Editorial 8

Editorial 8

La pertinencia de la innovación

Según el Diccionario de la Real Academia Española, un significado posible de la palabra innovación es éste: “creación o modificación de un producto y su introducción en un mercado”. De esta forma, cuando en una economía de mercado Ud. produce bienes de consumo, y crea un producto nuevo, o modifica uno ya existente, Ud. está innovando y muy probablemente a su empresa le irá mejor. Nos preguntamos, entonces: ¿es ésa la innovación por la que optan las universidades cuando, a propósito de la pertinencia de la educación y la investigación, deciden apostarle a la innovación?

Si así fuera, las universidades podrían estar perdiendo su propia identidad como centros de educación superior. La institución universitaria no se justifica –ni hoy ni nunca– por el servicio que le presta al mercado, tampoco existe para hacer más efectiva la producción, o para hacer más ágiles los mercados. Concebir a las universidades desde una perspectiva meramente funcionalista, en este caso como un motor de la economía de mercado, es algo así como entender el deporte o el arte como meros negocios y nada más; son también un negocio, pero son mucho más que eso.

La verdad es, sin embargo, que el asunto no es sencillo. En la llamada sociedad del conocimiento innovar no es tan fácil como algunos creen, y tampoco depende de la buena o mala voluntad, como otros suponen. Innovar requiere tecnología y desarrollo tecnológico, y éstos, por su parte, sin ciencia y sin desarrollo científico, resultan imposibles.

Nadie niega la necesidad de fomentar un conocimiento pertinente, pero ¿pertinente para qué? Una alternativa excluyente, por tanto, que se mueve entre dejarse someter a la lógica de los mercados y negarse a considerar la pertinencia como un elemento imprescindible a la hora de pensar la investigación no parece ser lo más razonable, tampoco lo más conveniente. Una interpretación funcionalista de la pertinencia tiende a eliminar la dimensión crítica de la educación, pero a su vez, una desarticulación entre ciencia, sociedad y desarrollo no sería socialmente responsable.

Por eso, como diría Aristóteles, el equilibro del justo medio entre dos extremos viciosos parece ser lo más razonable para encontrar lo que más conviene. La innovación no debe mirar únicamente al mercado, tiene que implicar las dinámicas complejas del desarrollo de las ciencias, sus entrecruces, traslapos y requerimientos, así como las necesidades sociales y los desarrollos tecnológicos que se precisan para caminar en una dirección consensuada en la política.

Para no caer en las sutiles trampas que el mercado le coloca a la apuesta por la innovación, las universidades no deben fomentar sólo la investigación tecnocientífica. Ellas también requieren de esa investigación –aparentemente impertinente– que se concentra en los límites éticos y epistemológicos de todo proceso cognitivo, y en los aspectos políticos implicados en todas las decisiones públicas.

Vicente Durán Casas, S.J.
Vicerrector Académico

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Editorial 7

Editorial 7

Investigar: ¿para qué?

Por supuesto que para esta pregunta hay muchas respuestas, todas legítimas, pero también parciales e incompletas. Sin embargo, cuando se plantea desde la Universidad, la pregunta adquiere unas características sui generis.

Hay universidades que se entienden a sí mismas como instituciones de educación superior que realizan su misión centradas principalmente en la docencia, y como es de esperar, algunas de ellas lo hacen bien o muy bien, otras regular, y otras definitivamente mal, pues lo que enseñan o bien no está a la altura del desarrollo universal del conocimiento o no obedece a las necesidades de la población a las que está dirigido su esfuerzo.

Otras universidades se entienden a sí mismas –o son clasificadas– como universidades de élite o de investigación. Cuando esta autodefinición es auténtica y sincera –no siempre lo es– lo que se quiere decir es que la institución posee los recursos humanos, financieros y de infraestructura física y de calidad académica para que la docencia se realice a partir de proyectos de investigación que los profesores y los grupos de investigación desarrollan como su actividad principal. Un ejemplo de esto es la llamada “iniciativa de excelencia” del Gobierno alemán, que hacia finales del año 2007 escogió nueve universidades élite a las que les entregó, tras un riguroso proceso de selección, un generoso presupuesto de 1,9 mil millones de euros para el desarrollo de esos proyectos que están llamados a constituirse en punta de lanza de la ciencia a nivel mundial.

