El laboratorio busca pistas para salvar vidas

El laboratorio busca pistas para salvar vidas

Con seguridad, una persona adulta ya perdió la cuenta de cuántas veces en su vida tuvo un cuadro clínico que incluyó fiebre, malestar general, cansancio extremo y dolor de garganta. El diagnóstico debió ser, en la mayoría de casos, influenza o gripa. Lo que pocos saben es que alguno de esos episodios experimentados pudo no ser una gripa común. Es posible que el Epstein-Barr, un virus de la familia de los herpesvirus que se transmite por la saliva, haya sido el responsable. Se estima que el 95 % de la población mundial tiene este virus.

Sin embargo, para una persona sana contagiarse con Epstein-Barr solo significa padecer los síntomas de un resfriado. En pacientes con un sistema inmune normal, que cumple su función de proteger al individuo frente a los diferentes agentes patógenos, el virus, después de que se contrae, permanece en estado de latencia en el organismo sin que haya síntomas que den cuenta de su presencia. La situación es muy distinta en personas cuyo sistema inmune no funciona correctamente.

El virus de Epstein-Barr tiene en su composición proteínas oncogénicas, es decir, aquellas que ante la falta de una respuesta eficiente del sistema inmunológico generan células tumorales o, en otras palabras, cáncer. Este virus, descubierto por científicos británicos hace cincuenta años, está asociado con el cáncer gástrico, el cáncer de cuello uterino, los linfomas y la leucemia, entre otros. A la fecha, no existen fármacos que lo eliminen.

A partir del comportamiento de este virus, el Grupo de Inmunología y Biología Celular de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, liderado por las doctoras Sandra Quijano y Susana Fiorentino, se dio a la tarea de desarrollar un modelo que permitiera caracterizar la respuesta del sistema inmune, tanto de una persona sana como de una con cáncer, frente al virus. El objetivo era determinar si el Epstein-Barr estaba relacionado con el cáncer en los pacientes colombianos.

Para la investigación se decidió trabajar con pacientes diagnosticados con linfoma de célula grande que, según Quijano, dentro de los subtipos de linfoma en nuestra población es uno de los de mayor incidencia en el país. El proyecto se denominó: “Evaluación de la respuesta de células T específicas de virus Epstein-Barr en pacientes con linfoma B difuso de células grandes e individuos sanos seropositivos”. El estudio fue financiado por la Pontificia Universidad Javeriana, y contó con el apoyo del Hospital Universitario San Ignacio y de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Se desarrolló entre 2009 y 2013, con la participación de estudiantes de la Maestría en Ciencias Biológicas de la Javeriana, bacteriólogos, patólogos, oncólogos y hematólogos. El equipo de investigación estuvo conformado además por Denny Cárdenas y Graciela Vélez de la Pontificia Universidad Javeriana; María Victoria Herrera, Julio Solano, Ana María Uribe y Mercedes Olaya del Hospital Universitario San Ignacio y el Centro Javeriano de Oncología; Carlos Saavedra, Mónica Duarte y Myriam Rodríguez de la Fundación Santa Fe de Bogotá; Marcos López de la Fundación Cardiovascular de Bucaramanga, y Alberto Orfao del Centro de Investigación del Cáncer de la Universidad de Salamanca de España.

En 2013 la investigación fue premiada por la Academia Nacional de Medicina de Colombia como el mejor trabajo de investigación del país, por su excelencia académica y sus aportes a la comunidad médica y científica en el área clínica. Para Quijano, bacterióloga con maestría en inmunología y con Ph. D. en biología y clínica del cáncer, la distinción es una muestra de que “la comunidad médica reconoce que quienes trabajamos en ciencias básicas le estamos aportando al área clínica con investigaciones de calidad”. Esta es la tercera vez que Quijano gana este premio. En 2001 obtuvo el reconocimiento por una investigación sobre linfoma de Hodgkin financiada por el Instituto Nacional de Cancerología y la Pontificia Universidad Javeriana; y en 2012, por un proyecto sobre leucemias agudas, financiado por el Centro de Estudios e Investigación en Salud de la Fundación Santa Fe de Bogotá, la Universidad de los Andes y el Hospital de la Misericordia.

Desarrollo del modelo

El linfoma de célula grande se caracteriza por hacer metástasis rápidamente. Por eso es considerado un tipo de cáncer agresivo. Se origina en los ganglios linfáticos y se presenta, principalmente, en pacientes mayores de cuarenta años. Para el estudio fue necesario contar con la participación de pacientes diagnosticados por primera vez, que no hubieran recibido ningún tratamiento para el cáncer. Quijano explica que conseguir los pacientes fue, quizá, una de las tareas más difíciles del proyecto. Es muy complicado que un paciente, tras ser diagnosticado con una enfermedad tan seria como el linfoma, acepte participar en una investigación y mantenga su decisión a medida que avanza su enfermedad. Los investigadores tardaron cerca de dos años en conseguir a los doce pacientes con linfoma que se analizaron.

El trabajo del equipo de estudiosos comenzaba desde el momento en que un paciente era diagnosticado. Los investigadores usaban la misma biopsia que había sido empleada para diagnosticar a los pacientes, para determinar si el virus Epstein-Barr estaba presente en el tumor. Posteriormente, a partir de una muestra de sangre de los pacientes con linfoma, se tomaban los linfocitos (uno de los tipos de células del sistema inmune), y se ponían en contacto con el Epstein-Barr con el fin de caracterizar su respuesta.

Quijano explica: “Mirábamos cómo se comportaban los linfocitos, es decir, si se activaban, si expresaban proteínas, etc. En los pacientes sanos el linfocito siempre reaccionó ante el virus activo, pero en pacientes con cáncer encontramos ‘huecos’ en el sistema inmune”. El equipo notó que en pacientes con linfoma hay una cantidad reducida de linfocitos y existen defectos en la calidad de estos. Los tiempos de contacto del virus con las células del paciente, los tipos de linfocitos que se activan en la respuesta frente al virus y, en general, todo el protocolo seguido en el desarrollo de esta investigación se estandarizó con el fin de utilizar el modelo en próximos estudios.

Un hallazgo interesante se dio al medir la carga viral del Epstein-Barr en la sangre de los pacientes, es decir, al determinar qué tanto material genético del virus hay en la sangre de una persona. “Nosotros encontramos que los pacientes con linfoma que tenían presencia del material genético del virus en la sangre eran los que presentaban más alteraciones en la respuesta inmune entre los pacientes con cáncer. Y esa presencia de material genético del virus puede complicar más estos cuadros clínicos”.

Sin embargo, según explica Quijano, la prueba que determina la carga viral del Epstein-Barr no es una de las que rutinariamente se solicitan a pacientes inmuno-deficientes. La razón: estos exámenes requieren la aplicación de técnicas moleculares que son muy costosas.

La apuesta de Quijano es que, en la medida en que estudios como este demuestren la importancia de identificar la presencia del virus en la sangre como una estrategia de reducción de la prevalencia del cáncer, las técnicas moleculares podrían empezar a masificarse y volverse más accesibles.

Hacia la prevención y la detección temprana del cáncer

De acuerdo con un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que los casos anuales de cáncer aumentarán de 14 millones en 2012 a 22 millones en las próximas dos décadas. Según la OMS, la detección temprana es una de esas acciones que aumenta enormemente las posibilidades de que el tratamiento sea eficaz.

Precisamente, una de las aplicaciones concretas del estudio en mención es la posibilidad de identificar, de forma temprana, en pacientes inmunodeficientes la probabilidad de desarrollar cáncer. Quijano explica: “El modelo que generamos al caracterizar la respuesta inmune de pacientes con linfoma de célula grande frente al virus de Epstein-Barr se puede extrapolar y aplicar en otros pacientes. Podemos tratar de ver, por ejemplo, si hay algunos parámetros en la respuesta inmune de quienes tienen linfoma que nos puedan indicar que un paciente con VIH podría estar teniendo una evolución hacia el linfoma antes de que lo tenga”.

Los pacientes con VIH, además de una mayor probabilidad de desarrollar linfoma, suelen presentar un cuadro clínico que se agrava con rapidez. Del mismo modo, los que han sido sometidos a trasplantes constituyen otro grupo poblacional al que afecta este virus, por cuanto a estas personas se les inmunosuprime para que acepten el nuevo órgano. El modelo sería una estrategia para vigilar a los pacientes inmunodeficientes más de cerca y evitar que el cáncer se diagnostique tardíamente. En la actualidad, las doctoras Quijano y Fiorentino diseñan un proyecto para aplicar el modelo a pacientes con VIH.


Para saber más:
» Münz, C. & Moormann, A. (2008). “Immune Escape by Epstein-Barr Virus Associated Malignancies”. Seminars in Cancer Biology 18 (6): 381-387. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2615476/. Recuperado en: 01/02/2014.
» Organización Mundial de la Salud. (2014). “Cribado y detección precoz del cáncer”. Disponible en: https://www.who.int/cancer/detection/es/index.html. Recuperado en: 01/02/2014. 

 


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¡Jugando al mágico mundo de los alimentos!

¡Jugando al mágico mundo de los alimentos!

Decía Rousseau que los niños tienen sus propias formas de ver, pensar y sentir, y que no existe nada más insensato que pretender reemplazarlas por comportamientos adultos. La cultura y la enseñanza, en particular, han encontrado que uno de esos procederes o formas de ver, pensar y sentir insustituibles en la infancia es el juego.

