La ciencia colombiana no tiene doliente

La ciencia colombiana no tiene doliente

Lisbeth

El Gobierno propone una reducción del 40% en el presupuesto de ciencia y tecnología para 2018. ¿Se podría esperar un escenario diferente? No lo creo: una cosa son las intenciones, y otra, las actuaciones.

El Gobierno dice que se prepara para ser miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero recorta el presupuesto para la ciencia, sabiendo que es un requisito importante para lograrlo; el Gobierno ofrece dineros de regalías para que todas las regiones inviertan en ciencia y tecnología, y luego se los quita para construir vías terciarias; el Gobierno se ufana de apoyar la formación de doctores, pero no se da cuenta de que, una vez formados, el país no está en la capacidad de ofrecerles espacios dignos para dedicarse a producir nuevo conocimiento; el Gobierno dice que cree en la ciencia y la tecnología, pero está ocupado en asuntos del día a día, vive en el corto plazo y no planea a futuro; el Gobierno dice que Colombia será el país más educado de América Latina en 2025, pero aún la calidad de la educación está estancada y no promueve el pensamiento crítico y curioso. La misma OCDE, en su documento de revisión de la política educativa del país (2016), reconoce que aunque el sistema educativo colombiano “ha experimentado una transformación fundamental”,  actualmente enfrenta altos niveles de desigualdad desde los primeros años de educación y un bajo nivel de calidad en el sistema educativo.

Y, a todas estas, ¿dónde están los científicos colombianos? Abrumados. No es su estilo salir a las calles a alzar su voz frente a la situación, son tímidos ante a los medios. Pronto enviarán cartas, organizarán espacios de análisis y reflexión, le pedirán cita a los altos funcionarios y todo se quedará en el mismo punto en el que comenzaron, estirando los pocos fondos que puedan tener, buscando otras fuentes de financiación y viendo, con nostalgia, una Colciencias que necesita combustible para despegar con decisión.

¿Y dónde está la ciudadanía que vele por un país en el que los valores individuales conlleven a un desarrollo colectivo y a su bienestar en la realidad y no solo en el discurso? ¿Dónde está esa ciudadanía que cree y le interese una cultura científica? Son pocas las iniciativas y menos las que logran sensibilizar y formar ciudadanos empoderados.

El problema es que el país ni conoce ni cree que Colombia tiene un gran potencial en ciencia, tecnología e innovación.

La Javeriana, pionera en innovación universitaria

La Javeriana, pionera en innovación universitaria

Este diálogo se ubica, de un lado, en la reciente Política de Ciencia, Tecnología e Innovación impulsada por Colciencias y en la focalización presupuestal que hizo el gobierno nacional para impulsar aquella investigación que genera soluciones aplicadas, principalmente, la que impacta el sector productivo. Del otro lado, se enmarca en la construcción colectiva de la Planeación Universitaria 2016-2021, un escenario invaluable de conversación en torno al emprendimiento y la transferencia de conocimiento para encontrar consensos frente a lo que concebimos como innovación y, luego, explorar cómo apropiarla en nuestro ADN javeriano.

No es una discusión menor, pues tradicionalmente la PUJ ha buscado estar a la vanguardia tanto en la producción de nuevo conocimiento como en el impacto que genera este en la formación y el servicio. Contamos con diez años en la promoción e institucionalización de la transferencia de la oferta científico-técnica al sector productivo y la sociedad. Un paso significativo fue la constitución de la Vicerrectoría de Investigación, con su Dirección de Innovación y, luego, en 2014, la creación de políticas y directrices que sirvieron como pilares para fomentar y orientar la cultura hacia la innovación y el emprendimiento en la comunidad javeriana.

Estas acciones y la experiencia acumulada han permitido que nuestra universidad sea pionera en el país en procesos de transferencia de conocimiento gracias a la construcción de un propio modelo de gestión de la innovación que denominamos ‘De la academia al mercado’. Otros esfuerzos que aportan a este reconocimiento han sido la plataforma Vector, un espacio para encontrar colaborativamente la solución de necesidades del mercado y la sociedad; y la consolidación de un servicio de inteligencia competitiva, que cuenta con más de 200 estudios sobre el estado del arte de los temas de investigación y su aplicabilidad. Otra iniciativa en marcha es la estructuración de un fondo de capital semilla para apoyar experiencias emprendedoras provenientes de la actividad investigativa, de creación y de gestión de la Universidad.

