¿Los corales del Caribe colombiano están siendo amenazados por el turismo?

¿Los corales del Caribe colombiano están siendo amenazados por el turismo?

Este texto se publicó originalmente en la edición 56 de Pesquisa Javeriana bajo el título de “El turismo pone en jaque a los corales”.

Nadar en aguas diáfanas y azules, donde abundan peces, crustáceos, corales y plantas marinas se ha convertido en atractivo turístico en Colombia. Los arrecifes de coral se extienden por 2860 kilómetros cuadrados del territorio nacional y, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Social, el 99 % de ellos están en la región Caribe. Dos investigaciones de las facultades de Ciencias y de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana evidencian que el sobreuso para fines turísticos es una posible amenaza para este tipo de ecosistemas.

En uno de los senderos del Parque Nacional Corales del Rosario y San Bernardo estuvo Florina Jacob, ecóloga de la Universidad, quien estudió los impactos de una de las principales actividades económicas que allí se desarrollan: el careteo o snorkelling.

Esta es una actividad marina en la que el turista usa una careta y un tubo de respiración para poder ver los corales sin necesidad de sumergirse. Es popular en la zona, pues no requiere conocimientos de buceo autónomo para su práctica.

El estudio, que formó parte de su tesis de pregrado, evidencia que hoy en día hay pocos corales en el lugar y que, en la parte del sendero más cercana a la costa, hay mayor cantidad de sustrato muerto, posiblemente producto de las pisadas humanas. “Esto nos lleva a pensar que tal vez el turismo evita o dificulta la recuperación del ecosistema, porque hay turistas constantemente”, afirma Jacob.

Alerta la investigadora sobre el hecho de que, a pesar de desarrollarse en una zona marina protegida, el careteo es una actividad económica altamente informal, que no cuenta con herramientas adecuadas y aplicables para proteger el ecosistema.

Las estructuras de agarre para los nadadores son insuficientes, y el movimiento de las olas provoca que las personas pisoteen los corales. Tampoco hay zonas de anclaje, por lo que las anclas de las lanchas también son una amenaza, y la alimentación de los peces con pan y galletas representa un riesgo de alteración del ecosistema y su funcionalidad.

María Ángela Echeverry, directora de la Maestría en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Universidad Javeriana, quien también participó en esta investigación, explica la falta de control por la brecha entre la normativa y la práctica. El cumplimiento de la reglamentación está a cargo de Parques Nacionales, sin embargo, “los funcionarios suelen ser uno por cada 30 000 o 40

000 hectáreas, tienen que hacer monitoreo, investigación y control. La regulación existe, pero es de muy difícil verificación”, explica.

Turismo a gran escala

También en el Caribe, pero más al noroeste, el profesor Alberto Acosta hizo monitoreo al estado de la Dendrogyra cylindrus, una especie de coral que se encuentra principalmente en Providencia y Santa Catalina, y a la que le ha hecho seguimiento por décadas.

Esta especie es muy particular, porque es la única en el Caribe que crece de forma vertical. Una colonia puede llegar a medir tres metros de altura y expandirse hasta cuatro metros. Incluso, si se fractura y cae al piso, tiene la capacidad de regenerarse verticalmente.

Con estas características y dimensiones, se ve como un candelabro gigante en el fondo del mar que, además, genera un ambiente propicio para la biodiversidad. “Estos corales pueden atraer gran cantidad de otras especies, por lo que una sola colonia podría convertirse en un miniarrecife”, explica el investigador.

En este estudio comparó colonias de dicha especie en 2002 como línea de base para evaluar su cambio poblacional en 2012, en un área de 16 kilómetros cuadrados en el Archipiélago de San Andrés y Providencia. “Nos dimos cuenta de que esas columnas gigantescas que existían en Providencia ya desaparecieron. Además, el arrecife ha perdido su cobertura de tejido vivo, que años atrás podía llegar a un 40 %, pero hoy en día está por debajo del 10 %”, afirma.

Diez años de estudiar el coral Dendrogyra cylindrus demuestran que esta especie está desapareciendo en Providencia y Santa Catalina.
Diez años de estudiar el coral Dendrogyra cylindrus demuestran que esta especie está desapareciendo en Providencia y Santa Catalina.

Acosta califica de dramática esta situación, porque un arrecife que baja del 20 % de cobertura de tejido vivo pierde su funcionalidad y ya no constituye un epicentro de biodiversidad. La cobertura viva de coral encontrada en Providencia está entre el 6 % y el 7 %. “Desde mi opinión como científico, ya es irrecuperable, y los esfuerzos que hace el Estado por restaurar y rehabilitar allí ya no tienen sentido”, puntualiza.

