Aislamiento de mayores de 70 años: ¿debería ser una decisión consensuada?

Aislamiento de mayores de 70 años: ¿debería ser una decisión consensuada?

Desde el lunes 1 de junio se inició la flexibilización de la cuarentena indicada por el presidente Iván Duque en el marco del aislamiento por la COVID-19. El mandatario indicó que se permitiría la salida de los mayores de 70 años, quienes podrán realizar actividades al aire libre tres veces a la semana durante 30 minutos y con todos los protocolos de seguridad. También extendió el aislamiento obligatorio para los mismos hasta el 31 de agosto.

Estas medidas suscitan diversas preguntas frente a la autonomía decisoria de los adultos mayores en estas circunstancias. Esto es analizado por el profesor de la facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, Sergio Trujillo García, quien reflexiona sobre los retos a los que se enfrenta la sociedad con la llegada de la COVID-19 desde una mirada del comportamiento humano. Este especialista lleva más de 20 años trabajando con ancianos en diferentes hogares de Bogotá y municipios aledaños, y al ser el director de la práctica en el énfasis de Inclusión Narrativa con sus estudiantes de últimos semestres, ha tenido la oportunidad de entrevistar a muchas personas mayores, para así comprender sus posturas.

Para este psicólogo es importante aclarar que a la hora de tomar decisiones que afecten a las personas mayores se deben tener en cuenta sus perspectivas y sentimientos, abrir espacios de conversación donde ellos hagan parte de la toma de medidas que los involucren. “Nada sobre nosotros sin nosotros” es un dicho común que fundamenta esta idea, es primordial que no se decida nada sobre ellos, nada que los afecte a ellos, sin que sean tenidos en cuenta, explica.

También considera las diferencias que separan a cada adulto mayor y en ese proceso atenuar los estereotipos que se generan alrededor de ellos. “En nuestra sociedad hay unos prejuicios acerca del envejecimiento que nos hacen pensar que toda persona mayor está enferma, se está deteriorando y se va a morir; toman vejez y enfermedad como si fueran sinónimos”, comenta. Aunque efectivamente hay ancianos que dependen de otros para vivir en la cotidianidad, hay muchos que son autónomos y por lo tanto no se puede juzgar a los unos por los otros. “En un extremo estarían los adultos mayores dependientes, en el otro los adultos mayores autónomos, y en la mitad distintos grados de independencia. Cuando hablamos de trabajar con ellos no podemos tomar decisiones que los cubran a todos porque son muy diferentes, cada uno tiene unas particularidades muy especiales y tomar decisiones pensando en que todos son iguales es erróneo y arbitrario”, complementa Trujillo García.

Según cifras del Ministerio de Trabajo, un tercio de los adultos mayores en Colombia necesitan de sus actividades laborales para conseguir dinero y solo uno de cada tres logra pensionarse, lo que significa que muchos de ellos dependen económicamente de su autonomía laboral para tener acceso a una vivienda, servicios de salud, alimento, etc. Por esta razón, al decir que esta decisión se toma por el bienestar de los ancianos, no se reconoce que muchos de ellos no solo tienen la autonomía para salir, sino que además lo necesitan. “El derecho a la decisión, a la organización o a buscar de alguna manera mejorar la calidad de la vida a través del ejercicio de la libertad, es fundamental para los viejos y las viejas”, afirma el especialista.

En ocasiones se genera un paralelo con los niños, no solo porque se da una infantilización de los ancianos con apodos como “el abuelito” o “la ancianita”, lo cual limita su autonomía e invalida la capacidad que tienen de tomar decisiones sobre su propia vida, como sucede con los menores de edad. “Cuántas veces los padres de familia maltratan a los pequeños, pero les dicen que es por su propio bien y se tienen que aguantar. Lo mismo pasa con algunas de las decisiones para los adultos mayores, en los que ellos deben pensar que como lo están haciendo ‘por su propio bien’ entonces deben obedecer, pero al hablar con ellos están inconformes, les argumentan que como son más vulnerables están buscando la calidad de sus vidas, entonces es por su bienestar que lo hacemos, pero la realidad es que muchos de ellos quisieran vivir menos tiempo con tal de vivir bien”, complementa el investigador.