El juego es sinónimo de aprendizaje. Sirve como fuente de instrucción y de desarrollo de competencias. Además, tiene múltiples beneficios: favorece la sociabilidad, promueve el trabajo en equipo, desarrolla capacidades críticas e incentiva la investigación. Fundamentalmente, el juego tiene la facultad de capacitar al niño para que estructure, aprenda y comprenda su mundo.

¿Puede la lúdica enseñarle al infante cómo deben ser las actitudes frente a su alimentación, higiene personal y práctica de la actividad física? Este y otros interrogantes hicieron que un grupo de investigación del Departamento de Nutrición y Bioquímica de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana llevara a cabo la investigación “Efectividad de seis juegos de mesa en la enseñanza de conceptos básicos de alimentación y nutrición: experimento clínico aleatorizado por conglomerados”. Fue así como el grupo de nutricionistas-dietistas, y a la vez docentes del Departamento de Nutrición y Bioquímica, diseñaron como método de enseñanza-aprendizaje en el ámbito escolar seis juegos secuenciales para la promoción de estilos de vida saludable: Concéntrese: “Busca la pareja y ganarás”; lotería: “Nutri-Lotto”; cartas: “Nutri-cartas”; bingo: “Nutri-salud”; dominó: “Nutri-derechos”; y escalera: “Lleguemos al mundo mágico de la alimentación”.

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Fase a fase

El proyecto consistió en un experimento clínico controlado y aleatorizado por conglomerados. En palabras de Martha Constanza Liévano, directora de la Carrera de Nutrición y Dietética e investigadora, “en este caso, se conforman dos grupos: uno que recibe la intervención (colegio A) y otro grupo control que no recibió ninguna intervención educativa (colegio B)”.

La fase 1 empezó con la invitación a participar en el proyecto. Ninguno de los colegios se rehusó, por lo que se procedió a asignarlos aleatoriamente como grupo de intervención y como grupo control. De igual manera, se seleccionaron los cursos de primero a quinto de primaria que participarían en el estudio.

Para el desarrollo de la fase 2, se aplicó un cuestionario estandarizado tanto en el grupo de intervención como en el grupo de control. Esto con el fin de evaluar los conocimientos y actitudes sobre alimentación y nutrición, hábitos higiénicos, actividad física y derechos de los niños. Para este proceso se empleó un cuestionario autoadministrado, desarrollado por las autoras de los juegos.

En la fase 3, se realizó la intervención experimental, que tuvo una duración aproximada de dos meses. En cada semana y con cada uno de los cursos del grupo de intervención, los niños pudieron experimentar los seis juegos relacionados con temáticas de alimentación y nutrición. Según Liévano, “los alumnos más pequeños fueron más receptivos al principio, pero al final todos se divirtieron, pues los juegos, además de instructivos, resultaron entretenidos”.

En Concéntrese: “Busca la pareja y ganarás”, la temática planteada era el origen de los alimentos. Este juego tenía como objetivo identificar a qué reino de la naturaleza pertenecen los alimentos que hacen parte de la dieta diaria.

Con el rompecabezas “Armando el tren de la alimentación saludable” se pretendía que los niños estuvieran en capacidad de identificar los alimentos que se encuentran en cada vagón del tren, así como su función y la importancia de incluirlos diariamente en su alimentación.

Por medio de las cartas “Nutri-cartas” se quería que los niños fueran capaces de identificar la función que cumplen los alimentos pertenecientes a cada uno de los tres reinos para un adecuado crecimiento y desarrollo.

Con el bingo “Nutri-salud” los niños estarían en la capacidad de identificar las normas de higiene personal y de los alimentos como parte de su rutina diaria para prevenir enfermedades; asimismo, de enumerar las ventajas de practicar actividad física diariamente para mantener un estado de salud adecuado.

Con la lotería “Nutri-derechos” los pequeños podrían identificar y conocer sus derechos a la alimentación y a una vida saludable.

Finalmente, con la escalera “Lleguemos al mundo mágico de la alimentación”, los niños identificaban los alimentos y su origen, distinguían los alimentos que deben incluir diariamente en su dieta, enunciaban las reglas de higiene personal y conocían las ventajas de la actividad física diaria para mantener un estado de salud adecuado.

La fase 4 consistió en la evaluación del desenlace y fue realizada en dos momentos: el primero, una semana después de finalizar las actividades educativas con los seis juegos en cada uno de los salones de clase (conglomerados); y la segunda, tres meses después de esta última revisión. En cada uno de estos diagnósticos, el grupo investigativo aplicó nuevamente el cuestionario estandarizado, tanto en los grupos de intervención como en los controles, para evaluar los conocimientos y actitudes sobre alimentación y nutrición, hábitos higiénicos, actividad física y derechos de los niños.

Dificultades y fortalezas

Según Liévano, “una limitación del estudio radicó en utilizar únicamente un método de medición del desenlace: el cuestionario. Sin embargo, las instituciones que participaron estuvieron muy dispuestas a apoyar las actividades”. Otro impedimento en la investigación fue el corto tiempo para desarrollar cada actividad con los juegos. No obstante, las limitaciones no constituyeron un problema mayor para que los resultados del estudio se pudieran apreciar.

Aunque el nivel de conocimientos basales era bajo en ambos grupos (49,43 puntos sobre 100 en el grupo intervención y 57,07 puntos en el grupo control), se logró incrementar los conocimientos en los niños que participaron en los juegos (61,80 puntos)en comparación con aquellos que no lo hicieron (58,73 puntos). Además, la investigación dejó ver que, a mayor nivel académico, los conocimientos sobre alimentación, nutrición y estilos de vida saludable son más altos.

Aun cuando en la institución intervenida hubo una mejoría significativa en los conocimientos, en comparación con la observada en la institución no intervenida, no se alcanzó el puntaje esperado, es decir, un mínimo de 70/100 puntos, a pesar de que el material educativo desarrollado tuvo gran aceptación entre los niños. Según Liévano, “probablemente la duración de la intervención con cada uno de los juegos debiera ser mayor; sin embargo, los puntajes son satisfactorios si se comparan con otros estudios a nivel internacional, en los cuales se obtuvieron resultados similares pero con una gran diferencia en el tiempo de intervención”.

En definitiva, las conclusiones de la investigación arrojaron que los seis juegos de mesa pueden ser instrumentos efectivos en la enseñanza de conceptos básicos en alimentación, salud y nutrición de niños escolares.

Además, teniendo en cuenta que la edad escolar es una etapa propicia para favorecer la adquisición de hábitos relacionados con una alimentación saludable, esta propuesta educativa basada en juegos tiene la posibilidad de ser utilizada como parte fundamental de la enseñanza de temáticas en alimentación y nutrición dirigida a la población infantil, de tal forma que pueda facilitar su incorporación en la rutina de vida delos niños, y así lograr mejores condiciones de salud en el futuro.


Para saber más:
»García, G., Liévano, G., Liévano, M., Leclercq, M. & Moreno, D. (2008). “Caracterización de hábitos alimentarios y estilos de vida de los niños del Jardín Vaticanitos.Bogotá, D. C.”. Colombia: Perspectivas en Nutrición Humana (Universidad de Antioquia, Medellín) 10 (2): 143-152. Disponible en: https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S071775182013000200007&script=sci_arttext Recuperado en: 31/10/2013.

»Liévano, M., García, G., Leclercq, M. & Solano, K. (2009). “Validación del material lúdico de la estrategia educativa basada en juegos para la promoción de estilos de vida saludable en niños de cuatro a cinco años de edad”. Colombia, Universitas Scientiarum 14.

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Carolina Moreno López

Carolina Moreno López

“Cuando una persona estudia derecho se piensa que quiere ser presidente o salvar el mundo. Yo quería esto último”, dice Carolina Moreno López, una joven abogada de la Pontificia Universidad Javeriana que ha cambiado los tribunales por las aulas y el trabajo comunitario, y se ha dedicado a la investigación sobre los derechos humanos de las víctimas del conflicto armado colombiano.

Carolina es una bogotana de 26 años dulce, inteligente y sensata. Ama los libros, el cine, la música y el teatro. En su rostro se dibuja una sonrisa cuando recuerda que desde niña piensa que un mundo mejor es posible, si se basa en la libertad y el respeto. La Carrera de Derecho (2003 a 2009) significó para ella un escenario propicio para el aprendizaje de un lenguaje de poder, desde el cual se podrían engendrar cambios sociales reales que establecieran equilibrios en la sociedad.

Las cátedras de derecho fueron combinadas con seminarios de ciencias humanas, por ejemplo de sociología y de antropología. La curiosidad y el deseo de conocimiento llevaron a Carolina a vincularse en 2007 al Instituto Pensar de la Javeriana, donde amplió su panorama académico, pues “la investigación era una forma de reflexionar y responderme preguntas que mi carrera no me resolvía”.

Una de las reflexiones claves que merodearon su cabeza fue la inequidad en el campo jurídico y en las relaciones de género, punto central de su trabajo investigativo en el reconocido centro, que dio un lugar especial a este tema en medio de su actividad enfocada en el fortalecimiento de la investigación interdisciplinar. Así, en el marco del trabajo del grupo de investigación Pensar (en) Género, comenzó su travesía, mientras que trabajaba con la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana en el acompañamiento a comunidades en el Magdalena Medio.

