Para que un descubrimiento científico sea reconocido como aporte al conocimiento, debe someterse a evaluación por pares y ser socializado con la comunidad académica. Este proceso de publicación es complejo y exige cumplir criterios de calidad, rigor y transparencia. Tradicionalmente, las revistas científicas son las plataformas más reconocidas para dar a conocer los aportes al nuevo conocimiento. Estas revistas pueden estar vinculadas a sistemas de indexación que validan su calidad y rigurosidad, y funcionan como grandes plataformas de búsqueda y consulta, claves para la fundamentación teórica y metodológica de nuevas investigaciones.
Una investigación javeriana le puso la lupa a la publicación de artículos científicos latinoamericanos en revistas indexadas entre 2013 y 2023. Se encontró con una realidad donde la evaluación científica, los costos de publicación, el uso de recursos públicos y los incentivos por publicar empujan a los investigadores a buscar visibilidad rápida para sus publicaciones, a costa de altos gastos presupuestales que, en la región, suelen ser escasos.
El estudio critica que el modelo actual legitima el conocimiento basándose casi exclusivamente en el canal de publicación, es decir, la revista, su prestigio y la clasificación de cuartil, en lugar de valorar otros tipos de impacto de las investigaciones.
Para entender cómo ha cambiado el sistema en los últimos años, es necesario aclarar varios elementos. Las editoriales académicas, que suelen agrupar revistas de diferentes temas, recurren principalmente a dos vías para financiarse. La ruta tradicional dirige el cobro a los lectores y bibliotecas mediante muros de pago o suscripciones. La otra ruta, más reciente, es el acceso abierto a través de dos modelos diferenciados: el diamante, sin costos asociados a la publicación, el procesamiento o la lectura de los contenidos publicados, y el dorado, que traslada el costo a los autores a través de un pago conocido como APC (Cargos por Procesamiento de Artículos), que permite a cualquier persona leer la publicación de forma gratuita.
Completar estas rutas puede tomar varios meses, pero ante el aumento de la producción científica y la presión por publicar, han surgido alternativas que prometen alta visibilidad en tiempo récord. A cambio, las tarifas de procesamiento pueden aumentar su precio, especialmente si se trata de publicar en acceso abierto.
Esta vía rápida es el modelo de negocio de grandes editoriales científicas de acceso abierto. Su crecimiento ha revolucionado la circulación del conocimiento, pero también cuestiona la manera en que se distribuyen los limitados presupuestos para la investigación científica en América Latina.
Un histórico problema de presupuesto
Según datos reportados por la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología en su informe El Estado de la Ciencia 2025, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) en América Latina y el Caribe entre 2014 y 2023 es heterogénea y, en gran medida, va a la baja.
Mientras que en 2014 la inversión representaba el 0,67 % del promedio regional del Producto Interno Bruto (PIB), para 2023 esta proporción cayó al 0,60 %. Solo Brasil (1,19 %) y Uruguay (0,71 %) lograron superar esta cifra. En el resto de los países fue incluso inferior al 0,40 %.

En este contexto de presupuestos reducidos, el estudio bibliométrico publicado en 2025 en la Revista Española de Documentación Científica arroja luces sobre la dinámica de publicaciones en la región. El trabajo, liderado por Orlando Gregorio-Chaviano, director de la Carrera de Ciencia de la Información, Bibliotecología y Archivística de la Pontificia Universidad Javeriana, analizó la producción científica latinoamericana entre 2013 y 2023 en revistas de la editorial Multidisciplinary Digital Publishing Institute (MDPI).
Fundada en 1996 en Suiza, MDPI es una editorial académica de acceso abierto que, de acuerdo con su página web, tiene por misión fomentar el intercambio científico abierto en todas sus formas y disciplinas. Hoy en día, impulsada por este modelo, se ha convertido en un dispositivo de publicación rápida y masiva, un ejemplo de un fenómeno que reconfigura las métricas de la ciencia en nuestra región.
La anatomía de un crecimiento exponencial
El estudio liderado por Gregorio-Chaviano encontró que la participación de autores latinoamericanos en revistas MDPI pasó de representar el 0,5% de la producción regional en 2013 a un 11,2% en 2023. O sea, pasaron de publicar un poco más de 397 artículos durante el año 2013, a 15.803 durante 2023.
Para llegar a este hallazgo el equipo de investigadores identificó y filtró más de 1,2 millones de artículos y revisiones de autores latinoamericanos en Web of Science, uno de los índices de citas más importantes del mundo. De este universo, identificaron 64.043 documentos publicados específicamente en revistas MDPI.
El equipo de investigadores analizó el volumen de artículos, las disciplinas y, crucialmente, el modelo de financiamiento detrás de estas publicaciones. Solo en el caso de Sustainability, una de las revistas de MDPI más utilizadas por los autores de la región, el estudio estima que el gasto regional en APC representó sumas millonarias a lo largo de la década analizada. Un capital que sale de los presupuestos de ciencia e I+D que, como señala el informe regional, ya operan con márgenes mínimos.

