Efraín Domínguez: agua, territorio y cambio climático

Efraín Domínguez: agua, territorio y cambio climático

Por: Paula Grisales Naranjo // Fotografía: Archivo personal | Caricatura: Betto

El profesor Efraín Antonio Domínguez Calle es quizá uno de los mayores conocedores de la hidrología colombiana. El valor de sus investigaciones le ha valido reconocimientos como el Premio Bienal Javeriano en Investigación en 2019.

La primera vez que Efraín Domínguez tuvo contacto con la palabra “hidrólogo” fue en su niñez, leyendo Cien años de soledad. En la historia de García Márquez estos personajes se suman a una cantidad inusual de forasteros que empezaron a llegar a Macondo antes de que se instalara la compañía bananera. “El miércoles llegó un grupo de ingenieros, agrónomos, hidrólogos, topógrafos y agrimensores que durante varias semanas exploraron los mismos lugares donde míster Herbert cazaba mariposas”. Habría sido imposible para aquel niño saber que, al crecer, el oficio al que hacía mención ese extraño vocablo sería al que se dedicaría el resto de su vida.

Domínguez nació en el municipio de Bosconia, Cesar, pero creció y se educó en Barranquilla. Toda la vida ha sido un estudiante destacado. Al terminar el bachillerato con muy buenas notas y un excelente resultado en la prueba del Icfes, sabía que la opción para seguir estudiando era conseguir una beca del Icetex, de modo que concursó y ganó una para estudiar en Rusia, que en aquel entonces era la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La buena noticia le llegó por telegrama. “Fue el primer largo viaje que hice en mi vida; conocía mi pueblo, Barranquilla y Santa Marta, si acaso”.

A sus 17 años había leído algo de literatura rusa. En aquel entonces, la URSS se disputaba con Estados Unidos el liderazgo político y económico del mundo, en una contienda que involucraba demostrar un liderazgo científico, carrera en la que la URSS llevaba la delantera: había lanzado el primer satélite artificial, el Sputnik; puso en órbita (tristemente) al primer perro, Laika; y llevó el primer hombre al espacio, Yuri Gagarin. De modo que aunque la URSS era un lugar lejano, prometía ser un buen destino académico. “Algo tienen que saber”, pensaba él.

 

Inquietudes y cambios

Una vez en Rusia, Domínguez aprendió rápido el idioma. Además de permitirle estudiar, admite que su otra gran motivación era poder hablar con las rusas, “unas mujeres muy bonitas”, dice entre risas. Lo curioso es que hasta ese momento él no imaginaba que iba a ser hidrólogo. “Yo estudiaba Comunicaciones Satelitales en el Instituto de Comunicaciones de San Petersburgo —el equivalente acá sería ingeniería de telecomunicaciones—. Pero noté que el Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Adecuación de Tierras (Himat) envió 10 personas con beca que no habían concursado y pensé: ‘Ve, tan extraño…’. Ellos me contaron que los habían enviado porque necesitaban formar gente en esos perfiles. Me puse a averiguar qué hacía un hidrólogo y me llamó mucho la atención, así que me cambié de carrera”.

Apenas transcurridos dos semestres se enamoró definitivamente de esta carrera. “Yo ya no quería saber de otra cosa”, recuerda. “Teníamos mucho trabajo de campo, íbamos mucho al río y teníamos una base en el bosque en la que hacíamos prácticas de hidrología, hidrometría, geodesia, topografía, meteorología. ¡Y lo teníamos todo, los instrumentos, todo! Era muy divertido”. Allí se entrenaban buena parte de los mejores hidrólogos del planeta. Además de las prácticas en campo, destaca la calidad de la educación y la pasión de los docentes. “Yo no recuerdo un profesor que no amara lo que estaba haciendo, estaban amarrados a la naturaleza, al agua; vivían y respiraban con eso”.

Al regresar de Rusia, tras terminar su pregrado y la maestría, a través de envíos que hacía por barco, trajo consigo su colección de cerca de 200 libros, algunos de literatura y filosofía, otros de hidrología: “Tengo libros de hidrología que son un tesoro, la Unión Soviética era muy buena en geociencias, pero el idioma y la estructura política los mantuvo aislados, por lo que es una literatura a la que en Occidente no teníamos acceso, incluso todavía”. En Colombia, se ubicó laboralmente en el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam). “Encontré allí el lugar perfecto para trabajar. Este es un instituto fabuloso porque produce una gran cantidad de información muy valiosa para el país. Es un instituto que todos los colombianos debemos querer y consolidar”.

