¿Cómo van los proyectos de Mincienciaton?

¿Cómo van los proyectos de Mincienciaton?

Los 25 proyectos seleccionados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación entre 531 propuestas recibidas de siete departamentos del país están en marcha y tienen poco tiempo para arrojar resultados.  Buscan enfrentar la pandemia de la COVID-19 y otras infecciones respiratorias agudas de gran impacto en la salud pública, por medio de posibles soluciones para la prevención, el diagnóstico, el monitoreo y el tratamiento de los pacientes afectados.

Los científicos colombianos han ido ejecutando esos 26 mil millones de pesos de financiación en proyectos que ya tenían un buen grado de avance en cuanto a metodologías o prototipos desarrollados para otros fines pero que eventualmente podían ser adaptados a los requerimientos de investigación demandada por la situación que generó el SARS-CoV2.

El SENA se unió más tarde con seis mil millones de pesos adicionales para beneficiar a siete proyectos más. Así, en total son 32 propuestas que en la convocatoria Mincienciaton avanzan rápidamente para lograr su objetivo y hace unos días presentaron virtualmente sus adelantos.

Como informó Pesquisa Javeriana en la edición 51, cinco proyectos que propuso la Pontificia Universidad Javeriana fueron aceptados, cuatro de la sede Bogotá y uno de la seccional Cali.

Los 32 proyectos presentados demuestran que la ciencia es motor de desarrollo, dijo la científica javeriana Susana Fiorentino; demuestran que en el país hay “capacidad para generar conocimiento propio con impacto directo en nuestra sociedad, que permita la independencia tecnológica del país”.

También el Ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, quien como muchos de sus colegas del gobierno escuchó las presentaciones de los científicos, resaltó “los avances importantes en construcción de ciencia” que demostraron los ponentes y su capacidad para “construir desde lo construido porque no son estrategias que aparecen de la noche a la mañana, sino que recogen las líneas y trabajos de investigación a través del tiempo”.  Confesó que se sorprendió positivamente por la capacidad de innovación y desarrollo tecnológico.

Entre otras propuestas, Pesquisa Javeriana tuvo la posibilidad de presenciar las siguientes:

 

Prevención

Ante la ausencia de vacuna para prevenir el contagio por COVID-19, los científicos consideran esencial y básico el uso de cubrebocas, el frecuente lavado de manos y el distanciamiento físico, para lo cual proponen, entre otros productos, sofisticados tapabocas y máscaras, principalmente pensando en el personal de salud.

La EAFIT bajo el lema de “Inspira, crea y transforma” desarrolla un tapabocas fabricado con nanofibras que, a través de las diferentes capas que lo componen, tiene la capacidad de filtrar más del 98% de las partículas del virus, las cuales van quedando atrapadas en esos mantos antes de llegar a la cara de quien lo porta.

La Fundación Clínica Shaio se ingenió una máscara que protege ojos, nariz y boca, e incluye unas gafas que no se empañan y un filtro respiratorio que regula tanto la inhalación como la exhalación de la persona.

En el mismo sentido trabaja la Universidad Industrial de Santander UIS) junto a la Fundación Cardiovascular, que entregarán un prototipo de protección personal respiratorio y visual reutilizable, adaptable, hermético, confortable y seguro, desarrollado con material filtrante nanométrico de alta eficiencia.

Si con alcohol o hipoclorito de sodio se limpian las superficies más expuestas al contacto, la Universidad de Antioquia trabaja en productos derivados de la biodiversidad con propiedades antifúngicas y antimicrobianas para diseñar desinfectantes que se asperjan en superficies y ambientes en general y eliminan el virus.

 

Diagnóstico

Con la experiencia de haber desarrollado sensores para detectar el virus del zika y diferenciarlo del que produce dengue, otro grupo de la Universidad de Antioquia se enfoca ahora en adaptar uno de sus biosensores para detectar el SARS-CoV-2. “Creemos que en nueve meses podremos tener un prototipo”, dijo a Pesquisa Javeriana el líder del grupo, Jahir Orozco Holguín, químico, con postdoctorado en técnicas moleculares para detección de patógenos.

Se trata de un nanobiosensor ultrasensible y específico capaz de detectar el material genético y partículas del virus, así como la proteina S que está en su parte externa. El producto que resultará será un dispositivo de bajo costo y fácil implementación que podrá transportarse hasta los sitios más remotos del país.

También trabaja en un bionanosensor el profesor javeriano Andrés Jaramillo, al que ha denominado Sensum SARS- CoV-2. Se trata de una plaqueta en donde se coloca la muestra, se inserta en un receptor portatil y en menos de cinco minutos entrega el resultado. Disminuye el tiempo de diagnóstico, es portable, de bajo costo, selectivo y directo del virus que produce COVID-19 y supersensible para ciudadanos pre y asintomáticos de riesgo, así como sintomáticos. Puede usarse eficientemente en el supermercado o a la entrada de un espectáculo, por mencionar un ejemplo.

 

Monitoreo

De nada sirve diagnosticar la enfermedad si no se practica un monitoreo constante al paciente y a la población vulnerable.

Desde la Universidad de Manizales trabajan en sistemas de apoyo para alertas tempranas de posibles contagios basados en la información que ofrecen las redes sociales y otras técnicas de análisis de datos. Desarrollan algoritmos para modelar la red social de personas contagiadas y determinar lugares con alta probabilidad de contagio.

Mientras, en la Universidad de Antioquia desarrollan una plataforma avanzada de modelación epidemiológica de libre acceso que monitorea el comportamiento de la dinámica, el potencial de dispersión y las tendencias de la enfermedad. En el futuro servirá para cualquier virus.

En la Javeriana desarrollan un sistema de monitoreo remoto de pacientes basado en Internet de las Cosas, que ofrezca seguimiento e información oportuna a los médicos tratantes a través de aplicativos en los celulares, y les permita identificar cómo  evoluciona la pandemia, sacar patrones, entender fluctuaciones de la enfermedad y tomar acciones.

 

Tratamiento

Como el aislamiento de los pacientes con COVID-19 debe ser total, y muchas veces necesitan transladarlos de un lugar a otro, la Universidad Nacional con sede en Medellín está desarrollando una camilla que consiste en una cápsula despresurizada con cubierta plástica en PVC, puertos de entrada y salida de aire y filtros que detienen la entrada de virus como el del SARS-Cov2 de un tamaño entre 100 y 300 nanómetros.

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Pero como se necesita espacio adecuado para la atención de un número de pacientes que crece exponencialmente, la Universidad de La Salle desarrolla una especie de ciudadela de iglús llamada Unidad de aislamiento epidemiológico portátil, que consiste en nueve domos articulados mediante túnel de circulación, con posibilidad de conexión a los diferentes aparatos médicos necesarios y exclusas para la entrada y salida de pacientes y personal médico, y motoventiladores de inyección de aire. Está construido en PVC y mantiene la temperatura interna igual a la exterior. Puede ubicarse en estadios y otras grandes superficies.

Para combatir la escasez de ventiladores mecánicos, varias universidades de Caldas diseñan un ventilador para terapia intensiva con el fin de sostener artificialmente la respiración del paciente y en la Universidad de Antioquia tienen el proyecto Respira, basado en nanotecnología que produce un respirador mecánico de bajo costo con un sistema de sanitización de aire, apoyado en nanotecnología, que permita que los centros de atención médica no se conviertan en focos de propagación del virus.

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También desde la Universidad del Norte diseñan dispositivos de ventilación mecánica asistida que han llamado Hopebreath, los cuales permiten obtener datos en tiempo real y cuentan con una interfase de comunicación y sistema de alarma.

Y finalmente las propuestas de medicamentos. Un estudio liderado por la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, en asocio con la Javeriana, evalúa la efectividad y seguridad de los medicamentos y reporta el caso de la hidroxicloroquina, cuyo uso ha sido muy controversial en la comunidad científica. El estudio llama la atención sobre la importancia de estar bien informado y analiza la efectividad de medicamentos como Lopinavir, que se utilizan para controlar la inflamación que desencadena el virus en el pulmón, corazón y en general en todos los tejidos. Busca con ello reducir la mortalidad, la necesidad de cuidados intensivos y acortar el tiempo de la enfermedad.

Otro estudio javeriano estudia moléculas que ya han comprobado su eficacia para disminuir inflamaciones en casos de cáncer y tienen posibilidades de actuar positivamente frente a los efectos del virus SARS-Cov2. Es un fitomedicamento a partir del dividivi, árbol de origen americano, sobre el cual los investigadores llevan 15 años trabajando y como uno de los resultados ofrecen el extracto P2Et, que modula la respuesta inflamatoria, es antioxidante y desempeña un papel importante en la modulación de respuesta inmune.

Así, diferentes propuestas colombianas han comprobado que es posible la unión Empresa-Academia-Estado a nivel de todo el país para enfrentar situaciones donde la ciencia es motor de desarrollo. El esfuerzo no termina aquí:

“El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación trabaja en las estrategias para la postpandemia”, dijo la ministra Mábel Torres, porque son muchos retos mas: “reestructuración del tejido social, reestablecimiento de la salud mental, reactivación económica y desarrollo de tecnologías e innovaciones para lograr la soberanía científica”.

La Javeriana propone cómo humanizar el espacio público en Cali

La Javeriana propone cómo humanizar el espacio público en Cali

Como fruto de inquietudes surgidas en los espacios de clase, dos investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali, construyeron herramientas metodológicas para darles coherencia y armonizar las decisiones del espacio público en la capital del Valle del Cauca. Hoy son decretos municipales.

Se trata del Manual de Adecuación del Espacio Público Efectivo del Municipio de Santiago de Cali (Maepe) y el Manual de Elementos Complementarios del Espacio Público (Me- coep), con los que la administración municipal reglamentó, en 2017 y 2018, distintos aspectos para lograr una ciudad mejor organizada.

El Maepe determina los parámetros de diseño y adecuación para parques, plazas, plazoletas y zonas verdes, mientras el Mecoep se ocupa de las normas para ubicar adecuadamente los elementos complementarios del espacio público, como cubiertas, fachadas, pórticos, antejardines, cerramientos, mobiliario urbano y elementos de señalización, entre otros, sin intervenir en aspectos como el dise- ño o los materiales de construcción.