Por su parte, otra gran cantidad de universidades, entre las cuales habría que incluir a las mejores universidades públicas y privadas de Colombia, son universidades de docencia que realizan investigación, es decir, que invierten recursos propios y externos para desarrollar proyectos y grupos de investigación que jalonen y estimulen la actividad docente de alta calidad y así también contribuyan al desarrollo social.

En países en donde el número de cupos para la universidad es inferior al número de bachilleres que podrían tener acceso a la educación superior, resulta de particular relevancia social que incluso las universidades que pretenden ser investigativas desarrollen una pertinente y necesaria tarea docente. En el caso de las universidades públicas, porque en un Estado social de derecho ellas son precisamente las llamadas a atender las necesidades educativas de muchos colombianos cuyos ingresos son bastante limitados; en el caso de las universidades privadas, que tienen que financiarse principalmente con los recursos que provienen de las matrículas, porque los padres de familia cancelan el valor de las mismas con el fin de que sus hijos reciban una educación de calidad.

La investigación en las universidades colombianas debe atender, entonces, a una doble finalidad: incrementar los índices de la calidad de la docencia disciplinar y profesional, y producir conocimientos. Lo segundo es garantía de lo primero. La investigación en la universidad no vale la pena si no es de muy alta calidad, y con frecuencia uno se pregunta si mucho de lo que se presenta como investigación universitaria en realidad no es más que laudables actividades de actualización o, como suelen decir los estudiantes, ponerse al día. La investigación que se lleva a cabo en la universidad debe proponerse mover las fronteras del conocimiento, aportar elementos novedosos desde un punto de vista metodológico, y fortalecer la formación profesional de quienes tendrán en sus manos el futuro y el bienestar de muchos. La investigación es la búsqueda de la verdad, y bien sabemos que la verdad, a la vez que nos hace libres, nos conduce por los senderos de la justicia y la paz.


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Editorial 6

Editorial 6

La pertinencia de la pertinencia

Juanito llega del colegio: “Mamá, papá, me pusieron una tarea: investigar las capitales de los países de África”. Enciclopedia en mano —o conectado a Internet— Juanito realiza y concluye con éxito su investigación. Este tipo de actividad investigativa, propia de la educación básica, es formativa y mal podría ser desconocida o poco apreciada. Fomenta una actitud imprescindible en cualquier proceso formativo: deseos de averiguar lo que no se conoce y adiestramiento en los medios y estrategias para conseguir ese conocimiento.

Pero una cosa es investigar lo que uno mismo dentro de sus propios e inevitables límites educativos todavía no conoce, y otra muy diferente investigar lo que prima facie nadie conoce, porque ese conocimiento aún no ha sido producido. Este último proceso —que algunos llaman producción de nuevos conocimientos, investigación de punta o ampliación de las fronteras del conocimiento— es el que hace avanzar las ciencias, las artes y las culturas. En nuestra opinión sólo este tipo de investigación es propio, aunque no exclusivo, de las universidades.

Lo anterior pone de presente algo aparentemente inocuo pero que, a la larga, resulta de gran importancia: el hecho de que el conocimiento humano es un bien que no cae del cielo, como el maná bíblico, sino que necesita ser producido por alguien, y ese alguien necesariamente se encuentra inmerso en algún contexto histórico, cultural y social. La paradoja resulta del reconocimiento histórico de que la muy venerable institución educativa llamada universitas magistrorum et scholarium (comunidad de los que enseñan y los que aprenden) no surgió, al menos en el mundo occidental, con una finalidad principalmente investigativa sino docente. Fue la necesidad de socializar los conocimientos superiores ya adquiridos la que dio origen a las primeras universidades en el mundo cristiano occidental: Bolonia, Oxford, París, Salamanca, Heidelberg…

Se pregunta uno entonces: ¿deben las universidades hacer investigación? La respuesta es necesariamente positiva, no tanto por razones de tipo histórico —de hecho hay muy buenas universidades que no se han destacado por su investigación— sino por razones de tipo epistemológico, es decir, que tienen que ver con el modo mismo como se produce el conocimiento.