El liderazgo javeriano se debe también a las 18 patentes concedidas y las 36 que están en solicitud. Sin embargo, conscientes de que el proceso de innovación no termina con el patentamiento, en la Javeriana hay tres tecnologías licenciadas y una cartera de iniciativas empresariales tipo spin-off en camino a convertirse en empresas.

Estos esfuerzos y logros no son individuales. La suma de diferentes factores, como el convencimiento del cuerpo directivo para esta apuesta, el recurso humano altamente calificado y la oferta de capacidades científicas y tecnológicas con las que contamos en las diferentes unidades académicas; todo ello ha permitido ejercer un rol destacado a nivel nacional como agente de cambio mediante la generación de conocimiento que pueda ser apropiado por la sociedad.

Así pues, mi invitación es a que entendamos la innovación con una perspectiva amplia. Según los expertos en este tema, antes se concebía a la academia para investigar y formar. Ahora, se investiga, forma y transfiere conocimiento, es decir, una mirada sintonizada a los intereses de la sociedad y de quiénes aprovecharían el conocimiento producido al interior de la Javeriana. Sin duda, estamos en un ambiente ideal para llegar a acuerdos, reconocer las experiencias exitosas y aprender de aquellas que pueden mejorarse con el fin de cumplir la meta de ser en 2021 una universidad consumida en prácticas y procesos recursivos, creativos e innovadores. Un escenario, además, indispensable para contribuir al fortalecimiento del ecosistema nacional de la innovación.


Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

 

Tips Pesquisa 35

Tips Pesquisa 35

Investigación Javeriana 2015 en cifras:

142 proyectos de investigación y creación financiados.
♦ Más de $11 mil millones invertidos en proyectos de investigación, creación e innovación.
♦ Más de 450 artículos publicados por profesores javerianos (Bogotá y Cali) en revistas indexadas en Web of Science y Scopus.
♦ La publicación de artículos científicos se triplicó entre 2007 y 2015, tanto en Web of Science como en Scopus.
♦ Más de $162 millones invertidos en publicación de artículos científicos.
111 grupos de investigación clasificados por Colciencias (Bogotá y Cali).
78 semilleros de investigación.
10 patentes aprobadas: Estados Unidos: 1, Colombia: 9.
31 solicitudes de patentes en curso.

Por primera vez en la historia, la Convocatoria 737 de medición de grupos de Colciencias reconoce y valora la creación en artes, arquitectura y diseño como producción de nuevo conocimiento, informa Óscar Hernández, asistente para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación y uno de los promotores de la propuesta. Los resultados se publicarán en mayo de 2016.  https://www.colciencias.gov.co/
La Pontificia Universidad Javeriana en sus sedes Cali y Bogotá, junto con otras universidades del país, fue beneficiada con la asignación de recursos para la conformación de dos Centros de Excelencia en Big Data e Internet de las Cosas (IoT), iniciativa del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y Conciencias. Trabajarán aspectos relevantes de tecnología y manejo de información para prestar mejores servicios a la sociedad.
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Las revistas y editoriales universitarias en la política de CT&I

Las revistas y editoriales universitarias en la política de CT&I

Las universidades colombianas han publicado revistas académicas desde hace sesenta años. Algunas revistas tuvieron su ciclo natural de nacimiento, crecimiento y muerte; otras se han consolidado gracias a un esfuerzo sostenido de calidad en su contenido y en su diseño editorial. Para 2014 se contaba con cerca de 540. Desde hace tres décadas se vienen consolidando las editoriales universitarias como alternativa a las casas comerciales, buscando acercarse a la comunidad académica y a sus autores. De allí que la asociación que las reúne (ASEUC) cuente con 60. Sin embargo, revistas y editoriales universitarias colombianas juegan en un mundo en el que tienen la partida perdida, y las políticas públicas no ayudan lo suficiente para que puedan competir en un escenario de contienda despiadada.

