Una taza de café para el cuidado del corazón

Una taza de café para el cuidado del corazón

Existe un olor, un aroma cálido que convoca a las personas alrededor de una mesa, de una conversación, de un juego de ajedrez. Se trata del perfume que emana un pocillo de café, una de las tres bebidas más consumidas en el mundo junto al agua y el té, y cuyo origen proviene del norte de Etiopía, en África, durante el siglo XV, cuando la comunidad ancestral Oromo tomaba los frutos rojos de un arbusto llamado cafeto como energizante para sus expediciones de guerra.

Con el paso del tiempo y los viajes de los mercaderes árabes por el mundo durante los siglos XVI y XVII, este grano marrón expuesto al sol se convirtió en uno de los productos agrícolas de mayor exportación e importación en el planeta debido a su sabor, olor y textura, pero también a los altos niveles de energía que proporciona la cafeína –un psicoactivo propio de esta bebida-. No obstante, aunque este preciado líquido cuenta con un valor simbólico y cultural inserto en la dieta alimentaria de la humanidad, son diversas las opiniones médicas que han surgido durante los últimos 50 años en torno a los efectos negativos y positivos de su consumo.

Con el fin de indagar la creciente publicación de artículos científicos que controvierten las recomendaciones sobre la toma de café y comprender la tendencia del gremio médico a no sugerir esta bebida a sus pacientes, en 2016 el Grupo de investigación de Medicina Preventiva y Social de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana creó la línea de investigación Café y salud.

“Nuestro objetivo con esta línea es analizar y sintetizar toda la evidencia existente sobre el consumo crónico o habitual de café y los efectos en la salud de la población adulta”, explica Maylin Peñaloza Parra, profesora del Departamento de Medicina Preventiva y Social y líder del grupo.

 

125 mililitros entre taza y taza de café

Actualmente, las publicaciones en revistas científicas relacionadas con los efectos del café en la salud pública son variadas y abordan diversas temáticas como enfermedades metabólicas, diabetes mellitus, cáncer, demencia, párkinson, entre otras. Por eso, el punto de partida de este grupo de investigadores consistió en delimitar el campo de estudio a los efectos de esta bebida en la salud cardiovascular de las personas, con el fin de recopilar los datos científicos alrededor del tema y proponer una recomendación nutricional sobre la dosis estimada del fruto del cafeto para el consumo global a través de la evidencia publicada.

El primer paso para levantar los datos consistió en hacer una búsqueda y selección sistemática de la literatura científica mundial con las palabras “café” y “muerte cardiovascular”, a través de las bases de datos Medline, EMBASE, LILACS y la organización Cochrane, aplicando un riguroso proceso de revisión a publicaciones académicas, en el equipos de dos investigadores, de forma independiente, seleccionaron aquellas de mayor calidad.

El resultado de este ejercicio: 181 artículos iniciales, de los cuales se seleccionaron cinco meta-análisis que reúnen en su totalidad 41 estudios; todos aplicados a más de dos millones de personas sanas a nivel mundial, mayores de 18 años, con prácticas de consumo crónico, habitual y moderado de café, y quienes fueron analizadas por un período de aproximadamente 15 años.

Organizar esta información fue dispendioso para los investigadores. Por eso, se dedicaron a extraer y tabular los datos de las poblaciones analizadas en cada uno de los artículos, a encontrar el estado de salud entre quienes consumían café de forma habitual (según el número de tazas consumidas al día) y las personas que no, y a cuantificar a aquellos que estuvieron en riesgo de morir o fallecieron por causas cardiovasculares.

Para sorpresa de los académicos, la conclusión fue novedosa pues sintetizar estos datos les permitió encontrar que quienes consumen de tres a cuatro tazas de café al día tienen un 18 % menos de probabilidad de morir por causas cardiovasculares frente aquellos que lo toman de manera ocasional o no lo hacen, y un 17 % menos de probabilidad de morir por causas generales en el mismo caso.

“El ácido clorogénico es un antioxidante propio del café y tiene efectos protectores; a largo plazo, podría mejorar algunas funciones en materia de circulación y evitar desenlaces fatales a nivel cardiovascular”, afirma Peñaloza.

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El café, una bebida de talla internacional

Durante los últimos años, la producción y exportación de este grano a nivel mundial ha aumentado. Colombia, según la Federación Nacional de Cafeteros, generó 14,8 millones de sacos de 60 kilos de café verde durante el 2019; es decir, cerca de 9 % más que en comparación año anterior. Y aunque esta es una excelente noticia para el gremio y para la diversificación del consumo de la variedad arábico a nivel mundial, surge la necesidad de encontrar puntos en común acerca de la información que circula en las guías nutricionales de países productores como Brasil, México, Perú y Colombia, entre otros, y consumidores como Estados Unidos, Suecia, Países Bajos e incluso Japón, donde los indicadores de demanda de esta bebida van en ascenso.