De la mano del programa “Vidas móviles”, liderado por la profesora Amelia Fernández, de la Facultad de Medicina de la misma universidad, y con la financiación de Colciencias, desarrolló una serie de investigaciones entre 2010 y 2013, a título personal y con el equipo, junto a cincuenta víctimas de desplazamiento forzado ubicadas en la localidad de Ciudad Bolívar en Bogotá.

“Encontré que el género se ha usado de manera obscena para llenar una categoría demográfica, especialmente en el sistema de salud. No tenerlo en cuenta, como un aspecto transversal, hace más vulnerable a la víctima”, puntualiza la investigadora, quien añade que el sistema colombiano no considera las particularidades de las víctimas del conflicto armado que requieren un modelo específico acorde con sus intereses, necesidades y oportunidades.

La inclusión de la perspectiva de género en la atención de población víctima permitiría entender los movimientos conceptuales requeridos para responder sus demandas. Según señala la abogada, el análisis sobre la forma en que se está creando el “derecho” en este contexto es determinante para que estas personas accedan a lo que merecen como ciudadanas, lo que permitiría una mejor distribución de los recursos disponibles para propiciar escenarios de justicia social.

La doctora Fernández, como tutora y testigo del desarrollo de los proyectos, asegura que estos abrieron prometedores caminos. “Carolina es una mujer excepcional, con una amplia capacidad de establecer alianzas conceptuales y prácticas muy sólidas. Fue generosa con su conocimiento y resultó excelente miembro de equipo”, explica la docente.

Moreno se encuentra a la espera de que las puertas de la investigación se sigan abriendo a su paso, pese a las barreras existentes en un país como Colombia. Acaba de regresar de Inglaterra tras la búsqueda de un programa de posgrado enfocado en derechos humanos con perspectiva de género. Entretanto, enseña en las aulas de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Javeriana y sigue abogando por víctimas, como una manera de evocar justicia y “salvar” un fragmento del mundo.


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Tomar conciencia

Tomar conciencia

Al lado de los puestos de comidas rápidas y los centros de fotocopiado, los establecimientos de venta de licor proliferan alrededor de las universidades. Y así, de forma desapercibida, el alcohol se instala en la rutina de los jóvenes universitarios, quienes, recién egresados del colegio, están iniciando una etapa que supone mayor autonomía. Sin embargo, lo que empieza con un par de cervezas los viernes en la tarde podría terminar convirtiéndose en una adicción.

De acuerdo con el II Estudio Epidemiológico Andino sobre Consumo de Drogas en la Población Universitaria1, en Colombia 1 de cada 12 estudiantes, entre los 18 y los 25 años, que ha reconocido haber consumido alcohol en el último año presenta signos de dependencia. Este dato está en línea con los hallazgos de un estudio liderado por la Universidad Javeriana en 2010 (ver “Para leer más”), que a través de entrevistas a estudiantes de 10 universidades de Bogotá permitió evidenciar los altos niveles de consumo de alcohol en jóvenes.

Ante este contexto, pensar en un programa de prevención era el paso a seguir. Una vez se socializaron los resultados del estudio de diagnóstico con 80 estudiantes universitarios, surgieron las claves para empezar a trabajar en prevención. La propuesta de los estudiantes era crear iniciativas dinámicas de prevención que tuvieran en cuenta la perspectiva de los jóvenes, tanto en su planeación como en su puesta en marcha. A partir de esa retroalimentación nació el programa “Tómate el control”.

Un reto de grandes magnitudes

“La literatura muestra que es difícil alcanzar ciertos niveles de prevención de consumo de alcohol, pero nosotros nos la jugamos”, asegura la directora del programa de prevención “Tómate el control”, María Liliana Muñoz, psicóloga y magíster en Comunicación Social, quien también fue la directora del estudio de diagnóstico en el que participaron como coinvestigadoras Gloria del Pilar Cardona, Margareth Méndez, Lucía Carolina Barbosa y Luisa Fernanda Ruiz. Según Muñoz, el programa se creó con el objetivo de lograr que los jóvenes asumieran una actitud crítica con respecto al consumo de alcohol. “Se busca que ellos mismos analicen qué les aporta el licor, pero también cómo los afecta su consumo, para que a partir de ese análisis puedan tomar sus propias decisiones”. El hecho de que los mensajes de “Tómate el control” fueran creados y socializados por los mismos estudiantes marcó una diferencia en relación con proyectos anteriores. El programa se implementó entre 2010 y 2011, y desde entonces se vienen realizando actividades de seguimiento que le han dado continuidad a la iniciativa. El proyecto se realizó con el apoyo de Colciencias, la Secretaría Distrital de Salud y la Universidad Javeriana en dos universidades privadas de Bogotá, incluida la Javeriana.

El programa se diseñó desde un enfoque de prevención integral, que buscaba identificar las características del consumo de alcohol en los jóvenes, las variables asociadas con las situaciones de consumo de alcohol y la relación entre estas situaciones y los niveles de consumo. Este enfoque hizo posible que la estrategia de prevención partiera del reconocimiento, por parte de los mismos jóvenes, de las señales personales y contextuales que les permitirían ejercer la regulación de su conducta en lo que respecta al consumo de alcohol.

En la Universidad Javeriana el programa se puso en marcha en las facultades de Comunicación y Lenguaje, Ciencias Económicas y Administrativas, e Ingeniería, dado que estas fueron las que más altos índices de consumo de alcohol demostraron en el estudio de diagnóstico. Posteriormente, en el desarrollo de las actividades de seguimiento, se involucró también a las facultades de Enfermería, Arquitectura y Diseño, y Psicología. Durante el primer año de intervención del programa, “Tómate el control” llegó a 9.020 estudiantes a través de actividades como videoforos, charlas, encuentros culturales y deportivos, etc.

Gracias al apoyo de la comunidad universitaria, algunas de las actividades del programa se realizaban directamente en las aulas, durante las horas de clase. Del mismo modo, momentos como el almuerzo o el espacio entre clases eran aprovechados por el equipo del programa para llevar a cabo actividades lúdicas y culturales en los lugares abiertos de la universidad.

El programa “Tómate el control” se organizó en dos líneas: “Tómatela suave” y “No te tomes tu vida”. La primera buscaba llegar a todas las personas que de alguna forma están expuestas al consumo de alcohol debido a su contexto, como es el caso de los universitarios. Por su parte, la segunda trabajó con los estudiantes que están en riesgo de tener un consumo de alcohol problemático o que ya lo tienen. En el marco de este programa, los casos muy serios de consumo problemático solo se identificaban y se remitían a otras instancias especializadas.

Una iniciativa desarrollada por y para los jóvenes

Sebastián Piña, estudiante de último semestre de ingeniería, fue uno de los jóvenes que trabajó en el programa “Tómate el control”. Piña asegura que abordar el tema del consumo de alcohol no es fácil, pues no todos se sienten cómodos al compartir sus experiencias personales. “Nuestro objetivo no es decir ‘no tome’, ‘no salga’, ‘no haga nada’, porque es algo que nosotros también hacemos. La clave es concientizar sobre el consumo responsable del alcohol”.

Piña considera que la participación de los jóvenes en el proyecto fue un elemento clave en su éxito. “La recepción del mensaje se logró en todos los casos. La gente se sentía identificada con nosotros, y cuando contábamos casos y experiencias, las personas se animaban y empezaban a intervenir y a participar en las sesiones”.

En esa misma línea, Lorena Storino, estudiante de psicología de quinto semestre que también apoyó “Tómate el control”, asegura que este programa se diferencia de otros por cuanto cada actividad fue planeada por un grupo de jóvenes que conocían los gustos, los incentivos, las necesidades y los problemas de sus compañeros.

Para los jóvenes que hicieron parte del equipo que diseñó e implementó el programa, trabajar en este tipo de iniciativas es un elemento clave de su formación integral. Semestralmente “Tómate el control” contó con la participación de cerca de 25 estudiantes de diferentes facultades. La mayoría de ellos eran becarios de la universidad que tenían la opción de trabajar en el programa para completar sus horas de servicio social. “Pu- dimos contar con un equipo interdisciplinar muy creativo. Teníamos quién apoyara la realización de videos, el funcionamiento de la página web, el manejo de las redes sociales, etc.”, asegura Muñoz.

Actualmente, tras sistematizar los resultados, Muñoz no duda en calificar el proyecto “Tómate el control” como una iniciativa exitosa e innovadora. De acuerdo con el informe final del proyecto, se evidenció una diferencia estadísticamente significativa entre el nivel del riesgo en el consumo de alcohol que se identificó en la evaluación inicial y el de la evaluación posterior a la implementación del programa. Después de la ejecución de “Tómate el control” el riesgo perjudicial y de dependencia del alcohol disminuyó en cinco puntos porcentuales, y el consumo de riesgo se redujo en ocho puntos.

Estos resultados hicieron que la Vicerrectoría del Medio Universitario de la Universidad Javeriana haya tomado la decisión de asumir “Tómate el control” como iniciativa institucional. Adicionalmente, Muñoz y su equipo buscan alternativas para replicar el modelo en más universidades públicas y privadas de Bogotá, el departamento de Cundinamarca, e incluso a nivel nacional.

