Foto-de-columnista123¿Qué tienen en común la degradación de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y la salud humana? Nuestros escenarios de desarrollo, en donde prima la productividad inmediata para satisfacer nuestras demandas y niveles de consumo ha propiciado la aparición de amenazas como la sobreexplotación de especies (tráfico y consumo ilegal de fauna silvestre) que, asociada a la contaminación, potencian la fragmentación y perdida de hábitat. Estas amenazas favorecen que los efectos del cambio climático aceleren procesos de extinción de especies lo cual tiene consecuencias sobre la perdida de funciones esenciales de los ecosistemas, entre otras, aquellas que tienen que ver con el control de enfermedades que provienen de la naturaleza, y en particular de la fauna silvestre (zoonosis).

Hace ya varios años se viene evidenciado que la aparición de enfermedades, o zoonosis, denominadas emergentes, o la reaparición de otras que se creían eliminadas y denominadas reemergentes, guarda una relación con las amenazas que estamos generando sobre la fauna silvestre, como componente fundamental de la biodiversidad.

Cuando alteramos ecosistemas y eliminamos especies de flora y fauna estamos, por así decirlo, quitando los “seguros ecológicos” que tienen estos sistemas biológicos para el control de la dispersión de microorganismos, entre otros, como los virus (Ej. Hanta, ébola, SARS, fiebre amarilla), que, al carecer de mecanismos de control natural, pueden encontrar en otros organismos, incluido el nuestro, huéspedes perfectos para multiplicarse y persistir en el tiempo. Estos mecanismos de control dependen de las relaciones ecológicas que han establecido los virus con sus ambientes y sus vectores u hospederos, entre ellos, muchas especies animales (Ej. Garrapatas, mosquitos, monos, murciélagos, pangolines), a lo largo de su historia evolutiva.

Todos los seres vivos somos portadores de una carga de virus, y ellos viven en los ambientes de todas las especies que habitamos este. Cuando estos ambientes se desestabilizan por amenazas a la biodiversidad, los virus o se extinguen, o adquieren una capacidad mayor de multiplicarse y conquistar a otros organismos, es decir otros ambientes, y es en ese momento cuando pueden volverse patógenos, o generadores de enfermedad; recordemos que se pueden mover, con sus vectores u hospederos naturales, a estos nuevos ambientes. Esta capacidad de ser patógenos se potencia en la medida que presionamos a un número cada vez mayor de virus, que estaban controlados naturalmente, y los obligamos a que exploren posibilidades de colonización de nuevos ambientes.

Estas presiones ponen en funcionamiento mecanismos de selección que promueven la sobrevivencia de variedades más resistentes a los cambios ambientales, con incrementos importantes en la diversidad de agentes patógenos y con ello posiblemente más virulencia, lo que los convierte en los futuros invasores, competidores, depredadores y patógenos, no solo de nuestras especies nativas, sino también de nuestras especies domésticas y de nosotros mismos.

Así, la pérdida de biodiversidad contribuye a la pérdida de procesos claves como el control de enfermedades, un servicio fundamental desde la naturaleza, para nuestra propia supervivencia. Esta pérdida está reduciendo nuestra calidad de vida ya que cada vez será mayor la cantidad de retos que tendremos que enfrentar en ambientes cada vez más inciertos y cambiantes, y con más enfermedades. Si seguimos confiando nuestra suerte a modelos de desarrollo inmediatistas, los cuales nos ofrecen falsas promesas de bienestar, mediadas por el deterioro que generan sobre la biodiversidad y su capacidad de ejercer sus funciones de controlador natural, entre otros, el costo social, económico, y a final de cuentas ambiental, será muy alto. Podría decirse que un mundo menos biodiverso será, seguramente, un mundo más propenso a enfermarse.

Esto nos lleva a pensar que nuestra gestión para la conservación de la biodiversidad, en medio de escenarios de desarrollo, es muy pobre y que apenas se limita a tratar de cubrir el daño con soluciones “blandas” y mal panificadas que realmente no contribuyen a recuperar procesos y especies que generan relaciones importantes para el mantenimiento de procesos biológicos y evolutivos. El control de estas enfermedades, o zoonosis, es uno de estos.

Es necesario entonces incluir la gestión hacia la conservación adecuada de la biodiversidad, asociada a nuestros modelos de desarrollo. Este tipo de acciones seguramente permitirá que aumenten nuestras probabilidades de sobrevivencia y bienestar futuros, además de las del resto de las especies que conviven con nosotros en este planeta. Es urgente y necesario acudir al llamado que nos hace la naturaleza y rectificar nuestras relaciones negativas con la biodiversidad. No podemos seguir pensando que está ahí para que la arrasemos sin esperar consecuencia alguna, ya que esta actitud ingenua y despectiva nos pone en un camino muy difícil de sortear. La actual pandemia de la COVID-19 es un claro ejemplo de lo que sucede cuando no generamos relaciones positivas con la biodiversidad.