Hay conocimientos, en efecto, que sólo se obtienen cuando uno mismo los ha producido. Y eso ocurre tanto a nivel individual como colectivo. Por eso la discusión en torno a la pertinencia de la investigación que se debe llevar a cabo en las universidades colombianas es, por encima de todo, pertinente. Como país, nos hace bien discutir qué tipo de investigación queremos realizar, pues en últimas eso nos remite a la pregunta por el tipo de país que queremos ser. Donde no existen prioridades, es muy probable que tampoco exista claridad sobre los objetivos y las metas por alcanzar. En ese sentido pensamos que si bien la aplicabilidad de una investigación no determina su pertinencia —y a pesar de que esta última no se agota en los criterios de productividad económica— la idea de una investigación verdaderamente pertinente sí nos desafía como sujetos que, a la vez que somos constructores de conocimiento, somos también ciudadanos de un país en construcción.

Vicente Durán Casas, S.J.
Vicerrector Académico

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Editorial 5

Editorial 5

Las instituciones universitarias a través de sus programas de doctorado enriquecen la sociedad al dotarla de capital humano capaz de proponer las nuevas fronteras del conocimiento que aplicado permitirán solucionar las problemáticas humanas y sociales, y contribuir significativamente a su desarrollo. De la misma forma, con la investigación y con la formación de investigadores, la universidad le señala a la sociedad metas ulteriores y le propone nuevos marcos axiológicos y culturales.

Pero eso no es todo: los doctorados, realizados en el contexto colombiano, contribuyen al fortalecimiento de los grupos de investigación y aseguran la continuidad de sus líneas de investigación. Además, facilitan y complementan las estrategias de jóvenes y de noveles investigadores, y permiten un mejor aprovechamiento de los recursos públicos y privados destinados a la investigación. Por último, ayudan en parte a subsanar la perspectiva disciplinar y la inexperiencia interdisciplinar, tan común en nuestros medios académicos.

Según las más recientes estadísticas en Colombia se ofrecen aproximadamente 95 programas de doctorado, ofrecidos por 22 universidades. Aunque es una cifra significativa, en comparación con otros países latinoamericanos, deja en claro que aún hay bastante camino por recorrer. Como punto de referencia, podemos señalar dos países que están a la vanguardia de la investigación en América Latina: Brasil, que registra más de 1050 programas de doctorado y México que se acerca a los 500. A pesar de esto es posible ser optimista: en nuestro país las cifras relativas a programas doctorales, se han incrementado especialmente en los últimos años. En el 2003 contábamos con 42 programas, hoy es posible acceder a casi el doble. Quizás el punto que preocupa –en términos de futuro– son las capacidades del país para arbitrar los recursos económicos que permitan a los estudiantes doctorales desarrollar plenamente su experiencia formativa investigativa.

Las universidades privadas colombianas han implementado la tercera parte de los nuevos doctorados. En particular la Pontificia Universidad Javeriana cuenta con 5 programas aprobados. Estos son: Filosofía, Ciencias Biológicas, Teología, Estudios Ambientales y Rurales, y Ciencias Jurídicas, además de dos en trámite ante el Ministerio: Ingeniería y Ciencias Sociales y Humanas. A ellos se suma el Doctorado en Derecho Canónico con titulación eclesiástica.

Formar doctores en Colombia es por lo tanto una opción estratégica y de futuro para el país y para la Universidad Javeriana uno de los pilares para la realización con calidad y pertinencia de su proyecto educativo, tal como lo señala el Padre Rector en la entrevista publicada en este número de la Revista Pesquisa.

Jairo H. Cifuentes Madrid
Vicerrector Académico

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Calidad y pertinencia, derroteros de la investigación en la Javeriana

Calidad y pertinencia, derroteros de la investigación en la Javeriana

Uno de los temas trascendentales que tiene en la agenda el nuevo Rector de la Pontificia Universidad Javeriana, el padre Joaquín Sánchez, S.J., es el de la investigación. Desde el pasado mes de octubre, cuando reemplazó en el cargo al padre Gerardo Remolina, S.J., tiene claro que los rieles sobre los cuales se deben mover las actividades de investigación en la Universidad son calidad y pertinencia.