Además de esto, el Ministerio de Salud ha encontrado que a la fecha el grupo de los mayores de 70 años infectados por la COVID-19 en el país equivale alrededor del 10%, lo cual demostraría un efecto positivo de la cuarentena, sin embargo, las cifras de estrés, depresión y ansiedad en esta población se han disparado principalmente por el aislamiento, ya que muchos de ellos estaban acostumbrados a llevar vidas activas y a tener visitas frecuentes de sus familiares mientras que ahora se limitan a estar encerrados.

En esa medida el investigador aclara que la posición del gobierno de aislar a los mayores de 70 años no sucede desde una mirada egocéntrica, simplemente están operando desde una perspectiva diferente mediante la cual consideran esta opción como la más efectiva. Sin embargo, esto no significa que sea la mejor para el mantenimiento de la calidad de vida de todos los ancianos. Por esto, las últimas decisiones del gobierno colombiano resultan alentadoras para los adultos mayores, pues procuran respetar su autonomía y darles la posibilidad de salir de cada cierto tiempo con todos los cuidados recomendados. “Medidas que atenúan, pero no satisfacen el respeto por su dignidad, pues incluso comentan, como nuestro Rector de la Javeriana, que no ellos no son mascotas ni rebaño y que pueden autorregularse”, complementa Trujillo García.

Incluso dos de los afectados por la medida fueron el ex candidato presidencial Humberto De La Calle, y el ex alcalde de Cali, Maurice Armitage, quienes con otras personalidades interpusieron una tutela que busca tumbar esta medida de forma definitiva pues como se lee en la misma, estos decretos “están basados en un paternalismo inaceptable que no emplea con el conjunto de la población, por lo cual lo que se busca lograr con la medida no es válido y por lo tanto es inconstitucional, el aislamiento obligatorio para la población mayor de 70 años es una medida discriminatoria y desproporcionada.”

Como explica el investigador, “esta nueva decisión rebaja un poco una tan autoritaria como la anterior, y aunque crearon el decreto con la mejor intención de aplanar la curva y mitigar la pandemia, ciertamente en su momento se creó, no solo de manera inconsulta, sino que particularmente estricta para las personas mayores, para quienes es doloroso que los jóvenes tomen decisiones sin consultarlos y esto logra afectarlos en el largo plazo,” reconoce.

Por esta razón el psicólogo extiende una invitación a ser empáticos como sociedad con los adultos mayores, tener la posibilidad de ponernos en los zapatos del otro y de esa manera ir construyendo un diálogo para llegar a acuerdos que beneficien a todos por igual. “No es que haya una imposibilidad de comunicación, sino que se puede construir a través de la escucha activa y una mirada empática que favorezca la comprensión de la vida de los ancianos”, finaliza Trujillo.

¿Cómo se maneja un paciente con la enfermedad de Parkinson en el aislamiento preventivo?

¿Cómo se maneja un paciente con la enfermedad de Parkinson en el aislamiento preventivo?

Según la Asociación Colombiana de Neurología (ACN), en el país hay más de 220.000 personas que padecen párkinson. Teniendo presente que el sábado 11 de abril se celebró el Día Mundial de esta enfermedad, la investigadora Catalina Cerquera Cleves, en diálogo con Pesquisa Javeriana, afirma que no hay evidencia científica para comprobar que tener esta enfermedad de base aumente el riesgo de contagio de COVID-19.

¿Qué es el párkinson? Es una enfermedad neurodegenerativa que afecta al sistema nervioso central, provocando dificultades como rigidez, temblor, lentitud de movimientos, entre otras. Las personas que la padecen no producen suficiente dopamina en el cerebro (neurotransmisor encargado de posibilitar la función motora en el cuerpo y la expresión de las emociones).

Cerquera Cleves, neuróloga especialista en párkinson y trastornos de movimiento del Hospital San Ignacio y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, recomienda recurrir a los comunicados oficiales de la Asociación Colombiana de Neurología (ACN). “Tampoco se ha comprobado que si una persona con párkinson se infecta por coronavirus, esta tiene un riesgo mayor de verse afectada a largo plazo solamente por el hecho de tener la condición neurodegenerativa. Lo que sí sabemos es que la mayoría de pacientes son mayores de 60 años, quienes son población vulnerable por su edad. Eso es diferente a decir que sea como tal por el padecimiento”, manifiesta.