Según su análisis, haber llegado a este punto de deterioro en la zona se debe a la sobreexplotación turística, que ha impactado negativamente en la calidad del agua, por la cantidad de sedimentos y aguas residuales que se expulsan desde las islas.

Anualmente llega más de un millón de turistas al archipiélago que, sumados a la deforestación, hace que constantemente caigan al mar basuras, residuos humanos, de ganadería y de actividades agrícolas. Esto genera exceso de nutrientes y sedimentos que, con el aumento de la temperatura del agua, crea un ambiente favorable para especies como las cianobacterias, microorganismos que se han multiplicado al punto de que son visibles en el agua y crean una capa sobre los corales que los termina ahogando.

Las pisadas de los turistas que hacen careteo deterioran los corales. Urgen medidas de protección.
Las pisadas de los turistas que hacen careteo deterioran los corales. Urgen medidas de protección.

Ambos trabajos dejan muchas dudas sobre la compatibilidad del turismo con la salud de los arrecifes, o por lo menos en la forma como se ha llevado hasta ahora. “En países que tienen gran diversidad se ha propuesto que el turismo sea un motor de desarrollo. ¿Será que es la nueva panacea y va a salvar el medio ambiente y las comunidades?”, es el interrogante que deja la investigadora Echeverry, quien también llama a pensar nuevas formas de turismo que generen menos impactos en los ecosistemas.

Título de la investigación: Análisis ecoturístico de la actividad de snorkelling en Majayura (Cartagena, Colombia)
Investigadora principal: Florina Jacob
Coinvestigadora: María Ángela Echeverry, Carrea de Ecología, Facultad de Estudios Ambientales y Rurales.
Periodo de la investigación: 2017

Título de la investigación: Decadal change in the population of Dendrogyra cylindrus in Old Providence and St. Catalina Islands, Colombian Caribbean
Coinvestigadores: Alberto Acosta, Katherine Bernal-Sotelo, Jorge Cortés, Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis), Departamento de Biología, Facultad de Ciencias.
Periodo de la investigación: 2002-2020

                          

¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

Los corales son a los arrecifes lo que los árboles son a los bosques. Con esa descripción, Mateo López-Victoria representa el valor que tienen esos ecosistemas marinos para la conservación de la biodiversidad del país.

Él, biólogo marino de profesión y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana seccional Cali, lidera una iniciativa pocas veces vista en Colombia: la restauración de arrecifes coralinos en Parques Nacionales Naturales ubicados en aguas del océano Pacífico.

Este proyecto surgió hace cinco años del análisis de la degradación que sufren los corales ubicados en el Caribe y en otros lugares del mundo, situación que creen tarde o temprano llegará a las aguas del Pacífico debido, por ejemplo, al calentamiento global y la contaminación.

“Esos procesos de restauración son preventivos, para que cuando llegue el coletazo del deterioro de los arrecifes al Pacífico colombiano, nosotros ya estemos preparados y no empecemos a reaccionar, quizá muy tarde, sobre la marcha del deterioro”, explica López-Victoria.

Él agrega que es necesario anticiparse y prepararse científicamente con el fin de tener suficientes elementos para tomar decisiones con base en procesos que ya hayan probado ser exitosos. Por eso enfocan sus esfuerzos en el conocimiento de especies, técnicas para propagarlas y seguimiento a su desarrollo y desempeño en procesos de restauración aplicados, siempre en las condiciones naturales dentro del Parque, no en un laboratorio.

Gracias a esta exploración, científicos, profesores y estudiantes han logrado conocer profundamente cinco especies de coral, de 15 que tienen en el radar porque ellos son fundamentales para la salud de los mares, de acuerdo con el investigador javeriano. “Los arrecifes coralinos son el ecosistema más biodiverso que hay en el planeta. Por metro cúbico tienen más diversidad que las selvas húmedas tropicales. No hay nada más diverso en número de especies que un arrecife coralino”, complementa.

Incluso, López describe un fenómeno positivo que se da en aquellos presentes en los Parques Nacionales como Gorgona y Utría. Según sus análisis, en ellos se da un ‘efecto de desborde’, es decir, hay unos excedentes en peces, moluscos y otros seres producto de la reproducción que realizan en esas áreas protegidas, por lo que miles de ellos llegan a los lugares cercanos donde está permitida la pesca y extracción de recursos, beneficiando así a miles de personas.

 

Escalas de investigación

Todos los actores que participan en esta cruzada por la conservación de los arrecifes trabajan a diferentes escalas investigativas.