En este momento la Javeriana cuenta con 177 grupos avalados por Colciencias, 41 de ellos en la categoría A. Durante el año 2007 estuvieron en ejecución cerca de 380 actividades de investigación, que incluyen jóvenes investigadores, publicaciones científicas y proyectos de investigación.

Pesquisa ha querido conversar con él para profundizar en estos temas, así como en los proyectos y retos que tiene el componente de investigación para los próximos diez años, en desarrollo del proceso de Planeación Universitaria 2007-2016.

PESQUISA:
¿Cuál es el norte que le piensa dar a la investigación en los próximos años?

P. JOAQUÍN SÁNCHEZ, S.J.:
Como Rector tengo la obligación de acompañar e impulsar los procesos que ha venido desarrollando la Universidad en el campo de la investigación. Durante los últimos años es indudable el compromiso de la Javeriana con esta actividad y por tanto considero que mi deber es continuar el esfuerzo que viene haciendo nuestra Universidad.

Considero que el “norte” está fundamentado en dos reflexiones. La primera se refiere a una investigación asociada más a la calidad, que a la cantidad de proyectos, y la segunda, a que debemos propender por investigaciones caracterizadas por su pertinencia y que den resultados en beneficio del conocimiento y la sociedad.

Necesitamos una gestión en investigación que difunda los resultados en revistas científicas, libros y textos, que logre presencia nacional e internacional y se haga presente en los foros académicos dentro y fuera del país.

>PESQUISA:
¿Cree que se deben priorizar las áreas de investigación financiadas por la Universidad?

P. JOAQUÍN SÁNCHEZ, S.J.:
Debemos llegar a la conclusión de que es necesario e importante trabajar en la priorización de la investigación en cada una de las unidades de la Universidad. Los criterios de calidad científica y pertinencia disciplinaria y social ayudarán a la Universidad a determinar las áreas prioritarias de investigación.

PESQUISA:
¿Cuáles deben ser las condiciones de los proyectos de investigación para que tengan visibilidad e incidencia en el contexto nacional?

P. JOAQUÍN SÁNCHEZ, S.J.:
Cuanto más exigentes seamos en la calidad de nuestros productos de investigación, cuanto más rigurosos y científicos seamos en este trabajo, los resultados consecuentemente van a ser mejor aceptados para su difusión. Esto significa que podrán ser comparados y comparables con otras investigaciones de calidad, serán tema de debates nacionales e internacionales y servirán de alimento para las redes de investigación científica de muchas universidades del mundo.

PESQUISA:
¿Cuál es el papel de la investigación y cuál debe ser su aporte en la conformación y razón de ser de la Universidad?

P. JOAQUÍN SÁNCHEZ, S.J.:
Recuerdo una frase de José de Recasens, un viejo amigo mío arquitecto y comunicador, que decía: “La universidad es universidad porque investiga”.
Yo creo que no deberíamos hablar de aporte, estoy convencido de que la esencia de la Universidad es la investigación y que hoy no necesita “convertirse” porque ya lo es. El aproximarse al saber es investigar. Todo conocimiento nuevo surge a partir de los procesos, de las inquietudes, de la curiosidad del investigador y, en no pocas ocasiones, de quienes interactúan con nosotros en el aula de clase y en los laboratorios.
En su discurso no pronunciado, el Papa Benedicto XVI se pregunta ¿qué es la universidad?, ¿cuál es su tarea? Y afirma: “Creo que se puede decir que el verdadero e íntimo origen de la universidad está en el afán de
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conocimiento, que es propio del hombre. Quiere saber qué es todo lo que le rodea. Quiere la verdad.”
En este sentido, debo afirmar que investigación es de la esencia misma de la Universidad.

PESQUISA:
¿Cuál es su posición sobre la incorporación de más doctores a la Javeriana para fortalecer la investigación?