En un contexto global, el sistema que cualifica las revistas académicas determina la visibilidad y aceptación de los autores. En 1964, el Institute for Scientific Information (ISI) desarrolló un Índice de Citación Científica (SCI) en el que el número de citas de terceros sobre los artículos publicados (denominado “factor de impacto”) se convirtió en el parámetro de calidad científica. Como era de preverse, las revistas Nature y Science se ubicaron en los primeros puestos.

Los directores de bibliotecas universitarias del mundo empezaron a suscribirse a las revistas con mejor posición en dicho índice, muchas de las cuales eran propiedad de las mismas editoriales y, en el caso de Reuters y Elsevier, además eran productoras de los índices que miden impacto. Esto creó un mercado inelástico que produjo un aumento en los precios de aquellas mejor posicionadas.

Las grandes empresas editoriales se volvieron dueñas de revistas y jueces en índices de citación. Estar por fuera de ellas significó no participar en la divulgación científica y académica. Como en todo mercado, las editoriales que publican estas revistas aprendieron a manejar los índices y los autores empezaron a publicar artículos, buscando más la citación que la contribución al país o la región. Para finales de los noventa, la evaluación de la calidad de la producción académica quedó supeditada a su capacidad de publicar en las revistas con mayores índices de citación. Esto ha llevado a una tremenda competencia entre los autores por publicar en las revistas ubicadas en los primeros lugares (cuartiles) y a un marcado sesgo de los sistemas de evaluación de los académicos por su capacidad de publicar en ellos. Este mercado también presenta otro sesgo evidente: las revistas en inglés representan el 80% del conjunto de títulos indexados y las de un solo país, EE. UU., el 40% de ellas.

Mientras tanto, las revistas latinoamericanas producidas en universidades están desfinanciadas, los editores son profesores convertidos empíricamente en tales, el tiempo para la tarea editorial se disputa con las ya complicadas tareas de investigador, docente y gestor, y la visibilidad de la publicación se ve mermada por la lengua en la cual se escribe. La competencia está, de partida, perdida.

En 1996, Colciencias estableció un sistema de in-dexación de las revistas académicas colombianas,
la Base Bibliográfica Nacional, Publindex, y en 1998 reconoció 45 revistas. Las políticas cambiaron y desde 2005, a nombre de la internacionalización, las revistas en las categorías superiores ya no eran las mejores a nivel nacional, sino aquellas que habían ingresado a sistemas de indexación (Sires) extranjeros como Web of Science, Medline, Econlit y PsyINFO. De un tajo, las mejores posiciones nacionales quedaron relegadas a los servicios de indexación extranjeros.

Ante la falta de visibilidad de las revistas de la región, editores latinoamericanos crearon la iniciativa SciELO en Brasil, en 1997, y Redalyc en México, en 2003, con una clara opción por el acceso abierto. Entretanto, había surgido Scopus en 2004. El movimiento a favor de la Ciencia Abierta empezó a tomar fuerza para un acceso libre a los artículos.

Las editoriales universitarias fueron objeto, también, de su propia indexación en la primera década del 2000, hasta llegar a ser reconocidas en distintas categorías, de manera que un académico que publicara en ellas tenía garantizada la categoría de su libro o capítulo de libro por la certificación de la casa que los imprimía. Pero, en 2014, Colciencias dejó de certificar editoriales universitarias, de manera que dejó que cada capítulo o libro completo en la convocatoria de medición tuviera que demostrar el proceso editorial arbitrado y documentado que había sufrido.

En este ámbito abigarrado de grandes casas editoriales, de la geopolítica del conocimiento y de la hegemonía de países y del idioma inglés, la situación de nuestras revistas y editoriales universitarias es de enorme desventaja. Necesitan, como lo hizo la agenda pública entre los años cuarenta y sesenta con la industria nacional, de una política similar a la de “sustitución de importaciones” para la protección de la producción científica y académica del país, mientras se crea la capacidad instalada que nos ponga en condiciones de competir en ese escenario desigual.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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¿Para qué medir a los investigadores y a sus grupos?

¿Para qué medir a los investigadores y a sus grupos?