“Esta es una forma de participar desde la academia en la construcción de la ciudad”, precisó Sabina Cárdenas O’Byrne, docente e investigadora del programa de Arquitectura de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, quien, junto con el también docente y funcionario del Departamento Administrativo de Planeación Municipal, Esteban Angulo, realizaron los manuales y proyectaron la reglamentación que finalmente adoptó el gobierno municipal en esta materia.

Para la arquitecta Cárdenas O’Byrne, con doctorado de la Universidad de Mendoza (Argentina), esta es una forma de trasladar las preguntas de una clase de Diseño Urbano de tercer semestre al gran laboratorio de la ciudad, donde se dan múltiples relaciones entre todos los elementos que intervienen en la construcción del espacio público.

La respuesta a cómo se diseña la ciudad pasa por metodologías, investigaciones y normas que van mostrando inconsistencias y vacíos susceptibles de ser subsanados mediante herramientas que ayudan a poner orden y que permanecen en el tiempo con eventuales actualizaciones, explicó la experta.

“Vivimos en una ciudad que cambia de apellido cada cuatro años, de acuerdo con los énfasis que quiere darle cada administración, y por eso es necesario contar con herramientas de largo plazo que no pretenden uniformar, sino armonizar, por ejemplo, la forma como organizamos un parque, una luminaria, una ciclovía, un separador vial, etcétera”, precisó la investigadora.

Recordó que Cali pasó de los grandes planes urbanísticos de los años setenta a la importancia de la memoria en la década de los ochenta y al crecimiento acelerado en los noventa, cuando comenzó a ser percibida como una ciudad peligrosa, en la que el miedo hizo que sus habitantes se encerraran. “Por eso es importante la interacción entre academia y administración pública, entendiendo las lógicas de cada uno de estos dos espacios, pues hay tiempos para operar, pero también para aprender”, puntualizó.

El trabajo incluye la revisión de manuales de distintas ciudades y el cotejo de situaciones reales frente a la normativa, con el fin de plantear soluciones viables. “Es interesante ver cómo todo el proceso le devuelve a la academia su posición crítica y enriquece la interacción con lo público”, agregó la investigadora.

Las mismas inquietudes que los llevaron a desarrollar el Maepe y el Mecoep ahora han llevado a los investigadores Cárdenas y Angulo a preguntarse por el espacio público a 95 centímetros del suelo, es decir, la visión que tienen los niños sobre la ciudad desde su propia estatura. “Estamos trabajando junto con la Fundación Obeso Mejía en un proyecto encaminado a ver el espacio público desde la primera infancia, en el contexto de una iniciativa internacional denominada Urban 95, que lidera la Fundación Bernard van Leer”, señaló la investigadora.

Recientemente, los mismos investigadores publicaron, en el Sello Editorial Javeriano, el libro Urban Space: Experiences and Reflections from the Global South, como una invitación a pensar la generación del espacio público desde las lógicas sociales y culturales de los países del hemisferio sur.


Para leer más

  • Cárdenas,S.Manual de Elementos Complementarios del Espacio Público de Santiago de Cali, Alcaldía de Santiago de Cali, 2018.
  • Cárdenas, S. y Baquero, M. Manual de Adecuación del Espacio Público Efectivo del Municipio de Santiago de Cali, Alcaldía de Santiago de Cali, 2018.

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
Políticas públicas de espacio público en Santiago de Cali

INVESTIGADOR PRINCIPAL:
Sabina Cárdenas O’Byrne

COINVESTIGADOR:
Esteban Angulo Daccach
Facultad Humanidades y Ciencias Sociales
Departamento de Arte, Arquitectura y Diseño
Grupo de investigación Poiesis

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:
2017-2018

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Proyectos javerianos trabajan para mitigar la COVID-19

Proyectos javerianos trabajan para mitigar la COVID-19

En diciembre de 2019, el mundo conoció la existencia de una extraña enfermedad que conmocionó a la población de Wuhan (China). Se trata de la COVID-19, producida por un virus de la familia de los coronavirus, generalmente asociado con síntomas de un resfriado común, pero que, en casos severos, ocasiona neumonía y síndrome de dificultad respiratoria aguda. Desde entonces, entidades nacionales e internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Salud y Protección Social (Minsalud) y el Instituto Nacional de Salud (INS), así como universidades de todo el país, trabajan persistentemente en encontrar alternativas que mitiguen sus efectos.

A mediados de abril, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias), a través de la convocatoria Mincienciatón, seleccionó cinco propuestas de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana para ser financiadas, con el propósito de dar soluciones a las problemáticas actuales de salud relacionadas con la pandemia de la COVID-19. PESQUISA JAVERIANA conversó con los líderes de los proyectos sobre sus propuestas, la trayectoria y experiencia de sus equipos de trabajo, y la estrategia que abordarán para afrontar la actual crisis sanitaria.

 


 

3Proyecto 1. Desarrollo y evaluación de modelos matemáticos y epidemiológicos que apoyen la toma de decisiones en atención a la emergencia por SARS-CoV-2 y otros agentes causales de IRA en Colombia utilizando data analytics y machine learning

Investigadora principal: Magda Cepeda Gil
Facultad de Medicina

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Magda Cepeda: Usaremos estrategias avanzadas de análisis de datos, como machine learning, para generar modelos que describan, en tiempo real, la dinámica de la epidemia de la COVID-19 en el país, cuáles son las necesidades que se han generado y con qué recursos cuenta Colombia para responder eficazmente a la epidemia.

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
M. C.: El proyecto cuenta con expertos en la generación de modelos usando métodos de aprendizaje basados en los datos y en la conducción de estudios poblacionales. El Centro de Excelencia ―Alianza Caoba― tiene amplia trayectoria en el desarrollo de proyectos sobre análisis de datos.

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
M.C.: El equipo consolidará alianzas entre las instituciones participantes y otras instituciones relevantes, para obtener la información necesaria para generar los modelos de análisis y conducir el estudio de seroprevalencia de SARS-CoV-2 en la población general. El proyecto se terminará en seis meses, una vez se firme el convenio con Minciencias.

 


 

2Proyecto 2. Sistema de monitoreo remoto de pacientes con COVID-19

Investigador principal: Julián Colorado
Facultad de Ingeniería

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Julián Colorado: Este proyecto propone el desarrollo de un sistema de monitoreo remoto de los signos vitales de pacientes con la COVID-19 en tiempo real, 24/7. Para esto usaremos tecnologías emergentes basadas en el internet de las cosas (IoT, por su sigla en inglés).

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
J. C.: El proyecto cuenta con la participación de profesores investigadores del Departamento de Electrónica y, en particular, con las capacidades del Centro de Excelencia y Apropiación en Internet de las Cosas (CEA-IoT). Además, contamos con la participación de un grupo élite de médicos investigadores del Hospital Universitario San Ignacio (HUSI).

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
J. C.: El proyecto cuenta con ocho meses de ejecución. Para ello tenemos cinco fases de desarrollo. En la primera, seleccionaremos e integraremos sensores a partir de requerimientos clínicos establecidos para la COVID-19, luego adecuaremos las aplicaciones móviles, prepararemos la plataforma para lograr la escalabilidad del sistema en el manejo remoto de miles de pacientes, haremos una prueba del sistema en un ambiente controlado intrahospitalario y, finalmente, la misma prueba en condiciones de monitoreo remoto, en el marco del programa de Extensión Hospitalaria del HUSI.

 


 

5Proyecto 3. Eficacia y seguridad del extracto P2Et en el tratamiento coadyuvante en pacientes con COVID-19

Investigadora principal: Susana Fiorentino
Facultad de Ciencias

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Susana Fiorentino: Vamos a llevar a cabo un estudio clínico en pacientes diagnosticados con enfermedad respiratoria que tengan sospecha o diagnóstico comprobado de la COVID-19. Serán tratados con la terapia convencional establecida en las guías de tratamiento y, además, suplementados con un fitomedicamento, desarrollado por nuestro grupo de investigación, denominado P2Et. Este fitomedicamento podría modular la respuesta inmune de los pacientes, disminuyendo la inflamación generada por la infección, así como la carga viral, al incrementar los mecanismos de autofagia (limpieza intracelular) y, por ende, la replicación viral.

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
S. F.: El grupo de Inmunobiología y Biología Celular fue creado hace 26 años. Lleva 16 años realizando investigación y desarrollo (I+D) en el área de inmunología y cáncer, buscando moduladores de la respuesta inmune y medicamentos antitumorales, particularmente a partir de plantas. El grupo ha recibido financiación de Colciencias (hoy Minciencias), el Sistema General de Regalías y del Banco Mundial para avanzar en la búsqueda de medicamentos contra el cáncer.

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
S. F.: Contrataremos una agencia que supervisará el estudio clínico, se abrirá el centro de investigaciones en el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI) y empezaremos a darles medicamentos a los pacientes inmediatamente. En paralelo, iniciaremos los estudios básicos en células, en animales (en Ginebra, Suiza) y sobre el virus, para identificar los mecanismos moleculares de acción del fitomedicamento. Esperamos tener los primeros resultados en un plazo de seis a siete meses.

 


 

4Proyecto 4. Efectividad del uso de elementos de protección personal más hidroxicloroquina para la prevención de SARS-CoV-2 a trabajadores de la salud

Investigadora principal: Sandra Valderrama Beltrán
Facultad de Medicina

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Sandra Valderrama: Los trabajadores de la salud son la primera línea de atención de pacientes con la COVID-19, y por eso queremos disminuir su riesgo de infección a través del medicamento hidroxicloroquina, que parece tener un efecto de inhibición sobre el virus. Lo que haremos es evaluar si este sirve como una estrategia farmacológica de prevención para la infección, sumado al uso de elementos de protección personal.

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
S. V.: En el proyecto participan cuatro grupos conformados por instituciones de salud filiales de importantes universidades del país: el primero es el grupo de la Clínica Colsanitas y la Fundación Universitaria Sanitas; seguido de la alianza de la Secretaría de Salud de Cundinamarca con el Hospital Universitario la Samaritana (sedes Bogotá y Zipaquirá); el de la Universidad Nacional de Colombia y el Hospital Universitario Nacional; y, finalmente, el grupo de Epidemiología Clínica y Bioestadística y el Grupo de Investigación en Enfermedades Infecciosas de la Pontificia Universidad Javeriana y el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI).

