Ya van 26 conferencias de las Naciones Unidas sobre el cambio climático… ¿Y?

Ya van 26 conferencias de las Naciones Unidas sobre el cambio climático… ¿Y?

Uno quisiera ver en acciones las metas, objetivos y compromisos que han firmado y ratificado los países frente a la crisis climática reportada por la comunidad científica con suficiente evidencia desde hace décadas.

Pero son muchos los intereses que están en juego y quienes tienen la última palabra son los representantes de los gobiernos de los 193 estados miembros de las Naciones Unidas, el organismo internacional que promueve las Conferencias de las Partes (COP) sobre cambio climático. Pero no todos han firmado, y eso pesa.

Las alertas sobre las consecuencias de continuar generando gases de efecto invernadero a la atmósfera son pan de cada día; se manifiestan de diferentes formas y de manera extrema, incluso en Colombia, donde pueden verse en forma de inundaciones y crecientes súbitas en Antioquia, huracanes en Providencia, sequías y consecuentes incendios en diferentes regiones de los Andes, que afectan a las poblaciones, generalmente a las más necesitadas.

Los gobiernos anuncian ayudas -que son bienvenidas-, pero si además pusieran en práctica rápidamente a lo que se comprometen, la historia sería diferente. ¿Para qué sirven los Memorandos de Entendimiento? (acuerdos bilaterales o multilaterales) ¿O los Conpes? El primero, un saludo a la bandera; y el segundo, un ejercicio para demostrar el estado del arte de un tema, interesante, sí, pero ninguno de los dos documentos es vinculante, o sea, quienes firman, no se comprometen… O se comprometen a ritmo de las burocracias que en lugar de agilizar, dilatan.

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Estos son algunos de los compromisos que asumió Colombia en la pasada Conferencia sobre el Cambio Climático (COP26), llevada a cabo del 31 de octubre al 12 de noviembre en Glasgow, Escocia.

  • Para 2022: sembrar 180 millones de árboles y lograr que un 30 % de los océanos y del territorio colombiano sean reserva ambiental. En una columna de opinión publicada en el diario El Tiempo, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Carlos E. Correa, aseguró que es “una excelente noticia para la conservación de la biodiversidad”. Más allá de la noticia, en sus manos está cumplirla.
  • Para 2030: reducir en un 51 % las emisiones de gases efecto invernadero y lograr carbono neutro, disminuir en un 30 % las emisiones de metano y lograr que el calentamiento no supere 1.5⁰C; además, “detener” la deforestación gracias a acuerdo firmado por 137 países.

Los países ricos demandan y los que estamos en otra condición intentamos responder. Por ejemplo, después de la COP26, la Unión Europea anunció la iniciativa de prohibir importaciones de carne, aceite de palma, cacao, soja, café y madera si su cultivo está ligado a la deforestación.

Sobre lo anterior, Colombia se comprometió, junto con Brasil, Perú y Uruguay a incentivar la práctica sostenible de la agricultura y su respectivo comercio con medidas propias para la trazabilidad, la transparencia y a apoyar la investigación y la innovación con apoyo a pequeños agricultores. Seguramente se hará con dineros que vienen de los países ricos y que se ejecutan a través de organizaciones no gubernamentales y del mismo gobierno.

Quizá, de los 5.772 grupos de investigación del país, algunos trabajen temas de cambio climático, no solo desde el enfoque ambiental, sino social y económico. Con seguridad tendrán mayor capacidad para desarrollar estas iniciativas, en tanto se trata de científicos que demuestran tener líneas de investigación a las que dedican su vida. Eso al menos da confianza de que sus esfuerzos se prolonguen en el tiempo y no terminen cuando los recursos se agotan, como pasa con otro tipo de instituciones.

¿De qué han servido entonces los 26 años de reuniones de la COP de cambio climático? Lo positivo, puede ser una mayor conciencia ciudadana. Lo demuestran las declaraciones por los pasillos de las COP, las manifestaciones por las calles de las ciudades y poblaciones, las iniciativas ciudadanas, aquellas golondrinas que anuncian el verano.

Lo que falta: más información sobre lo que representan esos compromisos en la vida del ciudadano común y corriente. Por ejemplo, reducir la emisión de metano significaría una ganadería sostenible para poder abastecer el mercado. Mientras se logra, ¿cómo será la oferta para el consumidor? Cero deforestación significa dejar de tumbar unos bosques claves para la biodiversidad, pero ¿permitir la motosierra en otros? De no ser así, ¿cómo abastecer industrias que dependen de la madera?

Esos son dos ejemplos, pero serían muchos más, y en ese ejercicio de cuestionar es importante que los medios de comunicación vayan más allá de los anuncios oficiales. El llamado a quienes tenemos la responsabilidad de informar es a formular preguntas de fondo y hacer seguimiento e investigación periodística. Una reportería responsable e informativa permitiría darle relevancia a los compromisos ambientales pactados y así contribuir a que estos acuerdos dejen de ser solo anuncios y se vuelvan realidad.

* Estudiante universitaria

La palabra de Dios con perspectiva de género

La palabra de Dios con perspectiva de género

La violencia puede tomar formas muy diversas, la más drástica de todas es el asesinato. Y cuando el motivo se relaciona con que la víctima es mujer, se le llama feminicidio. Pero ¿qué significa esto realmente? La activista Diana Russell lo explicaba de manera sencilla diciendo que es cuando los hombres matan a las mujeres motivados por el odio, el desprecio, el placer o por la suposición de propiedad sobre ellas. Esta problemática, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es particularmente preocupante en América Latina, en donde están las tasas más altas del mundo en este tipo de violencia.

Aunque la palabra feminicidio es relativamente nueva, el acto que conlleva no lo es. Viene ocurriendo desde hace cientos o incluso miles de años y, de hecho, está descrito en la Biblia. Uno de los pasajes más escabrosos del Antiguo Testamento en los que se narra un feminicidio, y quizá también uno de los menos conocidos, es Jueces 19 o “El levita y su concubina”, en el que una mujer es violada por desconocidos y luego asesinada y cortada en pedazos por su esposo.

Justamente este relato es un elemento crucial dentro de una investigación en torno a la violencia de género llevada a cabo por docentes de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes a lo largo de dos años estuvieron reuniéndose periódicamente con cuarenta mujeres pertenecientes a tres organizaciones sociales, con quienes desarrollaron una investigación en torno a la lectura contextual de este pasaje.

“Trabajamos con Huellas de Arte, un grupo de personas que vive y convive con VIH. La mayoría son mujeres de familia infectadas por sus parejas. También involucramos a Sueños sin Límites, un colectivo de mujeres que ejercen la prostitución. Y a Lideresas de la Alianza, un grupo acompañado por la Comunidad de las Hermanas Adoratrices [y cuyas integrantes]estuvieron en el mundo de la prostitución y ahora están en una etapa de resignificar sus vidas”, explica el investigador José Luis Meza Rueda.