El último ejercicio de medición de investigadores y grupos de investigación que realizó Colciencias en 2015 nos permitió ajustar procesos para brindarles un mejor seguimiento y acompañamiento a los grupos de investigación y a los investigadores javerianos. También suscitó una reflexión sobre la forma de medir las capacidades investigativas en el país, así como el impacto de la medición sobre el sistema actual de Ciencia, Tecnología e Innovación.

A la Pontificia Universidad Javeriana esta experiencia le permitió tener una idea de la producción científica y académica real de su comunidad, fortalecer el Repositorio Institucional donde se ubica dicha producción y confirmar la posición de los investigadores y sus grupos frente al entorno nacional. También sirvió para poner en marcha una plataforma de verificación de los productos que reúne en un solo espacio los sistemas de información internos y externos para el seguimiento de su producción investigativa. Por último, hizo que los líderes de los grupos se empoderaran frente a la producción de conocimiento de sus miembros y, en algunos casos, redinamizaran sus lazos de trabajo.

Así como evidenciamos aprendizajes, la convocatoria también nos dejó algunas inquietudes. Primero, puso a las universidades y a los centros de investigación a realizar una labor notarial orientada a avalar la existencia de productos y la adecuada ubicación de estos en las distintas categorías de la plataforma, lo cual riñe con su naturaleza de productores de conocimiento. Segundo, al apostar por una forma particular de difundir los resultados de investigación por medio de artículos publicados en revistas científicas especializadas, el modelo desestima otros medios de divulgación que pueden tener mayor impacto en las regiones y las comunidades del país. Tercero, implicó un alto costo de tiempo y recursos, tanto de los investigadores como de las universidades, para la preparación del material ingresado a la plataforma ScienTI, lo que pudo afectar la productividad de la investigación, las actividades propias de los grupos y la gestión y el acompañamiento de la investigación por parte de las oficinas que fomentamos este ejercicio. Además, consideramos que persiste un alto grado de error del aplicativo en términos, por ejemplo, de información que no queda registrada cuando se piensa que ha sido grabada, saturación de la plataforma en los últimos días de la convocatoria y mala ubicación de productos que son de naturaleza muy diversa, como formación de estudiantes, artículos, libros, consultorías, variedades vegetales, patentes, etc., no por mala fe de los investigadores sino por lo complicadas que resultan las definiciones de un modelo que suma varias decenas de páginas. Queda entonces la incertidumbre del impacto de los resultados de esta medición, ya que sin duda incidirán en la orientación de la financiación de Colciencias a proyectos de investigación y actividades relacionadas, como el programa de Jóvenes Investigadores, y también en la acreditación de los programas de posgrado.

Estos ejercicios de medición podrían contribuir a desestimular el trabajo colaborativo interinstitucional, ya que alimentan la competencia entre los grupos de las universidades que buscan una mejor ubicación en los rankings, de modo que alejan el espíritu de aunar esfuerzos por responder a problemas específicos de Colombia.

Se afirma que el modelo es neutro, pero lo cierto es que la probabilidad de que los grupos de ciencias básicas y naturales queden en las categorías superiores es mucho más alta que para los grupos de ciencias sociales y humanas. Esto se da en parte porque entre las prácticas de las ciencias básicas y naturales se encuentra la publicación de artículos en revistas indexadas en lengua inglesa. En cambio, los científicos sociales prefieren impactar en lo local y entre comunidades no necesariamente científicas y, además, en sus espacios de producción priman los libros o capítulos de libros o artículos que el modelo considera como divulgativos o como apropiación social del conocimiento, los cuales reciben bajo puntaje. Por esta razón, proponemos que la valoración de la capacidad investigativa del país se realice por parte de grupos humanos y que no esté a cargo de una plataforma informática. Estos grupos realizarían su labor por medio de una evaluación organizada por comités de miembros de las diferentes áreas, lo cual favorecería una valoración equitativa y consecuente con los avances del conocimiento en cada uno de ellos, al reconocer la pluralidad y la diversidad metodológica. Ese es el modelo que ha elegido el Reino Unido, con base en el criterio de comités en 36 áreas del conocimiento.