La primera de ellas tiene un énfasis en los trabajos de grado de los estudiantes, los cuales se ejecutan entre seis y 12 meses. “Ellos plantean una pregunta específica sobre la restauración del coral. A partir de eso identificamos la especie, la fragmentamos, probamos los sustratos en los cuales se siembra el coral, técnicas de pegado y cómo se construyen esos sustratos. De ahí se desprende cuáles son los tamaños ideales de corte para que el coral se desarrolle y tenga una alta tasa de supervivencia”, describe el biólogo.

La segunda escala consiste en integrar los resultados de los análisis e investigaciones en función de una pequeña área o arrecife que se quiera restaurar. Por ejemplo, en el Parque Gorgona se ejecutan acciones en el sector de El Remanso, un lugar donde hubo coberturas de coral, pero que se deterioraron en la década de los ochenta por el daño ambiental que sufrió la isla en tiempos en que funcionó el penal, y como consecuencia de fenómenos climáticos que están terminando de entender.

La tercera fase, que es la más robusta, es el programa de restauración de los arrecifes del PNN Gorgona. Este programa es ejecutado por representantes de la Javeriana Cali, como Juan Felipe Lazarus; Fernando Zapata, de la Universidad del Valle; Valeria Pizarro, de la Fundación Ecomares, y los funcionarios Luis Payán y Héctor Chirimías, del Parque Nacional. El objetivo es aplicarlo durante cinco años estableciendo proyectos piloto, e involucrar a otros actores como turistas, pescadores, escuelas de instrucción de buceo y otros científicos.

Además de replicar esta misma experiencia científica en Parques como Utría y Malpelo, López afirma que este modelo también puede servir como ejemplo de recuperación de ecosistemas de otro tipo, pues empodera a comunidades, estudiantes, científicos y pescadores de distintas regiones.

¡Del Continente Blanco al trópico!

¡Del Continente Blanco al trópico!

Mientras escribo las líneas de esta columna, estamos en medio de la pandemia del coronavirus, el cual ha venido en ascenso exponencial. Además, me entero de que Colombia cerraron la frontera y yo aún estoy en el extranjero. No logré entrar a mi país. Sin embargo, creo que lo mejor que podemos hacer es no entrar en pánico, estar en unión familiar, tranquilizarnos, respirar, pensar positivo, disfrutar cada día que la vida nos brinda y acatar las medidas necesarias para no seguir dispersando el virus.

Les quiero compartir la última aventura que la vida me regaló. Luego de terminar mi increíble experiencia en el lugar más hermoso de la Tierra, la Antártica, fui a un lugar un poco más cálido y un poco más cerca de nuestro país. Visité otro magnífico territorio, el archipiélago de Puerto Rico, localizado en el Caribe Tropical. Logré visitar la isla principal y dos más pequeñas: Vieques y Culebra.

La hermosa San Juan y sus fuertes
La hermosa San Juan y sus fuertes

Allí tuve la oportunidad de caminar por la hermosa capital, San Juan. Su arquitectura me recordó un poco a Cartagena, probé el famoso y delicioso mofongo, parecido a un puré, pero de plátano o de yuca. Además, en la isla Culebra, realicé una de las cosas que más me gusta hacer: bucear. Pude observar diferentes especies de peces y de corales, éstos últimos son invertebrados marinos que viven en colonias, conformadas por muchos individuos idénticos llamados pólipos, los cuales miden pocos milímetros de diámetro y pocos centímetros de longitud. Cuando estaba estudiando biología, tomé una electiva en ecología marina y pude aprender mucho sobre los corales. En esta ocasión, me llamó mucho la atención una en especial, Montastraea cavernosa (fotografía del banner). Es realmente hermosa y común en el Caribe; desafortunadamente, me llama la atención ver varias colonias con signos de blanqueamiento.

Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.
Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.

Los arrecifes de coral son muy importantes para los ecosistemas marinos y para las personas cumplen varias funciones; una de ellas es servir como barrera, protegiendo así las costas de la erosión. Se calcula que son hábitat para el 25% de las especies marinas, incluyendo las que consume el hombre. El blanqueamiento de coral es una enfermedad que sufren cuando las condiciones de su hábitat se ven afectadas, como el aumento de la temperatura del océano por el calentamiento global, la contaminación, el incremento de la radiación solar y las tormentas. Todo esto les causa un estrés considerable. Un coral saludable mantiene una relación simbiótica de mutualismo (interacción biológica estrecha entre dos organismos, en la cual ambos se benefician) con una especie de alga; cuando ocurre algún cambio en el ambiente el alga abandona el coral, el cual se torna blanco, débil y más susceptible a enfermedades. Si los corales desaparecen, se verían afectados todos los ecosistemas y animales marinos de todo el planeta.

