El reto de la medición de Colciencias en una comunidad científica diversa

El reto de la medición de Colciencias en una comunidad científica diversa

Una vez más, los grupos de investigación e investigadores del país se presentaron a la evaluación que hace Colciencias para medir los avances en producción intelectual de la comunidad científica colombiana. En 2016, se clasificaron 4458 grupos de investigación, de los cuales la mayoría fueron ubicados en la categoría C (42%), seguidos de la categoría B (21%). En este marco, la Pontificia Universidad Javeriana superó la tendencia nacional y mejoró su posición en la Convocatoria 737 de Colciencias, logrando que el 47% de sus grupos —en Bogotá y Cali— fueran ubicados en las categorías A1 y A, es decir, en lo más alto de la categorización.

Con base en los resultados de las últimas tres mediciones, encontramos que en 2015 y 2014 el acumulado en A1 y A fue del 30% y 31% respectivamente, lo que indica que varios grupos calificados en las categorías B o C subieron a las primeras posiciones en la última medición. También es de anotar que la Universidad no tiene en este momento grupos en la categoría D, cuando en 2014 tenía 12.

Otro dato relevante tiene que ver con las diferencias entre áreas del conocimiento. De los grupos javerianos que mejoraron su puntuación, el 42% pertenece a las ciencias sociales y humanas y el 23% a las ciencias médicas. A pesar de que las primeras no se sienten bien representadas en el modelo de medición ni en las políticas públicas de fomento de la ciencia, la tecnología y la innovación del país, estos resultados muestran la importancia que tienen las ciencias sociales y humanas en el conjunto de la investigación javeriana, al punto de constituirse en una fortaleza institucional y un referente nacional.

Somos conscientes de los fuertes debates que ha dado la comunidad científica nacional frente a las condiciones, los métodos y el enfoque del modelo de evaluación utilizado por Colciencias y sabemos que existen serias dudas sobre las ventajas que implica para los investigadores ser bien clasificados en esta medición. Por ello, ponemos sobre la mesa algunos de los retos que vienen para el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y para el ecosistema de la investigación.

Desde hace años se ha señalado el sesgo que la medición de grupos de Colciencias tiene hacia algunas formas de producción de conocimiento propias de las ciencias básicas y las ingenierías. En la Convocatoria 737, por primera vez, esta entidad incluyó en el modelo criterios para la valoración de productos de creación en artes, arquitectura y diseño dentro de la categoría de generación de conocimiento nuevo. Este es apenas un punto de partida para el reconocimiento de otras formas de producción de conocimiento y, aunque seguramente tendrá que estar sujeto a ajustes y mejoras, es importante resaltar que en este esfuerzo se trató de tener en cuenta las formas particulares de validación de los campos artísticos y creativos.

El análisis de esta experiencia deberá servir como insumo para discutir y llegar a acuerdos sobre la evaluación de diferentes formas de producción investigativa como la que se encuentra, por ejemplo, en las ciencias sociales y humanas. Sin embargo, dada la diversidad epistemológica y metodológica de los campos de conocimiento, es necesario que cada comunidad científica participe activamente aportando argumentos para el reconocimiento de su producción.

En estas líneas solo logramos mencionar uno de los puntos para alimentar la reflexión frente a los desafíos que enfrentamos como país en la consolidación de un sector de la ciencia y la innovación robusto que responda a las necesidades de crecimiento y desarrollo de Colombia. Quedan en el tintero otros temas de gran envergadura e importancia, como la ampliación de la perspectiva de la agenda científica para impulsarla en todas sus dimensiones, fortalecer los grupos de investigación más allá de las mediciones y reconsiderar las fuentes de financiación para la actividad investigativa. Son estos aspectos de grueso calibre que requieren futuras editoriales para profundizar.

Aprovecho estas líneas para invitar a profesores y estudiantes de diferentes universidades a la segunda versión del Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, entre el 12 y 16 de septiembre, un espacio para reflexionar sobre sus resultados de creación en áreas como el diseño, la música, las artes visuales y escénicas, la arquitectura, la literatura y la producción audiovisual.

Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Continue reading

Contradicciones entre querer informarse sobre ciencia, tecnología e innovación y en realidad hacerlo

Contradicciones entre querer informarse sobre ciencia, tecnología e innovación y en realidad hacerlo

En momentos de significativos debates sobre el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) que pretende definir la hoja de ruta que guiará al sector de ciencia, tecnología e innovación (CTI) en los próximos años, el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología – (OCyT) presenta sus indicadores de 2015. Estos brindan luces sobre cómo avanza la inversión en este campo, la formación científica y tecnológica en la población del país, las capacidades nacionales en CTI y otros aspectos más. Sintonizado a ese documento, el OCyT desarrolló la IV Encuesta Nacional de Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología, la cual revela que para los colombianos es muy importante estar informados sobre estos temas. Sin embargo, los hallazgos del estudio plantean que una cosa es la intención de estar informados y otra muy lejana que lo estén haciendo.

Los indicadores de 2015 señalan que aún es largo el camino para lograr la interconexión real y natural del mundo científico con la cotidianidad de los ciudadanos. Los resultados de la Encuesta revelan que el año pasado apenas el 72,48% de los encuestados consideraron muy importante la ciencia, la tecnología y la innovación. A diferencia de 2012, cuando esta percepción fue del 90,89%; es decir, esta idea decreció un 18,41%. Aún más dramático resulta este último año, pues al 16,28% le importó nada o le fueron indiferentes los temas científicos, tecnológicos o innovadores.