Además, la investigadora aclara que el consumo de medicamentos necesarios para los pacientes como la Levodopa (comúnmente utilizada como sustituto de la dopamina) no aumenta el riesgo ni genera complicaciones frente al virus. Destaca que no hay diferencias inmunológicas en sujetos con párkinson, comparándolos con aquellos que no tienen la condición.

Sin embargo, los cuidados que se deben tener sí son los mismos que aquellos sugeridos a la población general. “En caso de que los pacientes sean mayores a 60 años, deben cuidarse como cualquier adulto mayor. Es decir, lavarse las manos frecuentemente, estar en aislamiento social, evitar las visitas”, explica. A la hora de salir a la calle, recomienda contar con la ayuda de un familiar que pueda hacer el mercado y conseguir los medicamentos. Si es extremadamente

necesario movilizarse, el paciente debe acatar las normas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como usar tapabocas y mantener una distancia de mínimo un metro con otras personas.

Algunos de los síntomas secundarios de esta enfermedad son ansiedad y depresión, los cuales se pueden agudizar durante la cuarentena. Como especifica la doctora Cerquera, para cualquier persona es difícil estar en su casa las 24 horas del día sin poder salir, pero en los pacientes con párkinson esto se vive todavía peor.

“En estos casos, es importante no dejar de tomar los medicamentos usuales, porque eso puede empeorar los síntomas motores y psiquiátricos. Lo otro es apoyarse en sus familiares; desde la red de apoyo del paciente se debe estar muy pendiente de ellos, tratar de comunicarse por videollamadas de manera frecuente y comer bien. Tampoco hay que dejar de estar activo dentro de la casa, es decir, hacer ejercicios como estiramientos y entrenamientos adecuados para cada persona según su edad y las recomendaciones del médico”, aclara.

Cerquera también invita a realizar actividades que sean novedosas para el paciente como practicar tenis de mesa, pintar, bordar, hacer rompecabezas o retarse con juegos de computador, ya que es fundamental mantener la mente ocupada y así evitar que la ansiedad o depresión puedan empeorar durante el aislamiento.

Hay pacientes de párkinson que tienen entre 40 y 50 años, por lo que estas personas pueden realizar labores de oficina y que en este momento están teletrabajando. La investigadora afirma que ellos deben mantener una rutina determinada y llevar a cabo sus labores con normalidad.

Para esto recomienda establecer un cronograma con horarios fijos para toda la semana. “Es decir, no es ver a qué horas me levanto y a qué hora desayuno, o cómo pasa el día; es establecer horarios y una agenda para toda la semana; levantarse siempre a la misma hora, comer a las mismas horas”, complementa.

Los pacientes que viven con familiares y cuidadores tienen un apoyo fundamental. Cerquera reitera que es clave realizar actividades como cocinar y distraerse con juegos de mesa, además de hacerles sentir útiles en el hogar.

Por último, ella recuerda que es importante tener calma y acompañar a quienes padecen esta enfermedad. Aunque hay muchos pacientes que viven solos, la idea es no exponerlos a un mayor riesgo de contagio al virus visitándolos constantemente. No obstante, es importante como familiar o amigo apoyarlos y estar pendiente de cualquier eventualidad durante el aislamiento. “Tratar de comunicarse con la persona lo más que sea posible, si se puede hablar por videollamada, estar chequeando siempre cómo está, y si es necesario, ir a hacer intervenciones a través del personal médico autorizado”, puntualiza.

Si tiene más dudas o preguntas al respecto, acceda al blog de la Asociación Colombiana de Neurología.

¿Qué necesita el Sistema Pensional colombiano?

¿Qué necesita el Sistema Pensional colombiano?