También pude oír el hermoso canto de la ranita coquí durante la noche. Es endémica de Puerto Rico y recibe su nombre por la llamada que hacen los machos de dos especies, las cuales suenan como “co” y “qui”. La que se puede observar con mayor frecuencia es la coquí común (Eleutherodactylus coqui). Este anfibio se ha convertido en un símbolo para la isla y su canto aparece en algunas canciones de varios artistas como Rubén Blades y Calle 13.

Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).
Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).

Además, realicé una caminata por el Parque Nacional El Yunque, un bosque lluvioso tropical muy bonito y lleno de vida. Tiene un área de 113 km2, con más de 39 kilómetros de senderos ecológicos. En uno de ellos pude observar un reptil nativo de la isla llamado comúnmente anolis, porque pertenece a este género. En la foto pueden ver el anoli de hierba de tierras altas (Anolis kugri). Esta especie se alimenta de insectos como cucarrones y hormigas, arácnidos como garrapatas y arañas y pequeños gusanos. Los pude ver saltando entre las hojas de los arbustos y árboles. Cuando me acercaba para tomarles fotografías se quedaban totalmente inmóviles.

El recorrido por Puerto Rico, verde y sonoro, fue realmente enriquecedor y totalmente diferente a la experiencia de la Antártica.

‘Sembrar nos une’, ¿es suficiente para salvar los bosques colombianos?

‘Sembrar nos une’, ¿es suficiente para salvar los bosques colombianos?

Debido a la contingencia sanitaria ocasionada por el COVID-19, fue postergada la jornada Sembrar Nos Une, de Minambiente, que pretendía la siembra de cinco millones de árboles durante este fin de semana.

No obstante, teniendo presente el Día Internacional de los Bosques, es una buena ocasión para reflexionar sobre la acelerada pérdida de bosque en el país y en el mundo. Evidencia de ello es que en 2019 se afectaron dos millones de hectáreas por incendios forestales en la Amazonia, según el Instituto Nacional de Investigaciones Especiales de Brasil (INPE).

La sucesión natural es la manera como los diferentes ecosistemas renuevan las especies que lo conforman a lo largo del tiempo. La restauración ecológica asiste los procesos de renovación de biosferas que han sido perturbadas por causas naturales o antrópicas (acciones humanas). Es válido el esfuerzo del gobierno nacional de comprometerse con la siembra de 180 millones de árboles en dos años. Sin embargo, eso no es restauración, según afirman los expertos de la Universidad Javeriana que fueron entrevistados (Ver video).

Esa masiva reforestación no lleva necesariamente a la recuperación de los ecosistemas, dado que esa asistencia a los procesos de sucesión natural debe tener en cuenta la integralidad y la simultaneidad de las acciones restauradoras. Cabe tener en cuenta que Colombia posee 70 tipos de ecosistemas naturales que se relacionan entre sí y por consiguiente cualquier impacto en uno de estos genera repercusiones en los que los rodean. Por eso, el Plan Nacional de Restauración Ecológica, Rehabilitación y Recuperación de Áreas Degradadas busca orientar las acciones para recobrar la diversidad de los ecosistemas impactados en el país. Una inadecuada implementación durante la restauración ecológica no solo es una pérdida de recursos, sino que además puede generar otro tipo de impactos y afectaciones a dicho territorio.

Ignacio Barrera, coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica; y los profesores Sofía Basto y Fabio Gómez, del Departamento de Biología, aclaran cómo los procesos mencionados deben realizarse de forma integral y simultánea entre los diferentes ecosistemas y resaltan la importancia de implementar el Plan Nacional de Restauración a nivel territorial, con apoyo de los gobiernos locales, las corporaciones autónomas regionales y las comunidades.

Imágenes de apoyo Pesquisa Javeriana | Videezy | Pixabay | Pexels

Una experiencia de restauración ecológica integral

La Escuela de Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana diseñó un plan de rehabilitación de los ecosistemas que fueron impactados por la construcción del embalse Amaní y de la Central hidroeléctrica La Miel 1, al nororiente de Caldas, municipio de Samaná. Esta iniciativa incluyó un elemento innovador durante su implementación: la recuperación del tejido social afectado también por el conflicto armado.

 

Fragmentos de oportunidad: restaurando arrecifes de coral

Los ecosistemas de coral son los encargados de regular la acidez del océano. La pérdida de estos altera la capacidad que tiene el mar de regular la temperatura del planeta. El profesor Fabio Gómez comparte parte de su experiencia como restaurador de corales a través de una técnica llamada Fragmentos de oportunidad.

Imágenes cortesía Procoreef