La publicación de este índice sobre CTI es un importante referente e insumo para el análisis y la toma de decisiones argumentadas en la materia. Su trayectoria y recolección de datos periódicos nos permite identificar tendencias y giros. Así es como frente a la manera en que los ciudadanos consumen y apropian la CTI podemos hacer lecturas que le dejan reflexiones a las entidades gubernamentales, los centros de investigación, el sector productivo y, de manera particular, a las universidades. Estas últimas enfrentamos retos al respecto porque, además de tener el mandato de la formación y la producción de nueva ciencia, hacen parte de nuestra misión la transmisión de conocimiento; hacer aportes relevantes para que el país encuentre cada vez más formas de desarrollo y crecimiento sostenibles, y contribuir a una sociedad informada, con criterio e insumos cualificados para su toma de decisiones.

El acercamiento de los temas de CTI a la ciudadanía es un factor prioritario para el desarrollo científico del país. Sin embargo, como podemos inferirlo de los índices de percepción de 2015, existe una brecha sensible en el diálogo entre lo científico y lo cotidiano. Los encuestados manifiestan un alto interés por informarse sobre temas de ciencia, tecnología e innovación, pero en el momento de cuestionarlos sobre su participación real en espacios que transmiten estos contenidos es mínima su participación. Llegar a la gente continúa siendo un reto para los espacios de comunicación de la ciencia como los museos, jardines botánicos, los eventos y las bibliotecas. El 52,87% de los encuestados el año pasado afirmó que tiene una participación muy baja en estas actividades y escenarios. Solamente el 5,77% indicó que contaba con una muy alta asistencia e involucramiento con los mismos.

En este contexto, para los encuestados, los medios de comunicación se imponen como los canales principales de transmisión de las novedades en ciencia y tecnología, a pesar de que la calidad en el tratamiento y seguimiento informativo dejen mucho que desear. Entre estos, impera cada vez con mayor fuerza internet seguido por la televisión. Este posicionamiento de internet podría tener relación con el crecimiento de la penetración que ha tenido este medio en los hogares colombianos. Según la Encuesta de Calidad de Vida del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), entre los años 2008 y 2015 internet triplicó su presencia en los hogares, de modo que el 37,98% cuenta con conexión hoy en sus casas. Es decir, con el paso de los días esta herramienta se suma naturalmente a la cotidianidad de los colombianos, y así niños, niñas y adolescentes comienzan a crecer en un ambiente que los convierte en nativos digitales, lo que plantea diferentes retos en comunicación.

Sin desconocer estos cambios en la sociedad colombiana y su deseo de informarse sobre CTI (según el OCyT, el 94,38% de la población considera de interés y utilidad para su vida cotidiana la ciencia, la tecnología y la innovación), la Pontificia Universidad Javeriana, convencida de que para impulsar la ciencia y la tecnología en el país debe continuar implementando mecanismos que reduzcan la brecha entre el mundo científico y el
cotidiano, sigue fortaleciendo sus espacios de divulgación científica y tecnológica y ampliando los canales de comunicación de doble vía. De esta manera, presenta la nueva versión impresa de PESQUISA con un lenguaje gráfico y escrito más cercano a los lectores, así como su nuevo portal web con información propia. Estas renovaciones tienen el firme propósito de democratizar el conocimiento.

 

Competitividad y ciencia: extraños socios en un programa de gobierno

Competitividad y ciencia: extraños socios en un programa de gobierno

Con la expedición de la Ley del Plan de Desarrollo 2014-2018, el gobierno Santos creó, entre otras figuras, el Sistema Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCCTI), el cual fusiona los sistemas de Competitividad e Innovación (CI) y el de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Si mis lectores están confundidos con tantas palabras de moda encadenadas y repetidas, tienen fundamento para ello. ¿Qué hacen esos extraños socios —la ciencia y la competitividad— ahora juntos?

El Sistema de Ciencia y Tecnología se organizó en 1991 con Colciencias como la entidad rectora, y en 1995 se creó el Sistema Nacional de Innovación. El sistema de Competitividad, por su parte, fue creado en 2006, y se estableció al Consejo Privado de Competitividad como su ente rector; en su andar se le añadió la innovación. La cantidad de funciones que quedaron interpeladas en dichos sistemas no estuvo sustentada en una inversión de recursos del mismo nivel. Con menos del 0,5% del PIB invertido en ACTI y el 0,2% en I&D, Colombia es uno de los países con peores niveles de inversión en Latinoamérica y en el mundo.

El Gobierno nacional, en cabeza del DNP y de Colciencias, circuló a finales del año pasado el borrador de Conpes de Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, el cual explica la manera como se pondrá en marcha el SNCCTI.

Sobre la base de un diagnóstico de todo lo que anda mal con la ciencia, la tecnología, la innovación y la competitividad, la nueva Política se propone fusionarlos, alinearlos y retroalimentarse. Según este diagnóstico, la crisis en la ciencia se percibe en el bajo número de artículos por investigador, el escaso impacto de sus publicaciones y la baja proyección internacional, el reducido número absoluto y la proporción de investigadores y de doctores por habitantes y la falta de direccionamiento estratégico en las áreas de investigación. La tecnología está rezagada por el bajo desarrollo de productos de alta tecnología y la baja inversión de las empresas en actividades de I+D. La innovación no se siente: es reducido el porcentaje de empresas que introducen mejoras tecnológicas, y resulta baja su capacidad gerencial y escasa su actividad en emprendimientos que generen valor agregado. En cuanto a la competitividad, no hay un incremento de los niveles de productividad por trabajador y el crecimiento de esta se circunscribe a unos pocos sectores de la producción.