Para saber más:
» Muñoz, L., Barbosa, C., Bríñez, a., Caycedo, C., Méndez, M. & oyuela, r. (2012). “elementos para programas de prevención en consumo de alcohol en universitarios”. Universitas Psychologica 11 (1): 131-145. disponible en: https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/revPsycho/ article/view/602. recuperado en: 20/09/2013.
» Naciones Unidas, oficina contra la droga y el delito & organización Mundial de la Salud (oMS). (2006). Seguimiento y evaluación de programas de prevención del uso indebido de sustancias por los jóvenes. Viena: Naciones Unidas. disponible en: https://www.unodc.org/pdf/youthnet/action/planning/m&E_S.pdf recuperado en: 20/09/2013.
 
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Microorganismos en las hortalizas: no hay enemigo pequeño

Microorganismos en las hortalizas: no hay enemigo pequeño

El cultivo de la lechuga se remonta 2.500 años atrás, por lo que tanto griegos como romanos la conocieron. Desde entonces, esta hortaliza de hojas verdes ha ocupado un lugar importante en las mesas de diferentes culturas del mundo, como en la colombiana, en donde —según la Corporación Colombia Internacional— el consumo aparente en 2006 se aproximó a 39.800 toneladas, equivalente a 711 veces la producción de oro del país en 2011.

Sin embargo, y pese a la amplia cabida de su cultivo y consumo en el país, sigue constituyendo un producto de cuidado. Una investigación realizada en la línea de investigación de calidad de aguas y lodos del Departamento de Microbiología de la Pontificia Universidad Javeriana devela que existe un gran riesgo sanitario de transmisión de enfermedades de origen hídrico en la sabana de Bogotá por cuenta de este alimento que, durante su periodo de cultivo, es regado con aguas residuales sin tratamiento. Como consecuencia, alberga bacterias, virus y parásitos que pueden resultar perjudiciales para la salud.

En Colombia, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible se interesó en la evaluación de este riesgo por lo que, en el marco de un proyecto más amplio que incluyó pesticidas y metales pesados, contrató a la Universidad Nacional de Colombia, y esta a su vez delegó la investigación del riesgo microbiológico a la Javeriana, por su trayectoria en evaluación microbiológica y toxicológica de la calidad del agua utilizada para riego agrícola.

De este modo, entre los años 2009 y 2010, la profesora María Claudia Campos —bacterióloga y doctora en biología— desarrolló un estudio enfocado en la evaluación del riesgo por riego con aguas residuales de las hortalizas, en un cultivo seleccionado de lechuga en el Centro de Investigaciones Agropecuarias Marengo (CAM) de la Universidad Nacional, ubicado a 14 kilómetros de Bogotá.

“Escogimos un cultivo de lechugas porque tiene un tiempo entre la siembra y cosecha de un mes, es un alimento que se sirve crudo y es uno de los vegetales más consumidos por la población”, explica la investigadora, quien añade que, durante un mes consecutivo y durante tres periodos de cosecha, se tomaron muestras del agua con que se regaba el cultivo, así como del suelo y de las lechugas.

Bacterias, parásitos y virus al acecho

El estudio de las muestras develó que el agua de riego —proveniente del río Bogotá— tiene una alta concentración de bacterias: alrededor de diez mil, o incluso un millón, por cada cien mililitros. Estas cifras superan las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entidad que sugiere un máximo de mil bacterias por cada cien mililitros para el riego de este tipo de cultivos.

Si bien el alto número de bacterias en estas aguas resulta alarmante, la investigación encontró que cuando los microorganismos llegaban al suelo su número se reducía, debido al cambio de las condiciones ambientales que encuentran, como la humedad, la temperatura, la acción de los rayos solares y el pH (medida de acidez). Esto afecta sus posibilidades de supervivencia, que también pueden prolongarse en cosechas que son regadas de manera permanente.

Campos indica que, “si bien no encontramos altas concentraciones de bacterias en las lechugas, sí encontramos virus y parásitos, ya que son más resistentes a las condiciones ambientales y a los procesos de desinfección. De hecho, con muy pocos virus y parásitos se pueden generar infecciones o enfermedades de origen hídrico, como diarrea o hepatitis”.

Estos microorganismos provienen de la materia fecal, pues habitan dentro del intestino; no obstante, cuando son expulsados, se convierten en patógenos (originan y desarrollan enfermedades). Una vez se eliminan, van por el agua a los sistemas de alcantarillado y finalmente a los ríos, cuyas aguas luego son utilizadas para riego agrícola. Esta práctica es común en todo el mundo, con la diferencia de que las aguas residuales se someten, en la mayoría de los casos, a tratamientos previos para reducir la contaminación y evitar el riesgo sanitario.

De otro lado, la Procuraduría General de la Nación señala que, aunque el país cuenta con sistemas para tratar el 20% de las aguas residuales producidas en el área urbana, la utilización efectiva de dichos sistemas cubre apenas un 10%, debido a fallas en la operación o a falta de mantenimiento. Esto deja ver que la calidad del agua es baja y aún no existe una respuesta adecuada por parte de las autoridades para mejorar esta problemática.

Lo que resulta aún más inquietante es que, según la investigadora, en el ciento por ciento de las ocasiones, el riego agrícola se hace con aguas contaminadas o que han tenido un uso previo. Esto implica la necesidad de insistir en la instauración de mejores prácticas agrícolas, con el propósito de que garanticen no solo cultivos buenos, en cuanto a la calidad de los productos, sino que también sean seguros para los consumidores, porque “naturalmente encontramos que existe un riesgo sanitario de transmisión de enfermedades por el consumo de alimentos que ya vienen contaminados de las granjas o fincas donde se cultivan”.

¿Un colombiano entre diez mil?

Con base en estudios epidemiológicos y microbiológicos, la OMS establece que se puede aceptar un riesgo de que una persona entre diez mil se enferme al consumir un alimento que está contaminado, pero la decisión final es de cada país ya que debe garantizar los mecanismos para cumplir el objetivo. Por ejemplo, en Estados Unidos se busca que ninguna persona se enferme por cuenta de este tipo de alimentos contaminados.

Para alcanzar este riesgo, los estudios sugieren la necesidad de asegurar que el agua residual se trate antes de llegar a los ríos. En Colombia la cobertura es muy baja, por lo que resulta difícil lograr la meta de riesgo determinada por la OMS. “Estamos muy lejos de un tratamiento adecuado de aguas residuales, así que habría que tomar otras medidas para mejorar la situación, por el momento”, señala la profesora Campos.

El estudio microbiológico sugiere entonces dos posibilidades concretas: realizar el riego de cultivos con agua tratada de buena calidad y cosechar el alimento cuatro o cinco

días después de haber hecho el último riego. En este lapso los microorganismos podrían morir por cuenta de los rayos del sol, cambios de temperatura y otros factores ambientales, con lo cual se disminuiría el riesgo de contaminación.

Una vez en manos del consumidor, la investigadora apunta que se debe mantener refrigerada la hortaliza y, cuando se vaya a consumir, realizar un buen lavado. ¿Qué significa esto? Separar las hojas de la lechuga y ubicarlas en una solución de agua con gotitas de cloro, lo cual elimina parte de los microorganismos. Posteriormente, es conveniente volver a lavar con agua potable.

“Si en toda la cadena productiva de las hortalizas —desde el cultivo hasta el consumo— se lograra establecer una serie de pautas de cuidado y de higiene, el riesgo de adquirir enfermedades, por cuenta de los virus, parásitos y aun de las bacterias, disminuiría drásticamente”, concluye la investigadora. Se trata, pues, de medidas iniciales para en- marcarnos en el riesgo de que un colombiano entre diez mil se enferme por el consumo de hortalizas, o disminuya el porcentaje de trasmisión de enfermedades por cuenta del riego con aguas residuales.


Para saber más:
    • »  Campos, C. (2008). “New Perspectives on Microbiological Water Control for Wastewater reuse”. Science Direct, De- salination 218: 34-42.
    • »  Cárdenas, M., Moreno, g. & Campos, C. (2009). “evaluation of Fecal Contamination Indicators (Fecal Coliforms, Somat- ic Phages, and Helminth eggs) in ryegrass Sward Farm- ing”. Journal of Environmental Science and Health 44 (3) (parte a): 249-257. disponible en: https://dx.doi.org/10.1080/10934520802597846. recuperado en: 20/09/2013.

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El caso del silencio en la oscuridad: un trabajo integral que trasciende la ciencia

El caso del silencio en la oscuridad: un trabajo integral que trasciende la ciencia

Esta historia empieza casi treinta años atrás. La doctora Martalucía Tamayo, en ese entonces estudiante de Genética Médica, ayudaba como asistente curiosa en lo que hoy se conoce como el Instituto de Genética de la Universidad Javeriana. En la década de los ochenta no era un departamento académico, sino un campo al que se dedicaba el especialista en genética Jaime Bernal, quien había hecho sus estudios en Inglaterra y estaba de regreso al país para poner en práctica lo aprendido.

Bernal y Tamayo tenían la rutina propia de cualquier campo de la medicina y atendían personas que llegaban para ser revisadas diariamente. Un día apareció una familia de la que hacían parte dos hermanos adolescentes que, además de ser sordos, presentaban una deficiencia visual que amenazaba con la ceguera total. Ni Bernal ni Tamayo habían visto un caso similar y por tanto no sabían de qué enfermedad se trataba. Estaban ante un reto al que ningún amante de la investigación se resistiría. Ellos, sin saberlo, arrancaban un largo y emocionante camino en su trabajo científico.