* Germán Jiménez es profesor asociado e investigador en manejo y conservación de fauna silvestre en la Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS), adscrito al Departamento de Biología de la PUJ, desde 2001. Biólogo Universidad de Los Andes, con maestría en Conservación de la Biodiversidad CATIE (Costa Rica) y doctorado en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Javeriana

Más ciencia para el Chocó: Espacios Maker en zonas rurales

Más ciencia para el Chocó: Espacios Maker en zonas rurales

Bryann AvendañoLa noticia sobre la inauguración del Centro de Desarrollo de Software en Quibdó-Chocó, alianza Servicio Nacional de Aprendizaje -SENA y la multinacional EVERIS, el pasado mes de mayo, deja un mensaje de esperanza para el país: una inversión directa y disruptiva para generar talento STEM (en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Con educación, se puede.

No obstante, noticias como esta provocan una pregunta para la prospectiva: ¿estas estrategias disruptivas son la mejor solución para llevar educación científica de alto nivel a las zonas rurales y olvidadas del país?

No pretendo responderla en los siguientes párrafos, pero sí quiero esbozar una estrategia que pide a gritos la juventud y que puede transformar la forma como educamos a la generación de jóvenes rurales en talento STEM para los próximos años.

Las comunidades de aprendizaje para la creación o Espacios Maker, también conocidos como makerspaces en inglés, son espacios para la creación y el desarrollo de las ideas. El Banco Interamericano de Desarrollo ha demostrado que estos espacios promueven el capital social, promoviendo una red de colaboración en la que se comparten conocimientos, se incentiva el pensamiento crítico y se dota de recursos y herramientas a los participantes para que pasen de las ideas al prototipo y el emprendimiento.

En varios países desarrollados los Espacios Maker ya están en las bibliotecas públicas y cuentan talleres abiertos de mecatrónica, computadores para el desarrollo de videojuegos y software, impresoras 3D, estudios de grabación musical y hasta estudios de tejido. Estos espacios no son algo nuevo en Colombia. El SENA, por ejemplo, ha desarrollado las tecnoacademias. Estas comunidades de aprendizaje ya suman 14 centros en todo el territorio nacional, incluso, llegando a zonas rurales apartadas y veredas a través de las tecnoacademias itinerantes (Aún intermitente en el Chocó).

Basta con describir lo que pasa en una tecnoacademia del SENA para descubrir la ventaja de tener un espacio maker en una zona rural.

La Tecnoacademia en Túquerres, seccional Nariño, por ejemplo, fue una apuesta por llevar una política vanguardista donde el acceso a una infraestructura para la educación terciaria de calidad, muchas veces estaba limitada. Bastó con algo de voluntad política para convencer a un gobierno local de jalar este espacio de aprendizaje a una zona papera del sur colombiano.

Allá, en ese rincón de Colombia donde empieza el país, la tecnoacademia de Túquerres es orgullo nacional y nariñense por su infraestructura de alta generación, con ocho ambientes de aprendizaje y laboratorios completamente dotados en sus áreas: tecnología, física, biología y química. Además, un auditorio de construido como domo geodésico multifuncional es evidencia de un pueblo que florece por su tecnología, en las montañas a más de 3.000 metros de altura.

Lo importante de esta tecnoacademia no es solamente su infraestructura, sino que el proyecto de aprendizaje ha llevado a niños de las veredas a ferias científicas en Francia y Brasil, tras su éxito al explorar la nanotecnología y biotecnología aplicadas a la agroindustria. Una muestra de que los niños de zonas rurales atendiendo centros de Maker Space como las tecnoacademias, al estar en contacto con estas estrategias educativas de disrupción, pueden ver en la investigación un proyecto de vida. Pero esto no ha sido un trabajo fácil, necesitaron orientación, guía técnica y todo un equipo humano detrás de los espacios de creación-aprendizaje.

Y sí, así como se inauguró el centro de software, ya es hora de tener una tecnoacademia física en el Chocó como una forma de reclamar políticas de acceso a la educación científica de calidad, llevando un Maker Space a estas zonas apartadas, donde la deuda no solamente es en infraestructura, sino en potenciar lo que será el equivalente al Silicon Valley de la biodiversidad: un Chocó que explora de manera sostenible sus recursos naturales para el desarrollo regional y la formación de talento STEM.