Adicionalmente, la caracterización del sistema de educación superior donde se forman los profesionales y los investigadores es igualmente desalentadora, ya que tiene baja capacidad para transferir su conocimiento al sistema productivo, su cobertura aún es incipiente y los logros en pruebas estandarizadas dejan mucho que desear.

Por el lado de la estructura organizacional, no solamente hay una desarticulación evidente, sino que las entidades regionales que se crearon en diferentes momentos multiplican los esfuerzos y minimizan el impacto. El actor más alejado de los dos sistemas sigue siendo la empresa privada que en el plan propuesto, debe aportar la mitad de la inversión faltante en CTI.

Las universidades están presentes como protagonistas de tres de los cuatro objetivos estratégicos propuestos del SNCCTI y de la Política: formación de capital humano; investigación y desarrollo; transferencia de conocimiento y tecnología; innovación y emprendimiento. Sin embargo, en ellas se ubica el 90 % de los investigadores del país y son, por lo tanto, clave para que el plan tenga éxito. Su papel está minimizado y se desconoce su naturaleza. Los investigadores en las universidades no están contratados solamente para hacer investigación; tienen que cumplir compromisos de docencia, editoriales, de gestión y de extensión, en una proporción más alta que sus pares de otros países, debido a que se encuentran en universidades de docencia y no de investigación.

Hay una desproporción inmensa entre tres elementos que entran en tensión: a) las funciones misionales de las universidades, b) los recursos reales con los que cuentan para hacer investigación y desarrollo, y c) las demandas que la Política les hace. La tensión se hace evidente cuando dichas demandas se convierten en los instrumentos por los cuales se evalúa su desempeño, lo cual sobredimensiona un aspecto que en el día a día de estas instituciones es secundario o excepcional (los proyectos de I+D, por ejemplo), y se subvaloran las actividades que son prioritarias para las universidades (docencia de calidad, extensión, investigación básica, etc.).

El Conpes parte de una mirada idealista de las interacciones entre Estado, empresas y universidades. Se centra excesivamente en la investigación aplicada, el desarrollo tecnológico y la transferencia de tecnologías a empresas. Con ello, ejerce una violencia sobre las funciones de las universidades y desestimula las posibles contribuciones al desarrollo del país que no pasan por el desarrollo tecnológico. Si la ciencia en Colombia no ha recibido la atención del Estado que la Misión de Sabios reclamaba en 1994, y en el camino se le han pegado los temas de desarrollo tecnológico e innovación, ahora esta misión de contribuir a la competitividad hace que cambie su función de producción de conocimiento a producción de bienes y servicios.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Continue reading

Universidad e interés público

Universidad e interés público

Las discusiones filosóficas en torno a la educación son importantes y son necesarias. Pero también es verdad que en ocasiones resultan insuficientes. Son iluminadoras porque aportan luz en medio de la oscuridad conceptual de la Realpolitik, aunque no por ello lo resuelven todo. Tal es el caso de la interminable discusión acerca de si la educación es un derecho fundamental o una vil mercancía. El asunto, eso lo sabemos bien, no es tan simple. La educación no tiene por qué ser considerada como un derecho cuasi-metafísico por cuyos costos nadie se siente responsable, pero tampoco una vil mercancía dominada exclusivamente por los intereses del lucro. La educación es un bien público sobre el cual conviene que intervengan los dineros públicos y los intereses privados, que no es lo mismo que los intereses de lucro.

El debate en torno al proyecto de reforma a la Ley 30 de Educación Superior deviene así cada vez más interesante. Los análisis y los puntos de vista se tornan más diferenciados y diferenciadores. Poco a poco vamos superando las visiones omnicomprensivas de o todo o nada y los radicalismos ideológicos —e ideologizantes— que se mueven entre un infundado temor a la privatización y la renuncia, ingenuamente neoliberal, para valorar el papel decisivo del Estado en el fomento de la cobertura y la calidad de la educación superior.

No se trata de elegir entre el bien y el mal, como los ideólogos de uno y otro bando quisieran que se resolviera el asunto, sino de saber concertar en la agenda política y en el proyecto de nación entre diferentes posiciones que son razonables y éticamente posibles desde el punto de vista del bien común. Se trata, es bueno recordarlo, de crecer a la vez en cobertura y calidad, y ello ocasiona un importante incremento en los costos, incremento que alguien tiene que asumir.

Mal haría el Gobierno si lo que busca con este Proyecto de Ley es descargarse o pasar de agache respecto de la responsabilidad que le compete en la directa y suficiente financiación tanto de las universidades públicas, como de la investigación, la innovación y el desarrollo tecnológico. La educación —y de una manera especial la educación superior de calidad— es un factor fundamental a la hora de buscar reducir la brecha de la inequidad social. De allí que difícilmente puede llamarse democrática una sociedad que intencional y estructuralmente no busca —o no logra— reducir las diferencias de oportunidades educativas de calidad entre ricos y pobres. Por ello, es tan cuestionable la reducción de los aportes del Estado para la financiación de la universidad pública, reducción que tiene lugar mediante la sutil ignorancia del incremento en los costos de la educación de calidad. Que el Estado, por ejemplo, no se involucre directamente en la producción y en el mercado del pan y que deje ese asunto en manos de la iniciativa privada y del mercado, no representa ningún atentado en contra del derecho a la alimentación de los ciudadanos. Pero tratar la educación superior de la misma manera que al pan es ceguera, peligrosa ceguera con graves consecuencias sociales a mediano y largo plazo. Y eso, precisamente, es lo que reclaman los amigos de la educación mercantilizada y mercantilizadora: que la educación sea tratada como otro bien más de consumo.