Al poco tiempo, en una de las clases que dictaba en medicina, Martalucía relató el caso que estaba trabajando y un estudiante comentó que conocía a otra familia en la que tres hermanos tenían lo mismo. Al reunir a las dos familias empezaron el estudio formal y descubrieron que se trataba del síndrome de Usher, una enfermedad ya documentada pero poco conocida.

De qué se trata el síndrome

Es una enfermedad genética caracterizada por reunir una alteración auditiva conocida como sordera y una alteración visual progresiva que termina produciendo una ceguera total o parcial, dependiendo del caso.

La sordera es de nacimiento y puede ser prelingual o poslingual, es decir que es posible que se presente antes de adquirir el lenguaje o después. La ceguera, en cambio, es progresiva y puede aparecer a partir de la primera década de vida a causa de la degeneración de las células de la retina que produce una enfermedad llamada retinitis pigmentosa.

Si bien esta enfermedad había sido reseñada desde antes de 1914, fue el médico inglés Charles Usher quien logró establecer que la unión entre la retinitis y la sordera no era azarosa, sino que por el contrario obedecía a una misma enfermedad genética y hereditaria. De ahí que el nombre del síndrome lleve su apellido.

Con esta primera información, Tamayo pudo enfocar sus estudios hacia el síndrome partiendo de una pregunta obligada: ¿Qué tan común es esta enfermedad en Colombia? Responderla ha sido un viaje completo en el que la han acompañado Nancy Gélvez y Greizy López, bacteriólogas especializadas en genética.

El aporte colombiano

En una primera etapa, este grupo de mujeres dedicadas a la ciencia se enfocó en niños sordos que asistían a algún tipo de institución educativa, con el fin de analizar sus ojos y establecer si había presencia o no de los dos síntomas principales del síndrome.

Encontraron que, en efecto, estos menores, además de padecer diversos problemas visuales, tenían afectada la retina. A partir de allí el grupo aumentó; “nos unimos con la Fundación Oftalmológica Nacional para trabajar de la mano con oftalmólogos retinólogos y descubrimos que aproximadamente el 10% de las personas con sordera congénita y que estaban institucionalizadas tenían retinitis pigmentosa, lo que podía corresponder a síndrome de Usher”, explica la doctora Tamayo.

También hicieron el ejercicio contrario y estudiaron la audición en la población ciega o con limitación visual, y encontraron que un 9% tenía los dos síntomas. De esta forma concluyeron que entre el 9% y el 10% de la población ciega y sorda institucionalizada del país puede padecer síndrome de Usher.

Según Tamayo, a partir de esa primera cifra iniciaron un tamizaje permanente a nivel nacional. Después, el grupo de investigación realizó una publicación internacional sobre el análisis de algunas familias afectadas, con el que determinó que aproximadamente el 3,2% por cada 100.000 habitantes puede tener el síndrome.

Como el estudio a nivel mundial también había avanzado, la comunidad científica estableció tres grandes grupos o tipos de la enfermedad que les sirvieron de base a estas mujeres en su pesquisa. Esta clasificación surge puesto que, como es común en las enfermedades genéticas, el síndrome de Usher no siempre se manifiesta de la misma manera:

-Tipo 1: Es el más severo. Se caracteriza porque la persona sufre de sordera, retinitis y alteración vestibular o de equilibrio.

-Tipo 2: En este caso la pérdida auditiva es menor, se presenta la retinitis, pero no hay problema de equilibrio.

-Tipo 3: Es el más inespecífico y menos frecuente. Se presenta sordera progresiva, retinitis en algún momento de la vida y los problemas de equilibrio son variables.

Más allá de la ciencia

“Cuando uno ejerce la genética clínica, se mete en una profesión que diagnostica enfermedades desagradables, duras, con grandes dramas familiares, personales, médicos y sociales, que hacen sentir la necesidad de ir un poco más allá de lo puramente científico. En este estudio hemos descubierto problemas asociados a la enfermedad y un drama social al que no podíamos permanecer ajenos”, dice Martalucía.

Roberto Velandía, por ejemplo, tiene 38 años y fue diagnosticado con síndrome de Usher hace veintidos por la doctora Tamayo. En su familia hay seis casos iguales, su mamá, sus tres hermanos, su primo y su sobrino. “Cuando me dio este mal tan terrible no quise volver a salir de mi casa, fueron 17 años de encierro total, sin querer hacer nada y con esa vergüenza de que la gente supiera que yo soy sordo-ciego. Yo no sabía que había más personas como yo y siempre pensaba ¿por qué a mí? Incluso pensé en no seguir viviendo para no ser un estorbo”, comenta Velandía.

Ese lado de la enfermedad que muestra el drama de quienes la padecen ha despertado conciencia social en este grupo de investigación y lo ha convertido en un ejemplo de trabajo integral.

La historia de la doctora Martalucía y de sus colegas remite a un campo en el que ellas no son expertas, la psicología. “Hemos visto que un porcentaje importante tiene problemas de depresión o problemas psiquiátricos, como esquizofrenia, y que aún la ciencia no ha podido responder si es secundario a la realidad de ser sordo y empezar a quedarse ciego; o si es efecto del propio gen que produce la doble alteración del síndrome, más algún otro efecto a nivel cerebral que ocasione un problema mental asociado”. Al detectar este tipo de problemas empezaron a trabajar en conjunto con un grupo de psiquiatras; allí encontraron que es frecuente la depresión, que hay porcentajes importantes de personas con enfermedad bipolar y, aunque en menor medida, se presentan casos de esquizofrenia.

Hoy, aunque la historia no termina, los 28 años de trabajo se ven materializados en dos proyectos nuevos: la Fundación Derecho a la Desventaja (Fundalde), que brinda orientación en todos los niveles para las familias que sufren del síndrome de Usher; y la Cátedra de Inclusión, Medicina y Discapacidad, ofrecida a estudiantes de áreas de la salud con el fin de darles elementos para abordar la discapacidad incluyendo el modelo social.

Roberto, con la ayuda de diferentes profesionales y recientemente de Fundalde, logró salir de su casa, conocer a más personas sordo-ciegas y dominar nuevas formas de comunicación. Ahora, después de cinco años, afirma: “Aprendí a utilizar el bastón para ubicarme, gané una tutela con la EPS y uso audífono para escuchar a distancias cortas. Con la ayuda de un software para personas ciegas puedo navegar por Internet, tengo correo electrónico, Facebook, y cuando empezó la Fundación le dije a la doctora Tamayo que dictáramos clases de braille y sistemas, porque yo sé que lo que he aprendido se lo puedo transmitir a mi familia sordo-ciega”.

Aunque no todos los casos logran ese nivel de recuperación, y las personas se quedan sordas después de haber aprendido a hablar, sí pueden tener herramientas para mejorar su calidad de vida cuando reciben asesoría profesional. Según la doctora Tamayo, “del logro del que yo me siento más orgullosa y que me permite retirarme más tranquila el día que tenga que hacerlo es el de haber llegado a los diferentes ámbitos sociales y humanos. En ese aspecto hemos sido pioneros en toda la región. Creo que hemos llegado a entender lo que verdaderamente significa la sordo-ceguera: ‘el caso del silencio en la oscuridad’”.


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Investigación para la salud oral

Investigación para la salud oral

La dentadura, más que un conjunto de piezas en la boca, es una parte fundamental del cuerpo humano. Así lo entendieron los creadores del Centro de Investigaciones Odontológicas (CIO) de la Pontificia Universidad Javeriana al crear un espacio de investigación odontológica de carácter interdisciplinario.

Desde su creación en el año 1995, el CIO contrató odontólogos especializados y profesionales de diferentes ramas del saber, con el objetivo de responder a las inquietudes que surgen en las clínicas odontológicas con relación a las causas que suscitan enfermedades dentales y sistémicas.

Químicos, físicos, bacteriólogos, biólogos y odontólogos, entre otros profesionales de la medicina, responden los interrogantes originados en las clínicas odontológicas y apoyan los proyectos de esta rama médica, pues existen enfermedades dentales que son el resultado de una enfermedad padecida por el paciente y otras que tienen su origen en una parte del cuerpo diferente a la boca.

La importancia del CIO

Los procesos investigativos realizados en el CIO y que aportan beneficios a la comunidad científica visualizan la Facultad de Odontología como un ente educativo de orden nacional que cuenta con la infraestructura necesaria para llevar a cabo investigaciones básicas, médicas y odontológicas.

Adicionalmente, apostarles a procesos de investigación que incluyen diversas ramas de la medicina proyecta internacionalmente a la universidad. Son de destacar los convenios de investigación con universidades nacionales e internacionales que aportan conocimiento a los investigadores y los profesionales involucrados en los diferentes procesos.

La Universidad Nacional, la Universidad del Bosque, la Institución Universitaria Colegios de Colombia (Unicoc), la Universidad de Cartagena y la Universidad Cooperativa de Pasto conforman las entidades nacionales que soportan las investigaciones del CIO, en representación de la Pontificia Universidad Javeriana.