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
S. V.: Estamos haciendo el alistamiento de los centros para iniciar el reclutamiento de los participantes del estudio, posteriormente administraremos el medicamento o el placebo y realizaremos el seguimiento de estos casos con pruebas moleculares, pruebas de anticuerpos y controles de seguridad clínica de la intervención. Al terminar el reclutamiento, realizaremos el análisis de los datos y esperamos estar compartiendo resultados en un plazo de seis a ocho meses.

 


 

1Proyecto 5. Desarrollo y evaluación de un bionanosensor portable, ultrasensitivo y de respuesta rápida para el diagnóstico y seguimiento del SARS-CoV-2

Investigador principal: Andrés Jaramillo Botero
Facultad de Ingeniería, Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Andrés Jaramillo: Nuestro programa permitirá diagnosticar de manera temprana la COVID-19 en una persona, aun en fase asintomática, a partir de la detección y medición directa, rápida y en concentraciones ultrabajas del virus en ella, mediante una nueva tecnología molecular no invasiva, portable y de bajo costo.

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
A. J.: Contamos con un grupo de primer nivel de seis profesores con experticia en infectología-virología clínica, biología molecular, química y electroquímica de sensores materiales y dispositivos nanoestructurados, además de dos estudiantes de maestría y doctorado, y varios participantes del programa Jóvenes Investigadores e Innovadores Agentes de Cambio, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias).

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
A. J.: Adquiriremos e instalaremos el recurso necesario para la ejecución del proyecto técnico, reclutaremos ―a través del Hospital Universitario Fundación Valle del Lili― un grupo de personas para extraer y preservar muestras de fluido nasofaringeo, realizaremos un diagnóstico preliminar, demostraremos la detección y medición rápida, estableceremos la probabilidad de contagio en cohabitantes de pacientes con la COVID-19 y, finalmente, escalaremos la tecnología de detección y medición electroquímica por bionanosensores para su posterior masificación.

 


 

Finalmente, la Pontificia Universidad Javeriana, sede Bogotá, será coejecutora del proyecto “Efectividad y seguridad del tratamiento farmacológico para el SARS por COVID-19, Colombia. Estudio controlado aleatorizado pragmático”, liderado por la Universidad Nacional de Colombia. En esta investigación participan los académicos javerianos Carlos Gómez, Nelcy Rodríguez y Viviana Alejandra Rodríguez, de la Facultad de Medicina.

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Deporte y neurocognición, los beneficios de una estrecha relación

Deporte y neurocognición, los beneficios de una estrecha relación

Cuando los estudiantes universitarios hacen ejercicio, ya sea manera moderada o exigente, están mejorando el funcionamiento de sus mentes, lo que se traduce en un correcto desarrollo corporal, hormonal y metabólico del cerebro. Así lo confirman dos profesoras-investigadoras de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, quienes además sugieren que hacer actividad física puede tener un impacto positivo sobre el desarrollo cognitivo y emocional de la persona.

Las profesoras Natalia Cadavid, investigadora asociada al grupo Bienestar, Trabajo, Cultura y Sociedad (BITACUS) de la Javeriana Cali, y Beatriz Muñoz, investigadora asociada al grupo Biomédica de la Universidad ICESI  , revisaron información de las últimas tres décadas y encontraron múltiples estudios que relacionaban la actividad física con el buen funcionamiento cerebral en adultos mayores y en niños en edades escolares. Sin embargo, en esa búsqueda de antecedentes, encontraron muy pocos que hicieran este tipo de análisis en jóvenes entre los 18 a 25 años; y de esos, notaron una particular focalización en hombres. Con la identificación del vacío de conocimiento existente y al poderse apoyar en su acceso a la población universitaria, trabajaron en la propuesta con la que aplicaron a la convocatoria interna de la Javeriana seccional Cali.

Para el trabajo de campo, las profesoras realizaron un convenio con el Centro Deportivo Loyola de la Javeriana Cali, con el fin de contar con su acompañamiento y el de los estudiantes en la recolección de datos. “Esa alianza fue muy interesante pues nos permitió escuchar la experticia de los profesores del centro deportivo frente a aspectos relevantes de la investigación, lo que nos permitió revisar asuntos importantes para afinar las salidas de campo”, señala Natalia Cadavid.

Los participantes se dividieron en tres grupos: estudiantes sedentarios, de acondicionamiento (aquellos que realizaban, de forma regular alguna actividad física) y deportistas de alto rendimiento (correspondiente a estudiantes que conforman los grupos formativos y representativos de la universidad). Al respecto, Cadavid explica: “Algo muy retador fue conseguir a los alumnos sedentarios, lo que nos llevó a pensar en estrategias llamativas como hacer convocatorias a través de las redes sociales de la universidad que nos permitieran acceder a esa muestra”.

Para los otros grupos contaron con la participación de jóvenes pertenecientes a los equipos de fútbol, natación, baloncesto, kung-fu, voleibol, atletismo, rumba, cardiobox, fútbol sala y polo acuático, entre otros.  A cada participante se le tomaron dos muestras de sangre: una antes y otra después de una sesión de 30 minutos de actividad física de intensidad cardiovascular moderada. Con estos resultados, las investigadoras lograron determinar la concentración del factor neurotrófico, conocido como BDNF, una proteína que libera el cuerpo cuando se realiza actividad física de moderada a intensa, como medio para mantener el funcionamiento del sistema nervioso. También se aplicaron pruebas cognitivas de inhibición, atención y memoria a corto y largo plazo, funciones relacionadas con dos partes del cerebro: la corteza prefrontal y el hipocampo. Estas dos regiones cerebrales son importantes pues tienen una alta presencia de receptores de BDNF.

 

Trabajo en equipo

Muñoz y Cadavid destacan la participación de los integrantes del semillero de investigación Neurotrópicos en el proceso de recolección de muestras; ellos se capacitaron para acompañar a los participantes desde la aplicación de las pruebas cognitivas, la correcta realización de los ejercicios propuestos en la actividad física y la toma de las muestras de sangre.

Para Nicolás Figueroa, estudiante que hizo parte de dicha labor, “la investigación representó un reto y una responsabilidad especial, ya que implicaba generar espacios diferentes a los académicos para entrenarnos en la aplicación de las pruebas e investigar a fondo los aspectos relevantes de la actividad física y sus implicaciones en la salud mental”. Cabe resaltar, además, que uno de los profesores del centro deportivo diseñó y supervisó la realización de la rutina de actividad física aplicada a los jóvenes que conformaban cada uno de los tres grupos de participantes.

IRWD7312A partir de los datos recolectados en la sesión previa de evaluación, las investigadoras descubrieron resultados muy similares en la concentración de BDNF en sangre para los dos grupos que sí realizaban algún tipo de actividad física, ya fuera de acondicionamiento o de alto rendimiento. Esto les permitió comprobar que “no es necesario realizar jornadas extenuantes de ejercicio, pues los beneficios son los mismos mientras se haga actividad física moderada, de manera frecuente, por mínimo 30 minutos cada sesión”, afirma Natalia Cadavid.

Al analizar los resultados del nivel del factor neurotrófico después del ejercicio, determinaron que no había diferencias extremas entre los tres grupos de participantes, como sí habían observado en la pre-evaluación, lo que se traduce en que “con una sola sesión de actividad física, el sistema neurológico libera la sustancia BDNF y las personas sedentarias también pueden beneficiarse de su realización”, agrega Cadavid.

Cuando las investigadoras evaluaron los resultados cognitivos (facultad del sistema nervioso para procesar información mentalmente), descubrieron que los tres grupos presentaron un funcionamiento positivo similar, a pesar de que esperaban que hubiera diferencias entre el grupo de estudiantes sedentarios y los otros dos. Este hallazgo les hizo preguntarse por otros factores que estarían implicados como aspectos biológicos y ambientales, en particular el nivel educativo y el momento de desarrollo neurocognitivo en el que se encuentran los participantes.

Los resultados hallados fueron compartidos con los participantes y con el centro deportivo, dejando en claro que estos tenían solo fines científicos. Actualmente, las investigadoras empiezan una segunda fase con las muestras recolectadas en el proyecto, en el que analizarán los endofenotipos de los participantes, entendidos como un mecanismo bioquímico, neuroanatómico o neuropsicológico que cumple con los criterios de heredabilidad, especificidad y replicabilidad, asociados con la liberación de BDNF en la sangre, pues el componente genético de una persona puede condicionar la presencia de este factor neurotrófico independientemente de que se realice o no actividad física.

Las diferentes caras del territorio

Las diferentes caras del territorio

Las calles que recorremos, los parques donde juegan los niños, los citadinos centros comerciales, aquellos pueblos donde el tiempo avanza mucho más lento, los campos en donde cultivamos nuestros alimentos, los caminos que pisaron nuestros ancestros y hasta los campos olvidados, todos son espacios en donde construimos nuestra identidad. Ellos conforman esa noción que bautizamos como territorio, el lugar donde lo que ocurre es una fotografía que se suma a la película de vida de cada uno de sus habitantes, con múltiples significados atravesados por la felicidad, el progreso, pero también por la opresión y la violencia.  

De aquí que se generen diferentes lecturas por parte de la academia para explicar el entramado de hazañas que ocurre en los lugares que transitamos a diario. En el XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, el panel El territorio como escenario de investigación y acción reflexionó sobre los significados y las dinámicas que construimos en cada uno de estos lugares. 

Una conversación que giró en torno al urbanismo, la tenencia y acceso a la tierra en zonas rurales, la restauración ecológica de áreas afectadas, las dimensiones políticas del territorio e, incluso, el cine como documento para leer los espacios que habitamos. 


El urbanismo no siempre es progreso

En las ciudades es fácil toparse con grandes edificios, las particularidades estéticas hacen sobresalir a unos rascacielos más que otros y, según su ubicación, varía no solo la forma en como se ven sino las relaciones que se tejen allí. Sin embargo, en estas urbes, en medio de automóviles, centros comerciales, edificaciones que apuntan cada vez más a la modernidad, el bullicio y el ajetreo, desaparecen espacios que no tienen algún tipo de funcionamiento o actividad. Son los llamados espacios indeterminados.