Igualmente equivocada es la posición contraria que dice que todos los costos de la educación superior deben ser asumidos por el Estado, idea esta que suele ir acompañada de un imaginario social según el cual los gobiernos poseen una especie de mágico barril sin fondo del cual alegremente extraen recursos que, por ser públicos, deben ser también inagotables. Bien sabemos que en ocasiones con dicha actitud se terminan financiando mediocridades corruptas y burocracias ineficientes, que poco le aportan al país.

Pero el verdadero problema de quienes piensan de esta forma no es solo de orden económico, es también de orden lógico-filosófico: asocian de tal manera el interés público con la financiación a través de recursos públicos, que de allí vienen a concluir, por mera contraposición asociativa y poco reflexiva, que los intereses privados son siempre intereses de lucro. Grave error. La experiencia nos enseña que el interés privado sin ánimo de lucro no solo es legítimo, sino que resulta altamente conveniente, e incluso necesario, para el buen desarrollo de la educación superior de calidad mundial. Gracias a dicho interés se han desarrollado y se siguen desarrollando proyectos educativos de enorme valor académico y social.

Educación superior con calidad mundial es un propósito que, en un país como Colombia, requiere del concurso y la colaboración coordinada e inteligente del interés público y de la iniciativa privada. Ambos tienen sus responsabilidades y sus competencias, sus límites y sus riesgos. Una estrategia pública de alianza entre ambos debería ser objeto de un pacto social y político que el país está reclamando porque lo requiere con verdadera urgencia.

Vicente Durán Casas, S.J.
Vicerrector Académico
Pontificia Universidad Javeriana
Las revistas y editoriales universitarias en la política de CT&I

Las revistas y editoriales universitarias en la política de CT&I

Las universidades colombianas han publicado revistas académicas desde hace sesenta años. Algunas revistas tuvieron su ciclo natural de nacimiento, crecimiento y muerte; otras se han consolidado gracias a un esfuerzo sostenido de calidad en su contenido y en su diseño editorial. Para 2014 se contaba con cerca de 540. Desde hace tres décadas se vienen consolidando las editoriales universitarias como alternativa a las casas comerciales, buscando acercarse a la comunidad académica y a sus autores. De allí que la asociación que las reúne (ASEUC) cuente con 60. Sin embargo, revistas y editoriales universitarias colombianas juegan en un mundo en el que tienen la partida perdida, y las políticas públicas no ayudan lo suficiente para que puedan competir en un escenario de contienda despiadada.

En un contexto global, el sistema que cualifica las revistas académicas determina la visibilidad y aceptación de los autores. En 1964, el Institute for Scientific Information (ISI) desarrolló un Índice de Citación Científica (SCI) en el que el número de citas de terceros sobre los artículos publicados (denominado “factor de impacto”) se convirtió en el parámetro de calidad científica. Como era de preverse, las revistas Nature y Science se ubicaron en los primeros puestos.

Los directores de bibliotecas universitarias del mundo empezaron a suscribirse a las revistas con mejor posición en dicho índice, muchas de las cuales eran propiedad de las mismas editoriales y, en el caso de Reuters y Elsevier, además eran productoras de los índices que miden impacto. Esto creó un mercado inelástico que produjo un aumento en los precios de aquellas mejor posicionadas.

Las grandes empresas editoriales se volvieron dueñas de revistas y jueces en índices de citación. Estar por fuera de ellas significó no participar en la divulgación científica y académica. Como en todo mercado, las editoriales que publican estas revistas aprendieron a manejar los índices y los autores empezaron a publicar artículos, buscando más la citación que la contribución al país o la región. Para finales de los noventa, la evaluación de la calidad de la producción académica quedó supeditada a su capacidad de publicar en las revistas con mayores índices de citación. Esto ha llevado a una tremenda competencia entre los autores por publicar en las revistas ubicadas en los primeros lugares (cuartiles) y a un marcado sesgo de los sistemas de evaluación de los académicos por su capacidad de publicar en ellos. Este mercado también presenta otro sesgo evidente: las revistas en inglés representan el 80% del conjunto de títulos indexados y las de un solo país, EE. UU., el 40% de ellas.

Mientras tanto, las revistas latinoamericanas producidas en universidades están desfinanciadas, los editores son profesores convertidos empíricamente en tales, el tiempo para la tarea editorial se disputa con las ya complicadas tareas de investigador, docente y gestor, y la visibilidad de la publicación se ve mermada por la lengua en la cual se escribe. La competencia está, de partida, perdida.

En 1996, Colciencias estableció un sistema de in-dexación de las revistas académicas colombianas,
la Base Bibliográfica Nacional, Publindex, y en 1998 reconoció 45 revistas. Las políticas cambiaron y desde 2005, a nombre de la internacionalización, las revistas en las categorías superiores ya no eran las mejores a nivel nacional, sino aquellas que habían ingresado a sistemas de indexación (Sires) extranjeros como Web of Science, Medline, Econlit y PsyINFO. De un tajo, las mejores posiciones nacionales quedaron relegadas a los servicios de indexación extranjeros.

Ante la falta de visibilidad de las revistas de la región, editores latinoamericanos crearon la iniciativa SciELO en Brasil, en 1997, y Redalyc en México, en 2003, con una clara opción por el acceso abierto. Entretanto, había surgido Scopus en 2004. El movimiento a favor de la Ciencia Abierta empezó a tomar fuerza para un acceso libre a los artículos.