Con esto en mente, y luego de proceso curatorial del comité de ética e investigación de la Universidad Javeriana (N° de aprobación 2018/06) y la revisión por parte de pares académicos, en junio del 2020 se publicó el artículo Relación entre el consumo habitual de café y la mortalidad general y cardiovascular: revisión de revisiones sistemáticas de la literatura en la Revista Chilena de Nutrición, con el fin de aportar un “grano de café” a la recopilación de la evidencia científica en torno al consumo de esta bebida que le permita al gremio médico tener datos actualizados y a las personas tomar decisiones informadas.

“Con este trabajo esperamos que la dosis sugerida de entre tres y cuatro tazas de café al día por persona sea una recomendación práctica para una bebida que hace parte del consumo de la población a nivel mundial y que por ende tiene un potencial impacto en la salud pública global”, finaliza Peñaloza.

Actualmente el Grupo de investigación de Medicina Preventiva y Social adelanta estudios sobre la relación del café y la salud cognitiva y enfermedades metabólicas en las personas, y está a la espera de dar a conocer dos artículos científicos que serán publicados en la Revista Colombiana de Cardiología sobre los efectos del consumo de esta bebida en las muertes por infarto agudo de miocardio y trombosis cerebral.

Pistas para la alta productividad en fincas pequeñas

Pistas para la alta productividad en fincas pequeñas

A lo lejos se divisa Belén de Umbría, sobre una ladera risaraldense, donde la cordillera comienza a perderse en una selva que morirá en el océano Pacífico. Aparentemente un municipio cafetero, como tantos. Sin embargo, un zoom sobre el antiguo territorio de los umbras, en un entorno semejante a un pesebre –circunstancias que confluyeron en el nombre, Belén de Umbría– permite asegurar que no es un pueblo cafetero más: no solo porque es el principal productor del departamento y el décimo a nivel nacional, sino porque los caficultores de la zona han sabido adaptarse a desafíos tan ‘bravos’ como la crisis del mercado de los años noventa del siglo pasado y la variabilidad climática, al punto que, para 2012, la producción se mantuvo entre seis mil y siete mil hectáreas sembradas y cosechadas.

En este municipio, Jaime Forero Álvarez, profesor titular del Doctorado en Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, y su estudiante, Ligia María Arias Giraldo, investigan la producción cafetera colombiana. ¿Qué han hecho los caficultores de Belén de Umbría para adaptarse a cambios tan drásticos?, se preguntaron al iniciar el proyecto Adaptación de productores agropecuarios a cambios en las condiciones del mercado y a la variabilidad climática con énfasis en caficultores, el más reciente trabajo de un conjunto dirigido por Forero y la socióloga y profesora titular Elcy Corrales, alrededor de los sistemas de producción cafeteros y su viabilidad.

Una aproximación diferente

El actual equipo seleccionó a Belén de Umbría luego de años de estudio en diversas regiones del país, como Supía y Riosucio en Caldas, Restrepo y Buga en el Valle del Cauca y Ciudad Bolívar en el suroeste antioqueño. Tras advertir que no se trata de una muestra representativa en estricto sentido, pero resaltando el carácter aleatorio de la elección de este municipio, Forero y Arias señalan el aporte de la investigación a la comprensión de la caficultura colombiana y su valor como insumo para el diseño de políticas. Según Forero, “tenemos indicios muy fuertes para pensar que las estrategias de Belén de Umbría se pueden aplicar a buena parte de la Colombia cafetera”.

Por su parte, Ligia Arias sostiene: “estoy convencida de la fidelidad de los datos que se obtienen cuando se trabaja cara a cara con el productor (…). Por eso optamos por disminuir la muestra estadística formal, en favor de datos más confiables y mayor profundidad”.

La investigación comprende un levantamiento del sistema de producción actual para observar su evolución desde 1980, lo cual podrá correlacionarse con los momentos de cambio en los precios del mercado del café y de las condiciones climáticas. En breve se iniciará el censo de los cafeteros en siete veredas de Belén de Umbría, lo que permitirá escoger algunos para desarrollar estudios de caso en profundidad.

¿Qué han hecho los cafeteros de Belén de Umbría?

Ante la situación adversa en materia de precios del grano, los belumbrenses han evadido ciertas decisiones, como vender sus fincas, cambiar de cultivo totalmente o pasar a la producción ganadera sin dejar un cafeto en pie. Así, una encuesta inicial arroja la primera conclusión importante: que los caficultores pequeños, medianos y grandes son muy efi-cientes, una de cuyas estrategias fundamentales es la alternancia con cultivos como el plátano.

Estas estrategias no están lejos de lo encontrado en las investigaciones anteriores mencionadas: los productores cafeteros de Caldas y el Valle del Cauca intensifican cultivos complementarios como el plátano, el fríjol o el maíz, y alternan la caficultura con producción pecuaria intensiva a pequeña escala. En terrenos reducidos crían cerdos o aves y cultivan forrajes, sin quitarle espacio a los cafetales. Son modos de producción que tienden a reducir la utilización de agroquímicos y a aumentar las interacciones entre los diferentes componentes de la finca, que además dan espacio a la creatividad del agricultor. Para esto, han contado con el apoyo de la Federación Nacional de Cafeteros y otras instituciones: “Se forma un gran laboratorio con los agrónomos y con los técnicos. Se construye un capital social muy valioso”, dice el investigador.