P. JOAQUÍN SÁNCHEZ, S.J.:
Creo que es fundamental la formación del profesorado para consolidar las comunidades científicas en nuestra Universidad. Los indicadores en los ámbitos nacional e internacional determinan esta característica en las instituciones de educación superior que pretendan tener una alta calidad.

Contar con un cuadro de profesores doctorados, comprometidos con proyectos y grupos de investigación que trabajen en las fronteras del conocimiento, que busquen genuinamente la solución a problemas disciplinares, sociales y humanos es capital fundamental de la Universidad; este ha sido el compromiso de la Javeriana desde hace varios años, sólo hay que ver los indicadores existentes sobre este tema en la Vicerrectoría Académica y en la Secretaria de Planeación.

La Javeriana avanza cada vez más en la creación de nuevos programas de doctorado, de formación profesoral y de investigación. Así se constituyen los pilares para la realización con calidad de nuestro proyecto educativo.

PESQUISA:
¿Cuáles son los retos y problemas que la Universidad debe superar para asegurar los recursos que permitan financiar e impulsar la investigación?

P. JOAQUÍN SÁNCHEZ, S.J.:
No debemos olvidar que la acción de la Rectoría se enmarca en la planeación en la que han participado diversos estamentos de la comunidad educativa javeriana. Al ser la investigación una actividad sustantiva de la Universidad, se encuentra en el presupuesto de cada unidad académica y cuenta con los recursos importantes que anualmente se destinan para esta.

La competencia para la obtención de recursos externos es cada día mayor, de tal manera que muchas universidades que han alcanzado altos niveles de calidad están demandando recursos para la investigación a través de COLCIENCIAS. Por esta razón, nuestros proyectos que se presenten para ser financiados deben alcanzar unos altos niveles de calidad para concursar por estos y otros eventuales nichos de financiación.


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Editorial 4

Editorial 4

El apoyo a la formación de la próxima generación de investigadores es uno de los indicadores más finos y de mayor relevancia social para juzgar los esfuerzos institucionales en pro de la investigación.

En la actualidad y desde 1995, Colciencias ha desarrollado una estrategia nacional denominada “Programa de Jóvenes Investigadores e Innovadores” que tiene como propósito vincular a los jóvenes, que expresen algún interés y que tengan capacidades para la investigación científica y la innovación tecnológica, a las actividades propias de la generación y producción del conocimiento.

En estas convocatorias de Colciencias, más de 1.700 jóvenes investigadores e innovadores han recibido apoyo económico para vincularse en pasantías a grupos de investigación y centros de desarrollo tecnológico. Desde su inicio, la Universidad Javeriana ha compartido el valor social y científico del Programa. Para ello ha establecido un dispositivo complementario de participación con las contrapartidas necesarias (60% de la financiación) para los jóvenes beneficiados con el programa de Colciencias y —en un buen número de ocasiones— de ampliación del beneficio (100% de la financiación) a otros noveles investigadores e innovadores.

El pasado mes de octubre, Colciencias publicó los resultados de la convocatoria del año 2007, en ella se apoyaron a 373 jóvenes investigadores e innovadores en todo el país. Entre ellos 40 pertenecen a la Universidad Javeriana, que se suman a los 103 jóvenes javerianos que han vivido esta experiencia entre el 2000 y el 2006.

Ciertamente el desarrollo y el bienestar de nuestro país guardan directa relación con la capacidad que cuenta de generar nuevo conocimiento y de aplicarlo en soluciones innovadoras. Para ello requiere con urgencia y decisión de la formación de investigadores e innovadores. Y estos futuros científicos que están aún en nuestro país, transitan las aulas de nuestras universidades o realizan sus primeros ejercicios profesionales. Su vinculación a la apasionante actividad de generación de conocimiento es una opción de futuro promisorio que se construye desde el presente.