 

Heredero de un arma poderosa

Luego de descubrir los retos del país en el tema de embalses y energía hidroeléctrica, Domínguez decidió regresar a Rusia para hacer su doctorado en Hidrología y Recursos Hídricos, en la Universidad Estatal de Hidrometeorología, bajo la tutela del profesor Viktor Kovalenko, quien estaba abriendo una brecha en el conocimiento en temas novedosos relacionados con el azar y la probabilidad. “Con él uno aprendía de un modo muy particular: mezclaba hidrología, modelación matemática y filosofía”. Entre muchas ideas, Kovalenko le heredó el aparato matemático de la estocástica, que es una herramienta poderosa para solucionar complejos problemas hidrológicos, con base en la probabilidad.

“Las variables que uno trabaja en hidrología tienen un carácter de magnitud aleatoria, y el estudio de esto lo permite la estocástica. Ese es mi eje central”, comenta. Justamente este es el aparato matemático al que se refieren los tres misteriosos apellidos unidos por guion que, frecuentemente, se encuentran en sus investigaciones: Fokker-Planck-Kolmogorov, con base en los cuales se estudia la variabilidad hidrológica y el cambio climático, dos de sus principales temas de investigación.

Al regresar a Colombia, Domínguez se convierte en docente de la sede Palmira de la Universidad Nacional de Colombia, y luego gana el concurso para ser docente en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana. Este hecho, admite, cambió radicalmente su manera de ver la hidrología y la investigación. “Yo llegué pensando que todo era agua y en la facultad me mostraron el territorio, la interdisciplinariedad y el trasfondo social. De mis colegas he aprendido mucho, han sido mis faros”, comenta.

 

Matemáticas, agua y sociedad

El profesor Domínguez ha liderado innumerables proyectos en áreas como optimización de redes hidrometeorológicas; hidrología y cambio climático; pronósticos y alertas hidrológicas; desarrollo de herramientas hidroinformáticas; modelación integrada del recurso hídrico; modelación matemática para la gestión de sistemas productivos que dependen del agua; ciclos del agua y evaluación del recurso hídrico; y modelación matemática para la gestión de sistemas complejos.

Entre el sinnúmero de importantes proyectos que ha desarrollado, destacan los que ha hecho con el sector hidroeléctrico, por ejemplo, con Enel-Emgesa, Urrá y varios ministerios. “Esto es clave, porque es investigación que no se queda en el anaquel, sino que es utilizada en el sector”, explica.

Últimamente ha estado involucrado en proyectos en los que está presente la multidisciplinariedad, la perspectiva social y el trabajo con diversos actores (comunidad, Estado y academia), como el titulado “Adaptación del modelo de equilibrio parcial, espacialmente explícito Globiom a Colombia”.

“En este proyecto trabajamos con equipos de todo el mundo (Alemania, Rusia, China, Argentina, Brasil, Colombia, entre otros) para hacer un modelamiento global de la producción de alimentos. La pregunta a responder es cómo deberíamos producir alimentos, mantener la biodiversidad y disminuir la presión sobre el recurso hídrico. Este ejercicio debería darnos herramientas para tomar decisiones sobre la producción de alimentos, el consumo de combustibles, al tiempo que tenemos bajo la lupa la emisión de gases con efecto invernadero”, señala Domínguez.

En este momento sus intereses investigativos están fijados en la variabilidad hidrológica y climática, un tema en el que espera seguir trabajando por mucho tiempo con sus estudiantes doctorales: “La idea es entender cómo van a evolucionar los fenómenos extremos de la hidrología a raíz del cambio climático global en relación con las transformaciones locales que hacemos. Los hallazgos que tenemos hasta ahora nos muestran que las perturbaciones locales son de igual o mayor talante que el mismo proceso de cambio climático global”.

Finalmente, al preguntarle por el mayor reto del país en el tema del agua, Domínguez señala que en Colombia “tenemos comunidades con acceso a ella durante algunos días o algunas horas a la semana, y además de baja calidad. Tenemos que acabar esta inequidad, porque bloquea el desarrollo económico de las regiones y, al no llegar al desarrollo económico, los entes territoriales no tienen recursos para desarrollar el sector hídrico que les corresponde: es un círculo vicioso. De manera que la meta es garantizar el acceso permanente de agua y de buena calidad con unos esquemas de uso que aseguren su sostenibilidad, el mantenimiento de la biodiversidad y que respete los elementos culturales”.

 

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