Las editoriales universitarias fueron objeto, también, de su propia indexación en la primera década del 2000, hasta llegar a ser reconocidas en distintas categorías, de manera que un académico que publicara en ellas tenía garantizada la categoría de su libro o capítulo de libro por la certificación de la casa que los imprimía. Pero, en 2014, Colciencias dejó de certificar editoriales universitarias, de manera que dejó que cada capítulo o libro completo en la convocatoria de medición tuviera que demostrar el proceso editorial arbitrado y documentado que había sufrido.

En este ámbito abigarrado de grandes casas editoriales, de la geopolítica del conocimiento y de la hegemonía de países y del idioma inglés, la situación de nuestras revistas y editoriales universitarias es de enorme desventaja. Necesitan, como lo hizo la agenda pública entre los años cuarenta y sesenta con la industria nacional, de una política similar a la de “sustitución de importaciones” para la protección de la producción científica y académica del país, mientras se crea la capacidad instalada que nos ponga en condiciones de competir en ese escenario desigual.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Descargar artículo
Descargar Pesquisa No. 34
Ciencia abierta para la sociedad del conocimiento

Ciencia abierta para la sociedad del conocimiento

En un proceso investigativo, la publicación de los resultados es esencial. No se produce conocimiento para dejarlo guardado en un anaquel. Difundir los resultados, sin embargo, no ocurre solamente porque hay disponibles recursos para publicar o porque se cuente con una revista o una editorial, sino porque el documento es examinado por terceros que, al no tener relación con la investigación, encuentran relevante que esta vea la luz del día.

La evaluación de pares es uno de los procesos más emblemáticos del mundo de la ciencia y la academia, y todas las revistas indexadas se adhieren a él. Pero una vez se publica en estas revistas, consideradas hoy como el paradigma de excelencia en investigación, es difícil acceder a gran parte de esta producción ya que no son de suscripción gratuita. Es justo allí donde el acceso al conocimiento nuevo deja de ser público y universal.

La relevancia de una propuesta de investigación se mide, en gran parte, por la actualidad de la bibliografía y por la manera creativa como plantea el proceso investigativo. No tener acceso a estos resultados afecta la calidad de la investigación y de la ciencia. El sistema de evaluación de los investigadores está basado en publicar este tipo de artículos, en ser citados y en su impacto.

La ciencia abierta (CA) se define como el acceso libre a la literatura científica y académica, así como su difusión y conservación. La Comisión Europea adoptó en 2012 una política de CA que la aplica a todos los proyectos financiados con recursos de Horizonte 2020 para cumplir con estos objetivos: construir sobre resultados existentes y mejorar su calidad; propiciar la colaboración y evitar la duplicación de esfuerzos; acelerar el proceso de innovación y la transferencia de resultados al mercado; mejorar la transparencia del proceso científico, e implicar a los ciudadanos y a la sociedad.

Las multinacionales de bases de datos, como Elsevier y Thomson Reuters, son a la vez un sistema de indexación y un esquema comercial de acceso a un conjunto de revistas científicas. El presupuesto anual para disponer de ellas es de 200.000 dólares anuales, un costo de la ciencia cerrada. Estas compañías, conscientes del movimiento mundial a favor de la CA, están abriendo parte de su contenido para consulta libre en línea.

Para contrarrestar el carácter privado de las publicaciones científicas, las editoriales proponen una ‘opción dorada’ y una ‘opción verde’. Elsevier, en la primera opción, plantea que los autores paguen entre 500 y 5.000 dólares para que sus artículos sean consultados en línea. En la segunda opción, el acceso en línea se realiza por medio del autoarchivo en repositorios personales o institucionales. Se calcula que menos de una cuarta parte de los artículos científicos y académicos en el mundo están disponibles por acceso abierto en Web of Science (Thomson Reuters).

Una revista de primer orden como Nature decidió, desde octubre de 2014, que sus autores deben ofrecer el artículo por libre acceso. Otras, como las distintas revistas asociadas con PLOS, hacen una apuesta por el conocimiento accesible para todos. Con el lema de que todo buen trabajo merece la pena publicarse, este grupo de revistas difunde literatura como ninguna publicación en ciencias naturales y exactas había hecho antes. En Estados Unidos, los resultados de proyectos financiados por los National Institutes of Health deben ser publicados en línea un año después de su edición inicial en el repositorio de PubMed Central. De igual manera, la National Science Foundation ha aprobado una política efectiva, a partir de enero de 2016, en la que todas las publicaciones emanadas de proyectos financiados por ella deben ser de libre acceso un año después de su edición.

La métrica de un sistema de CA tiene que ser distinta a la empleada en el sistema actual, basado en revistas y editoriales donde al conocimiento se accede por pago. Esto afecta también los rankings mundiales de universidades, varios de cuyos indicadores se sustentan en citaciones obtenidas en estas publicaciones. En el modelo de medición de grupos y de investigadores de Colciencias, se concibe como el estándar de oro para los investigadores colombianos publicar y acceder a revistas en los cuartiles superiores, gran parte de las cuales no son de libre acceso.

Adoptar una política de CA es necesario para Colombia. La inversión pública en ciencia y tecnología se vería favorecida con una mayor difusión de resultados, su reutilización, citación y sinergia con otros existentes, logrando su multiplicación sin incrementar los costos. Los repositorios digitales en las universidades serían el lugar de acogida de resultados de investigación accesibles para todos. Como en la Unión Europea, este nuevo sistema de valoración del proceso de publicación implica una revisión del proceso de evaluación por pares y una métrica distinta de las capacidades de indagación de universidades, investigadores y centros de investigación.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Descargar artículo
¿Para qué medir a los investigadores y a sus grupos?