Con los tres grupos de mujeres, el grupo de investigación Didaskalia trabajó el relato de Jueces 19 desde la lectura contextual, es decir, interpretando este pasaje tanto desde el contexto histórico en el que fue producido como desde la historia de vida de cada una de las mujeres participantes.

“Hay dos maneras de hacer teología: una desde el escritorio, donde, como dice el teólogo latinoamericano Pedro Trigo, ‘yo leo 50 libros y, luego, produzco el libro 51’, pero no salgo de mi estudio. La otra forma, partiendo de la realidad. En esta puedo hacer desde la fe una lectura contextual, histórica, encarnada y pública de lo que les sucede a los hombres y mujeres de hoy. Se trata de una teología que se interesa por los problemas de las personas, de las comunidades y qué es lo que están viviendo. Y mirando estos tres grupos de mujeres, ahí había un aporte por hacer a nivel teológico, trabajando con ellas”, manifiesta el investigador.

“Ya me di cuenta”

El estudio se realizó utilizando la metodología de investigación acción participativa (IAP), que busca transformar la realidad social de las comunidades involucradas. Para el profesor Meza, este cambio se produjo a través de un proceso de ‘concienciación’, que las mujeres nombraron como autoagenciamiento o empoderamiento. “Cuando ellas decían: ‘¡Ah, ya me di cuenta!’, ‘¡no sabía que yo tenía derecho a…!’. Eso es empoderamiento. ‘Yo puedo vivir sin estar sometida a nadie’, ‘esto vale la pena, la vida no acaba ahí’. Frases como estas revelan ese cambio”, explica.

“Para mí fue una experiencia interesante porque una de las cosas que decíamos era que el empoderamiento femenino no es una herramienta que te traen otras personas, sino que se construye”, comenta Laura Algarra Gil, integrante de Huellas de Arte. Por su parte, Mayerline Vera, directora de esta misma organización, destacó: “Yo tenía una predisposición a pensar que había un adoctrinamiento desde la lectura bíblica, pero fue un proceso bonito. No nos sentimos como un ‘objeto de investigación’ sino como sujetos participativos de la investigación. En las discusiones tanto el conocimiento técnico como el conocimiento de la vida cotidiana tenían valor. Era un intercambio de saberes”.

La lectura de Jueces 19 involucró actividades, lecturas y reflexiones en torno a este relato crudo y violento. Meza explica que una de las preguntas que se les hizo a las participantes fue si conocían historias similares a las de la concubina. Esto llevó a que compartieran relatos sobre otras mujeres y sobre ellas mismas en los cuales habían sido víctimas de violencia por parte de sus parejas. En algunos casos las historias se mezclaban con drogadicción, desaparición y feminicidio.

“Me marcó que dentro de las reflexiones que hacíamos surgieron experiencias personales de las compañeras. En los procesos organizativos de lucha, por decirlo de alguna manera, nos conocemos y hay confianza, pero con ese ejercicio de lectura salieron experiencias que no habíamos compartido antes, que habíamos dejado de lado”, comenta Laura, y agrega: “Hay muchas cosas detrás del trabajo de las causas sociales y es detenerse a mirarnos: ayudarnos entre nosotras mismas, identificar si la otra necesita o no algo, hacer una pausa, mirarse al detalle y mirar a la otra como mujer, como compañera, como amiga”.

“Puedo vivir por mi propia cuenta”

Otro ingrediente clave del proceso de investigación fueron los proyectos productivos que las mujeres propusieron y desarrollaron en la última fase, llamada ‘propuesta de transformación’, con los que plantearon realizar cambios concretos en sus realidades. “En esta fase las mujeres llegan a conclusiones como ‘yo puedo vivir por mi propia cuenta’ o ‘no tengo que depender de alguien’. Una de ellas, por ejemplo, sabía hacer muffins, pero lo consideraba un hobby. En el proceso se dio cuenta de que eran muy buenos. Ahora está viviendo de ese proyecto productivo”, recuerda Meza.

Entre las cosas que destaca el investigador está que en los procesos realizados a través de la IAP la transformación ocurre en doble vía, es decir, los investigadores viven su propia transformación. “Al final se forjó un vínculo con los tres grupos. Yo estuve al frente del trabajo con Huellas de Arte y con ese grupo se formó una relación muy bonita, incluso seguimos apoyando algunos de sus eventos”, comentó. Sobre este vínculo, Mayerline agrega: “Hubo un intercambio de valores como la amistad, la bondad, de una u otra manera la ternura y el respeto. Me permitió entender que el conocerse con otros e intercambiar vale la pena y que la investigación no es una cosa cuadriculada”.

Finalmente, al indagar con el profesor Meza acerca de los grandes retos que tienen hoy en día la teología y la academia, señaló que, si esta quiere ser pertinente, deberá trabajar seriamente con los empobrecidos y marginados de nuestro tiempo: desplazados, campesinos, minorías étnicas y sexuales, reinsertados, migrantes y jóvenes, entre otros.

Para leer más:

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:

Aproximación teológica a la justicia y la equidad de género desde la investigación acción participativa. Lectura contextual de Jueces 19.

INVESTIGADORES:

Gabriel Alfonso Suárez Medina, José Luis Meza Rueda, Víctor Martínez Morales, Juan Alberto Casas Ramírez, Edgar Antonio López López, Adriana Alejandra Hoyos Camacho Ana Isabel Mendivelso Gil.

Grupo Didaskalia
Facultad de Teología
Pontificia Universidad Javeriana

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2017-2018

 

Llamadas científicas para educar: aprender ciencias con un celular y sin internet

Llamadas científicas para educar: aprender ciencias con un celular y sin internet

bryann_avendano-300x300Son las 3 a. m. en el municipio rural de Carcasí, Santander. Juan José se levanta a ordeñar la vaca con su padre para que a las 5 a. m. estén bañados, con carga en mano y listos para ir al pueblo. Les esperan dos horas de trocha a caballo. Así llueva, truene o relampaguee, dos cosas tienen que pasar: la leche debe llegar al lugar de venta y Juan José debe estar en el puesto de estudio en su escuela.

Con la pandemia, la leche sigue llegando al lugar de venta, pero Juan José ya no va a clases. Tampoco puede asistir al grupo de investigación al que pertenece junto a otros estudiantes de grado séptimo.

Por otra parte, desde 2015, un equipo de científicos lidera una iniciativa puramente ciudadana que llega a municipios como Carcasí con la idea de motivar a la futura generación de científicos del país en zonas rurales del país, a través de los Clubes de Ciencia Colombia.

Hoy, en alianza con ScienteLab y la organización EduCall, gracias al apoyo de Lyda Hill Philanthropies, el programa de embajadores de ciencias para mujeres IF/THEN, la iniciativa JCI Wayma y el premio SurSur Innova, se está desarrollando una idea sin precedentes en el país: llamadas científicas para educar.

Esta es una apuesta para llevar contenido científico a niños, niñas y jóvenes de zonas rurales en Colombia a través de un celular de baja gama, económico básico, el tipo “panela”.