Col ASalinas

Actualmente en el país se ha venido discutiendo la necesidad de una serie de reformas al sistema pensional, y en los artículos 113 y 117 del Plan de Desarrollo 2018-2022: ’Pacto por Colombia, pacto por la educación’, el gobierno busca crear un piso mínimo de protección social por medio de un régimen de pensiones para las personas de bajos ingresos. El mecanismo utilizará los Beneficios Económicos Periódicos (BEPS) ya existentes como protección obligatoria para la vejez, y también creará un seguro de amparo al trabajador de los riesgos derivados de la actividad laboral.

El decreto 604 de 2013 del Ministerio de Trabajo reglamentó los BEPS como un sistema de ahorro voluntario dirigido a ciudadanos con trabajo informal o ingresos bajos que no les permitían cotizar al sistema pensional. El programa es operado por Colpensiones y es flexible en su monto y periodicidad, permitiendo que el ahorro se haga de acuerdo con las capacidades económicas, bien sea de forma diaria, semanal o mensual, y se focaliza en las personas con ingresos inferiores al salario mínimo. Los ahorradores del programa reciben un incentivo por parte del Estado: un subsidio del 20% sobre los aportes realizados, es decir, por cada $100.000 que una persona aporte se le otorgan $20.000 adicionales. Si una persona no reúne los requisitos a la edad de pensión (57 años para mujeres y 62 para hombres) en tiempo cotizado y monto de cotizaciones para acceder a una pensión, podrá obtener un incentivo periódico vitalicio cada dos meses.

El siguiente cálculo aproximado ilustra bien el alcance del sistema. Si una mujer de 30 años no hace aportes al sistema obligatorio de pensiones pero todos los meses sistemáticamente ahorra $100.000 mensuales en el sistema BEPS, después de 27 años, al cumplir los 57, reclamaría cada dos meses $437.987, equivalentes a $218.993 mensuales. La persona haría un aporte muy similar al valor que se hace cuando gana un salario mínimo, pero al cumplir la edad de jubilación recibiría una cuarta parte de éste solo para ella. En cambio, si ella se afilia al sistema obligatorio de pensiones y realiza los aportes como independiente, el balance, siendo muy aproximado al de una cotización sobre salario mínimo, recibiría una mesada igual a dicho salario y con una mesada adicional en diciembre, la que pasaría a sus beneficiarios con su muerte si los tuviera.

Uno de los problemas más grandes que hay en el país en relación con las pensiones es la cobertura del sistema: de los 6,5 millones de colombianos que están en edad de jubilarse, el 65% no recibe una mesada pensional por no cumplir los requisitos, como no haber alcanzado el total de semanas cotizadas. El Plan de Desarrollo muy probablemente aumente la cobertura, pues a las personas que tienen aportes en el sistema pensional y no cumplen las condiciones para pensionarse, con su artículo 117 se les impone un límite de diez días para decidir si reciben una indemnización sustitutiva con la devolución de sus aportes; si no lo hace, es migrado a los beneficios periódicos. El límite es absolutamente estrecho y lo más probable es que dichas personas no tomen esta decisión, siendo migrados a los beneficios periódicos y ensanchando la cobertura del sistema, así sea con unos precarios beneficios.

El artículo 113 del Plan de Desarrollo establece para trabajadores que ganen menos de un salario mínimo que sus empleadores paguen un 15% del salario como contribución, pero no está especificado cómo se haría en la práctica este proceso que, seguramente, implicará una disminución del salario del empleado, que ya es bajo de por sí. El artículo tampoco especifica si los privados entrarán a ofrecer los BEPS o si únicamente Colpensiones seguirá con este programa. Por otra parte, el recaudo a los patronos en el mercado laboral informal será muy difícil de vigilar.

Esta falta de cobertura debe ser el tema central en una reforma pensional. Por eso, en el debate del Congreso sobre este tema, además de discutir la corrección de los problemas existentes en la edad de jubilación, las semanas de cotización y los beneficios pensionales, hay que hablar de la principal razón por la cual gran parte de los adultos mayores en Colombia están excluidos del sistema. Esto claramente tiene que ver en gran medida con la estructura precaria del mercado laboral y la informalidad existente en nuestro país, y que es reforzada con un sistema pensional que privilegia personas con altos ingresos del mercado formal, asignándoles subsidios exagerados pero excluyendo a la mayoría de bajos ingresos, dejándolos en su vejez sin una renta mínima.