Jairo H. Cifuentes Madrid
Vicerrector Académico



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Editorial 3

Editorial 3

A las ya tradicionales formas de organización del trabajo investigativo en Colombia (grupos de investigación e institutos) se suma desde hace tres años –siguiendo el modelo chileno– una nueva: los centros de excelencia. Estos son redes de instituciones y grupos de investigación que concentran sus esfuerzos y actividades investigativas en la solución de una problemática concreta. Sus operadores, públicos y privados, nacionales y extranjeros, con diversos grados de desarrollo investigativo, aúnan esfuerzos en áreas de desarrollo estratégico para el país.

Asignado por Colciencias en convocatorias de 1.7 millones de dólares y con un apoyo económico para cinco años, funcionan en Colombia siete de estos centros en las siguientes temáticas: tuberculosis; agroindustrialización de especies vegetales aromáticas medicinales tropicales; potenciales de los bienes y servicios ecológicos de la biodiversidad; nuevos materiales con aplicaciones tecnológicas; modelamiento y simulación de fenómenos y procesos complejos; desarrollo integral, convivencia ciudadana y fortalecimiento institucional en regiones afectadas por el conflicto armado; y metagenómica y bioinformática para la caracterización y el aprovechamiento de recursos genéticos en ambientes extremos.

El horizonte fijado en el documento Visión Colombia Segundo Centenario: 2019, nos habla de una meta de 20 Centros de Excelencia.
Son múltiples los beneficios que pueden señalarse a esta estrategia investigativa. Algunas de ellas son: la construcción de redes que integran instituciones diversas y en diferentes regiones y ciudades; la financiación de la investigación con una visión que supera la inmediatez y el corto plazo, y la posibilidad de generación de sinergias investigativas con los consecuentes efectos positivos en calidad y productividad científica.

Pero también existen desafíos que con realismo deben considerarse: el que se asuma como una estrategia oportunista para la asignación y la obtención de recursos para investigación o que no se logre integrar las diferentes agendas de los grupos e instituciones en un programa común y articulado de investigación o que no se logre trascender el horizonte inicial de cinco años por ausencia de recursos o por la dificultad de generarlos por fuera del circuito de Colciencias.

Sobre el punto de la financiación algunas evidencias preocupan: en principio se señaló que los Centros tendrían financiación inicial de 5 años con posibilidad de prorroga hasta por tres años. Sobre las prorrogas se promete poco. La experiencia primigenia chilena ha demostrado que luego de diez años de existencia, pocos son los centros que han logrado subsistir.
Sin embargo, y en perspectiva de país, la estrategia de los centros de excelencia es interesante. Los primeros y aún incipientes resultados así lo señalan. La calidad de nuestros científicos e investigadores nos permite ser bastante optimistas. Es momento oportuno para confirmar esta opción científica del país y asegurar sus sostenibilidad.

Confiemos como lo señalaba una connotada científica, directora de uno de los centros de excelencia, que esta experiencia de los centros no sea simple novedad, en un país de novedades como es Colombia.

Jairo H. Cifuentes Madrid
Vicerrector Académico

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Editorial 2

Editorial 2

Todos compartimos un imperativo contemporáneo sobre nuestra sociedad. Aunque es impuesto de una forma global, generalmente es aceptado desde nuestra realidad local: nos corresponde constituirnos en una sociedad del conocimiento. Para ello, como dice Dominique Foray, nuestra sociedad debe caracterizarse por cuantiosas inversiones en materia de educación, formación, investigación y desarrollo, programas informáticos y sistemas de información.
Por esto, recientemente, diversos sectores del país buscan acuciosamente conocer las experiencias implementadas en otros países, que han logrado constituir el conocimiento en ventaja competitiva y motor de desarrollo de sus sociedades. Entre las múltiples referencias, los Estados Unidos se ofrecen como un modelo interesante por considerar. Sin embargo, la realidad de un país como Colombia evidencia la necesidad de un modelo distinto, debido a la situación de recursos económicos y al tamaño del sistema nacional de ciencia y tecnología.
Pero la distancia que nos separa no significa que no podamos considerar algunas opciones norteamericanas, como referencia para nuestras opciones nacionales, en materia de investigación e innovación.