La tecnología es sencilla. El estudiante hace una llamada aprovechando las redes de telefonía celular y accede a diferentes lecciones o clases por audio guiadas por experimentados científicos con posgrado que realizan esta labor voluntariamente para instruir e inspirar con su conocimiento y llevar experiencias científicas a casa y normalmente aterrizadas al contexto local al que se lleva el kit científico o “kit clubero”.

Cada kit consta de un celular básico, útiles escolares, materiales experimentales, una guía pedagógica trabajada de la mano de los profesores locales, científicos del equipo pedagógico de ScienteLab y Clubes de Ciencia Colombia.

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El Kit le llega al estudiante y este puede hacer la llamada, sin necesidad de usar internet. Luego se conecta a un sistema de inteligencia artificial y otro de gestión de aprendizaje, así es posible que el equipo educativo haga seguimiento a las actividades que el estudiante realiza, además de acceder a motores de búsqueda con voz, como Wikipedia e incluso, al asistente de Google o el traductor. Es como tener un Spotify educativo en cualquier momento del día y sin internet.

Durante septiembre de 2021 esta tecnología llegó a más de 160 niños en Carcarsí y la comunidad Ishipa, en La Guajira, en un pilotaje educativo con clubes científicos. Estos clubes han sido previamente validados por Clubes de Ciencia Colombia y ScienteLab en temas relevantes para el contexto desde 2020, cuando el inicio de la pandemia obligó al programa llevar la experiencia educativa científica a los hogares de los niños, niñas y jóvenes de la ruralidad colombiana.

Durante estas semanas de clubes de ciencia los niños reportaron sentirse conectados con el quehacer científico y la investigación. Los investigadores acompañantes sueñan con llegar a toda Colombia y, seguramente, gracias al apoyo de alianzas públicas, privadas y de cooperación internacional, se logrará.

Algunos temas de estos clubes piloto fueron “Del huerto a mi barriga” (seguridad alimentaria), “Nuestro superpoder: La información (ciencia de datos para el bienestar social), y Saalewa’in mma: que en wayunaiki significa amigos de la tierra (desalinización y potabilización de agua). Todos evidencian un llamado a la apropiación social de la ciencia que, alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (proyectados por la ONU), responde a las realidades de país.

Ahora Juan José puede ordeñar su vaca, ir escuchando un podcast sobre el tema científico que más le atrae y luego, por ejemplo, aprender sobre cómo hacer biotecnología en el campo siguiendo las guías pedagógicas de los Clubes de ciencia.

Este es solo un caso que ilustra el potencial de Llamadas científicas para educar: llegar a más niños, niñas y jóvenes que, como Juan viven en zonas rurales de Colombia con difícil acceso de tecnología.

Con esto queremos que, por un lado, la ciencia literalmente llame a toda Colombia, y por el otro, crear una analogía para que los niños sientan ese llamado o vocación a convertirse en agentes de cambio a través del poder que tiene la educación STEM (ciencia, tecnología e innovación).

Esperamos que esta apuesta de cerrar brechas educativas sea temporal mientras la equidad educativa rompe las barreras actuales que tiene Colombia, para que un día todos niños, niñas y jóvenes, tengan la oportunidad de tener una educación científica de calidad sin importar donde se encuentren y así, seguramente, inspirar al futuro premio nobel en una zona rural remota del país.

Llamadas científicas para educar, #LaCienciaTeLlama.

Editorial: de la curiosidad a la solución de problemas concretos

Editorial: de la curiosidad a la solución de problemas concretos

La investigación no tiene como requisito exclusivo atender problemáticas inmediatas de la sociedad. La generación de nuevo conocimiento orientada por la curiosidad es tan necesaria como la investigación aplicada. Sobre todo, porque del primer tipo de indagación pueden surgir preguntas aparentemente lejanas de la cotidianidad, pero que podrían ser visionarias y dar respuestas a coyunturas, salvar vidas, transformar procesos sociales y optimizar modelos de negocios o simplemente enriquecer la vida humana a través del conocimiento. Y si no, ¿cómo se explica que, tras desatarse la pandemia, en menos de un año contáramos con vacunas para enfrentar la covid-19? Es muy claro: gracias a la histórica pesquisa sobre la evolución genética de virus que tienen como huéspedes diferentes especies de murciélagos y otros tipos de investigaciones, orientadas por la curiosidad, hoy se pueden desarrollar vacunas así de rápido.

Esas experiencias que buscan resolver un problema concreto a partir del conocimiento se conocen como ‘innovación’ y cuentan con caminos y métodos para transferirse desde la academia a la sociedad, al Estado o al sector empresarial. No son procesos sencillos ni de corto plazo. Se requiere, además de investigadores comprometidos y resilientes, de un entorno que los soporte, los acompañe y les facilite el extenso recorrido para llevar sus resultados de investigación a una solución puntual.

La comunidad javeriana sí que sabe de eso. Con más de quince años de trabajo promoviendo una cultura de innovación y emprendimiento, la Pontificia Universidad Javeriana se ha consolidado institucionalmente para que esas oportunidades lleguen al mercado y a las comunidades. No es gratuito que sea la primera universidad de Bogotá́ cuya Dirección de Innovación recibiera por parte del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación el reconocimiento como una Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI).

Esta certificación destaca la excelencia del fomento y la gestión en innovación de la universidad. Así mismo, le permite 1) acceder a beneficios tributarios por inversiones en estos campos, 2) participar en convocatorias y programas del Gobierno nacional en la búsqueda de recursos y 3) contribuir en el diseño de instrumentos y políticas publicas. Con este reconocimiento se destacan su trayectoria y los resultados tangibles que dan cuenta de sus aprendizajes.

Entre sus logros resaltamos las dos Spin-off creadas por profesores javerianos; el primer acuerdo interinstitucional de licencia de una patente suscrito con la Universidad de St. Louis de Estados Unidos, los licenciamientos con el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI) de métodos diagnósticos y los dos centros de excelencia que lideran profesores de la Facultad de Ingeniería en Internet de las Cosas (IoT) y en big data con CAOBA, entre otros.

También, la transferencia a la Gobernación de Cundinamarca el dispositivo portátil basado en espectroscopía de absorción UV/VIS para identificar licor addulterado, con base en una tecnología que es el resultado de más de veinte años de trabajo de profesores de la Facultad de Ciencias. Una solución que tuvo sus orígenes en estudios de física básica, es decir, de preguntas orientadas por la curiosidad.

Sin embargo, no solo se busca impactar a la sociedad desde los desarrollos tecnológicos. La innovación social es otro camino trazado y muy arraigado en el espíritu javeriano. Este año, iniciamos la implementación de dos proyectos financiados por el Sistema General de Regalías que buscan mejorar las condiciones de vida de las comunidades.