Que sea apuesta por exponer a los niños y jóvenes a la educación científica, no solamente con infraestructura de calidad, sino con el acompañamiento adecuado de profesionales de la educación que le apuesten a un cambio sistémico: comunidades de aprendizaje para el desarrollo del talento STEM, una apuesta de país que no puede quedar solamente en un titular de periódico, debe replicarse y sostenerse.

Pero por favor, arranquemos primero con una apuesta al desarrollo del talento STEM para la región que inspire la futura generación de científicos del país.

Bryann Avendaño-Uribe es científico en ScienteLab, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM. Becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

Química computacional: es posible conseguir resultados desde casa

Química computacional: es posible conseguir resultados desde casa

quimica_computacionalLa química computacional (QC) se define de manera sencilla en el libro de oro de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC, por sus siglas en inglés) como una disciplina que utiliza métodos matemáticos para el cálculo de propiedades moleculares o para la simulación del comportamiento molecular. En principio parece algo muy abstracto, tanto así que incluso en mis años de doctorado aún escuchaba comentarios como que los que trabajamos con química computacional estamos en ¡búsqueda del electrón perdido!

Sin embargo, hoy en día, la situación viene cambiando vertiginosamente y esta rama de la química está sumando cada vez más simpatizantes. En gran parte esto se debe al empleo de una amplia gama de técnicas teóricas en estado dinámico de mejora, su implementación en programas de cómputo eficientes, así como al gran avance en la velocidad de cálculo y capacidad de memoria del hardware de alto rendimiento.

Además, en tiempos de pandemia, lo que nos ha obligado a recluirnos en casa, los investigadores y estudiantes hemos visto como se ha limitado significativamente el acceso a los laboratorios, a los reactivos y a los materiales, lo cual no nos ha permitido avanzar normalmente en proyectos de investigación, trabajos de grado y tesis de maestría y doctorales. Pero la investigación a nivel computacional ofrece una opción segura y eficiente para continuar activamente investigando.

Entre las ventajas de la QC que siempre se han contemplado está abaratar costos al evitar realizar muchos experimentos, predecir cuáles pueden ser las moléculas y/o condiciones más favorables para ciertas reacciones, o estudiar sistemas muy inestables que pueden descomponerse en milisegundos. Hoy, más que nunca, ¡Cómo no contar como ventaja el hecho de que esta herramienta computacional hace realidad el que la bata, los reactivos y los materiales de laboratorio no sean siempre obligatorios y que en tiempos de pandemia sea factible obtener resultados de investigación sin trasladarse a los laboratorios, disminuyendo el riesgo de infección!

Adicionalmente, desde mi punto de vista, en estos tiempos posmodernos cada vez se van haciendo más difusos los límites de cuáles son los sistemas y aproximaciones específicos según las diferentes ciencias y estamos empezando a apropiarnos del término más holístico de simulación computacional en lugar de, por ejemplo, química, física y/o biología computacional. Ahora se puede oír hablar a un químico computacional de cálculos bioinformáticos, a un bioinformático sobre cálculos de estructura electrónica, a un físico de interacciones no-covalentes en sistemas supramoleculares, a ingenieros químicos de cálculos de catalizadores empleando ondas planas, a químicos usando Chemkin (un software especializado) y haciendo simulaciones de llamas laminares o de motores de movimiento de pistón opuesto.

Y es que la investigación es dinámica, y los científicos se han dado cuenta de que las propuestas de corte interdisciplinar logran mejores apreciaciones de los entes financiadores y así mismo los investigadores se van moldeando, van haciendo contactos y sus estudiantes van involucrándose con diferentes herramientas, con diferentes programas y por qué no, con trabajo experimental y computacional al tiempo.

Estoy segura de que de este tiempo de pandemia resultarán muchos y valiosos aprendizajes, entre ellos un mayor posicionamiento en Colombia de la simulación computacional como herramienta interpretativa y predictiva tanto cualitativa como cuantitativa de gran valía.

* Sol Milena Mejía Chica es profesora asociada adscrita al Departamento de Química de la PUJ. En el 2014 abrió la línea de investigación en Química Computacional del Grupo de Investigación Fitoquímica Universidad Javeriana (GIFUJ). Sus estudios de pregrado (Química) y postgrado (Doctorado en Ciencias Químicas) son de la Universidad de Antioquia. Posteriormente realizó dos postdoctorados en la University of Adelaide y en la Universidad Autónoma de México.