 


*Doctora y magister en Ciencias Económicas, politóloga de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente es asesora de Gasto Público en el Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana; también es profesora del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional y de la Facultad de Ciencias Políticas de la Javeriana.

Medicina e ingeniería se unen para salvar vidas

Medicina e ingeniería se unen para salvar vidas

El pecho de SimMan se mueve con el latido de su corazón, sus pupilas se contraen cuando el doctor Adalberto Amaya, especialista en educación médica, pone sobre ellas una linterna con luz blanca. Aunque su piel es pálida y tiene cejas cafés sutilmente delineadas sobre su frente, lo que realmente llama la atención de este peculiar paciente es que está hecho de plástico, caucho, cables y un software inteligente que reproduce las funciones fisiológicas del ser humano .

SimMan tiene forma de hombre. Es capaz de llorar, respirar, hablar, expulsar sangre e incluso fingir taquicardia, paros cardiacos, arritmias o hipertensión para poner a prueba a estudiantes y profesionales médicos en situaciones clínicas reales. Pero no está solo. SimMom, por ejemplo, es una tecnología que recrea el comportamiento de una mujer en condición de parto y las complicaciones obstétricas que pueden presentarse; LapSim , emula procedimientos laparoscópicos para mejorar las habilidades psicomotoras de los especialistas en quirófanos a través de realidad virtual, y SimBaby  es un dispositivo a escala diseñado para practicar procesos de entubación, desfibrilación y tratamientos intravenosos.

Estas novedosas herramientas hacen parte del Centro de Simulación Clínica  de la Pontificia Universidad Javeriana, una institución creada en el 2007 para facilitar procesos de aprendizaje y fortalecer las competencias médicas. En ese sentido, y teniendo en cuenta el interés de la comunidad académica por desarrollar instrumentos biomédicos para el trabajo hospitalario, Martha Lucía Zequera, diseñadora industrial javeriana y doctora en ingeniería biomédica, se interesó en crear un curso de verano para formar a estudiantes de posgrado y doctorado en el desarrollo de tecnologías emergentes, creadas para asistir a los adultos mayores.

Así nació el primer Summer School: “Emerging Technologies to Support Health Care and Independent Living ” en 2017, un evento diseñado por la Facultad de Ingeniería y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, la International Federation for Medical and Biological Engineering (IFMBE ) y la Engineering in Medicine Biology Society (IEEE).

Participantes del curso de verano en la Pontificia Universidad Javeriana sobre tecnologías emergentes para atención del adulto mayor.
Participantes del curso de verano en la Pontificia Universidad Javeriana sobre tecnologías emergentes para la atención del adulto mayor.

Pesquisa Javeriana estuvo presente durante la segunda versión del encuentro, del 25 al 29 de junio, al que asistieron 12 conferencistas internacionales como: Ratko Magjarevic, profesor titular de la Facultad de Ingeniería Eléctrica y Computación de la Universidad de Zagreb, Croacia; Kang-Ping Lin  Ph.D., profesor de la Universidad Cristiana Chung-Yuan de Taiwán, y  Andrew Laine, profesor de radiología de la Universidad de Columbia en Nueva York, quien destacó el trabajo que ha venido desarrollando el Centro de Simulación Clínica con los estudiantes javerianos.

Martha Lucía Zequera, coordinadora del curso de verano, le cuenta a Pesquisa Javeriana cómo desarrolla el plan de trabajo académico que tiene con los estudiantes, de qué tratan sus investigaciones y los retos que se presentan de cara al futuro.

Pesquisa Javeriana: ¿Cómo surge esta investigación?

Martha Lucía Zequera: En Latinoamérica no teníamos un curso de alto estándar para estudiantes de posgrado y doctorado en ingeniería biomédica y para hacerlo necesitábamos tener el aval de IFMBRE, IEEE y el Consejo Regional de Ingeniería Biomédica para América Latina (CORAL). Por eso, empezamos a consolidar un grupo interdisciplinario entre estas redes en 2014 con el apoyo del vicerrector académico de la Universidad Javeriana, Luis David Prieto Martínez, y el decano de la Facultad de Ingeniería, Jorge Sánchez. A la primera reunión asistieron representantes de cada entidad, de países como México, Argentina y Ecuador. Con ellos empezamos a fortalecer la idea.