El primero pretende optimizar la oferta de atención virtual y multimedial en salud mental de los niños, niñas y jóvenes de Bogotá, con profesores de la Facultad de Medicina en alianza con el HUSI. El segundo plantea desarrollar un software que permita la promoción de una cultura del cuidado en zonas vulnerables de Barranquilla, con la participación de investigadores de la Facultad de Filosofía en colaboración con la Secretaría de Educación del Atlántico y Purdue University.

Así, nos sintonizamos con las palabras del Dr. José Luis Larrea, presidente del Consejo Asesor de Deusto Social Lab, de la Universidad de Deusto (España), quien, durante la entrega del Premio Bienal Javeriano a la Innovación, en el XVI Congreso La investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, destacó que “la innovación [en la Javeriana]nos sorprende con perfiles muy variados”. Por ello, su valor reside en reconocer que son diferentes sus metodologías y apuestas.

En esa versión de nuestro congreso de investigación se otorgó por primera vez el Premio Bienal Javeriano a la Innovación, para destacar la trayectoria en este campo de su comunidad académica: este reconocimiento fue entregado a Susana Fiorentino (Sede Bogotá), por el desarrollo de su tecnología DreemBio, fitomedicamentos contra el cáncer y enfermedades con componente inflamatorio, y a Luis Fernando Aguado Quintero (Seccional Cali), por su programa de investigación sobre Medición del Bienestar en la Niñez.

Nuestra estrategia para aportar a la construcción de país es continuar con la innovación, teniendo a la generación de nuevo conocimiento javeriano como instrumento. Así, nos sumamos a la apuesta de impulsar un ecosistema regional y nacional de innovación y emprendimiento, no solo desde los desarrollos tecnológicos, sino como un mecanismo para transformar las cotidianidades de las comunidades. Así, desde la ciencia, respondemos con un enfoque aplicado u orientado por la curiosidad científica.

Participe en este concurso y conviértase en un divulgador científico

Participe en este concurso y conviértase en un divulgador científico

Que la ciencia deje de estar solo en las revistas indexadas y los repositorios de las universidades y centros de investigación para que ocupe las redes sociales y otros espacios más generales en los que la gente de a pie pueda acceder al conocimiento. Ese es uno los retos de divulgación que ocupa a científicos, academia y medios de comunicación desde hace ya bastantes años.

Con ese desafío en el mapa y en el marco de la celebración de sus 50 años, la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, lanza el concurso “Conviértete en un divulgador científico”, que busca reconocer y visibilizar sus trabajos y logros investigativos mediante la publicación de un artículo de divulgación científica en Pesquisa Javeriana, el aliado de este concurso.

¿Quiénes pueden participar?

Esta propuesta está dirigida a estudiantes de pregrado y posgrado y egresados de la facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana (no importa el año del grado o el semestre que esté cursando).

¿Cuáles son las categorías?

Serán tres: estudiantes de pregrado, estudiantes de posgrado y egresados.

¿Qué debe hacer para participar?

Deberá hacer oficial su candidatura completando el formulario que encuentra en este enlace . Deberá adjuntar un escrito que dé cuenta de su trabajo o investigación que tenga mínimo 800 palabras y máximo 1.500.

¿Cuáles son los términos y condiciones?

  • El escrito debe enmarcarse en una historia de interés que cautive al público general, relacionada con las ciencias básicas o aplicadas y centrada en la investigación a la que se ha dedicado el estudiante o el egresado.
  • El lenguaje deberá ser comprensible al público general, de forma que sea entendido y llame la atención.
  • Incluir al menos tres imágenes o formatos multimedia. Pueden ser inéditos, cuya propiedad pertenezca al concursante, o que sean de uso libre y referenciar el autor. Las imágenes deben ser de alta resolución (mínimo 300 dpi).
  • El escrito debe acompañarse de una foto del concursante de alta calidad en su ambiente de investigación científica o trabajo de campo.
  • Al ser un texto divulgativo, el escrito no debe presentar citas con la estructura de los artículos académicos. No obstante, en caso de que en el texto se mencione algún artículo o documento científico en el que se basa la divulgación, se deben incluir de manera narrativa en el texto y al final del escrito agregar las respectivas referencias bibliográficas y el enlace a las fuentes.
  • Las propuestas que no cumplan con los parámetros establecidos o que sean presentadas fuera de la fecha límite, no serán evaluadas por el Comité de los 50 años, creado para este fin.
  • Se podrá declarar desierto el Concurso o alguna de sus categorías.

NOTA: Puede consultar las secciones de Ambiente, Salud e Innovación de la Revista Pesquisa Javeriana para ver ejemplos https://www.javeriana.edu.co/pesquisa.

¿Hasta cuándo hay plazo?

La apertura del concurso se dará desde el 29 de septiembre de 2021hasta el 29 de octubre podrá enviar su postulación.

Del 29 de octubre al 29 de noviembre, el jurado calificador (integrado por miembros del Comité de los 50 años, profesores de la Facultad de Ciencias, expertos en divulgación científica y dos miembros del Consejo de Redacción de Pesquisa Javeriana), seleccionarán los ganadores por cada categoría.

Una vez escogidos se procederá a un proceso editorial de los artículos (29 de noviembre al 10 de diciembre) con el fin de trabajar en los detalles finales para su publicación en la página web de Pesquisa.

Los artículos ganadores se publicarán entre el 10 y el 17 de diciembre de 2021.

¿Qué tendrán en cuenta los jurados?

Los jurados destacarán el uso de recursos narrativos como géneros periodísticos o formatos multimedia para presentar el trabajo. Además, el sustento científico de la historia y el uso de un lenguaje acorde al público al que va dirigida la publicación. ¿Qué espera para participar?

La piel clara en los humanos actuales: migraciones e interacción con otras especies humanas

La piel clara en los humanos actuales: migraciones e interacción con otras especies humanas

Durante mucho tiempo se creyó que el color de la piel clara de los europeos y asiáticos septentrionales había aparecido por un típico proceso de mutación y selección natural actuando gradualmente cuando grupos humanos de origen africano (Homo sapiens) habían llegado a lo que hoy conocemos como Europa y norte de Asia.

Sin embargo, a partir de la secuenciación completa del genoma de los neandertales, nuestra visión del asunto ha cambiado dramáticamente. Las interacciones con otras especies de humanos fueron importantes para nuestra especie.

¿Cómo estas interacciones y las migraciones de nuestros antepasados han sido importantes para determinar la coloración de la piel blanca en los humanos actuales?

El cuerpo humano necesita ciertos niveles de vitamina D para la correcta absorción del calcio y fósforo y la adecuada formación de los huesos, para lo cual un poco de radiación ultravioleta debe incidir en la piel formando previtamina D3. Esta sustancia posteriormente sufrirá diferentes cambios químicos en el hígado y en el riñón y se formará la vitamina D, la cual permitirá que, en el intestino, se absorban las proporciones adecuadas de calcio y fósforo para construir óptimamente los huesos.