Los anteriores elementos incentivan a repensar nuestro sistema de valoración de las capacidades investigativas en Colombia. Por esto, invitamos a la comunidad académica y científica del país a contribuir a su redefinición.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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Sobre la indagación javeriana en un contexto de transición

Sobre la indagación javeriana en un contexto de transición

El encuentro de diferentes saberes; el intercambio de experiencias; el reconocimiento del otro, de sus necesidades, cosmovisiones, lenguajes y tiempos, y, en últimas, la seguridad de hacer parte de un país de regiones ampliamente diverso, son conceptos que la Universidad Javeriana viene incorporando desde hace años en sus preguntas de investigación, así como el propósito de brindar soluciones a problemáticas de nuestra sociedad. Desde sus comienzos, los profesores de la institución se han preocupado por producir nuevo conocimiento que permita alimentar el debate científico, sin dejar de lado la esencia misional de involucrar a la comunidad académica en temas socialmente relevantes y de hondo impacto.

Cumpliendo con esas directrices y contemplando el contexto actual colombiano, nuestra comunidad científica no podría ser ajena al momento de transición en que nos encontramos, un periodo en el que se unen esfuerzos desde diferentes esferas (política, social o de disidencia) para hallar alternativas que lleven a poner punto final al conflicto armado. Por ello, la universidad apuesta por favorecer el diálogo social, el fortalecimiento de capacidades humanas relevantes y pertinentes y la construcción de conocimiento como escenarios que interpelan y exigen respuesta de la academia, tanto en el ámbito nacional como en el regional. Las ciencias sociales, las formales y naturales, las ingenierías, las artes y la filosofía aportan sus esfuerzos de análisis académicos, metodologías y hallazgos en la construcción y reflexión de un país que intenta superar sus crisis. La Universidad Javeriana parte de la reflexión de que la construcción de la paz, a la cual nos convoca la transición que estamos viviendo, requiere tanto de estos diálogos como de la visibilidad de los sujetos que hoy se encuentran invisibilizados y silenciados.

Una pequeña muestra de estos esfuerzos por aportarle a la sociedad colombiana a través de la indagación se refleja en los artículos de esta edición de Pesquisa. Es el caso de la investigación participativa desarrollada en el golfo de Tribugá (Chocó), que inició con un método y propósito de “hablar sobre hablar”, y permitió aportar un modelo de gobernanza en torno a los recursos naturales y humanos que tienen los habitantes alrededor de sus manglares. Así como del estudio que desarrolló un profesor de psicología de la Seccional Cali con policías, basado en la pregunta “¿Qué vendrá después del posconflicto en cuanto a salud mental?”. De la misma forma en que psicólogos y psiquiatras se interesaron por los traumas que dejó la Primera Guerra Mundial, es tarea ahora de los investigadores colombianos indagar sobre las afectaciones mentales en nuestro territorio.

Presentamos, además, un estado del arte sobre la legislación y las posibilidades que tienen las comunidades de mujeres indígenas afectadas por el conflicto de su país para acceder a la justicia y denunciar los delitos de los que fueron víctimas. Este trabajo fue realizado por profesoras de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, y construido con colegas colombianos y guatemaltecos. Los aprendizajes, al tiempo que reconstruyeron el tejido tradicional y social de las comunidades impactadas, permitieron “articular dos propósitos: la indagación contextualizada y el empoderamiento de las mujeres víctimas para un diálogo cualificado con sus comunidades e instituciones”, como lo explica el artículo.

Son diversos los alcances de este ejercicio de investigar sobre problemáticas de nuestro entorno. Además de proponer soluciones concretas que impacten a la comunidad, posiciona estos temas en la agenda científica internacional, permite un crecimiento para los investigadores por cuanto convoca al diálogo de saberes, invita a una visión interdisciplinar para resolver la pregunta inicial del proyecto de investigación, y plantea diferentes espacios para la divulgación de sus resultados, no solo en circuitos científicos, sino en un ámbito más amplio. Supone, además, un desafío frente al manejo del lenguaje que busque llegar a personas interesadas en saber cómo la investigación y sus conclusiones impactan en su cotidianidad. Finalmente, propone un acercamiento con las entidades del Estado, ya que ofrece sus hallazgos como insumos para la construcción de políticas públicas.