En defensa de las polillas: Colombia es el segundo país en diversidad de lepidofauna

En defensa de las polillas: Colombia es el segundo país en diversidad de lepidofauna

Hace algunos años decidimos dedicarnos al estudio de los lepidópteros nocturnos o polillas. Desde entonces, cada vez que se nos pregunta qué estudiamos, es rutinario que nuestra respuesta termine en un discurso en defensa de las polillas. Y es que de estas se dicen muchas cosas, la mayoría negativas, pero todas sin razón o base científica alguna.

¿Quién no lo ha escuchado algo como que las polillas son de colores opacos, desprenden un polvo cegador, se comen nuestra ropa y pueden influenciar nuestra suerte o ser mal presagio?, afortunadamente, a medida que avanzábamos en la carrera de Biología, nuestro interés fue creciendo, y sin darnos cuenta, entre salidas de campo, visitas a colecciones biológicas, y junto al acompañamiento de investigadores colombianos como Ángela Amarillo y Giovanny Fagua, quedamos totalmente enamoradas de estos increíbles insectos.

Pese a que las polillas se encuentran entre los organismos más diversos y exitosos del planeta, mucha gente no las distingue correctamente; tampoco las reconocen como fundamentales para el mantenimiento de los ecosistemas que habitan.

 

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Las polillas no solo exhiben una diversidad inmensa de formas, tamaños y colores; sino que además realizan una serie de funciones ecológicas claves en la regulación de los servicios ecosistémicos. Por ejemplo, son grandes polinizadores nocturnos y el componente principal en la dieta de numerosas poblaciones de aves, murciélagos y parasitoides. Adicionalmente, muchas especies tienen importancia cultural, como aquellas que nos brindan la seda; importancia médica por las larvas urticantes; importancia agrícola por las especies consideradas plagas, e incluso, importancia forense debido a aquellas que consumen pelo o plumas.

En Colombia se estima que hay 19.000 polillas y poco más de 4.000 mariposas; cifras que ubican al país como el segundo con mayor diversidad de lepidofauna. A pesar de esto, el estudio taxonómico de nuestras polillas es incipiente. La mayoría de las polillas colombianas no han sido descritas, y las que sí se conocen no cuentan con información básica sobre su historia natural; esto dificulta la realización de estudios, estimaciones de diversidad y endemicidad, así como el desarrollo de planes de conservación. Ante la acelerada pérdida de hábitats que sufren los ecosistemas colombianos, espectamos la extinción de especies que aún desconocemos.

Teniendo en cuenta esto, aspiramos a promover a través de una estrategia didáctica el reconocimiento de Colombia como país megadiverso en polillas. En un trabajo colaborativo entre lepidopterólogos colombianos y extranjeros, como Yenny Correa, Julián Álzate y Ryan St Laurent, realizamos una miniserie de posters divulgativos de polillas endémicas y nativas. Estos muestran las familias más populares que encontramos en el territorio, que comprenden más de 150 especies endémicas.

Con esta iniciativa buscamos que cada vez más colombianos puedan identificar las polillas por su morfología, nombres científicos y sepan en qué regiones se encuentran para que se interesen por su conservación.

Esperamos incentivar y apasionar a las generaciones actuales y venideras en el estudio de estos organismos valiosos pero muy poco conocidos, para que a futuro Colombia sea un país posicionado científicamente en el campo de la entomología y de la conservación de su territorio.

Liliana Prada Lara es bióloga de la Pontificia Universidad Javeriana, ha sido integrante de los semilleros de Investigación ENTOMOCENO de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales y de SEIRPA de la Facultad de Ciencias. Actualmente trabaja con la familia de polillas Notodontidae y se encuentra culminando un Diplomado en Entomología Forense*.

Andrea C. Jiménez Bolívar es estudiante de Biología de la Universidad del Atlántico, integrante del grupo de investigación Biodiversidad del Caribe Colombiano. Trabaja con polillas de la familia Saturniidae, y es creadora de la iniciativa de divulgación científica @mothsofcolombia, que busca sensibilizar y bioalfabetizar a la comunidad sobre el gran valor y diversidad de las polillas colombianas*.

¿Has pensado en tener una huerta en casa? Esto debes saber para comenzar

¿Has pensado en tener una huerta en casa? Esto debes saber para comenzar

¿Te gustan las plantas? O… ¿quizás no te gustan tanto, pero has pensado en darte la oportunidad de cultivar algunas en casa y vivir la experiencia? Acá te cuento los beneficios de tener una huerta en tu hogar y los aspectos que debes analizar antes de seleccionar las plantas y el espacio en el que quieres tenerla.