¿Para qué medir a los investigadores y a sus grupos?

El último ejercicio de medición de investigadores y grupos de investigación que realizó Colciencias en 2015 nos permitió ajustar procesos para brindarles un mejor seguimiento y acompañamiento a los grupos de investigación y a los investigadores javerianos. También suscitó una reflexión sobre la forma de medir las capacidades investigativas en el país, así como el impacto de la medición sobre el sistema actual de Ciencia, Tecnología e Innovación.

A la Pontificia Universidad Javeriana esta experiencia le permitió tener una idea de la producción científica y académica real de su comunidad, fortalecer el Repositorio Institucional donde se ubica dicha producción y confirmar la posición de los investigadores y sus grupos frente al entorno nacional. También sirvió para poner en marcha una plataforma de verificación de los productos que reúne en un solo espacio los sistemas de información internos y externos para el seguimiento de su producción investigativa. Por último, hizo que los líderes de los grupos se empoderaran frente a la producción de conocimiento de sus miembros y, en algunos casos, redinamizaran sus lazos de trabajo.

Así como evidenciamos aprendizajes, la convocatoria también nos dejó algunas inquietudes. Primero, puso a las universidades y a los centros de investigación a realizar una labor notarial orientada a avalar la existencia de productos y la adecuada ubicación de estos en las distintas categorías de la plataforma, lo cual riñe con su naturaleza de productores de conocimiento. Segundo, al apostar por una forma particular de difundir los resultados de investigación por medio de artículos publicados en revistas científicas especializadas, el modelo desestima otros medios de divulgación que pueden tener mayor impacto en las regiones y las comunidades del país. Tercero, implicó un alto costo de tiempo y recursos, tanto de los investigadores como de las universidades, para la preparación del material ingresado a la plataforma ScienTI, lo que pudo afectar la productividad de la investigación, las actividades propias de los grupos y la gestión y el acompañamiento de la investigación por parte de las oficinas que fomentamos este ejercicio. Además, consideramos que persiste un alto grado de error del aplicativo en términos, por ejemplo, de información que no queda registrada cuando se piensa que ha sido grabada, saturación de la plataforma en los últimos días de la convocatoria y mala ubicación de productos que son de naturaleza muy diversa, como formación de estudiantes, artículos, libros, consultorías, variedades vegetales, patentes, etc., no por mala fe de los investigadores sino por lo complicadas que resultan las definiciones de un modelo que suma varias decenas de páginas. Queda entonces la incertidumbre del impacto de los resultados de esta medición, ya que sin duda incidirán en la orientación de la financiación de Colciencias a proyectos de investigación y actividades relacionadas, como el programa de Jóvenes Investigadores, y también en la acreditación de los programas de posgrado.

Estos ejercicios de medición podrían contribuir a desestimular el trabajo colaborativo interinstitucional, ya que alimentan la competencia entre los grupos de las universidades que buscan una mejor ubicación en los rankings, de modo que alejan el espíritu de aunar esfuerzos por responder a problemas específicos de Colombia.

Se afirma que el modelo es neutro, pero lo cierto es que la probabilidad de que los grupos de ciencias básicas y naturales queden en las categorías superiores es mucho más alta que para los grupos de ciencias sociales y humanas. Esto se da en parte porque entre las prácticas de las ciencias básicas y naturales se encuentra la publicación de artículos en revistas indexadas en lengua inglesa. En cambio, los científicos sociales prefieren impactar en lo local y entre comunidades no necesariamente científicas y, además, en sus espacios de producción priman los libros o capítulos de libros o artículos que el modelo considera como divulgativos o como apropiación social del conocimiento, los cuales reciben bajo puntaje. Por esta razón, proponemos que la valoración de la capacidad investigativa del país se realice por parte de grupos humanos y que no esté a cargo de una plataforma informática. Estos grupos realizarían su labor por medio de una evaluación organizada por comités de miembros de las diferentes áreas, lo cual favorecería una valoración equitativa y consecuente con los avances del conocimiento en cada uno de ellos, al reconocer la pluralidad y la diversidad metodológica. Ese es el modelo que ha elegido el Reino Unido, con base en el criterio de comités en 36 áreas del conocimiento.

Los anteriores elementos incentivan a repensar nuestro sistema de valoración de las capacidades investigativas en Colombia. Por esto, invitamos a la comunidad académica y científica del país a contribuir a su redefinición.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Descargar artículo
Sobre la indagación javeriana en un contexto de transición

Sobre la indagación javeriana en un contexto de transición

El encuentro de diferentes saberes; el intercambio de experiencias; el reconocimiento del otro, de sus necesidades, cosmovisiones, lenguajes y tiempos, y, en últimas, la seguridad de hacer parte de un país de regiones ampliamente diverso, son conceptos que la Universidad Javeriana viene incorporando desde hace años en sus preguntas de investigación, así como el propósito de brindar soluciones a problemáticas de nuestra sociedad. Desde sus comienzos, los profesores de la institución se han preocupado por producir nuevo conocimiento que permita alimentar el debate científico, sin dejar de lado la esencia misional de involucrar a la comunidad académica en temas socialmente relevantes y de hondo impacto.