Estamos convencidos de que nuestro aporte como científicos e investigadores se define en un contexto que sobrepasa los límites de nuestras preguntas de investigación y al cual buscamos contribuir como ciudadanos. Estas son algunas de nuestras investigaciones que cimientan conocimiento y fortalecen a la sociedad.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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Editorial 26

Editorial 26

Un año que finaliza en medio de la incertidumbre sobre el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

Cerramos el año con mucha incertidumbre sobre la situación de la principal entidad pública de apoyo a la ciencia, la tecnología y la innovación, Colciencias.

En el presente año llegó a dirigir este organismo la cuarta directora en lo que va corrido del gobierno Santos, después de escasos nueve meses de la dirección de Carlos Fonseca. Además de un descenso evidente en los recursos que se ponen a disposición de los investigadores, se modificó la modalidad de becas de doctorado al hacer cambios en las reglas del juego para su adjudicación. La disminución del apoyo para investigación en los últimos años se complementa con una dedicación que desborda la capacidad de gestión de esta entidad como organismo técnico de valoración delos proyectos de ciencia y tecnología de los departamentos, debido al número elevado de este tipo de programas que las entidades territoriales están planteando.

En medio de este contexto, la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana cierra su primer año de gestión con logros importantes: la conformación de la Asistencia para la Creación Artística; la aprobación de cuatro patentes; el respaldo del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación(FCTI) del Sistema General de Regalías a dos megaproyectos de investigación, que incluyen un trabajo interdisciplinar entre profesores de diferentes facultades de la universidad y actores regionales de La Guajira y Cundinamarca,y un congreso de investigación de autorreflexión sobre los enfoques y modos de producción de conocimiento científico, innovador y creativo en la universidad. Sin duda, se podría continuar el listado de pasos relevantes en esta apuesta institucional por impulsarla investigación; solo agregamos el esencial reto de seguir adelante con el desarrollo de una política integral de investigación, innovación y creación artística, que, luego de recoger diferentes observaciones de la comunidad javeriana, se encuentra actualmente en su etapa de formulación.

De igual forma, cerramos 2013 con la edición 26 de Pesquisa enfocada en socializar una nueva muestra de lo que constituye la actividad científica, de investigación y de innovación de la Universidad Javeriana. Los artículos aquí presentados cubren temáticas relacionadas con la educación y la pedagogía, el diseño de productos de la comunidad artesanal del Valle de Tenza, la psicología a través del estudio de teorías de la mente infantil y el uso de juegos en la enseñanza de conceptos básicos de alimentación y nutrición. Se trata de cuatro proyectos de investigación que, a la vez que ayudan a que avance el conocimiento en sus respectivas áreas del saber, tienen aplicabilidad evidente para mejorar las condiciones de salud, nutrición y educación en el país.

En la sección “Científico debutante” presentamos a Carolina Moreno López, joven investigadora que ha venido trabajando con la Dra. Amelia Fernández del Instituto de Promoción de la Salud. Como abogada, ha focalizadosu apuesta investigativa en el estudio de los vacíos del lenguaje jurídico utilizado con víctimas del conflicto armado, especialmente en el sistema de salud. En la sección “Tejiendo redes”, exponemos los avances de la red creada para el manejo del agua en manos dela Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC).Finalmente, en “¿Qué hay de nuevo?” compartimos una reflexión sobre los retos que se imponen en las universidades frente al nuevo esquema de financiación oficial y presentamos uno de los dos primeros megaproyectos que han sido aprobados con recursos del Fondo Nacional de Regalías para ser desarrollados por la Universidad Javeriana. Nos referimosal proyecto con la Gobernación de La Guajira,que contempla tanto la formación de personas de la región en doctorado y maestría como un componente investigativo sobre los efectos para la salud que genera la actividad minera del departamento. Es esta la coronación de un esfuerzo concertado con la Gobernación,el hospital San Ignacio y la universidad, con el liderazgo de la profesora Liliana Otero.Esperamos que disfruten esta Pesquisa yque continuemos el debate en 2014.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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