La editorial MDPI opera bajo el modelo de Gold Open Access, esto significa que los lectores acceden gratuitamente a los artículos, pero los costos editoriales se financian mediante los APC que pueden estar entre los 1.200 y 3.800 dólares por artículo, dependiendo de la revista. Estos suelen ser cubiertos por autores, instituciones y proyectos de investigación.
La presión de los cuartiles
¿Por qué un investigador en Latinoamérica, que históricamente lucha contra la falta de financiamiento, elige pagar tarifas tan altas por APC? Para María Claudia Segovia, bióloga ecuatoriana dedicada a la conservación de la biodiversidad altoandina, esto se debe a la presión de publicar en revistas indexadas para cumplir con las exigencias de la academia.
La mayoría de las instituciones de educación superior en la región han atado los incentivos salariales, las promociones y los presupuestos a la publicación en revistas de alto impacto, medidas por cuartiles (Q1 y Q2 son los más altos) en bases de datos internacionales, principalmente Scopus (de Elsevier) y Web of Science (de Clarivate).
El caso de Ecuador resulta ilustrativo para entender esta dinámica. Al concentrar el 11% de su producción en MDPI, la proporción más alta a nivel nacional revelada por el estudio de Gregorio-Chaviano, el ecosistema ecuatoriano funciona como una lupa que magnifica las consecuencias de la presión académica por publicar.
La lógica del ecosistema científico de Ecuador, comenta Segovia, es la de muchos investigadores en Latinoamérica. Una bola de nieve que crece exponencialmente mientras prioriza el volumen de producción y la velocidad de publicación. “Aunque otros países lo vivieron hace décadas, en Ecuador apenas lleva unos 10 años”, explica la docente de la Universidad de las Fuerzas Armadas de Ecuador ESPE, una de las instituciones públicas más grandes del país.
La Universidad ESPE cuenta con un mecanismo administrativo de pago directo con MDPI para cubrir los costos de APC de sus profesores. Sin embargo, si un investigador decide publicar en otras editoriales, debe pagar de su bolsillo tarifas de miles de dólares y esperar a que la universidad le reintegre su dinero.
Las revistas de la editorial MDPI tienen un promedio de publicación de dos a tres semanas. Segovia relata, desde su cargo como coordinadora de investigación, haber visto artículos sometidos, revisados por pares y aceptados en apenas tres días, lo que califica como algo sospechoso y raro.

Carlos Monsalve, vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) en Ecuador, explica que el apoyo institucional a la publicación científica parte de una estrategia más amplia, que no se limita al posicionamiento en clasificaciones internacionales. La universidad busca promover investigaciones orientadas a responder a las necesidades de los sectores sociales y productivos del país al tiempo que fortalece su impacto científico, su proyección internacional y la validación de sus trabajos mediante publicaciones de calidad.
En este contexto, ESPOL puede apoyar el pago por APC, como una forma de favorecer la visibilidad y el acceso a la producción de sus investigadores. Monsalve también precisa que el acceso abierto no implica necesariamente el cobro de APC, pues existen revistas de calidad que publican sus contenidos abiertamente sin trasladar estos costos a los autores.
Este sistema de incentivos obliga a los investigadores a alcanzar cuotas de producción que siguen la lógica de publicar o perecer. María Nela Pastuizaca Fernández, subdecana de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas en ESPOL, explica que las exigencias de docencia, vinculación y producción ignoran los tiempos de revisión por pares que necesitan las diferentes áreas del conocimiento.
Esto empuja a los académicos a buscar vías de publicación más rápidas para cumplir con las métricas. Editoriales como MDPI se posicionan como una alternativa para solucionar esta tensión.
Monsalve comenta que, al analizar sus datos institucionales, detectaron que MDPI se había convertido en una editorial de preferencia para sus académicos. Al ver que la editorial en algunos casos manejaba “tiempos muy cortos de revisión por artículo” y un volumen inusual de ediciones especiales con editores invitados, la universidad decidió eliminar el financiamiento de pagos de APC para cualquier revista de MDPI sin que esto configurase una prohibición a los investigadores de publicar en dicha editorial.
Prácticas académicas en una zona gris
El volumen de publicación, la velocidad editorial y la proliferación de números especiales han puesto en discusión las prácticas de las revistas MDPI. Tanto el investigador Orlando Gregorio-Chaviano como Alexandra Pomares, directora de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, coinciden en que no es posible considerar a MDPI como una editorial predadora, pues no comete fraude o simula procesos de evaluación. Sin embargo, la agresividad de su modelo genera inquietudes sobre la transparencia de su modelo editorial.
El investigador pone como ejemplo a la revista Sustainability. Según datos de Web of Science, la revista pasó de publicar 2.300 documentos aproximadamente en 2017 a más de 11.000 en 2025. En algunos años llegó a los 17.000. Bajo el concepto amplio de la sostenibilidad, la publicación incluye documentos de diversas áreas y temáticas.
A pesar de este crecimiento acelerado, la revista ha mantenido su estatus y legitimidad en el ecosistema científico. Incluso ha sido objeto de procesos de reevaluación por parte de índices como Scopus, en los que ha mantenido su indexación y estatus.