Con el fin de estudiar los efectos que tienen estos lugares en ciudades como París y Medellín, Doris Tarchópulos, arquitecta y doctora en Urbanismo, estudió su geografía urbana; concluye que por un lado, son lugares que aíslan o dividen partes de la ciudad, causando problemas de inseguridad y violencia, y, por otro, pueden incorporar nuevos contenidos que permiten la generación de dinámicas de integración, convivencia social y manifestación cultural. 

Tanto en Europa como en Suramérica, la investigadora se centró en las periferias urbanas y, concretamente, en sus poblaciones condenadas aparentemente a la exclusión del circuito social (los hijos de los extranjeros de las antiguas colonias francesas y los ciudadanos paisas de clase más baja), pero que, con el paso del tiempo, los gobernantes se vieron obligados a incluirlos en la dinámica urbana por medio de diferentes obras de infraestructura, tanto educativa y cultural como de transporte masivo. 

Por esa misma vía se ubican los trabajos del sociólogo Manuel Enrique Pérez, doctor en Estudios Territoriales, sobre la ‘rururbanidad’ del sur de Bogotá: aquellos territorios intermedios entre la urbe capitalina y el campo colombiano, en donde los habitantes llevan a cabo actividades tanto agrícolas como ganaderas, pero se benefician de la cercanía a la gran ciudad para vender sus productos, beneficiándose, de paso, de los servicios que en ella encuentran.

“Los he bautizado sujetos rururbanos, porque están por fuera de las políticas públicas de territorio”, explicó Pérez, quien en sus 17 años de trabajo con las comunidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado establecer la existencia de más de 2.500 campesinos. Por eso afirma que la Bogotá de hoy en día es 25% urbana y 75% rural.

Su trabajo ha calado en las discusiones que la administración local ha venido organizando sobre el próximo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y el papel que el sur debe jugar en medio de la expansión urbana que se proyecta a partir de 2019. Y no duda en afirmar: “En algún momento, el sur le va a poner el norte a esta ciudad”.


¿A quién pertenece la tierra en el territorio?

En los territorios rurales el panorama de desigualdad y jerarquías en la tenencia de tierra está fuertemente marcado por dinámicas patriarcales, en donde el hombre es el que provee los recursos y la mujer es quien desempeña las labores del hogar. Por ejemplo, en municipios como Pradera, Florida y Tuluá, en el Valle del Cauca, resulta difícil encontrar a mujeres que tan siquiera entiendan el concepto de ser propietaria o poseedora de tierra. ¿Cuál es la economía ciudadana de las mujeres que viven en estas zonas?, ¿cuál es su participación política y comunitaria?, y, ¿qué implicaciones tiene el hecho de que una mujer sea propietaria de tierra o no?

María Catalina Gómez,  magister en Ciencias Sociales, con su investigación Condiciones de tenencia y acceso a la tierra de las mujeres campesinas del Valle del Cauca, demostró que “el acceso diferencial entre hombres y mujeres a la titulación de la propiedad rural es un grave problema, que afecta no solo la independencia económica de las mujeres y las familias, también la autonomía en otros espacios de la vida social, tanto individuales como colectivos. Son pocos los casos en los que la mujer es propietaria, por ejemplo, cuando son líderes o están separadas”. Las mujeres a quienes se les brinda un territorio logran mejores condiciones de vida, sin embargo, están bajo dinámicas en las que por lo general no son reconocidas. 

Situaciones como estas se han vuelto casi cotidianas en nuestro país, tanto por las jerarquías como también por el conflicto armado, que a su vez ha estado atravesado por conflictos en la tenencia de tierra. Por esto las investigaciones alrededor de los territorios y la paz cada vez son más fuertes, y el Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos de la Facultad de Estudios Ambientales de la Pontificia Universidad Javeriana se hizo presente para relatar su experiencia investigativa de 10 años alrededor de la degradación ambiental y las disputas históricas por la propiedad de la tierra que están conectadas con conflictos ecológicos y de distribución. 

Ellos hacen un llamado a ir más allá de la academia e involucrar a las personas directamente afectadas, pero para esto es necesario prepararse “para conducir con nuestros datos a posibles transformaciones. Ahí estamos desencontrados entre los tiempos de la investigación, los de las comunidades y los institucionales. Quizá los académicos debamos entrenarnos mejor en entender los contextos y en las formas para transmitir nuestros conocimientos”, aseguró Johana Herrera Arango, magister en Estudios Culturales e investigadora del Instituto. 

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En un sentido similar trabajó el Instituto de Estudios Interculturales, de la Javeriana Cali, que, entre sus proyectos, destacó la investigación sobre hacinamiento productivo llevada a cabo en el norte del Cauca, región en la cual el 40% de la tierra productiva está en manos de tan solo el 1% de los habitantes. Allí se encuentra una fuerte presencia de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, correspondientes al 77% de la población, quienes viven en microfundios (parcelas de tierra menores a tres hectáreas) con una infraestructura limitada para llevar a cabo sus proyectos agrícolas y ganaderos. Por si fuera poco, su actividad está limitada por las grandes extensiones de cultivos industriales, como la caña de azúcar y plantaciones maderables, la presencia de la minería ilegal y los cultivos de uso ilícito.

Esta caracterización es vital para que las autoridades locales y regionales puedan formular políticas públicas que, en el tiempo, reviertan este “hacinamiento productivo”, y con las que también se garanticen las aspiraciones sociales de un departamento en el que el 62% de su población vive y depende del campo.


La huella humana en el paisaje

La constitución del territorio también incluye la huella que las poblaciones dejan en el ecosistema. José Ignacio Barrera, doctor en Biología Animal, Vegetal y Ecología y director de la Escuela de Restauración Ecológica, lideró el proyecto de restauración ecológica del embalse del Neusa, en Cundinamarca, una investigación desarrollada entre 2014 y 2018 que buscó reestablecer las condiciones de flora y fauna en un área que, desde los años 50 del siglo pasado, fue alterada por la mano del hombre tanto en la construcción de infraestructura hídrica como en la inclusión de especies vegetales foráneas, como el pino espátula.

Este proyecto contempló técnicas de restauración ecológica en las que se plantaron, sobre una extensión de 3.700 hectáreas, diferentes especies vegetales nativas de la zona y se monitoreó su crecimiento y expansión a lo largo del tiempo. Como resultado han visto aumentar las poblaciones locales de árboles, insectos y, en especial, pájaros.


Dimensiones políticas del territorio 

Quienes han sufrido el conflicto armado en Colombia, asumen el reto de prepararse para generar cambios y responder a retos de construcción de paz territorial. Pero en ese camino se enfrentan a diversas políticas, como las extractivas, que limitan su trabajo pero no lo socavan: ahora las expectativas están puestas en una nueva generación, más enérgica, que realice esas aspiraciones y sueños.

Es el caso de del corregimiento de Micoahumado, en la Serranía de San Lucas, Bolívar, lugar caracterizado por la ausencia del Estado y el actuar de grupos armados ilegales que buscan apoderarse de los recursos naturales de la zona, expresamente de su oro y cobre. Allí, los habitantes buscan generar un relevo generacional ante la preocupación de quién asumirá la defensa del territorio. Esta necesidad llamó la atención de Claudia Tovar Guerra, doctora en Ciencias Sociales y Humanas, quien acompañó a la comunidad en la formulación de su plan de formación de nuevos líderes. 

“El amor por el territorio y la defensa por su tierra, el deseo de construir la paz y defender la vida, servir a la comunidad en su ejercicio de liderazgo, buscar el bienestar y la calidad de vida de la comunidad y la educación como una vía para la transformación, aún está en la mira de los jóvenes como lo estuvo en la de sus ancestros”, aseguró la investigadora, quien, no obstante, explicó que, a diferencia de los mayores, quienes encontraban como foco defender la vida, para los jóvenes el proceso político ha sido principalmente a través de una expresión cultural, artística y una acción política directa.

Se trata de los signos de un nuevo tiempo tal y como lo establece Juan Felipe García, doctor en Antropología, uno que necesita repensarse para llegar a una auténtica construcción de la paz. En sus trabajos sobre los liderazgos de comunidades que habitan territorios en disputa, atravesados por el conflicto armado, el investigador ha formulado la necesidad de pensar el país desde una perspectiva diferente: no desde un tiempo nacional, atado a la visión de Bogotá, en el cual predomina el discurso de que la periferia debe insertarse, por la vía de la economía, a la proyección productiva que debe asumir el país.

En su lugar, y basándose en los estudios postcoloniales, García propone pensar “en un tiempo heterogéneo, pensar el territorio en estructuras regionales que han sido afectadas por el conflicto armado”, lo cual implica pensar en el tiempo concreto de las poblaciones, en sus limitaciones y aspiraciones. En síntesis, “partir de la escala local para la construcción de la Nación”.

En sus más de 10 años de trabajo sobre los proyectos campesinos que se vieron limitados por una visión desde Bogotá, que imponía los intereses capitalinos a los regionales, García ha realzado la importancia de la paz territorial, esa que se construye desde la participación de las comunidades periféricas, las que viven más allá de las cabeceras municipales, en la planeación de un país que tenga en cuenta sus necesidades. “Es la forma de superar el tiempo de la catástrofe, ese en el cual se perdió el sentido que tenían estas comunidades de la vida por cuenta de la violencia”, resaltó.


Cine como documento para leer los espacios que habitamos

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Pero el territorio también se construye desde el arte, como lo demuestra la propuesta de Joaquín Llorca, doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura, siguiéndole el paso a la historia de cambios urbanos que entre 1971 y 1995 ha vivido Cali, y para ello se vale de las películas, concretamente las producidas por Carlos Mayolo y Luis Ospina, por considerarlos documentos históricos para el análisis de la ciudad, su arquitectura y las transformaciones de la sociedad. 

El investigador se detuvo en cada uno de los planos posibles para evidenciar los detalles urbanísticos, geográficos y arquitectónicos de la Cali de mediados del siglo XX, y les ha seguido la pista tanto a sus transformaciones estéticas como al sentido que les ha ido asignando una sociedad que hoy suma más de 2 millones de habitantes.