Cumpliendo con esas directrices y contemplando el contexto actual colombiano, nuestra comunidad científica no podría ser ajena al momento de transición en que nos encontramos, un periodo en el que se unen esfuerzos desde diferentes esferas (política, social o de disidencia) para hallar alternativas que lleven a poner punto final al conflicto armado. Por ello, la universidad apuesta por favorecer el diálogo social, el fortalecimiento de capacidades humanas relevantes y pertinentes y la construcción de conocimiento como escenarios que interpelan y exigen respuesta de la academia, tanto en el ámbito nacional como en el regional. Las ciencias sociales, las formales y naturales, las ingenierías, las artes y la filosofía aportan sus esfuerzos de análisis académicos, metodologías y hallazgos en la construcción y reflexión de un país que intenta superar sus crisis. La Universidad Javeriana parte de la reflexión de que la construcción de la paz, a la cual nos convoca la transición que estamos viviendo, requiere tanto de estos diálogos como de la visibilidad de los sujetos que hoy se encuentran invisibilizados y silenciados.

Una pequeña muestra de estos esfuerzos por aportarle a la sociedad colombiana a través de la indagación se refleja en los artículos de esta edición de Pesquisa. Es el caso de la investigación participativa desarrollada en el golfo de Tribugá (Chocó), que inició con un método y propósito de “hablar sobre hablar”, y permitió aportar un modelo de gobernanza en torno a los recursos naturales y humanos que tienen los habitantes alrededor de sus manglares. Así como del estudio que desarrolló un profesor de psicología de la Seccional Cali con policías, basado en la pregunta “¿Qué vendrá después del posconflicto en cuanto a salud mental?”. De la misma forma en que psicólogos y psiquiatras se interesaron por los traumas que dejó la Primera Guerra Mundial, es tarea ahora de los investigadores colombianos indagar sobre las afectaciones mentales en nuestro territorio.

Presentamos, además, un estado del arte sobre la legislación y las posibilidades que tienen las comunidades de mujeres indígenas afectadas por el conflicto de su país para acceder a la justicia y denunciar los delitos de los que fueron víctimas. Este trabajo fue realizado por profesoras de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, y construido con colegas colombianos y guatemaltecos. Los aprendizajes, al tiempo que reconstruyeron el tejido tradicional y social de las comunidades impactadas, permitieron “articular dos propósitos: la indagación contextualizada y el empoderamiento de las mujeres víctimas para un diálogo cualificado con sus comunidades e instituciones”, como lo explica el artículo.

Son diversos los alcances de este ejercicio de investigar sobre problemáticas de nuestro entorno. Además de proponer soluciones concretas que impacten a la comunidad, posiciona estos temas en la agenda científica internacional, permite un crecimiento para los investigadores por cuanto convoca al diálogo de saberes, invita a una visión interdisciplinar para resolver la pregunta inicial del proyecto de investigación, y plantea diferentes espacios para la divulgación de sus resultados, no solo en circuitos científicos, sino en un ámbito más amplio. Supone, además, un desafío frente al manejo del lenguaje que busque llegar a personas interesadas en saber cómo la investigación y sus conclusiones impactan en su cotidianidad. Finalmente, propone un acercamiento con las entidades del Estado, ya que ofrece sus hallazgos como insumos para la construcción de políticas públicas.

Estamos convencidos de que nuestro aporte como científicos e investigadores se define en un contexto que sobrepasa los límites de nuestras preguntas de investigación y al cual buscamos contribuir como ciudadanos. Estas son algunas de nuestras investigaciones que cimientan conocimiento y fortalecen a la sociedad.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Descargar artículo
Investigación javeriana, en crecimiento permanente y cualificado

Investigación javeriana, en crecimiento permanente y cualificado

El pasado 1.° de octubre, el mismo día que la Universidad Javeriana, la Vicerrectoría de Investigación cumplió dos años de existencia. Sin embargo, el fomento a la investigación antes de la creación de esta se realizaba desde la Vicerrectoría Académica, y la actividad investigativa de su comunidad se remonta a la Javeriana colonial. El balance de lo logrado en el año que cierra, en términos de la producción científica, tecnológica y artística, es un reflejo de lo que se ha logrado en estos dos últimos años. En primer lugar, se otorgaron recursos para más de 60 proyectos presentados en nueve convocatorias, de 192 postulados. De parte de Colciencias, se recibió financiación para una veintena de proyectos, y el Órgano Colegiado de Administración y Decisión (OCAD) aprobó cuatro nuevos proyectos de regalías con las gobernaciones del Huila y Cundinamarca, y con el Distrito Capital.

De otro lado, le fueron concedidas seis patentes nacionales y la primera internacional. En Estados Unidos, un país con un mercado altamente exigente para patentar innovaciones, se aprobó la protección de una fracción bioactiva proveniente de la planta anamú (Petiveria alliacea), que tiene actividad antitumoral, desarrollada por la profesora Susana Fiorentino y su grupo de Inmunobiología y Biología Celular. Se trata del desarrollo de un fitomedicamento que contribuye al tratamiento del cáncer de seno en mujeres. Varios años de esfuerzo del grupo de investigación fueron necesarios para alcanzar este logro. Además, obtuvo una importante financiación a través de un proyecto de regalías con la Alcaldía de Bogotá para profundizar en sus estudios y realizar pruebas en seres humanos.

En esta serie de buenas noticias, la producción artística no se queda atrás. Además de acompañar, junto con otras universidades, a las entidades nacionales rectoras de la educación e investigación en la orientación de políticas públicas enfocadas a fortalecer y promover la producción de formas de conocimiento distintas a los artículos y libros científicos, se realizó por primera vez una toma completa del campus con la realización del Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad. Entre el 22 y el 26 de septiembre, la Universidad ofreció un escenario dinámico para la ciudad, con más de 20 actividades, que visibilizó la creación de arte, música, literatura, arquitectura, diseño y producción audiovisual, con sello javeriano.