Eficiencia y dimensión de la finca

En investigaciones anteriores se confirmó la eficiencia económica de los sistemas de producción cafeteros que muchas veces se llevan a cabo en fincas minúsculas: “se soluciona parcialmente el problema de escasez de la tierra y se la remplaza con inversión en capital relativamente modesta, de tal manera que se pueden incrementar significativamente sus ingresos mediante la intensificación del café y la diversificación de la producción, con actividades tanto agrícolas como pecuarias”, continúan Forero y Arias.

Los investigadores agregan que, en el caso de espacios muy reducidos, se puede ser eficiente económicamente y obtener una alta rentabilidad, pero las limitaciones en el tamaño de sus parcelas pueden impedirles obtener ingresos suficientes para salir de la pobreza.

En extensiones menores de dos hectáreas, a pesar de tener un sistema eficiente, un agricultor no alcanza a producir los ingresos para ‘salir de pobre’ y se ve obligado a rebuscar otras entradas en trabajos precarios. Sin embargo, con un poco más de tierra, haciendo énfasis en las estrategias de productividad, el campesino puede vivir de su finca y darle trabajo a otros. “Esto lo constatamos en numerosos casos de pequeños productores cafeteros ubicados en Riosucio y Supía, Caldas”, dicen.

Así, las estrategias de los caficultores para afrontar las crisis originadas en el clima o en el mercado, se han basado en la disminución de los costos monetarios mediante la sustitución de trabajo contratado y de insumos comprados. De acuerdo con Forero, “el mejor indicador de la viabilidad económica para los sistemas de producción familiares es la remuneración de la mano de obra: cuando la familia, por cada día de trabajo en su propia finca, obtiene un ingreso superior al que recibiría trabajando en otra parte, el sistema resulta viable en términos económicos, porque la remuneración dentro del sistema sobrepasa el costo de oportunidad de la mano de obra, y esto es efectivamente lo que sucede en todos los casos estudiados”, explica el investigador.

Una opción efectiva para las fincas pequeñas es la producción de cafés especiales (orgánicos, amigables con la naturaleza, de origen, gourmet, etc.), que constituye alrededor del 20% de la producción de café en Colombia, cotizada a precios más altos que los del café corriente.

Se trata de escenarios productivos que se adaptan para sostenerse en el tiempo, no solo desde la perspectiva económica, sino social y cultural, pues ofrecen soluciones para reforzar el tejido social, y mantienen tradiciones y conocimientos ancestrales reelaborados con la oferta tecnológica y el conocimiento actual disponibles, así como en un café de la plaza de Belén de Umbría se sigue oyendo a Carlos Gardel en versión digitalizada, reproducida por el computador del cantinero. Con el surgimiento de los cultivos dirigidos a producir cafés especiales, se implementan tecnologías que reducen el impacto sobre los ecosistemas.

Los estudios llaman la atención sobre la existencia, en América Latina, de un ‘capitalismo rural’ —diferente del ‘capitalismo agrario’ convencional—, en el que la empresa familiar coexiste y tiene relaciones funcionales con la empresa capitalista a través de una intensa circulación tanto de trabajo como de tierra y capital. Por el contrario, en el ‘capitalismo agrario’ se homogeneiza el paisaje socioproductivo, con la consecuente expulsión de los productores familiares. “Se podría decir que este capitalismo rural es la base productiva del paisaje cafetero, hoy en día considerado patrimonio cultural de la humanidad”, dice Forero.

Un mito que se viene abajo

Además, ‘de carambola’, como se diría en cualquier billar del eje cafetero, esta serie de investigaciones controvierte uno de los mitos más arraigados en Latinoamérica, aquel según el cual la agricultura familiar no da para vivir. De acuerdo con Forero, esta idea “es resultado de la especulación o del uso de datos muy precarios (…). Podemos asegurar que la agricultura familiar es viable, no solo en las áreas cafeteras, sino en otras partes del país”.

Son hallazgos científicos que reivindican, en un momento decisivo para el agro colombiano, el protagonismo social y económico del campo y de los campesinos, desdibujado por un ‘capitalismo salvaje’ que se ha querido imponer. Por ello es trascendental el rescate de actividades y modos de hacer específicos, alrededor de asuntos en los que ‘nos va la vida’, como la producción de comida y la defensa de los recursos naturales.


Para saber más:
  • » Forero Álvarez, J. y Corrales, E. (2007). La reconstrucción de los sistemas de producción campesinos. El caso de ASPROINCA en Riosucio y Supía. Bogotá: Swissaid, Pontificia Universidad Javeriana, Colciencias, Asproinca.
  • » Forero Álvarez, J. (2010). Colombian family farmers, adaptations to new conditions in the world coffee market. Latin American perspectives, 37(2) (V. J. Furio, Trad.).
  • » Forero Álvarez, J. (2012). Estrategias adaptativas de la caficultura colombiana. En: Samper y Topik (Eds.). Crisis y transformaciones del mundo del café. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.

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