En África (el continente original de nuestra especie), la cantidad de radiación solar ultravioleta debe neutralizarse con una pigmentación con alto contenido de melanina para evitar los efectos negativos para la salud de dicha radiación. Por ello, los humanos que viven en zonas tropicales tienen coloraciones obscuras. La mayor parte de la radiación ultravioleta queda absorbida por la melanina y una pequeña fracción es utilizada para la síntesis de la vitamina D.

Pero, ¿qué ocurre cuando un grupo humano fuertemente pigmentado intenta colonizar un área del globo terráqueo donde la incidencia de radiación ultravioleta es mucho menor, por ejemplo, el centro y el norte de Europa?

La poca cantidad de radiación ultravioleta que arriba a esas latitudes resulta bloqueada por la melanina y no se podría generar vitamina D. Por ende, habría poca o mala absorción del calcio y fósforo y las personas sufrirían raquitismo. Las mujeres raquíticas tendrían pelvis mal desarrolladas y ellas y sus crías morirían en el proceso de parto más fácilmente. Por lo tanto, la selección natural acabaría eliminando a los humanos de pieles obscuras en lugares con poca radiación ultravioleta, favoreciendo a los mutantes con pieles claras.

La aparición de mutaciones que aclararan la piel permitiría que una pequeña dosis de radiación ultravioleta no quedara neutralizada por la melanina y pudiera producir cantidades adecuadas de vitamina D y una correcta formación de los huesos. Como consecuencia de ello, los humanos con pieles más claras sobrevivirían mejor en ambientes septentrionales con menor incidencia de la luz solar.

Hasta el año 2010 pensábamos que estas mutaciones se habrían dado en los H. sapiens provenientes de África en los últimos 100.000-80.000 años y que hubieran llegado a zonas del centro-norte de Europa y de Asia (40.000 años). Sin embargo, con la secuenciación total del genoma del Hombre de Neanderthal en 2014, nuestra visión se ha transformado notablemente.

Los neandertales fueron una especie humana que habitó, básicamente, Europa y próximo-medio Oriente. Los estudios moleculares muestran que se cruzaron con los H. sapiens que viajaron desde África a Europa y Asia, pero no con los H. sapiens que se quedaron en África.  En las poblaciones neandertales había una buena proporción de individuos con pieles, pelos e iris de los ojos claros. En el momento que los H. sapiens que salieron de África se cruzaron con ellos, por hibridación, adquirieron los genes que se habían seleccionado en los neandertales para mantener los niveles adecuados de vitamina D en ambientes con poca incidencia de la radiación ultravioleta.

El 70 % de los alelos del gen MC1R que aclararon la piel en los neandertales pasaron a los H. sapiens no africanos y eso los protegió, aunque tuvieran un origen africano reciente. Por lo tanto, el proceso de cambio de color de la piel en las poblaciones europeas y asiáticas fue muy rápido, sin tener que esperar que aparecieran nuevas mutaciones que permitieran la aparición de pieles claras bien adaptadas a la baja incidencia de luz solar.

Estudios recientes han mostrado que los humanos actuales no africanos (europeos, asiáticos y sus descendientes), portan entre un 1 % y 5 % de genes neandertales. En otras palabras, el 20 % del genoma neandertal todavía vive en los humanos actuales no africanos.

En el libro de Francisco Silvestre titulado “Descripción del Reino de Santafe de Bogotá en 1778” se muestra un censo morfológico de la población de la región de Cundinamarca y Boyacá (Colombia), donde se comenta que el 40.2 % de los pobladores de la zona era de origen europeo, el 43.5 % eran mestizos entre europeos e indígenas, el 14 % eran indígenas, y el 2.3 % eran de origen africano.

Estudios a finales del siglo XX, con grupos sanguíneos, reportaron que la población de Bogotá tendría un 65 % de genes europeos, un 28 % de componente indígena, y un 7 % de componente africano. Otro estudio más reciente determinó que, aunque el porcentaje de esos genes podía variar en cierta magnitud entre diferentes poblaciones Latinoamericanas, el patrón de formación de las mismas estuvo constituida básicamente por la mezcla de hombres europeos y mujeres indígenas (mayoritariamente) o africanas (en áreas más localizadas).

Todo lo comentado me lleva a pensar que en Colombia, en particular, y en Latinoamérica, en general, los genes neandertales todavía viven en una buena fracción de la población humana actual, ya que el porcentaje de genes nucleares europeos es importante en esta zona del mundo. Pero también, una proporción de genes neandertales pervivieron en los asiáticos, y los amerindios que colonizaron el continente provienen de ellos. Por lo tanto, en la población colombiana y latinoamericana encontramos dos fuentes diferentes que han aportado genes neandertales en estas poblaciones.

Pero todavía hay más. Hace unos 10 años se descubrió molecularmente la existencia de otra especie humana (paleontológicamente no se había detectado) que había hibridado tanto con neandertales como con los ancestros de los H. sapiens actuales que viven en Asia.  Fueron bautizados como los Denisovianos.

En parte de los asiáticos actuales se detecta un 6-7 % de genes denisovianos.  Y como los asiáticos están en el origen de los amerindios, un cierto porcentaje de genes denisovianos también está presente en Colombia y parte de Latinoamérica.  Y para rematarlo, el aporte de los esclavos africanos, sin genes neandertales ni genes denisovianos, pero con la más elevada diversidad genética encontrada entre todas las poblaciones actuales de H. sapiens (debido a que el origen de nuestra especie se dio en África) hace que en los habitantes de Colombia, en particular, y de las Américas, en general, encontremos representada toda la historia genética de la humanidad sapiens y de otras especies de humanos que pasaron morfológicamente al registro fósil pero cuyos genes, al menos en una proporción, todavía perviven en parte de nosotros.

Modificar nuestra información genética para tratar enfermedades raras es viable

Modificar nuestra información genética para tratar enfermedades raras es viable

Carlos Javier Alméciga Díaz

Durante el último año hemos escuchado diferentes mitos alrededor de las vacunas para la covid-19, siendo el de la posibilidad de que estas modificaran nuestra información genética uno de los más recurrentes. Aunque ninguna de las vacunas aprobadas para el manejo de la COVID-19 en la actualidad alteran nuestra información genética, este mito puso sobre la mesa nuevamente la pregunta sobre la posibilidad y efectos de la modificación del material genético en humanos.

¿Qué es la terapia génica?

La modificación de nuestra información genética con fines terapéuticos, también conocida como terapia génica, es una alternativa que se viene explorando desde finales del siglo pasado. Esta terapia busca la modificación, transitoria o permanente, del material genético de un individuo con el objetivo de tratar o curar una enfermedad.

Modificar nuestro genoma puede permitir, por ejemplo, la cura de enfermedades genéticas o de otras enfermedades adquiridas como el cáncer o algunas enfermedades infecciosas como el VIH.