Los resultados de su investigación han derivado en la construcción de un gran repositorio geográfico de Cali, en donde pueden localizarse los lugares en donde se grabaron las escenas de películas emblemáticas como Oiga, vea! (1971), cada uno con su respectivo fragmento audiovisual. Se busca realizar un recorrido histórico por una Cali diferente, ambientada al mejor estilo del cine del siglo pasado.

La huella migrante en la música del Pacífico colombiano

La huella migrante en la música del Pacífico colombiano

Ya se cuentan las horas para el comienzo del Festival Petronio Álvarez 2019, el encuentro cultural y artístico afro más importante de Latinoamérica, que reúne a cerca de 600.000 personas para celebrar la tradición, la música y la culinaria del Pacífico colombiano. También, para generar reflexiones y conversación en torno a estas prácticas. En ese otro componente, Manuel Sevilla, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana Cali y coordinador académico del Festival, explica, en entrevista con Pesquisa Javeriana, la propuesta conceptual, los invitados que vendrán y algunos desafíos del sector artístico de la región.

Sevilla viene trabajando en el Petronio desde 2008, cuando se consolidó el espacio académico en el Festival, a través del programa La ruta de la marimba, convocado por el Ministerio de Cultura. También ha participado como músico (llegando a las finales) y jurado.

Las jornadas académicas se desarrollan en dos grandes espacios: del 12 al 14 de agosto se realiza el Petronio en las universidades, y del 15 al 17 del mismo mes, al tiempo del Festival, el programa académico se efectúa en la Ciudadela Petronio con la participación de artistas y actores culturales para escuchar no solo su música sino sus experiencias y reflexiones en torno a su cotidianidad.


Pesquisa Javeriana: ¿Cómo nos presentaría el Petronio Álvarez?

Manuel Sevilla: El Festival Petronio Álvarez, que inició en 1997 impulsado por la Gobernación del Valle del Cauca, y que actualmente lidera la Secretaría de Cultura de Santiago de Cali, es una plataforma que permite hacer visible la música y la cultura del Pacífico colombiano. Cuenta con 23 ediciones y con el paso del tiempo se ha convertido quizás en el espacio más importante para la visibilización no solamente de la música sino de otros elementos culturales que integran lo que podemos llamar el panorama cultural del Pacífico colombiano. Allí caben, además, la culinaria, las bebidas tradicionales, la danza —en menor medida—, y en general toda una propuesta estética en torno a las culturas del de la región. 


PJ: ¿Cuál es la importancia de conservar un festival con estas características?

MS: Son varios niveles los que hay que tener en cuenta. El Pacífico colombiano se caracteriza porque ha tenido un proceso de migración circular, es decir, hay gente que sale de los territorios del Pacífico, va a otras ciudades del país y regresa permanentemente, viven con una presencia migratoria constante. Allí radica la primera apuesta del Festival que le ha permitido a los jóvenes afropacíficos, que habitan territorios lejanos a los de sus ancestros, conocer de primera mano las prácticas musicales que han definido el perfil cultural de sus comunidades de origen, contar con un punto de referencia y de reafirmación. En segundo lugar, el Festival es una oportunidad para los colombianos que no viven en la zona litoral y ribereña del Pacífico, para conocer de manera privilegiada y cercana las prácticas musicales y culturales que son patrimonio nacional. Y en tercer nivel, el Petronio se ha convertido en un espacio para que las personas que sí habitan los territorios puedan dar a conocer y circular sus prácticas musicales, dialogar con otros músicos con los cuales, paradójicamente, no dialogan con frecuencia dada la dificultad de comunicación dentro del territorio.


PJ: Si se busca generar diálogos entre las comunidades del Pacífico, ¿no tendría más sentido realizar el Festival en esas zonas litorales o ribereñas?

MS: Es importante considerar dos elementos. En primer lugar, el Festival ha sido un esfuerzo público, que está por encima de los $3.000 millones y que se ha subsidiado con los impuestos de los caleños. En segunda instancia, Cali es el punto de llegada de muchas comunidades de la región y radican allí 18 colonias del Pacífico constituidas formalmente. No es el caso de otras ciudades que no cuentan con el nivel de concentración diversa que sí tiene la capital del Valle. 


PJ: ¿Cómo le aporta el componente académico del Festival a este encuentro de comunidades?

MS: Desde sus inicios el Festival tuvo algunos espacios satélites en los cuales se conversaba a cerca de la cultura pacífica; sin embargo, solo hasta el año 2008 se consolidó la agenda académica como un evento central. La dinámica del Festival es manejar un formato de grandes tarimas, un poco distante en algunas ocasiones, con lo cual se hace difícil que las audiencias y los músicos puedan establecer diálogos más reposados. Entonces se diseñaron espacios para que los artistas conversen con su público. Con el paso del tiempo se han ido cualificando cada vez más estos escenarios; por ejemplo, desde hace cinco años se creó el Petronio en las universidades, que genera espacios de discusión en la academia.

Óscar Sevilla, coordinador académico del Festival Petronio Álvarez. /Cortesía
Manuel Sevilla, coordinador académico del Festival Petronio Álvarez. /Cortesía


Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es el enfoque temático del programa académico para esta edición?

Manuel Sevilla: La agenda académica tiene como prioridad brindar un espacio para que la voz de los habitantes de los territorios pueda escucharse. No es un congreso sobre el Pacífico, no es un espacio de ponencias, es, por el contrario, un espacio para conversar. El papel de las universidades es más bien servir en la moderación y en la conceptualización de los espacios, pero la voz es de la gente que nos visita. Para este año se diseñaron dos ejes temáticos: en el Petronio en las universidades se abordará ‘Universo cultural del Chocó’, y en La Ciudadela, el eje transversal es el mismo que tiene el Festival este año: ‘Arrullos de selva, cantos de ciudad’ (acceda aquí a la programación). 


PJ: ¿Cuáles son los temas más destacados en
Petronio en las universidades?

MS: Se hablará, por ejemplo, de los procesos de migración del Chocó, los cuales tuvieron un flujo significativo entre 1930 y 1940 y que no han sido muy visibles, pero que han impactado en la región. También hablaremos de oralidad y espiritualidad en el departamento y tendremos espacio en la Javeriana sobre danzas tradicionales. 


PJ: ¿Y quiénes participarán en esos escenarios?

MS: Por una parte, vamos a tener a José Osías Moreno, narrador oral, y a Pedro González Sevillano, historiador, para hablar de los procesos migratorios; vamos a tener a Jackson Ramírez, muy activo en las fiestas patronales de Quibdó, para dictar un taller sobre patrimonio cultural; estará el colectivo Voces de Resistencia, de Riosucio y Bojayá, hablando de espiritualidad en el Chocó, y participará la profesora Nina Graeff, quien presentará los paralelos entre la música afroamericana, sobre todo la de Brasil, y la música chocoana. 


PJ: En La Ciudadela, ¿qué tienen programado?

MS: El encuentro académico busca ser un espacio para visibilizar el trabajo colaborativo con las comunidades. Por ejemplo, habrá un conversatorio sobre bebidas tradicionales y allí estará el colectivo Destila Patrimonio, activistas para salvaguardar políticas públicas que protejan las bebidas tradicionales derivadas del biche. Otro tema relevante es sobre el aporte del Pacífico a la nueva nación con motivo del Bicentenario, y para ello, Sergio Mosquera, profesor de la Universidad Tecnológica del Chocó, dará una mirada detallada de los personajes de la región que hicieron parte de la historia hace 200 años. Tendremos un conversatorio con la homenajeada de este año, la maestra Aura María González Lucumí, cantadora de Buenos Aires, Cauca. Y, por último, ‘Cocina y migración en el Pacífico’ será el espacio para el lanzamiento del libro Fogón de negros, escrito por Germán Patiño Ossa.


PJ: ¿Por qué la migración ocupó la mayor atención en esta edición?

MS: Hemos identificado, y es un reto para cualquier festival que trabaje músicas tradicionales, que existe el riesgo de ‘museificar’ ciertas prácticas, es decir, que se proyecte una idea de que las comunidades del Pacífico están capturadas en el pasado y muy aisladas. Por el contrario, el Petronio busca generar espacios donde se cuestione esa mirada esencialista, esa idea de considerar a las comunidades quietas, y más bien le interesa mostrar la transformación permanente donde conviven elementos, tradiciones y otros presentes. Allí la migración ha jugado un papel fundamental.


PJ: ¿Y cómo impacta esa migración en las prácticas artísticas y culturales?

MS: Primero, hablando de migración circular, quiénes están viniendo, quiénes están retornando y los efectos en las prácticas culturales en la cocina y la música. Eso se evidencia, por ejemplo, en la chirimías que vienen del Chocó; en algunos grupos se han encontrado letras de denuncia, por ejemplo, sobre la minería indiscriminada y descontrolada o el abandono estatal local. Los artistas siguen con su música tradicional impactada por problemáticas vigentes y el Festival en ese caso busca brindar espacio para que sean oídas esas voces. Existe otro debate fuerte en torno a las bebidas tradicionales, como el biche y sus derivados (la toma seca o las botellas preparadas), que se han vuelto un filón de desarrollo económico para algunas comunidades; allí podemos ver que no se han quedado en el pasado, no son las bebidas que llegan de la memoria, sino que sus creadores están al corte con las discusiones económicas contemporáneas y están buscando diálogo con la Superintendencia de Industria y Comercio para atender asuntos de marca. Nos interesa mostrar que no son comunidades capturadas en un pasado triste, sino que tienen una dinámica cultural y social activa y que están en la base de la música que vamos a escuchar.

Las transformaciones en la gastronomía del Pacífico a causa de la migración serán tema de estudio en la edición 2019 del Festival.
Las transformaciones en la gastronomía del Pacífico a causa de la migración serán tema de estudio en la edición 2019 del Festival.


PJ: Es decir, ¿es la tradición alimentando las prácticas actuales?

MS: Diría más bien que es la actualidad siendo mediada por la tradición y generando nuevas músicas y prácticas. Hay sonidos que se mantienen y que nos interesa preservar, por ejemplo, la construcción de marimba con sonidos tradicionales, pero al mismo tiempo nos interesa que la gente pueda contar cómo las tradiciones han ido cambiando porque la realidad las increpa, entonces se busca que los participantes en el Festival sepan que hay unas tradiciones que se celebran y revindican y, al mismo tiempo, hay otras preocupaciones manifestadas en la música que el Festival reconoce.