Para lograr este volumen de producción, comentan los investigadores, la editorial se apoya en una invitación masiva a revisores, motivados por descuentos para sus futuras publicaciones, y en un gran volumen de números especiales también a cargo de editores invitados. Ambas labores, la editorial y la de revisión, se realizan de manera gratuita y se insertan en la producción de literatura científica a gran escala propia de la editorial.
A pesar de estas anomalías, los expertos y los análisis bibliométricos coinciden en que MDPI no puede clasificarse como una editorial predadora. La editorial es transparente con sus cobros (APC) y mantiene sus publicaciones indexadas en bases rigurosas como Scopus y Web of Science. Además, cuenta con un proceso de revisión por pares que sí filtra manuscritos, y sus artículos reciben citas externas, explica Gregorio-Chaviano. Al mismo tiempo, afirma que no publicaría o evaluaría en MDPI. “He dicho que no, pero solamente por cuidarme en el futuro y mantener mi hoja de vida de investigación fuera del debate”.
Aunque reconoce la agilidad administrativa de MDPI, a Alexandra Pomares le genera inquietud que las fechas del proceso editorial no sean transparentes. Las revistas no hacen explícito cuándo el documento le fue entregado al evaluador, comenta la también profesora titular del Departamento de Ingeniería de Sistemas. Esto impide saber el tiempo real de análisis de las publicaciones. A pesar de ello, reconoce que en MDPI también hay casos donde los artículos pasaron por evaluaciones rigurosas, constructivas y que generaron impacto posterior a la publicación.
El rescate del propósito científico
El volumen de publicación, la velocidad de los tiempos editoriales y la proliferación de números especiales han situado a ciertas prácticas del modelo editorial en una zona de debate. Pero el verdadero matiz del problema radica en los incentivos.
Favio Flórez, coordinador de las revistas científicas de la Editorial Javeriana, explica que el sistema internacional ha creado un entorno difícil. “Es un modelo perverso en donde lo que importa es la cita, porque tiende a pervertir y desgastar, desdibujando el objetivo de crear nuevo conocimiento útil, pertinente, legítimo, divulgable y replicable”, advierte.
Para Flórez, el aprendizaje que debe extraer la academia latinoamericana frente al auge de las megaeditoriales es la necesidad de replantear sus propias métricas. El camino para las revistas universitarias locales no es imitar la hiperproducción industrial, sino “aprender a defender su ejercicio editorial y tener la certeza de que el trabajo se está haciendo en función de la comunidad científica y no de los indicadores de impacto o de citación”.
Gregorio-Chaviano considera que el aumento de las publicaciones en el modelo APC es la respuesta lógica de los investigadores a las reglas del juego que sus países han instaurado. Así que para el investigador la discusión no debe limitarse a una editorial.
En su criterio, las entidades gubernamentales y académicas necesitan revisar sus políticas de evaluación, fortalecer revistas latinoamericanas de acceso abierto y avanzar hacia formas de medición que reconozcan el impacto social del conocimiento y no solo la acumulación de artículos en bases de datos. En esto coincide plenamente Favio Flórez.

Si las universidades y los sistemas nacionales de ciencia de América Latina continúan premiando exclusivamente la velocidad y la producción en índices específicos, el flujo de recursos seguirá migrando hacia el pago de procesos editoriales acelerados. Aún así, el problema no es dónde publican los investigadores, sino en las señales que universidades, agencias y sistemas de medición envían sobre lo que hoy se cuenta como éxito científico.
El reto para los próximos años será definir si la ciencia de la región requiere seguir acelerando para ganar posiciones en clasificaciones internacionales, o si es momento de rediseñar la estrategia para que el conocimiento vuelva a viajar al ritmo que demanda la investigación rigurosa y pertinente.
Esto implica avanzar hacia modelos de evaluación más inclusivos, comenta el profesor Gregorio-Chaviano, que reconozcan la diversidad de funciones, trayectorias y actividades que desarrollan universidades e investigadores. Al tiempo hace necesario fortalecer la formación sobre el sistema editorial científico, de manera que sea posible planear procesos de publicación de manera crítica, que contribuyan a construir prácticas responsables y resultados científicos con mayor valor.