La investigación más reciente que incluye el trabajo conjunto de estas entidades de educación superior es el proyecto de la relación genotipo-fenotipo en pacientes con fisura labio-palatina (labio paladar hendido), que involucra las etnias y culturas de las regiones representadas por cada universidad. “Esta investigación busca identificar las características genéticas, faciales y esqueléticas de familias con fisura labio-palatina de diferentes etnias para compararlas con familias en donde no se presenta esta enfermedad”, afirma Liliana Otero, directora del CIO.

En el ámbito internacional, existen convenios con la Universidad McMaster, la Universidad de Indiana y la Universidad de Kentucky, con las cuales se trabaja actualmente en la investigación de los problemas relacionados con la apnea de sueño (la persona que la sufre hace una o más pausas en la respiración o tiene respiraciones superficiales durante el sueño) y sus trastornos, un proyecto financiado por Colciencias.

La interdisciplinariedad

La trascendencia de la interdisciplinariedad se explica fácilmente por los estudios e investigaciones realizados en líneas como la genética de las alteraciones craneofaciales, la ecología oral y la bioingeniería de tejidos.

Estas alteraciones no solo se manifiestan clínicamente como problemas en los dientes, en las encías o en la oclusión, sino que frecuentemente hacen parte de enfermedades sistémicas o síndromes producidos por mutaciones genéticas. Por esta razón los odontólogos deben trabajar con un equipo multidisciplinario que involucra diferentes especialistas de la rama médica y científicos expertos en ciencias básicas. En ese sentido, son muchas las disciplinas que convergen en la prestación de un excelente servicio y una mejor calidad de vida para el paciente.

En conclusión, para el CIO la boca es un modelo de todo el cuerpo, pues en la cavidad oral se puede encontrar la respuesta a muchos de los eventos que ocurren en el organismo del ser humano.


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Baño de rosas para los dolores en la industria floricultora

Baño de rosas para los dolores en la industria floricultora

El brazo izquierdo de María Eugenia Rodríguez* parece congelado. A sus 54 años de edad, esta madrileña de la sabana occidental de Bogotá presenta dolor y dificultad para mover sus manos y muñecas; síntoma de síndrome del túnel carpiano, una enfermedad que afecta el nervio mediano desde el antebrazo hasta la mano.

Rodríguez ha trabajado con cultivos de rosas desde joven, por lo que ha tenido que cortar, bonchear, podar, desbotonar, enmallar, desyerbar, barrer y sembrar. Estas tareas se hacen en su mayoría de forma repetitiva, con descansos que en algunas empresas son solamente moderados y con jornadas que pueden llegar a ser extenuantes en los meses de mayor demanda (diciembre y febrero).

Hace tres años, los brazos de María Eugenia comenzaron a flaquear. “Me dolían mucho las manos. No podía hacer fuerza, y mantenía con calor y dolor todo el tiempo. Primero la izquierda, luego la derecha”, asegura esta mujer con tristeza, pues tuvo que suspender sus labores como floricultora. La empresa en la que trabaja desde hace más de 15 años es consciente de la problemática y ha buscado soluciones que contribuyan a su rehabilitación.


Una realidad frecuente

Casos como el de Rodríguez son habituales, según las estadísticas de los ministerios de Salud y Protección Social, y del Trabajo. De hecho, el sector floricultor es la actividad económica que presenta mayor número de casos de enfermedades profesionales en Colombia; especialmente aquellas que comprometen miembros superiores (mano, muñeca, antebrazo y codo), en parte debido a que es un sector de la economía formal sujeto al monitoreo de la salud de sus trabajadores.

Frente a esta delicada situación, la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, y en particular su Centro de Estudios de Ergonomía, desarrolló en 2007, en equipo con una administradora de riesgos profesionales (ARP) y un grupo de empresas interesadas, un proyecto para investigar el porqué de estas enfermedades con miras a encontrar posibles soluciones.

El ingeniero Lope Hugo Barrero, actual director del Departamento de Ingeniería Industrial, ha liderado esta investigación y afirma que, tras la conformación de un grupo integrado por profesionales del sector industrial, trabajadores y académicos de la Javeriana, el estudio se adelantó en cuatro fases. La primera fue una revisión del problema en la literatura científica mundial; la segunda, la determinación de las demandas de los trabajadores para el caso colombiano; la tercera fue el reconocimiento de las mejoras por realizar; y la cuarta fase se orientó a la implementación de las reformas planteadas.

Las herramientas de corte utilizadas llevaron a los investigadores a diseñar unas nuevas tijeras, más cómodas para el trabajador.
Las herramientas de corte utilizadas llevaron a los investigadores a diseñar unas nuevas tijeras, más cómodas para el trabajador.

Bajo el título “Factores asociados a la presentación de desórdenes músculo-esqueléticos de miembro superior en una población de trabajadores de rosa y crisantemo del sector floricultor colombiano”, la investigación contó para su segunda fase con la participación de ocho empresas y 180 de sus trabajadores que realizaban tareas de cultivo y cosecha de crisantemo (en el departamento de Antioquia) y rosa (en el de Cundinamarca). Para la implementación, solamente participaron las floricultoras de rosa.

Según afirma el ingeniero Barrero, “encontramos que este tipo de tareas se hacen en ciclos de 10 veces por minuto en promedio, lo que significaría que a veces puede ser más alto o puede ser más bajo. El problema es la repetición, la postura del cuerpo y la fuerza en esa repetición. Lo que queremos evitar es que esos movimientos se hagan con aplicación de fuerza y en posición inadecuada”.

El coinvestigador y director del Centro de Estudios de Ergonomía, Leonardo Quintana, ejemplifica: “Supongamos que vas a cortar una tela. Al final te puede doler un poquito la mano por la posición, la fuerza para coger las tijeras y la cantidad de veces que lo haces. Eso es un microtrauma; si tú lo haces por hobby, un día a la semana, el lunes te tomas la aspirina y te mejoras. Pero si lo tienes que hacer todos los días porque ese es tu trabajo, entonces hay trauma sobre trauma. Es un trauma acumulativo”.


La intervención propuesta

En este punto la ingeniería y la ergonomía juegan un rol importante, pues el estudio de estas problemáticas busca aliviar al trabajador mediante diseños de herramientas y de tareas, de manera que no solo se optimice o mantenga la productividad sino también que se mejore la postura del cuerpo, se permita la recuperación y sea posible así la prevención o el alivio de este tipo de lesiones.

Barrero indica: “A partir del trabajo realizado, se comenzó otro de diseño de tijeras en el Centro de Estudios de Ergonomía, que resultaran más pequeñas y en las que la mano de una trabajadora colombiana no quedara desviada sino en posición neutral, y no hiciera fuerza con las yemas de los dedos”. Barrero enfatiza que “es importante ser honestos. En ciertos casos los beneficios posturales esperados se lograron, en otros no. Lo que sí hay que resaltar es que unas tijeras diseñadas de manera ergonómica para la población nacional pueden mejorar las ventajas mecánicas”.

El investigador también concluye que las pausas son otra medida que podría ser útil para minimizar la problemática. Según infiere Barrero, se trata de descansos cortos de dos a cinco minutos, cada 20 o 40 minutos. Tal tipo de intervención ayudaría a que los músculos descansaran. “Estas pausas son especialmente valiosas en tareas de clasificación porque se hacen durante ocho o diez horas por día”, explica.

Diseño e incorporación de tijeras ergonómicas, establecimiento de pausas cortas entre tiempos de trabajo, rotación de labores y actividades de elongación de los músculos pueden ser medidas tangibles, concretas y benéficas para evitar las patologías de miembros superiores entre trabajadores del sector floricultor.

La rotación de labores resulta también un alivio para el trabajador, de acuerdo con el ingeniero Quintana, quien afirma que se han planeado “varias estrategias de rotación. Una de las intervenciones es lograr que los trabajadores puedan hacer tareas de corte y luego pasar a otras que usen principalmente grupos musculares diferentes para disminuir el tiempo en una sola tarea repetitiva”. Sugiere además que la rotación podría incluir labores administrativas.

El director del Centro de Estudios Ergonómicos agrega que las actividades de estiramiento y fortalecimiento son realmente benéficas, por cuanto “producen una elongación del músculo que le da flexibilidad. En la medida en que se sobrecarga el trabajo, el músculo condensa o agrupa más ácido y más toxinas, y por lo mismo menos oxígeno. Cuando se estira, libera todas estas reacciones químicas y obtiene más salud y más oxígeno”.

Cada una de estas propuestas ha sido planteada por el grupo de investigación de la Javeriana como posible intervención para prevenir las enfermedades relacionadas con miembros superiores en la población de estudio. Sin embargo, según recalcan los investigadores, se trata de circunstancias que pueden variar de acuerdo con diferentes condiciones como el trabajador, el tipo de corte o la flor con que se trabaje, entre muchas otras.

Las recomendaciones de los investigadores es que las actividades de corte y clasificación se conviertan en esenciales.
Las recomendaciones de los investigadores es que las actividades de corte y clasificación se conviertan en esenciales.

Barrero concluye: “Es una combinación de factores. Lo que nosotros al final recomendamos es que las tareas de clasificación y de corte deben ser la prioridad de la industria colombiana, aunque la mecanización es una opción para los casos repetitivos”.