PJ: ¿Qué entender por ingeniería biomédica?

MLZ: La ingeniería biomédica es la implementación de soluciones  o invenciones de ingeniería aplicadas a la medicina para preservar la vida humana y proteger el medio ambiente. Esa es la filosofía de este concepto y su aplicación en el área de la salud.

PJ: ¿Por qué decidieron orientar esta iniciativa en torno al adulto mayor?

MLZ: Tomamos como tema emergente al adulto mayor porque es una población frágil, es una población afectada, lo cual es común en América Latina. A pesar de ser una población muchas veces despreciada por su vejez, tiene mucho por contar, mucha sabiduría, por eso queremos enseñarles a los ingenieros la importancia que tiene el ser humano y cómo las tecnologías son medios que facilitan mejores diagnósticos y su calidad de vida e independencia.

PJ: En ese sentido, ¿cuál es la metodología de trabajo con los estudiantes?

MLZ: Decidimos trabajar dos grandes temas en este summer: el primero es rehabilitación porque las personas mayores están propensas a caerse e incluso tienen muchas alteraciones del equilibrio, y por otro lado las enfermedades cardiológicas. Durante las clases les enseñamos qué es, por ejemplo, un infarto y lo que se hace cuando esto ocurre para que empiecen a construir conocimiento […] Luego, durante el cierre del evento ante el Vicerrector de Investigación de la Universidad Javeriana y el grupo de profesores invitados, los estudiantes presentan una propuesta de  investigación real, clara, a partir de una señal cuantitativa.

PJ: Explíquenos un poco sobre el concepto ‘investigación real’.

MLZ: Esto significa que cada grupo de estudiantes tiene un padrino profesor de las organizaciones invitadas, quienes conforman el comité académico. Primero les presentamos a médicos quienes les cuentan sobre las características del adulto mayor, lo que en términos clínicos es normalidad y anormalidad, para que luego ellos apliquen esos conocimientos en su ingeniería a través del procesamiento de señales biológicas. Así, el ingeniero empieza a entender la fisiología desde la óptica médica y no solo desde la ingeniería para hacer un trabajo de investigación más sólido.

Ahora tenemos cuatro grupos de investigación que van a trabajar en problemas específicos; nosotros les enseñamos a manejar ‘key words’ en los cuatro casos para que ellos desarrollen la bibliografía, el estado del arte y entiendan desde la ingeniería qué es la fisiología, qué es normal y qué no lo es.

PJ: ¿Cuáles son esos problemas?

MLZ: Sus investigaciones surgen de los talleres que les presentamos. Por ejemplo, uno es sobre el análisis de la huella plantal. Allí los estudiantes deben descubrir con las técnicas de ingeniería y con los algoritmos cómo caracterizar las diferencias entre las morfologías de los pies para que un médico, en este caso, pueda diagnosticar el equilibrio de un paciente y predecir caídas a partir de sus patrones de presión.

También les presentamos talleres sobre exoesqueletos: estos son dispositivos para asistir a las personas que tienen problemas músculoesqueléticos como en el caso de los adultos mayores que tienen problemas de desviación de columna, de cadera, desgaste de meniscos o que requieren trasplante de rodilla.

Con esta información y sus inquietudes, un estudiante de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Javeriana propuso mostrar cómo un atleta de alto rendimiento puede variar su capacidad de respiración o de movilidad de acuerdo con la ubicación del sillín de su bicicleta.

PJ: ¿Qué diferencia a este encuentro de otros cursos sobre ingeniería biomédica?

MLZ: Nuestro interés es que este summer sea una red para desarrollar, innovar y hacer investigación y docencia en grupo; la diferencia es que formamos una red de ingenieros humanizados por las tecnologías, es decir que no desarrollan tecnología per se, sino una que sea incluyente y que pueda ser activa en el adulto mayor para que le garantice una mejor calidad de vida.

PJ: Una vez finalizado este encuentro, ¿cuáles son sus metas a corto plazo?