En este contexto hubo espacios de reflexión académica, conciertos, muestras artísticas, exposiciones y diálogos entre emprendedores artísticos con las industrias culturales, entre otros.

Sin duda, esta primera versión del evento se convierte en un hito para la Javeriana, y para el sector artístico universitario del país en su conjunto. En pocos días, con amplia diversidad temática, permitió el encuentro de estudiantes, profesores, egresados, y del sector artístico en general, para que compartieran y valoraran la riqueza de sus propias producciones.

No pueden ocurrir estos esfuerzos en un mejor escenario que el reconocimiento que hace Colciencias de la creación artística nacional como producción de conocimiento. Se da así apertura al diálogo sobre cómo apoyar estas áreas, que no necesariamente cumplen metodologías científicas tradicionales; se estimula la realización de proyectos de investigación- creación a través de convocatorias propias, y se generan mecanismos de medición para ellas. De este modo, el fomento a la creación artística y creativa deja de ser solo responsabilidad del Ministerio de Cultura y sus pares en los departamentos y municipios, pues el ente estatal encargado de promover la ciencia y la tecnología también la está considerando como forma de producir conocimiento nuevo.

Finalmente, aunque no menos importante, un resultado a destacar es la aprobación, por parte de las directivas de la Universidad, de la Política de Investigación, acompañada de sus documentos de definiciones y estrategias. Esta articula la investigación, la innovación y la creación artística como ejes fundamentales y coexistentes para el fomento y fortalecimiento de la producción de conocimiento y respaldo a la actividad investigativa y de transferencia de nuestros profesores. Pocas universidades en el país tienen en su unidad rectora de la investigación estos tres componentes integrados en la política institucional.

Con estos pasos que viene dando la Pontificia Universidad Javeriana en la dinamización de la investigación, asume el liderazgo en el sector de educación superior nacional y, en algunos campos, se convierte además en referente internacional.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Descargar artículo
La investigación como insumo para la toma de decisiones

La investigación como insumo para la toma de decisiones

La investigación hace múltiples contribuciones a la sociedad. De un lado, auspicia la producción de nuevo conocimiento, con lo que contribuye al desarrollo del país, al crear saber, experticia y productos, y aportar a la expansión de su capital humano, científico y tecnológico; por otro, favorece la apropiación social del conocimiento y la transferencia de este. Además, tiene un componente aplicado por el cual informa y da sustento a la toma de decisiones. Pero ¿cuáles son los mecanismos con los que se logra este proceso de apropiación social y se propicia la toma de decisiones que le sirven a toda la sociedad?

Pesquisa es una modalidad de divulgación de la ciencia, la innovación y la tecnología que se produce en nuestro país, particularmente en la Universidad Javeriana. Medios de comunicación de este tipo permiten que la producción científica entre en diálogo con la sociedad y, además de aterrizar el lenguaje científico a uno que pueda ser comprendido por un público general, crea oportunidades de puesta en común de la solución de las problemáticas sobre las cuales se vuelcan los investigadores. Aunque no toda investigación debe ser socialmente relevante, porque algunas pesquisas definen su horizonte sobre preguntas de la ciencia misma, la que sí lo es permite evidenciar vacíos en la sociedad y plantear posibles salidas, a través de recomendaciones, modelos o productos.

En sintonía con las funciones sustantivas de la universidad, la investigación no solamente está articulada con la docencia; además, como productora de nuevo conocimiento, se relaciona con el servicio en la medida en que posibilita escenarios de crecimiento para Colombia. La investigación javeriana, en su mayoría, propone insumos, mecanismos y estudios que contribuyen a orientar la toma de decisiones de los líderes del país. Es por ello que Pesquisa comienza una apuesta por visibilizar este enfoque de la aplicación de la investigación, con el fin de evidenciar que el conocimiento no se queda solo en los laboratorios, las aulas de clase, los artículos de revistas indexadas y el debate entre científicos, sino que se traduce en recursos útiles para el diseño de políticas públicas y para que la comunidad apropie este conocimiento transferido por la universidad y se empodere utilizándolo en soluciones a sus problemas.

Así como en el mundo académico de la investigación se tiende cada vez más a producir policy briefs, una especie de resumen de evidencias arrojadas por la investigación que se puede traducir en políticas como corolario de los hallazgos alcanzados, Pesquisa, en al menos uno de sus artículos por edición, destina un espacio a mostrar los procedimientos metodológicos, el análisis específico realizado y la perspectiva de los autores acerca de un problema y su posible solución. De esta manera, se espera aportar e incidir con información cualificada, analítica y rigurosa en el diálogo para la toma de decisiones que beneficien al entorno.

De igual forma, este tipo de textos busca incidir en la necesidad de producir cambios sustanciales y transversales en diferentes escenarios públicos y privados, por ejemplo, de índole normativa; diseño de políticas públicas; programas de desarrollo; asistencia técnica en los niveles nacional, regional y local, con el objetivo final de un mayor grado de eficiencia, efectividad y equidad de instituciones públicas y del marco legal que las respalda.

Así es como Pesquisa se ofrece como una oportunidad para que el público en general, los investigadores, las entidades públicas, la empresa privada y las organizaciones de la sociedad civil encuentren en el debate académico y científico insumos para construir alternativas para una sociedad más igualitaria y más justa.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Descargar artículo