Sembrar plantas en casa (y más si estas son útiles para nuestra alimentación), es una gran posibilidad para diversificar nuestra alimentación, ya que podemos elegir qué cultivar y arriesgarnos a incluir algunas plantas que no consumimos frecuentemente. Además, tendremos el control total de su producción y mantenimiento, por lo cual elegiremos si usar o no pesticidas y, en caso de hacerlo, optar por uno orgánico.

Si pensamos en los beneficios para el medio ambiente, cultivar en casa permite disminuir tu huella de carbono, ya que los productos que cultivas no tendrán que viajar para llegar a un supermercado y tampoco te desplazarás para conseguirlos. Por otro lado, algunos establecimientos de grandes superficies suelen empacar verduras y frutas en plástico, lo cual estarías evitando. Asimismo, si decides implementar el compostaje en casa, puedes aprovechar la materia orgánica que obtienes del consumo de frutas y verduras como abono para tus plantas.

Este ejercicio no solo sirve para generar un impacto positivo en el medioambiente, pues conocer el proceso de cultivar una planta, desde la siembra hasta el consumo, te permitirá ser más consciente de todo lo que debe pasar antes de que un producto llegue a un supermercado o a tu plato, esto nos hará valorar y comprender, desde un lugar más cercano, la labor de los campesinos de nuestro país.

Si construyes una huerta con tus hijos o las personas que viven contigo, tendrán la posibilidad de asumir responsabilidades, aprender sobre los ciclos de crecimiento de las plantas y la importancia de suplir sus necesidades en cada paso del proceso. Incluso, te cuento que la agricultura urbana, que incluye tanto los huertos caseros como los comunitarios, también podría traerle beneficios a tu mente, pues se ha relacionado con un fomento del bienestar psicológico, aumento de actividad física y desarrollo de redes sociales.

¿Qué necesitas para empezar con tu huerta casera?

Lo primero que debes tener en cuenta es el espacio en el que quieres tener tus plantas y las técnicas que deseas usar. El lugar que escojas debe tener disponibilidad de luz solar y, en cuanto a la técnica, puedes guiarte con los diferentes manuales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que enseñan desde el proceso para crear una huerta en casa, hasta cómo relacionarse con otros productores urbanos en caso de querer ampliar los lazos de trabajo.

Es clave seleccionar correctamente los recipientes que quieres utilizar de acuerdo con la planta que desees sembrar, ya que cada una de ellas tiene diferentes requerimientos de espacio. Por ejemplo, si vas a sembrar zanahorias, debes tener en cuenta la profundidad de siembra y que el recipiente tenga suficiente espacio para que estas se desarrollen.

Mi sugerencia es que antes de seleccionar una planta investigues, como mínimo, sobre sus requerimientos de agua, luz, temperatura y espacio, ya que, por ejemplo, hay plantas que crecerán o no de manera óptima en tu casa debido a la temperatura que hay en tu ciudad. Podrías pensar en plantas aromáticas como la yerbabuena, la manzanilla o la menta, o en hortalizas como la lechuga, la cebolla o la zanahoria.

Ten en cuenta la distancia entre una planta de otra al momento de sembrar, ya que este requerimiento es diferente para cada una de ellas y si no lo haces correctamente competirán por los nutrientes de la tierra y quizás no se desarrollen como lo esperas.

La decisión de tener una huerta en casa te permitirá disfrutar de los beneficios que te mencioné anteriormente y muchos otros que podrás ir experimentando en el proceso. Además, podrás aprender y disfrutar de una actividad que puedes realizar solo o en compañía.

¡Aprovecha las oportunidades y la disponibilidad de la información de hoy en día, encontrarás manuales, guías y videos gracias a los cuales podrás aprender cada día más!

* Para contactar a Karol Vera puede escribirle a sus redes sociales: @karoltvera en Instagram y en LinkedIn puede encontrarla como Karol Tatiana Vera Olave.

“La utilidad del conocimiento inútil”

“La utilidad del conocimiento inútil”

Julio Mario HoyosCon este título, en 1939 el educador estadounidense Abraham Flexner publicó un artículo en Harper´s Magazine sobre la importancia de la ciencia básica en la aplicada. Desde mi punto de vista, este escrito cae “como anillo al dedo” ante la situación que estamos viviendo con la pandemia que nos aqueja. ¿Esto por qué? Porque la investigación que se ha desarrollado con el fin de descubrir las características moleculares, las potencialidades infecciosas y las formas de atacar de este espinoso virus, difícilmente se hubiera podido llevar a cabo en tan poco tiempo sin una ciencia básica poderosa de respaldo.