MLZ: Esperamos hacer un tercer summer. Cuando este esté maduro esperamos publicarlo en una revista especializada en ciencia, tecnología e innovación como Springer  y luego rotarlo por toda Latinoamérica. Esta es la idea, que salga de la Javeriana, que empiece a rodar y que se implementen todas las metodologías que trabajamos aquí.

También quiero decir que la oficina de Innovación de la Universidad Javeriana nos ha propuesto para el próximo año hacer un workshop de nuevas prácticas de transferencia de tecnología e innovación. Paralelamente, con IBM nos propuso hacer una maratón de nuevas ideas usando las técnicas que dimos en este encuentro.

Adultos mayores:  reconocer sus saberes para cuidarlos mejor

Adultos mayores: reconocer sus saberes para cuidarlos mejor

Érase una viejecita… que vivía en un barrio marginal de Bogotá. Sufría de diabetes y la martirizaba una úlcera varicosa en su pierna derecha, una “lora”, como se denomina popularmente esta lesión. El servicio de salud aprobó un tratamiento para acabar con el problema, el cual incluía la visita periódica de una enfermera para aplicarle un medicamento. En el hospital no sabían que la paciente alternaba el procedimiento con la aplicación de hojas de plátano, en cuyo poder cicatrizante confiaba… Hasta que la pierna mejoró. Mientras que el personal de salud atribuía el resultado a su tratamiento, la viejecita pensaba que eran sus hojitas de plátano. Y colorín colorado…

El cuento, que no es fantasía, ilustra la problemática que aborda el proyecto de investigación “Trayectorias de cuidado popular de las personas mayores con enfermedades crónicas en áreas urbanas marginales de Bogotá D. C.”, realizado por investigadores de la Facultad de Enfermería de la Universidad Javeriana, en el que invitan al sistema de salud a considerar las prácticas culturales que utilizan los adultos mayores con enfermedades crónicas para mejorarse. “Ello garantizaría un abordaje más congruente de su problemática”, dice la enfermera Fabiola Castellanos, PhD, una de las investigadoras principales, hoy decana de la Facultad de Enfermería.

Trayectorias del estudio

La vejez es un proceso natural al que se le ha dado poca atención. “Si los problemas de salud de los adultos mayores no son abordados adecuadamente, pueden llegar a provocar un impacto negativo para el sector salud”, explica Daniel Eslava, PhD, coautor de la investigación. Lo anterior no solo por el incremento en las enfermedades, sino por la pérdida del grado de autonomía que viene con la edad.

Al estudiar las trayectorias de cuidado de estos ancianos enfermos crónicos en situación de pobreza, Castellanos y Eslava constataron que la cultura –en este caso, la manera como los humanos, según su contexto, comprenden el mundo, su propio cuerpo y los procesos de salud y enfermedad– ejerce un papel fundamental para enfrentar enfermedades como las que enfoca la investigación: hipertensión, cardiopatías, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y diabetes.

En el estudio participaron 18 adultos mayores entre los 56 y los 90 años, atendidos por las secretarías de Salud y de Integración Social del Distrito, con las cuales la Facultad de Enfermería de la Universidad Javeriana estableció un acuerdo. Con las herramientas de la antropología, los investigadores realizaron un estudio etnográfico (descripción de la población), que incluyó observación participante, diarios de campo y entrevistas, para explorar la subjetividad y el contexto.

En coincidencia con otros estudios realizados, los autores identificaron tres momentos vividos por los adultos mayores para construir su trayectoria del cuidado: el primero implica comprender la situación y nombrarla: “estoy tullido”, “tengo la sangre dulce”, “sufro de ahogos”; el segundo abarca la toma de decisiones para enfrentar la enfermedad por parte del paciente y de su familia; el tercer momento corresponde a las prácticas realizadas por unos y otros.

Estas personas asisten a los servicios de salud y reclaman los medicamentos, pero siguen las indicaciones a su manera, combinándolas con tradiciones populares, costumbres, consejos de parientes, curanderos u otros practicantes de medicinas alternativas. La recursividad siempre está presente en el sentido de que “hay que hacer de todo para mejorarse”, según ellos mismos lo afirman, y en esa fórmula la fe es un factor esencial para explicar el advenimiento de la enfermedad y para buscar la mejoría.