Desde la primera prueba en humanos, a principios de la década de los 90, la terapia génica se ha evaluado en cerca de 150 enfermedades mostrando resultados prometedores en la gran mayoría de ellas. Sin embargo, como cualquier otra intervención terapéutica, la terapia génica no está exenta de riesgos, y estos están principalmente asociados con la posibilidad de modificar otras regiones dentro del ADN o de que el sistema inmunológico reconozca como extraño el material genético administrado.

En este aspecto, durante las últimas tres décadas se han realizado importantes avances para mejorar su seguridad y eficacia, lo que ha permitido la aprobación de productos basados en esta tecnología. Es importante aclarar que la modificación de nuestra información genética con fines cosméticos o de mejoramiento de la especie, no son considerados como terapia génica y se encuentran regulados por diferentes organizaciones a nivel internacional.

Para el caso de las enfermedades raras o poco frecuentes, la posibilidad de modificar o corregir el material genético puede representar la única opción de tratamiento para un paciente. Este es el caso de Alissa, una paciente con una enfermedad rara que afecta principalmente su sistema nervioso central y para quien la modificación de su material genético representa la única oportunidad de cambiar el curso de su enfermedad.

Hallazgos similares se han observado para un tipo de ceguera hereditaria, en la que los pacientes han recuperado su visión tras la administración de la terapia, o en la enfermedad de células falciformes, una enfermedad de los glóbulos rojos, que ha permitido que los pacientes no requieren las transfusiones de sangre a las que frecuentemente son sometidos.

La terapia génica en la actualidad

Propuesta inicialmente hacia la mitad del siglo pasado, no fue sino hasta el año 2003 que el primer producto aprobado de terapia génica, Gendicina, llegó al mercado. Desde entonces 16 productos se han aprobado para el tratamiento de diferentes enfermedades raras y algunos tipos de cáncer. Sin embargo, ninguno de ellos se encuentra aprobado para su comercialización en Colombia.

En los últimos cinco años hemos visto un rápido crecimiento de productos aprobados, y se espera que cerca de 40 nuevos productos lleguen al mercado. Esto representa una gran esperanza para muchos pacientes y sus familias afectados por enfermedades raras y para las que los actuales tratamientos no presentan la eficacia necesaria.

Los retos

A pesar de los avances, aún existen muchos retos que deben ser superados para extender los beneficios de estas terapias a más países y más enfermedades raras. El primero de ellos es la necesidad de desarrollar estrategias que permitan ampliar el número de enfermedades con tratamiento. De acuerdo con el Centro de Información para Enfermedades Raras y Genéticas, de los Institutos de Salud de los Estados Unidos, tan solo 5 % de las cerca de 7000 enfermedades raras descritas cuentan con algún tipo de tratamiento y de estos, solo cinco están basados en terapia génica.

El segundo es continuar entendiendo la biología de los vectores, esas herramientas empleadas para entregar el material genético a las células de los pacientes, así como optimizar sus procesos de producción, purificación y caracterización. El tercero es poder emplear los resultados de estudios previos sobre la seguridad y eficacia de estos vectores, con el objetivo de poder acelerar el desarrollo de terapias para otras enfermedades.

Otro aspecto muy importante es el acceso a las terapias génicas, y el temor de que las actuales barreras puedan aumentar la brecha entre países de altos y bajos ingresos. En la actualidad, las terapias génicas que se comercializan están disponibles en Estados Unidos, China, la Unión Europea, Canadá, Rusia, Ucrania, Filipinas, Suiza, Japón, y Turquía.

Para el caso de Latinoamérica, Brasil es el único país que cuenta con terapias génicas aprobadas. Una de las limitantes para el acceso es su costo que puede alcanzar los dos millones de dólares por paciente tras una única administración. Estos costos suelen estar asociados principalmente a los procesos de producción y el bajo número de pacientes de cada enfermedad, hecho que podría dificultar la recuperación de la inversión realizada.

Para producir estas terapias génicas es necesario contar con una infraestructura para la administración y seguimiento de la terapia, y en algunos casos para la producción de las células modificadas que serán implantadas en los pacientes, lo cual también puede ser un limitante. En este sentido, la creación de iniciativas público-privadas o de empresas biotecnológicas sin ánimo de lucro representan dos de las alternativas para reducir los costos y facilitar el desarrollo y acceso. Adicionalmente, la búsqueda de nuevos mecanismos de pago o cambios en las rutas de desarrollo y aprobación de estos medicamentos puede reducir costos a mediano y largo plazo. Estas, y otras estrategias, requieren de una estrecha cooperación entre organizaciones de pacientes, investigadores, médicos, gobiernos y la industria farmacéutica.

Lo que queda por hacer…

Es importante que cada país defina una agenda para el desarrollo de terapias avanzadas, como es el caso de la terapia génica, que lleven a la construcción de las capacidades humanas, así como de investigación y de producción. Esto no solo permitirá adaptar las terapias desarrolladas en otros países, sino el desarrollo de terapias para enfermedades que afectan a la población de cada país.

Por ejemplo, de acuerdo con el portal Clinicaltrials.gov, a la fecha no hay ensayos clínicos de terapia génica en Colombia, y tan solo 15 se han llevado a cabo en países de Suramérica. En este aspecto, es importante destacar que, para Colombia, la Misión de Sabios del año 2019 realizó diferentes propuestas que de ser implementadas deberían fortalecer la innovación y soberanía en salud. Esto, sumado a la Ley de Enfermedades Huérfanas (Ley 1392 de 2010), muestran la existencia de unas bases conceptuales y legales para favorecer el desarrollo de tecnologías como la terapia génica en nuestro país, en especial para las enfermedades raras. Por lo tanto, es necesario que todos los actores involucrados unamos nuestros esfuerzos para garantizar que los pacientes y sus familias puedan verse beneficiados con los crecientes desarrollos en este campo de la biotecnología en salud.

Las asociaciones de pacientes juegan un papel muy importante para promover el desarrollo de nuevas terapias, pues son ellas las que pueden no solo recoger las necesidades de los pacientes y sus familias y las experiencias en el manejo de determinada enfermedad, sino conectar diferentes actores interesados, movilizar recursos económicos y gestionar cambios en las políticas públicas.

Asociaciones como la National MPS Society o la National Tay-Sachs & Allied Diseases Association, son solo un ejemplo de cómo los pacientes y sus familias pueden cambiar la historia de una enfermedad a través de la concientización, la investigación y el trabajo colaborativo. Estas asociaciones han logrado impulsar el desarrollo de terapias génicas para diferentes enfermedades patrocinando investigaciones básicas y aplicadas y logrando una efectiva comunicación con empresas biofarmacéuticas y con el sector gubernamental.

Para Colombia, iniciativas como la Federación Colombiana de Enfermedades Raras (FECOER), el Cluster de Enfermedades Raras o la asociación de pacientes con errores innatos del metabolismo (ACPEIM), son algunos de los ejemplos de las asociaciones que trabajan por mejorar la calidad de vida de los pacientes y aumentar la divulgación de estas enfermedades en el país. Sin embargo, es necesario continuar empoderando estas asociaciones y promover el trabajo colaborativo con otros actores como investigadores y la industria farmacéutica.