PJ: En ese ejercicio de reconocer la realidad y la tradición, ¿cómo se vinculan las dinámicas del mercado y las diferentes formas de circulación a nivel nacional?

MS: Hay un choque que debe dimensionarse muy bien: hace quizás diez años, cuando se trabajaba en el proyecto de industrias culturales de Cali, corrió por el país la idea de que toda forma cultural era susceptible de volverse un emprendimiento. Eso, por su puesto, llegó al Pacífico y se vendió la idea de que habría mercado para toda manifestación cultural, lo cual no fue tan cierto. Hubo frustración en agrupaciones que centraron sus esperanzas en que, de repente, alguien las iba contratar y la realidad del mercado no funcionaba así y menos en un momento en el cual la industria discográfica había desaparecido, se movía en mercados de nicho y planteaba dinámicas diferentes a las que estábamos acostumbrados. Sin embargo, no desconozco que existan ejemplos significativos de músicas fusionadas (por ejemplo, Herencia de Timbiquí) y de corte tradicional (Agrupación Canalón) que lograron encontrar un lugar en el competido mercado musical; a pesar de ello, no se debe olvidar que hay prácticas musicales que tienen propósitos que no cumplen con lógicas del mercado, sino que guardan funciones muy importantes y específicas el contexto social. 


PJ: El Petronio Álvarez se vincula con la Misión Internacional de Sabios a través de un taller. ¿Qué tiene el Pacífico para proponer en política pública en el tema de industrias culturales y creativas? 

MS: En la Javeriana se desarrollará un taller con artistas y gestores culturales del Pacífico con el fin de que la Misión de Sabios conozca lo que está ocurriendo en nuestra región. Hay que ser muy cuidadoso de enviar mensajes en términos de que toda forma cultural es susceptible de convertirse en un negocio que genere réditos económicos. Eso es riesgoso porque puede generar expectativas que no se van a cumplir y, además, puede obligar a las prácticas culturales a entrar a una lógica de transformación forzada que no cumpla con su sentir ni propósito de conservación simbólica. Por otra parte, nos interesa promover la idea de gran desarrollo, es decir, no solo asociado al incremento del dinero disponible sino a cómo esas prácticas contribuyen al desarrollo simbólico, es decir, el reconocimiento de las personas en nuevos contextos. 


PJ: ¿Qué le falta al Petronio Álvarez?

MS: A mi juicio, el Festival ha hecho lo que le corresponde año tras año. Quizás otras instituciones de la ciudad podríamos estar en deuda. Las universidades ya comenzamos a sumarnos en el componente académico, pero vale la pena preguntarse qué están haciendo, por ejemplo, los centros comerciales o qué hace la misma red de colonias del Pacífico por acoger a estos músicos que nos visitan durante una semana en el Petronio Álvarez. Tenemos la oportunidad de llevarlo al resto de la ciudad y para eso se necesita el concurso de todos los que estamos en Cali.

Estadísticas con sello javeriano

Estadísticas con sello javeriano

Tan pronto se toma la carretera, aparece el vasto océano verde. Son cientos y cientos de hectáreas de caña de azúcar que dan una silenciosa bienvenida al visitante que llega por aire a la región, contraste que va reduciéndose a medida que se acerca a la zona metropolitana de la ciudad. Santiago de Cali, capital del departamento del Valle del Cauca y la tercera ciudad más grande de Colombia en términos económicos, se ha consolidado como el polo de la economía en la región Pacífico, reuniendo una población de 2,44 millones de personas para 2018, con una tasa de ocupación (empleados) del 58,1% y una de informalidad del 45,6% para febrero de 2019, según el DANE. La ‘sucursal del cielo’ representa una nueva oportunidad (laboral, económica, social, etc.) no solo para los vallecaucanos, también para los pobladores del Pacífico o para los visitantes que creen hallar en ella el rumbo de su destino.

Y sin embargo, Cali tiene vacíos para entender cómo crece día a día. No se trata de una preocupación menor: la falta de datos más certeros, actualizados, puede poner en problemas a quienes dirigen las riendas de una ciudad de estas dimensiones. Por ejemplo, ¿cómo se pueden concertar políticas que fomenten el empleo si no se sabe a ciencia cierta qué sectores de la economía enfrentan problemas? ¿O cómo se pueden anticipar los desafíos para el presupuesto local sin entender los ritmos propios del crecimiento económico? ¿De quién es el problema?

Una primera respuesta se encuentra en la forma en la cual se consolida la información estadística del país: en Colombia, el Departamento Nacional de Estadística (DANE) es el encargado de levantar los datos –principalmente a través de encuestas– de las principales actividades económicas del país, como la generación de empleo, la productividad, el aumento en los precios de los alimentos o, especialmente, el número de habitantes. Pero todo este trabajo se hace de forma centralizada, en Bogotá, y se retroalimenta a las regiones de forma dispar.

Es el caso de la información sobre crecimiento económico. “Nosotros queríamos conocer de forma más oportuna cómo iba la economía del Valle del Cauca, debido a que el DANE nos daba información solamente anual del PIB departamental, no trimestral o mensual. Y la información que obteníamos era muy rezagada, casi de15 meses después de pasado el año”, explica Lya Paola Sierra, doctora en economía, profesora asociada del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Cali, y una de las creadoras del indicador que permite, precisamente, acortar distancias entre los datos oficiales y la realidad de una ciudad con una dinámica económica propia, muy diferente a la del departamento.

Se llama Indicador Mensual de Actividad Económica para Santiago de Cali, o IMAE Cali, y se lanzó el pasado mes de febrero en conjunto con la Alcaldía de Santiago de Cali. Es un informe estadístico y de análisis económico de dos páginas en el que se explica que la ciudad creció 3% en 2018 frente al año anterior, con lo cual certifica la recuperación que viene registrándose desde el segundo semestre de 2016, cuando la economía se situó ligeramente por encima de 1%; de hecho, la ciudad se situó por encima de la proyección nacional de DANE para el país (2,8%).

Crecimiento económico de Cali en los últimos años. / Javeriana Cali, IMAE Cali
Crecimiento económico de Cali en los últimos años. / Javeriana Cali

Este resultado se debió, principalmente, al aumento en la actividad industrial de la ciudad, a la creación de nuevas microempresas y la buena salud de su sistema financiero, representado en una óptima calidad de la cartera de préstamos; sin embargo, una nota de alerta se encuentra en el sector exportador, pues las ventas al exterior cayeron 8% en todo 2018, un posible signo de la apreciación del peso frente al dólar.


Consolidando cifras

Todos estos porcentajes y cifras, de momento positivas, hacen parte del trabajo de un grupo de investigadores económicos de la Javeriana Cali que desde 2014 viene tomándole el pulso a la actividad económica de los departamentos. “Lo que hemos hecho es un proceso de adaptación, de llevar estas metodologías, que normalmente se aplican en un contexto macroeconómico, de país, a la disponibilidad de datos y estructura de las economías regionales”, explica Pavel Vidal, profesor asociado, doctor en economía y por muchos años consultor de organismos internacionales como el Banco Central de Cuba o el Banco Interamericano de Desarrollo.

El IMAE se basa en los modelos factoriales dinámicos, una técnica que la profesora Sierra había puesto a prueba en su tesis doctoral para estimar el precio de las materias primas, y que convenció a los miembros del Banco de la República en Cali para crear ese año un modelo que permitiera medir el crecimiento de la economía del Valle del Cauca. Así, ella y su equipo de trabajo en la Javeriana pasaron un año entero reuniendo toda la información de las variables que definían la actividad económica del departamento para, después, elegir las más determinantes y ponderar su peso de acuerdo con su aporte al PIB departamental.

Su primera publicación salió a la luz en 2015 y, desde entonces, han venido publicando trimestralmente el avance o deterioro de la economía en el Valle del Cauca; de hecho, en su más reciente informe determinaron que el departamento creció 3,5% en 2018, una cifra que sobrepasa el 2,7% registrado por el DANE para todo el país.

Desde entonces, su metodología fue acogida por la sede del Banco de la República en Medellín para crear el IMAE Antioquia; por la Cámara de Comercio de Cúcuta para conformar el IMAE Norte de Santander; y más recientemente por la Secretaría de Desarrollo Económico de Cali para darle forma al IMAE Cali, el primero de sus indicadores municipales. La medición y el posterior análisis económico recaen sobre los hombros de Sierra y Vidal, que desde la Javeriana Cali han constituido un pequeño grupo de trabajo con estudiantes allegados para producir cada uno de sus informes.

“Como no todas las economías que analizamos tienen la misma estructura económica, las variables que componen los indicadores no son exactamente las mismas. En el caso de Cali, los sectores financiero y de servicios tienen un mayor peso dentro de la estructura de la economía local, y por eso tienen una mayor representación que en el IMAE Valle, donde la caña de azúcar tiene un mayor peso, o en el IMAE Antioquia con el oro”, explica Vidal.

Relación de crecimiento económico de Cali y el Valle del Cauca en los últimos años. / Javeriana Cali
Relación de crecimiento económico de Cali y el Valle del Cauca en los últimos años. / Javeriana Cali

Para el caso de Cali, el equipo de trabajo analizó durante seis meses un total de 103 variables económicas que obtuvieron de varios estamentos de la ciudad, como la Alcaldía, gremios económicos, el Banco de la República, entre otros.  Se analizaron variables ligadas directamente a la actividad económica de la ciudad como, por ejemplo, datos sobre la recogida de basuras, peajes, créditos bancarios, etc. Tras una depuración, se quedaron con las 11 que más representan la economía caleña: producción industrial, consumo de energía, licencias de construcción, vehículos matriculados, cartera bancaria, sobretasa a la gasolina, exportaciones, gasto público, nuevas microempresas, ocupación hotelera y asistentes a cine.

Al igual que el IMAE Valle, el equipo de la Javeriana Cali publicará de manera trimestral sus informes para aportarle a la ciudad y al país información certera sobre la economía en la sucursal del cielo. El objetivo a largo plazo es que su trabajo pueda incidir en las decisiones que afectan tanto a la ciudad como sus habitantes. “Solamente conociendo la información se puede hacer un seguimiento y monitoreo de cómo va la economía, y se puede realizar política a nivel municipal. Sin datos o información esto es imposible”, asegura Sierra.