Por ejemplo:

-Aunque se considera importante la relación universidad-empresa para la producción de conocimiento y la innovación, la mayor parte de los recursos para estas actividades provienen del gobierno federal y sus agencias asociadas.
-El apoyo gubernamental para ciencia, tecnología e innovación se orienta a las universidades y sus grupos, de acuerdo con la calidad y la productividad científica más que a consideraciones de adscripción institucional pública o privada.
-La innovación es un asunto de alta ciencia y de alta tecnología más que una temática del ámbito de las competencias para el trabajo y los oficios.
-La generación de conocimiento de punta y de innovación son objeto de estímulos significativos, con mínima presencia o exigencias de contribuciones económicas de diversa índole como impuestos o contrapartidas.
Reitero que las realidades y la distancia entre ambos países son enormes, pero las experiencias foráneas nos ofrecen puntos de referencia interesantes para caminar hacia modelos en los que podríamos identificar buenos resultados o confirmar un modo particular y propio de obrar.
Finalmente deseamos agradecer a cada uno de los lectores que nos han expresado sus comentarios alentadores sobre la revista Pesquisa. Así mismo, les agradecemos sus generosas sugerencias y recomendaciones. Este nuevo medio de difusión de la investigación que se realiza en la Universidad Javeriana tiene sentido si logramos, como Universidad, llevar a ustedes las buenas noticias de un país que encuentra en sus universitarios e investigadores sentido de futuro.

Jairo H. Cifuentes Madrid
Vicerrector Académico

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Editorial 1

Editorial 1

El servicio primordial que la Universidad Javeriana presta a la sociedad colombiana se expresa en la formación de personas que se distinguen por su calidad profesional, capacidad de trabajo en equipo y liderazgo humano, centrado en valores, unido a la generación, desarrollo y aplicación de conocimiento.

De la formación de nuestros estudiantes dan cuenta cientos de egresados javerianos que a lo largo y ancho del país, y aun desde el exterior, en diversas actividades económicas, culturales y sociales, aportan con optimismo y pasión su trabajo y sus esfuerzos en la construcción de una sociedad justa, solidaria y en paz.

De la generación, desarrollo, transferencia y aplicación del conocimiento dan cuenta los proyectos de 162 grupos de investigación de la Universidad que en el 2006 adelantaron 337 proyectos. De la transferencia y aplicación de conocimiento, dan cuenta los 75 proyectos de consultoría que adelantó la Universidad el año pasado, y los servicios contratados que se prestan desde 130 laboratorios y talleres.

En este sentido, el conocimiento generado por la Universidad en sus actividades de investigación no se queda en los linderos del campus universitario; todo lo contrario, lo trasciende, se hace público, pues el conocimiento que no se divulga, que no se comparte con otros, es conocimiento que en realidad no existe y que no cumple con su función de servir a la sociedad.

La circulación de ese conocimiento se hace básicamente de dos formas: la primera, especializada, realizada entre comunidades académicas y científicas, a través de artículos en revistas indexadas, libros técnicos y ponencias en congresos y foros científicos. La segunda, para el público en general, a través de los medios de comunicación social y en formatos de divulgación que buscan informar y contribuir a la formación de opinión pública.

En este contexto, la Universidad Javeriana tiene el gusto de presentar la primera edición de Pesquisa, publicación de circulación trimestral cuyo propósito es divulgar los resultados, procesos, contribuciones y reflexiones derivados de su actividad investigativa y de innovación. Además, espera contribuir a la formación entre los jóvenes colombianos de una cultura científica,  una de las claves del futuro de nuestro país.

Es evidente que cuando la universidad guardó silencio, la sociedad vivió momentos difíciles. La vida fue más ardua, dura y brutal  para quienes no tuvieron a nadie que colocara en términos de la inteligencia los desafíos de la vida. Pero cuando la universidad dijo su palabra, las sociedades y los pueblos tuvieron algo de luz para recorrer con confianza y optimismo su camino.

En alianza informativa, Pesquisa circulará de forma gratuita con la colaboración de El Tiempo, El Espectador y Cambio, destacados medios impresos.

Esperamos disfruten la lectura de este primer número.

Jairo H. Cifuentes Madrid
Vicerrector Académico

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