* Carlos Javier Alméciga Díaz, QF, PhD. es profesor asociado de la Pontificia Universidad Javeriana y director del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo.

Biodiversidad y salud humana

Biodiversidad y salud humana

german-jimenez¿Qué tienen en común la degradación de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y la salud humana? Nuestros escenarios de desarrollo, en donde prima la productividad inmediata para satisfacer nuestras demandas y niveles de consumo ha propiciado la aparición de amenazas como la sobreexplotación de especies (tráfico y consumo ilegal de fauna silvestre) que, asociada a la contaminación, potencian la fragmentación y perdida de hábitat. Estas amenazas favorecen que los efectos del cambio climático aceleren procesos de extinción de especies lo cual tiene consecuencias sobre la perdida de funciones esenciales de los ecosistemas, entre otras, aquellas que tienen que ver con el control de enfermedades que provienen de la naturaleza, y en particular de la fauna silvestre (zoonosis).

Hace ya varios años se viene evidenciado que la aparición de enfermedades, o zoonosis, denominadas emergentes, o la reaparición de otras que se creían eliminadas y denominadas reemergentes, guarda una relación con las amenazas que estamos generando sobre la fauna silvestre, como componente fundamental de la biodiversidad.

Cuando alteramos ecosistemas y eliminamos especies de flora y fauna estamos, por así decirlo, quitando los “seguros ecológicos” que tienen estos sistemas biológicos para el control de la dispersión de microorganismos, entre otros, como los virus (Ej. Hanta, ébola, SARS, fiebre amarilla), que, al carecer de mecanismos de control natural, pueden encontrar en otros organismos, incluido el nuestro, huéspedes perfectos para multiplicarse y persistir en el tiempo. Estos mecanismos de control dependen de las relaciones ecológicas que han establecido los virus con sus ambientes y sus vectores u hospederos, entre ellos, muchas especies animales (Ej. Garrapatas, mosquitos, monos, murciélagos, pangolines), a lo largo de su historia evolutiva.

Todos los seres vivos somos portadores de una carga de virus, y ellos viven en los ambientes de todas las especies que habitamos este. Cuando estos ambientes se desestabilizan por amenazas a la biodiversidad, los virus o se extinguen, o adquieren una capacidad mayor de multiplicarse y conquistar a otros organismos, es decir otros ambientes, y es en ese momento cuando pueden volverse patógenos, o generadores de enfermedad; recordemos que se pueden mover, con sus vectores u hospederos naturales, a estos nuevos ambientes. Esta capacidad de ser patógenos se potencia en la medida que presionamos a un número cada vez mayor de virus, que estaban controlados naturalmente, y los obligamos a que exploren posibilidades de colonización de nuevos ambientes.

Estas presiones ponen en funcionamiento mecanismos de selección que promueven la sobrevivencia de variedades más resistentes a los cambios ambientales, con incrementos importantes en la diversidad de agentes patógenos y con ello posiblemente más virulencia, lo que los convierte en los futuros invasores, competidores, depredadores y patógenos, no solo de nuestras especies nativas, sino también de nuestras especies domésticas y de nosotros mismos.

Así, la pérdida de biodiversidad contribuye a la pérdida de procesos claves como el control de enfermedades, un servicio fundamental desde la naturaleza, para nuestra propia supervivencia. Esta pérdida está reduciendo nuestra calidad de vida ya que cada vez será mayor la cantidad de retos que tendremos que enfrentar en ambientes cada vez más inciertos y cambiantes, y con más enfermedades. Si seguimos confiando nuestra suerte a modelos de desarrollo inmediatistas, los cuales nos ofrecen falsas promesas de bienestar, mediadas por el deterioro que generan sobre la biodiversidad y su capacidad de ejercer sus funciones de controlador natural, entre otros, el costo social, económico, y a final de cuentas ambiental, será muy alto. Podría decirse que un mundo menos biodiverso será, seguramente, un mundo más propenso a enfermarse.

Esto nos lleva a pensar que nuestra gestión para la conservación de la biodiversidad, en medio de escenarios de desarrollo, es muy pobre y que apenas se limita a tratar de cubrir el daño con soluciones “blandas” y mal panificadas que realmente no contribuyen a recuperar procesos y especies que generan relaciones importantes para el mantenimiento de procesos biológicos y evolutivos. El control de estas enfermedades, o zoonosis, es uno de estos.

Es necesario entonces incluir la gestión hacia la conservación adecuada de la biodiversidad, asociada a nuestros modelos de desarrollo. Este tipo de acciones seguramente permitirá que aumenten nuestras probabilidades de sobrevivencia y bienestar futuros, además de las del resto de las especies que conviven con nosotros en este planeta. Es urgente y necesario acudir al llamado que nos hace la naturaleza y rectificar nuestras relaciones negativas con la biodiversidad. No podemos seguir pensando que está ahí para que la arrasemos sin esperar consecuencia alguna, ya que esta actitud ingenua y despectiva nos pone en un camino muy difícil de sortear. La actual pandemia de la COVID-19 es un claro ejemplo de lo que sucede cuando no generamos relaciones positivas con la biodiversidad.

* Germán Jiménez es profesor asociado e investigador en manejo y conservación de fauna silvestre en la Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS), adscrito al Departamento de Biología de la PUJ, desde 2001. Biólogo Universidad de Los Andes, con maestría en Conservación de la Biodiversidad CATIE (Costa Rica) y doctorado en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Javeriana

Más ciencia para el Chocó: Espacios Maker en zonas rurales

Más ciencia para el Chocó: Espacios Maker en zonas rurales

Bryann AvendañoLa noticia sobre la inauguración del Centro de Desarrollo de Software en Quibdó-Chocó, alianza Servicio Nacional de Aprendizaje -SENA y la multinacional EVERIS, el pasado mes de mayo, deja un mensaje de esperanza para el país: una inversión directa y disruptiva para generar talento STEM (en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Con educación, se puede.

No obstante, noticias como esta provocan una pregunta para la prospectiva: ¿estas estrategias disruptivas son la mejor solución para llevar educación científica de alto nivel a las zonas rurales y olvidadas del país?

No pretendo responderla en los siguientes párrafos, pero sí quiero esbozar una estrategia que pide a gritos la juventud y que puede transformar la forma como educamos a la generación de jóvenes rurales en talento STEM para los próximos años.

Las comunidades de aprendizaje para la creación o Espacios Maker, también conocidos como makerspaces en inglés, son espacios para la creación y el desarrollo de las ideas. El Banco Interamericano de Desarrollo ha demostrado que estos espacios promueven el capital social, promoviendo una red de colaboración en la que se comparten conocimientos, se incentiva el pensamiento crítico y se dota de recursos y herramientas a los participantes para que pasen de las ideas al prototipo y el emprendimiento.