¿El valor de las cifras?

Cali no es la primera ciudad del país en consolidar sus propias mediciones estadísticas para entender la evolución de sus ciclos económicos con el fin de tomar decisiones de cara a su futuro. Metrópolis como Bogotá y Medellín también han desarrollado sus propios estudios para entender aspectos significativos de su cotidianidad, como la calidad de vida en la urbe, sus mercados de finca raíz o la pujanza de ciertos sectores de cara a nuevos desafíos (vale la pena destacar el caso de Manizales, que estableció en 2007 el Centro de Información Estadística, CIE, el cual aporta periódicamente todo tipo de datos sobre sectores estratégicos del municipio).

Todos estos esfuerzos, incluso los de organizaciones privadas, contribuyen a generar datos que son de esencial importancia para el ejercicio de gobierno, tanto a nivel nacional como local, y que fortalecen la imagen del país de cara al escenario internacional.

“Las estadísticas no pertenecen a los gobiernos, no pertenecen a los funcionarios y, por lo tanto, no pertenecen al Estado: son parte de los bienes públicos a los cuales los ciudadanos, las empresas, las asociaciones y las universidades debemos acceder de la manera más amplia posible porque ese sistema de información está financiado con nuestros impuestos”, explica César Caballero, politólogo, estudiante del doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Javeriana (sede Bogotá), director de la firma de datos Cifras y Conceptos, y director del DANE entre 2002 y 2004.

La responsabilidad de consolidar unas cifras confiables reside hoy sobre el Sistema Estadístico Nacional (SEN), el conjunto de entidades y organismos privados e independientes que aportan información sobre múltiples temas y se encargan de su difusión. Aunque su espíritu se incluyó en la Ley 79 de 1993, con la que se creó el DANE, todo su funcionamiento y articulación se consignaron en la Ley 1753 de 2015, resultado de la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo 2015. El SEN cuenta hoy con alrededor de 1.500 integrantes entre los que se encuentran entidades como ministerios y gobernaciones, empresas mixtas como las cámaras de comercio, órganos de control y, entre otros, organismos privados como gremios.

El gran objetivo es que entre todos ellos se dé un diálogo armónico, donde prime el libre acceso a la información (sin importar quién ni cómo la recopile) que beneficie la difusión de datos esenciales para diferentes sectores. Una cualidad que rompería el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, cuya aprobación avanza hoy en el Congreso, ya que en su artículo 94, parágrafo 1°, la convierte en mandatoria: “Los integrantes del SEN deberán poner a disposición del DANE, de manera inmediata y de forma gratuita, las bases de datos completas de los registros administrativos que sean solicitados por el departamento, para lo cual no será oponible la reserva legal, especialmente la contenida en el Estatuto Tributario”.

Para expertos como Caballero, más allá de la forma en la que está redactado, el artículo no ejercería mayor influencia en la forma de actuar del SEN sencillamente porque aquellas disposiciones, así como su conformación y funcionamiento (que recoge, nuevamente, el PND 2018-2022) ya están consignadas en la legislación vigente. De hecho, en su opinión, todo se debe a una cuestión de estilo en el proceder del actual Gobierno.

“El Plan de Desarrollo se convirtió en una colcha de retazos en donde muchas entidades le pusieron artículos sin que haya habido un filtro de parte de Planeación Nacional”, asegura, y argumenta que la planeación actual se sustenta en tres documentos: uno donde se encuentra la narrativa política, los sectores que el Palacio de Nariño quiere intervenir o fomentar; el segundo es el presupuesto, que determina adónde va a parar el dinero; y el tercero es el mismo articulado, que plantea la forma en la cual se ejecutará el discurso político y la asignación de recursos. Y en estos tres hay serias inconsistencias.

“Las personas que han visto estos tres documentos se dan cuenta de que es una colcha de retazos y de que no hay articulación entre ellos. En la narrativa, el tema de la equidad es enormemente importante y, en articulado y la asignación presupuestal, no existe; en la narrativa existe el tema de consolidar los acuerdos con las FARC pero no hay un solo peso en el presupuesto para eso”, añade.

Al final, el articulado del Plan Nacional de Desarrollo, , al menos en el tema estadístico, reafirma lo que leyes previas, estudios técnicos ya realizados y discusiones legislativas anteriores habían aprobado.

Contar con estadísticas certeras y actualizadas permite que alcaldes y gobernadores tomen mejores decisiones en tema de política pública. /Wikimedia
Contar con estadísticas certeras y actualizadas permite que alcaldes y gobernadores tomen mejores decisiones en tema de política pública. /Wikimedia

Falencias similares se encuentran en la propia gestión del DANE, en temas sensibles como el dato de crecimiento o el censo poblacional. En el primer caso, basta recordar la reunión bilateral que el presidente Iván Duque mantuvo en febrero pasado con su similar estadounidense, Donald Trump, en la que aseguró que el crecimiento de la economía colombiana en 2018 sería de 3,4% cuando la información no se había terminado de consolidar; lo más preocupante es que el actual director del DANE, Juan Daniel Oviedo, asegurara que la del mandatario era una “opinión informada” cuando, en realidad, el país terminó el año con una expansión del 2,8% (cifra proyectada por la entidad).

Y en el segundo, Oviedo tuvo que salir públicamente a reconocer que la entidad se había desviado en su proyección de 50 millones de habitantes para 2018, y que, de momento, se contaban 45,5 millones de personas; sin embargo, no hay un dato oficial final sobre este asunto. Este tipo de situaciones bien podría generar un manto de dudas sobre el manejo de las estadísticas oficiales.

“Ese es un ejemplo de no prudencia, de no rigurosidad, de no ser cuidadoso. Aquí se presentan ruidos que se corrigen con que uno, como funcionario, sea más prudente y más riguroso”, concluye Caballero.

En esa vía del rigor se ubican, precisamente, ejercicios como los consolidados desde la Javeriana Cali con sus diferentes mediciones departamentales y, ahora, municipales. Un aporte académico para construir una información pública robusta, que conduzca a alcaldes y gobernadores a tomar decisiones informadas sobre lo que realmente está ocurriendo en sus territorios. Ese es el verdadero valor de las cifras estadísticas en un país.

Imagen de mujer en la prensa caleña del siglo XX

Imagen de mujer en la prensa caleña del siglo XX

Pasando una a una las páginas del periódico quincenal caleño El Correo del Valle, la socióloga Alexandra Martínez fue descubriendo lo que había detrás de cada uno de los retratos de damas de la élite caleña, casadas y solteras, publicados bajo el título Belleza colombiana.

Al analizar no solamente la serie fotográfica sino algunos de los textos publicados en el periódico, ella y sus colaboradores fueron evidenciando los posibles significados de las imágenes, el papel de la mujer de la primera década del siglo XX y el concepto de belleza que priorizaba sus cualidades morales, estéticas e intelectuales de sus personalidades. Luego la imagen física empieza a tener importancia.

En artículo publicado en la revista Maguaré de la Universidad Nacional de Colombia y titulado Retratos de mujer: imágenes en la prensa caleña a comienzos del siglo XX (1907 y 1908), la investigadora javeriana explica cómo la imagen de la belleza femenina representa a una ciudadanía con necesidades sociales, el auge de la industrialización y la modernización, y cómo se va fundiendo con la publicidad.

Fuente: El Correo del Valle.
/Fuente: El Correo del Valle.

“La intención era darle identidad a la región, aportar a la construcción de región que en ese entonces buscaba constituir a Cali como la ciudad capital”, explica Martínez, mostrando algunas de las imágenes en la pantalla de su computador.

Esta indagación forma parte de una base de datos más amplia, elaborada como parte de la investigación Imágenes e impresos. Los usos y la circulación de las imágenes en la construcción de ciudadanía y de la diferencia. Colombia, 1900-1930, realizada en nueve ciudades del país, que compiló más de 14.000 fotografías, grabados, fotograbados y dibujos publicitarios. El álbum Belleza colombiana publica 53 fotografías, de las cuales 39 son de mujeres de las familias acomodadas de la ciudad.

En el cambio de siglo (XIX a XX), las fotografías femeninas pasan de un ámbito local, íntimo, de los álbumes familiares, a un espacio regional que sugiere posicionar una identidad local en un entorno de progreso. El sentido social de lo femenino representa a la esposa y madre, bella en su interior, símbolo de una ciudadanía pujante.

Los retratos, dice el artículo, “demuestran una tensión visual entre las características que mantienen a la mujer en la austeridad, la espiritualidad, la ausencia de lo terrenal, provista de su belleza interior, vocacionalmente dada al servicio, y la nueva figura emergente de la mujer joven, como una figura pública femenina, burguesa, cuya belleza, protegida por el mundo masculino, garantiza su lugar socialmente reconocido, y el lujo proporciona marcas de prestigio familiar y económico. Este último aspecto delimita una frontera que diferencia el mundo femenino que hace a la mujer de la élite, visible en un mundo social, abierto al público y con condiciones claramente establecidas de inclusión”.

El retrato fotográfico expresa tres aspectos significativos de interés para pensar los retratos de las mujeres de la élite caleña, de acuerdo con Martínez:

  1. Las relaciones domésticas y cotidianas como una forma de fortalecer los lazos emocionales, en especial los familiares, donde se destaca el lugar de la tradición, el apellido heredado y el reconocimiento social.
  2. La profesionalización, que se fue definiendo con el dominio de la técnica fotográfica y, con ello, la firma del fotógrafo comienza a constituirse en garante de la calidad del retrato.
  3. El álbum que aparece como lugar en el que se representa esta doble exhibición: la intimidad de la vida privada, un poco amenazada por su exposición al público.

El tema de la inclusión femenina está presente desde la inauguración de El Correo del Valle, cuya publicación incluía poesía, cuentos cortos, breves ensayos, crónicas, noticias locales, crítica literaria, biografías de hombres notables, consejos para las mujeres, informes de interés municipal y departamental, concursos y publicidad. Además, la imagen fotográfica y grabada constituyó un aspecto interesante para el periódico.