De este modo, el diseño y la incorporación de tijeras ergonómicas, el establecimiento de pausas cortas entre tiempos de trabajo, la rotación de labores y las actividades de elongación de los músculos podrían ser medidas tangibles, concretas y benéficas. La industria floricultora podría implementarlas para evitar los frecuentes casos patológicos de miembros superiores entre trabajadores que, como María Eugenia, han tenido que suspender sus labores en cultivos de rosas.


Para leer más

  • Barrero, L. H. et ál. (2011). “Prevención de trastornos músculo-esqueléticos de las extremidades superiores relacionados con el trabajo: revisión sistemática”. Archivos de Prevención de Riesgos Laborales 14 (3): 138-146.
  • Barrero, L. H. et ál. (2012, octubre). “Physical Workloads of the Upper-Extremity among Workers of the Colombian Flower Industry”. American Journal of Industrial Medicine 55 (10): 926-39. Disponible en: https://onlinelibrary. wiley.com/doi/10.1002/ajim.22102/full. Recuperado en: 10/10/2012.

* El nombre original ha sido modificado por petición de la trabajadora.

Un aliado llamado probiótico

Un aliado llamado probiótico

La palabra probiótico significa a favor de la vida. A principios del siglo XX, Elías Metchnikoff, microbiólogo ucraniano, fue el primero en proponer que el consumo regular de alimentos lácteos acidificados podría ejercer un efecto benéfico sobre la salud. Sin embargo, esta práctica data de tiempos bíblicos, pues el libro del Génesis 18, 8 reza que “Abraham debe su longevidad al consumo de leche agria”, y la misma fuente narra su deceso a los 165 años. Pero a sus 7, Juan Camilo*, estudiante de un colegio público de Bogotá, también se enteró de los beneficios de estos microorganismos milenarios, aunque en su caso como consecuencia de una investigación nacida en 2008 y titulada el “Efecto del consumo de probióticos sobre la presencia de Helicobacter pylori en escolares de Bogotá”. Esta fue propuesta por la nutricionista y profesora de la Universidad Javeriana María Silvia Bohórquez, en compañía de sus colegas Martha Liévano y Germán Campuzano, y dos estudiantes del área.

Todo empezó cuando el equipo detectó la presencia de una bacteria llamada Helicobacter pylori en el estómago de Juan Camilo. Él, al igual que otros trescientos compañeros de su colegio entre los cinco y los doce años, convivía con esta sin síntomas aparentes. No obstante, con el tiempo podría ser la causante de diferentes enfermedades como la gastritis, la diarrea, la malnutrición, las fallas en el crecimiento y la anemia por déficit de hierro, todas ellas muy frecuentes en la población infantil. Incluso, se han reportado casos de anorexia en adolescentes que mejoran con la erradicación de esta bacteria.

Mediante la prueba de aliento con urea, un kit especial que fue importado de España, los investigadores pidieron a cada niño soplar dentro de un pequeño tubo donde, tras ingerir una solución rica en acido cítrico, la bacteria quedaría expuesta al dejar una marca por el repentino cambio del nivel de acidez en el estómago. Pero más allá de determinar quién era positivo y quién no, Bohórquez y los demás investigadores pretendían evaluar el efecto antiHelicobacter en el cuerpo humano mediante el consumo de tres bebidas lácteas ricas en probióticos.

En los laboratorios del mundo ya se había comprobado, a través de estudios in vitro y modelos animales, que los organismos probióticos afectan negativamente el crecimiento de la Helicobacter pylori. Estos pueden ser una alternativa en la prevención de la infección y contribuyen a su erradicación, labor que hasta ahora solo se les había encargado a los antibióticos. La Organización Mundial de la Salud afirma que los probióticos son “microorganismos vivos que, cuando son suministrados en cantidades adecuadas, promueven beneficios en la salud del organismo huésped”.
Estos estudios animaron a los profesores a buscar aliados en la industria privada que patrocinaran su experimento: darles a los trescientos niños infectados las bebidas por un periodo de dieciocho días y comprobar nuevamente la presencia de la bacteria en su sistema tras el consumo. El objetivo era demostrar que, cuando se consume el probiótico, el Helicobacter pylori se debilita.
Pero, antes de iniciar la intervención, los investigadores quisieron entender y reflexionar sobre el entorno que favorece la adquisición de la bacteria.

Bacteria común

En 1982, dos científicos australianos de apellidos Watson y Marshall ganaron el Premio Nobel de Medicina por descubrir esta bacteria. Una década más tarde, la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer la clasificó como un agente carcinógeno de
grado 1. Este último dato es importante para Colombia, ya que el cáncer gástrico representa la primera causa de muerte por cáncer en el país.

Los investigadores identificaron entre la población estudiada algunos aspectos que podrían asociarse a la adquisición de la bacteria, como la limpieza de los alimentos, el agua que consumen, las condiciones nutricionales de cada uno y sus hábitos de higiene diaria. Bohórquez presume que estos dos últimos son factores que pueden estar ejerciendo un papel importante para su adquisición, y que a su vez están más relacionados con aspectos educativos, ya que los estudiantes observados ―a pesar de contar con acceso a agua potable, viviendas adecuadas, servicios sanitarios y alimentación― tienen prácticas inadecuadas, como no lavarse las manos después de entrar al baño.

No obstante, la muestra de esta investigación representa una minoría dentro de la población infantil colombiana, pues en el país abundan los pueblos sin aguas tratadas, la desnutrición y los malos hábitos de limpieza. Este panorama fue puesto en evidencia por primera vez por el médico Pelayo Correa, en el departamento de Nariño, luego de que se registrara una cifra alarmante de enfermedades gástricas. Así que, para seguir esa hoja de ruta, el equipo se empeñó en actualizar el estado del arte de esta materia en Colombia, sobre todo en el sector infantil, sobre el que hay poca información y pueden verse con claridad los efectos positivos de este tipo de tratamientos.

Pilas con el pylori

En comparación con países como Inglaterra, donde solo el 7% de la población infantil tiene Helicobacter pylori, en Colombia esta cifra asciende al 73%.

Tras las pruebas, alrededor del 60% de los niños redujeron la carga bacteriana, y el restante 40% podría hacer parte de un segundo experimento, puesto que una de las hipótesis del grupo es que a mayor tiempo de exposición al probiótico, mejores serán los resultados. Fueron los padres de familia de cada estudiante los primeros en aprender de estos datos y ponerlos en práctica desde casa.

Hay algunas cepas o familias de probióticos llamadas iniciadoras que, según la comunidad científica, están cargadas de beneficios. Entre ellas se destacan la BB12, la Lactobacillus casei y la Lactobacillus acidophilus, las cuales, al entrar al organismo, fermentan la comida que el intestino no pudo digerir y ayudan a preservar vitaminas y antioxidantes. De esta manera previenen la llegada de más enfermedades.

Y si hay quienes aún desconfían de estos componentes naturales, derivados del reino vegetal y animal, no hay razón para ello, a menos de que tengan un organismo inmunodeficiente o sufran de desnutrición crónica; es decir, que su cuerpo esté tan débil como para no dejarse ayudar por estos amigos lácticos.

Pero no hay que ir más allá del ejemplo de Juan Camilo para darse cuenta de que una dieta que incluya alimentos con probióticos puede mejorar el estado de salud de un niño y prolongar la vida del adulto. Es necesario seguir explorando las propiedades de los probióticos para optimizar su uso en el control de la bacteria y como apoyo en las terapias farmacológicas antiHelicobacter pylori.
“Tras esta investigación preliminar quedan más preguntas que la comunidad científica debe abordar con entereza”, afirmó Bohórquez, quien concluyó que la prevención desde edades tempranas se hace indispensable para impactar positivamente la salud de la población adulta.

A su vez, se logró comprobar los múltiples beneficios de los yogures de este tipo en menores de edad. “Los probióticos ayudan a prevenir y a controlar la diarrea, estimulan la respuesta inmune, reducen las alergias alimenticias y las infecciones urinarias y vaginales; y además, debilitan los efectos del Helicobacter pylori en el organismo”, aseguró la profesora.

Adquirir unos buenos hábitos alimenticios e higiénicos desde la infancia se convertirá en una de las mejores armas contra esta bacteria. Ahora resta luchar para que todos los niños del mundo se beneficien de estas condiciones y ojalá en su dieta diaria siempre haya una bebida o un alimento cargado de probióticos.


Para leer más…
+Correa, P. “Helicobacter pylori Infection and Gastric Cancer”. (2003). En Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention 12: 238-241. Disponible en: https://cebp.aacrjournals.org/content/12/3/238s.full#fn-1. Recuperado en: 05/07/2012.
+Rocco, A. & Nardone, G. (2007, 7 de junio). “Diet, H. pylori Infection and Gastric Cancer: Evidence and Controversies”. World J. Gastroenterol 13 (21): 2901-2912. Disponible en: https://www.wjgnet.com/1007-9327/13/ 2901.pdf. Recuperado en: 05/07/2012.
+World Health Organization, International Agency for Research on Cancer (IARC). (1994). “Infection with Helicobacter pylori”. Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Humans 61: 177-240. Disponible en: https://monographs.iarc.fr/ENG/Monographs/vol61/volume61.pdf. Recuperado en: 05/07/2012.