En varios países desarrollados los Espacios Maker ya están en las bibliotecas públicas y cuentan talleres abiertos de mecatrónica, computadores para el desarrollo de videojuegos y software, impresoras 3D, estudios de grabación musical y hasta estudios de tejido. Estos espacios no son algo nuevo en Colombia. El SENA, por ejemplo, ha desarrollado las tecnoacademias. Estas comunidades de aprendizaje ya suman 14 centros en todo el territorio nacional, incluso, llegando a zonas rurales apartadas y veredas a través de las tecnoacademias itinerantes (Aún intermitente en el Chocó).

Basta con describir lo que pasa en una tecnoacademia del SENA para descubrir la ventaja de tener un espacio maker en una zona rural.

La Tecnoacademia en Túquerres, seccional Nariño, por ejemplo, fue una apuesta por llevar una política vanguardista donde el acceso a una infraestructura para la educación terciaria de calidad, muchas veces estaba limitada. Bastó con algo de voluntad política para convencer a un gobierno local de jalar este espacio de aprendizaje a una zona papera del sur colombiano.

Allá, en ese rincón de Colombia donde empieza el país, la tecnoacademia de Túquerres es orgullo nacional y nariñense por su infraestructura de alta generación, con ocho ambientes de aprendizaje y laboratorios completamente dotados en sus áreas: tecnología, física, biología y química. Además, un auditorio de construido como domo geodésico multifuncional es evidencia de un pueblo que florece por su tecnología, en las montañas a más de 3.000 metros de altura.

Lo importante de esta tecnoacademia no es solamente su infraestructura, sino que el proyecto de aprendizaje ha llevado a niños de las veredas a ferias científicas en Francia y Brasil, tras su éxito al explorar la nanotecnología y biotecnología aplicadas a la agroindustria. Una muestra de que los niños de zonas rurales atendiendo centros de Maker Space como las tecnoacademias, al estar en contacto con estas estrategias educativas de disrupción, pueden ver en la investigación un proyecto de vida. Pero esto no ha sido un trabajo fácil, necesitaron orientación, guía técnica y todo un equipo humano detrás de los espacios de creación-aprendizaje.

Y sí, así como se inauguró el centro de software, ya es hora de tener una tecnoacademia física en el Chocó como una forma de reclamar políticas de acceso a la educación científica de calidad, llevando un Maker Space a estas zonas apartadas, donde la deuda no solamente es en infraestructura, sino en potenciar lo que será el equivalente al Silicon Valley de la biodiversidad: un Chocó que explora de manera sostenible sus recursos naturales para el desarrollo regional y la formación de talento STEM.

Que sea apuesta por exponer a los niños y jóvenes a la educación científica, no solamente con infraestructura de calidad, sino con el acompañamiento adecuado de profesionales de la educación que le apuesten a un cambio sistémico: comunidades de aprendizaje para el desarrollo del talento STEM, una apuesta de país que no puede quedar solamente en un titular de periódico, debe replicarse y sostenerse.

Pero por favor, arranquemos primero con una apuesta al desarrollo del talento STEM para la región que inspire la futura generación de científicos del país.

Bryann Avendaño-Uribe es científico en ScienteLab, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM. Becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

Química computacional: es posible conseguir resultados desde casa

Química computacional: es posible conseguir resultados desde casa

quimica_computacionalLa química computacional (QC) se define de manera sencilla en el libro de oro de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC, por sus siglas en inglés) como una disciplina que utiliza métodos matemáticos para el cálculo de propiedades moleculares o para la simulación del comportamiento molecular. En principio parece algo muy abstracto, tanto así que incluso en mis años de doctorado aún escuchaba comentarios como que los que trabajamos con química computacional estamos en ¡búsqueda del electrón perdido!

Sin embargo, hoy en día, la situación viene cambiando vertiginosamente y esta rama de la química está sumando cada vez más simpatizantes. En gran parte esto se debe al empleo de una amplia gama de técnicas teóricas en estado dinámico de mejora, su implementación en programas de cómputo eficientes, así como al gran avance en la velocidad de cálculo y capacidad de memoria del hardware de alto rendimiento.

Además, en tiempos de pandemia, lo que nos ha obligado a recluirnos en casa, los investigadores y estudiantes hemos visto como se ha limitado significativamente el acceso a los laboratorios, a los reactivos y a los materiales, lo cual no nos ha permitido avanzar normalmente en proyectos de investigación, trabajos de grado y tesis de maestría y doctorales. Pero la investigación a nivel computacional ofrece una opción segura y eficiente para continuar activamente investigando.

Entre las ventajas de la QC que siempre se han contemplado está abaratar costos al evitar realizar muchos experimentos, predecir cuáles pueden ser las moléculas y/o condiciones más favorables para ciertas reacciones, o estudiar sistemas muy inestables que pueden descomponerse en milisegundos. Hoy, más que nunca, ¡Cómo no contar como ventaja el hecho de que esta herramienta computacional hace realidad el que la bata, los reactivos y los materiales de laboratorio no sean siempre obligatorios y que en tiempos de pandemia sea factible obtener resultados de investigación sin trasladarse a los laboratorios, disminuyendo el riesgo de infección!

Adicionalmente, desde mi punto de vista, en estos tiempos posmodernos cada vez se van haciendo más difusos los límites de cuáles son los sistemas y aproximaciones específicos según las diferentes ciencias y estamos empezando a apropiarnos del término más holístico de simulación computacional en lugar de, por ejemplo, química, física y/o biología computacional. Ahora se puede oír hablar a un químico computacional de cálculos bioinformáticos, a un bioinformático sobre cálculos de estructura electrónica, a un físico de interacciones no-covalentes en sistemas supramoleculares, a ingenieros químicos de cálculos de catalizadores empleando ondas planas, a químicos usando Chemkin (un software especializado) y haciendo simulaciones de llamas laminares o de motores de movimiento de pistón opuesto.

Y es que la investigación es dinámica, y los científicos se han dado cuenta de que las propuestas de corte interdisciplinar logran mejores apreciaciones de los entes financiadores y así mismo los investigadores se van moldeando, van haciendo contactos y sus estudiantes van involucrándose con diferentes herramientas, con diferentes programas y por qué no, con trabajo experimental y computacional al tiempo.

Estoy segura de que de este tiempo de pandemia resultarán muchos y valiosos aprendizajes, entre ellos un mayor posicionamiento en Colombia de la simulación computacional como herramienta interpretativa y predictiva tanto cualitativa como cuantitativa de gran valía.

* Sol Milena Mejía Chica es profesora asociada adscrita al Departamento de Química de la PUJ. En el 2014 abrió la línea de investigación en Química Computacional del Grupo de Investigación Fitoquímica Universidad Javeriana (GIFUJ). Sus estudios de pregrado (Química) y postgrado (Doctorado en Ciencias Químicas) son de la Universidad de Antioquia. Posteriormente realizó dos postdoctorados en la University of Adelaide y en la Universidad Autónoma de México.