Señora Susana Palau de Velásquez. / Fuente: 'El Correo del Valle', 2 de julio de 1907.
Señora Susana Palau de Velásquez. / Fuente: ‘El Correo del Valle’, 2 de julio de 1907.

Las imágenes publicadas de mujeres representan una serie de valores de la mujer perteneciente a una élite social. Susana Palau de Velásquez, cuyo retrato fue publicado el 2 de julio de 1907, pertenecía a una familia que hizo parte de la clase industrial y política de Cali. “El retrato de esta mujer la presenta reclinada en el espaldar de una silla, en un plano entero, posando de perfil. Por la proporción de su cuerpo parece de rodillas, y la silla aparece sobre una línea de horizonte más elevada. Lleva un vestido dividido en dos partes, la superior es un corpiño que cierra en un cuello alto con encaje, de mangas largas, y la inferior es una falda con enagua al estilo de la moda burguesa del siglo XIX. El marco es rectangular, ornamentado a cada lado. La imagen va acompañada, en la parte inferior, por el poema Pétalos de Ezequiel Gamboa (seudónimo Mario del Mar), quien fue alcalde municipal del Distrito de Cali en 1907; además de la referencia a las flores en el título del breve poema, la referencia a la blancura tanto en la imagen saturada por el velo de su vestido blanco (¿de novia?) que se proyecta por todo el espacio como en las líneas del poema, “De todo lo blanco, de todo lo tenue, de todo lo suave / En vuestra belleza, señora, palpita un resumen […]”.

La escuela, el hogar y la prensa configuran el lugar social de la mujer como educadora moral y cuidadora. “La belleza de la mujer que aparece en los retratos indica la presencia de la familia como elemento central que permite la visibilidad de lo femenino en el mundo de las imágenes, y lo ensancha a una serie de virtudes que deben cultivarse en las mujeres jóvenes que serán preparadas para el matrimonio”.

Las fotografías, en blanco y negro, aparecen en la portada y en las páginas interiores del periódico, generalmente acompañadas de un verso o poema corto.

Señorita Leonor López. /Fuente: 'El Correo del Valle', 30 de mayo de 1907.
Señorita Leonor López. /Fuente: ‘El Correo del Valle’, 30 de mayo de 1907.

El retrato de la señorita Leonor López, del 30 de mayo de 1907, muestra una imagen austera en su composición, de una mujer que posa de pie en un plano americano, el cabello recogido por una cinta que se anuda en la parte posterior de su cuello, luciendo un vestido de media manga que deja al descubierto uno de los brazos. La expresión de su rostro y su mirada son de apariencia relajada, pero la imagen en general tiene una expresión menos pasiva que las del siglo anterior. El marco de la foto es rectangular y está adornado a ambos lados con diseños heráldicos que se proyectan hacia arriba, terminando en flor de lis. La imagen va acompañada con un verso anónimo titulado Ofrenda: “Ornada con las galas de noble gentileza / Te aprestas a la vida. Tus ojos, la alegría / Serán de muchas almas. (Tú ignoras todavía / Que hay almas ¡pobres almas! Enfermas de tristeza)”.

Señorita Mercedes Navia. /Fuente: 'El Correo del Valle', 20 de junio de 1907.
Señorita Mercedes Navia. /Fuente: ‘El Correo del Valle’, 20 de junio de 1907.

El retrato de la señorita Mercedes Navia muestra a una mujer joven de pie al lado de un arreglo floral. El vestido le cubre completamente los brazos y el cuello; lleva el cabello recogido y dirige su mirada a la cámara directamente, aunque en una expresión reposada. El óvalo dentro del marco rectangular ya es usual en el siglo XIX. La mujer tiene un aspecto sutil, provocado por un mayor movimiento en la posición de los brazos y las manos, la coquetería inocente en el gesto del cuerpo, la mirada enigmática hacia la cámara y las orquídeas. Una pose que sugiere una composición intencional –probablemente del fotógrafo– evoca la imagen de la belleza como ausencia. En los cuadros literarios que aparecen en el periódico podríamos usar las palabras de Alberto Carvajal en su composición sobre las muchachas del Valle del Cauca: “¿En qué pensará esa muchacha? –me he preguntado muchas veces mientras seguía mi camino silencioso pensando en la vida” (pp. 3624).

El 11 de junio de 1908 se publican los resultados del Concurso de bellezas, realizado un año y medio después de la publicación de los retratos de bellezas colombianas. El jurado seleccionó a cinco señoritas. “Reconocidas como dotadas de gracia y distinción, fueron publicados los resultados en una página completa del periódico”.

Las señoritas Emma Giraldo (izq.) y Leonor Navia (der.). /Fuente: 'El Correo del Valle', octubre de 1907 y diciembre de 1908.
Las señoritas Emma Giraldo (izq.) y Leonor Navia (der.). /Fuente: ‘El Correo del Valle’, octubre de 1907 y diciembre de 1908.

Emma Giraldo, hija de Julio Giraldo, cofundador del Banco Giraldo & Cía., y Leonor Navia fueron unas de las ganadoras. La primera aparece en la imagen fotográfica con un movimiento de los brazos que expresa cierta sensualidad y gracia. La imagen está representada en un espacio íntimo, donde la presencia de la silla le da un ambiente familiar, tal vez destinado a la alimentación. Vestida de blanco y adornada con pulseras y un anillo en su mano izquierda, significaría un compromiso matrimonial. Es una imagen urbana y burguesa de una futura ama de casa.

En la imagen de Leonor Navia su nombre aparece escrito en el centro y en tamaño mayor que el nombre del resto de las cinco ganadoras. Se diferencia por el efecto que causa la técnica fotográfica de oscurecer el fondo. Es una imagen que flota en el espacio, más cercana a la representación de la ausencia, tanto por su mirada como porque no se ubica en un lugar determinado. Esta ausencia, tal vez dolorosa y, por ello, sublime, se ve neutralizada por la opulencia de las joyas, la belleza y el prestigio que ellas exhiben; es también una novedad que contrasta con la austeridad decimonónica.

Martínez concluye que las imágenes de mujer publicadas en la prensa implica que “la ciudadanía ya no es entendida simplemente como ciudadanía política y como forma de participación política, sino que se convierte en un plural: en ciudadanías, y en distintas formas de ciudadanías. Las mujeres, de alguna manera, asumen un rol activo en la medida que permiten ser fotografiadas y aparecen en un escenario, tienen un nombre”.

Gustavo Perea Insaciable deseo de aprender

Gustavo Perea Insaciable deseo de aprender

La relación de Gustavo Perea con la investigación es relativamente reciente, pero tiene sus raíces en una mucho más antigua y profunda: su relación con el conocimiento, cuyo recuerdo más lejano se ubica cuando él cursaba cuarto de primaria.

De esa época, Gustavo recuerda una conversación con su profesora en el Gimnasio Farallones que marcó su vida académica. “Mi hermano ya había pasado por ese curso porque estaba dos años adelante mío. Cuando la profesora llamó a lista me dijo: ‘¿Eres hermano de Darío?’, contesté que sí y me dijo que él era muy buen estudiante y que esperaba que yo también lo fuera”.

Darío era el referente académico en su familia, el de mostrar por sus logros escolares. “Siempre lo admiré en silencio”. A partir del ejemplo de su hermano y de la sentencia de su profesora, Gustavo empezó a apropiar herramientas que fue integrando a su aprendizaje. “Me volví amante del conocimiento, de la responsabilidad, de ‘ser bueno’”. En el bachillerato siempre fue el mejor estudiante y, sumando reconocimientos, fortaleció su relación con el saber. “Es un amor por querer estar cada día más empapado de conocimiento”.

Ese deseo insaciable de aprender llevó a Gustavo no solo a estudiar Derecho —se graduará en mayo próximo—, sino a aprovechar la doble titulación que ofrece la Javeriana Cali, e ingresar a Filosofía, carrera en la que cursa cuarto semestre. En medio de ese proceso, en 2013 se encontró con la investigación. “Ingresé al grupo De Humanitate como monitor del proyecto Responsabilidad social empresarial a la luz de la doctrina social de la Iglesia, y en 2014 pasé a ser miembro del semillero de investigación del grupo, adscrito a la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales”, punto de encuentro de las dos disciplinas que estudia.

Durante estos tres años, su producción académica ha merecido diversos reconocimientos. Además de haber sido beneficiario de la convocatoria de semilleros de investigación de Colciencias en 2014 y de la convocatoria interna de la Universidad en 2015 —participando en el semillero Wittgenstein—, ha publicado un capítulo del libro Semillas de Wittgenstein. Gracias a su paso por el semillero de Derecho Procesal, participó exitosamente en un foro sobre el tema, fue ponente del Nodo Suroccidental de la Investigación Sociojurídica en 2015 y, en el campo de la filosofía, a partir de su trabajo sobre Ludwig Wittgenstein, ha sido conferencista en Bogotá, Cali y Lima.

A sus escasos 25 años, Gustavo es hoy asistente del Departamento de Humanidades, donde acompaña, promueve y fortalece todos los procesos de los semilleros. Y, como cuando estaba en cuarto de primaria, no ha perdido la costumbre de ganarse la confianza de los docentes que encuentra en su camino. “La mayoría de estudiantes se queda con lo de clase y ya”, comenta Ana María Giraldo, docente del Departamento de Humanidades y quien inició con G
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ustavo el semillero sobre Wittgenstein. “Él está abierto a distintas formas de conocimiento, diferentes actores, distintas maneras de investigar y eso permite enriquecer mucho todo el conocimiento que recibe”.

En ese proceso, donde la investigación es ahora su campo de acción, la fuerza de su relación con el conocimiento jamás ha mermado. “Hace poco, en la biblioteca, miraba los libros y decía: ‘Ojalá pudiera tener el tiempo y la facilidad para leer al menos la mitad de los libros de uno de esos estantes’. Eso me atrae muchísimo, me exhorta a comprender”.

Y aunque algunas cosas no han cambiado desde su niñez, incluyendo su admiración por su hermano Gustavo, tiene claro algo que sí cambió la forma como lo ve su familia: “Ahora soy yo al que mandan a otro país a presentar ponencias, el que escribe libros. Ahora soy yo el referente académico”.

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