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Un mecanismo preventivo, a sus pies

Un mecanismo preventivo, a sus pies

Cuando el páncreas no produce insulina suficiente o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce, se origina la diabetes. Aunque esta enfermedad es mortal, su adecuado y oportuno control permite garantizar una vida larga y saludable al paciente. Sin embargo, si la diabetes no logra controlarse, puede acarrear consecuencias nefastas para el organismo, como graves daños en varios órganos y sistemas del cuerpo, especialmente en los nervios y en los vasos sanguíneos.

Una de las complicaciones más preocupantes de esta patología, por la afectación en la calidad de vida de los diabéticos, es la aparición de úlceras en los pies.

El pie diabético está definido como una infección, ulceración o destrucción de los tejidos profundos que se relaciona con alteraciones neurológicas y distintos grados de enfermedad vascular periférica en las extremidades inferiores. Esta alteración no se desarrolla en todos los pacientes diabéticos; su complicación depende en gran medida del control que se tenga de la enfermedad, de los factores intrínsecos y ambientales asociados al paciente y, en definitiva, del estado evolutivo de la patología de base.

Sus manifestaciones son variadas. Su afectación en los nervios hace que el diabético pierda la sensibilidad al dolor y a la temperatura, y que los músculos se atrofien, lo que favorece la aparición de deformidades en el pie. Al perder la sensibilidad en el pie, el paciente no se percata de un mínimo roce o, lo que es peor, no siente alguna herida, la hiperpresión en un punto determinado o una exposición excesiva en fuentes de calor o frío.

El alarmante problema del pie diabético, así como su incremento en los últimos años (más del 15% de los pacientes con diabetes), ha despertado el interés de un grupo de investigación en el que participan profesores de diferentes disciplinas del Departamento de Electrónica de la Facultad de Ingeniería
de la Pontificia Universidad Javeriana. Así lo explica la profesora de ese departamento, la doctora Martha Zequera: “La diabetes es una pandemia mundial vigente hace más de diez años que viene afectando no solamente a la población colombiana, sino también a la población mundial, y una de las complicaciones más graves de la enfermedad es el pie diabético, que conduce directamente a una amputación de miembros inferiores en muy poco tiempo, lo que desencadena altos costos por su tratamiento y rehabilitación, tanto para el Gobierno y la familia, como para el paciente”.

Esa preocupación, la de una enfermedad que constituye uno de los problemas sanitarios de mayor trascendencia tanto por su extraordinaria frecuencia como por su enorme repercusión social y económica, hizo que Zequera realizara su tesis doctoral sobre este tema en Gran Bretaña. En los últimos nueve años ha venido haciendo investigaciones en el mismo campo con el apoyo de un grupo de profesores y estudiantes de maestría y pregrado de las facultades de Medicina, Ingeniería, Odontología y Microbiología; con los grupos javerianos de investigación Bioingeniería, Análisis de Señales y Procesamiento de Imágenes (Baspi) y Sistemas Inteligentes, Computación Gráfica y Bioinformática (Takina); así como también con médicos especialistas del Hospital San Ignacio, quienes se interesan en entender las alteraciones biomecánicas del pie y utilizan las últimas tecnologías de la información y la comunicación. Para ello, nos cuenta Zequera, el Centro Ático y los laboratorios de electrónica de la Universidad Javeriana han sido lugares dotados de recursos tecnológicos idóneos financiados por la Oficina de Fomento de la Investigación de la Universidad, lo que ha permitido desarrollar con éxito buena parte de su proceso investigativo, tecnológico y científico con miras a obtener resultados prácticos, facilitadores y útiles para los pacientes con pie diabético.

El compromiso social de un trabajo en equipo

Al pensar en soluciones de prevención de úlceras en pacientes diabéticos, el grupo multidisciplinario se dio a la tarea de diseñar un modelo para el diagnóstico temprano de las complicaciones del pie diabético. Puntualmente, dentro de su línea de proyectos desarrolló un dispositivo que permitiera la evaluación del comportamiento biomecánico del tejido blando plantar del pie, con o sin apoyo, mediante el uso de ultrasonido para posteriormente ser implementado para la evaluación del deterioro del tejido blando plantar en diabéticos. Este es uno de los factores de riesgo fundamentales en la investigación para detectar de manera temprana los cambios del tejido y poder intervenir con una plantilla ortopédica antes de que las complicaciones de la enfermedad desencadenen lesiones.

Una de las grandes preocupaciones del equipo de trabajo era definir cuál sería el tamaño y el área de la superficie efectiva de captura del material utilizado en el dispositivo mecánico para la realización del estudio de manera confortable y confiable con los pacientes. Estos fueron determinados gracias a diferentes estudios técnicos previos que se realizaron con el fin de establecer las condiciones de resistencia, dimensión y las propiedades mecánicas del material incorporado en el diseño mecánico.

Para estipular el máximo ancho del antepié, se fundamentó en un estudio previo sobre una muestra de 74 personas con diabetes escogidas en forma aleatoria, todas ellas pacientes del Hospital San Ignacio, con diferentes rangos de edades en quienes se realizaron mediciones en el pie. De esa manera se determinaron las dimensiones para el dispositivo que se diseñó, lo que hizo posible la ubicación anatómica del paciente en posición bípeda.

El dispositivo: sus componentes y su utilidad

El dispositivo consta de una superficie de material rígido cuyas propiedades físico-mecánicas admiten la propagación de las ondas del ultrasonido para la captura de la imagen del tejido. También consta de una mesa con estructura metálica de aluminio versátil que permite ajustar la lámina rígida con un sistema de tornillos de rosca fina. El sistema graduable de pasamanos ubicado a los lados garantiza la posición bípeda y segura del paciente durante su valoración. Por último, el sistema escualizable de escalerillas facilita la ubicación del paciente sobre la mesa y sobre la superficie del material que registra la densidad del tejido, el cual se obtiene utilizando un transductor de un equipo marca Toshiba.

Para su uso, el paciente debe firmar un consentimiento informado en el que se detalla cada uno de los procedimientos que se le van a realizar, documento que fue aprobado previamente por un comité de ética de la Universidad. En este documento se aclara que los procedimientos son seguros y no invasivos; esta formalidad es practicada y supervisada por un médico también participante del proyecto de investigación.
El contacto del paciente y el dispositivo ocurre de la siguiente manera: el paciente debe ubicarse sobre la superficie de la estructura en posición bípeda y anatómica, mientras es asistido por los investigadores del proyecto. Seguidamente, se aplica gel sobre la cara inferior de la superficie de la lámina del dispositivo, en donde están los tejidos blandos de las cabezas de los metatarsianos de los pies del paciente en apoyo.

El transductor cumple una tarea especial, pues es el encargado de realizar un barrido sobre la superficie para identificar la posición de las cabezas que son registradas por el equipo de ultrasonido en la pantalla. De esa manera se puede obtener la captura de la imagen y, posteriormente, establecer la ubicación de los huesos con relación a la superficie del tejido blando; así mismo, realizar la medición del espesor en compresión del tejido de las zonas de interés con el uso de técnicas de procesamiento de imágenes, para avanzar en otros estudios que hacen parte del modelo de diagnóstico que está desarrollando actualmente el grupo de investigación con el fin de prevenir las complicaciones del pie.

Pero, en términos de prevención, ¿cuál es la mayor utilidad del dispositivo? Además de contribuir a la visualización del deterioro gradual de los tejidos plantares por causa de la enfermedad, permite la selección de los materiales adecuados para la fabricación de plantillas ortopédicas que posibiliten la protección y distribución de áreas de mayor presión de las zonas anatómicas en que se presenta este deterioro, y de esta manera favorece el diagnóstico oportuno de uno de los factores de riesgo que pueden desencadenar úlceras.
El grupo de investigación Baspi ha creado un semillero de investigación a lo largo de nueve años por el que han pasado estudiantes de pregrado y maestría de distintas ciencias del saber. Actualmente está trabajando con el grupo de investigación Takina y con profesores de otras unidades académicas, especialmente con la Facultad de Medicina y con empresas en telemedicina y del sector de calzado para avanzar en su modelo de diagnóstico.

Su misión es continuar actualizando sus investigaciones bajo la mira de un alto impacto social. Por eso el grupo hoy se encuentra asociado a redes internacionales de bioingeniería e ingeniería biomédica en Estados Unidos, América Latina y Europa, escenarios que les han permitido asistir a eventos en los que encuentran tecnologías avanzadas para seguir contrarrestando las complicaciones de la pandemia del siglo XXI, la diabetes. Es su interés consolidarse como un grupo que promueva la innovación social desde la docencia, la investigación y el servicio.


Para leer más…
+“Estudiantes desarrollan un dispositivo para disminuir deformaciones en los pies”. Disponible en: https://
www.colombia.com/vida-sana/noticias/sdi/19559/estudiantes-desarrollan-un-dispositivo-para-disminuir-deformaciones-en-los-pies
. Recuperado en 20/04/2012.
Zequera, M.; Manrique, M.; Yamure, G.; Uriza, F.; Medina, A.;
+Unigarro, D. & Sarmiento, J. (2008, septiembre). “Diseño de un dispositivo mecánico que permita la evaluación del comportamiento biomecánico del tejido blando plantar mediante el uso de ultrasonido”. En Scientia et Technica XIV (39): 422-427. Disponible en: https://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/849/84920503077.pdf. Recuperado en: 20/04/2012.

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