Los investigadores subrayan el escaso conocimiento desde la medicina alopática de las prácticas culturales del país, respecto de la salud y la enfermedad. Sugieren que aquí no existe el reclamado diálogo de saberes, y que por lo general todo se reduce, por parte del personal de salud, a descalificar prácticas diferentes sin conocerlas; y, por parte de los pacientes, a ocultarlas para prevenir un regaño.

Dejar descansar el cuerpo

“Me dijeron que soy crónico”. Esta frase, pronunciada con frecuencia por los pacientes, revela un desconocimiento de la enfermedad crónica. La mayoría se aferra a la idea de que es posible mejorarse definitivamente y no comprende que la única salida es vivir con la enfermedad y aprender a manejarla. A medida que la persona comienza a sentirse bien, cree que se está curando y resuelve suspender los medicamentos, con consecuencias tan delicadas que muchas veces termina en las unidades de urgencias.

“Estas personas no se sienten enfermas si no están definitivamente en la cama, postradas”, explica la investigadora Castellanos, y agrega que hay allí un problema de educación y comunicación. Como un aporte a su solución, los autores del trabajo elaboraron la cartilla El adulto mayor y la enfermedad crónica, que ofrece orientación general sobre la enfermedad crónica en un lenguaje sencillo.

El estudio identificó una creencia generalizada entre esta población: el cuerpo se afecta negativamente con “tanta pasta” que formulan los médicos, de manera que, si la persona se siente mejor, se debe “dejar descansar el cuerpo”, como ellos mismos afirman. Es el momento en que se reemplaza, por ejemplo, un medicamento para bajar la tensión por el agüita de uchuva.

Males del cuerpo, males del alma

Para los investigadores, los profesionales de la salud deben cuestionarse la percepción de que su verdad es la única y, así, un día lograr que el médico le indique al paciente tomarse su pastilla con el agüita de uchuvas. “La idea es poner a dialogar las prácticas de cuidado de adultos mayores con las que sugieren los profesionales”, explica la doctora Castellanos.

Y, más allá, este trabajo plantea la preocupación por una población olvidada: “El adulto mayor es subvalorado con más razón cuando aparentemente ‘no produce sino gastos’. Sin embargo, a pesar de las dificultades propias de su edad, ellos aportan a la sociedad, tienen mucho que decir, mucho que enseñar, mucho que compartir”, dice el investigador Eslava.

Pero el sistema de salud no hace esfuerzos por establecer con ellos una buena comunicación, dentro de una consulta adaptada a sus necesidades, diferente de la modalidad actual en la que la prisa no permite la expresión de los pacientes mayores, que hacen reminiscencias, que no responden directamente las preguntas, que se van por las ramas. Así resulta imposible, por ejemplo, considerar asuntos tan profundos como la soledad, la falta del compañero y entender que se puede morir de pena moral. El sistema no tiene respuestas para ello.

Toda esa reflexión conduce a la generación de nuevos conocimientos para nutrir los currículos de las ciencias de la salud y mejorar las competencias de los estudiantes frente a los desafíos del adulto mayor, que consisten básicamente en lograr más años de vida saludable, partiendo de la base de que envejecer no es enfermarse. No por azar la Facultad de Enfermería desarrolla actualmente la propuesta de una maestría en cuidado del adulto mayor.

“El desafío es poder interpretar lo que el adulto mayor vive en su proceso de enfermarse para poder individualizar su cuidado, garantizar su privacidad, posibilitar su interacción con el personal de salud, respetando y promoviendo su participación en la toma de decisiones que tengan que ver con el mejoramiento de su estado de salud”, concluyen los investigadores.


Para saber más:
  • » Castellanos Soriano, F. & Eslava Albarracín, D. (2014, enero-junio). “Me dijeron que soy crónico: lo que estoy haciendo para cuidarme”. Investigación en Enfermería: Imagen y Desarrollo (Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá) 16 (1): 11-25.
  • » Castellanos Soriano, F. & López Díaz, A. L. (2013). “El cuidado popular de las personas ancianas en situación de discapacidad y pobreza”. Investigación en Enfermería: Imagen y Desarrollo (Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá) 15 (2): 115-135.

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