La controversia entre esos, llamémoslos así, tipos de ciencias, no es nueva. Un proceso ilustrador es el que nos muestra el invento de la lámpara para mineros por el químico inglés Humphry Davy quien, en 1815, demostró que su sabiduría básica en química era aplicable en la construcción de algún dispositivo, transformando así aquella en lo que se conocía como “el conocimiento útil”.

Al afirmar que la investigación básica se lleva a cabo por el deseo de satisfacer la curiosidad, respondiendo así a preguntas sobre la estructura y función del mundo en que vivimos, Flexner pone el ejemplo del trabajo aplicado llevado a cabo por el ingeniero italiano Guglielmo Marconi en la transmisión de mensajes de manera inalámbrica por el telégrafo, y las investigaciones teóricas fundamentales de los físicos alemanes Heinrich Hertz y James Clerk Maxwell sobre magnetismo y electricidad a finales del siglo XIX.

Los que trabajamos en ciencia básica, sabemos las dificultades que esta tiene para ser financiada y para lograr hacerla necesaria ante entidades que consultan a otros investigadores, es decir, a colegas nuestros. A este conocimiento “inútil”, el premio Nobel de química de 1967 George Porter prefería llamarlo “investigación aún no aplicada”: ¿por qué no adoptar más bien esta denominación? Volviendo entonces a la malhadada pandemia, podríamos decir que los logros que se han tenido en el descubrimiento de la estructura y función del virus y, sobre todo, en la producción de las vacunas contra el SARS-CoV-2, de manera tan rápida, es producto del inmenso conocimiento previo que hay al respecto, desde el descubrimiento de la estructura de los ácidos nucleicos, hasta los estudios del RNAm y su potencial uso en la obtención de vacunas. Esto último ha sido fundamental para que, en menos de un año, hayan aparecido vacunas con esta tecnología, principalmente por el trabajo hecho en los años 90 del siglo XX por la bióloga húngara Katalin Karikó quien parece ser que fue la primera persona en sugerir en hacer tratamientos y vacunas con base en el RNAm. Todo lo anterior muestra que los Estados deben mantener el apoyo a la investigación básica, pero, ojalá, esta enfermedad no sea la única fuente de interés de las instituciones financiadoras pues necesitamos dinero para muchos otros trabajos teóricos y prácticos en investigación “aún no aplicada”.

Julio Mario Hoyos es profesor titular adscrito al Departamento de Biología de la PUJ, Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS), desde 1988. También es biólogo de la Universidad Nacional de Colombia con Maestría en Sistemática de la misma Universidad, tiene un DEA en Sistemática del Museo de Historia Natural de París, Francia, y un Ph.D. en Ciencias del mismo museo* Continue reading

¿Cómo Colombia penalizó el maltrato animal en 1873?

¿Cómo Colombia penalizó el maltrato animal en 1873?

El catedrático francés Pierre Serna, en su obra Como animales: Historia política de los animales durante la Revolución francesa (1750-1840), trata de sustentar el rol de los animales en uno de los acontecimientos más importantes de los últimos siglos en Occidente y que hoy tiene una influencia considerable en nuestra concepción de mundo. Los animales siempre han estado junto a nosotros, pero los hemos invisibilizado en el estudio de nuestra historia, anulando su valor en los sucesos que hoy por hoy nos constituyen.

Las mujeres y los hombres nunca actuamos solos. Estamos inmersos en un mundo en el que se incluyen muchos seres que nos condicionan en nuestro actuar, entre ellos los animales. Si faltan algunos de esos elementos muchos acontecimientos serían distintos. 

Los animales en la Francia de la Revolución ayudaron a habitar la ciudad, a proporcionar con sus propias vidas alimentos, a transportarnos, a convertirse en un problema de convivencia, sirvieron de punto de referencia para compararnos y diferenciarnos de los mismos y fundamentar así el pensamiento filosófico y político de la época que empezó a hablar de que somos animales humanos y que la razón es la gran diferencia con dichos seres tan comunes a nosotros. En fin, la obra de Serna demuestra que sin animales no hubiese sido posible la Revolución Francesa. 

En ese contexto, no es de extrañar que la primera frase de ese el libro sea “¿por qué no se ha pensado y escrito mucho antes un libro como este?”, tratando de resaltar de entrada que la historia nos la han contado -por siglos- fraccionada, incompleta y, por lo tanto, distorsionada. Estamos llamados a reescribirla, a corregirla, a darles los matices necesarios para entender cómo hemos llegado hasta aquí. 

Ahora bien, en ese deseo de revisar nuevamente nuestra historia, la investigación que he estado llevando a cabo sobre los derechos de los animales en nuestro país y que se refleja en gran parte en el libro Los animales desde el derecho: conceptos y casos en Colombia (Editorial Javeriana), ha sacado a relucir un punto de encuentro que nos convoca a seguir investigando sobre el cómo pudimos llegar en 1873 a penalizar el maltrato a cualquier animal (ver artículo 639 del Código Penal de los Estados Unidos de Colombia). Esto es algo sin precedentes en la historia de Colombia, Latinoamérica y, hasta donde mis pesquisas han llegado, en el mundo. 

El libro de Pierre Serna inicia un puente que parte de Francia en 1750 y que, no me cabe la menor duda, aterrizará en Colombia en 1873. Es decir, sin el camino de pensamiento que hace la Revolución Francesa no se comprende la filosofía del Código Penal de los Estados Unidos de Colombia, que es una lectura criolla de los pensamientos liberales y utilitarios gestados en Europa y que repercutirán en personajes como Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, entre otros. Estos, a su vez, sembraron las ideas liberales y conservadoras que hicieron posible el hermoso accidente de proteger por primera vez en el mundo la sintiencia de cualquier animal desde el derecho penal. 

Colombia en el siglo XIX y gran parte del XX concibió el derecho como un campo de batalla ideológica, muy al estilo de lo que presenta el maestro Hernando Valencia Villa con el derecho constitucional en su libro Cartas de Batalla. En esa disputa tuvieron los animales ese logro efímero, pero histórico a nivel mundial del Código Penal de los Estados Unidos de Colombia, algo que quedó sepultado por el pensamiento conservador que tuvo como punta de lanza a la Constitución de 1886 redactada por el conservador Miguel Antonio Caro que décadas atrás se había manifestado en contra de otorgar derechos a animales (ver páginas 22 y 23 de mi libro ‘Los animales desde el derecho”).  

Los animales vuelven a ser protegidos en el Código Penal -después de casi siglo y medio- con un pensamiento también utilitario a favor de su sintiencia (Ley 1774 de 2016). Ahora los retos para la protección animal están, más que en la ideología, enfocados en la técnica del derecho para crear elementos que aporten a sistemas de justicia que garanticen el goce efectivo de las protecciones a los animales. Para ello, considero importante reconocernos como un producto de un tiempo histórico que le debe siempre su presente a un pasado repleto de sucesos que narran lo que hemos sido y nos invitan a marcar un presente que tome en serio a los animales desde el derecho. 

*Carlos Andrés Muñoz López. Magister en Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana y profesor de la Universidad Simón Bolívar (@cualquierandres en redes sociales)

Las bondades de las plantas medicinales en tiempos de cuarentena

Las bondades de las plantas medicinales en tiempos de cuarentena

Las medidas de cuarentena y aislamiento social que las autoridades han decretado para disminuir la propagación del coronavirus han exacerbado diversos trastornos del sistema nervioso.columnista Siendo así, ¿pueden las bondades terapéuticas de las plantas ayudarnos a lidiar con algunos de estos padecimientos?

Según la Organización Mundial de la Salud, la pandemia ha generado un incremento en la demanda de servicios de salud mental. El encierro, la incertidumbre, el duelo han incrementado el consumo de alcohol y otras drogas, así como los problemas de insomnio y ansiedad. Como todos lo hemos experimentado, no lograr un descanso adecuado en la noche conlleva a signos de agotamiento diurno, somnolencia e irritabilidad. Y aunque es normal padecer de episodios transitorios de insomnio y ansiedad, los problemas aparecen cuando se vuelven reiterativos e interfieren en nuestras actividades normales.

A lo largo de la historia las culturas han empleado las propiedades de las plantas para reducir la ansiedad e inducir el sueño. En nuestro medio contamos con una buena variedad de plantas que tienen propiedades sedantes e hipnóticas. Según el Listado de Plantas Medicinales Aceptadas con Fines Terapéuticos, publicado por el INVIMA, contamos con al menos diez tipos de ellas cuya eficacia y seguridad para tratar estos padecimientos han sido probadas mediante una larga historia de uso tradicional, junto con evidencia basada en estudios científicos.

Para el tratamiento de la ansiedad y los trastornos del sueño de origen nervioso contamos con el cidrón, el amansatoros, el toronjil, la pasiflora, la curuba, el pronto alivio, la valeriana y la verbena. Así mismo, la lechuga nos ofrece sus propiedades terapéuticas para el tratamiento del insomnio y el lúpulo contribuye al alivio de síntomas leves de estrés mental y ayuda a conciliar el sueño.

Un aspecto muy importante para lograr un uso efectivo y seguro de estas plantas medicinales es contar con la suficiente información acerca de las condiciones adecuadas para su consumo. La acción terapéutica de las plantas se basa en el contenido de una o varias sustancias químicas, llamadas principios activos, que tienen la capacidad de actuar sobre nuestro organismo para contrarrestar los efectos de las enfermedades, es decir, de actuar como un medicamento botánico.

En este sentido debemos consumirlas acorde con la frecuencia y las cantidades que se han determinado con base en el conocimiento tradicional y los estudios científicos. El uso prolongado de una planta con propiedades sedantes o hipnóticas puede causar dependencia o su consumo excesivo puede generar otras alteraciones en el organismo.

En el comercio encontramos productos fitoterapéuticos que contienen una o varias de estas plantas en asociación, cuyas indicaciones y modo de empleo están definidas en las etiquetas y, aunque son productos de venta libre, su consumo se debe hacer de manera responsable.

Ante la ansiedad y las alteraciones del sueño encontramos en nuestras plantas medicinales una alternativa natural, efectiva y segura, que junto con buenos hábitos nos pueden asegurar una vida más tranquila y un adecuado descanso en tiempos de cuarentena.

* Néstor García es profesor del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana. Continue reading

El agua se cotiza en la bolsa: un paso equivocado

El agua se cotiza en la bolsa: un paso equivocado

La magia del agua surge de la interacción de sus átomos. Cuando muchas moléculas de agua están juntas, empiezan a interactuar entre sí mediante un enlace efímero y tenue. Pese a su extremada debilidad, este enlace confiere al agua esa textura escurridiza que se escapa entre nuestros dedos, pero que al mismo tiempo permite que se formen gotas y nubes. En conjunto, todas esas moléculas unidas, pueden almacenar tanto calor para refrescarnos, pero también, para controlar el clima del planeta.

¿Podríamos darles un valor a todas estas características del agua?, o más bien, ¿tiene algún sentido ponerle un precio? Aún no hemos encontrado otros planetas con seres vivientes para valorar si solo se puede crear vida en un medio acuático, pero desde nuestra experiencia, este líquido ha definido todo lo que somos.

Nuestras células funcionan porque las moléculas de la vida interactúan en un medio interno acuático. La evolución de nuestra especie dependió totalmente de la disponibilidad de agua dulce; el desarrollo de sistemas de regadío afianzó nuestro salto del nomadismo a la agricultura y, posteriormente, al asentamiento urbano. El agua, por lo tanto, antes que un recurso, es el medio mismo de la existencia de la vida en este planeta. Sería imposible poner un precio real a todo el valor agregado que esto ha implicado.

El crecimiento de nuestra especie y nuestra desafiante relación con el medio ambiente nos ha llevado a construir grandes ciudades en áreas en donde no existe suficiente agua. Con el cambio climático empezamos a ver que tal vez no podemos garantizar este tipo de desarrollo.

A finales del 2020 nos despertamos con la noticia de que el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros con base en el índice Nasdaq Veles California Water. Esta medida, aparentemente beneficiosa para mejorar la administración del recurso en zonas con escasez, contradice el hecho de que el agua es considerada un derecho fundamental por las Naciones Unidas.

La Organización Mundial de la Salud estimó en el 2017 que 785 millones de personas carecen de un servicio básico de agua, 435 millones extraen agua de pozos y manantiales desprotegidos y 144 millones toman agua sin ningún tipo de tratamiento. Por otro lado, más de 800 mil personas mueren al año por diarrea o enfermedades relacionadas con consumir agua no tratada o contaminada.

El valor que se le da hoy al agua se debe a los costos por su captación, tratamiento y distribución, pero no es posible valorar esos enlaces débiles que definen su esencia mágica y todos esos servicios que nos aporta. Una molécula que se mueve por la atmósfera y los continentes de manera tan vertiginosa y saltando entre fronteras en pocas horas, no puede ser considerada un bien susceptible al mercado.

El agua es un componente fundamental de nuestra esencia viva, mucho más allá de un derecho que nos hemos ganado todas las especies por nuestra evolución terrestre; también hemos adquirido con ella una responsabilidad, así que es un paso equivocado pensar que aquello de lo que estamos constituidos en un 70 %, puede ser comercializado. El día que lo asumamos, sería equivalente a aceptar que es correcto comercializar un brazo.

* Carlos Rivera es el director del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana.